Mi problema tiene nombre y apellido
—¿Qué le ocurre a Hermione?
—Ni idea, hace semanas que se queda sentada en la ventana de la habitación observando el paisaje, ni siquiera va a la biblioteca desde que empezó el curso.
—¿Alguien la ha amenazado?
—¿Crees que la cara de desolación es por alguna pelea?
—No sé...
Ron y Harry se miraron preocupados a la vez que Ginny acababa los deberes de Transformaciones.
—Todo a vuelto a la normalidad: las clases han empezado, la gente ha vuelto al castillo, dentro de poco comenzará la temporada de quidditch y hoy se hacen las pruebas para entrar al equipo, y, en cambio, es como si 'mione no estuviera aquí — Ginny sumergió la pluma en la tinta y regresó a la escritura—. Cho y yo hemos intentado hablar con ella pero sólo dice que está en una temporada donde no le apetece hacer nada, así que la hemos dejado con sus pensamientos. Tal vez si ella se aclara con lo que le pasa será más rápido que si intentamos forzarla.
—Mientras vea que estamos a su lado, ya habremos cumplido con nuestro papel —contestó Harry. Movió un peón y éste destruyó una pieza de Ron.
—Pero... ¿y si es más complicado? Quiero decir, si alguien le ha hecho daño riéndose de ella o algo por ese estilo, después de todo es normal que le duelan los insultos. Yo odio cuando me llaman apestoso...
Su hermana suspiró y puso punto y final a la redacción. Su vista se dirigió a la partida de ajedrez que ambos amigos disputaban y apoyó la palma de la mano en su mejilla, acomodándose en el sillón y observando la puerta que llevaba a las habitaciones de las chicas.
—No sé qué ha pasado, Ron, hace un par de semanas, en vacaciones de navidad, estaba perfectamente y después de ausentarse toda una tarde y saltarse la cena, la descubrí entrando en la habitación con la cara mojada y escondiéndose entre las sábanas de su cama.
—Algo tuvo que pasar esa tarde —afirmó Harry.
—¿Quizás echaba de menos a sus padres?
—Todo es posible, pero ¿que le haya durado tanto tiempo el bajón?
—¿Hizo algo más al volver o te fijaste en algún detalle raro, Gin?
—Lavender me dijo que se le escuchaba llorar un poco, nada más.
—Le partiría la cara al que le hizo esto, en serio —Ron gruñó, golpeando la mesa donde se disputaba la batalla de piezas.
—¿Y si nadie tiene nada que ver? ¿Y si son los pensamientos de Hermione que provocan que esté así?
—No lo sé, como he dicho, todo es posible. No quiero presionarla más, si ella piensa que apartándose de la gente y pensando es la manera de solucionar lo que pasa, adelante.
—Eso está claro.
—P-pero...
—Ron, tu hermana tiene razón. Ninguno de nosotros conoce qué pasa pero estamos seguros de que si la situación se descontrola, vendrá a buscarnos. En cambio, si cree que puede acabar con lo que pasa actuando así, nosotros apoyamos esta decisión.
—Así que nada de presionarla —añadió la pelirroja.
Ron bufó aceptando el hecho y despedazó con su alfil el rey de Harry.
—¡Jaque mate!
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—Chicas —saludó Ginny, sentándose en el césped de los jardines con las Ravenclaws y lanzando la bolsa de deporte.
—Ey, Gin, tenemos buenas noticias —dijo Mónica—. Podemos confirmar hoy que al fin todos se han olvidado de que supuestamente Hermione, Cho y tú estabais metidas en un triángulo amoroso.
—¿Eh? Ah, por lo que pasó en el Gran Comedor, creía que ya estaba aclarado antes de que acabaran las vacaciones. Bueno, aunque yo haya admitido ser bisexual, en teoría 'mione y Cho no.
—Ya sabes que el morbo mueve rumores y si tres de las chicas más conocidas en Hogwarts son lesbianas, pues...mejor que sólo una, ¿no?
Ginny suspiró tumbándose en la hierba y depositando su cabeza en el regazo de Mónica.
