Lobos con piel de cordero

No tenía ni idea de que su entrada al Gran Comedor fuera a llegar a ser tan triunfal. Atravesó el portón delante del grupo de Slytherins como si fuera la líder y las miradas de los cientos de alumnos se posaron en ella. Alzó el mentón en defensa propia, doliéndole el gesto por culpa del moratón, y continuó con pasos decididos ¿Pero... adónde debía de sentarse?

En cuestión de un segundo se percató de que las personas con las mismas corbatas se sentaban juntas, eso quería decir que necesitaba buscar corbatas verdes... Encontró a Daphne en una mesa e inmediatamente se dirigió hacia ella. De tan distraída que estaba por admirar el amplio lugar y aliviada de saber dónde dirigir el grupo, no pudo esquivar a un menor que se cruzó en su camino y que cayó al suelo por el choque. De reojo, descubrió a los Slytherins que dirigía examinándola.

Vaya... empezaba a sentir la presión de fingir y ser alguien que no era ¿y si era ésto de lo que huía antes? ¿De verdad había sido ahora tan gilipollas de caer en la misma trampa por... por proteger a alguien que ni siquiera le tenía en cuenta? Por lo menos ésta vez tenía un buen motivo y sólo era ella la que sufría las consecuencias, por el momento.

Dejó de lado al pequeño sin apenas mirarlo y, con alivio, notó que los demás la seguían a paso ligero. En cuánto llegó, dejó caer el cuerpo en el banco.

—¿Qué tal te ha sentado la primera entrada en el Gran Comedor? —inquirió Daphne, comiendo tranquilamente.

—Estupendamente, siento que cada vez voy siendo más yo misma a pesar de haber perdido la memoria —contestó, evitando las orgullosas miradas de sus compañeros de Casa.

Daphne bufó con disimulo. Ambas sabían la verdadera respuesta.

—¿Sabrás llegar a la Sala Común cuando acabes? —preguntó una alumna rubia de tercero.

Pansy distinguió la burla en sus palabras y el odio en los ojos.

—Espero no seguirte a ti porque me guiarías directamente a la mierda de tantas veces que te habrán enviado.

Los compañeros de su alrededor se carcajearon, dejando a la rubia enfurecida.

—Eso es un no, claramente.

—Está en las mazmorras y la puerta de ésta se encuentra cerca de las escaleras del vestíbulo, ¿puedo ahora comer tranquila o debo de esperar a que patalees como el bebé que eres?

Recibió risas por los comentarios y un par de elogios cuando logró callar a la joven en cuestión de segundos. Comenzaba a gustarle contestar de esa manera, se sentía más... ¿Parkinson? Bueno, tal vez no atacaría con tanta ferocidad pero el sarcasmo le divertía bastante.

—¿Hay aquí normas sobre cuándo irse a dormir? —le preguntó a su amiga mientras llenaba un vaso de... ¿de qué era eso?

—Sí, no podemos pasear en horas nocturnas, sin embargo, los prefectos sí. Cuando tienen turno, claro. Ellos patrullan para evitar que los demás alumnos se salten las normas y tienen ciertos privilegios.

—Ah, vaya, me gustaría ser prefecto —contestó, pinchando con el tenedor un trozo de carne.

—Lo eres, pero dudo que Snape acepte que patrulles en tu actual estado.

—¿Quién es Snape?

—Nuestro Jefe de Casa, también profesor de Pociones.

—Aah-

Calló al chocar su mirada con unos ojos pardos.

Parpadeó varias veces desconcertada y dibujó una torpe sonrisa de lado por la sorpresa, haciendo que Hermione rodara los ojos, divertida, y continuara hablando con Ginny.

¿Qué fue eso? ¿No se suponía que ella había escogido alejarse?

-0-

Cuando Pansy terminó de cenar más temprano de lo usual, se fue en busca de la Sala Común sin esperar a nadie. De esta forma, pensó, evitaría que otras personas pudieran comprobar que había dicho la ubicación de las mazmorras gracias a que se lo habían comentado. Tampoco ella estaba segura de dónde se encontraba exactamente su dormitorio.

En el vestíbulo abrió la puerta que había supuesto que llevaba a su destino y escudriñó desde ahí los pasillos que llevaban a las mazmorras, no muy convencida.

—¿No sabes qué camino elegir?

Hermione subió un peldaño de las escaleras que llevaban a los pisos superiores, manteniendo sus pupilas en la Slytherin que tenía la mano en el pomo y una expresión de embobamiento. La Gryffindor subió dos peldaños más, y apoyó sus brazos en la baranda de las escaleras para reposar su mejilla en ellos. En esa posición, con las piernas cruzadas y sonriendo con travesura parecía de verdad un gato.

La Slytherin carraspeó suavemente para volver a la realidad.

—¿La frase va con segundas intenciones, gatita?

—No era mi intención que lo interpretaras así.

—Tendrás que ir con más cuidado, puedes crear confusiones.

—Debería decirte lo mismo, Parkinson.

—Oh, ¿Parkinson? Creí que me llamabas Pansy.

—Ah, no, te equivocas, ahora tienes más de Parkinson que de Pansy, por lo tanto... es justo que acabe nombrándote de esta forma.

—Si así fuera, dudo que te llamara gatita.

—Quizás si me explicas qué diantres fue esa entrada tan "épica" por tu parte, seguida de Slytherins y bien orgullosa de ello...

—Soy una buena actriz.

—Supongo que lo llevarás en la sangre —se encogió de hombros, ladeando la sonrisa.

—Uuy, estás tanteando una zona peligrosa.

—Me río ante la cara del peligro, ja, ja, ja.

La Slytherin alzó una ceja y, a pasos lentos y elegantes, se plantó justo enfrente del rostro de Hermione. Ésta ni siquiera movió un dedo.

—Me encanta que estés en modo traviesa y juguetona. Parece ser que la comida es tu medicamento contra el estrés.

—No estropees el momento con tus comentarios.

—Únicamente dije lo que es cierto.

—Pansy Parkinson nunca dice la verdad, siempre oculta información para maquillar la mentira.

—Pansy Parkinson sería capaz de hacer cosas inexplicables si le dieran la oportunidad.

—Empieza.

Sin movimientos bruscos, acarició con la yema de sus dedos el flequillo de la Leona y lo apartó como pudo junto con bucles que colocó tras la oreja. No cabía de gozo al ver que ella cerraba los párpados ante el contacto y aprovechó que estaba tan cerca para lamer con la mirada cada rasgo de aquella joven. "¿Quién eras para mí...?" se preguntó por dentro al mismo tiempo que le repasaba la nariz y mejilla.

