El golpe de suerte

Era tan fácil como levantar un poco la barbilla y esbozar una discreta sonrisa. Levantar y sonreír. Así de simple.

Ni la levantó, ni sonrió. Hermione, sentada en las escaleras del vestíbulo con los Gryffindors de su edad, vio salir a Parkinson con Daphne del Gran Comedor dirigiéndose a su sala sin mirarle.

¿Tan difícil era echarle una mirada de reojo para afirmar lo que pasó ayer?

Su mente tenía razón después de las miles de vueltas que hizo ayer en la cama: no había cambiado nada. Parkinson seguía igual de... Parkinson. Y seguiría así si no ocurría un milagro del destino.

Jamás deseó en la vida creer en los milagros como ahora. O con un golpe de suerte iría muy bien, también.

Formó una expresión de dolor exagerado al tirar la cabeza hacia atrás, pero sin liberar ni un ruido para no llamar la atención. Después, ocultó el rostro entre sus manos y las rodillas.

¿No podía ser más fácil todo? ¿Que no existieran los mortífagos o la posibilidad de acabar muertas? Incluso así, se decía Hermione, seguramente Parkinson continuaría rehuyéndola de alguna forma u otra.

Y si ella misma decidía luchar por ellas dos, estaba segura de que más bien estaría luchando para acabar bajo tierra. Empezó a golpear la baranda de piedra con el lado de su cabeza, recordándose de toda la estampa familiar de Lord Voldemort.

—¿Estás bien? —Ron, sentado en un escalón más arriba, puso una mano entre la cabeza y la piedra—. Te vas a hacer daño.

Aunque la Gryffindor continuó el movimiento con el rostro entristecido.

Si al menos Parkinson diera el paso de querer desprenderse de sus prejuicios... y de abandonar a toda su familia y seres queridos... y de arriesgarse a ser torturada y asesinada por los suyos... de querer entrar al bando de Dumbledore sabiendo que todos desconfiarían de ella y la dejarían de lado... de tragarse el orgullo que la Slytherin siempre había apoyado...

Merlín, sonaba imposible. ¡Pero seguía pensando en quererla como pareja después de todo!

Intensificó el movimiento contra la mano de Ron que ya comenzaba a estar roja de tantos golpes contra la pared.

¿Y si era ella misma, Hermione Jane Granger, la que iba al bando contrario? Claro, quitando al hecho de que intentarían matarla por ser una sangre sucia, o de que seguramente debería de hacerse pasar por la esclava de Parkinson para que la dejaran tranquila... Ni de broma, antes muerta que dar sus esfuerzos, libertad e ideas al bando mortífago.

—¡Más fuerte, Granger! Vamos, va, golpéate con más fuerza a ver si se te rompe ya la cabeza.

Draco salió de la puerta del Comedor carcajeándose junto con sus dos gorilas y Millicent.

—Cállate, Malfoy —espetó Harry, agarrando a Hermione de la túnica para que se alejara de la baranda.

El Slytherin frunció el ceño y repasó de arriba a abajo a Potter con una mueca de asco en sus labios sin dejar de caminar.

—Lástima que no vaya a ver cómo te caes de la escoba en el partido de ahora, Potter.

—No te preocupes, no hace falta que esté en el equipo para ganarte.

Con un ruido parecido a una arcada, el grupo de Slytherins se alejó de allí.

—¿Qué demonios...? —Ron inclinó el torso hacia los amigos que estaban agrupados enfrente de él, metiendo casi todo el cuerpo y ganándose bufidos de quejas—. ¿No te ha contestado? ¿Malfoy no te ha contestado a esto último?!

Hermione intentó poner recta la espalda, pero Weasley seguía encima de ellos para zarandear a Harry.

—¡Planean matarnos ya, Harry! ¡Vamos a morir hoy en el partido contra esas Serpientes!

—Oh, vamos, Ronald, es un mortífago —gruñó Hermione, haciendo presión hacia arriba para quitarse de encima al joven—. Claro que planea matarnos.

—Todavía no lo es, tranquilos.

Todos voltearon la cabeza para clavar sus ojos en los de Harry.

—¿Qué? ¿No le habéis visto el brazo?

—Eehm... ¿Nunca le he visto sin camiseta? —respondió Ron, como si fuera lo más evidente del mundo.

—En pociones se arremanga siempre, si tuviera la Marca no lo haría.

