Advertencia: Es un capítulo bastante largo.


El encuentro

Una joven rubia abrió el biombo y fijó sus celestes ojos en Pansy. Rió al distinguir el morado en la cara de su amiga.

—Por Merlín, menudo golpe te has llevado.

Hermione, avergonzada y preocupada de que una Slytherin la hubiera atrapado en la misma cama con Parkinson -incluso cuando no habían segundas intenciones-, se levantó para volverse a sentar en la misma silla de antes.

—Uh, hola —saludó Pansy, repasando de arriba a abajo a la nueva visitante.

—¿Te duele mucho?

—Al tocarlo, ¿quién eres? No pareces una enfermera.

Daphne posó la mano en su cadera, mofándose del sarcasmo de su amiga. Al darse cuenta de la mirada de Hermione, abrió la boca al sorprenderse.

—¿Q-qué...?

—Ha perdido la memoria —contestó la Gryffindor, observando la divertida reacción de Daphne. No pensaba que llegara a ser tan expresiva.

Daphne asintió, acariciando su barbilla al pensar.

—¿Y ahora quién eres?

La pregunta llamó la curiosidad de Hermione, ¿quién preguntaría eso a alguien que acababa de perder la memoria?

—Mmh, pues...¿yo?

—¿Y tú quién eres o piensas que eres?

—Pues según gatita soy-

—¿Gatita? —Soltó un largo "Aaah" al seguir el dedo de su amiga—. He preguntado quién eres según tú, no según ella.

—Estás haciendo unas preguntas muy raras, eh —comentó Pansy, frunciendo las cejas. Después sonrió—. Pero me gusta, resultas peculiar y diferente a lo que imaginaba.

—Gracias, pero estábamos hablando de ti, no de mí.

—Sí, tiene la manía de curiosear sobre los demás antes de buscar información sobre sí misma —intervino Hermione, respirando profundamente por la nariz.

—¿Y bien? Describe tus pensamientos, quién eres y etcétera.

Con la mano, Daphne hizo un ademán de buscar un hueco en la cama al borde de ésta y al lado de Parkinson. Se cruzó de piernas, escondiendo las manos entre ellas, y pestañeó varias veces a la vez que sonreía al prestar atención.

—Ehm...pues... no tengo mucha idea de cómo hacerlo... Veamos, al mirar por la ventana me dan ganas de salir de estas paredes porque me agobia no ver más allá de un par de ladrillos, también... me apetece beber, tengo la garganta seca. Mh, creo que no soy muy buena en descubrirme, explico más lo que siento en este momento que otra cosa.

—No importa, tú sigue hablando de lo que te venga en la cabeza. Déjate llevar.

—Mmh, me gustaría examinar estos terrenos porque es un sitio nuevo y siento que aprenderé y, como lo hago por mí misma, disfrutaré ya que no me gusta nada que me obliguen a hacer cosas. Al mirar el techo he pensado en volar, dentro de mí hay una sensación de querer escapar de algo que no recuerdo... Y me temo que no quiero descubrirlo por la simple razón de que, si cuando tenía memoria intentaba evitarlo, dudo que ahora la situación sea diferente, así que recordar eso queda descartado. Ehm... quiero conocer a gente, me gusta escuchar sus historias y así aprender de los errores y alegrarme con su alegría. Ah, también porque es un gesto de confianza... me gusta que confíen en mí porque, en cierta forma, me tienen en cuenta. No sé qué más decirte...

—Cuéntame qué opinas de ser bruja.

—Es práctico, soy bastante vaga cuando estoy cómoda así que seguramente utilizaré muchos hechizos para que los objetos vengan a mí y no tener que levantarme.

—¿Te acuerdas de alguno?

—Mmh... Ahora mismo no.

—Antes has dicho que te gustaría conocer a gente, ¿magos o muggles? —lo preguntó con segundas intenciones, asegurándose hasta que punto reconocía la jerga del mundo mágico.

Aunque, por la reacción de Hermione, comprendió que ya habían estado hablando de ello.

—¡Centauros! —gritó Pansy sin venir a cuento—. Ooh, acabo de recordar que existen muchas criaturas mágicas, me encantaría escuchar sus historias, estoy segura que contienen mucho conocimiento y diferentes puntos de vista —notó la mirada de Daphne—. A cualquiera, mientras me caiga bien.

—¿Confiarías en nosotras?

—Qué remedio.

Daphne, sin deshacer la postura, inclinó el torso hacia un lado para acercar los labios a la oreja de Pansy. Con una mano, ocultó el gesto para que la Gryffindor no le leyera los labios.

—¿Qué opinas de ella?

Los ojos fueron directos a la joven Gryffindor que estaba enfrente de ellas mostrando una cara de confusión digna de admirar. Hermione alzó una ceja, inquiriendo, pero fue ignorada por las dos Slytherins que no dudaron en volver a conectar sus miradas llenas de complicidad.

Ambas se sonrieron mutuamente y, sin poder evitarlo, se quedaron medio minuto reconociéndose con la mirada. Parkinson distinguió en aquellas pupilas complicidad y diversión, provocando en ella un suspiro de alivio.

Esa chica la conocía de antes sí o sí, lo sabía muy dentro de sí misma, no obstante... pese a recibir una cantidad enorme de confianza a través de aquella mirada adornada de filamentos ocres y azulados, notaba algo que la frenaba en dejarse llevar por la cálida sensación.

Su intuición la estaba advirtiendo, como si esa joven estuviese relacionada con el peligro que la obligaba a desear huir. Aunque no acababa de entenderlo puesto que veía en ella un gran apoyo.

"¿Amiga?", se preguntó, cuando cruzó por su mente ese pensamiento. Sin avisar, un nombre apareció en su mente.

—Daphne... —y, muy despacio, dos lágrimas hicieron acto de presencia.

—Pansy, ¿por qué lloras cuando no tienes motivos para ello? —susurró Daphne.

—No lo sé, de verdad... es como si estuviera descargando lo que he intentado reprimir.

—¿Qué se te pasa por la cabeza al llorar?

—Que tengo muchos mocos.

La rubia rió. Apenas rebuscó en su bolsillo cuando sacó un pañuelo de seda.

—¿Mejor? Quédatelo, después lo enviaremos a lavar.

