Aclaraciones del capítulo anterior:
-Ginny es bisexual, lo deja claro en el cap anterior, y cuando estaba petrificada no escuchaba lo que ellas dos decían.
-Cuando Pansy le decía a Hermione que tenía que evitar que el Huff la conociera, se refería a que éste no supiera que Hermione fue la otra prefecta de la noche que hicieron una poción de amor. Lo demás "sin sentido", puesto que Pansy buscaba cualquier excusa para darle lógica al enfado que tenía, es producto de los celos de la Slytherin.
-Calm your tits with Cho. No sé qué os pasa con esta mujer, pero tendré que recordaros que (no mata gatitos, repito: ¡no mata gatitos!) sigue siendo una alumna como otra cualquiera que se preocupa de sus obligaciones, estudios, amores, amistades y que también tiene su trama importante en la historia, pero... ¿repito lo de los gatitos? :3
-Durante su estancia en Hogwarts (en la saga de Potter original), Hermione y Ron se entendían mediante los celos así que los alumnos no los veían como una pareja hasta que acabó la guerra y estos dos lo afirmaron. Lo digo por si el rumor de la sexualidad de Hermione no os entra (pero a ver, siendo sinceros Hermione en la realidad hubiera tenido otra sexualidad que la que le dio J.K Rowling)
Aviso que es un capitulo muy largo pero cargado de interacciones entre las dos protagonistas, avisados estáis:
El secreto de Pansy Parkinson
—¡Maldito desecho humano! —gritó la pelirroja desde la otra punta del pasillo—. ¿Cómo tienes la cara dura de meternos a mí y a Parkinson en tu mierda?
—¿En mi mierda? Tú eres la única mierda aquí y por tu culpa Parkinson y yo estamos en problemas.
Pansy se quedó en medio de ambos jóvenes en plena disputa. Hermione, en cambio, se situó al lado de los profesores dudando en qué hacer mientras examinaba la escena. Discernió la mirada de la profesora Sprout, Snape, McGonagall y Filch cambiando de alumno a alumno, por suerte, Umbridge no estaba. Ellos no iban a intervenir, querían escuchar las versiones de todos y, bajo presión, saldría la verdad.
—¡Por tu maldito desafío ahora me encuentro aquí! —chilló Malfoy.
—¡¿Por mi qué?! JAJAJAJA, no me hagas reír, tengo mejores cosas que hacer que ir desafiando a gente que odio a muerte para preparar una maldita poción prohibida cuando lo más inteligente y sensato es crearla en secreto sin decírselo a nadie. ¡Sólo un idiota puede cometer semejante error!
—La idiota eres tú, asquerosa traidora.
—Muy bien, Draco, descúbrete más que seguro que así te reducen el castigo —le susurró Pansy cruzándose de brazos y apoyando su espalda en la pared, cansada de la discusión.
—¡Parkinson, diles a todos la verdad!
Malfoy clavó su mirada en la aburrida de ella, demandando ayuda. La joven suspiró y todos pusieron atención a su figura.
Hermione quedó sorprendida por la reacción de los oyentes ya que conocían el carácter de Parkinson e, incluso así, tenía la sensación de que los profesores tendrían en cuenta las palabras que soltara en esos momentos por la actuación tan pasiva hacia el tema, aunque, después de todo, ella también estaba involucrada ¿cómo lo haría para que creyeran en su inocencia y versión? Una cosa estaba segura para Hermione: Ginny y Malfoy buscaban el apoyo de Parkinson para salvarse. Si traicionaba a Weasley, ¿significaría que traicionaría a Granger?
—Estoy harta de que este tema me persiga una y otra vez, y, aunque no lo parezca, no lo digo por mí —su mirada quedó clavada en la de Hermione. Todos los presentes se fijaron en la Gryffindor—. Desde principio de vacaciones he tenido ciertos encuentros con ella, unos más malos y otros más buenos, y me fastidia el hecho de que, cuando un par de gilipollas deciden incumplir normas, inmediatamente pongan los ojos en mí y en Granger por el simple hecho de que iba conmigo. Sí, hablo de la noche cuando patrullábamos y encontramos los utensilios de pociones, ¿acaso Granger no ha demostrado que se puede confiar en ella? ¿No ha sido suficiente todo su trabajo duro, responsabilidad y sinceridad en cada situación? Veo que no, porque a la mínima que la veis con un Slytherin ya creéis que también tiene la culpa o ayuda al otro a no ser descubierto, ¡Cómo si Granger fuera a destruir su brillante futuro por una víbora! Y si pensáis que ella pudiera mentir sobre el incidente porque quizás era Weasley la culpable, os aseguro que yo personalmente no dejaría que una traidora tan borde saliera sin castigo —dejó que el silencio se apoderara de los presentes para tomar un respiro y continuó:—. Únicamente tengo opinión sobre esa noche porque lo demás no tengo ni idea de qué ha pasado y aún así estoy en problemas, que lo veo normal siendo como soy, pero si la gente se queja de que discriminamos, he aquí una prueba de que los Slytherins no somos los únicos. Y para acabar y dar mi veredicto final aunque no cuente, es que sin pruebas no se puede culpar, desgraciada o afortunadamente.
