Regreso a los orígenes
"No la mires, Hermione, si a ella no le interesa tu amistad, que se espabile" Hizo una breve pausa para vigilar la poción que estaba preparando. Levantó la vista inconscientemente "Tch, Hermione, maldita seas, ¡no vuelvas a mirar!... Al final ya verás tú cómo- OH MERLÍN TE HA VISTO. Uy-uy-uy, no, falsa alarma, sólo se ha girado para agarrar un frasco de la mesa auxiliar... ¿nunca parará de-MIERDA"
Desvió la mirada con una rapidez impresionante, interesándose en la capa del profesor Snape, quien estaba atento a los movimientos de Neville, como si la tela negra se tratara de lo más curioso del mundo mágico. Más que la mismísima Aritmacia.
—¿Estás bien? —le susurró Ron.
Asintió. Todavía seguía con la mirada fija en la capa. Al menos ya se había asegurado de que había sido otra falsa alarma.
—¿Seguro...? —el joven echó un vistazo a Harry, quien también parecía interesado en el estado de su amiga—. Estás... muy roja.
Hermione parpadeó, reaccionando. Frunció los labios y giró la cabeza con brusquedad para fijar sus ojos en él.
—Sí, Ronald, estoy muy bien.
—Va-vale —tragó saliva—, tampoco hace falta que me mates con la mirada.
Weasley, por la incomodidad que sentía, hizo el ademán de continuar removiendo el caldero que contenía un líquido púrpura humeante. Recibió un manotazo de Hermione.
—¿Quieres destrozar la poción? —espetó, ofendida—. Son cuatro vueltas en dirección de las agujas del reloj, no cinco —se relajó cuando el muchacho dio un paso hacia atrás, acariciándose el dorso—. No estoy dispuesta a suspender como antes de ayer —bufó.
—¿Quééé?! —Ron alzó sus manos para señalar a la chica, observando a Harry como si no se pudiera creer lo que escuchaba—. ¿Has escuchado? ¡Encima nos echa la culpa a nosotros! Eh, Harry, ¿Harry? —zarandeó al moreno por el hombro al percatarse de que éste tenía su atención en el grupo de los Slytherins donde estaban Draco Malfoy, Pansy Parkinson y Daphne Greengrass haciendo polvo las raíces de asfódelos—. Por el calamar gigante, ¿se puede saber qué os pasa a los dos?
—No pasa nada. Ufff, Ron, tienes que ser menos bruto, eh —se quejó Harry, colocándose la túnica reglamentaria y frotándose el hombro por el dolor.
—Vale, pero, ¿la has escuchado? ¡Nos ha echado la culpa de que nos pusieran un Desastroso en la clase pasada!
Harry parpadeó, parecía muy perdido.
—¿En qué clase?
Hermione produjo un ruido de burla que acabó muriendo en su garganta.
—Eso, Ron, ¿en qué clase? Porque si mal no recuerdo lleváis los dos una racha de suspensos importante.
—Lo que hagamos nosotros dos sobre nuestros estudios no es tu problema —murmuró, haciendo un puchero por el cambio de dirección que había tomado la conversación—. Díselo, Harry. ¡Harry! ¿otra vez?!
—Si no es mi problema, entonces no me pidas que te deje los deberes ya hechos —le encaró, acomodando las manos en su cadera—, ni las redacciones, porque bien que cuando te interesa quieres que te ayude.
—Eso es muy distinto.
—No, eso es una maldita broma en la que-
Calló de inmediato por la palidez que habían adquirido las dos caras que tenía enfrente. Y, por lo que podía leer en sus expresiones, detrás de ella debía de tener a alguien que irradiaba muchísimo enfado.
—Así que la señorita Granger y sus dos... fieles amigos, prefieren hablar en mis clases en vez de subir nota —relató Snape con su tono grave y lento—. Dudo mucho que podáis estar tan tranquilos sabiendo la nota de la anterior poción.
Aprovechando que el profesor no le podía ver la cara, Hermione cerró los párpados con mucha lentitud, casi esperando que un hacha le cortara la cabeza. Se mordió el labio inferior e intentó no esconder su rostro con una mano.
—N-no volverá a pasar, profesor —aseguró Ron, hablando por los tres.
—Teniendo en cuenta que la señorita Granger está más atenta a vuestros movimientos, espero que no ocurra de nuevo.
Se alejó al siguiente grupo, dejando atrás a tres jóvenes que suspiraron con un enorme alivio.
—Os juro que casi me da algo —Hermione dio una bocanada, apoyando la palma en su pecho—. Creía que iba a hacer desaparecer la poción y que suspenderíamos. Otra vez.
—Qué rabia me da —Ron se sentó en el banco con ímpetu—, ¿habéis escuchado? —carraspeó para producir la voz más grave y burlona de la que era capaz—: "Teniendo en cuenta que la señorita Granger está más atenta a vuestros movimientos..." ¡Cómo si fuéramos niños pequeños!
—Y eso parece —atacó la bruja, echando el polvo de raíces—, porque os dejé a solas dos minutos donde sólo tenías que remover quince veces y añadir una gota de sangre de salamandra cada ocho segundos y, no sé cómo, lograsteis hacerla explotar.