—Lo siento...

—Es un simple pañuelo, tranquila.

—No, no, digo que lo que me pasa por la cabeza es "Lo siento", ¿te he tratado mal?

—No tanto como para llorar, créeme. Pienso que quizás te sientes así porque...

—Porque me cuesta mucho confiar y a ti te he rechazado desde pequeña. Después de tanto tiempo... Gracias, D.

—Gracias a ti, deberías saber lo que has tenido que soportar tú sola. No tendrías que tener el peso que llevas en los hombros por las decisiones de tu tío. Si éste no hubiera traicionado a nuestra sangre, estarías-

—No quiero saberlo, no quiero recordar nada de mi vida —se tapó los oídos y guió sus ojos hacia las baldosas, sintiéndose herida sin saber bien el motivo.

—Lo sé, yo no te obligaré. Aprovecha tu estado actual para descubrirte cómo eres tú misma sin influencias de nadie, ¿vale? Quiero confesarte que hará poco tuvimos una conversación y deseaste tener una oportunidad de alejarte de los problemas sin consecuencias. Parece ser que el destino te ha concedido el deseo —regaló, por un segundo, una mirada significativa a Hermione— y tu mente podrá descansar temporalmente de todo.

—Gatita me ha dicho que era mejor mantener mi reputación.

—Hagas lo que hagas todos sabrán que has perdido la memoria y no te lo tendrán muy en cuenta, aunque... intenta tolerar y no meterte con Slytherins. También gatita debería saber que no hay que cortar las alas de nadie.

—Gatita, no debes de cortarme las alas —se burló Pansy, poniendo voz infantil como si hablara con un animal.

—¿Ahora me llamaréis gatita? ¿En serio?

—Sí, ¿por qué no? Es divertido —acabó Parkinson.

—Oh, por Merlín, si la vida tenía que sorprenderme, hoy ya lo ha hecho y se ha quedado bien a gusto.

—¿Granger? —llamó Daphne, buscando la atención de la nombrada— ¿Han escrito en tu expediente?

—La profesora McGonagall está intentando convencer a Umbridge de que fue un accidente no intencionado, pero ella insiste en que Harry, Fred, George y yo teníamos un complot contra los Slytherins como venganza a la expulsión.

—Merlín, tengo la sensación de que estás en problemas.

—¿Problemas? ¡Un simple error más y me expulsarán de Hogwarts para siempre! Mis peores pesadillas se materializarían en una regordeta mujer con cara de sapo y... Por el nombre de Merlín, debo de hacer lo imposible para evitarlo. Bueno... mi único plan será alejarme de los problemas y estar siempre en la biblioteca o en la Sala Común.

—No hará falta recluirse, tu mayor creadora de problemas acaba de perder la memoria y no buscará fastidiarte durante este tiempo.

Ambas miraron a Pansy quien se encontraba sentada en la cama como un indio y ambas manos en su mentón achinando los ojos para comprender de lo que hablaban.

—¿Eh? ¿Era yo quien te daba problemas siempre?

—En principio era la mayoría de los Slytherins pero este año tú te convertiste en la número uno.

—Ah... Vaya, perdón, ¿seguro que buscaba expulsarte de Hogwarts? —Recibió un arqueamiento de cejas de Hermione y una significativa mirada de Daphne. Alzó una ceja—. No sólo eso, ¿verdad?

—Mmh, no sabría qué decirte, Pans, no eras la persona que más explicaba sus secretos.

Aunque le explicara a Pansy de lo que hablaron en su Sala Común, Granger continuaba estando presente. Y no estaba del todo segura en si afirmar a la Gryffindor lo que ya parecía intuir.

—Pero algún gesto o algo te habrían hecho sospechar de si había segundas intenciones.

—¿De qué segundas intenciones habláis? —intervino Hermione.

Las Slytherins, con disimulo, asintieron mirándose.

—No importa, ni siquiera sabemos de lo que estábamos buscando de Pansy Uno —contestó Daphne, quitándole importancia—. Si para mí los pensamientos de Pansy Uno eran difíciles de acceder y un misterio la gran mayoría de las ocasiones...

—¿Pansy Uno?

—Tú eres Pansy Dos.

Pff, qué cutre.

—¿Y cómo quieres que te llamemos?

—Su Majestad estaría muy bien, no, no, no, Pansy Segunda del reino de Slytherlandia.

Hermione y Daphne rieron dejando a la joven completamente confundida.

—Eh, no es para tanto.

—Solías decir estas frases.

—¿También? Pues qué poca creatividad tengo.

—¿Qué tal si a ti te llamamos Pansy y a tu antigua yo Parkinson? —comentó Daphne chasqueando los dedos.

—Mmh... ¿Y por qué Parkinson?

—Granger siempre te llamaba por tu apellido de una forma muy poco cariñosa cada vez que te nombraba y ahora supongo que la situación ha cambiado. Así las dos recordaréis que debéis de olvidar el pasado porque ya no sirve —sonrió de forma astuta para sí misma.

—No le llames Granger a gatita, suena muy frío.

—No creo que a Granger le guste que le llame gatita.

—A gatita le gusta que le llamen gatita, pero no quiero que le llames gatita. Ese mote sólo lo puedo utilizar yo.

—No es por nada pero pareces una cría.

—Pues esta cría tiene ganas de dormir, saca el culo de mi cama y vete. O tráeme comida, sería más útil.

—En fin, iré a hablar con la señora Pomfrey sobre tu estado y, recuerda, si aparecen personas con corbatas de color verde intenta tolerarlas —comentó, alzándose y colocando la falda del uniforme con pulcritud—. ¿Hago algo por ti?

—Tráeme ropa, no me gusta este pijama.

—Hablaba con Granger, no contigo —contestó.

Mostró la lengua para imitar el gesto de Pansy.

—¿Podrías decirle a Ginny que me encuentro todavía en la enfermería? Debe de estar con Cho o alguna de las Ravenclaws por los jardines o sino en la cabaña de Hagrid.

La expresión de Greengrass pareció endurecerse ligeramente.

—Te haré el favor pero que conste que... es decir, soy Slytherin y amiga de Pansy, no pueden verme interactuando demasiado con vosotras. Sería muy peligroso para mí y, sin la confianza de los sangre pura, me costaría defender a Pansy una vez se meta en problemas por no recordar qué debe hacer y qué no.