—Quizás Malfoy todavía no, pero los demás... —continuó Ron—. Parkinson, por ejemplo, sospecho bastante de ella.

—¿Sospechas de ella desde que casi la matas en la biblioteca o antes de eso? —replicó Hermione, cortante.

Al instante se arrepintió de ello. Sólo faltaba que defendiera a la Slytherin delante de sus amigos.

—¿Matarla? —Weasley miró a su alrededor, encontrándose las mismas caras de confusión que la suya—. ¿Cuándo he tenido la oportunidad de hacerlo?

Oh, claro, el borrado de memoria de Cho.

—Era broma, ¿podéis captar las bromas sarcásticas de Angelina y no las mías? —se rascó una ceja—. Ehm... hablando de Parkinson, ella tampoco lo es.

—¿Y cómo estás tan segura? ¿También se arremanga en pociones?

—No, pero... de los varios duelos que hemos tenido, he podido verle el brazo y tampoco tenía nada —mintió.

—Mmh... entonces queda...

—Quedan siete cursos de Slytherins, Ronald, ¿vamos a tener que ir comprobando los brazos de cada uno?

—Pues...

—¿Lo harás cuando ni siquiera eres constante en tus propios estudios?

—Joe, 'mione, últimamente sólo te metes conmigo...

—Y con un poco de razón —contestó Harry, aunque le dio un par de palmadas a su amigo—. No nos preocupemos por los mortífagos de Hogwarts, mientras mantengamos el Ejército de Dumbledore como un secreto y los mortífagos adultos fuera de los muros del castillo, estaremos bien. Yo me preocuparía más por el partido de Slytherin contra Gryffindor de ahora.

—Tienes razón, tengo ganas de ganar ya y que papá me envíe dinero por ello, porque si no es así, la semana que viene en Hogsmeade me quedaré sin poder comprar nada —comentó Ron—. Y como será San Valentín... ¿Herm-

Harry le dio un sutil pellizco a Weasley para que no continuara con lo que iba a decir. No sabía muy bien el porqué, pero sospechaba que su amiga rechazaría a todo aquel que intentara pedirle salir para pasar el día juntos en San Valentín.

—¿Hogsmeade? —a Hermione le dio un vuelco en el corazón—. ¿La semana que viene ya es la salida a Hogsmeade?

—Eh, sí, claro —Harry se rascó la sien, un tanto confuso de que su amiga no tuviera controlado los días como lo hacía normalmente.

—¿Por qué no me dijisteis que la próxima salida a Hogsmeade se unía con el día de San Valentín?

—¿Porque... cada año es así? ¿No habías caído en ello?

Claro que no había caído en que la salida a Hogsmeade sería el día de San Valentín. Desde que leyó la carta de la familia Parkinson, había tachado el catorce de febrero como un día de funeral para su corazón. Bueno, quizás no desde ese día, pero tenía la mente en otra parte como para relacionar el catorce con una festividad.

Se frotó la cara, asqueada. Sólo faltaba que precisamente ese día viera a parejas acarameladas por todas partes sabiendo que la persona que le gustaba iba a convertirse en lo peor de lo peor, en mortífaga, haciendo más imposible aún en llegar a estar juntas.

—Sí, sí —mintió, hizo un gesto de mano sin mirar a nadie para quitar interés al asunto—. Estaba... estaba más preocupada por el partido de hoy que de los demás días.

—A mí me ha pasado lo mismo, tranquila —apoyó Dean, mordiendo una rana de chocolate y guardándose el cromo.

—Por lo menos la profesora de Adivinación no ha predicho que alguien iba a morir en este partido —añadió Neville, aliviado.

—Oh, sí, sí que lo ha hecho —Dean dejó de lado las ranas de chocolate para hablar mejor—. Hoy Lavender me ha comentado que fue con Parvati a tomar el té con la profesora Trelawney y se ve que tuvo una visión.

—¿Una visión? —Hermione bufó—. ¿Cuántos morirán esta vez? ¿Todo el público?

Ron rió junto con Harry, puesto que ambos sabían lo poco que tragaba su amiga a la asignatura y a su profesora. Y más todavía cuando ésta última no paraba de ver visiones de alumnos muertos, en especial las de Harry.

—Mmh, creo que dijo algo como... —Dean se rascó la nariz al intentar recordar las palabras exactas—. "El destino ya ha decidido, los dos polos opuestos han sido unidos y el golpe de suerte será inminente. Potter muere"

Ron no pudo parar sus estridentes risotadas al ver cómo Hermione rodaba los ojos hasta imitar un desfallecimiento.

