He decidido adelantar un día el cap porque le prometí a Rohe que, para su cumpleaños, escribiría un oneshot sobre Hermione y Pansy y lo subiría hoy (que es su cumple, así que Unicornio y Nata, en cuanto podáis le cantáis :D). Y, como no lo he podido acabar por obligaciones y falta de tiempo, he preferido subir hoy el cap de mañana y, en cuanto tenga acabado el oneshot, subirlo para que todos lo podáis disfrutar.
Desprenderse de una realidad no es nada; lo heroico es desprenderse de un sueño
A las siete de la tarde dio el primer paso en el prado, dejando atrás la arboleda que separaba aquel idílico mundo de la escuela y contemplando la figura que se mantenía tumbada en el cálido césped con los párpados cerrados. Con cuidadosos pasos amortiguados por la hierba, Hermione se acercó apretando sus manos húmedas por los nervios y paró situando sus pies a medio metro de la cabeza.
¿Estaba dormida?
—¿Pansy?
Hermione se rascó la cabeza al no recibir respuesta y, con cuidado de no despertarla, se sentó a su lado acercando sus rodillas a su propia cara. Escondió el rostro entre ellas y suspiró cerrando los ojos. Debía admitir que estaba completamente nerviosa y confundida ya que desde navidades no paró de sorprenderse, llorar, divertirse, sufrir, retar, gritar, enrabiarse, calmarse... Y lo que más le desconcertaba era que la causante de la mayoría de sus estados de ánimo era aquella Serpiente que dormía a su lado con los labios entreabiertos (impregnados de un delicioso brillo de frambuesa, como siempre) y su media melena acariciando el pálido rostro.
Su nerviosismo incrementaba por momentos al presentir que dentro de poco tendría que dar la cara ¿Y ahora qué? Había pedido explicaciones a Parkinson y ella se encontraba totalmente perdida ¡Ni siquiera tenía por asegurada la amistad de la Serpiente!
Si hubiera pensado con más detenimiento todos los recuerdos, anécdotas y situaciones que había vivido hasta ahora, quizás tendría más claro qué estaba pasando. Pero no, una historia detrás de otra y su mente, nada acostumbrada a interpretar sentimientos y sensaciones, se perdía por completo si no le daban un espacio de tiempo más amplio que un par de semanas para descodificar.
Pero aquel beso... Todavía no entendía cómo ese acto de amor se había filtrado por la gruesa barrera de odio que había entre ellas.
Su suspiro duró segundos enteros al notar cómo su mente se perdía más y más en aquella maraña. No tenía nada claro ("¿y Parkinson siente algo por mí o son imaginaciones mías? Bff, ¡es tu archienemiga, Hermione! ¿qué posibilidad hay de que una chica sangre pura futura mortífaga le guste una sangre sucia? Por no hablar de, si es así, los problemas que conllevaría... Es... ¡Agh, qué lío!")
Y, por asegurado, Hermione Granger no daría un paso en falso. Esbozó una sonrisa al recordar las palabras de Ginny comentándole a ella que le costaba tanto descifrar sus propios sentimientos que nunca en la vida diría un te amo sin sentirlo.
"Está bien, está bien...", se dijo mentalmente para calmar los cientos de pensamientos que pululaban sin parar y lograban confundirla más. Se tumbó en la hierba, al lado de su compañera de escuela, y suspiró más tranquila "Estoy confusa, al igual que mis sentimientos, hasta que no me aclare pase lo que pase debo mantenerme neutral"
Viró su rostro hacia un lado para detener sus ojos en la tez blanquecina de Pansy, ¿cómo podía parecer un ángel y ser capaz de reinar el mismísimo infierno? En cuanto depositó su atención en los párpados, éstos se abrieron lentamente. La Slytherin tardó en desquitarse de la expresión somnolienta e inocente.
—Buenos días, Pansy —sonrió, todavía tumbada a su lado.
Tenía por asegurado de que la Slytherin no le tenía permitido llamarla por su nombre, pero aprovechó, en un acto de travesura, su estado adormecido.
—Mhm, buenos días ¿qué hora es? —bostezó.
—Las siete pasadas, ¿cuánto hace que duermes?
—Una hora, quizás dos. No tengo ni idea, no controlo el tiempo cuando hago algo que me gusta.
—Estaría bien que lo hicieras, si no llegarías tarde a todas partes, ¿no crees?
—No me hagas pensar en contestaciones ingeniosas después de despertarme.
—Creo que tampoco te lo he puesto en bandeja.
—Meh.
—¿Nadie de Slytherin conoce éste lugar?
