Entonces se fue hacia la derecha y yo hacia la izquierda;
pero no nos acordamos de que el mundo era redondo
Cho, Ginny y Daphne apenas caminaron diez segundos cuando divisaron a lo lejos a Hermione cerrando la puerta de la enfermería y bloqueándola con el cuerpo. Las risotadas de la Leona llegaron a resonar por el pasillo junto con una amortiguada voz proveniente de dentro la sala.
—Déjame salir, gatita, no tiene gracia, ¡ya te he devuelto el maldito libro!
—No me has perdido perdón —demandó, con un tono falso de molestia—. ¡Exijo que lo hagas!
—Perdóneme usted, señorita, procuraré robar el libro cuando no os deis cuenta.
—Decidido, no te dejaré salir.
—Oh, vamos, ¿tú sabes lo mal que me está mirando la enfermera?
Hermione negó con la cabeza causando que los rizos ondearan ante el movimiento, y abrió la puerta un par de dedos para escudriñar el interior. Su ojo café se topó con el avellano de Pansy.
Cerró la puerta y se apartó justo cuando veía cómo la Slytherin cogía carrerilla para lanzarse sobre la puerta. La Serpiente se tropezó con sus pies por la velocidad, pidió disculpas a la enfermera y salió al pasillo con la cabeza alta.
Una vez la madera de la puerta bloqueó el campo visual de la señora Pomfrey, atacó inmediatamente a la Gryffindor.
—¡Para, para! —rió, protegiendo el libro en su pecho como si fuera su vida.
—Em, buenas tardes, chicas —saludó Daphne.
Hermione se deshizo del agarre para disimular, pero la sonrisa se le escapaba cada vez que daba una bocanada de aire. Acabó carraspeando ante la seriedad de Ginny y Cho, y notó una mano en la cintura.
—¿Os divertís? —preguntó Ginny, repasando de arriba a abajo a Parkinson.
Daphne le regaló una mirada de advertencia. Al fin y al cabo, Pansy acabaría atacando verbalmente a las personas que le cayeran mal.
—Mucho, la verdad, mi memoria no llega a alcanzar cuánto hace que no me reía tanto —respondió Pansy.
Hermione tuvo que bufar con el fin de disimular la sonrisa.
—Qué chiste más malo —Granger dirigió su mirada a la de la Slytherin.
Hermione alzó una ceja y Pansy imitó el gesto. Alzó la otra y la Serpiente le respondió comenzando a formar olas en un movimiento de cejas.
—Eso no lo sabes hacer tú, ¿eh? —dijo, cuando Hermione ocultó su cara tras la palma de la mano.
—Me gustaría saber qué me he perdido durante este breve lapso de tiempo —comentó Cho, mirando a las dos Gryffindors—. La normalidad ya no existe en esta historia, por lo que veo.
—Parkinson ha perdido la memoria por el golpe —contestó Weasley, bufando y apoyando su cara en el hombro de Cho—. Que Merlín se apiade de nuestra magia.
—Y la cabeza, por lo que estoy viendo, ¿dejarás de intentar acercarte a Hermione a ti misma sujetándola de la cintura? Has perdido la memoria, no la vista. Te está rechazando.
Hizo el ademán de sacar la varita cuando la suave mano de Ginny, todavía apoyada en ella, le bloqueó.
—Eso es porque vosotras estáis aquí, antes bien que se dejaba, ¿verdad?
—No, Pan- Parkinson —La aludida frunció el ceño—, siempre te he rechazado y ahora no va a ser diferente. Ves con Greengrass, aún tiene que mostrarte y enseñar muchas cosas de Hogwarts y tu familia.
—Pensaba que tú serías mi maestra... —susurró.
Dejó que su mano cayera a medida que Hermione se alejaba de ella y se situaba al lado de sus amigas.
—¿Yo? ¿E-en qué momento del día se te ha ocurrido esa locura?
—Desde que desperté y tú eras la única que me esperaba. Aparte de que también hace nada me has contado por encima sobre esta escuela y sus Casas, las clases...