—No puedo comenzar porque no quiero estropear el momento con mis comentarios —susurró, temiendo que así fuera.

Hermione rió entre dientes y se desperezó manteniendo los brazos descansando en la barandilla.

—Si te diera la oportunidad de decirme un comentario, ¿crees que sería para mí el fin del mundo?

—Si tu mundo se acabara, te doy permiso para ocupar el mío... Pero con la condición de que tú te convirtieras en él.

—Qué romántica estás hoy —se mofó, rodando los ojos.

Aquella chica no era Pansy Parkinson por mucho que quisiera, lo único que tenían ellas dos en común era el físico.

Volvió a dejarse acariciar la mejilla.

Mantuvieron la mirada por varios minutos hasta que escucharon a una pareja de Ravenclaws salir del Gran Comedor. Hermione se alejó disimuladamente, ocasionando el siseo de Pansy.

—¿Qué haces aquí, por cierto? Creía que no volveríamos a hablar por lo que dijo tu amiga —preguntó, siguiendo a los Ravenclaws para cerciorarse de que desaparecían del vestíbulo.

—He roto bastantes normas por tus desafíos y he mentido a mis amigas para cuidarte en la enfermería, ¿crees que, después de todo lo que ha pasado, llegaría a alejarme tanto? Eso sí, todavía guardo rencor por lo que hiciste siendo Parkinson.

—¿Qué te hice?

—Lo pasado, pasado está, ya no importa comentártelo porque no servirá de nada.

—Entonces no tiene sentido que guardes rencor...

—No fuiste sincera conmigo, simplemente. Y, con tu yo actual, estoy mucho más segura de que tenía razón.

—Dime la verdad, ¿tú y yo teníamos "algo"?

—No...

—Me hace gracia que al tocar este tema, siempre te quedes pensativa después de contestar. ¿Sabes si yo guardaba sentimientos hacia a ti?

—Es lo que me temo y por lo que te comento que no fuiste sincera, pero lo veo normal. Muchos obstáculos sociales, de prejuicios, orgullo y un largo etcétera entre nosotras.

—Pues yo no puedo ver ninguno.

—Ahora que has perdido la memoria. Créeme que si la recuperaras... huirías muy rápido, como hiciste tiempo atrás.

—Permíteme dudarlo.

—Permiso tienes, otra historia es que tengas razón.

—Aah, Hermione Granger siempre tiene la razón.

—Veo que vas recordando —sonrió.

—Entonces... ¿tú estabas al tanto de que quizás te quería?

—Tampoco. Llegué a sospechar ligeramente antes de que perdieras la memoria pero no tenía nada seguro p-porque era muy difícil que fuera cierto y además pensaba que te reías de mí. Y sigo igual, después de todo tú no recuerdas nada y no tienes la mentalidad de Parkinson para asegurarlo.

—Qué misteriosa era —ironizó, bufando de tal manera que removió su flequillo.

—Razón no te falta. Tus sentimientos y secretos los guardabas con candado y llave, eras similar a mí aunque yo confío mucho más en mis mejores amigos.

—No hablemos de mí, no, espera, debo de decirte una cosa —su expresión se ensombreció al instante mientras repasaba el vestíbulo en busca de posibles oídos.

—¿Qué ocurre? Me estás asustando...

—Van a por ti, quieren expulsarte como venganza y diversión uniéndose a una tal Umbridge. Su plan es crear un grupo llamado Brigada Inquisitorial para obtener suficiente poder y capturarte de alguna forma u otra.

—¿Quién? ¿Quién se atreve a amenazarme con expulsarme?!

—Los ¿Slytherins?, ellos buscarán cada oportunidad que les brindes para apuntar la última infracción que te falta para ser expulsada. Y yo estoy en el grupo.

—¡Malditas lagartijas! ¡¿Cómo pueden llegar a ser tan retorcidos y asquerosos como para fastidiar el futuro de alguien por el simple hecho de divertirse?! ¿Te das cuenta a qué clase de personas le rendías fidelidad?! ¡Y aun así todavía les sigues los pasos!

—No grites, joder, que estás en un vestíbulo con eco.

—¡Me da igual, pienso gritar hasta qu-mmpfh!

Pansy le tapó la boca con la mano para evitar que los gritos llegaran al Gran Comedor. ¡Qué genial trabajo de doble espía si la atrapaban hablando con el enemigo cuando ni siquiera el plan estaba todavía en proceso!

Le tiró de la muñeca hasta que Hermione bajó de las escaleras y la subió en brazos para llevarla a los jardines a pesar de que ésta estuviera pataleando. Cuando cruzaron el portón que llevaba a los jardines, siguió andando un par de metros más siguiendo el muro.

Evidentemente, las afueras estaban completamente a oscuras. Únicamente se podían observar en la oscuridad, a muchos metros de distancia, las diminutas luces que iluminaban los Invernaderos para alimentar las plantas mágicas, y el cielo estrellado. Encima de las columnas que creaban el portón se encontraban las antorchas que daban al lugar una luminosidad dorada y tenue, aun así, no era suficiente para alumbrar el resto de la entrada, y menos aún para alumbrar las dos alumnas que habían caminado -o, más bien, que Pansy había arrastrado- hasta un par de metros más lejos de la luz.

Se podía distinguir tenuemente las figuras por la escasa claridad, pero sólo si algún alumno salía con la intención de buscar a alguien entre la oscuridad.

Pansy dejó que las piernas de Hermione cayeran para ponerla de pie, y la empujó contra la pared de piedra del castillo. Su nariz presionó la de la Leona mientras mantenía la mano en su boca.

—Escúchame —siseó, clavando sus ojos en ella. Después hizo un rápido movimiento de cabeza para asegurarse de que nadie las había seguido—. Todavía no está aprobado el grupo pero están en ello, evidentemente no podrás pararlo porque tienen todo bien atado y que tú seas sangre sucia no ayuda, me refiero a que he escuchado que Umbridge también os rechaza así que no me mires así, a lo que iba: yo estoy dentro porque pensaba que no querrías saber nada de mí y... bueno ...mmh... —rodó los ojos por lo evidente que estaba siendo— era una buena excusa para volverte a ver sin que nadie sospechara, ni Slytherins ni tus guardianas de turno, y también porque deseaba protegerte de ellos. Aparte de todo esto, ten en cuenta que elegí unirme a los imbéciles que precisamente quería evitar, vamos que he enviado a la mierda mis prioridades de saber quién soy sin influencias para salvar tu precioso culo -siento el comentario tan acertado, así que no hace falta tus reacciones tan escandalosas para fastidiarme lo poco que he conseguido hasta ahora, ¿sí?