—Ya viste a D.
—¿Quién?
—Daphne.
—Ah, cierto.
—Nadie más que yo sepa, nunca me he encontrado con alguien y paso las horas aquí.
—Es tu guarida.
—Mi propio paraíso... Cuando vaya a comprarme una casa tendrá que tener un enorme jardín donde perderme.
—Tú y tu soledad.
—Yo y la naturaleza. Por cierto, ¿qué haces aquí? —inquirió, frotándose los ojos.
—Definitivamente tu cerebro es lento recién despierto.
—Sé que te esperaba pero no me acue-, ah, genial, ahora sí.
La Leona esperó a que continuara, sin embargo, Pansy mantenía la mirada puesta en el lago y su boca no reflejaba que de ella fueran a salir palabras.
—Me dijiste que no volverías a huir...
—¿Te parece que estoy huyendo? —clavó sus ojos en ella. Volvió a desviar la mirada—. Pregúntame y te contestaré.
—Quiero explicaciones y estoy segura que si sólo te pregunto, omitirás información.
—O tomas ésta propuesta o desapareces del prado.
—Ey, tranquila, no empecemos a discutir.
—Te dije que si comenzabas a acorralarme reaccionaría mal.
—De acuerdo... ¿Por qué me besaste?
—¿Por qué te dejaste?
Las mejillas de Hermione alcanzaron un rojo difícil de ocultar.
—Fu-fu-fue tan de repente que no pude reaccionar, ¡no es justo que me contestes preguntándome de nuevo!
—Estaba muy enfadada y confusa y necesitaba hacerte callar de una maldita vez. No sabes lo pesada que te pusiste.
—Ah... entonces aquello que me dijiste en los baños ¿a qué te referías?
—¿El qué?
—Que hasta la santa de Granger conoce el significado de un puto beso.
—Mh, pues lo que te acabo de contar. Tú misma conoces lo insoportable que eres cuando insistes.
Hermione rodó los ojos. Quería creerse que le contaba la verdad, no obstante, encontraba tantas contradicciones...O las quería encontrar, en el fondo.
—¿Y por qué me amenazaste con volverme a besar?
—¿Te suena la frase "¿Te callarás o quieres que lo repita para que lo entiendas?" Callarte de alguna forma era lo mejor antes de que siguieras molestándome. Porque eres una pesaaaaada molestia cuando insistes tanto en que los demás hablen cuando no quieren, y no digas que no.
Rivalizaron a través de sus pupilas. La Slytherin carraspeó manteniendo una expresión seria e ignoró la negación de Hermione con la cabeza a más de su bufido. A la Leona le molestaba el hecho de intuir que Parkinson le ocultaba información después de que ésta hubiera confesado que no volvería a huir y de recriminarle a ella en los baños por haber mentido. Aunque... todo encajaba, ¿y si era ella misma la que había visto cosas donde no habían? ¿y si era ella la que se ilusionó al creer de que sí, de que Pansy Parkinson tenía interés por ella y estaba coqueteando?
—Está bien, te creo —acabó por decir—. Tu beso significaba que querías callarme, ¿me equivoco?
—Estás en lo correcto.
—Tiene sentido, ya sabes, por el tema de ser una Slytherin que odia a una sangre sucia insoportable y sabelotodo —dejó caer con dolor.
—Veo que lo entiendes, ¡por fin!
Aquella afirmación provocó un gruñido por parte de la Leona. ¿por qué le molestaba tanto que fuera ella tan pasiva en este tema? La respuesta era una de las pocas cosas que tenía claras.
—Me molesta que... —comenzó, no sin antes cerciorarse de obtener la atención de la Serpiente— que después de todo lo que he sufrido por tu maldita reacción, desafíos y discusiones, te muestres tan desinteresada.
—¿Y qué esperabas?
—Un poco de comprensión hacia mi persona. Parece ser que sólo yo sufro por tus consecuencias cuando debería ser al revés.
—Deja de preocuparte por mí, no hay más misterios. En su momento te dije que me daba igual estar sola en la oscuridad.
—Y yo te contesté que arrastrarías a la gente.
—No seas tan estúpida y si lo eres no me lo eches en cara cuando ha sido tu decisión. Desde que nos conocimos llevo repitiéndote que no era buena idea ser cercana a mí y que no quería tener a nadie como tú a mi alrededor. Joder, Granger, que eres una asquerosa sangre sucia y yo me convertiré en mortífaga el catorce de febrero, ¿qué esperas? ¿un milagro del destino? ¿que salga una ninfa de entre los árboles y nos borre los prejuicios cubriéndonos de barro para que seamos n-amigas?