—¿Estabas en la enfermería con ella durante todo este tiempo? —murmuró Cho, incrédula—. Nos dijiste mil y una sobre Parkinson y lo mal que te trató, ¿y estuviste desde que se cayó hasta que abrió los ojos, esperando?
"Y porque no sabes lo que pasó hace poco en la biblioteca..." se dijo Hermione, mordiéndose el labio para no decir nada.
—M-me sentía culpable ¿no hubieras hecho lo mismo si le hubieras partido la cabeza sin querer a Greengrass, por ejemplo?
—¿Precisamente ella? Ha decir verdad no hemos tenido un buen comienzo —bisbiseó, uniendo su mirada con la de la Slytherin, quien era más alta que la Ravenclaw—. La cuestión es el porqué nos mientes, Hermione, es más fácil que digas la verdad sobre el asunto.
—Aaah, claro, como que tú no me hubieras detenido.
—Por supuesto, es uno de mis deberes no dejarte meterte en problemas para que no seas expulsada.
—¿Deberes de qué? ¿como esposa? ¿y en qué problemas me hubiera metido siendo yo humilde? Quería saber cómo estaba...
—Estoy segura de que ya te has encontrado con un grupo de Slytherins que te ha intentado atacar cuando te han visto sentada en la enfermería. ¿Piensas que Umbridge no hubiera aprovechado ese altercado para expulsarte?
—Eso no...
—Y deberes como amiga que soy. Si fueras mi esposa hubieras tenido la sensatez de meditar sobre el tema.
—Si fuera tu esposa seguramente estaría encarcelada en mi Sala Común para que te sintieras más segura de que no intentaba hacer nada fuera de tus límites de responsabilidad.
—Claro que no, ¿piensas que Luna no está ahora mismo haciendo experimentos raros con plantas peligrosas en el Invernadero? —selló los labios al percatarse de dónde y con quién estaba, y sus ojos chocaron con los sorprendidos de Daphne—. No somos esposas.
—Está bien —contestó la rubia—, lo dejaremos en que sólo sois novias.
Ginny ocultó la sonrisa, aunque la Ravenclaw se dio cuenta de ello. Con una mano, la menor pidió perdón en silencio, todavía intentando no sonreír.
—Qué pillada —acabó soltando Weasley, uniendo las palabras con una risa entre dientes.
—No estoy-... no estoy saliendo con Luna, es más, no me gustan las mujeres.
Daphne alzó una ceja, sin creerse nada de la joven que en esos momentos la palidez de su cara se había teñido de rojo.
—Bastantes reacciones he presenciado para saber los intereses de alguien. No es necesario disimular, las cinco olemos las hormonas que desprendemos y estoy segura de que si ahora alguien pasa por aquí, se preguntará si de verdad ha habido
—¿Una orgía lésbica? —interrumpió Ginny.
—Si todavía estáis dentro del armario de las escobas —su mirada astuta fue directa a la Ravenclaw—, tranquilas. Hasta el Slytherin más cruel sabría que eso es asunto de cada uno, así que no diré nada sobre... —hizo una breve pausa tanteando en su mente si incordiar un poco o no— tú y la especial de Lovegood.
—Sé que lo has dicho para molestarme, pero voy a tomar tu palabra y no tu burla, Greengrass.
—Espera, espera, ¿te estás incluyendo? —inquirió Weasley, totalmente desconcertada de la expresión tan tranquila de Daphne, ¿quién se iba a imaginar que lo sería alguien tan soy-elegante-femenina-delicada-negociadora-rica-tradicional-y-viva-Slytherin?
Ni siquiera Parkinson lo había admitido con tanta rapidez.
—Las cualidades en las que me fijo y tengo en cuenta no entienden de un género en específico, precisamente.
—Ah, vale, para qué hablar de amor si se puede hablar de cualidades —ironizó la pelirroja.
—Bueno, nunca me he enamorado así que tu frase podría ser útil.
—Ah, genial, ¿y también crees que el amor es una negociación?
Daphne sonrió, divertida.
—Parece ser que te ha dolido que sea tan buena en las negociaciones.
—No es eso.
—¿Ah, no? Entonces tu mente sigue siendo un misterio para mí.
—¿Sigue siendo? ¿Me has estado acosando?