Necesito apretar más la mano contra la boca de Hermione al sentir que esta la movía para quejarse.

—Ya, lo sé, sé que me dirás que no he hecho bien en hacerlo porque para mí va a ser una mierda y un obstáculo para descubrirme pero... —dio un largo suspiro, evitando mirarle a los ojos—... pero aquí estoy, hablando con la supuesta enemiga a la que la Brigada Inquisitorial quiere expulsar, y a mí sólo se me ocurre ponerme con un par de ovarios en medio de una guerra que no me concierne. Por lo tanto no me vengas gritando y jodiéndome el plan, que ya he tenido bastantes problemas en menos de una hora con el único motivo de seguir... viéndote... He dicho. Gracias por escuchar, aunque hayas sido obligada.

Dio una fuerte bocanada, aliviada de soltarlo todo y retiró la mano evitando el contacto visual. Hermione quedó con una expresión de estupefacción, moviendo la boca como un pez.

—Eeh...yo... ¿por qué últimamente me dejas sin palabras? ¿por qué no eras tan sincera antes? ¿sabes la de situaciones que hubieran cambiado?—susurró, completamente roja.

—Con un gracias me conformo. Después de todo ya no espero nad-

Si hubiera podido abrir la boca para acabar la frase, seguramente habría mordido sin querer los labios de Hermione cuando esta se abalanzó a ella. Tuvo que dar un paso atrás para mantener el equilibrio ante el choque de sus cuerpos y aceptar, dentro de lo que podía por la inmensa sorpresa que sentía, el pasional beso de la Gryffindor.

Era increíble la de fugaces imágenes que le pasaban a Pansy por la cabeza. No sobre ningún recuerdo, pero sí de las veces que había imaginado, inconscientemente, un beso con aquella joven desde que se despertó. Pero nunca, nunca, de entre ese mar de escenas románticas, aparecía ella misma llorando en silencio como ahora.

Veía las largas pestañas de Hermione emborronadas por la vista acuosa. ¿Por qué demonios lloraba cuando Hermione parecía tan entregada a ella?

Pansy se alejó, dolida, pero al final decidió inclinar el rostro y depositar pequeños besos en las mejillas de Hermione.

—Debería sentir una inmensa alegría, no lo entiendo ¿por qué estoy tan asustada? —murmuró la Serpiente, cortando el contacto y hablando tan cerca de ella que sus labios rozaban con los suyos.

—Tu inconsciente sabe en el fondo lo que conllevaría una relación como la nuestra. Somos y vivimos en mundos totalmente diferentes... y si aceptamos nos espera un camino muy largo y complicado. Tan complicado que es más probable que mis padres acaben asistiendo a mi funeral que a mi boda.

Hermione tragó saliva, dejando que ella posara las manos encima de sus hombros, y notó el asentimiento de Pansy. Ni siquiera la oscuridad de la noche podía ocultar la adrenalina al sentir cómo recorrían las suaves yemas por su mandíbula y suspiró, intentando alejar el miedo al rechazo al ver la expresión tan concentrada y confusa en la Slytherin.

La Leona apretó sus puños. Sabía que iba a pasar algo similar, tanto leer historias fantasiosas le había afectado la manera de observar las cosas. Quizás sí que era cierto que Parkinson se sentía atraída por ella, pero ¿esperar a que la Slytherin no huyera? Sólo en sus mejores sueños.

—Espero que comprendas por qué he estado tanto tiempo evitando este final, nunca es fácil interiorizar los sentimientos que te provoca tu insufrible, prepotente y orgullosa enemiga... —murmuró Hermione, mordiéndose la uña del pulgar por los nervios.

—¿Desde cuándo...?

—Desde que he querido evitar cualquier contacto contigo cuando me enfadé; tuve un sueño q-que, en fin, mostraba mis deseos y el final que ansiaba de la conversación que tuvimos aquel día en el prado cuando quedamos para hablar. Pero empezaba a sospechar que yo te gustaba y... no quería... es que... tendríamos que luchar y sufrir tanto... y sabía que si me acercaba más a ti acabaría loca y, lo peor, que tu pasividad respecto a mí me enfurecía demasiado. Yo intentando comprenderte y tú apartándome a patadas... Hasta que me harté de verdad, la Bludger te golpeó y las piezas comenzaron a encajar. Tiempo atrás creí que quería de ti una amistad pero...

Depositó un cariñoso beso en la nariz de Pansy.

—Pero jamás estuve tan equivocada.

—Hermione Granger equivocándose, el mundo acabará pronto —comentó con voz profunda.

La nombrada ocultó la sonrisa en el cuello de la Slytherin.

—Me dolió tanto escuchar que no sabías quién era yo... que olvidaras todo lo que vivimos juntas, como lo bueno y lo malo... —dejó que sus ojos se perdieran en la oscuridad, recordando—. El día que nos enfadamos te grité que vinieras a buscarme cuando tu mente prepotente y tu orgullo no hablaran por ti y no pensé que acabaría ocurriendo, o al menos no de esta manera... no sé qué sentir con todo lo que ha pasado y he hecho... y tu cara de confusión, que seguramente estará pensando en qué hacer conmigo, no ayuda nada. Sabía que por mucho que coquetearas aunque no me conocieras, acabarías alejándote de mí.

—No... yo... mierda, gatita, desde que me desperté en la enfermería no había pensado en ninguna consecuencia de lo que yo llegara a hacer y, aagggh ¡por todo lo que conozco! —elevó el tono de voz ocasionando que se rasgara—, te vi sentada en aquella silla carcomida, mirándome sin saber qué hacer con un libro en el regazo y... se me fue el mundo, te lo digo de verdad, me perdí en tus ojos atigrados y me acuerdo que pensé que debería de denunciar a tu peluquero. Sólo bromeo, mi mente estaba totalmente colapsada de preguntas "¿Estoy muerta? ¿Qué hace esta preciosidad aquí? ¿La conozco de algo? ¿Por qué no me habla? ¿Dónde estamos? ¿Quién soy?" Pero a pesar de no tener a nada ni nadie en cuenta para decidir mis decisiones... ahora... no sé qué hacer —fundió la mirada en la de Hermione y suspiró resignada—. Tengo una gran contradicción dentro de mí, ¿tú sabes el inmenso dolor tan, tan profundo que he sentido cuando me has dicho que era más posible que tus padres asistieran a tu funeral que a tu boda? Y, encima no conozco ni el origen de este miedo, ¿quiénes nos matarían? ¿conocidos tuyos, enemigos nuestros? ¿criaturas mágicas, alguna maldición que persigue a tu familia o a la mía durante generaciones? Ni siquiera deseo saberlo porque tengo la sensación...No, que una de las cosas de las que huyo es la respuesta a esas preguntas. Y no quiero que las dos fracasemos en el intento de encontrar el amor... y si rechazarte supone salvarte el pellejo, lo haré. Al igual que he decidido entrar a la Brigada por ti.