—Llamaría más la atención el rumor de un trío entre Ron, Harry y Malfoy. Me reiría a base de bien.
Las jóvenes rieron imaginándolo.
—No creo que sea posible que un Slytherin se enamore de un Gryffindor —comentó Lisa.
—¿Por qué no? Desgraciadamente para las Serpientes, el orgullo no evita el amor —replicó Padma.
—Oh, venga Padma, el orgullo destruye el amor. Imagínate que te enamoras de un Slytherin y eres una sang-, no eres sangre pura, claramente huirás de él.
—No me refería a eso, sino que si eres un Slytherin por mucho orgullo que tengas y no quieras enamorarte, te enamorarás. El orgullo no destruye el amor que puedas sentir, he dicho.
—Uuh, tú eres de las que creen en cuentos de hadas, ¿eh?
—¡Padma está enamorada de un Slytherin, Padma está-!
Un pergamino lanzado a la cara por la aludida calló a Ginny.
—¡Te han descubierto! ¡Huye por tu dignidad, Padma! —se mofó Mónica.
—Buenos días, chicas, parece que estáis llenas de energía esta mañana.
Las jóvenes saludaron a Cho, quien se sentó, y continuaron burlándose de Padma.
—P-pues es mejor enamorarse de un Slytherin que... que...
—Que de una Slytherin —acabó Weasley—. Ahí sí que la has fastidiado.
—Uff, ni que lo digas, y si es una mortífaga...
—Merlín, menudas historias estáis imaginando.
Se quedaron unos segundos riendo cuando divisaron a Hermione venir hacia a ellas arrastrando los pies. Ésta tenía la cara más pálida de lo normal y unas enormes ojeras, incluso su mirada parecía que no estuviera en este mundo. Todas le prestaron atención al llegar y Hermione, con voz ida, se dirigió a Ginny.
—¿Por qué estáis aquí aún? Pensaba que las pruebas comenzaban ahora.
—Y así es.
—¿Y las escobas?
—Ya las he dejado en el vestuario.
—¿Quieres la mía, Hermione?
La aludida observó con cansancio cómo Cho se levantaba junto con Ginny.
—Mmh...
—Acéptala, 'mione, su escoba es más rápida que la mía.
—Pero llevo entrenándome poco tiempo y con la tuya me he acostumbrado a equilibrarme.
—Una vez aprendas a equilibrarte con una, lo logras con todas.
Hubo unos segundos de silencio donde las Ravenclaws aprovecharon para ponerse en pie.
—Si no quieres arriesgarte, continúa con la mía —acabó Weasley.
—Da igual que escoba utilices, ganarás el puesto igualmente —Mónica le enseñó el pulgar y Lisa junto con Padma la secundaron—. Ginny tiene contactos dentro del equipo.
—Prefiero ganar el puesto a través de mis habilidades, gracias —murmuró sin ganas.
—Ya empezamos.
Ginny rodó los ojos, agarró su bolsa, se despidió de las magas y tiró a Hermione del brazo. Se adentraron en el edificio y se pusieron rumbo a los vestuarios.
—Una rápida pregunta, ¿estás loca? —susurró, alejándose del grupo—. ¿Qué pasa si no logras entrar en el equipo? ¡Se supone que perderías la apuesta con Parkinson!
—No importa ya, ni siquiera sé por seguro si el desafío sigue en pie. Hago esto para entretenerme.
—¿Qué?
Ginny mantuvo la expresión ceñuda y confundida al aturar en seco a su amiga.
—¿Qué significa eso, 'mione?
—Pues que hace mucho que Parkinson y yo no nos dirigimos ni una palabra, más bien, ni un insulto. Desde vacaciones, hará... —parpadeó, atónita de que no lo tuviera completamente calculado—... ¿semanas?
—¿Por qué no os habláis?