—¡No fue nuestra culpa! —el pelirrojo se puso en pie de un salto, haciendo tambalear el caldero. Hermione lo equilibró con el pie—. Harry se quedó vigilando el caldero mientras yo iba a por la sangre y Malfoy se acercó, se empezó a meter con Harry y echó algo dentro.
—No fue así —reprendió su amigo.
—¿Estás defendiendo a ese idiota? —su boca se desencajó.
Incluso Granger lo miró atónita.
—No, no, no, no —agitó las manos con mucha exageración, causando más desconcierto en ellos—. Sólo digo que- ¡No me miréis así! —pidió, abrumado.
—Si no hemos hecho nada fuera de lo habitual —Ron se encogió de hombros con la boca todavía entreabierta.
—¿Qué pasó? —preguntó Hermione, deseando inspeccionar más la reacción de su amigo.
—Pues, sí, se acercó al caldero, y sí, nosotros dos empezamos a discutir —pese a que el moreno quiso seguir sin dar ejemplos, Ron le presionó—, vale, sí, también hubo insultos varios, pero hay que reconocer que él no echó nada en el caldero.
—¿Y qué pasó, entonces?
Harry bufó y se revolvió su ya desordenado pelo azabache.
—Me acorraló contra la mesa auxiliar, ¿vale? Entonces sin querer golpeé el frasco de zumo de fruto bomba que teníamos ya preparado para echar y se... se cayó dentro del caldero.
—Y ¡BOUUM! —concluyó Ron, riéndose del recuerdo—. Aún tengo presente la cara de Snape, fue genial.
—¿Acorralar? —Hermione arqueó las cejas—, ¿a qué te refieres con acorralar?
—Bueno... ¿sabes que normalmente él no tiene lo que hay que tener para acercarse más de la cuenta a los que intenta intimidar? ¿Que siempre insulta a la distancia y se va? —esperó al asentimiento de su amiga—, pues ahora no sé por qué sí que se atreve.
—Tendría que haberme quedado vigilando —bufó Hermione, rodando los ojos al digerir la información.
—Pues sí —dijo Weasley—, ¿por qué demonios tardaste tanto?
Hermione tosió sin motivo.
—Me entretuve cuando fui a la mesa de Snape a dejar la redacción sobre la esencia de Díctamo.
—¿Qué? Si nunca nos la ha pedido.
—Lo sé, pero quería intentar que me subiera nota porque siempre tiene algún motivo para restar más —hizo una breve pausa—. Craso error.
—Pero... —Harry orientó sus ojos hacia la mesa, después los regresó al caldero. Volvió a calcular la distancia—... no hay ni un minuto de aquí a allá.
—Ya lo sé —gruñó, harta—. Pero, ¿qué grupos hay de aquí hasta la mesa del profesor?
Los dos magos escudriñaron su alrededor hasta que, dejando aparte los grupos de Gryffindor que se situaban más hacia el final de la clase, pudieron discernir a qué se refería su amiga.
—Todos los que están más cerca de Snape son de Slytherin.
—Muy bien, sin tener en cuenta el hecho de que, por primera vez desde primero, os fijáis en la injusticia y favoritismo de Snape, ¿quién es el grupo que está más cerca de la mesa?
Esta vez, las miradas de sus amigos fueron directas a Malfoy, Parkinson y Greengrass quienes estaban entretenidos en preparar ingredientes.
—Oh —exclamaron al unísono.
Hermione suspiró.
—Aunque... si Malfoy estaba con Ha- —comenzó a decir Ron.
—Parkinson.
—Aaaaaah.
Ron miró con comprensión a Hermione, incluso le dio un par de palmaditas en su espalda.
—Debió de insultarte nada más pasar, ¿verdad? Y debiste de defenderte, como es normal, ais —negó con la cabeza—. Te perdono por dejarnos solos.
No obstante, la mente de Hermione se alejó de la prioridad de contestar a Ron y se aproximó al recuerdo de la clase pasada. Recordó cómo se estaba acercando a la mesa vacía del profesor (puesto que él estaba dando vueltas para examinar a los alumnos que hacían pociones), ignorando los vistazos de asco de los demás Slytherins que no dudaron en continuar con su tarea una vez Hermione pasó de largo, y cómo llegó a la altura del grupo de Malfoy con unos nervios dentro de su cuerpo fuera de lo habitual.
Sólo se encontraba Parkinson graduando el fuego. Así que apretó con fuerza el puño, agarró aire, y levantó el mentón con orgullo dispuesta a pasar por delante de ella. Se esperaba insultos después de lo que pasó en el prado, pero no fue así. Un tanto decepcionada (que ella misma ya se encargó de decirse que no había motivo para sentirse de esta forma por una idiota como Parkinson), se mantuvo quieta al lado de la mesa de Snape, esperando a que éste se dirigiera a ella para hablar. Y, como fue normal, el profesor la estuvo evitando bastante tiempo. Y, como también era de esperar, la Gryffindor procuró vigilar discretamente los movimientos de la Slytherin por si un casual a ésta se le escapaba un vistazo a ella. Nada: seguía graduando el fuego, controlando el tiempo y cortando las cortezas de Waggen.