—Toda información es poca cuando debes de proteger a alguien en algún momento —sus ojos se movieron a Pansy.
—A esto me refería, dices que las relaciones para ti no son negocios y no hay que decir nada para comprobar que así es. Te acercas a alguien para, sea manteniendo una amistad con él o no, conseguir un beneficio o un trato.
—Malinterpretas mis acciones. Yo me acerco o la gente se acerca a mí sin buscar nada a cambio (aunque depende de la situación, por supuesto) y les trato bien, pero si necesito de ellos algún favor, contactos o cualquier cosa, evidentemente tengo que verlo de otra manera. Eso sí, con el consentimiento de la persona.
—Boh, no te creo nada —con un dedo hizo un movimiento cercano a su cabeza indicando, para sí misma, de que su intuición seguía desconfiando de ella sin saber muy bien por qué.
—No es necesario, he vivido y actuado este tiempo sin que me creas, podré seguir con ello.
—Acaba de venirme una imagen —intervino Pansy, apoyando sus codos en la barandilla como si estuviera en un bar—. De ti hablando con alguien y diciéndole "en unos días lo tendrás", ¿llevas negocios aquí en Hoduar?
Daphne, un tanto desorientada de que Ginny no acabara de confiar -puesto que nadie en su vida había desvalorizado sus palabras y confianza- , dejó de observar los reflejos de la larga melena pelirroja para prestar atención a su amiga. Con una expresión de piedra, balbuceó sutilmente al pensar en si decir la verdad o no.
—Hogwarts. Y sí. He expandido el negocio de mi madre en la escuela importando objetos de interés para los jóvenes.
—¿No serán negocios turbios? —inquirió Cho.
—No te sabría decir —sonrió como si detrás de ella estuviera una enorme tienda—. Mi negocio sólo abarca a un reducido círculo con ciertos privilegios.
—Vamos, que nos llamas basura —contestó Ginny.
—No, simplemente es reducido porque no quiero tener que cerrar por algún bocazas. Y espero que siga siendo secreto.
—No me mires a mí, no estoy interesada en perder el tiempo en fastidiarte —Cho rodó los ojos e hizo un ademán con la cabeza para avisar de que quería irse.
—Espero que este sentimiento perdure.
—Y lo hará —Ginny dio un paso para cruzarse de brazos—. Antes de irnos, quiero dejar claro que 'mione no debe de encontrarse con problemas para no ser expulsada, por lo tanto, y creo que todas estamos de acuerdo excepto Parkinson, debe de alejarse de los Slytherins y eso incluye a los que tienen memoria como a los que no —vio a Daphne fruncir el ceño pero al instante ésta comprendió que la situación de Granger era difícil en aquellos momentos y una intervención de tal calibre era necesaria—. La precaución lo es todo, Umbridge no será benevolente con los infractores de normas y aún menos con Hermione. Y después de haber dicho esto... también aclararé que estamos aliadas pero con cierto margen: nada de fastidiarnos, nada de delatar, nada nocivo para ninguna de nosotras, pero no debe de haber contacto directo. Si Parkinson la fastidia con los sangre pura, te deben de creer, y si os ven hablando con nosotras no funcionará —Ginny observó todos los rostros pasando del neutral de Daphne hasta el entristecido de Pansy. Su atención paró en el de Hermione— ¿Ha quedado todo claro, 'mione?
Cho asintió ante el discurso de Weasley y continuó con su andar hasta las escaleras para ir a buscar al resto del grupo. Ginny la siguió. Daphne dirigió sus pasos a la enfermería para conversar con la señora Pomfrey pero Pansy mantuvo la posición, demandando unas palabras por parte de Hermione.
Ellas dos pasaron segundos hablando a través de sus pupilas y nada bueno parecía esperarle a la Slytherin.
—Nos veremos aun así, ¿verdad? —suplicó en un susurro, justo cuando sólo podía observar la melena de la Gryffindor alejándose.