—Te entiendo perfectamente... Entonces, únicamente me iré alejando poco a poco de aquí...

La Slytherin apretó los dientes y los párpados. ¿Cómo era posible que sintiera este remolino de emociones y sentimientos tan opuestos entre sí?

Las manos de Pansy se deslizaron con lentitud por los hombros de Hermione para reconfortarla. Tragó saliva, intentó esbozar una diminuta sonrisa pero fracasó cuando la Gryffindor asintió ante la respuesta y ésta viró su cuerpo lentamente, alejándose hacia la entrada al castillo. Las manos siguieron a lo largo de los brazos de la Leona, resbalando sin resistencia alguna dejando al aire las palabras. Con sus rostros desolados se decían todo lo necesario. El último contacto que mantuvieron, fue el de las yemas de sus dedos.

—Perdóname por haber escogido este camino... por muy duro que sea para nosotras...yo...

De mientras, en el Gran Comedor

El comedor se estaba vaciando pero su estómago todavía no se llenaba a pesar de la abundante cena. Siguió comiendo con rapidez y con las manos para no perder el tiempo

"¿Por qué mierda 'mione se ha ido tan deprisa? Joder, se ha dejado el plato entero... Oh, croquetas, ésto no se tiene que desperdiciar", Ginny estiró el cuerpo intentando tragar la última salchicha que quedaba en la mesa y vertió el alimento en su plato "Uh, la coliflor no, ¡no bajes! Así, así, el bistec sí, tú puedes caer en mi plato, cariño. Mierda, estómago, llénate ya, ¿qué pasa si 'mione se mete en problemas por tu culpa? ¡Te quedarás sin comer semanas! Bueno... mejor sin postre, no hay que ser tan dramática. Joder, joder, joder, ¿y si Parkinson ha recuperado la memoria y va a por ella? Porque encima 'mione ha sido tan inteligente de seguirla, pfff, menos mal que le dije que no hablara con esa Serpiente para evitar problemas y no ser expulsada... ¿Y Greengrass? ¡Ella debe de saber algo!", continuó pensando y masticando al buscar a Daphne por la mesa de Slytherin con la mirada.

La encontró en la punta más alejada de la mesa de los profesores, limpiándose los labios con una servilleta agarrada con ambas manos para seguir comiendo lo que parecían patatas al horno recubiertas de queso. Se carcajeó al percibir la lentitud de la Slytherin al sujetar el tenedor y el cuchillo con el meñique levantado y al cortar a trozos el alimento. "Pfffjajaja ¡Qué delicada! Alguien debería de enseñarle a no perder el tiempo cuando se trata de comida"

Como si hubiera recibido el pensamiento de la Leona, Daphne elevó sus celestes ojos del plato para toparse con los de Ginny justo cuando, sin apenas abrir mucho, introdujo en la boca el trozo de patata y atrapó el tenedor con sus labios rubíes. Weasley parpadeó varias veces al observar el sensual gesto y tragó lo que había masticado con las mejillas ruborizadas.

—Joder, qué sexy, ¿por qué tenía que ser Slytherin y no Gryffindor?

—Cállate, Seamus, y sigue comiendo.

—Sí, mi sargento.

—¿Quién es? —inquirió Angelina, acercándose andando con dos papeles en la mano.

—¿Eh? ¿me preguntas a mí? —Ginny giró la cabeza a ella, bebiendo del vaso.

—Claro, tú eres quien la está mirando. Aunque podría preguntárselo a Seamus, pero parece bastante ocupado en machacársela mientras la mira.

—Ahí te has pasado, Johnson —respondió el joven, agitando un tenedor.

Se levantó al terminar su vaso de agua.

—Para nada, sigo mi línea a la perfección.

—Vale, vale, parad, quiero continuar cenando, ¿qué tienes para mí? ¿una carta de amor? —Ginny limpió las manos con una servilleta y sujetó el papel que le ofrecía.

Seamus chocó el puño con el de Weasley en modo de despedida y se fue con Thomas.

—Quizás te sería más útil un pergamino en blanco para escribirle una a esa Serpiente.

—Oh, vamos, Angelina, no te pongas celosa —bromeó, golpeando con la palma el banco para que se sentara.

—Ya he entregado a los demás estos papeles pero no he encontrado a Granger por ningún lado después de cenar, así que ya se lo darás tú. Es el nuevo horario de los entrenamientos del equipo, he preferido daros a todos uno en vez de colgarlo en la Sala Común para que nadie venga a visitarnos, ya sabes, prefiero que estéis concentrados en mejorar que en las personas.

—Mh, vale... Espera —la paró antes de que se fuera— ¿A qué te refieres con que no has encontrado a 'mione? ¿Dónde has buscado? —"Por favor, dime que yo estaba equivocada..."

—En la Sala Común no está, la biblioteca sigue cerrada, en la torre de astronomía y en los lavabos no hay nadie, y-

—¿Has mirado si está por los pasillos con Ron y Harry?

—Ellos dos están en la Sala Común.

Ginny buscó con la mirada a Cho y a las demás Ravenclaws, y una bola se formó en su estómago. No encontraban a Hermione y nadie de confianza la acompañaba. Sí, al final resultaba que su intuición Weasley tenía razón y Hermione se había ido con Parkinson.

Cho captó al vuelo la angustiada mirada de la Leona y comentó algo a las de su grupo. A la décima, éstas últimas se levantaron para desaparecer del Gran Comedor y la asiática dirigió sus pasos hacia la mesa de Gryffindor.

—¿Algo va mal? —preguntó Angelina en cuanto se acercó la Ravenclaw.

—Eso me gustaría saber... —contestó Cho, preguntando con la mirada a Ginny.

—Genial, como sea, Weasley, ya te he avisado del horario, si tienes alguna duda ya sabes... y lo mismo con los problemas.

—Claro, gracias, Angelina, lo tendré en cuenta.

Conversaron con la mirada mientras esperaban a que Johnson se alejara más de ellas. Cho se sentó a su lado de inmediato.

—¿Y Luna?