—Siento si ofende a alguien, pero deberían de buscar a otra profesora más conveniente que no estuviera obsesionada con la muerte de uno de sus alumnos.

—Tranquila, no pasará nada, siempre falla.

—Ya, pero no creo que a Harry le guste que una profesora vaya diciendo cada dos por tres que morirá.

—No importa, 'mione, sabemos que no pasará nada, así que...

—Cierto, pues ¿vamos ya a prepararnos, Ron? —dijo la Gryffindor, levantándose tan rápido que Weasley casi no tuvo tiempo de apartar la barbilla.

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—Y recordad, no quiero trampas en el partido —avisó la profesora Hooch posando sus ojos ámbar en cada jugador.

La Quaffle quedó suspendida en el aire una décima de segundo antes de que Angelina la recogiera y la pasara a Alicia Spinnet, ésta esquivó con piruetas los placajes de los Slytherins y junto con Angelina y Katie Bell comenzaron a marear a los demás jugadores con los rápidos pases.

Hermione mantuvo su posición a unos pies por encima de los Cazadores para controlar con la vista a las Bludgers a la vez que se repetía mentalmente, nerviosa, las últimas palabras que le había regalado la Capitana "Cuando tengas que golpear no pierdas el tiempo apuntando ni calculando la fuerza del tiro, simplemente marca el objetivo mirándolo y el brazo se adaptará".

Dio una bocanada al captar cómo una Bludger se dirigía directa a Ginny. Zumbó hacia la posición y desvió con fuerza la Bludger apretando los dientes. Su compañera le dio una palmada en la espalda antes de desaparecer buscando el rastro de la Snitch y Hermione apretó con la otra mano su propio hombro.

Al final resultaría que sí le iría bien para descargar la rabia interior.

Se sentía más confiada y con menos nervios. Se alegraba de poder proteger a los jugadores y deshacerse de la rabia de una manera bastante productiva, y si ya le ayudaba a acercarse más a la gente...¡bienvenido sea el quidditch por un año!

Rodeó el campo supervisando las Bludgers que, curiosamente, éstas parecían haber dejado a un lado a los Leones y atacaban con ganas a las Serpientes. Se cubrió la boca al presenciar el desequilibrio de un Slytherin por culpa de un doloroso golpe en el pecho por una Bludger y, antes de descubrir a la segunda Bludger yendo a rematar al jugador que colgaba de una mano de la escoba, Hermione tuvo que golpear la primera Bludger que zumbaba directa a un compañero suyo.

Durante un instante sintió la adrenalina recorrer sus venas, ocasionando que las imágenes que presenciaba transcurrieran más lentamente: contempló al jugador de Slytherin resbalar de la escoba y a Parkinson volando a toda velocidad posible hacia la segunda Bludger para que no golpeara al jugador.

Granger no supo de dónde sacó tanta fuerza en los pulmones para avisar a Pansy de que su camino se cruzaba con la Bludger que ella misma había golpeado segundos antes.

Juró que toda la gradería se silenció, expectantes de lo que estaba pasando y por el grito de Hermione.

Antes de que tuviera tiempo de hacer nada más, Pansy viró su cabeza hacia la Leona, extrañada por el chillido.

Sus miradas se encontraron.

Y la respiración de Parkinson paró durante una décima de segundo.

Hermione gritó por segunda vez el nombre de la Slytherin justo cuando ésta fue fuertemente golpeada en la cabeza por la Bludger, tirándola de la escoba.

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Perdóname...

Pansy frunció su nariz y, adormecida, abrió los ojos. La cegadora luz la obligó a cerrarlos a más de girar la cara con brusquedad. Estuvo varios segundos con la vista clavada en las sábanas, recomponiendo su mente y notando el cosquilleo de los mechones de pelo alrededor de su perfil.

Se frotó el puente de la nariz.

—¿Te encuentras bien? ¿quieres algo?

Dicho eso, Hermione fue dejando caer el libro sobre sus piernas cruzadas, dudando en si traerle algo para comer, beber o responder a sus dudas. En una de las discretas miradas de preocupación, notó cómo Pansy la examinaba con la boca relajada, ojos indiscretos y miles de pensamientos cruzándose entre sí.