Las palabras no pudieron ser captadas por el oído de Hermione ni tampoco el quejido de la Slytherin al notar cómo los grupos se alejaban y, por consecuencia, Pansy sentía que cada vez se acercaba más a los problemas que quería evitar cuando poseía memoria. Con esfuerzo, abrió sus labios:
—No es justo —reprochó sin alzar demasiado la voz, más para ella que para las demás— que todas sepáis de lo que huyo y me alejéis de lo que quiero tener a mi lado. No es justo... que desee cambiar y, a pesar de decirme que me entendéis, seáis vosotras quien me pongáis obstáculos para hacer lo que quiera.
Hermione se giró confundida y vio que Daphne también prestaba atención a la Slytherin que estaba mirando al suelo y hablando.
—No es justo que todavía tenga que obedecer a alguien porque esto es menos problemático y aquello me ayudará en un futuro —alzó la mirada. Una mirada que sorprendió a las dos jóvenes por la seguridad que emanaba, seguridad tan habitual en la antigua Parkinson— ¿Por qué no puedo decidir nada?! ¡y encima sobre mi propia vida! No, no quiero esto... y lo voy a cambiar de alguna forma —frunció el ceño, titubeando un poco al pensar en cómo seguir—. Tal vez no cambie yo misma, ni mi alrededor, pero cambiaré la forma en la que decida hacer una cosa u otra. Y me dará absolutamente igual quién esté en mi contra y quién no porque yo misma soy más que suficiente para dirigir mi camino. Así que espero que hayáis escuchado: Pansy Parkinson no seguirá las normas de nadie, ni aliados ni enemigos, únicamente su propio plan ¿ha quedado todo claro, pelirroja?
A pesar de que su mirada penetrante cayó en la asombrada de Ginny, no tuvo el valor de mirar a Hermione. Dio una bocanada, dejó a las jóvenes observarle la espalda y bajó las escaleras peldaño a peldaño. Una vez más, la sensación de soledad recorrió su cuerpo a pesar de no recordar nada.
"¿Y ahora?", pensó. Sacudió la cabeza, decidida "Ahora a encontrar mi camino".
A mitad de las primeras escaleras de la torre por la que bajaba, quedándose un tanto confundida al ver cómo la siguiente escalera se movía del sitio, tuvo que frenar un momento.
¿Y si no tenía ningún camino y por eso su antiguo yo seguía el de otras personas? ¿Y si no existía ningún camino para Pansy Parkinson?
Aquello provocó tal escalofrío que necesitó recordarse urgentemente a sí misma que, después de todo, tampoco no se acordaba de quién era aquella Pansy Parkinson.
Pero sí de Hermione Granger, maldita sea.
-0-
Sabía que empezaba una guerra. Le dolió no conocer cómo controlar aquella situación: no tenía medios para comenzar a dar unos simples pasos por el enorme castillo ("Volver a tener memoria me iría genial", pensó), ni cómo funcionaba en general aquel mundo ni las relaciones que, supuestamente, tenía antes del accidente. Por lo menos era una alivio que la guerra la disputara contra sí misma y no contra... ¿contra quién o qué? Un escalofrío hizo acto de presencia al intentar recordar. Lo dejó pasar por su propio bien.
Continuó bajando peldaños, admirando el amplio lugar y fascinada por los pequeños detalles. Sonrió cuando un pequeño alumno chocó contra ella y procuró ayudarle para que no cayera escaleras abajo. Inmediatamente recibió una expresión de pánico.
—L-lo siento muchísimo, no q-quería... ¡por favor, no me hagas nada!
—¿Yo? Tal vez si supiera utilizar la varita te arreglaría ése estropicio de pelo, ¿eres hermano de la pelirroja? Ugh, perdona, no quería hablar así de tus rizos.
—...¿Qué? Soy... Wow, vaya, ¡menudo moratón! Ah, lo siento, yo... jo, no entiendo mucho lo que pasó en el partido... ¿la señora Pomfrey te dejó que te fueras de la enfermería?
—Sinceramente, me escapé. Sí, sí, no me mires mal, la comida es más importante que obedecer a esa mujer. Es broma, no pongas esa cara —sonrió— ¿Te encuentras bien?
—Yo sí pero tú... eres muy diferente pero a la vez... no sé, es muy raro todo.
—Quizás es porque he perdido la memoria.