—Escucha, estoy harta de ti y de todo lo que pueda estar relacionado contigo —gruñó, levantándose del césped. Jamás supo llevar el estrés emocional y aquella ocasión no iba a ser diferente—. Me confundes cada vez más y siempre soy yo la que sufre por tus altibajos de meterte conmigo y después de tratarme bien. No aguanto ya este enorme caos que tengo en mi cabeza, así que cuando tu mente prepotente y tus prejuicios de sangre pura dejen de hablar por ti, ven a verme, pero yo ya no volveré a ofrecerte mi mano porque nunca pones de tu parte y siento que soy la única quien intenta acercarse a pesar de los golpes que me das. Así que, tal y como querías, no intentaré ser tu amiga, o más bien conocida y cómplice como tú dices —soltó con irritación—. Que tengas suerte en la vida porque, siguiendo al demente que siguen tus padres, necesitarás mucha —dio varias zancadas echando humo por las orejas— ¡Pero mucha!
Y desapareció tras un roble de la arboleda. Respiró varias veces para tranquilizarse y negó con la cabeza ante el hecho de sentir tanta decepción ¿qué le estaba pasando?
Allí, Hermione Granger, apoyada contra el árbol deseó que por una vez Pansy la detuviera antes de irse a Hogwarts. Ni siquiera pedía una disculpa, simplemente un detalle o un acto de que el corazón helado se había derretido un poco, pero bien sabía que si ella no daba un paso, Parkinson menos.
La Leona viró la cabeza y fijó su mirada en ella. Un cosquilleo le invadió la zona del estómago y poco a poco fue presionando hacia arriba. "Ahora te despides para siempre de todos los recuerdos y te vas a la Sala Común, mañana será igual que todos los días antes de interactuar con ella", y justamente esas palabras se clavaron en su mente con dureza. La había hecho sentir tan viva en poco tiempo y ahora debía de olvidarse de todo... ¿por qué Parkinson no era sincera consigo misma y con ella? ¿Acaso no era suficiente lo que le mostró a la Serpiente para ganarse su amistad? ¿O era algo más...? Recordar que en la próxima salida a Hogsmeade Parkinson se convertiría en mortífaga, le cortó el aliento.
Incluso ella misma sabía que una vez tuviera la Marca Tenebrosa se alejaría lo máximo que pudiera de la Serpiente y, aún así, no entendía por qué todavía procuraba conseguir la amistad de la Slytherin conociendo el continuo rechazo y el futuro de ésta. ¿Una sangre sucia y una mortífaga? ¿Dónde se había visto eso? Era igual que cavar sus propias tumbas.
Aunque... ¿era posible que la familia Parkinson se arrepintiera en el último momento de convertir a su única hija en una asesina? Suspiró sin ningún tipo de reparo al darse cuenta de la evidente respuesta. Tenía que dejarla ir sí o sí, dejaría de pensar en ella y volvería a volcarse en los estudios. ¿Se odiaban, verdad? Pues no debería ser tan difícil alejarse.
Hermione dejó de apoyarse en el árbol para observar por última vez el prado. No se dio cuenta de que su rival de Casa la observaba sin entender lo que pasaba por su cabeza.
Tumbada en la hierba y con vistas en contra picado, Pansy ladeó, inconscientemente, la cabeza unos grados intentando obtener mejores ángulos. Odiaba comérsela con la mirada. No le gustaba nada la atracción que sentía por ese ratón de biblioteca y mucho menos cuando Doña Perfecta había admitido que dejaría de acercarse. Depositó una fugaz mirada en los labios de Granger y se lamió los suyos.
Cerró los párpados con fuerza y Hermione, ajena a ella, hizo lo mismo sin darse cuenta.
—¿Últimas palabras antes de irte? —preguntó con sorna la Serpiente.
—Sí, espero que tu futuro te complazca en todos los sentidos, Parkinson y, también, renuncio al desafío del Campeonato Secundario. No quiero que nada nos una. Nada.