Bufando, Hermione depositó la larga redacción encima de la mesa y dio un tremendo salto causado por la explosión del caldero que, en teoría, Ron y Harry tendrían que haber estado vigilando. Se le escapó una diminuta sonrisa al escuchar las risotadas de Parkinson. Sonrisa que se disolvió de inmediato en cuanto su dueña se dio cuenta de ella.
La mente de Granger volvió al presente. Los semblantes de Ron y Harry fueron demasiados cómicos para Neville, quien en esos momentos pasaba por al lado yendo hacia la estantería de ingredientes. Longbottom quiso parar, pero aceleró el paso en cuanto vio quién se acercaba a ellos.
—Sí, sí, me insultó —mintió Hermione.
—Y deseo que entre ellos hubiera insultos tales como "irresponsables" y "desobedientes" —acató Snape, yendo directo hacia ellos—. Tenéis dos opciones: ser suspendidos ahora mismo o sacar un Aceptable si os unís con un grupo de Slytherin.
—¿Por qué deberíamos unirnos a un grupo de Slytherin? ¿No podemos acabar nuestra poción? —preguntó Harry.
Sin previo aviso, el líquido del caldero desapareció. Los tres Gryffindors unieron sus miradas incrédulas.
—Por este motivo, señor Potter —esbozó una cruel sonrisa al tiempo que guardaba su varita.
El profesor fijó su atención en la Gryffindor para que ésta decidiera sobre el destino de sus notas y del grupo, dejando intranquilos a los otros dos magos. No era ninguna noticia nueva la obsesión que tenía su amiga por las buenas notas y los estudios.
Tragaron saliva a más de intentar hacerle señas, sin embargo, Granger únicamente miraba a Snape.
—Entre una tortura u otra, —dijo Hermione—, preferimos suspender, que es menos insufrible.
La decisiva mirada de la bruja causó que Snape alzara una ceja, un tanto sorprendido de aquella decisión. Esperaba verles en un apuro más grande que ese.
—Que así sea —y se alejó.
Ron no pudo contener su reluciente sonrisa, al igual que Harry que se estaba secando el sudor de la frente con la amplia manga de la túnica.
—Impresionante —felicitó el pelirrojo, siguiendo a Snape con la mirada—. Brillante, 'mione, brillante.
—He de decirte que creía que dirías de hacer equipo con algún Slytherin para no tener otro suspenso —confesó Harry.
—Ni de broma voy a dejar que mis mejores amigos sufran la peor tortura conocida —empezó a reír entre dientes y los otros dos no tardaron en imitarla.
Recogieron sus pertenencias ya que era evidente que no las necesitarían más, se sentaron en el banco a la espera del cambio de clase y empezaron a susurrarse en el oído sobre los asuntos del Ejército de Dumbledore. Ron sacó el tema de la creciente habilidad que Neville iba adquiriendo, a la vez que Harry quería pasar directamente a hablar del próximo partido que se disputaría entre Gryffindor y Slytherin.
Hermione oyó un "maldita Umbridge y su favoritismo, ¿sabías que...", pero no escuchaba con la atención suficiente. Sin darse cuenta, mientras mantenía el brazo en la mesa y apoyaba su barbilla en la mano, su mirada se dirigió inconscientemente al grupo de Slytherin que tenía enfrente, a varias mesas de distancia, que parecían muy concentrados en las gotas de aguamiel que Malfoy estaba echando.
Suspiró, observando (pero sin observar realmente) en la sonrisilla de suficiencia que Parkinson tenía dibujada en su cara cuando contestó a Daphne Greengrass algo del libro que la rubia llevaba en sus manos. Pareció un comentario muy gracioso, bastante como para que el grupo de Slytherins de al lado también riera. Volvió a suspirar, decaída. Sabía de antemano que su relación con Parkinson acabaría tarde o temprano, pero ¿tan, tan mal?...
Se le escapó otro suspiro más.
Estaba tan inmersa en otro mundo, que ni siquiera tenía conciencia de lo que ella hacía de por sí. No se dio cuenta de su expresión que mostraba tanto desanimo como distracción y embobamiento, o cómo los dedos de la mano que no aguantaban su barbilla rascaban la mesa de madera antigua.
Harry se dio cuenta, por supuesto, él era siempre más observador comparado con Ron, pero no tuvo el corazón de preguntarle qué le pasaba. Si lo hiciera, Ron se pondría muy pesado por descubrirlo, y Hermione demandaba mucho espacio en ese sentido desde navidades.
La Leona necesitó parpadear varias veces. Inconscientemente, estiró el cuello para ver más de cerca la amplia sonrisa de la Slytherin cuando Draco casi se resbaló con el agua miel que había caído al suelo al rellenar el frasco.
Podía ver los diminutos, aunque afilados, colmillos que presenció en sueños hará unos días. Tragó saliva, perdiéndose en el movimiento que hacía Parkinson al humedecerse los labios con su ya-tan-famoso brillo de frambuesa.
Tuvo que darse a sí misma una bofetada, llamando la atención de sus dos amigos. Refunfuñó un "Hermione, ¿qué diantres se supone que estás haciendo? ¡Idiota!". Posó sus dos manos en la frente, enredando los dedos en el flequillo, y clavó los ojos en su propia mesa de madera. Con la cabeza gacha, frunció el ceño y negó varias veces los pensamientos que ni siquiera ella estaba segura de qué eran.