—¡¿En serio?! Wow, ¿cómo es? ¿es como si todo fuera nuevo? ¿te acuerdas de cómo se come y se va al baño y esas cosas?
—La verdad es que no me acuerdo de muchas cosas pero las básicas sí, si no fuera así no estaría andando.
—Aah, claro, claro, ¿te han dicho cuándo la recuperarás?
—No... hay la posibilidad de que nunca lo haga, o quizás mañana después de dormir ya me acuerde de todo. Quién sabe.
—Pues vaya...
—Sí, aunque te diré que prefiero estar así y olvidarme de mis problemas. Un descanso nunca viene mal.
—Ojalá me pasara lo mismo...
—¿Tan joven y ya con problemas? ¿Qué edad tienes? ¿Once, doce?
—Doce, pero mi hermana es quien los tiene de verdad y bueno... soy su ratón de laboratorio para desahogarse —se encogió de hombros.
—Deberías de llevarme ante tu hermana para darle un par de clases de cómo tratar a la familia.
—No creo que sea lo mejor... ella es muy buena, ¿sabes? Siempre está ahí cuando la necesitas ¡y tiene mucha comida! Gracias a ella puedo mantener mi barriga llena de dulces.
—Supongo que la perdonaré, entonces.
El muchacho revolvió su mata de pelo rizado, avergonzado.
—... Gracias.
—¿Gracias por no hablar con tu hermana?
—Por... ofrecerme tu ayuda. Siempre he pensado que eras una chica muy mala pero veo que... todo es cuestión de puntos de vista.
—Tengo entendido que no era muy querida, pero bueno, recibes lo que das.
—¿Puedo preguntarte algo? Aunque no sé si te acordarás —vigiló a su alrededor por si alguien los escuchaba sin querer, y dejó que un Gryffindor de primero siguiera subiendo las escaleras en la que estaban antes de continuar hablando—. ¿Debo de seguir manteniendo nuestro secreto?
—¿Qué secreto? ¿Tú y yo nos conocíamos?
—El secreto de que no debo de decirle a nadie que en realidad yo no encontré los materiales de pociones en el baño de Myrtle.
—¿Cómo? ¿qué? —estuvo unos segundos repitiendo la frase en su mente. Acabó negando con la cabeza—. No recuerdo nada de lo que me has dicho, siento no ayudarte...
—Oh... —hizo un puchero, desolado—. Es que... verás, en teoría ya han castigado a Ginny Weasley y a Draco Malfoy pero resulta que todavía están buscando a un tercer culpable y a mí no me dejan en paz.
—¿Quién no te deja en paz?
—Los profesores y mi hermana, creen que yo estoy escondiendo una clave crucial para resolver totalmente el caso y la verdad es que tienen razón. Y... cada vez me presionan más y más, y al final acabaré confesando.
—No entiendo qué es lo que te pasa, aun así me gustaría ayudarte, a ver, ¿qué sabes sobre ese "caso"?
—Pues que un día tú viniste a mí amenazándome de que yo tenía que decir no se qué y no sé cuantos para que no descubrieran a los culpables de crear unas pociones de amor.
—Ah, pociones, ¿están prohibidas aquí? Pensaba que había una clase y todo, o eso tenía entendido.
—Las de amor están prohibidas —al discernir la confusión en el rostro de la Serpiente, siguió explicando—. Es una poción que si se la das a alguien, éste se enamora de ti temporalmente.
—Aaah, vale. Mmh... todavía no me ha quedado claro quién son los culpables.
—Bueeeno, supongo que tú.
—Genial, yo rompiendo normas, qué novedad —ironizó—Espera, ¿por qué has hablado en plural?
—Porque por muy mala que seas, en el fondo te daba igual que te capturaran o, al menos, hubieras caído junto con Malfoy y Ginny Weasley. Es lo que parecía cuando hablaba contigo, estabas más preocupada de que yo no descubriera otra información o a tu cómplice, si tenías, pero de ellos dos sí que me hablabas.
—Ahm, entiendo... más o menos, ¿me estás diciendo que protegía a alguien que no era yo misma?
—¿Puede? No lo sé, nunca me has contado nada por si acababa confesando.