Milésimas de segundo más tarde, la Slytherin se impacientó. No acababa de entender por qué estaba ahí, sentada en aquella silla carcomida, mirándola con la expresión de "no sé qué hacer" cuando, claramente, se podían hacer muchas cosas.

Pansy dio una profunda respiración y se levantó de la cama con dificultad. Pudo comprobar en un espejo cómo un pijama blanco cubría su desnudez y tres biombos separaban su cama del resto del lugar. En la otra parte sin biombo estaba la pared y una ventana.

—¿Pero qué?...¡¿QUÉ?!

Un enorme y horrible hematoma violáceo le cubría la oreja, mejilla y mandíbula de la parte izquierda, y dejaba sin colorear la parte frontal del rostro.

—¡Todo el maldito lado izquierdo! —acarició la zona y reprimió los quejidos de dolor por el tacto—. Y sigo viva, increíble... Uff, al menos no se puede ver de frente. Pe-pero ¿qué ha-?

Preocupada, dirigió su atención a la joven que se encontraba sentada e indecisa, y balbuceó varias veces señalando el morado.

—¿Q-qué ha pasado? ¿Por qué tengo esto?

—Pues una Bludger te golpeó en el partido... —omitió la parte de que ella fue quien la lanzó.

Hermione carraspeó ligeramente. Sabía que únicamente se encontraba ahí, vigilando a la Slytherin en su letargo y esperando a resolver sus dudas, para que terceras personas no la metieran en más problemas con ella si llegaban a explicar lo que vieron.

Bufó.

Si no se sintiera culpable ni siquiera iría a visitarla, puesto que necesitaba alejarse de ella para comenzar a deshacerse de esos estúpidos sentimientos. Ya estuvo toda la madrugada pensando en si luchar por Parkinson o alejarse y, evidentemente, si esa prepotente racista de sangre no quería luchar por la relación, pocas opciones tenía para escoger.

O así pensó Hermione, preguntándose una y otra vez por qué precisamente tenía que gustarle Pansy Parkinson. Después de todo lo que suponía aquel nombre... y que la Slytherin le hubiera dicho ayer que la siguiera odiando por el bien de las dos para no acabar siendo asesinadas...

—¿Bludger? ¿qué es una Bludger?

—¿Cómo?

—Más bien, ¿quién eres tú? ¿Y.. y dónde está...? Yo... No sé...ahm...

Pansy quiso recordar a alguien, alguien que siempre estaba con ella en los mejores y peores momentos desde su infancia, pero no lo logró, ni siquiera consiguió una leve pista. Era como si tuviera un robusto muro separándola de sus recuerdos.

Se rascó la cabeza, observando totalmente desconcertada el lugar y buscó las respuestas en la mirada de la joven. Ésta parecía mucho más confusa que ella misma. Se compadeció.

—¿Estás bien? Te veo muy pálida... —confesó Pansy.

Hermione no atinó a tartamudear ni una palabra. La Slytherin se acercó con precaución y dejó caer su cuerpo en el borde de la cama, justo enfrente de la Gryffindor.

—¿Necesitas ayuda? —susurró, acariciando el hombro de la Leona.

Ésta se sorprendió. Todavía más.

—¿No recuerdas nada y me ofreces ayuda?

—No soy yo quién parece que esté a punto de llorar... ¿He dicho algo que te ha ofendido? ¿Es porque no sé qué es una Bludger? Si me enseñas puedo aprender lo que es.

—No, no, es que... ¿sabes dónde está situada ésta enfermería?

"¿Y el orgullo Slytherin?", pensó sin creerlo, "¿Y tu decepción por saber que no te recuerda?", replicó una vocecilla aguda en su mente. Chasqueó la lengua, molesta.

La Slytherin miró de reojo por la ventana y se encogió de hombros.

—En un sitio rodeado de bosques y un lago... me encantaría ir a explorarlos más tarde cuando no haya tanto sol.

—Merlín, Hogwarts, ¿no te suena ese nombre?

—No...

—¿Slytherin, Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff?

—Qué nombres más raros, ¿han elegido letras del abecedario con los ojos cerrados y señalándolas con un dedo?

—No puede ser... no es posible. ¿Daphne Greengrass, Draco Malfoy, Severus Snape, Albus Dumbledore...?

—Mmmh... nada... pero ¿sabes esa sensación de que te comentan algo y te resulta familiar pero no llegas a recordarlo?