—Te entiendo —"Más de lo que crees", pensó al leer mentalmente la carta de los Parkinson.

—Me gustaría hablar contigo aprovechando que no hay alumnos —dijo Daphne, señalando el biombo para hacerle entender que hablarían fuera.

—Claro, ningún problema.

Daphne dirigió la vista hacia Pansy.

—A solas —añadió.

Pansy frunció el ceño y dio un salto para abrazar a Hermione por la espalda. Apoyó el mentón en el hombro soplando la melena de la Leona para hacer un hueco y envió una mirada de aviso a Daphne.

—No voy a dejar que vaya con una idiota sangre limpia. No y no.

—No le haré daño, Pans. Haz el favor de comportarte y déjala ir ¿no ves que está intentando zafarse de tus brazos?

—Pansy, suelta mis manos, va.

Daphne dio un paso, sujetando la mano de su amiga, aunque ésta retrocedió riendo y haciendo ruidos infantiles a la vez que se llevaba a la Leona. Hermione, con una mano de Pansy agarrando la suya, caminó de espaldas para empujarla hacia la cama con la intención de poder bloquear el juego infantil de la Serpiente con la ayuda de la rubia.

Después de un rápido forcejeo, la Gryffindor no entendió cómo Greengrass acabó debajo de la camilla con un coscorrón en la cabeza y agarrando el brazo de Parkinson, mientras que ella misma se reía de la situación notando que los botones del uniforme se desabrochaban y escuchaba a Pansy, bajo su espalda y contra el colchón, pidiendo ayuda a la enfermera a la vez que soplaba para apartar la melena que le tapaba la cara.

—¡Enfermera, ayuda! Fuuu ¡Qué me atacan, enfermeraaa, que me quieren robar mi valioso pijama blanco!

Granger no pudo contener las carcajadas cuando la señora Pomfrey abrió el biombo y se alejó con una expresión de incredulidad al ver la situación en la que se encontraban. Giró sobre sí misma, estando encima del cuerpo de Pansy, para encontrarse cara a cara con ella y recriminarle.

La Serpiente alzó una ceja, riendo entre dientes.

—¿Voy a recibir una reprimenda por hacerte reír o por hacerte pasar un buen rato? Lo digo para ir apuntándome cómo debo de comportarme para lograr enfadarte.

—Tu amiga está debajo de la camilla con un golpe en la frente y no sabe ni dónde está —contestó, riendo y colocando varios mechones tras la oreja.

Ni siquiera le importó estar encima de Pansy todavía luchando puesto que la Slytherin la sujetaba con un brazo por la cintura mientras que Daphne se agarraba al otro, un tanto inconsciente por el golpe.

—Son efectos secundarios de una gran batalla, es ley de vida que alguien salga herido, ¿o no?

—Deberías haber sido tú quien se hubiera ganado el golpe.

—Puedes golpearme tú, ahora mismo soy incapaz de moverme.

—Si me soltaras de la cadera quizás podrías defenderte.

—Prefiero toser sangre antes que soltarte, gatita.

Hermione buscó su libro y comenzó, con la portada, a golpear la frente de la Slytherin.

—¿Debo llorar para no desilusionarte o...?

—¡OHNO! ¡ARAÑAS! ¡MATADLAS CON FUEGO!

Daphne soltó el brazo y se puso en pie inmediatamente al ver un par de arañas bajo las patas de la cama. Sacudió excesivamente el uniforme de forma pulcra hasta que chocó contra la pared, aunque la expresión de puro pánico hizo que las dos jóvenes comenzaran a reír todavía más.

Greengrass carraspeó molesta una vez se calmó y posó sus manos en la cadera recriminando el hecho de que se rieran de su cara. Sonrió con picardía y rodó los ojos al encontrarse con la curiosa escena de ellas dos, una encima de la otra. Al instante les dio la espalda.

—Voy a por tu uniforme, Pans.

Antes de que Daphne desapareciera para ir a buscar el uniforme, Hermione despegó su oreja del pecho de Pansy y dio un fuerte salto hacia atrás. Una milésima de segundo después, Draco junto con Crabbe, Goyle y Millicent Bulstrode saludaron a la enfermera y apartaron el biombo al mismo tiempo que Daphne.

La rubia salió de entre el espacio abierto sin perder el tiempo y lo cerró a sus espaldas, encarando el grupo con una preciosa sonrisa de bienvenida.

—¿Está despierta? —preguntó Draco, intentando ver a través del biombo sin éxito.

—Hará menos de un minuto que lo ha hecho —mintió—. Ha perdido la memoria.

—No jodas —contestó Millicent—. ¿No recuerda quién es?

—No recuerda nada de nada, ni siquiera quién es su familia, qué es ser sangre pura, Hogwarts, ni a nosotros... Nada.

—Jo jo, qué fuerte, y yo que pensaba que ahora estaría llena de más rabia hacia Granger... osea que no veremos cómo Pansy mata a la sangre sucia, ¿no? Tss, lástima.

Cuando Daphne acabó la introducción para evitar futuros problemas, se apartó a un lado y avisó a través del contacto visual a Pansy para que se mantuviera neutral. Al recibir un disimulado asentimiento, recibió la esperanza de que, por lo menos, el primer día no tendrían problemas respecto a los Slytherins.

—¿Qué mierda hace aquí la sangre sucia?

—E-estaba preocupada por si el golpe era más grave de lo que pensaba.

—Casi la matas, asquerosa sangre sucia, Umbridge debería de expulsarte del equipo como hizo con Potter y los gemelos o que nos dejara arreglarte la cara como has hecho con Pansy—gruñó Millicent, haciendo crujir sus rechonchos nudillos.

—¿Matarme? Estoy más cuerda y saludable que tú, imbécil, que vas respirando como si el aire fuera de chocolate —espetó Parkinson.

Todos desencajaron sus bocas, incluso Hermione. Ni un minuto. Ni un simple y corto minuto había aguantado sin soltar veneno por la boca.

—¿Qué has dicho? —amenazó Bulstrode.

—Milli, recuerda que ha perdido la memoria, no tiene ni puta idea de a quién está insultando—defendió Draco.