—En mi cama leyendo el libro que le compré, ¿por qué? ¿tu cara de preocupación tiene que ver con ella? ¿está en peligro? —se levantó de inmediato, dispuesta a echar a correr para ir a buscarla.

—No, no, en realidad no.

—¿Y qué ocurre, pues?

—'mione no está en las zonas habituales ni con gente de confianza...

—¿Sabes lo que significa, verdad?

—Parkinson.

—Problemas.

Rápidamente fueron directas al vestíbulo. Cruzaron el portón y observaron el grupo de Slytherins que se sentaba en las escaleras haciendo la digestión.

—Vale, vale, con calma, Cho, no tiene por qué pasar nada.

—Estamos hablando de Pansy Parkinson que, a pesar de haber perdido la memoria, no debemos de olvidar que su instinto permanece. Y eso sólo trae problemas.

—Joder, gracias por el apoyo, eh.

—Lo siento, prefiero golpear con la verdad que acariciarte con la mentira. Es el lema de nuestra amistad, ¿lo recuerdas?

—Sí, sí, encárgate de mmmh, ¿dónde demonios podrían ir? ¿dónde iría Parkinson...?

Ginny abrió los ojos ante la idea que se le cruzó en la cabeza. "El maldito prado", pensó, clavando la mirada en los jardines. Sin avisar a Cho se dirigió allí y buscó a ambos lados justo después de dar los primeros pasos en la hierba por si veía señales.

No pudo reaccionar.

Parpadeó una vez, dos veces, y la tercera le fue imposible al percatarse de lo que estaba presenciando.

Juró que si no recordara dónde estaba, los Slytherins del vestíbulo, el pacto con Daphne y lo que supondría romper las normas de Umbridge si ésta se enteraba por ella misma o por otros alumnos de lo que estaba viendo, hubiera gritado a todo pulmón.

¿Qué mierda...?

La escena se le hacía imposible de asimilar. Con la carente luz que irradiaba el vestíbulo y las antorchas, podía ver a Hermione empotrada contra la pared con una pierna apoyándose en el costado de Parkinson y revolviendo el pelo de ésta con la misma lujuria contenida que utilizaban en el pasional beso. Cuando se percató de la mano de la Slytherin perdiéndose dentro de la falda de su amiga y de los gemidos amortiguados por el besuqueo a la vez que de los movimientos de los rizos, supo que aquello no era un simple achuchón inocente.

"Se la están follando viva", susurró con un hilo de voz, intentando volver a parpadear.

—¿Qué ocurre? ¿las has visto? ¿sabes por dónde han ido? —oyó decir a sus espaldas.

—N-n... n-no, no están aquí.

Dio media vuelta completamente en shock y se alarmó al presentir las intenciones de Cho al dirigirse con paso firme hacia ella.

—Hay que buscar más en las afueras, siempre he visto a Parkinson ir hacia una arboleda, quizás estén allí.

—¡No! —Cho la miró sorprendida por el grito—. No están ahí...

Arrastró sin mucho éxito a la Ravenclaw hasta estar cerca de la puerta del comedor.

—Yo opino que sí, antes me has comentado que no se encontraba en los sitios habituales y las afueras es una buena posibilidad y poco habitual para Hermione.

—No, no, estoy segura que no porque... ella... ¿teme a la oscuridad?

—¿Qué te pasa? ¿por qué este cambio tan drástico? No perdemos nada al registrar un poco, vamos. Estoy muy segura de que están ahí, créeme.

—No, no, no, espera.

Intentó zafarse del agarre de la mayor sujetándose a una estatua hasta que surgió de la puerta del Gran Comedor una salvación. O eso creía.

—¡Greengrass!

La joven se giró, confundida.

—¿Me contestaréis si pregunto qué hacéis... una abrazando esa estatua y la otra tirando de la túnica?

Se acercó con parsimonia al percatarse de la mirada tan alarmada y necesitada de Weasley. Frunció el ceño disimuladamente.

—¿Cual es el motivo para que estés tan pálida? —le preguntó Daphne, situándose a su lado ocasionando que Cho dejara de tirar de ella.

—Em... Cho quiere ir a los jardines pero... No. Es. Buena. Idea —a cada pausa disimulada, alzaba ligeramente las cejas para comunicarse con Daphne.

Se alegró cuando la Slytherin captó que quería enviarle un mensaje.

—No lo es, ciertamente, Umbridge podría utilizar esa acción para fastidiaros el expediente.

—Hermione debe de estar ahí —se defendió la Ravenclaw—. Y es probable que su compañía sea Parkinson, bien sabes que no queremos problemas para ella.

—Oh... —de reojo observó a Ginny y ésta le regaló un asentimiento de cabeza manteniendo la mirada de alarma. Inmediatamente descodificó el código: en los jardines estaban ellas dos y no era opción que Chang las viera— ¿Pansy? ¿Con Granger? Imposible, ella ha ido a la Sala Común hace mucho tiempo.

—¿Segura? —nada convencida, la asiática se dirigió al grupo de Slytherins y preguntó por Parkinson.

Regresó con una expresión de satisfacción.

—Como bien sabíamos, no se encuentra en la Sala.

—Cho, espera, no vayas afuera, de verdad... —suplicó Ginny sin más ideas, mantuvo la mirada en Daphne intentando buscar apoyo—. Necesito... decirte algo. No quiero que vayas porque... porque... Greengrass y yo tenemos que hablar contigo sobre algo... que, bueno, quizás no te siente muy bien decirte esto porque nunca te ha gustado cómo los Slytherins tratan a las demás personas ni a tus amigos y... bueeeno, cosas que pasan... —dio una palmada al acabar el discurso y sonrió torpemente. Daphne la miró sin comprender, ¿de verdad iban a contarle el secreto de Pansy y Hermione cuando no les concernía a ellas dos ir diciéndolo por ahí sin el permiso de la "pareja"? Cualquier solución menos esa—. Bien, a ver... para empezar este no es el mejor sitio.

—Podemos ir a fuera.

—¡Nooo! Peor, emh, vale, bien, sí, acércate un poco más y nos alejamos otro poquito de los Slytherins —las tres se pusieron cerca de la estatua, rozándose.

Daphne miró al grupo de Slytherins, nada contenta de lo que estaba ocurriendo.

—Verás... —"Necesito algo para mantenerla fuera de la idea de salir al jardín", pensó, tragando saliva—... Daphne y yo... —buscó la mirada de la nombrada para saber si continuar con la artimaña. Recibió una cara neutral, acción que le extrañó—... Estuvimos hablando y- —tosió.