—Oh, no... ¿Te viene a la memoria Hermione Granger? Ha-Harry Potter, Ginny Weasley... o Cho Chang?

—¿Hermione?

—¿Lo recuerdas? —casi gritó por la noticia.

—No, sinceramente, aunque —esbozó una sonrisa—, me gusta.

—¿El nombre? Es bastante peculiar...

—Me gusta el cosquilleo que me ha provocado al oírlo, no sé, ha sido curioso. Como si la conociera bastante.

Hermione necesitó cambiar de tema urgentemente.

—T-todavía no entiendo por qué estás tan tranquila sabiendo que has perdido la memoria.

—¿Por qué estar inquieta? No tengo motivos para preocuparme porque no recuerdo ningún problema.

—Pansy Parkinson —susurró Hermione fundiendo su mirada en la suya.

—¿He de reaccionar como si hubiera encontrado oro? Porque tal y como lo has dicho ha parecido que esperabas algo así.

Hermione parpadeó muy seguido. Merlín, aquello era peor de lo que se esperaba. Sin darse cuenta, se mordió el labio al adentrarse en sus pensamientos, y regresó su mirada a la de Pansy. Carraspeó al notar el rostro abstraído de la joven observando su boca.

—Esto... —comenzó la Gryffindor.

—Oh, perdona, estaba pensando hasta que he visto cómo te mordías ¿también eres capaz de mordisquear otras partes? Como un hombro, un dedo, ¿quizás un pezón? —se mofó, carcajeándose.

—¿Qué?

—Es broma, no pongas esa cara —rió—, no estás muy acostumbrada a éstas bromas, ¿verdad?

—Por el nombre de Merlín, ¿quién está acostumbrado a que le digan estas cosas?

—A mí me parece bastante gracioso y normal, serán imaginaciones mías —se quedó pensativa.

—Ahora no estoy muy segura de qué es lo que hacías con los demás Slytherins...

—¿Los demás qué?

—Tus compañeros de Casa aquí en Hogwarts.

—¿Casa? ¿Estamos en un orfanato?

—Oh, Merlín... más tarde te explicaré mejor. En resumen es... un internado para aprender.

—¿Más tarde? Genial, me encantaría tener una cita contigo, ¿querrás ir a tomar algo? Tendrás que guiarme tú por este lugar porque vista mi situación...

—¿C-cómo? No, no, no, para.

Las carcajadas de Pansy resonaron por toda la sala.

—Uuhm —ronroneó—, te has puesto roja.

—No es lo que parece.

—No he dicho nada, ha sido tu cabeza quien lo ha pensado.

—V-vale, da igual, cambiemos de tema.

—¿Por qué? Me gusta hacerte sonrojar, haces que sienta que tenga poder sobre tus emociones —alzó ambas cejas y abrió ligeramente los labios sonriendo al recibir una idea en su mente—. Quiero hacerte enfadar.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Creo que cuando te enfadas tu rostro se sonroja y no paras de mover la melena de un lado a otro al intentar gritar y dejar clara tu opinión. Es el rostro más cercano que dejarías después de un intenso orgasmo. O durante.

—¡Para, para, para! Eres una maldita pervertida, no había visto éste lado de ti. Bueno —alzó las manos para demandar una pausa mental "En la biblioteca te lo demostró sin pudor alguno", se dijo.

—Te encantará, créeme.

Pansy volvió a reír, deleitándose de fastidiar un poco a esa joven. Sus reacciones resultaban demasiado tentadoras, y ella no iba a desaprovechar si tenía la oportunidad.

—Lo dudo mucho.

—Por lo menos lo dudas y no es una negación definitiva.

—¿Podrías dejar de distorsionar lo que digo? Maldita sea, ¿dónde me he metido? Se supone que te tendría que estar ayudando a recordar y no evitando tus comentarios.

La Slytherin parecía estar en su propio mundo, como si no escuchara lo que decía Hermione.

—Ehm, no serás mi hermana, ¿verdad? O un familiar mío.

—¿Eh? Pues que yo sepa no, demasiado cómico sería porque llevamos desde el primer curso peleándonos por nuestra sangre, precisamente.

—¿A qué te refieres con nuestra sangre?

—¿Te suena el término sangre sucia?

—¿Qué es sangre sucia?

—Yo soy una sangre sucia.

—Ah —sonrió de lado—. Entonces debe de ser algo delicioso, ¿no?