—Me da absolutamente igual, me ha faltado el respeto y eso sólo se soluciona de una manera muy fácil.

—¿No me irás a comer ahora?

Crabbe y Goyle sujetaron con fuerza al tanque que se cernía sobre Pansy. Ésta únicamente la miró con rostro aburrido.

—Cómo digas algo más juro que te parto la cara, niñata! !Goyle, suéltame o recibes tú también!

—Vale, vale, se acabó la visita —Daphne se interpuso entre el grupo y los fue empujando con su presencia en vez de tocarles—. Pansy necesita el uniforme, comer y beber, y recordad que ha perdido la memoria pero... podéis ver que en cierta forma ha quedado su esencia, así que no perdamos la esperanza de que vuelva a ser como antes. Sólo os pido paciencia con ella. Y, Pansy, hazte un favor y mantén los labios cerrados.

—Espero que aprendas a morderte la lengua, cerda —avisó Millicent abriendo el biombo.

—Que te aprovechen mis verdades. ¡Ey! Vigila por dónde pisas —la advertencia de Pansy fue escuchada por Milli, quien miró con atención la baldosa de piedra donde iba a dar el próximo paso—, no vaya a ser que se hunda el suelo por tu culpa.

—¡Serás gilipollas! —vociferó, dándose la vuelta e impactando bruscamente contra el ancho cuerpo de Crabbe. Señaló a Parkinson por encima del hombro del mago—. Tú y yo la tendremos, petarda de mierda, así que haz caso a Daphne y cállate de una jodida vez.

—Si no tuvieras la manía de querer decir la última palabra, me callaría.

Daphne, Draco, junto con Crabbe y Goyle echaron a empujones a Millicent para evitar que intentara golpearla, y desaparecieron de la enfermería. Hermione, sujetando el libro contra su pecho, siguió con la vista a Pansy hasta que ésta se tumbó.

La Gryffindor carraspeó y, en dos lentos pasos, se situó enfrente de la joven. Pansy viró su rostro hacia ella.

—Tenía razón, por lo menos la tal Milli es una imbécil... ¿Te pasa algo?

—Como podrás ver, estoy enfadada contigo.

—¿Qué he hecho de malo? —inquirió, echándose hacia atrás y apoyándose en sus codos.

—Incluso Daphne te avisó de que era preferible mantenerte neutral para evitar problemas con ellos y, en el primer encuentro, ¡empiezas una batalla verbal con una Slytherin! —su voz se rasgó antes de que llegara a chillar.

Apretó más el libro contra el pecho.

—Pero-

—Pero nada, quizás el comodín de la pérdida de la memoria te salve esta vez y, vale, sí, estoy de acuerdo con tu amiga de que ahora debes de descubrirte sin influencias, pero no tienes en cuenta que tu actuación quedará grabada en la mente de los demás: si discutes con los Slytherins, éstos no lo olvidarán y podría ocasionarte problemas muy graves en un futuro no tan lejano.

—No quiero pensar en el futuro, ni siquiera en ellos.

—Pues yo sí, no quiero que te den patadas y arriesgues tu vida por culpa mí- una Bludger. Apruebo que hagas y digas lo que quieras pero con cierta moderación y respeto, 'dita sea, no deberías meterte con el cuerpo de la gente. Daphne y yo no podremos protegerte siempre, ¿qué pasaría si más tarde vuelves a enfrentarte con otro Slytherin y Millicent se une a él? Y así en una sucesión en cadena. Podrías perder mucho.

—Estás exagerando, hablas como si mi vida estuviera totalmente atada a los sangre limpia...

Hermione desvió la mirada hacia la ventana, frunciendo los labios para que no saliera su voz.

—Además, no me arrepiento de haber actuado así —agregó la Slytherin.

—Pues deberías pensar esta noche sobre ello, y veamos si por la gracia del destino te vuelven un par de recuerdos útiles para aprender sobre "cómo mantener mi boca sellada". Y arrepentirte es un buen primer paso.

—No me arrepentiré porque es lo que debería haber hecho.

—¿Debería? Insultar no es un deber, Pansy.

—En cierta forma no, pero cuando insultan a alguien que te importa y no sabes cómo reaccionar, las palabras salen solas.

Hermione alzó una ceja y sacudió la cabeza, confundida.

—Te llamó asquerosa sangre sucia delante de mí y te amenazó con pegarte puñetazos en la cara, y aunque no hubiera visto cómo te dolió el insulto, habría reaccionado de la misma manera. Así que sí, es lo que debería haber hecho. Quizás de lo único que me arrepiento es de haberme controlado para no romperle la nariz. Y eso es todo.

—Eeh...yo... —tragó saliva y balanceó el libro, nerviosa—. No vi que reaccionaste por el insulto hacia mí...i-incluso de esta forma... no está bien insultar...—susurró, con las mejillas ardiendo—. ¡Pero nada bien! —se recompuso al momento, indignada.

—Vaya, ahora mismo me estás haciendo dudar en si te prefiero enfadada o nerviosa. Uuhm, qué decisión más difícil. No sé, no sé, cuando estás cabreada tienes un punto que ñam.

—Oh, no, no, no, no empieces con los comentarios.

—Pero en ambas formas estás deliciosamente comestible —continuó para sí misma.

—¡Para!

Su chillido apenas sobresalió entre las carcajadas de Pansy mientras ésta la abrazaba de nuevo por la espalda y le intentaba quitar el libro de quidditch. Daphne abrió el biombo lo suficiente para observar con un ojo. Dejó el uniforme de la Slytherin encima de la camilla contigua y se retiró sin ser vista, desapareciendo por la puerta de la enfermería.

-0-

Daphne apenas bajó el primer escalón de la escalinata cuando descubrió una melena pelirroja asomándose por la escalera. Ambas se regalaron una mirada llena de curiosidad hasta que Daphne le impidió el paso apoyando un brazo en la barandilla.

—¿Me obligarás a sacar la varita? —preguntó Ginny, rodando los ojos.

Se cruzó de brazos y la Slytherin únicamente posó un par de nudillos sobre sus finos labios, ocultando sin éxito la sonrisa de diversión.

—¿Siempre tan alerta?

—Los Slytherins no me soléis parar para pedirme autógrafos, a decir verdad.