"¿Me ha escogido a mí como su apoyo? ¿T-tengo que decir algo?", Hermione mantuvo los ojos abiertos sin parpadear.
—¡Maldita mentirosa! Tú tienes tanta culpa como yo y Weasley ¿y se te ocurre defender a la sangre sucia que es quién menos ojos vigilantes tiene en su espalda?! ¿Te has golpeado en la cabeza contra el marco de la puerta del Comedor al venir hacia aquí? —soltó Draco, boqueando sin creerse lo que estaba ocurriendo ¡nunca Pansy le había fallado de tal forma en situaciones parecidas!
—Cállate, Malfoy, esto se ha acabado. —Ginny alzó la cabeza y guardó sus manos en el bolsillo—. Tú sabes tan bien como yo que sólo has culpado a Parkinson porque sabías que los profesores sospechaban de ella y de Granger por encontrar los utensilios.
—¡Y una mierda!
—Yo os contaré la historia, profesores, será breve —continuó Ginny—. Hace tiempo fui a acabar los deberes de pociones a la biblioteca y me encontré con Malfoy y Parkinson. Al salir al pasillo yo y Malfoy discutimos, de un insulto pasó a un duelo y de un duelo a un desafío, y éste era preparar una poción de amor, no tengo ni idea de por qué, quizás la causa era que están prohibidas y es más difícil de encontrar su receta. Como sea, en la misma noche de la patrulla de Parkinson y 'mione acabé yendo al despacho del profesor Snape para preparar la mía y fui a mostrársela a Malfoy al lavabo del segundo piso. Éste me tiró el frasco al suelo y se preparó la suya ahí dentro. Segundos después de verter la poción en un frasco y de tirar el resto por un retrete, oímos unos pasos procedentes del pasillo. Nos escondimos, no sin antes tropezarnos con los ingredientes provocando ruido y pudimos ver cómo un pequeño Hufflepuff descubrió todo el material al asomarse. Salió corriendo y nosotros igual por el lado contrario cuando escuchamos que se lo decía a un prefecto cerca de allí que, seguramente, sería Parkinson. Y lo demás ya lo conocéis, por eso no me habéis encontrado ningún frasco.
—¡Pero qué mierda es esta!?
—La verdad y cállate, Malfoy, porque he confesado y unido a ti incluso sabiendo que no tienen pruebas en mi contra y tú eres el único que guardaba la poción. Si fueras inteligente, cerrarías la maldita boca y te contentarías de que yo también tendré una infracción apuntada. Imbécil.
El aludido se mordió la lengua a regañadientes.
—Todo encaja —afirmó la profesora Sprout—. Teníamos la duda en la hipótesis de que si el señor Malfoy fue el único, no era posible que consiguiera en la misma noche que se le cayó el frasco los ingredientes para una segunda poción. Por lo tanto, no hubo más remedio que indagar más y examinar los sospechosos: la prefecta que fue informada por un alumno o la segunda prefecta descubierta con ella por Peeves. Y resulta que fue alguien ajeno a ellas —miró a los profesores que estaban a su lado, en silencio. Después dirigió las pupilas a los inculpados—. ¿Alguien quiere añadir algo?
Los jóvenes se miraron entre ellos, un tanto desconcertados. Cayeron en la cuenta que desde el primer día del descubrimiento ya estaban siendo vigilados, excepto la menor de la familia Weasley. Draco negó con la cabeza.
—No, todo lo que ha dicho la calabaza parlante es verdad —aceptó. Al notar que su compañera de Casa asentía con la cabeza, borró con disimulo el esbozo de sonrisa que se regalaron mutuamente.
—¡Al fin se ha acabado! ¿nos podemos ir ya? —inquirió Ginny.
Los profesores asintieron. Excepto McGonagall, quien persiguió con los ojos cómo Parkinson seguía a Hermione a pocos pasos de distancia. Segundos más tarde, cuando los jóvenes se alejaron de los adultos, Pomona Sprout llamó la atención de la profesora de Transformaciones.
—¿Qué ocurre, Minerva? —le preguntó, situándose a su lado a más de escudriñar la zona dónde su compañera mantenía fija la mirada después de despedirse de Snape y Filch ya que se iba cada uno a continuar con sus trabajos.
—Estaba pensando... que si mal no recuerdo la señorita Granger me dijo que supo que alguien estaba preparando las pociones en el segundo piso porque olió su aroma —entrecerró más los ojos con perspicacia al ver, a la lejanía, cómo Draco Malfoy desaparecía en dirección hacia las mazmorras y las otras tres brujas pasaban la enorme entrada hacia los jardines—. No obstante, la señorita Weasley ha dicho que tiraron el resto de poción por los retretes antes de que el Hufflepuff pudiera avisar a Pansy Parkinson y, por lo tanto, cualquier aroma hubiera desaparecido.