Las mejillas de Hermione se tiñeron de color y esta alzó una ceja, sin poder evitar mostrar una expresión de sorpresa. Frunció el ceño al segundo de que Parkinson sonriera como si hubiera ganado un premio. ¿A qué estaba jugando esa Slytherin?

—¿Yo también lo soy? Sangre sucia, me refiero.

—No, eres sangre limpia o pura.

—¿Y qué diferencia hay? ¿Que yo tengo menos grasas y dulces en mi sangre o cómo va esto?

—A ver, —carraspeó, adentrándose en el mundo mental para explicar datos— hay tres tipos de magos según su origen, los sangre pura o limpia provienen de familias que su sangre nunca se han relacionado con muggles, los mestizos provienen de un familiar mago y otro muggle, y los sangre sucia son magos provenientes de padres muggles. Espero que al menos sepas que eres una bruja y lo que es un muggle.

—Sí, y acabo de acordarme de mi preciosa varita, ¿dónde esta?

—Encima de la mesa.

—Genial —comentó, acariciando la varita una vez la tuvo entre sus dedos—, ¿y qué pasa con esos orígenes? ¿Los sangre pura somos más fuertes?

—No, técnicamente no hay diferencias. Es, simplemente, que los sangre pura opinan que es una deshonra haber estado relacionado con gente no mágica sea hablando o como pareja porque creen que su condición y sangre es superior a las demás. Esta opinión la tienen la mayoría de las familias de los que pertenecen a la Casa Slytherin, tu Casa.

—Aah, ya entiendo, es decir que la sangre va según lo gilipollas que eres. Cuánto más limpia es tu sangre, más imbécil te vuelves.

Hermione dejó caer un par de carcajadas.

—No, no, no todos los sangre limpia tienen esta idea, hay de todo tipo.

—¿Y por qué los magos nos clasificamos por sangre?

—No lo hacemos, lo hacéis los sangre pura, vosotros.

—¿Yo? Pensaba que era una de esas que no era gilipollas.

—Siento decírtelo...

—Menuda decepción, y yo que creía que era una diosa y resulto ser una patata con piernas.

—Por lo menos parte de ti todavía te queda... —susurró para sí misma.

—¿Cómo?

—A-antes también comentabas que eras una diosa y frases de ese estilo.

—Oh, vamos, lo digo en broma. Si fuera una diosa a estas alturas ya estaríamos juntas y acarameladas bajo estas sábanas, que, por cierto, son muy suaves... —acarició las sábanas a la vez que alzaba ambas cejas pícaramente.

Hermione ocultó el rostro detrás de las manos para que Parkinson no viera la vergüenza que sentía. Esa chica no se parecía ni de lejos a aquella Pansy Parkinson con la que compartía clases y discusiones. ¿Tanto daño hacían los recuerdos de la Slytherin para que ella fuera tan diferente? O lo que adquirió con la educación de sus padres.

—¿Algún día pararás de decirme estos comentarios? —pidió, aún sonrojada.

—Creo que no, me gusta cómo reaccionas y las caras que pones. Son muy graciosas.

—Merlín... que sepas que a partir de ahora haré oídos sordos.

—Me conformo con saber que los escucharás aunque no quieras, por cierto, ¿quién eres?

—Hermione Granger.

—Ooh, eres tú quien posee el nombre ¿eramos novias o estábamos en proceso?

—No —dijo cortante, se cruzó de brazos enfurruñada de notar un poco de burla en la voz.

—¿Te estoy cabreando? Perfecto, tal y como quería.

—¿Pararás o te dejo aquí abandonada?

—¿Si te vas podrías arroparme antes y darme un beso en la frente? Un vaso de leche caliente estaría genial, también.

La Gryffindor se levantó de la silla y Pansy la agarró de la falda tirando con fuerza para hacerla caer en el colchón.

—Oh, venga, no te enfades,... ¿cómo te llamaba yo antes?

—Sangre sucia —contestó, tumbada en la cama y aún cruzada de brazos.

—¿Te llamo sangre sucia, pues?

—Es un insulto.

—Gracias por hacerme insultarte, repito: ¿cómo quieres que te llame?

—Como quieras, no me importa.

—Mmh...

Pansy estiró su cuerpo al lado de Hermione y comenzó a cavilar el nombre con la vista fijada en el techo. La Leona descruzó los brazos, ladeó el tronco colocando las manos bajo sus mejillas y examinó con curiosidad la expresión de concentración de la Serpiente.