Se separaron y los árboles hicieron de muralla. Pansy se quedó tumbada en la hierba dispuesta a ver el atardecer en el lago, tal y como solía hacer cuando nadie podía quedar para dar una vuelta. Hermione, en cambio, se dirigía a techo cubierto, a las paredes repetitivas y duras y, por supuesto, a visitar a sus fieles amigos los libros y, por qué no, a conversar con Hagrid. Ya lejos, miraron hacia atrás, hacia donde sus futuros se escabullían y desaparecían por sitios diferentes, aunque si de algo estaban seguras, era que Pansy notaba el deseo de volver al castillo y de ver reflejada la luz con motas de polvo revoloteando en el rostro de la Gryffindor, de sentirse protegida por cuatro paredes y acomodada por una fuente de calor como Hermione que la mantenía a buena temperatura y alejada de la frialdad de los Slytherin; La Leona, en cambio, aflojó ligeramente su corbata y, a cada paso que daba, ansiaba más la libertad que veía a través de los ventanales del castillo. Era como si una cadena estuviera apretada en su tobillo y no le permitiera avanzar. El olor a humedad chocaba con fuerza contra su propia voluntad y empezaba a tener un calor inaguantable, echando de menos la brisa fresca del aire libre.
Se complementaban mutuamente, y mientras una ocultaba sus defectos con una buena actitud académica, la otra insultaba las cosas que le incomodaban para ocultar los suyos. Y ahora, a cada zancada de Hermione, a más profundidad escondía sus deficiencias; y a cada respiración de Pansy, más exteriorizaba su desagrado, en especial hacia los sangre sucia.
El mundo que crearon intentaba rodearlas pero la distancia mental entre ellas lo deformó hasta quedar de él un delicado hilo, ahora, roto en dos.
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No regresó a la Sala Común de Gryffindor hasta entrada la noche, tiempo que malgastó recorriendo los solitarios pasillos de Hogwarts procurando desviar la mente en otros asuntos y opacar el vomitivo recuerdo observando los escasos alumnos que bostezaban yendo directos a los dormitorios.
Prefería patrullar, manteniendo las piernas en acción junto con el cerebro procesando lo que veía, a tumbarse en su cama y perderse en la compleja maraña de su mente. Obviamente, para ella era más útil dejar todo de lado sin intención de desenredar nada aprovechando que el tema Parkinson había acabado por completo. Mucho más eficaz y menos laborioso que enfrentarse a sí misma y a la enrevesada maraña de sentimientos. Porque Hermione sabía que Parkinson despertaba en ella sentimientos, el problema estaba en que no quería descubrir de qué tipo.
El odio, por ahora, era el más apetecible de todos para sentirlo en esos momentos.
—Una mierda es lo que descubrió Gulliver Pockeby —escuchó decir al traspasar la Dama Gorda.
Hermione se encontró con Ginny insultando los enunciados a medida que intentaba avanzar en los deberes de Historia de la Magia. Se acercó sin nada de prisa hasta el sofá y dejó caer el cuerpo con gusto.
—¿Problemas con la asignatura?
—Eeeh, no, en realidad ya estoy acabando. O eso creo... —sacó su lengua y la atrapó con sus dientes en un gesto de concentración mientras escribía—. Y... ya está casi... aaagh, tu madre de 1785 se dio cuenta de tu anormalidad, eso es lo que pasó —gruñó, golpeando el pergamino. Siguió escribiendo hasta que, con cierta furia, puso punto final repetidas veces con la intención de desquitarse el estrés— ¿Dónde has estado hasta ahora, 'mione?
—Caminando por los pasillos, no tenía sueño así que... —se encogió de hombros, mirando a Ginny mientras recogía el montón de pergaminos y sus utensilios.
—Creía que estabas con Parkinson.
La Leona se quedó atónita por la respuesta. Parpadeó varias veces antes de responder.
—¿Parkinson? ¿Por qué ella?
—Y a mí qué me preguntas, fuiste tú quien me dijo esta mañana que a las siete ibas al prado y hasta ahora no has aparecido y, sinceramente, dudo que hayas quedado con Ron o Harry allí.
—Aaah, sí, sí, a las siete había quedado con ella pero después estuve por ahí perdida.
—¿Te has saltado la cena y has estado caminando durante más de dos horas? —Ginny no dudó en la veracidad de su amiga, simplemente le pareció inusual aquello. Frunció más el ceño cuando Hermione le respondió que iba a pasos muy lentos y, de vez en cuando, se apoyaba en las ventanas para contemplar el paisaje y descansar las piernas—. No me ha extrañado que hayas aguantado tanto tiempo de pie, 'mione, si no que, así porque sí, hayas decidido hacer esa... gilipollez para perder el tiempo, siendo tú. ¿Ha pasado algo?
Hermione negó con la cabeza, curvando hacia abajo los labios.
—¿Segura?
—Sí.
—Mmmh... Está bien. Angelina nos ha comentado que ha cambiado la hora del entrenamiento de mañana, será a las cinco. Esfuérzate mucho, eh, sentiría mucha vergüenza ajena si Parkinson llegara a obligarte a comer en el suelo.