En su mente pasó una fugaz secuencia de recuerdos que mostraban el beso (o, más bien, lo poco que pudo ver durante el hecho, que era el flequillo azabache acariciando los párpados cerrados de la Slytherin al besarla con el verdor del prado enmarcando el resto del paisaje) y las carta de la familia Parkinson informando a su hija que en la próxima salida a Hogsmeade se convertiría en mortífaga.
—No lo sé con exactitud —acabó por responder.
—¿Y qué es lo que sabes?
—Quizás más de lo que debería, o tal vez demasiado poco, según cómo se mire.
Ginny inclinó la cabeza confundida y la sacudió a la vez que sus manos.
—¿Q-qué demonios quieres decir con eso? No entiendo qué está pasando, y menos a ti, ¿sabes que has vuelto a encerrarte en tu mundo y nos has dejado de lado, verdad?
—Lo siento, he intentado conversar con vosotros para que no ocurriera lo mismo que la otra vez.
—¿Tú sabes lo complicado que es ver a una amiga deprimida que parece un zombie y estar dudando en si volver a insistir en sacarle el tema?
—Sí, con Harry ocurría mucho. Es solo que...
—Necesito tiempo para pensar —contestaron las dos al unísono.
—Te hemos dejado semanas y seguiremos dejándote, no te preocupes. Mientras sepas que
—Estamos a tu lado —volvieron a hablar a la vez.
Hermione sonrió ante la cara enfurruñada de su interlocutora y, con un gesto de cabeza, indicó la entrada a los vestuarios.
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Pensaba que volar alrededor de los aros antes de las pruebas le quitaría los nervios. Pero, como bien conocía su subconsciente, se equivocaba. Planeó cerca del grupo de Gryffindors y se acomodó la ropa al observar a Angelina Johnson aparecer por la entrada del campo. Sus compañeros se irguieron al instante cuando notaron la apasionada mirada de la capitana.
Ginny se escabulló entre la gente y se situó al lado de Hermione. Sin apenas mover los labios, susurró:
—¿Te dije que me tiró la caña el otro día en la Sala Común?
—No fastidies —evitó poner cara de sorpresa sin mucho éxito.
—No te miento, por eso te puedo asegurar una plaza en el equipo si haces bien las pruebas, aunque viendo los inútiles que se presentan para Golpeador no te será difícil.
—¿Ocurre algo, Weasley?
Ambas amigas carraspearon para negar la pregunta retórica de la Capitana. Ésta carraspeó al tiempo que situaba las manos tras su espalda.
—Como bien sabéis, los gemelos Weasley y Potter han sido expulsados de por vida por la put-, por Umbridge. Por lo tanto, busco a un Buscador y dos Golpeadores. Separaros por posiciones.
—¡A por ellos, 'mione!
—¡A por el puesto, Gin!
Unieron los puños y obedecieron a la orden de Angelina.
Los primeros en empezar fueron los Buscadores y Ginny, antes de que le dijeran nada, ya se situaba sobre su escoba nueva preparada para la acción. Las Ravenclaws vociferaban en las gradas para animar a su amiga y ésta miró de reojo a la capitana después de examinar los aros suspendidos en el aire para pasar debajo de ellos en un determinado tiempo.
—Ya sabes qué hacer —comentó Angelina inspeccionando el cronómetro.
—Perfectamente, desde pequeña.
—Demuestra de lo que te enorgulleces, Weasley.
—Lo llevo en la sangre, Angelina.
La aludida alzó una ceja, confundida al escuchar el nombre, y sonrió de lado negando con la cabeza.
—El tiempo corre, G-
Antes de acabar, la menor salió disparada dispuesta a llevarse los aros por la corriente de aire que dejaba atrás y regresó al punto inicial en un abrir y cerrar de ojos.
—¡Siguiente!
De aquella prueba, Ginny fue la más veloz. Hermione, al percatarse que su presencia (al igual que la de los demás Golpeadores) no era muy útil, se dirigió volando hacia las gradas a la espera de que acabaran.
A metros de rozarlas, distinguió en la más alta fila a dos siluetas. Cuando distinguió quiénes eran, perdió el sentido del tiempo.
—¡Cuidado, Hermione!