Su compañera liberó un sorprendido "Oh" cuando sus ojos conectaron.
—Lo dejaremos tal y como está —añadió Minerva, suspirando resignada— porque ellos mismos no han querido indagar más, pero la seguiré muy de cerca.
—¿A Hermione Granger?
—A Pansy Parkinson; no deseo que una Slytherin lleve por mal camino a una de mis mejores alumnas, Pomona. Primero el duelo no oficial donde la señorita Granger queda herida, después, la biblioteca acaba totalmente destrozada y, por último, se crean pociones ilegales aquí en Hogwarts. Y en todas estas infracciones, mi alumna más responsable queda involucrada, ¿no estarías preocupada?
—Visto así... pero ya te comenté que ellas dos eran amig-
—Amigas o no la señorita Parkinson es una muy mala influencia para ella, Pomona, por favor. Hermione Granger ha pasado de ser una alumna de excelentes a... tener que utilizar su ingenio para deshacerse de los problemas.
—Oh, vamos, Minerva, sabes perfectamente que la señorita Granger siempre ha utilizado su ingenio para ayudar a Harry Potter y a Ron Weasley en sus travesuras.
La nombrada sólo atinó a gruñir sutilmente, aceptándolo. No iba a admitir que ellos dos tampoco influían positivamente a la joven bruja.
-0-
—Menos mal que me contaste todo, 'mione, sino no hubiera podido decirlo con tanta precisión y no os hubiera podido defender.
—Ni que lo digas.
—No hay de qué —añadió Parkinson.
—¿No hay de qué? ¡Eso lo tendría que decir yo! Utilizaste a Hermione para salvar tu culo y si yo no me hubiera inventado todo el párrafo todavía estaríamos discutiendo.
—Lo sé.
—¿Y las gracias?
—Deberías conocerme ya lo mínimo como para saber que no te las daré aunque me salves de una guillotina.
—Tu orgullo me da asco.
—Suele pasar.
Pansy se encogió de hombros y mantuvo las manos en los bolsillos de su túnica al seguir caminando por el verdoso césped.
—¿Y ahora qué harás con Malfoy? —Hermione le dio un toque a su brazo.
—Nada. Los dos sospechábamos que la situación iba a acabar de una manera parecida así que ya nos está bien que sólo hayan bajado treinta puntos a Slytherin y no sesenta. Además, él sabe que en mi lugar hubiera hecho lo mismo si hubiera tenido la oportunidad, por lo tanto se mantendrá a raya, por no añadir que no tiene ninguna prueba en mi contra y ni siquiera sospecha que fui yo quien le traicionó —frunció los labios—. Hablaré con él para calmarle los humos, después de todo es mi compañero y lo considero como un buen...¿amigo?. Y colorín, colorado, éste cuento se ha acabado.
—Eso me dijiste ayer afirmando que todo acabó, y mira.
—Tú y yo continuamos con los mismos incidentes escritos en el expediente, en cierta forma no he mentido en nada.
—¿No crees que le debes una disculpa a 'mione por todo lo que le has hecho pasar?
—Granger conoce a la perfección que he cumplido lo que deseaba desde un principio, con eso es suficiente.
—¿Y qué era? No lo recuerdo, si es que me lo has dicho—Ginny mantuvo la mirada interesada en ambas chicas.
Estaban dirigiéndose hacia el campo de quidditch y Pansy hacia el prado. Aquel perfecto día no podía pasarse entre cuatro paredes.
—Que lucharíamos juntas para que no nos atraparan —contestó Hermione— ya te expliqué que ella no quería decepcionarme.
—¡O-oye, eso sobraba, Granger!
—Oh, venga, Pansy, fue un detalle muy bonito de tu parte.
—¿Cómo que Pansy? A mí me llamas Parkinson, Majestad o ama, nada más.
—¿Sirve satanás?
—También.
—Eehm, chicas, os dejo solas discutiendo, yo voy a cambiarme para jugar... Será lo mejor —acabó, adentrándose al recinto del campo de quidditch.
Las otras dos magas se situaron entre los árboles más jóvenes, cerca de la arboleda, para poder hablar con un poco más de privacidad.
—Ya tocaba poner punto y final a esta mierda de la poción.
—Y yo que creía que desde ayer ya lo pusimos...
—Son cosas que pasan, Granger, no todo se puede controlar. Excepto si eres una diosa como yo.
—Claro que sí, Parkinson, claro que sí.
—Oye, hay algo que me gustaría preguntarte...
Hermione puso toda la atención que pudo, le resultaba curioso que Pansy no fijara su mirada en algún punto en concreto.
—¿Por qué me abrazaste?
—¿Por qué no?
—Porque soy Pansy Parkinson.
—Hasta la misma Pansy Parkinson necesita que le den cariño.
—No quiero sorpresas, ¿comprendes? Tienes que pedir permiso para todo, sobretodo para abrazarme por la espalda. No puedes tocarme físicamente sin avisar antes, me agobia, y más cuando es tan rápido que no sé cómo reaccionar.