—No te preocupes —se levantó sin siquiera mirarle a los ojos—, ésa y yo ya no tenemos ninguna relación, más bien desafío, que nos una. Ya no hay tanta presión, podré divertirme con tranquilidad.
—Me estás diciendo que ayer incluso te hizo reír y hoy ya no tenéis nada en común... Joder con los jóvenes de hoy en día —dejó de bromear al contemplar a Hermione yéndose a los dormitorios sin gesto alguno de contestar o darle las buenas noches. Puso los ojos en blanco—. Y todavía no has aprendido a que no tienes que guardarte las cosas porque de alguna forma u otra tu mente explotará por algún lado. Ahí será cuando sabrás que la has cagado a base de bien, de nuevo.
Ginny supo que le llegó el mensaje por el chasqueó de lengua que oyó gracias al silencio de la sala.
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Tal y como quería, Hermione se durmió de inmediato por el cansancio sin darse la oportunidad de pensar. La próxima vez que volvió a recuperar la consciencia después de tumbarse en la cama, se encontraba en el prado tan preciado de Parkinson y, aún así, notaba que algo no iba bien: El Edén contenía unos colores mucho más brillantes, alrededor de su visión percibía una borrosidad que enmarcaba lo que observaba y, lo que más le hacía dudar, era la figura de Pansy sentada a su lado, apoyando las manos en la hierba y con el rostro dirigido a la bóveda azul como si tomara el sol.
Sabía que estaba soñando, estaba completamente convencida, pero la lucidez iba desapareciendo por momentos hasta que... la perdió entre los grillos
—Si es sangre pura sin duda te rechazará, si es mestizo, sangre sucia o traidor, tienes más probabilidades de que corresponda tus sentimientos.
—¿Cuestión de sangre? —se mofó Hermione, arrancando el césped.
—No, cuestión de cobardía y un estúpido orgullo.
Hermione fijó sus ojos en los de Pansy y ésta mantuvo la mirada. Suspirando, la Gryffindor desvió la vista y se acurrucó en sí misma. Una risita por parte de su acompañante la obligó a cubrir su rostro con los brazos.
—Así que Hermione Granger enamorada de un Slytherin...—se mofó—. La suciedad de tu sangre te ha afectado demasiado.
—No todos los sangre pura pertenecen a tu Casa, Parkinson.
—Pero si estás tan indecisa, algún motivo debe de haber, ¿verdad?, sin duda sería por su Casa.
Hermione irguió la espalda y dejó la mente en blanco, recapacitando.
—Patético —espetó la Gryffindor—. ¿Cómo es posible que me atraiga alguien así?
—¿Así? ¿Nos estás insultando, Granger?
—Sí, insulto a esas personas que hacen más caso a su orgullo que a su corazón.
Pansy bufó.
—Lo mismo pasaría si un Slytherin te pidiera salir, lo rechazarías —Hermione abrió la boca para replicar—. A excepción del que te gusta.
—Son casos diferentes, vosotros nos rechazáis por la sangre, nosotros por vuestro carácter.
—¿Qué tiene de malo nuestra personalidad?
—¡Por Merlín! El orgullo se os sube a la cabeza y la seguridad que tenéis os provoca hacer cosas muy, muy estúpidas.
—Pero bien que te gusta ese modo de ser.
De un salto, Hermione se puso de pie, desafiando.
—No, lo odio, sin lugar a dudas.
—¿Y por qué estás enamorada de un Slytherin? Según tú, todos somos iguales...
—Te equivocas, lo que me ha enamorado han sido sus pequeños gestos, aunque quiera parecer prepotente se nota que ella... —Se mordió la lengua.
Maldijo por dentro miles de veces a la vez que notaba cómo el calor se deslizaba hacia sus mejillas y orejas. Cerró con fuerza los párpados.
—Joder, ¡Estás enamorada de una tía!
—¡No!
—Y tanto que lo estás. Granger lesbiana, esto sí que es una noticia para la revista de Corazón de Bruja: "Se descubre que los libros no son lo que más le gusta a Hermione Granger, son las tijeras"
—No serás capaz.
Pansy mantuvo la mirada retadora y sonrió de lado.
—¿Qué te apuestas?
—¡Nada! Por Merlín, Parkinson, no puedes hacerme esto —dijo, sentándose de nuevo en la hierba; agarró las manos de la Serpiente y las apretó con fuerza—. Si lo haces, me destruirás la vida.