—Mejor que lo dejemos así, pues. En mi estado actual no puedo aconsejarte ni protegerte, más bien eres tú quién debería de darme un par de consejos.
—Cierto —su risa parecía el sonido de un gorrino—. Te aconsejo que no te acerques a ningún profesor, están muy al tanto de todo.
—Está bien, te haré caso.
Removió los rizos del muchacho y sonrió para sí misma al percibir cómo él, contento, se dejaba.
—¿Irás a cenar ya? —preguntó el Hufflepuff, antes de que Pansy desapareciera escaleras abajo.
—Quizás, no sé dónde ir.
—Podrías pasar por tu dormitorio y curiosear en tus cosas, puede que recuerdes algo... Los dormitorios de Slytherin están en las mazmorras, pasando por una puerta al lado de las escaleras del Vestíbulo, donde también hay un comedor muy grande. Si ves el Gran Comedor, podrás identificar lo que te he dicho.
Pansy estuvo varios segundos repitiendo la frase en su interior para poder acordarse después.
—Genial, me apunto la idea, nos vemos.
—¡Adiós!
—¡Eh! ¡Oye, espera! —con un movimiento circular, Pansy giró sobre sus tacones para ver cómo el pequeño le obedecía y giraba la cabeza—. No me has dicho tu nombre.
—No sé si sería buena idea reconocerme si no quieres que sepan que fuiste tú quien creó la poción de amor... —se rascó la nariz pecosa—, pero si tienes que venirme a buscar pregunta por el hermano de Susan Bones, los dos somos de Hufflepuff.
—Ah, Huffle... —sabía que ese nombre se lo había dicho Hermione.
Supuso que su cara de circumstancias era demasiado evidente, tan evidente que provocó la genuina risa del menor.
—Los que llevan las corbatas amarillas y negras.
—Oh, sí, claro, las azules son de Ravincleis y... mhh...
—Déjalo —rió, muy alegre de ver aquella nueva faceta inocente en la Slytherin—. Pronto irás reconociendo todo. No te preocupes.
Pansy se relajó, devolviéndole la sonrisa, y ambos continuaron por su camino.
-0-
El vestíbulo le impresionó bastante sin saber exactamente el porqué. Dio varios pasos, moviendo sus ojos de un lado a otro observando las armaduras, las gastadas piedras y los portones que llevaban vete a saber dónde. Pudo distinguir a varios grupos amontonándose enfrente de un gran portón de madera abierto de par en par por donde asomó la cabeza disimuladamente y vio cuatro mesas largas y a poca gente cenando en ellas.
Se alejó en cuanto supo que aquello era como un enorme comedor e inspeccionó la salida a unos jardines bañados en una escala de colores cálidos por el atardecer. Su atención quedó estancada en una estatua cercana a las afueras y se acurrucó entre ésta y la pared.
Esbozó una sonrisa nostálgica. Se sentía muy bien ahí admirando la naturaleza sin ninguna pared que tapara el horizonte y, a la vez, protegida del frío y de las miradas.
"¿Habéis oído sobre Pansy?", escuchó.
Movió la cabeza hacia atrás y, escondiéndose todo lo que pudo con la ayuda de la estatua, buscó al causante de la voz. Descubrió a unas siete u ocho personas alrededor de una puerta cerca de las escaleras. ¿Era esa la puerta que le había dicho el pequeño pelirrojo?
—¿Está bien? ¿Sabéis algo de ella?
—Yo oí que la Bludger destrozó su mandíbula y no puede hablar.
—¿Eh? Creía que se había quedado sorda.
—¡Maldita sangre sucia! Debemos de devolverle el golpe de alguna forma.
—McGonagall habló con Umbridge y resulta que sólo la amonestarán en su expediente y la expulsarán del equipo, como mucho.
—¿Qué?! ¿Ni la expulsarán de Hogwarts?
—Parece ser que no es suficiente grave...
—Tengo entendido que la sabelotodo ha estado cruzando los límites de las normas varias veces y que sólo le queda una infracción para completar el expediente.
—Oooh —coreó el grupo al unísono, mirándose con complicidad.