—Merlín, no puede ser... ¿por eso no me querías decir de lo que estabais hablando en aquella clase cuando os atrapé? ¡Sabía que no era normal que vosotras dos estuvierais escondidas!

—No sé de que me estás hablando pero si esto funciona, sí, sí, es por eso.

—Las piezas del puzzle sueltas encajan, léase vuestra historia con encontraros, que si pacto, que si lo otro... Ahora puedo ver claramente el porqué tú empiezas a aceptar el dañino carácter de los Slytherins. Qué fácil es hacerlo cuando estás saliendo con uno.

Cho apretó los labios con fuerza.

—¿Eh? Uh, ah, sí, lo-lo siento, Cho, quería decírtelo antes pero mmh no sabía muy bien cómo introducir el tema y...

—¡Lo sabía! —ambas chicas retrocedieron cuando Cho las empujó para pasar entre ellas directa a las escaleras. Los Slytherins la observaron confundidos—. ¿Por qué no confía nadie en mí?! ¡No soy una maldita cotilla, maldita sea, creía que nuestra amistad valía más que este estúpido secreto! ¡Ni se te ocurra agarrarme la mano, Weasley, suficiente tienes con tirarte a esta maldita Serpiente a mis espaldas!

Ginny abrió la boca cuando los Slytherins comenzaron a cuchichear mirando a Daphne y a ella ante el comentario de Cho. Al llegar al pie de la escalera, Millicent bloqueó el paso de la Ravenclaw.

—¿Qué estás gritando, china? ¿Insinúas que Daphne y la traidora están juntas?

—Te iría bien limpiarte los oídos, quizás quitándote la cera adelgazas ochenta quilos. Y si de verdad te preocupas por tu bien, es mejor que te apartes de mi camino porque no estoy ahora para educación ni tonterías.

Pasó por al lado gracias a que Bulstrode se quedó fijamente mirando a la pareja que se mantenía en el vestíbulo sin saber qué hacer. Ginny restregó sus manos por la cara sin parar de susurrar "Mierda, mierda, mierda". Miró de reojo a la Slytherin, quien mantenía una expresión neutral.

La había fastidiado a más no poder. Notaba las miradas discriminatorias de los Slytherins y la creciente tensión del momento, sin embargo, sólo pensaba en disculparse con Daphne por la enorme metedura de pata, ¿y ahora? ¿cómo protegería Daphne a Parkinson si ella estaba llena de más mierda? Definitivamente, el remedio fue peor que la enfermedad. Y sólo quedaba que Parkinson y Hermione aparecieran con el pelo revuelto y las manos entrelazadas.

—Greengrass... —susurró, virando su cuerpo totalmente a ella—. Perdóname, no pensaba que la reacción sería tan fuerte... yo... la he cagado muchísimo, lo siento, por favor... Cho es muy buena persona, sólo que le ha molestado mucho que desconfiara de ella... Quiero decir... ¡demonios! —golpeó el suelo con el pie, alborotándose la melena—, si tú supieras lo que ella ha tenido que pasar para acabar aceptando los sentimientos que tiene por Luna y lo que he tenido que hacer para que confiara en mí... buuuf, e-en fin, no se lo tengas en cuenta, en serio, y tampoco quiero perder tu apoyo, no ahora después de-

—¿Por qué? —giró la cabeza para enfrentarse con la mirada angustiada de Ginny y suspiró negando con la cabeza—¿Por qué ahora te importa más la unión que antes?

—Porque debemos de mantenernos fuertes. Las he visto y el pacto se ha puesto en marcha.

Daphne alzó una ceja y, a continuación, frunció el ceño.

—¿Crees que lo que acaba de pasar ha valido la pena porque las has visto juntas y no querías que Chang las descubriera? Pensaba que ella ya tenía una ligera sospecha bastante acertada de ellas dos.

—Hace nada 'mione estaba empotrada contra una pared mientras Parkinson se la follaba, y antes de girarme veía que la cabeza de tu amiga iba bajando hacia prefiero no saber a dónde, así que sí, no quería que Cho las descubriera porque ya has visto cómo ha reaccionado con nosotras estando las dos vestidas y sólo faltaba que los demás Slytherins descubrieran a Pansy. Otra cosa es que la solución haya traído más mierda que salvación... Uggh, si Luna hubiese estado aquí ya te digo yo que Cho no habría reaccionado de esta manera —rodó los ojos—, seguramente sólo habría estado atenta a "los pequeños y adorables hoyuelos que se le forman al sonreír" —relató, como si se tratara de la misma Cho quien lo hubiese dicho.

—¿Cómo? ¿Pansy y Granger ya están juntas? —contestó, incrédula. Al instante, la sorpresa se convirtió en una satisfacción disimulada—. A pesar de los consejos... Genial, ¿cómo voy a protegerla si ya no tengo privilegios? Míralos, ya me están rechazando y dándome la espalda.

—No hace falta utilizar sus favores, hay veces que otras maneras de ayudar sirven. Como por ejemplo... allanar el camino para ellas dos, ser un ejemplo y que los Slytherins se acostumbren a ver parejas de diferentes Casas, o mmmh...

—¿Sabes que será muy difícil para mí, verdad? Haga lo que haga, ya estoy sentenciada.

—Lo tengo muy en cuenta, Daphne, siempre que necesites algo, aunque sea dormir alejada de ellos por si temes que te ataquen, puedes contar conmigo.

—¿Dónde se supone que dormiría en esa situación?

—Es una desgracia que no esté Dumbledore para que te ofrezca una buena cama... así que supongo que tendrás que conformarte con la mitad de la mía o- —calló.

No era buena idea contarle a un Slytherin la ubicación de la Sala de los Menesteres, y más cuando el Ejército de Dumbledore se reunía allí cuando podía.

—Suena cómodo.

—Es lo único que se me ocurre, tendrías que venir muy entrada a la noche para que no te descubrieran e irte antes de que despertaran, pero... ¿algo es algo, no?

—Iría bien que hoy guardaras esa mitad, me temo que esta noche se hará larga.

—Me lo apunto.

—Bien, ahora ves hacia el comedor —susurró, apretando el nudo de su corbata con seguridad al fijar la astuta mirada en sus compañeros.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Porque voy a allanar el camino y no quiero que tú escuches lo que diré. Y, a más, si intentas subir las escaleras no te dejarán, simplemente come hasta que ellos se vayan.

Ginny se cruzó de brazos, desconfiada.

—¿Qué se supone que dirás para que sea mejor que no escuche? Creí que utilizaríamos el plan de novias falsas para ayudarlas y no de ex-novia dispuesta a insultarme.