—Qué tentación —se burló, miró sus manos atrapadas en las de ella—. Dime quién es.
La Gryffindor respiró profundamente, notando un cosquilleo en su estómago.
—Es complicado, agradecería que no me obligaras a decirlo.
—Te podría ayudar —se encogió de hombros, como si no hubiera dicho nada.
—¿Tú ayudarme a mí?
—Vale, entonces olvida mi oferta —comentó ofendida.
Hermione rió suavemente, formando unos pequeños hoyuelos cerca de sus comisuras.
—Sería un honor para mí, Majestad.
Pansy asintió complacida.
—Eso espero. Primero tienes que decirme cómo es de carácter, ya que no quieres contarme quién es.
—Ella es... complicada, se cree la ama del mundo y le encanta molestar a los demás, pero depende de cómo lo haga significa que quiere llamar la atención por cualquier interés, como que se den cuenta de ella, o fastidiar de verdad —paró un momento para verificar si Pansy la seguía y descubrió a una Slytherin muy concentrada. Sonrió—. Es poco sincera consigo misma y, por lo tanto, con los demás. No le gusta sentir ciertos sentimientos pero sé que lo daría todo por alguien que cree en ella y no busque beneficios.
Pansy asintió conforme con la descripción. Mientras pensaba, se colocó los largos calcetines negros que utilizaba como sustitutos de las medias del uniforme y jugueteó con uno de los botones de la camisa que estaba desabrochado. Aquel gesto inconsciente, ocasionó que Hermione se fijara más de lo que le hubiera gustado en el botón con el que la Slytherin jugueteaba, puesto que era el que más cerca estaba del atractivo escote.
—Bueno... —empezó Parkinson. Hermione se sobresaltó creyendo que la había atrapado—. Supongo que a ese tipo de chicas no le impresionan las cartas de amor, ni los sitios románticos, aunque le gusta que le den mucha atención... Parecerá raro, pero creo que la mejor opción para que se fije en ti es hablar con ella o insultarle muy seguido y de golpe pasar de su cara. Se agobiará y te seguirá, primero intentará insultarte y cosas así. Pero supongo que esta opción no sirve de mucho, porque en cuanto sepa que la quieres, se alejará contenta de que dependas tanto de ella.
Hermione esperó unos segundos más para que continuara.
—Entonces... ¿Qué hago?
—Nada —se resignó Parkinson, tumbándose de nuevo en la hierba—. Las relaciones son todas diferentes, cada persona es un misterio al igual que su reacción. Pero, tal vez, puedas intentarlo de una forma qu-
—¿Cuál?!
Parkinson viró su rostro y escudriñó la reacción esperanzada de la Leona.
—¿Tan interesada estás? No te metas en líos y enamórate de alguien más... adecuado para ti. Esa tía te hará daño y si dependes de ella, todavía más ¿No has aprendido durante todos estos años de las patadas que te han dado los Slytherins?
—Es mi vida, creo que soy yo quien decide lo que es más adecuado para mí, ¿no? A-además... ella m-me gusta y soy demasiado cabezota como para no intentarlo, al menos.
Pansy refunfuñó por lo bajo.
—Dime, ¿qué forma? Parkinson, no te gires y dímelo ¡Oye! ¡Eh! No te vayas.
—Eres más pesada que un dragón en brazos —siseó, intentando zafarse del agarre de Hermione.
—Dímelo.
La Slytherin indagó a través de la mirada de Hermione.
—Fuera, para de mirarme así —Forcejearon un rato más hasta que la Serpiente cayó al suelo con un ruido sordo—. ¡Maldita sea!
Hermione se situó encima suyo, zarandeándola. Luego de gritar e insultarse, Parkinson la apartó con los brazos.
—Vale, vale, ¡Para! ¡Que pares te he dicho!... te lo diré, pero quítate de encima.
Hermione obedeció. La Serpiente limpió como pudo los restos de hierba en la túnica y clavó su mirada a la maga de enfrente.
—El truco está en ti misma, aunque suena demasiado cursi ahora que lo pienso
—¿En mí? ¿En serio? Entonces, ¿tengo alguna oportunidad?