¿Llegaría a sorprenderla todavía más la nueva Pansy Parkinson? Si por lo menos dejara de decir comentarios inadecuados... ¿En qué estaba pensando? ¡Tendría que preocuparse por ayudarla a que recuperara la memoria! Ya que en parte también era su culpa... ¿Y si no lo lograba como el padre de Mónica? ¿Qué ocurriría? ¿Los señores Parkinson la obligarían a unirse a los mortífagos pese a su actual condición? ¿La castigarían? ¿O quizás la nueva Pansy lucharía por otros ideales ya que carecía de prejuicios? La última pregunta provocó una corriente por toda su columna vertebral. Aquello no sonaba nada mal...

Quizás haberla golpeado con la Bludger era la mejor oportunidad que el destino le había otorgado para- "¡HERMIONE!", se golpeó la frente sin remordimientos.

—Me gustaría llamarte por algún mote creado por mí —concluyó Pansy, girándose hacia su interlocutora, quien apartó inmediatamente la mano dejando ver una frente roja por el golpe—. Quiero guiarme por cómo reacciona mi mente al pensar así que... sería algo como mmh... no sé... iba a decir Leona, por tu melena, pero en mis pensamientos suena mal, parece que con este nombre nunca pueda llegar a ti. Demasiado salvaje y alejado, no estoy segura de si me explico... Quizás algo más cercano a mí, más dulce y dócil... ¿Qué te parece gatita?

—¿Gatita? —no pudo evitar sonreír y morderse el labio inferior— ¿Gatita mimada metomentodo devoradora de almas?

—Uuhmm... Oye, es genial el mote ¿de dónde lo has sacado? Mimada por mí y devoradora de mi alma, aunque metomentodo no sé a qué te refieres, ¿algo del pasado?

La Gryffindor tardó en reaccionar. No estaba nada acostumbrada, pero nada, a que Parkinson fuera tan sincera a la hora de hablar sobre sus pensamientos y sentimientos.

—Es el mote que me dijo tu antigua yo, no parecía tan cariñosa como tú al decirlo.

—Entonces me temo que ella guardaba muchos secretos y códigos en sus palabras.

—¿Tú crees?

—¿Piensas que coqueteo contigo por qué sí? ¿Así sin más? ¿Sin motivo alguno?

—Sí, la verdad.

—No es mi estilo, algo debo de estar interesada. Y siento mucho interés, aunque no tengo claro de dónde viene. Es decir, ahora no te conozco y por mucha atracción que sienta (porque, seamos sinceras —clavó su mirada en la de Hermione—, eres preciosa y tienes una mirada que me encanta) —sonrió al ver que Hermione cerraba los ojos y articulaba con la boca un silencioso "Eso sobraba"—, el físico no enamora a las personas, sino la personalidad y... no recuerdo nada de nadie ¿No estarías muy curiosa de conocer a alguien que, al escuchar su nombre tu mente reacciona, y te atrae con la sensación de que vale la pena aun sin saber quién es? No sé, se me hace inevitable coquetear contigo, pienso que sería de imbéciles no intentarlo.

—¿Estás intentando enamorarme a través de éstos comentarios?—sonrió, colocando un mechón tras la oreja.

Puso de nuevo un rostro más neutral. Regresó a su compostura seria, decidiendo en que se mantendría así pasara lo que pasara por su bien y el de la verdadera Pansy Parkinson. Era una locura mortal que una sangre sucia y una mortífaga tuvieran una relación.

—Venga ya, ¿conquistarte con, precisamente, este cutre comentario? No me subestimes, sé hacerlo mucho mejor.

—No me gusta que insistan tanto, como entenderás —dijo con seriedad.

Tuvo que apartar los ojos.

—Te entiendo, a mí no me gusta ser una idiota sangre limpia y mírame.

—No me vengas con esas...

—Está bien, te respeto, tranquila.

—Mejor, no me gustaría rechazarte una y otra vez.

Sólo deseaba que la Slytherin no se le ocurriera dar ese paso.

—Tendrás que aguantar mis comentarios, así que tanto por tanto...

—Tendrás que aprender a callártelos, en ese caso.

—Tendrás que premiarme para que se me quede.

—Tendrás que espabilarte si no quieres recibir un hechizo.