—Te molesta no saber cómo actuar y no el contacto físico en sí.
—No es eso, cualquier toque es muy personal para mí, no sé si lo captas.
—Está bien, está bien, no insistiré —"porque no quiero que ahora que he logrado que te abras un poco a mí, te cierres", pensó.
—Mejor, no te lo recomiendo.
Pansy situó las manos en su cadera e hizo un par de pucheros inconscientemente al mirar el suelo.
—Entonces... ¿puedo darte un abrazo? —preguntó Hermione.
—¡¿Que qué?! Ni de broma.
—Te he pedido permiso...Y la razón es porque somos amigas, ¿no? Después de salvarnos el pellejo una y otra vez... No necesito recordarte la de ocasiones que me prestaste tu ayuda a través de gestos, y yo a ti. Para rematar, el discurso que has dado al intentar salvarnos... Ha sido muy bonito.
—Bogh, no somos amigas, sólo cómplices y conocidas, recuerda.
—¿Pues un abrazo de cómplices y conocidas?
—¿Qué diferencia hay entre el abrazo normal con el de cómplices? Menuda estupidez.
—La misma diferencia que hay entre ser cómplices y conocidas con ser amigas.
Touché. La Slytherin retrocedió una pierna para encararla.
—Ayudarse no significa ser amigas, Granger, es más bien tolerar una relación que nos beneficia de alguna forma, sea para evitar problemas, ayudarse, o lograr éxitos en la vida social y laboral.
—¿Y qué crees que es tener una amistad? Se necesita confianza para contarle a otra persona sus problemas, amor y cariño para ayudarse, y-
Pansy dio un paso hacia delante, cruzó los brazos y, con descaro, siseó.
—Asquerosa metomentodo, ¿no has escuchado nada de lo que he dicho? No quiero ser tu amiguita ni amigos como tú te piensas.
—¿Cómo no vas a querer tener amigos? Es...es-
—¿Querer un amigo que se piensa que lo que es mío es suyo y lo utilice sin permiso, que crea que pueda hacer conmigo lo que le dé la gana porque nos tenemos confianza o que se aproveche de mi confianza para clavarme una puñalada por la espalda más adelante? No, gracias, estoy perfectamente bien sola. Me conformo con las relaciones que ya tengo con Draco y Daphne, punto.
—Yo no te haría eso...
—Siempre las mismas palabras: "No soy como ellos, confía en mí blablabla". Y acabas odiándolos por su traición.
—¡No! Los Slytherins sangre pura actuáis de esta forma porque de esta manera os enseñaron vuestros padres, en cambio los demás no somos tan fríos y calculadores. Aunque admito que en todas las Casas hay imbéciles, de eso no te puedes escapar.
—¿Adónde quieres llegar? Me estoy cansando —bufó, situando las manos en las caderas.
—¡Ábrete más! E-es decir... confía... en mí. B-bueno, en general —añadió al ver cómo la Slytherin fruncía, más todavía, el ceño.
—¿Confiar para qué?
—Es fantástico saber que si alguna vez te derrumbas, habrá alguien a tu lado para acompañarte. Poder confiar en alguien porque sabes que no te mentiría en nada.
—No necesito compañía en la oscuridad, Granger.
—Quizá sí para salir de ella.
—¿Y si no quiero?
Hermione separó sus labios humedecidos y volvió a cerrarlos. La Slytherin era capaz de incomodarla con aquella mirada tan fría. Notaba todas las barreras que se interponían en las pupilas de Parkinson para evitar que llegaran a su ser, y no la conocía lo suficiente como para romperlas todas con un par de discursos.
Si, según Ginny, Cho era cerrada de corazón por el amor, el de Pansy estaba acorralado por todo tipo de prejuicios, fría educación, dolor y orgullo. El amor no era el único tema al que evitaba y protegía de su corazón, se añadían la amistad, familia y su verdadero yo. En esos momentos, Hermione conocía su ignorancia respecto a Parkinson para poderla ayudar, y si la Slytherin no se dejaba...
La Gryffindor suspiró desviando sus abatidos ojos al césped y secó el sudor de las manos.
—Si no quieres, arrastrarás contigo a los que de verdad les importas y esperarán junto a ti hasta que estés preparada.
—Demasiadas historias lees, tienes en mente que estoy rodeada de personas a las que importo. Te aseguro yo que nadie daría nada por mí en una situación extrema. Todos prefieren salvarse a sí mismos.
—¿Aseguras que ni una persona?
—Ni una.
—Pues ya no te creo, porque si dijeras la verdad hubieras confesado que quizás alguna sí.
—Pff, si piensas que mis padres estarían conmigo a las buenas y a las malas, sólo con decirte que si decido no ser fiel al Señor Tenebroso, trabar amistad con algún sangre sucia o unirme a los Gryffindors, para ellos ya no sería su hija. Por lo tanto, sí, aseguro que ni una persona daría-
—Me refería a mí, Pansy.