El chillido de Cho la alertó, obligándola a mirar hacia delante y a esquivar, por muy poco, la madera de la gradería. En cuanto puso los pies en el suelo, Mónica la abrazó aliviada.
—¿En qué estabas pensando? ¡Casi te matas!
—M-me despisté, perdón —contestó, riendo con nerviosismo.
—Más te vale no despistarte en las pruebas —le advirtió Lisa.
—O tendrás problemas para ganar—continuó Padma.
—¿Quieres agua para refrescarte? Ahora necesitas concentrarte y el puesto será tuyo —Cho le acercó una botella a la castaña y ésta bebió con ganas.
—Pues sí porque conocemos a los que se presentan para Golpeador y ninguno es bueno. Ginny lo tiene más complicado, pero es Ginny.
—Y tú eres Hermione Granger y todos saben de lo que eres capaz cuando deseas alcanzar algo.
—Gracias, chicas, ha sido buena idea venir aquí con vosotras.
—Quizás te estemos mimando mucho... —susurró Mónica, acariciando su barbilla como si estuviera en un teatro.
—¿Tanto como a Gin?
—Vale, retiro lo dicho.
—Debería haber traído mi escoba, no veo mucha consistencia en la tuya —murmuró Cho, examinando la Barredora.
—Ha soportado años de golpes y un sin fin de aventuras por parte de la familia Weasley. Aguantará un par de vuelos más —Hermione devolvió la botella de cristal y flotó hasta estar dos cabezas por encima de sus amigas al oír cómo la pelirroja le avisaba de que empezaban sus pruebas.
—Buena suerte, Hermione, te mereces el puesto después de tanto esfuerzo.
—Gracias, Cho.
—¡A patearles el culo, Hermione! —corearon las demás.
La nombrada les regaló un par de carcajadas sinceras, continuó flotando para alejarse y, en el último momento, viró el rostro discretamente para curiosear a la pareja sentada encima de las más altas gradas, alejadas de cualquier espectador.
Comprobó cómo Daphne Greengrass devoraba una impresión de edición especial sobre 20 impresionantes técnicas de negociación que lograrían que un elfo doméstico aceptase su libertad y a Parkinson devolviéndole una mirada indescifrable.
Hermione frunció el ceño y giró la cara balanceando su coleta.
¿Después de evitarla cada vez que querían hablar y del incidente en el prado, se atrevía a venir a ver las pruebas? Estrujó su escoba apretando los dientes, le cabreaba tantísimo que únicamente se hubiera interesado en si superaba la Selección o no... ¿Acaso no podía haber mostrado más interés en los días posteriores al-?
Al recordar el fugaz beso, más nítido que en aquel recuerdo, tan cerca y palpable en sus labios que necesitó dar una profunda bocanada, tuvo que tocar el césped con los pies para no caerse. Los pulmones se encogieron y percibió la contracción del corazón, provocando un agudo pinchazo. Instintivamente apretujó la zona del pecho del uniforme con la mano y dio una segunda bocanada de aire, gesto que le ocasionó más dolor.
—'mione, ¡Hermione!, ¿te encuentras bien?
Ginny colocó su mano en el hombro y empezó a asustarse al ver cómo su amiga temblaba. Le levantó la cara con ambas manos y le retiró con la manga el sudor frío observando los lagrimales humedecidos y su vista borrosa.
—Por las barbas d-, Hermione, ¡responde! ¡Mierda, Angelina, está teniendo un ataque de pánico! —gritó cuando Hermione hizo el ademán de irse corriendo dando bocanadas de aire.
—Joder, joder, joder, intenta tranquilizarla. Granger respira por la nariz y exhala por la boca, cálmate si no quieres que te patee el c-, encárgate tú de tranquilizarla que a mí se me da fatal. ¡Los demás, regresad al vestuario hasta nuevo aviso! Haced algo por vuestra puta Casa y ser empáticos, joder.
Angelina amenazó a las Ravenclaws para que no entraran al campo y dejaran a las Gryffindors solas mientras Ginny agarraba la mano de su compañera y la guiaba en las respiraciones.