—¿Estás bien?
Harry le frotó la espalda. Inmediatamente, la bruja asintió con ímpetu y, todavía con los dedos enredados en su pelo, levantó la cabeza para sonreír a su amigo. Se peinó la melena con un movimiento de mano, pasando sus dedos por el flequillo y por los bucles castaños de alrededor para arrastrarlos hacia atrás.
Frenó en seco, dejando a medias el movimiento y provocando que varios mechones del flequillo bajaran con encanto sobre su rostro sorprendido. Había atrapado a Parkinson mirándola. Estaba segura de ello aunque hubiera sido por una décima de segundo, aunque ahora la Slytherin continuara hablando con sus compañeros. Ella había aprovechado que se estaba peinando para mirarla, ¡seguro que lo había hecho! Seguro... ¿no?
Ahora estaba dudando en si habían sido imaginaciones suyas.
Sin saber por qué la embargaba tal energía, acabó de peinarse y clavó su iluminada mirada en Harry. Éste boqueó.
—¿Y éste cambio de humor tan repentino? —le susurró, dispuesto a que Ron no escuchara la pregunta y que éste continuara ordenando sus pertenencias.
—Nada, nada, acabo de recordar que... eh... —continuó con la cara girada hacia él, pensando en cualquier tema para continuar con la misma posición y, de esta forma, poder ir echando miradas de reojo para descubrir si Parkinson también la iba mirando—... ¿te acuerdas de...? sí, eso de lo que hablamos ayer, ¿no te acuerdas? —miró de reojo a Parkinson. Ésta parecía estar concentrada en una conversación con Daphne. Desvió la mirada—. Sobre que crees que alguien ya sospecha del Ejército y que intenta atraparlo... —volvió a echar un vistazo. Y la descubrió. Y la boca se le secó. Y Parkinson retiró la mirada de inmediato, tan estupefacta como ella—. Porlabarbade-merlín —balbuceó en un susurro para sí misma, incapaz de reaccionar, clavando su mirada en la corbata de Harry.
—Estás muy, pero que muy rara —finalizó su amigo—, pero rara, rara... y rara.
Hermione no le contestó, suficiente tuvo en lograr parpadear. Pasaron varios segundos donde los demás alumnos ya comenzaron a rellenar los frascos de muestra para Snape. Y, lentamente, sus músculos dejaron de estar tensos por la sorpresa, dando paso a una sonrisa atontada. No pudo percatarse de su propia reacción, su mente estaba en blanco totalmente.
—Vuelves a estar roja —Harry no supo si reír, fruncir más el ceño por el extraño comportamiento de su amiga o si quedarse como un títere sin vida ni voz como parecía ser que ocurría últimamente cuando intentaba hablar con Hermione.
—El... Ejército —acabó por decir, regresando a la realidad.
—¿Tienes algún interruptor de on y off? —bromeó el Gryffindor.
—Uhm... —se frotó la cara, riendo entre dientes—, perdón, me he...despistado —volvió a reír, nerviosa.
—No querías hablar sobre eso, ¿verdad?
—No, lo siento.
—Quieres que no te haga preguntas, ¿o no?
—Sí...
—¿Damos por terminada este intento de conversación?
La Leona asintió. Se formaron un par de hoyuelos en las comisuras de Harry cuando éste sonrió y Hermione agradeció profundamente aquel gesto.
—No hay problema, ya lo sabes.
El mago se levantó, imitando a los demás alumnos que ya habían entregado las muestras de sus pociones y estaban recogiendo para irse, anduvo hasta situarse cerca de la espalda de Ron y le tocó el hombro. El pelirrojo sacó su cabeza de la mochila y fijó su mirada en él, un tanto molesto por el desastre y el desorden que tenía dentro.
—¿Vamos a la Sala?
—Sí, mejor, porque esto —su voz se dejó de escuchar en cuanto volvió a meter dentro la cabeza. Necesitó sacarla de nuevo para que lo escucharan—... aunque tenga un hechizo de fondo infinito gracias a 'mione, es una soberana basura —concluyó, cerrándola.
Se puso en pie, dispuesto a salir de aquella mazmorra. Hermione hizo lo mismo.
—Deberías de ser más ordenado desde un principio antes de empezar a añadir más objetos—aconsejó la bruja.
—Gracias, Hermione, me va a servir de mucho —ironizó.
La nombrada chasqueó la lengua como reprobación, dejó pasar a un par de grupos de Gryffindor que tenían prisa por salir de la clase y fue tras ellos a ritmo lento sin esperar a que Harry la siguiera puesto que, evidentemente, el mago lo haría.
Con la mirada fija en el pasillo, a pesar de que su mente estaba repasando el horario que había creado para sus estudios, notó la presencia de alguien cerca de su hombro. Sin interés, pensando en que era Harry, se rascó la cabeza.