Por un instante, Hermione discernió cómo la severa expresión de Parkinson se desmontaba dejando ver una de conmoción y sorpresa. Juraría que los lagrimales de la Slytherin se humedecieron y las pupilas gritaban por huir de aquella conversación.
Las manos de la Serpiente resbalaron por las caderas y su cuerpo se relajó, abatido por segundos. Su media melena cubrió la cara al inclinarla y dejó que el cálido cuerpo de su enemiga la rodeara mientras Hermione esbozaba una sonrisa llena de comprensión. Pansy no reaccionó ni le devolvió el gesto, únicamente se concentró en el agradable olor de aquella rebelde melena. Sonrió de lado, derrotada.
—Te odio por hacerme esto... —susurró, ahogando su voz en el cuello de Hermione.
—En poco tiempo me has demostrado bastante a pesar de todas los insultos que me has dirigido y de las discusiones. Nos hemos llegado a comprender más de lo que parece y yo... quiero comprenderte mejor aunque te metas conmigo porque sé que es tu forma de llamar la atención y de pedir ayuda.
—Eso no es ver-... no importa... Ahora no.
Rodeó la cintura con sus brazos y apoyó la mejilla en el hombro de la Gryffindor.
—Granger, te odio...
—Al menos no soy indiferente para ti.
—Estúpida.
—Gracias —Hermione logró escuchar un bufido.
—Que sepas que te crees Leona y no llegas ni a gata.
—¿Y eso tiene nombre?
—... Gatita mimada metomentodo devoradora de almas.
—Un poco largo, ¿no crees? —susurró, mofándose.
¿Incluso abrazadas tenía la necesidad de meterse con ella? ¿Tantas eran las ganas de mantener una conversación?
—Cállate, gatita mimada devoradora de almas.
—Pansy...
—Llámame Su Majestad o mi Reina.
—Te llamaría Majestad si tuvieras la dignidad de una reina, pero por ahora no llegas ni a plebeya.
—Uuuuh, la gatita tiene garras. Lástima que no lleguen a arañar lo suficiente.
—Shh, ya está, tranquila, no necesitas aparentar porque no hay nadie alrededor. Sé que es difícil dejar de lado el orgullo, pero... tiempo al tiempo —dijo, acariciando la cabeza de Pansy.
—No me toques.
Hermione dio un respingo, alarmada por la orden, y deshizo el abrazo sin dudar; no era conveniente traspasar los límites de aquella introvertida. Parkinson apretó la mandíbula y, al tiempo que procuraba no posar su mirada en ningún punto en concreto, relajó la posición defensiva y atrapó con sus dedos índice y pulgar el borde del abrigo de Hermione, dando leves tirones con la intención de acercarla más a ella sin descuidar el orgullo por pedirle que se aproximara.
—Me refería al pelo —bisbiseó, con las mejillas ruborizándose por momentos.
La Gryffindor no contestó, su mente estaba inmersa en un estado de estupefacción ante la nueva faceta que había descubierto de su enemiga-cómplice-conocida, cómo se hagan llamar. Siguió con la mirada clavada en la tímida Serpiente que no se atrevía a alzar la vista, que sujetaba el borde de su prenda como una niña pequeña y con las pálidas mejillas recubiertas de un tono carmesí.
¿Cuánto tardaría la Slytherin en volver a actuar como siempre? El entrecejo fruncido y la expresión, un tanto enfurruñada, le indicaba que la esencia seguía en ella. Temiendo que se acelerara el proceso por no actuar, la Gryffindor cedió ante los suaves tirones y arrimó su cuerpo al de ella hasta que, prácticamente, sus flequillos se rozaron.
No tuvo que hacer nada; al instante de apreciar cómo las yemas de los dedos de Pansy temblaban al recorrer las costuras de su abrigo hasta llegar a la manga y tanteaba la mano de la Leona (primero con un toque sutil en su nudillo, más tarde acariciando el índice para finalizar entrelazando todos los dedos), Hermione pudo comprobar la calidez que era capaz de irradiar aquel bloque de hielo.
La Slytherin imitó el movimiento con la otra extremidad y, una vez tenía bien sujetas las manos contra las suyas, las unió todas en la espalda de Hermione, creando un abrazo protagonizado únicamente por el cuerpo de Pansy.
Parkinson dejó reposar la cabeza en el hombro de la Gryffindor, esbozando una sonrisa por sentir que tenía la situación bajo control, encarcelando las posibilidades de la Leona de hacer algo inesperado. Le encantaba abrazar de aquella forma, se sentía mucho más segura. Alzó la vista para toparse con los bucles castaños interfiriendo en su preciada visión. Los apartó a base de soplidos.
"Me encanta tu cuello", quiso confesar, una vez volvió a apoyar la mejilla en el hombro observando el cuello de la Gryffindor "Quiero morderlo"
—¿'mioone? ¿dónde estás?