—Inspira por la nariz... —hacia el gesto con tranquilidad para que la imitara—...expira por la boca...
Inspira... Expira... Inspira... Sigue el proceso todo el rato y distrae la mente con, por ejemplo, cuando ayer, riéndome de ti, me caí de las escaleras y derrapé con los dientes. Inspira... Expira...
Hermione retomó a dar bocanadas fuertes de aire al ver a Parkinson y a Daphne dirigirse caminando hacia ellas. Ginny salió disparada a su encuentro y saltó para dar una patada voladora, gritó que se fueran porque no era momento de burlas y logró su cometido gracias a que Daphne hizo que Pansy entrara en razón.
La mayor de las Gryffindors se tumbó en la hierba sujetando con fuerza la escoba y procurando regresar a su estado normal, recomponiendo su cerebro. Puso la mente en blanco al admirar la magnífica bóveda azul, sin embargo, un par de lágrimas hicieron acto de presencia para acabar en los pulgares de Ginny. Sus miradas se encontraron.
—He fracasado en las pruebas...
Debió de haber pensado antes en alguna excusa por lo que había ocurrido. Después de todo, no entraba en los planes de Hermione contarle a su amiga que una prepotente archienemiga la había besado poco antes de que descubriera que se uniría a un grupo que deseaba su muerte y sufrimiento.
—Anda, calla, que no se han suspendido. Todavía puedes demostrar de lo que eres capaz, tranquila.
Hermione asintió secándose los lagrimales. Levantaron lentamente la cabeza para quedarse varios minutos observando el cielo.
—Herms... ¿tengo que preocuparme...? —susurró—. Al fin y al cabo, un ataque de pánico suele pasar porque alguna situación, persona, o un cúmulo de todo te agobia y el cuerpo reacciona como si estuvieras en peligro y necesitaras huir, o eso me dijo Percy... Creo que fue él.
Hermione cerró los párpados y, respirando todavía con cierta dificultad, negó con la cabeza. Ni siquiera ella sabía qué le pasaba realmente.
¿Y qué que Parkinson la hubiera besado? ¿Y qué que se fuera a convertir en su enemiga oficial y eterna en esta guerra? Ella no le gustaba esa arrogante Slytherin, no debería de sufrir por ello. Simplemente, huir del ojo del huracán. Si es que Parkinson no le copiaba antes la idea, cosa que ya estaba ocurriendo porque la Serpiente la evitaba a todas y cada una de las horas desde aquel día.
—No..., perdón por asustarte. Demasiados nervios por las pruebas, no me gusta no tener controlado un examen y... soy una inútil con la escoba.
—Lo has hecho de maravilla durante tu entrenamiento, demuéstrales que dominas todos los campos del conocimiento, ¡ve a por ellos con un par de ovarios, Herms!
—¿Tú crees que lo lograremos? Estoy bastante cansada...
—Sin dudas, y cuando los ganemos nos tiraremos de bomba en el baño de los prefectos con las demás y estaremos totalmente desnudas, nada de bañadores. Estoy segura de que si los profesores nos descubren, celebrarán la victoria con nosotras ¿qué te parece la idea?
—Me parece que es una excusa bastante hábil para utilizar los baños sin ser prefecta.
—También, también, pocas veces te equivocas.
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—¡Booombaaa!
—¡Banzaaaai!
—¿Quién tenía razón, eh? ¿Quién decía que íbamos a ganar el maldito puesto?
—¡Tú!
—¡No te oigo!
—¡Tú!
—¡No oigo ná!
—¡Tú!
—¡Champiñoones, champiñoones, oé, oé, oééé!
—Oh, vamos, Ginny, estás echando todo el agua fuera —rió Lisa.
—Otra bomba más y ya está, ¡vamos, 'mione! Una, dos y...¡tres! ¡Booomba!
Cho se cubrió el rostro con las manos y se carcajeó al ver a todas las Ravenclaws dando la espalda a las Leonas para evitar las salpicaduras. Admiró la energía de Ginny al chocar cada dos por tres los cincos y jugando de aquí para allá para celebrar el éxito.