—¿Sabéis lo que significa?
—Que podremos vengar a Pansy y expulsar a esa insoportable.
—¿Y qué plan tenéis?
Estuvieron pensando en silencio varios minutos hasta que salieron de la puerta Draco junto con Crabbe, Goyle y Millicent. Pansy frunció el ceño, no sabía con seguridad de quién hablaban pero el nombre "Bludger" y "sangre sucia" le indicaban que Hermione tenía algo que ver. Decidió esperar en el sitio, nada orgullosa de su Casa.
—¿Por qué taponáis la salida? Haced un hueco —ordenó Draco.
—¿Se encuentra bien Pansy?
—Ha perdido la memoria, ahora es una maldita petarda —contestó Millicent, saludando con la cabeza a un par de jóvenes del grupo.
—¿En serio?
—Sí, y encima la muy imbécil ni se acuerda de que es sangre pura y, adivinad qué —dejó que los chicos de su grupo se apoyaran en las paredes y esperó a captar toda la atención del grupo—. Ha defendido a Granger mientras estábamos en la enfermería.
Un revuelo de incredulidad cubrió por completo a los alumnos.
—Es normal que lo haya hecho, Milli —los ojos cargados de extrañeza se posaron en Draco—. Le seguiste insultando incluso sabiendo que no te conocía.
—Se lo merecía, me llamó gorda.
—"Gorda que respira como si el aire fuera de chocolate" —recitó el rubio.
Una sucesión de risas mal disimuladas de los presentes invadió la conversación.
—Al menos sólo ha perdido la memoria y no la esencia —contestó Cassius Warrington, jugador del equipo.
—Por eso mismo, debíamos de alejarla de la sangre sucia y atraerla a nosotros pero lo único que hizo Millicent fue insultarla. Muy inteligente por tu parte —atacó Malfoy.
—Joder, no es mi culpa que sea ella una idiota. El punto está en que defendió a una asquerosa sangre sucia.
—El punto está en que ha perdido la memoria y tú la insultaste—repitió Crabbe, ganándose el asentimiento de Goyle.
Los demás también asintieron, defendiendo la actitud de Parkinson.
—Que os den, si preferís discutir conmigo y perder el tiempo, adelante, panda de inútiles.
—Estábamos hablando —continuó Graham, Capitán del equipo de quidditch— de que podríamos vengar a Pansy y aprovechar que a la come-libros le queda una infracción para ser expulsada de Hogwarts.
—¿Es eso cierto? —inquirió Milli, sorprendida.
Draco imitó su reacción al descubrir que Granger tenía más infracciones que él. ¿En qué momento la más responsable de su curso había llegado a ser tan irresponsable? Potter no se lo había comentado ni siquiera por encima.
—Así es. No se nos ocurría un plan para fastidiarla pero quizás vosotros...
—¿Qué os parece si nos unimos a Umbridge? —soltó Millicent, recordando una conversación con Daphne días atrás.
—¿Unirnos? ¿A qué te refieres?
—Veréis, ella es la Suma Inquisidora de Hogwarts y es un secreto a voces que odia a los sangre sucia y que el Ministerio quiere controlar la escuela, podríamos unirnos a ella como sus ayudantes y así aprovechar para expulsar a la come-libros ¿qué os parece?
—Una muy buena idea, aunque nunca creí que llegaría a decirlo.
—Primero deberíamos de hablar con ella, ¿no?
—Creo que es mejor calcular cómo lo haríamos para así poder convencerla con mayor facilidad.
—Vale, listilla, comienza —retó una joven.
—Podríamos unirnos unos cuantos y crear un grupo. Ella más que nadie sabe que dirigir Hogwarts y mantener el control es complicado si no tiene aliados dentro... si le comentamos que nuestro grupo actuaría como prefectos pero con más poder y a su favor, obligando y vigilando a los demás para que acaten sus normas, será fácil conseguir nuestro objetivo.
—Y que los integrantes sólo sean de Slytherin. Esto le ayudará a decidir porque seremos todos sangre pura y la mayoría de nuestros familiares trabajan en el Ministerio de Magia.
—Además, ella fue una Slytherin, es todo perfecto.