Parkinson descruzó las manos, dio un enorme salto hacia atrás y se las guardó en los bolsillos de la túnica, virando el rostro en un intento de ocultarlo. Hermione se mantuvo quieta, confundida hasta en lo más profundo de su ser ¿qué había sido aquel extraño abrazo autoritario? Tanta cercanía le resultaba apabullante incluso para ella, que recibía amor por todas partes.
Ginny asomó la cabeza de entre unos árboles y gritó un "¡Ey!", para llamar la atención.
—Todas estamos preparadas para empezar, ¿vienes o dejo que acabéis de arrancaros los pelos de la cabeza?
Hermione miró de reojo a la Slytherin, buscando respuesta. Percibió un disimulado asentimiento.
—V-voy, ¿has traído tu escoba vieja?
—Sí, y Cho te prestará su antiguo uniforme que es más cómodo que los tejanos y el abrigo que llevas.
—Ah, genial.
—¿Damos comienzo al partido? Como siempre, estás en mi equipo.
-0-
Dos semanas habían pasado.
Hermione despertaba bien temprano por las mañanas y esperaba en los portones del Gran Comedor evitando cada mirada curiosa o asqueada, aguardando por volver a hablar con la Slytherin.
Nunca logró entender por qué el abrazo la llenó de tal forma a pesar de la diminuta pelea de palabras, tal vez, pensó, no podía creerse todavía que una Slytherin sangre pura se abriera a ella, o que dejara de insultarla de la noche a la mañana.
Sin embargo, notar cómo su supuesta nueva amistad la ignoraba día tras día le dolió incluso más que los insultos diarios, ¿era su nueva forma de dañarla? ¿debía acorralar a Parkinson en un sitio donde nadie pasara? Pudo comprobar que todas las respuestas eran no. Siempre que mantenían un fugaz contacto visual, fuera a solas o acompañadas, recibía el mismo mensaje subliminal: "No, Granger, aquello fue un tremendo error".
A su pesar, decidió dar un tiempo a Pansy y, durante las siguientes dos semanas, sin excepción, quedaba a diario con sus nuevas compañeras para entrenar y mejorar la velocidad, equilibrio y reflejos en las diferentes jugadas, incluso podía percibir a Ginny y Cho observarla con orgullo sintiéndose creadoras de la futura Golpeadora de Gryffindor. Parkinson, por su parte, únicamente visitaba el prado sin apenas acariciar la escoba y notaba que, día a día, sus ánimos por ganar el Campeonato decaían aunque Daphne hubiera regresado de las vacaciones con su familia. En esos días, no era nada normal en ella aquel estado anímico, ni siquiera lo era la exagerada preocupación de Daphne.
El miércoles, una semana antes del principio de curso, Daphne persiguió a escondidas a la morena, observando cada paso, cada gesto y cada suspiro para descubrir el porqué de la tristeza que la adueñaba. Sus pies esquivaron los troncos muertos, las manos apartaron las ramas de la arboleda, y todo para llegar al borde de ésta sin ningún ruido. Escudriñó con curiosidad el prado y depositó su atención en la figura estirada en medio del césped leyendo una carta. Dio un par de pasos hasta quedarse casi encima de su compañera de Casa.
—¿Pansy?
La aludida, extrañada, escondió el pergamino en su bolsillo.
—¿Qué haces aquí?
—Necesitaba hablar contigo. Estas semana has llegado a la Sala Común a altas horas de la noche y, a temprana hora, vuelves a irte, ¿qué te ocurre?
—Sinceramente, dudo que te interese, ¿puedes irte ya?
—Oh, venga, Pans.
Daphne alzó los brazos evidenciando lo evidente y se sentó de rodillas.
—¿Necesitas ayuda? Ya sabes que puedo prestártela sin problemas.
—No.
—¿Qué demonios...? Pansy, te conozco desde pequeña y sé que algo ocurre, ¿tendrás los ovarios de decírmelo o necesitaré la ayuda de hechizos y pociones?
—¿Por qué no empiezas por ocuparte de tus problemas y después me visitas?
—Porque los tuyos son los míos, y bien lo sabes.
Parkinson escondió su cara entre las rodillas. Si alguien había estado desde la infancia a su lado en los momentos más malos, sea por beneficio propio o no, era Daphne.
—No es nada, prefiero pasar lo que queda de vacaciones en solitario.
—No me lo creo.
—¿Ah, no?
—No.
—Déjame decirte que me importa una mierda si te lo crees o no. Me da igual sonar borde, sólo quiero estar sola.
—No me digas que tendré que acorralarte para que me expliques-
—Te atacaré, D, créeme que lo haré.
—Te he espiado. Sí, no me mires así, incluso creo que ha sido la mejor opción porque reaccionas demasiado raro. Es increíble que intentes atacarme por querer saber qué está pasando por tu mente cuando antes nos explicábamos secretos muy íntimos y necesarios por lo que nos viene encima.