—He estado pensando... y no sé si primero ir a la biblioteca a acabar los deberes de Historia de la Magia o ayudar a Ginny con Herbología... Porque, claro, Cho también se ha ofrecido a ayudarla y Gin insiste en que yo vaya también, pero siempre que quedamos las tres comenzamos a hablar sobre otros temas. Así que no sé qué hacer, después de todo he calculado que más o menos los deberes de Historia me llevarían una hora y media, rozando dos. Sería rápido —asintió para sí misma—. Me llevaría tanto porque tengo pensado añadir mucho más que lo que ha pedido el profesor Binns, no me puedo arriesgar a que las notas me bajen. No después de tener infracciones en el expediente, la profesora McGonagall me mataría —hizo una larga pausa, abriendo la puerta de las mazmorras para salir al vestíbulo—. ¿Tú qué piensas, Harry? ¿O quieres venir y hacemos juntos los deberes y así me los quito de encima? Pero que Ron se vaya olvidando de cop-
Al girar la cara hacia atrás, sus piernas le fallaron y frenó en seco, quedándose quieta en medio de la salida de las mazmorras.
Varios alumnos le dirigieron una mirada de molestia por obstaculizar el paso y la esquivaron en el último momento. Para que no la empujaran, Hermione dio un par de pasos hacia al lado sin dejar de mirar a Parkinson. Ésta salió, caminó por el vestíbulo para no molestar a los alumnos que salían y se situó enfrente.
No quiso preguntar a la Slytherin si había estado todo el rato detrás, estaba claro que sí, que durante todo el recorrido por los pasillos oscuros de las mazmorras era ella a quien notaba en la espalda. Lo que más le extrañaba, aparte de que Parkinson no le soltara un "Cállate ya, Granger", era que ésta no iba acompañada por su grupo de Serpientes.
O, más bien, lo raro se encontraba en el hecho de que la Slytherin también había parado.
Los alumnos que acabaron Pociones iban saliendo de las mazmorras sin hacerles apenas caso, los de Herbología entraban por el portón principal que llevaba a los jardines, y todos iban subiendo los escalones de la gran escalera de piedra. Escalera que, desde su posición, Hermione veía el lado de ésta.
"Veía", entre comillas, ya que su mirada atónita continuaba clavada en los ojos de delante que transmitían una total indiferencia. "Merlín", pensó la Gryffindor, "¿En qué estará pensando? ¿Tengo que decir algo?".
—Hola... —saludó la Leona con un hilo de voz, desvió la mirada hacia las baldosas de piedra desgastada. Percatándose de su reacción, su orgullo estalló de lleno en la herida dónde más le dolía—. ¿Has venido a disculparte? —le espetó, alzando la vista.
Parkinson frunció el ceño a más de curvar una de las comisuras de sus labios.
—Estaba esperando por tu disculpa, más bien —replicó. Sonrió al ver cómo Granger rodaba los ojos—. No fui yo la que se fue del prado.
—¡Me fui porque eres una idiota que quiere que los demás hagan de todo y así no tener que hacer nada!
—¿Y qué? Si me dijiste que estabas harta de mí y de todo lo relacionado conmigo, puedes evitar mirarme en Pociones como si estuvieras viendo a lo más maravilloso que te puedas encontrar en el mundo —le encantó ver la cara desencajada y de sorpresa de la Gryffindor—. Que bien es cierto que lo soy, pero podrías reprimirte las ganas. Incluso Daphne se ha dado cuenta de cómo babeas por mí.
—¡¿Q-q-q-q-QUÉ DICES?! Yo no te he- sí, vale, alguna vez te he mirado pe-pero no babeaba ni nada de lo que has dicho, ¡id-id-IDIOTA QUE ERES!
Completamente aturdida y humillada, se dio cuenta tarde de que, en realidad, Parkinson había exagerado adrede la situación añadiendo su toque de suficiencia y burla que siempre utilizaba. Su estado anímico empeoró al percatarse de que había reaccionado muy, pero que muy exageradamente.
Se quedó sin palabras, boqueando como un pez, mientras que la Slytherin parecía estar llena de arrogancia al repasarla con la mirada de arriba a abajo.
—Supongo que empiezo a entender por qué insistes tanto en ser mi "amiga" —formó las comillas con los dedos, mostrando una sonrisa ladina.
—¡Ni de broma voy a-a acercarme a ti! Ni como amiga, ni como compañera de escuela ni como nada de nada —alzó la barbilla excesivamente, entrecerró los ojos y empezó a caminar con orgullo de vuelta a la clase de Pociones para buscar a sus dos amigos.
Se desequilibró cuando la puerta se abrió de par en par impactando contra ella. Harry asomó la cabeza para ver a quién había golpeado.
—¡Lo siento! —se disculpó el mago, agrandando la anchura del espacio para poder salir sin volver a golpear a la Gryffindor que se estaba tapando la nariz con las manos—. Había venido a buscarte para decirte que Crabbe le ha roto la mochila a Ron y está recogiendo sus libros y- Oh, no, ¿estás sangrando?
Las carcajadas de Parkinson resonaron por todo el vestíbulo.
—Apártate, Potter, siempre bloqueando el maldito camino, ¿no tienes nada mejor que hacer? Ahora que te han expulsado del equipo de quidditch debes de tener mucho tiempo libre —Draco lo empujó, tirándolo fuera de las mazmorras y abriendo de sopetón la puerta.