Comenzó a jugar con su trenza para disimular hasta que se percató de que la joven Weasley no estaba. Antes de darse cuenta, fue sumergida por un tirón en el pie hasta el fondo que, precisamente, poco hondo no era.
El sonido de las risas se amortiguó por la barrera acuática ocasionándole la anulación del oído, y la oscuridad cubrió por completo el paisaje. Notó su cuerpo dirigirse más al interior y cómo, por la presión del líquido, se situaba de forma horizontal sobre las baldosas del fondo. Dejó su cuerpo flotar sin apenas gravedad entre las corrientes y pretendió quejarse al mismo tiempo que, lentamente, abría sus párpados.
Buscó por encima de ella un rayo de luz que indicara la superficie y no pudo evitar que las pupilas se dilataran para captar al máximo la escasez de iluminación que se encontraba a espaldas de la figura que levitaba por las aguas, y por encima de Cho, como si surcara los cielos, utilizando las corrientes acuáticas como alas.
La larga melena llameante de la joven se enroscaba en los brazos extendidos y acariciaba los senos sin pudor. El corazón le dio un vuelco al presenciar la sonrisa traviesa de aquel ángel acompañada por una mirada pícara y juguetona.
La pequeña de los Weasley dejó escapar el aire de sus pulmones en un intento frustrado de reír y se impulsó hacia la superficie dejando a Cho fascinada por el contraste que acababa de presenciar ¿Era posible ser un ángel tan travieso y no ser castigado por ello? Su astuta mente le hizo la mala jugada de responder: Por alguna razón ella se encontraba en el mundo de los mortales, ¿verdad?
No...
Hermione...
Siguió a Ginny en cuanto notó la falta de oxígeno y sus sentidos regresaron a la normalidad. Pudo oír los últimos cotilleos de Lisa hablando con Padma; a Hermione, ausente, conversando con Mónica sobre cómo dirigirían Hogwarts y llegando a la conclusión de que una flatulencia de duende lo haría mejor que Umbridge. Y Ginny se encontraba en el borde peinándose con los dedos justamente igual que la sirena que adornaba los baños, escuchando con atención a sus dos compañeras y comentando. La Ravenclaw no acababa de comprender por qué era tan popular con los jóvenes de diferentes cursos hasta que, de mala manera, comprobó la sensualidad que desprendía aquel ser.
Sus miradas se encontraron.
—Cho, ¿tú qué opinas sobre Umbridge?
Se acercó nadando de espaldas y dejó que las manos de la menor impidieran que su cabeza golpeara la pared.
—Opino que es una persona incomprendida —los abucheos resonaron por todo el lugar y Cho demandó calma con los brazos—. Las paredes escuchan.
—Que me besen el culo —respondió Ginny.
—Merlín, un poco de- —replicó Hermione.
—Que depositen sus labios en mis hermosas y suaves posaderas, ¿mejor?
—No tienes remedio...
—Cuanto más sencillas las palabras, más comprensible es un mensaje, por lo tanto... que me coman el coñ-
—¡Ginny!
—Coño.
Hermione le tiró del pie para hacerla caer y Mónica rió en cuánto la menor resbaló al intentar zafarse.
Padma chistó y las jóvenes dirigieron su atención a ella.
Ésta, con un movimiento de dedos señalando el oído y sus labios, indicó el peligro que escuchaba. Segundo más tarde, todas excepto las prefectas se hundieron en el agua.
Padma se acercó nadando a Hermione para disimular su lejanía, ésta le devolvió una mirada preocupada.
—Si nos atrapan, tenemos la excusa de ser prefectas, no hace falta preocuparse —susurró la Ravenclaw.
—Me preocupa más el hecho de que las que ahora están haciendo cosquillas en mis piernas aguanten la respiración.