—Greengrass, déjame, de verdad. No quier-
—A la mierda, Parkinson. Estás a la defensiva porque sabes que algo me intuyo, ¿quieres saber mi opinión respecto a lo que te ocurre o prefieres contármelo para evitar una pelea? ¿Es sobre la situación actual de tu familia con tu tío Perseus? No te voy a negar que ahora tú y tus padres estáis en una posición un tanto... comprometida por culpa de tu tío, incluso mi madre me ha comentado que lo mejor era que me alejara de ti, pero mi padre sabe que el tuyo sigue siéndole fiel al Señor Tenebroso... Es decir, no tienes de qué preocuparte —sonrió—, nadie de Slytherin se va a meter contigo por ello. Va, cuéntame.
—No te diré nada.
—Debes ser más sincera contigo misma, sería beneficioso para ti.
—¿Has pensado que es posible que por eso esté aquí?
—Estás aquí por ser una cobarde.
—¡Repítelo! —apoyó una mano en el suelo y con fuerza impulsó su cuerpo para apuntar a la rubia con la varita. Ambas, en posición de duelo, se quedaron examinando la reacción de cada una.
—¡¿Pans, se pude saber qué...?!
—¡Lárgate, joder, no quiero a nadie a mi lado y menos a una Slytherin!
—¡Será que preferirías a una sangre sucia ahora mismo! —ironizó, cruzándose de brazos.
Pansy apretó su mandíbula con fuerza, conteniéndose los miles de hechizos que podría haber lanzado y que, sinceramente, hubiera hecho si Granger no hubiera aparecido de entre los árboles. La castaña quedaba a espaldas de Daphne con ambas manos en el pecho, sorprendida por la escena ¿quién le diría que los Slytherins peleaban entre sí conociendo su hipocresía? La Gryffindor dio un paso atrás dispuesta a ocultarse entre la vegetación, pero el ruido de una rama quebrándose bajo su pie la traicionó. Antes de que los ojos de Daphne la reconocieran, un Desmaius impactó en la cabeza de ésta.
La Serpiente y la Leona escanearon sus miradas.
—¡Granger!
—Y-yo sólo quería preguntart-
—Si no quieres problemas, vete —vocalizó, mirando el cuerpo desmayado de Daphne.
—Parkinson...
—¿Por qué nadie me escucha? ¿Por qué todos queréis saber qué me pasa aunque yo no quiera?
—Sólo necesitaba decirte que tengo las mismas preguntas que Daphne. No demando respuestas, sólo quería comentar que si algo muy problemático te pasa, yo-
—Vete, Granger.
—N-n ¡no!
—¿Quieres acabar peor que Daphne? Porque si te acercas, te aseguro que así será.
Hermione parpadeó los ojos, sorprendida de sí misma. ¿Cuánto hacía que le interesaba ser amiga de su acosadora? Es decir, sí, vale, la profesora Sprout le había abierto los ojos con que entre ellas dos había la posibilidad de que tuvieran más que una enemistad, pero... ¿querer de verdad ser su amiga y no sólo llevarse bien "como amigas"? ¿Llevaba ya tiempo que lo deseaba o era de hoy? Negó con la cabeza, más confundida aún al percatarse de que era ahora que se había dado cuenta de que quería tenerla cerca a pesar de todos los malos momentos que vivió por culpa de la Slytherin. Chasqueó la lengua, enfurruñada. Odiaba no comprender sus sentimientos al momento.
—Sólo te recordaré que tiempo atrás te dije que habría gente que estaría contigo en la oscuridad... y-y yo soy ..uhm —balbuceó, todavía con los ojos clavados en el suelo, muy nerviosa por la presión que ejercía la mirada de la Slytherin— una de ellas —alzó la vista, tragando saliva cuando los ojos doloridos de Pansy se fundieron en los suyos— y esperaría a que te sintieras preparada para salir.
—No sé qué entiendes por oscuridad, per-
—No me importa lo que tú entiendas por oscuridad y por lo que no. Estas dos semanas he intentado hablar contigo a pesar de que siempre te alejabas y ahora acabo de descubrir que le hacías lo mismo a tus compañeros. Pa-Pansy —¿En serio le acababa de llamar por su nombre?—, en su momento sé que llegué a ti y quiero volver a hacerlo, no deseo que te cierres aún más.
—Olvídalo, hazme caso, las semanas pasadas no volverán a repetirse. Fue una época de debilidad por mi parte.
Hermione lanzó su varita a la Slytherin ocasionando que ésta se cubriera maldiciendo el gesto.
Antes de que se diera cuenta, de nuevo sintió el delicioso aroma de la Leona rodeándola. Mantuvo la posición de defensa y cerró los párpados con fuerza al escuchar a Hermione gritar.
—¡Te maldigo!... Tantas semanas procurando quedar contigo y tú huyendo de mí... ¡Quiero ser tu amiga aunque no te lo creas! Por ti no he explicado a nadie de lo que hablamos la otra vez, ni los gestos que hiciste por mí, y ahora... ahora... —gimoteó, vertiendo las lágrimas en la clavícula de la Slytherin—... ahora no entiendo qué me ocurre ni por qué necesito hablarte. Siento que conectamos tiempo atrás y pensaba que lograríamos entendernos y aceptarnos y... y... ¡Vuelves a menospreciarme como si fuera una vieja pluma de escribir inservible!