Hermione se apartó de un salto, conteniéndose la sangre que goteaba por uno de los orificios de su nariz, y Harry decidió ignorar al rubio para acercarse a su amiga, intranquilo.
—Debemos de ir a la enfermería antes de que se hinche —el consejo pareció perderse entre las escandalosas risotadas de los Slytherins que habían ido saliendo.
Ron salió, sudoroso por haber corrido desde el final del pasillo hasta el vestíbulo al escuchar tanto jaleo, encontrándose con su amiga sangrando y a Harry mirándola muy preocupado.
—¡Vaya golpe se ha llevado la sangre sucia! —se rió Malfoy.
La mente de Ron hizo conexiones por su propia cuenta. Miró a Hermione, después a Malfoy, y dio un tremendo salto para acercarse al Slytherin, empujándolo contra la pared de un limpio puñetazo directo a su nariz.
Malfoy no tardó en gritar de dolor, encogiéndose para apretarse más el abundante sangrado. Weasley le agarró del cuello de la camisa para ponerlo de puntillas.
—¡Ron, no! —chilló Hermione con voz nasal.
—Él no ha sido, Ron, suéltalo antes de que sea demasiado tarde —Harry tiró de los hombros de su compañero, quien ya estaba levantando el puño para dar otro más.
—¡No te rías de ella! —gritó, furioso. Su amigo tuvo que agarrarle del brazo—. ¡Ni se te pase por la cabeza volverte a reír de ella! ¿Me has entendido?! —zarandeó al Slytherin que gimoteaba viendo cómo la sangre se deslizaba por sus dedos—. ¡RESPÓNDEME!
—Como no lo sueltes, Weasley... —amenazó Crabbe. Lo sujetó de la nuca.
La diferencia de peso y músculo era demasiada, así que en cuanto Crabbe lo lanzó hacia atrás, Ron salió volando hasta que impactó contra el suelo de piedra. Goyle fue a por él para rematar la jugada.
—Yo de ti no lo haría si no quieres acabar con una calabaza de cabeza.
Goyle se quedó quieto en el sitio, temeroso de que salieran chispas de la varita de Hermione. Ésta ya no sangraba por la nariz gracias al hechizo Episkey.
—Y tú, suelta a Harry —continuó la bruja, seria.
Crabbe obedeció, dejando que el Gryffindor se desequilibrara cuando sus pies tocaron las baldosas. Ron fue poniéndose de pie refunfuñando y enviando furiosas miradas a todos: desde Malfoy, pasando por Crabbe, Goyle, Greengrass y Parkinson. Recogió la mochila del suelo y rebuscó en ella el pañuelo que su madre le metió en el bolsillo pequeño y que nunca utilizaba.
—Ten —aproximó la tela a Granger.
—¿De verdad quieres que deje de apuntarlos con la varita para limpiarme la sang-
Selló sus labios, confusa por el gesto de Ron, quien se encargó de limpiar los restos de sangre fresca todavía gruñendo como un viejo. Hermione esbozó una sonrisa.
—Qué asco, ¡buscaros un maldito dormitorio! —espetó Parkinson, cruzándose de brazos. Casi el cuello le crujió por la rapidez al apartar la vista de esa repugnante escena.
La varita la apuntó.
—Mejor no hablemos, Parkinson.
—Mejor no hablo, no vaya a ser que el gorila que tienes como amigo también me parta la cara. Edúcalo, que hasta la pelusa que vive en vuestra Sala Común tiene más educación que este.
—¿Pelusa? —la expresión de confusión se convirtió en una de ofensa—. ¿No te estarás refiriendo a Crookshanks, verdad?
—Dudo que entre tanto pelo electrificado haya vida debajo, pero quizás esa pelusa con patas sí que es tu gato gordo.
—¡No tienes ningún derecho a insultar a Crookshanks!
—¿Que no tengo...? ¿No quieres que insulte a esa albóndiga con bigotes?
—¡No!
—¿Entonces te insulto a ti? Estoy bastante inspirada, la verdad.
—Atrévete —zarandeó la varita sin miedo.
Acabó por negar con la cabeza, observando a la burlona de la Slytherin.
Malfoy seguía gimoteando en el suelo, moviendo sus ojos de los Gryffindors a su grupo, temeroso de intervenir por si volvía a recibir. Ni siquiera sus compañeros se atrevían a moverse para y Ron hicieron el ademán de ir hacia el principio de las escaleras yendo de espaldas, vigilando a los Slytherins por si alguno sacaba rápidamente la varita. Harry fue el único que no se movió del sitio.
—¿Qué haces, Harry? Vámonos antes de que nos atrape algún profesor —dijo Weasley, echando vistazos a su alrededor.
—Pero... —susurró el Gryffindor.
Malfoy conectó con la mirada del mago, ocultando la nariz con el dorso de la mano para dejar que la sangre cayera al suelo libremente. Ya tenía las manos manchadas de sangre, no necesitaba ensuciarse más sabiendo lo inútil que sería tapársela al tenerla rota.
—¿Pero qué? —suplicó Ron, exasperado por no poder irse de allí.