—¿Autógrafos con qué historia detrás?

—Ya sabes, por ser la Buscadora del equipo de Gryffindor, popular, guapa, inteligente y bisexual —bromeó, apartando el pelo de su cara de forma teatral—. Los Slytherins no veis mi potencial.

—Los Slytherins nos fijamos en otras cualidades, señorita Weasley.

Ésta alzó una ceja ¿acaso le estaba siguiendo la broma? ¿una Slytherin?

—Cualidades inútiles desde mi punto de vista, si a sangre te refieres, claro.

—Como bien has dicho, según se mire.

—Aaahá, bien por vosotros.

Dio dos pasos hacia un lado para descubrir que la Slytherin, con los brazos cruzados y un sonrisa disimulada en el rostro, imitaba sus movimientos desde los escalones superiores a pasos más lentos y elegantes. Volvió a retroceder con el mismo resultado.

Al tercer intento, se cansó.

Bfffff, ¿se puede saber qué quieres?

—Saber adónde vas.

—No es interesante hacia dónde va una traidora a la sangre —rodó los ojos, repitiendo el tono de los Slytherins.

—Estarás de acuerdo en que soy yo quién decide qué y quién me interesa.

—Como sea —intentó volver a pasar—. Joder, ¿puedes dejar de fastidiarme? No veo ningún fin útil a lo que estás haciendo.

—Tú no, yo sí. Creía que estábamos de acuerdo en que todo depende del punto de vista en el que se mire —sonrió con inocencia y recibió una mirada malhumorada de la joven—. ¿Responderás o quieres continuar bailando?

—¿Bailando? A patadas haré que bailes, pesada —farfulló, procurando no ser oída—. Voy a la enfermería, ¿contenta?

—Mucho, siendo sincera.

—Genial, entonces dejaré que sigas con tu pasatiempo friki de ir preguntando a la gente dónde van sus culos...¡Joder! ¡Pero déjame pasar ya!

—Sinceramente, me gustaría conversar antes contigo.

Ginny miró a sus espaldas buscando a alguien. Después se señaló a sí misma.

—¿Conmigo?

—Sí.

—¿De verdad? ¿Sabes quién soy?

—Ginevra Molly Weasley, la menor y única hermana de los hermanos Weasley, procedente de una familia antigua y sangre pura pero traidora a la sangre por relacionarse con muggles y sangre sucia. Una de las más populares de Hogwarts y, por ser la séptima hija y única mujer desde hace siglos de la familia Weasley, una maga bastante poderosa, aunque éste último dato tengo que afirmarlo aún. Por lo tanto, sí, sé quién eres dentro de lo que cabe. Dejaré de lado tus notas escolares, amistades y relaciones amorosas.

—Eeeh, perfecto, no sé qué demonios decirte porque no tengo claro si eres una acosadora o acabas de retarme a un duelo por la frase de "éste último dato tengo que afirmarlo aún".

—Únicamente he contestado a tu pregunta.

—Sí, sí, claro, ahá, bueno, pues nada, encantada de conocerte...mmh... chica que pregunta dónde van las personas. Y ahora, poco a poco, me iré alejando de ti y...aaagh ¡maldita seas! ¡¿Por qué no me dejas pasar?!

—Granger ahora no está disponible, más tarde irá a cenar al Gran Comedor contigo.

—¿Qué? ¿Tú quién eres? ¿Su contestador automático?

—¿El qué?

—Ah, claro, sangre pura que su padre no le explica sobre objetos muggles, tendría que haberlo pensado. Da igual, ¿qué significa que no está disponible? ¿Está cagando?

Daphne rió entre dientes.

—Para ser una chica tan malhumorada eres bastante divertida.

—Te estás riendo de mí, no conmigo.

—La diversión continúa estando presente.

—Merlín, te estás ganando problemas.

—Si me hicieras caso desde un principio...

—Quiero ver a mi amiga, la voy a ver y ni tú ni nadie me lo impedirá, así que o te apartas o nos enfrentamos a un duelo aquí mismo.

—¿Es una amenaza? —preguntó con una voz dulce y relajada.

—Sí, te estoy amenazando y soy capaz de arrancarte los pelos como no me dejes pasar a la enfermería.

—Uhm, qué agresiva. Te dije que sólo quería hablar contigo.

Buuff, va, pregunta, di algo, comienza, lo que sea, quiero irme ya de aquí. Parezco idiota cruzando las escaleras horizontalmente.

—No creo que sea buena idea conversar en un lugar público

—De aquí no me muevo, eres capaz de haber preparado una emboscada.

—Te recuerdo que Pansy sigue dentro de la enfermería, estás a salvo.

—Ella sí, pero los demás Slytherins no.

—Dudo que estén interesados en echarte un par de hechizos simples.

—Me estoy cansando de esta historia...

—Aunque sea vamos a un aula. Hazme el favor, no es recomendable que nos atrapen conversando.

Pfff, qué más da.

—Es sobre Granger y Parkinson, créeme que lo que oirás es mejor que no lo escuchen otras personas.

Aquello convenció a la menor y, a regañadientes, siguió a la Serpiente por los pasillos cercanos a la enfermería hasta encontrar una clase abierta. Daphne abrió la puerta, se echó a un lado y mostró con la palma de su mano el aula vacía para que entrara.

Ginny atinó a alzar una ceja ante el peculiar gesto de la Slytherin, parecía típico de una mujer de negocios y aquello no le gustaba nada.

La menor de las dos alumnas inspeccionó el lugar con la mirada, recelosa por si alguien se escondía para atacarla, y caminó hasta dejar caer su cuerpo encima de la mesa del profesor para tener controlado todo el lugar. Observó a la Slytherin cerrando con delicadeza la puerta, espalda a ésta y mirando fijamente a la Leona.

Tragó saliva ante la perspicaz y afilada mirada, como si se tratara la de un halcón.

¿Y si era de verdad una trampa? No era normal que un Slytherin quisiera hablar con ella y menos alguien cercano a Parkinson ¿qué mierda estaría pasando en el mundo mágico para tener que llegar a estos extremos?

—Cuando quieras puedes empezar —demandó, cruzando brazos y piernas.