—Granger...
La aludida sacudió la cabeza y se encontró cara a cara con la Slytherin puesto que ésta la apartó de su cuerpo y la mantuvo agarrada de los hombros.
—Escucha, Granger-
—Me has protegido de todos los desafíos que me retaste a pesar de que querías hundirme en la miseria, ¿por qué alguien que busca dolor en otros les salva de las trampas que ya preparó? ¿Por qué dejaste que me acercara a ti y después escapaste día tras día? ¡No lo entiendo!
—Ya te he explicado que fue un momento de debilidad por mi parte... Eres una sangre sucia, maldita sea, no puedo estar a tu lado aunque quisiera.
—¿Y por qué me prestaste el abrigo? ¿Por qué me devolviste el libro? ¿Y la unión para que no nos atraparan? ¿Cuando confesaste que lucharíamos para que no desconfiara de ti y no nos atraparan por preparar la poción? ¿O-...?
—¡Mierda, Granger! Olvida ya todo lo que ha pasado, absolutamente cada gesto.
—¡Nunca! Y menos viniendo de ti, ¿cómo olvidar que la Slytherin que desea verme ahogada en problemas es la que me salvaba de ellos? ¡Te olvidaré en cuanto me expliques por qué lo hacías!
—¡No puedo explicártelo porque ni yo lo sé, tan simple como eso!
Parkinson llegó a la arboleda a zancadas intentando escapar de la conversación. En cuanto rozó con la mano el primer árbol, un tirón obligó a girarse.
—¡Haz caso a tu instinto! Si necesitas hablar, habla, si necesitas correr, corre, pero, por favor... dame una explicación...
—¿Mi instinto? ¡Te aseguro yo que si lo hiciera, escaparías de mí rapidísimo!
—¡Por lo menos explícate! ¡Ya sé que no eres de palabras pero incluso así demando una explicación porque me estoy volviendo loca. Cuéntame con jeroglíficos, mensajes de humo, a ladridos, con gestos, me da igual! ¿O no crees que merezca tus palabras? ¿Tan inferior soy para los sangre pura como para no recibir alguna explicación de esta locura de un día te hago caso y otro no? ¿En serio? ¿Estoy en un escalón tan bajo para vosotros...? ¿Tan inferior... soy... para... ti?
Hermione gimió de dolor al sentir cómo las manos de Parkinson impactaban contra sus hombros y la lanzaban hacia atrás hasta chocar su espalda contra un roble. A lo lejos, cerca del cuerpo de Greengrass, Hermione pudo distinguir su varita hasta que unas pupilas radiando impaciencia y rabia cubrió su campo visual. Quedó totalmente paralizada al sentir la presión de los labios de Parkinson en los suyos. Ésta se apartó para tirarle a la cara la carta que escondía en su bolsillo.
—Ya tienes la explicación de mis acciones, Granger, ahora utiliza tu brillante mente para relacionar hechos.
Haciendo malabares y confundida, atrapó el papel a la vez que examinaba cómo Parkinson huía del idílico prado.
"Querida hija,
hace unos meses te informamos de la desgracia que se cernía en nuestra familia y, tal y como yo y tu madre sospechábamos, tu tío Perseus llevó a cabo su amenaza de desafiar al Señor y a su propia sangre casándose con una repugnante muggle. Actualmente, todas las estirpes de sangre pura nos desechan de su círculo amistoso y social y, como temía, el linaje de los Parkinson ha perdido el respeto, poder y fuerza que nuestros antepasados obtuvieron por su gran pureza de sangre.
En estas fechas, el poderoso Señor nos citó para conversar sobre ésta malinterpretación por parte del traidor de tu tío puesto que creían que sus ideales representaban a los de nuestra familia. Por supuesto, lo negamos y Él nos perdonó aceptando la unión de un miembro familiar a su grupo más cercano y fiel. Tu madre decidió ser quien ocupara el honrado puesto pero no fue posible porque prefería a un miembro más joven para futuros planes.
En la próxima salida a Hogsmeade te reunirás con nosotros y llevaremos a cabo ésta ceremonia tan importante y llena de honor. Espero que sientas el orgullo y la esperanza que nosotros, tus padres, depositamos en tu persona.
Disfruta de lo que queda de vacaciones.
Creemos en ti"
*risa maligna* Wiiii ¡nos vemos el miércoles!
Muuuchas gracias por los reviews y los ánimos (N de Nata, si no te haces una cuenta no puedo contestarte como debería u.u) y, vuelvo a agradecer mucho mucho a la gente que me ha ido enviando reviews, de verdad, sois la hostia y este fic no sería lo mismo sin vosotros ^^
¡Pasad un buen finde, Pansynianos jajjjaja!