Hermione desvió su vista durante un segundo para fijarla en la espalda de Harry, dándose cuenta de que el Slytherin, sentado en el suelo, mantenía su atención clavada en el Gryffindor.
Comprendió, dentro de lo que cabía, que Harry no deseaba dejar en aquellas condiciones a su enemigo. Quizás llegarían más problemas si lo hacían.
Alzó la varita.
—Episke-
Dio un paso atrás, asustada por el sonido sordo de un conjuro azul impactando contra el escudo que Ron a duras penas había convocado. Él no estaba acostumbrado a actuar con tanta rapidez y se notó en la escasez de resistencia del Protego.
—¡Suelta la varita, Parkinson! —gritó Weasley, con la adrenalina del susto bombeando por sus venas.
En vez de quedarse quietos, Daphne y los otros dos copiaron a su compañera.
—Ahora las fuerzas están igualadas —comentó Pansy.
Ninguno bajó su arma.
—¿Igualadas? ¡Sois cinco contra tres! O cuatro contra dos —añadió al ver que Malfoy y Harry les miraban pero no estaban muy por la labor.
—Si contáis a Crabbe y Goyle como dos, tengo una mala noticia para vosotros, quizás buena, más bien.
Daphne rió la gracia puesto que los dos jóvenes no habían captado que Pansy se estaba metiendo con ellos.
—Vámonos —dijo Harry sin más.
Fue hacia ellos y los arrastró de los brazos.
—¿Qué?!
—¡Nos están apuntando!
—¡Confiaba en que ninguno complicara más la situación!
Los dos Gryffindors se zafaron del agarre, regresando a la posición de defensa en contra de los Slytherins.
—Sólo quería pararle la hemorragia, 'dita sea —se defendió la Leona ante la acusadora mirada de su amigo—. Entonces Parkinson me atacó, ¡fue ella la que ha traído más tensión de la que había!
—Oh, sí, maravilloso, ahora me echas a mí las culpas ¿no? ¿Era yo la que te estaba amenazando con la varita desde un principio? ¿Eh? Porque si es así debo de tener un elfo en el cerebro cambiándome los recuerdos, torpe de pacotilla.
—¡Por lo menos no ataco por la espalda! Ya van varias veces que lo haces, traidora —replicó, poniéndose de puntillas para mirar por encima del hombro de Harry y conectar con Parkinson.
—Para traicionar primero debe de haber confianza ¿mh?
—Eres una... una... —movió la cabeza y su larga melena imitó el movimiento.
—¿Necesitáis más compañeros?
La voz, alejada a metros de distancia, fue reconocida por Hermione, quien, curiosamente, mostró una brillante sonrisa al girar sobre sí misma para ver a Cho acercándose con la varita en su mano. Esta venía de acabar un trabajo de Herbología en el Invernadero y sus mangas polvorosas por los granos de tierra al remover las macetas lo afirmaba.
Hizo un ágil movimiento con la varita y la suciedad desapareció tras una luz roja.
—Oh, genial —Parkinson puso los ojos en blanco con ganas—, si estás buscando saltamontes y babosas para comer, te has equivocado de lugar.
—¡Eres una maldita racista! —agregó Ron, ilusionado de tener en su bando la experiencia y habilidad de la Ravenclaw.
—Si quieres iniciar un duelo, Parkinson... —Cho acabó por hacer un ademán de cabeza, indicando que estaba dispuesta a aceptarlo.
—¿Racista? —miró, fingiendo confusión, a Draco. Este seguía asustado en el suelo y manchado de sangre—. ¿Ahora se le llama racista a las personas que insultan a un perro guardián con complejo de superhéroe que quiere tirarse a Granger y no sabe cómo?
Ron y Harry fueron los únicos que pusieron una cara extraña. Los otros Slytherins estaban demasiado ocupados en pensar cómo escapar de ahí, excepto Daphne. Greengrass observaba con mucho ahínco las escenas que iban sucediendo.
—¿Perdón?! —Cho abrió los ojos, asustada, miró a Hermione y se alejó de la joven—. ¡No me gustan las mujeres!
—Claro que no, eso ya lo sabemos, al igual que sabemos que Granger no es una mujer. Se ve a primera vista —espetó Pansy, ganándose las carcajadas de sus compañeros.
Hermione infló sus mofletes rosados, dio dos zancadas largas hacia su lado y se colgó del brazo de la Ravenclaw.
—Primero, aunque tú veas mal las relaciones entre chicas, que sepas que Cho, si le gustaran, podría seguir ganándote en un duelo con tal sólo estornudar —alzó el mentón con los ojos cerrados, orgullosa de ello.
—Ah, ¿es decir que estáis juntas? —inquirió Daphne. No supo en qué momento dejó de apuntar con la varita para acariciarse la mandíbula al calcular y pensar.
Hermione formó una línea con sus labios, nada segura de qué contestar. Tampoco quería que Cho la matara después.
—¿Cómo quieres que esta cosa y la otra estén juntas? —se burló Pansy—. Vamos va, podrías haber dicho algo más creíble, como que a Draco le gusta Potter.
—Pues... —inició la Ravenclaw. Observó las dos manos y el torso que se apretaban en su brazo bien definido por el quidditch—... quizás...