Daphne atinó a sonreír y a acercarse hasta la mesa de enfrente. Ginny tuvo que observar si la joven llevaba tacones puesto que andaba como si así fuera. "No me gusta nada que parezca que vaya a negociar", pensó, alerta a lo que podría cernirse a continuación.

—Un buen principio sería pedirte que te relajaras, no voy a atacarte ni un par de bestias caerán del techo.

La Leona miró inconscientemente a él.

—¿Me dirás ya qué ocurre?

—Hasta que no vea en ti cierta cooperación, no —contestó, situándose de pie enfrente de Ginny y respaldándose en el filo de una mesa.

—Pues espérame sentada—saltó del mueble, directa a la puerta.

Con las yemas de los dedos y sin que la palma tocara por completo el pecho de Ginny, Daphne la paró en cuanto pasó por su lado sin siquiera dejar de apoyarse en la mesa. Weasley frunció el ceño y retrocedió dos pasos ante el delicado y firme toque.

—Tenía entendido que se podía esperar bastante de los Weasley y huyes cual cobarde.

—Ja, no habrás recibido esa información de tu nido de Serpientes.

—No, tienes razón —enredó un bucle de su pelo dorado en un dedo y lo soltó para gesticular con la mano—. Siempre es estupendo tener contactos en otras Casas, nunca sabes cuándo los puedes necesitar.

—Las amistades no son un negocio,... ¿cómo te llamas? No puedo ni dejar claro mi enfado.

—Daphne Greengrass. Y no, ahora no estamos conversando sobre negocios, creo que todavía no estás preparada para ello.

—¿Perdón? ¿Que no estoy preparada? ¿Cuántos años te crees que tienes, Greengrass?

—Más que tú e, incluso así, la experiencia no se mide en edad. Y llámame señorita Greengrass o, simplemente, el nombre completo.

—Qué pedante suena, al igual que cuando me llamas "señorita Weasley"

—No me importaría que me llamaras por mi apellido si no fuera porque utilizas un tono nada agradable al hacerlo. Hay que saber tratar a las personas y el respeto es el primer paso.

Ginny mantuvo una expresión de confusión por no saber qué hacer ante aquella refinada Slytherin, se acercó con rudeza para impactar pero la altura y la energía de confianza de Daphne la frenó. En esos momentos se sentía bastante... pequeña y tosca.

—Dime lo que tienes que decirme y se acabó, no es tan difícil, Greengrass —bajó la entonación del apellido para evitar soltarlo de mala manera y se avergonzó cuando recibió una sonrisa de agradecimiento por el gesto "Y tener que llegar a esto..."

La Slytherin dejó de apoyarse en el filo de la mesa y acercó una silla. Una vez detrás de ésta, la señaló con la mano para que Ginny se sentara. Después, Daphne ocupó la silla del otro lado de la mesa.

—Joder, parece que de verdad vayas a negociar.

—Oh, no es mi intención, mi comportamiento es una costumbre.

—¿Por tus padres? —parpadeó con fuerza, ¿para qué le había preguntado si no estaba interesada en la vida de esa pesada tan distinguida?

—Se podría decir, de pequeña siempre observaba a mi padre en sus reuniones de negocios y a mi madre en la tienda. Me gustaba mucho verles tan elegantes y relajados.

—Aah, deben de trabajar de algo importante, ¿no? Qué inesperado —se burló, aunque captó al instante que la rubia que tenía delante no parecía haber notado el sarcasmo.

O hacía ver que no lo había hecho.

—Mi padre es el jefe del departamento de Cooperación Mágica Internacional y mi madre está en el mismo departamento pero en la división de Normas Internacionales del Comercio Mágico así que aprovecha para dirigir una tienda que vende a todos los rincones del mundo mágico.

—Vamos, que sudas oro, para variar.

Daphne sonrió ante el comentario y juntó las manos.

—Estar en un puesto importante no significa monedas a toneladas y problemas resueltos. Ellos dan mucho de sí y el esfuerzo y el tiempo perdido no se compensan con galeones, éstos apenas sirven para impresionar a las demás familias —suspiró disimuladamente.

—Ojalá mis padres tuvieran tanto dinero, podríamos vivir sin problemas y no se enfadarían cada dos por tres por la falta de fondos —comentó, relajándose en la silla y posando sus manos tras la cabeza al recordar su vida familiar.

—Te cambio toda la fortuna de mi familia por el amor y cariño de la vuestra.

Weasley balbuceó buscando una contestación a la frase, pero el rostro relajado con una pincelada de desconsuelo la detuvo.

—Entonces... ¿por qué estoy aquí? —preguntó, más abierta a lo que quería decirle la Slytherin.

Al fin y al cabo, pocos sangre pura hubieran admitido que preferían el amor familiar al dinero. Eso sí, seguía muy alerta por si aquello era una actuación.

—¿Granger ha cambiado durante este tiempo?

—¿A qué te refieres?

—Acciones que ella de por sí no haría, épocas en las cuales cambia radicalmente su actitud, alejamiento de personas a las que normalmente son cercanas y un largo etcétera de ejemplo.

—Mh, pues... no entiendo por qué debería afirmarlo o negarlo.

—Estoy segura que si Granger no te cuenta las situaciones por las que pasa, te sentaría mal.

—¿Y? Es mi mejor amiga, acepto que guarde secretos excepto si son demasiados "peligrosos". Ahí ya la cosa se vuelve seria.

—En ese caso, te puedo asegurar que algo le pasará pero no se dará cuenta hasta que sea tarde y... cuando tú te des cuenta, malinterpretarás su confusión y volverás a "enfadarte" con ella —hizo el gesto de las comillas con los dedos—. Sí, sé qué pasó en el Gran Comedor y tranquila que no la atacarán físicamente, más o menos... —rió entre dientes para sí misma.

—No acabo de entender tu punto. Vamos que no he entendido nada de lo que has dicho.

—Para serte sincera, no me favorece que te enfades con Granger por lo tanto quiero mantenerte cerca de ella y si para esta situación necesito contarte qué es lo que ocurrirá o ocurre, lo haré —alzó la mano para enfatizar la última afirmación y escudriñó con atención la cara confusa de Ginny.

—¿Eres una maldita adivina o qué? Porque te veo demasiado convencida de que sea lo que fuera que vaya a pasar, pasará.