—Somos la hostia creando planes, Granger acabará por los suelos y ahogada en sus propias lágrimas.
—Uuh, qué lástima, creo que lloraré.
Pansy dejó que su espalda se apoyara en la pared ante la fuerza de las risas de los Slytherins.
Ahora sí que estaba segura de que el plan iba en contra de Hermione y no tenía ni idea de qué hacer. ¿La ayudaría? La almendrada mirada apareció en su mente como si de una respuesta se tratara.
Se encogió sujetándose las rodillas y suspiró derrotada ¡Se supone que debería de hacer lo que quisiera y formar su propio camino alejándose de esos imbéciles! Pero no, se encontraba dudando cuál camino tomar ¿era esta la clase de guerra que esperaba en un principio? Sí... sabía que tarde o temprano, debería de decidir qué hacer sobre algo, pero ¿quién iba a decirle que en apenas un día ya tenía que escoger entre hacer lo que le diera la gana o proteger a una desconocida?
Golpeó la frente contra la rodilla repetidas veces. Por supuesto que no era una desconocida si pensaba en que la conocía en un pasado, aunque, la verdad, no sabía quién demonios era en el presente...
Sonrió tontamente.
A pesar de no saberlo, su mirada se enternecía pensando en ella ¿cómo era posible que sintiera estos sentimientos sin razón? ¿Qué pasó en realidad cuando todavía poseía memoria? ¿quizás Hermione le guardaba algún secreto sobre ellas? Qué poco probable... Sólo tenía una idea segura "Quiero volverla a ver sin que me lo echen en cara", susurró ojeando el exterior "Y protegerla".
Frunció el ceño al recordar la escena de Hermione siguiendo los pasos de la asiática y aquella pelirroja. Le molestaba el hecho de que se autoexigiera dudar en qué decisión tomar cuando Hermione huyó al reconocer que no podía encontrarse con problemas. ¡Ja! Pues resultaba que ellos irían a su encuentro...
"¿Qué quieres, Pansy?" se preguntó, rascando con la uña la estatua "Quiero volver a verla... Evitar que tenga problemas por mi culpa porque esos idiotas quieren vengarse, tener más información sobre ella y que no fuera sospechoso..."
¿Y si...? ¿Sería capaz de olvidar sus propios sueños de ir por un camino alejados de todos, por aquellos ojos de color miel? ¿Una doble vida?
—¿Todos de acuerdo de que el grupo se llamará Brigada Inquisitorial? Perfecto—recalcó Milli.
—A por Granger, chavales, ahora no hay marcha atrás, tenemos todo lo posible para lograrlo.
—Perfecto. Crabbe, Goyle, Millicent, Graham, Cassius y yo nos encargaremos de la Brigada. Los demás seréis nuestros oídos y ojos para llevar a cabo nuestro principal objetivo. Y ahora a cenar —Draco dio una palmada, dando por acabada la reunión improvisada.
—Ey, ¿queda otro hueco en esa Brigada? Escuché que era para fastidiar y me llamó la atención.
—¡Pansy! ¡Estás viva!
—Con efectos secundarios, pero sí. Entonces —carraspeó, acercándose al grupo—... ¿soy bienvenida en mi Casa? Me gustaría sentirme de nuevo sangre pura y dejar de lado la mierda que hay por aquí.
Los presentes la acercaron al grupo dándole la enhorabuena.
—¿De verdad quieres entrar en la Brigada, Pansy? —inquirió Draco, alegre.
—Sería genial, un buen método para recordar por qué los Slytherins dominamos Hogwarts.
—¡Perfecto! Apunta en la lista su nombre, Milli.
—¿Cómo decías que te llamabas? —se mofó Millicent, aplastando un papel contra la pared para escribir.
—Soy Pansy Parkinson y como se te ocurra volverte a burlar de mi nombre o de mi propia existencia juro que colgaré tu cabeza en la Sala Común y la utilizaré como lámpara de techo, ¿he sido clara?
Sí, ha sido más corto que otros, pero prometo que el siguiente será más largo, bastaaante más :3
¡Muuuchas gracias por los ánimos y los reviews, así da gusto escribir! :D