—Y lo haremos. Concédeme ese privilegio, es el único que tendré desde hoy aquí en Hogwarts y seguramente en casa...

—Está bien, tú ganas, yo no escucho. La contraseña de nuestra torre es "Vino de Saúco", por si la necesitas.

—De acuerdo, y antes de que te vayas un último favor para redondear mi plan.

—¿Cuál? Ya sabes que eso de matar a gente no me va, a no ser que sea Malfoy.

—No, señorita Weasley —con una sonrisa en sus labios, la miró de reojo—, me temo que va a ser lo contrario a matar a alguien.

Con un movimiento sutil y elegante, atrapó la mano de la confusa Gryffindor y le hizo dar una vuelta lenta como si se tratara de un baile. Acomodó la mano libre en la cintura de Ginny, acercándola hasta que estuvieron pecho contra pecho.

—¿Q-qué haces? —Ginny alejó la cara, avergonzada—. Tus amigos nos están mirando.

—Eso es lo que buscamos —murmuró, dejando escapar una sonrisa—. Señorita Weasley, creía que eramos novias.

—Aaah —suspiró, aliviada—. Te juro que por un momento pensé... Qué susto, en serio.

—El susto lo tendré yo como no sepas actuar —replicó en un sutil susurro, adornándolo con una risa coqueta para que, desde donde estaban los Slytherins, se viera como una conversación de pareja.

—¿Tú sabes con quién estás hablando? —entrecerró los ojos, orgullosa, y comenzó a jugar con la corbata de la Slytherin lamiéndose inconscientemente los labios—. Soy la única que puede lograr que Fred y George acaben castigados por algo que no hicieron gracias a mi talento como actriz.

—Espero qu- —tragó saliva en cuanto Ginny suprimió el escaso espacio que quedaba entre ellas dos, dejándola ver gracias a la diferencia de altura, el atractivo escote con hebras de pelo rojizo cayendo alrededor. Oh, Merlín y toda su estirpe—. Espero que tu talento innato sirva también para convencer a los Slytherins el buen...

—¿El buen partido que soy? —Ginny rió a carcajadas para llamar la atención de los sangre pura expresamente—. Mira y aprende, Greengrass —hizo un carraspeo para elevar la voz—. Esta noche —el tono rasgado y erótico llegaba intencionadamente a los Slytherins que observaban confuso—, espero que al final puedas escaparte para venir a mi cama porque te aseguro que te voy a lamer desde tus labios —posó su dedo índice en los carmesíes, que no dudaron en entreabrirse para succionarlo— pasando por tu garganta, tus pechos —con el dedo húmedo siguió el camino— hasta... que crea que sea suficiente porque después te alimentarás de mí y no dejaré ni siquiera que descanses, bebas ni comas hasta la hora de desayunar.

Daphne parpadeó, dio una corta bocanada, y regresó a la realidad.

—Estás siendo muy juguetona, pequeña.

—No sabes tú cuánto puede divertirse ésta pequeña jugando.

—Oh, sí, sí qué sé —rió entre dientes y agarró la barbilla de Ginny con los dedos— pero no debes de olvidar quién manda aquí.

—Yo —contestó, guiñando un ojo.

Si Greengrass esperaba sumisión por su parte sin antes pelear, lo llevaba claro.

—No es lo que dices por las noches.

—La noche es la hora de los monstruos y me encanta ser dominada por ellos... pero por el día me convierto en su cazadora —arremetió con cierta burla en su tono al tiempo que se entretenía con el nudo de la corbata de Slytherin.

—Ahora es de noche, ¿no lo ves? —el gesto de mano abarcó el portón hacia el jardín oscuro.

—Debo de tener el horario descontrolado... ¿o quizás ahora te gustaría dominarme? ¿quieres que sea tu esclava? ¿deseas que me arrodille ante ti y suplique por placer mientras te sientas en un sillón como si fueras una reina oyéndome gemir? ¿tal vez ordenarme porque por el día te frustras de que sea una Gryffindor libre y salvaje? Sólo puedes tenerme a unas determinadas horas, muy pocas... —la tirantez del labio de Daphne le indicaba que, o ésta se encontraba incómoda por no saber qué decir, o que había dado en el clavo.

Supuso que era la primera opción por los segundos que necesitó la rubia en contestar.

—Tanta gente deseando tenerte y- No me importa si las horas que te tengo son limitadas cuando sé que soy la única que disfruta de ellas.

—Disfrutamos, Di. El sexo salvaje es cosa de dos, no de uno.

Daphne no pudo disimular la carcajada tan sincera que le salió de dentro al notar el tono burlón de la verdadera Ginny y no de su falsa novia, pero fue rápida en maquillarla con sensualidad.

—No tengo más palabras, todavía continúo pensando en lo que me has dicho antes de ir esta noche a tu cam...

—Sigue pensando, te mantendrá a punto hasta la hora de las brujas.

—También imaginaré nuevas fantasías, siempre va bien ampliar el horizonte —bromeó Daphne, echando un vistazo a las caras desencajas de sus amigos.

—Oh, me encanta escuchar eso de ti. Nos vemos más tarde, ¿sí? —giró su cuerpo hacia el Gran Comedor.

Daphne la agarró de la cintura y tiró de ella hasta tener su pecho sobre la espalda de Ginny. Riendo entre dientes, desató un botón más de la camiseta de la Leona y pudo ver por encima del hombro de la menor el sujetador blanco de bordados plateados que cubría los senos.

Quedarse abstraída escuchando la respiración descompasada de Weasley y mordisquear el cuello de ésta no estaba dentro de los planes. Pero no le importó. Por primera vez, y seguramente la última, tenía a una de las mujeres más deseadas y hermosas de Hogwarts respirando cerca de su oído, con el cuello a su total disposición y con unas vistas del escote de escándalo ¿qué más pedía? Quizás recordar que estaban actuando iría bien...

Repasó con la lengua parte de la clavícula aprovechándose del momento y continuó con la acción llegando a la pequeña oreja donde, después de lamerla utilizando únicamente la punta y la lentitud, no pudo evitar que se le escapara un gemido de frustración cuando Ginny agarró ambas de sus manos y las apretujó contra su vientre, subiéndolas hacia arriba.

Esto acabaría mal. Para empezar, si de verdad tenía que fingir estas actuaciones, no podría disimular la humedad que crecía por momentos sin buscarlo.

—Esta noche en mi cama, ¿vendrás? —dejó que las manos de Daphne resbalaran por su cuerpo al dejar de sujetarlas.