Cho miró a Hermione; Hermione frunció un poco el ceño al conectar con la mirada. Parkinson arqueó las cejas con mucha más fuerza.
—¿Quizás qué? —continuó Daphne. En su rostro se le iba escapando una diminuta sonrisa—. ¿Estáis juntas?
—¡Cómo van a estarlo! —repitió Pansy, esta vez ya sí que se giró para encarar a su amiga, olvidando que estaban en medio de una posible batalla.
—¿Y qué pasa si lo estamos? —preguntó Hermione, deshaciendo el agarre para acomodar sus manos en la cintura.
Parkinson no contestó. Se quedó ahí, de pie, con la boca entreabierta y el labio superior un poco tirante por la mueca de asco. Daphne fue la única que sonrió mientras sus pupilas viajaban de Pansy a la Gryffindor.
—¿Eres lesbiana, Granger?
—Mi sexualidad; mis reglas. No voy a contestar —sonrió como si hubiera ganado una victoria.
—¿'mione...? —Ron parpadeó con los ojos clavados en su mejor amiga.
—Ostia, ya no me acordaba que estaba aquí la comadreja de Weasley. ¿Menudo golpe, eh? A ver cómo se toma tu madre que la única posibilidad que tenías en la vida de crear una familia se ha ido detrás de una falda.
Pese a que Parkinson reaccionó con bastante naturalidad, su incomodidad era palpable. Al menos para Daphne, que estaba más acostumbrada a leer los gestos de su amiga y del resto sin dificultad. Como desde pequeña ya estaba acostumbrada a observar con muchísimas atención y a calcular planes, Greengrass se percató del sutil guiño que Hermione le regalaba a Ron y a Harry. Cho parecía también haberlo recibido.
Los únicos que no parecían captar nada de lo que estaba ocurriendo era Crabbe, Goyle, Parkinson y Malfoy. Más sorprendidos y en alerta como para tranquilizarse y observar a su alrededor.
—No vamos a afirmar nada —comenzó Hermione, regresando su mirada a Pansy— porque sabemos cómo sois y lo rápido que escamparéis la noticia.
—Es que quieras que no hay mucho jugo en ello —la Slytherin se encogió de hombros.
—Hola, chicos.
Todos desviaron la cabeza hacia arriba, por dónde sólo se podía ver la baranda de piedra de las escaleras y una cabeza rubia asomándose. El par de ojos somnolientos y celestes se achinaron por una sonrisa.
—Oh, joder, ¿y ahora aparece la loca? —Pansy miró con ofensa a su grupo.
Estos estaban como ella de hartos.
—Luna, no bajes —advirtió Cho.
—Pero si lucháis, quiero hacerlo a vuestro lado.
—Qué mona —susurró Hermione a Cho.
—¡No! No vas a bajar y mucho menos pelear, vuelve a la Sala Común, Luna.
—Pero...
—¡Ves a la Sala!
—Si Lovegood quiere morir, déjala. Seguro que su locura la salvará de alguna manera, como que confundirá una antorcha con uno de sus bichos y tendrá la urgencia de salvarlo.
—¡Cállate, Parkinson!
El grito furioso sorprendió a los magos. Jamás habían visto a Cho Chang enfadarse y gritar con ese tono. Incluso Hermione dio un paso hacia atrás, asustada.
Parkinson aguanto la respiración durante unos segundos. Parpadeó, y entonces decidió que le daba absolutamente igual que la asiática estuviera roja de rabia y temblando por las emociones.
—¡Cómo se te ocurra volverme a gritar...!
—¿Qué harás? Sabiendo tú misma que eres una patética cobarde, que nunca has tenido lo que hay que tener para afrontar las situaciones y los sentimientos. Que eres una imbécil y prepotente bruja que se cree con todo el derecho de tenerlo todo y... —Cho pareció controlarse para no añadir nada más. Cerró los ojos, dio una profunda respiración, y la mirada segura y burlona de la Ravenclaw se fijó en la nerviosa de Parkinson—. Y seguramente debes de pensar lo desgraciada que eres cuando todo lo que tú de verdad deseas, no puedes tenerlo por mucho que lo quieras.
La confusión reinó en los alumnos. Chang envió una fugaz mirada a Hermione y se alejó del lugar para subir las escaleras.
—¿Piensas huir? ¿No vas a retarme a un duelo? —Pansy alzó ambas manos, demandando pelea.
—¿Para qué? —suspiró, mirándola por la baranda a medida que subía las escaleras—. ¿Para causarte más problemas de los que debes de tener tanto con el mundo exterior como en tu interior? No, Parkinson, de arruinarte la vida ya te encargas tú.
Nadie hizo ningún movimiento durante unos buenos y largos segundos hasta que Cho y Luna desaparecieron. Ron recibió un codazo por parte de Harry, y este y Hermione comprendieron que ya era hora de irse. Aprovechando que la persona que más deseaba discutir estaba completamente ausente, se precipitaron escaleras arriba sin perder el tiempo.
¡Muuuuuuchísimas gracias por los reviews! Nos leemos el lunes que subiré el oneshot (es aparte totalmente del fic) y el miércoles que continúa esta historia :3