—Sí, sí, ¡y sí!, cansina. Resulta que por diversión de la vida, a los Slytherins nos encanta mantener todo controlado sin un ápice de descontrol al igual que nos enamora lo prohibido y jugar con él ¿y sabes lo que representas tú? Eres como un maldito fruto prohibido. Por Merlín, sangre sucia y completamente en contra de nuestros ideales ¿qué mas prohibido y descontrolado sería que tener una relación contigo? Aunque está claro que es un arma de doble filo, quien sea capaz de intentar algo serio sabiendo que el descontrol acabaría por matarle literalmente, se merece ser el rey de los cielos. Y... por esta razón es mejor que olvides lo que sientes, si logras salir con ella te aseguro que acabaríais muertas las dos o, peor, torturadas hasta morir. Es muy difícil que una Slytherin sangre pura y, posiblemente, futura mortífaga vaya a arriesgar su propia vida por ti, por algo somos considerados como los más egoístas, ¿no?... En fin, como veo que no vas a hacer ni puto caso a mis advertencias te diré que para conquistarla seas tú misma porque no te va a servir de nada que arriesguéis vuestra vida para que al cabo de poco tiempo descubra que no eres quien dice ser. Vamos que el plan de coqueteo es que si te fastidia, ignórala, y si te sigue el juego, juega.
—¿Y algún consejo más?
—Sí, mátate, le harás un gran favor a la otra —comentó la Serpiente a regañadientes.
Hermione ensanchó lentamente su sonrisa.
—¿Estás celosa? —preguntó, situándose de rodillas. Le hincó el dedo en el costado varias veces ignorando las quejas.
—Sólo compadezco a esa chica, menuda maldición le ha tocado.
—En el fondo te alegras por mí.
—Sí, claro, seguro, la mayor alegría de mi vida se podría decir, incluso.
—Prefieres verme sumida en una gran depresión, ¿verdad?
—Prefiero que no estés enamorada y me trates tan mal como siempre. No soy ni seré tu amiga.
—No te trato mal, sólo que tú me desquicias. Es inevitable no ser borde cuando me atacas de esa manera.
Pansy le dio la espalda.
—Dime algún truco para conseguirlo más a menudo —confesó la Slytherin.
Se quedaron un rato en silencio sin saber qué decir. Pansy sentada, apoyando sus brazos en las rodillas y Hermione, ausente, jugando con la hierba.
—Granger —susurró sin mirarle a la cara—, si consigues estar con ella, ¿te irás?
—¿Ir a dónde?
—Lejos de mí.
La castaña dio un leve respingo y posó su máxima atención en el cuerpo de su acompañante.
—Te aseguró que si lo consigo, no me alejaré de ti.
Pansy dirigió su indescifrable mirada hacia la joven.
—¿Tienes algo que decirme?
La Gryffindor sacudió la cabeza con lentitud.
—¿Desde cuándo estás enamorada de ella? —inquirió Pansy, volviendo a tumbarse en el césped y llevándose a Hermione junto a ella. Después, se puso boca abajo, al lado de la Leona quien estaba tumbada mirando el cielo.
—Sinceramente, no tengo ni la menor idea. Era... tan confuso todo...
—¿Así sin más?
—¡Oye! Aceptar que te gusta un Slytherin que es enemigo natural de los Gryffindors, futuro mortífago, anti-sangre sucia, leal a Quién-Tú-Sabes, prepotente, esnob, y además chica, ya tiene suficiente mérito, ¿no?
Pansy la miró aburrida y con la barbilla en la palma.
—Tú tampoco eres lo mejor del mundo para quejarte.
—Soy suficiente humilde para aceptar tu comentario y decirte que, censurando palabras obscenas, al menos reconozco mis defectos.
La Slytherin sonrió con burla.
—Porque es lo único que tienes.
Hermione bufó.
—Luego yo tengo la culpa de quejarme de vuestro carácter.
Se levantó expulsando la hierba del uniforme y, dando la espalda a su acompañante, se dispuso a regresar al castillo.
—Venga ya, Granger, si no sabes ni cómo tratar a una Slytherin, vas a poder enamorarla, pfff.
Hermione volteó todo su cuerpo, molesta, con las manos apoyadas en la cadera y los mofletes hinchados.
—¡Soy muy capaz de conquistarla!
—¿Ah, sí? No vale utilizar Amortentia, eh.
Una vez Parkinson se levantó del césped y la burla llegó a los oídos de su antagonista, tuvo que apartarse del camino de un Flipendo dando una enorme zancada hacia al lado.
—¡Tú-t-tú tú estás loca! Tienes un desequilibrio mental muy grave que tendrías que hacértelo mirar, ¿primero te enamoras de una Slytherin y después intentas asesinar a otra? El pelo púbico que te crece en la cabeza está enraizando ya en tu cerebro, eh.