—Reconozco que soy bastante buena calculando y observando a las personas. Puedo mover hilos sin que se den cuenta para predecir acontecimientos con cierta precisión, dentro de lo que cabe.

—¿Y cómo puedes asegurarme que yo no soy uno de esos hilos y así lograr que tus afirmaciones lleguen a ser ciertas?

—Porque los hilos son las personas necesarias para un fin. Tú eres una marioneta, no eres necesaria para un fin, eres, por así decirlo, uno de los objetivos.

Ginny se cerró por completo al escucharla y frunció el ceño, molesta, ante la pasividad del asunto de Daphne. Ésta continuaba con las manos entrelazadas entre sí y su barbilla apoyada en ellas, examinando.

La menor tragó saliva, intimidada.

—No tengas miedo, señorita Weasley, si de verdad mi plan fuera utilizarte no te hubiera contado cómo actúo al estructurar todo.

—Yo no...

—Eres una marioneta que se mueve sin necesidad de hilos, por sí sola. Únicamente lograría utilizarte con tu permiso.

No supo el porqué aquellas palabras la calmaron, ¿sería por la profunda mirada celeste de Greengrass que la incitaba a creerla? Rascó su nuca, pensando, ¿cuál era el objetivo principal de la Slytherin? Desde un principio le explicaba con evasivas, sin ir directa, y aquello era más confuso que la situación en la que se encontraban de por sí.

Notaba que los pensamientos de Greengrass estaban muy alejados de todos, como si fuera una Luna Lovegood: siempre en su mundo. Pero... aquel mundo era el de los negocios, beneficios y... ¿Le había dicho que no le favorecía que 'mione y ella se enfadaran? ¿Era normal en un Slytherin? No, empezaba a pensar que a pesar de ser sangre limpia, calculadora y rica poco más tenía de normal para un Slytherin. Si ella hubiera sido ambiciosa con el trabajo y la fortuna habría contestado que el dinero era un muy buen objetivo, y no fue así, prefería que su familia le hiciera caso.

Bufó, estaba todavía más perdida al intentar buscar las razones de Daphne. Era como si intentara encontrar el final de un laberinto muy intrincado.

—No me gusta nada que pienses en las personas como objetos o como marionetas, pero nada.

—No soy tan fría. Me relaciono con la gente, busco su felicidad y confianza, intento cuidarlas y mimarlas para que puedan volar por sí mismas. Únicamente sobresale de mí mi actitud Slytherin cuando es necesario. Y ésta situación lo requiere.

—Quizás si me cuentas la situación... Porque desde que hemos empezado a hablar me has contestado con evasivas y no he entendido nada de lo que querías decir.

—No puedo. O, si más no, tendría que omitir información.

—Me conformo, mientras sea claro.

Daphne sonrió complacida.

—Iré muy directa, pues. Pansy ha perdido la memoria y Granger está intentando ayudarla puesto que se siente culpable. Hasta aquí perfecto, los problemas son que: Uno, Pansy está interesada en Granger y no se acuerda de sus ideales ni responsabilidades como sangre pura; Dos, Granger la intenta rechazar pero sé que acabará cayendo por lo que he ido observando durante este tiempo; Y tres, mi amiga dentro de poco se encontrará mucho más alejada de Granger por obstáculos sociales —hizo una breve pausa para saber si Weasley sabía que Pansy se convertiría en mortífaga en Hogsmeade. Dio por hecho de que no— y no estoy segura si cuando ocurra seguirá sin tener memoria. En todo caso, resulta muy peligroso para ellas dos.

—¿Qué?

Escuchar eso fue como tirarse en medio de un lago congelado. Sospechaba de que quizás Hermione sí que estaba más unida a Parkinson de lo que debería, y más desde que vio cómo su amiga cambiaba de humor al hablar con la Slytherin en el baño de los prefectos, ¿pero que Parkinson estuviera interesada en Hermione o que ésta acabaría aceptando a Parkinson? Venga va, ni en broma.

Dejó de mirar a la nada para dirigir sus pupilas a los iris azulados y perspicaces de Daphne.

—Deberías ver en estos momentos cómo ha cambiado su... relación —continuó la Slytherin— y estoy segura que habrás visto situaciones muy curiosas entre ellas dos como por ejemplo en el baño de los prefectos o en el prado (no me mires así, sé entender entre líneas lo que Pansy me cuenta y no quiere que sepa). Entiendo que me he adelantado mucho en predecir los acontecimientos y ésta conversación tendría que haber ocurrido mucho más tarde pero... necesito ayuda. Quiero tenerlo todo atado antes de que la situación se descontrole, y lo hará, de eso no hay duda.

—¿Qué clase de ayuda? Ah, quieres que Parkinson se aleje de 'mione, ¿no? Perfecto —dijo, frotando las manos—. Empecemos a planear.

—No, al contrario, busco apoyo para cuando las responsabilidades de Pansy demanden su fidelidad y deba decidir entre una opción u otra.

—¿Cómo? Vuelvo a estar perdida ¿me estás diciendo que quieres que Parkinson y mi 'mione acaben juntas? ¿Tú? ¿Una Slytherin? ¿Pero qué pasa con el mundo? ¡Locos todos!

—Y porque he omitido la parte más importante... sino no quiero saber cómo reaccionarías —sonrió por dentro al imaginarse la reacción dramática de Weasley si supiera que Pansy estaba destinada a ser mortífaga tan pronto—. El punto está en que yo no voy a convencerte en si deben de estar juntas o no, quiero que Pansy sea feliz y una vez ha perdido la memoria ha sido inevitable para ella fijar sus ojos en Granger, así que... sólo me queda apoyarla con todo lo que sé y soy capaz. Te he traído aquí por lo que te he comentado en un principio: no deseo que te alejes de Hermione y te enfades con ella porque no te haya dicho nada de sus sentimientos. Todos saben que no es un as en distinguir lo que siente y a quién quiere.

—No aceptaré la relación entre esa Serpiente y Hermione, que te quede claro —advirtió, posando sus manos encima de la mesa y poniéndose de pie—. No entiendo tu objetivo ni nada de ti, incluso estoy más sorprendida que aceptes una relación como la suya que todo lo que estás haciendo por tu amiga.