—¿Sí? Mejor cosquillas que los pellizcos de Mónica y Lis-
Golpeó el agua con molestia y unas burbujas de aire provocadas por la contención de las risas salieron a flote. Inmediatamente, una cabeza se asomó por la puerta y escudriñó a la pareja con una ceja alzada. Bufó con sorna a la décima de segundo.
—Oh, venga ya, Granger, ¿otra vez vuelvo a ver tu horripilante cara?
—Parkinson... —murmuró, atónita. Fue como si despertara de un profundo y largo letargo.
—¿Otra vez? No fue ella quien te invitó a ir a verla en las pruebas.
—No necesito invitaciones, india.
—¿Perdona?
—¿Qué? ¿Te avergüenzas de tu etnia?
—Me avergüenzo de tu tono empleado.
—Pff, qué delicada, que sepas que Granger soporta más que tú, ¿verdad, sangre sucia?
—Haz el favor de irte, Parkinson —replicó Padma.
—Oye, también soy prefecta, ¿qué modales son estos? Si quiero bañarme, lo haré.
Hizo un ademán de quitarse la camisa cuando Padma y Hermione se levantaron asustadas gritando un no. Pansy frunció el ceño.
—¿Pero qué..?! —Ambas se miraron alarmadas. Demasiado evidentes habían sido— ¿Por qué demonios estáis desnudas?
—Eeh...
—Bueno... esto... ¿Acaso tú te bañas con ropa?
—A ver si lo entiendo, vosotras dos entrasteis juntas... y sin bañador, por mutuo acuerdo, y encima ni siquiera ponéis el maldito cerrojo para que nadie entre.
—Mmh, bu-bueno, ahora mismo debajo de la ropa estás desnuda e ibas a entrar.
—No, era una broma, es evidente que no voy a bañarme desnuda con vosotras, ¿estáis locas?
Dejó tiempo para que contestaran, manteniendo su cara de no creerse lo que estaba pasando mezclada con una expresión de asco.
—Increíble, primero con Cho, después con la traidora, me dices en el prado que no eres lesbiana y te encuentro semanas más tarde en un baño, desnuda y con una tía al lado. No sé qué creer ya, Granger, espero que debajo del agua no ocultes a tu gato porque, directamente, pensaría que habéis tenido sexo con él.
Un grupo de burbujas hicieron acto de presencia en sus espaldas. Padma dirigió sus ojos preocupados a Hermione.
"Mierda"
—Parkinson, no es lo que parece —contestó Padma—. Hermione y yo conversábamos sobre...
—Las pruebas que me hizo hacer Angelina, he aprendido bastante de ellas.
—Ajá, —puso el peso de su cuerpo en una pierna— ¿te han enseñado también a hacer un cunnilingus? Será muy útil para ti en un futuro.
Otro conjunto de burbujas obligó a Hermione a cubrirse hasta el cuello de agua para disimularlas. Aquello no iba nada bien, si Parkinson las atrapaba...¿Sería capaz de contárselo a Umbridge?
La mencionada se cruzó de brazos y frunció los labios observando fijamente a Hermione ¿Por qué estaba la Slytherin tan enfadada ahora?
—Estoy esperando una contestación.
—Ya te hemos dicho la verdad, quería relajarme después de las duras pruebas y como las demás no son prefectas no han podido acompañarme, así que Padma está aquí. Siempre es bueno tener amigos de otras Casas, y más si es prefecta.
Discernió cómo Pansy le transmitía rabia a través de las pupilas y tragó saliva. Estaba claro que no la creía.
—Patil —La aludida viró el rostro hacia Pansy al notar el tono cortante. Ni siquiera la Slytherin apartó la mirada de Hermione al llamarla—. Húndete en el agua ahora mismo —La Ravenclaw dudó un segundo para hablar visualmente con la Gryffindor—. ¡Ahora!
Obedeció al instante y pudo comprobar los rostros granates de sus amigas al contener la respiración. Con un gesto de manos, les pidió que aguantaran.
—Tú y yo vamos a tener una charla rápida ahora mismo, Doña Perfecta.
¡Muuuuuuuchas gracias por los reviews y nos leemos el próximo sábado! ^^