Se precipitó hacia la arboleda en cuanto Hermione comenzó a seguirla varita en mano. El sprint de ambas no duró demasiado; cuando Pansy hizo una finta escondiéndose tras un árbol y Hermione pasó corriendo enfrente de ella sin percatarse, la Slytherin la agarró por la espalda utilizando la velocidad y la fuerza de Granger para girar sobre sí misma llevando a volandas el cuerpo de su prisionera.
Poco duró la satisfacción de Pansy ya que Hermione logró parar las vueltas que le daba agarrándose a una rama baja, provocando que la Slytherin se tropezara y cayera de espaldas sobre el tronco del árbol como si se quedara sentada. De mientras, Hermione se balanceaba sobre ella agarrada a la rama y riendo por la expresión de Parkinson.
—¿Ahora eres un mono y no un gato? —dijo Pansy, colocándose bien la falda que se había subido unos centímetros arriba, mostrando la piel que los calcetines largos no podían tapar.
Hermione dejó caer su cuerpo con precisión sobre el regazo de la Serpiente, quedando sus piernas a ambos costados y su cintura sobre la de Pansy.
—Soy todo lo que quieras que sea —le contestó, rasgando su mirada.
—¿Podrías ser mi cocinera y prepararme un pastel? Es un capricho que tengo desde hace tiempo.
Hermione rodó los ojos e hizo el ademán de levantarse. Las firmes manos que se acomodaron en su cintura la presionaron hacia abajo.
—Sé mi novia, gatita. Sé toda mía. No me importaría morir a tu lado ni arriesgar mi vida por ti y, menos aún, devorarte día sí y día también.
Hermione enmarcó mentalmente la escena que presenciaba de los labios humedecidos por el brillo de frambuesa y los diminutos colmillos que se asomaban al sonreír. Qué muerte más dulce sería aquella.
No pudo evitar sentirse cautivada ni disimular la creciente respiración cargada de deseo.
—¿Me besas o te beso? He dicho que no me importaría morir a tu lado pero tampoco hace falta que sea de impaciencia. Oh, claro, que te gustaba otra Slytherin, en fin, lástima que no me hayas dicho quién era, quizás hayas previsto que intentaría amenazarla para tenerte toda para mí. Sólo bromeo.
Pansy no dejó que saliera palabra alguna de la boca de Hermione, poseyéndola. Sus labios capturaron el inferior de ella, impregnándolo de brillo, para después ladear sutilmente la cabeza y entreabrir ambas bocas con la intención de que las lenguas se encontraran con más comodidad. Hermione gimió ante el intenso contacto e hincó con fuerza la rodilla contra el suelo, rasgando las medias por culpa de la aspereza de la tierra, para alzar su rostro y encarcelar el de Pansy con sus palmas mientras continuaba humedeciéndose por la mano que jugueteaba con los botones de su camisa.
Sin darse cuenta, perdida por concentrarse en dar mayor placer al besarla, acabó con la túnica en la tierra, todos los botones de la camisa blanca desbotonados hasta el vientre (que le parecía imposible que todavía la prenda se mantuviera bajo la falda) y la corbata de Gryffindor perdida vete a saber dónde. Estiró el cuello ante la creciente ferocidad de Pansy en devorarle la garganta y en pellizcar la piel con sus dientes.
—Mmhnn... nunca pierdes el tiempo, ¿no? —gimió, al percibir el contraste de la fría palma de Parkinson contra su ardiente seno.
—¿Quieres un consejo, gatita? —El erótico quejido que le contestó en cuanto sus dedos se perdieron bajo los pliegues de la falda fue suficiente—. La próxima vez que sueñes conmigo sé menos romántica y más pervertida, acabarías antes y tendrías más tiempo para disfrutar y complacerte una vez despiertes.
—¿Q-qué? —logró preguntar entre gemidos.
Apenas pudo disfrutar de la lujuriosa mirada de Parkinson y de su afrodisíaca sonrisa ladeada antes de que se desvaneciera convirtiéndose en el techo del dormitorio. Todavía adormilada, melena desparramada por toda la almohada, ambas manos descansando a un lado de su cabeza y una creciente palpitación donde la imaginaria Parkinson le había acariciado antes de desaparecer, gimoteó al contrastar la realidad con la ficción.
Se cubrió la cara con la almohada y se dispuso a llorar en silencio, ignorando a sus compañeras que empezaron a despertar y a vestirse.
Odiaba cómo la hacía sentir, odiaba en la situación en la que estaban: huyendo como si la muerte estuviera tras de ellas. Definitivamente, odiaba a Pansy Parkinson con todo su ser.
¡Nos vemos en el oneshot o el sábado! Y no me matéis, que ahora es cuando comienza de verdad el fanfic, Je.