—Uuuuh, madre mía, dime que antes no eramos así.

—Si te refieres a si nos repetíamos las contestaciones, sí, eramos así —puso los ojos en blancos al recordarlo. Aunque, a la vez, fue como si sintiera nostalgia.

—¿Tan, tan idiotas?

—Mucho-muchísimo peor, créeme.

Hermione intentó disimular la sonrisa tras una expresión seria, sin embargo no pudo al escuchar las carcajadas de su compañera de escuela soltando un "Imposible".

—Bueeno, cuéntame algo de ti, qué piensas ser de mayor, tus aspiraciones, pensamientos, amores, amistades, gustos... —inquirió de golpe la Serpiente, acomodándose todavía más en el colchón.

—¿De mí? ¿No tendría que contarte cosas de ti para que te sitúes y vayas recordando poco a poco? Ni siquiera te he dicho tu nombre.

—¿Quieres sinceridad? No me importa quién soy, prefiero saber más de ti.

Hermione carraspeó ligeramente sonrosada.

—¿Y puedo preguntar el porqué? No, espera, no quiero que me vuelvas a contestar con tus coment-

—Sé poco de mí y lo poco que conozco no me ha gustado nada, así que estoy segura que tú eres mucho más interesante y buena persona que yo. Podría aprender de ti.

—No lo veo correcto, no puedo dejar que mis ideales influyan en los tuyos por mucho que lo desee. No quiero que tus amigos me maten, por otro lado.

—No me interesan los ideales de unos gilipollas que se creen superiores. Yo ya sé que puedo reinar el mundo, no necesito nada más de ellos.

—Sabía que dirías algo parecido...

—Me da la sensación de que sabes poco de mí, en el fondo.

—Ahora mismo no es lo más indicado de haber dicho, por si acaso también lo has olvidado, has perdido la memoria.

—Touché. Aun así este intercambio de opiniones viene de que prefiero que me cuentes sobre ti que de mí.

—Tu nombre es Pansy Parkinson.

—Ya empezamos —gruñó—. Gracias por hacerme caso, es un buen paso para sentirme muy querida por ti, sí.

—Te encanta explorar los bosques y alrededores de la escuela por la mañana, antes de que caliente el sol y que los alumnos salgan a pasear.

—Oh, venga, no quiero escuchar mi vida, debe de ser muy triste, estoy segura. Eh, ¿me escu-?

—Sueles frecuentar a un prado cerca del campo de quidditch y es como tu santuario. Nos hemos metido en muchos problemas por culpa de retos para fastidiarnos mutuamente y, a la vez, nos hemos ayudado para salir airosas. Lo sé, no pongas esa cara, yo tampoco acabo de entender el porqué. Mmmh... Un día en pociones oí cómo le comentabas a Daphne, una compañera de tu Casa, que, palabras textuales "con la mierda de libros incompletos que hemos comprado este año no sé cómo lograré aprobar todo y llegar a entrar en el Hospital San Mungo" así que supongo que tu aspiración era ser Sanadora o parecido, aunque te veo más en el Ministerio de Magia —fugaces imágenes del sueño de esa noche donde aparecía en un despacho cruzaron por su mente. Si esa nueva Pansy descubría que era la protagonista de sus sueños...—. Eehm, qué más... sueles humedecerte los labios con un brillo de frambuesas y te encanta meterte con los demás alumnos que no estén en tu círculo de amistades.

—Para, no quiero escuchar más.

—Y pensaba que te gustaba Malfoy pero estoy viendo que te va otro tipo de... género.

—¿Malfoy? ¿El tal Malfoy es otro imbécil? Uuugh, como me temía, estoy rodeada de ellos.

—No pensé que te diría esto pero tienes que mantener la reputación que tenías.

—¿Por qué? Tengo el comodín de que he perdido la memoria, nadie puede recriminarme nada.

—Lo sé pero tus padres y... tus responsabilidades —¿Debía contarle que dentro de poco se convertiría en mortífaga? Decidió por omitir esa información—. Una vez recuperes la memoria, lo agradecerás.

Pfff, no fingiré delante de nadie.

—¿Pansy? —se escuchó la voz de Daphne Greengrass detrás del biombo.


Un golpe de suerte demasiado literal, creo yo :3

¡Muuuuuuuchísimas gracias por seguirme animando a escribir sobre ellas dos, de verdad, es genial!

¡Nos leemos el próximo miércoles! :D