—Si yo estuviera en la misma situación que Pansy, mataría por tener un apoyo por minúsculo que fuera. Suficiente tendría con la sociedad y mi familia en mi contra que encima tuviera que soportar que mi mejor amiga me rechazara. Bastante hay que recorrer para que tu amor sea aceptado por los demás ¿o tú no harías lo mismo por tu Leona? Yo lo haría por mi Serpiente a pesar de que siempre dicen que las amistades de los Slytherins son sólo por beneficio propio.

La contestación dejó paralizada a Ginny, miles de pensamientos contradictorios hicieron mella en ella. Le dolió imaginar a una Hermione desolada por el rechazo social por el simple hecho de amar. Si es que llegaban a amarse, claro. ¿Pansy Parkinson y Hermione Granger? No pegaban ni a patadas.

—Señorita Weasley, al igual que ves venir una tormenta de verano por las nubes, puedes predecir otros eventos. Aun así, recalco: No debemos de intervenir, simplemente estar a su lado si deciden estar juntas. Nada más.

—¿Y qué quieres que haga yo en todo esto? ¿Para qué me lo cuentas si no quieres intervenir?

—¿Quieres la verdad? Nada, sólo te he avisado para que no te sorprendas y reacciones de una manera estúpida. Si quieres mi consejo, es el que yo misma me he dado: Deja que ocurra lo que deba de pasar y, si pasa, sé un fuerte apoyo.

—Por el nombre de Merlín, Greengrass, estamos hablando de una sangre limpia con una sangre sucia, es... quiero decir, es por el hecho de que tu sociedad no aceptaría a Hermione y no quiero que salga herida. Ni muerta.

—Lo sé, al igual que Pansy se sentiría rechazada cuando no confiéis en ella por la misma razón. Por eso deberíamos ser un apoyo y no otro obstáculo ¿qué opinas? Si el amor triunfa... ¿estarás junto a mí, luchando espalda con espalda contra los que quieran dañar a nuestras amigas? Dos apoyos mejor que uno. Cuatro personas son más eficaces que dos —tendió la mano, levantándose del asiento.

"Justo como en una negociación", pensó Ginny, "Pero algo trama, mi intuición Weasley está demasiado alterada".

Fijó sus hermosos iris en la mano de la Slytherin para acabar girando la cabeza y exhalar con fuerza, como si buscara la respuesta en el oxígeno. Acabó por mantener una discusión con la mirada de Daphne. La Slytherin sólo estaba por la labor de trasmitir confianza en sí misma y en lo que hacía, sin dejar ver más allá.

—Por 'mione —susurró Ginny, suspirando.

—Por Pans.

Apretaron con firmeza las manos y Ginny la retiró al instante, quejándose.

—¿Qué llevas ahí?! ¡Menudo calambre!

—Pues no llevo nada —miró su palma, sorprendida.

—Me has pasado una corriente. Cómo esto sea una trampa...

—Demasiado te he contado para que lo sea, ¿no crees?

—Bien podrías haberme mentido.

—Por supuesto, porque lo normal para mentir es confesar que a una Slytherin le gusta una sangre sucia —dejó escapar un débil suspiro de cansancio—. Quiero recalcar que esta unión sólo sirve si deciden estar juntas después de todo, así que es mejor continuar con nuestros ideales, opiniones y vida.

—¿Ginny? ¿dónde estás?

La pregunta se escuchó en la clase de al lado.

—Están abriendo puertas —afirmó Daphne.

—Es Cho, tranquila, le dije que me esperara en la puerta de la enfermería. Supongo que al no verme ha empezado a buscarme.

Al segundo, la puerta fue abierta y apareció una Ravenclaw. Sonrió al encontrarse con la Gryffindor y frunció el ceño al descubrir a su acompañante. Buscó a tientas su varita para cerciorarse de que se encontraba ahí y se adentró a pasos cautelosos.

—¿Ocurre algo? —preguntó Cho, analizando la escena por si era necesaria una intervención.

Ginny dio un par de pasos hacia adelante para llegar al pasillo principal de la clase y la Slytherin la siguió situándose cerca de ella. Notó que tanto ella como su, ahora, amiga por necesidad poseían un sentimiento de recelo ante la posibilidad de ser interrogadas y de tener que mantener el secreto de Pansy y Hermione.

Aquella sensación le resultó muy extraña. Si años atrás le hubieran afirmado que se uniría a una Slytherin, todavía estaría riendo. Por no hablar del origen de aquella unión.

—Oh, para nada, conversábamos sobre nimiedades de la actual escuela —contestó la rubia, agarrándose ambos codos como si cruzara los brazos.

—Nimiedades que, si es así, son fáciles de contar, si me lo permites.

—Por supuesto, justo cuando has entrado hablábamos de la gran puntería de Granger con la Bludger.

Cho imitó el gesto de la rubia de sujetarse los codos y ambas se acercaron mutuamente con precaución, examinándose con curiosidad y recelo.

—¿Y cómo es posible que una Slytherin esté hablando con una Gryffindor a escondidas en un aula sólo para hablar de nimiedades?

—Fácil, tengo dos opciones: una bastante descortés y otra más educada pero que seguramente te incitará a seguir preguntando más y más.

—¿Qué te parece si Ginny escoge la opción más apropiada?

—Eh, tranquilidad, señoritas yo-soy-muy-elegante, ¿tú me has visto pelear con ésta? —señaló con el pulgar a Daphne. Recibió una negación de Cho—. Perfecto, todo solucionado. Y ahora nos vamos las tres como si nada.

Tiró del brazo de la Ravenclaw pero ésta se mantuvo en el sitio fijando sus ojos en la Slytherin. Ginny se alejó con un chasquido de lengua.

—No sé qué pretendes, pero vigila tu espalda —murmuró Cho.

—No hace falta, mi propia espalda lleva una armadura difícil de destruir. Tiene la protección de cuatro Casas, por lo tanto es preferible que no intentes atacarme sin motivo —sonrió con inocencia y se situó a su lado para susurrar con un hilo de voz—. Y ser tan protectora con tus amigos no es uno, ¿mh?

Le guiñó juguetonamente y desapareció detrás de Ginny, quien ya había salido del aula.


¡Muuuuchísimas gracias por los reviews! Y espero que no se haya hecho muy largo al leer ^^ ¡Nos leemos el sábado!