—Sí, no puedo dormir después de que me hayas dejado de esta forma, al fin y al cabo...

—Yo tampoco...

Hubo un momento de silencio. Y la Gryffindor dio una vuelta entera como si estuviera bailando. Acabó inclinándose ligeramente con las manos en la espalda, sonriendo.

—Entonces, nos vemos, ¡sé buena chica!

—Debería volverte a enseñar a ti a ser buena chica.

Ginny sonrió con travesura, viró su cuerpo coquetamente para que Daphne le diera una suave nalgada y desapareció del vestíbulo hacia el Gran Comedor.

La Slytherin mantuvo la posición un par de segundos para mentalizarse y, de nuevo, se colocó la corbata para darse seguridad. Giró sobre sus talones, dirigiéndose hacia los Slytherins, y formó una sonrisa de lado digna de una sangre pura llena de poder. Sus pasos fueron elegantes y parsimoniosos, cargados de confianza, repasando con una orgullosa mirada a los presentes que la observaban con el ceño fruncido, algo dudosos en cómo reaccionar.

—Cómo has podido, Daphne, una traidora... —murmuró Millicent, negando con la cabeza.

—Tacto, paciencia, coqueteo, habilidad... ha sido complicado, pero al final cayó.

—¿En serio, Daphne, estás bromeando con esto? —contestó Blaise.

La Slytherin continuaba andando hacia ellos con una sonrisa en la cara.

—Veréis, una noche paseando por los pasillos para despejarme me di cuenta del diamante en bruto que era Ginny Weasley. Una joven sangre pura, con una belleza difícil de superar (y alcanzar), unas curvas dignas de modelo no esquelética, valiente, decidida, protectora, amante del peligro, fiel a sí misma, a su familia y a sus ideales. Y, para añadir, la séptima hija y la primera mujer en muchas generaciones en la familia. Ella sabe lo que eso significa. Yo sé lo que significa. Vosotros sabéis qué significa. Y la respuesta es fácil: poder. Posee un poder y una habilidad con la magia que la mayoría de los Slytherins carecen a pesar de ser sangre pura.

—Mierda, Daphne, es una asquerosa comadreja, una traidora a la sangre, es-

—¿Qué importa que su familia haya hablado con muggles cuando su estatus sanguíneo continúa siendo honorable? Todos, incluso Milli, reconocéis que si no perteneciera a los Weasley hubiera sido la novia perfecta por la que habríais perdido el norte. Os debo un agradecimiento, la apartasteis de vuestra mente, a pesar de que os masturbáis pensando en ella -sí, Blaise, esto va por ti- y yo he ganado a una preciosa sangre pura que, como habéis podido ver, no escatima en dar amor y juego.

—¿Eso quiere decir que nos estás traicionando?

—Traicionaros, ¿creéis que sería traicionar a Slytherin acostarse con otra sangre pura?

Los presentes se miraron confundidos.

—Supongo que no...

—Ella posee todo lo que un sangre pura busca y más, creerme cuando digo que es una caja de sorpresas —rasgó su voz de forma sensual:— y sobretodo en la cama. Todos los prejuicios que podáis tener hacia los Weasley, se desmoronan ante su hábil lengua. Palabra de Greengrass.

—Venga ya, ¿todo lo que un sangre pura busca? ¿Dónde está su dinero y el prestigio en la sociedad? Por mucho "poder" que tenga y muy buena que esté...

—El dinero en mi bolsillo, no empecéis a negarme que no teníais pensado "compartir" dinero con vuestra futura pareja, por no decir gastar el suyo y quedaros el vuestro, y el prestigio está en su propia sociedad. Convivimos en mundos diferentes respecto a sociedad e ideales, pero está claro que en la suya es... como una reina —suspiró, afirmándose a sí misma la frase—. Y las reinas son las más solicitadas y honradas en cualquier lugar.

—Te han lavado el cerebro, Daphne —Graham se puso en pie—. La idealizas demasiado y cuando te eche a patadas de su vida por ser tú fiel al Señor, ya no nos tendrás a nosotros.

—Es agobiante que os podáis acostaros con quién queráis y yo deba de regirme por vuestros ideales.

—No nos tiramos a traidores, precisamente.

—No me hagas hablar, Graham, yo sé quién ha estado con quién y vosotros también. Y podemos añadir a mestizos e incluso a diversos sangre sucia en la lista.

—¡E-eso sólo ocurre durante una noche y se acabó! —contestó Blaise.

—Bueno, siguen siendo relaciones no aceptadas por nuestra sociedad —se encogió de hombros, manteniendo un tono de burla—. Yo estoy varias noches con una sangre pura y me atacáis como si fuera el mayor pecado jamás cometido en nuestro grupo e incluso en Slytherin.

—Vale, vale —intervino Milli—, lo hemos entendido. Te seguirás tirando a Weasley, mensaje captado.

Daphne rió, lanzándole una chocolatina sacada de su bolsillo.

—Tu pedido ha llegado, por cierto. Aquí tienes un adelanto.

Millicent agarró el chocolate con destreza y le dio un enorme mordisco.

—Está claro que desde que me habéis visto con Weasley no ibais a crucificarme gracias a mi pequeño negocio. Nunca fallo.

—Vamos, D, como si no nos conocieras. Puedes tirarte a quien quieras, incluso si es a Granger, pero... bueno, sólo es permitida una noche y luego nada, eh, porque ella sí que es una deshonra —comentó Blaise—. Aunque ahora está buena.

Los chicos asintieron, chocándose los cinco. Daphne se sentó en un escalón, cerca de Milli y ésta comenzó a jugar con su pelo devorando todavía el chocolate.

—Quería comentarte —Blaise tosió, buscando palabras—, lo que habéis dicho ahí enfrente mientras os tocabais y esas cosas... ¿lo lleváis a cabo?

—¿El qué? Creo que hemos dicho bastante, aunque no recuerdo bien... su escote me distraía un poco.

Draco soltó una carcajada.

—¡Para no hacerlo! —añadió Theodore Nott.

Bff, sentía demasiada frustración sexual cuando os veía, y creo que hablo por todos —continuó Blaise—. Me refería a lo del tema esclava y reina, es decir, dominante y sumisa. Creo que Weasley había dicho algo de dominar a no se quién...

—Ah, sí, claro —no, ni se acordaba—, si no fuera así, no me lo habría dicho.

Blaise soltó un fuerte bufido, demandando más detalles.

—Por Merlín... siento decírtelo pero esta noche tendré material suficiente para mis fantasías.

—Haz lo que quieras, yo estaré fuera.

—¿Es ella la dominante?

—No, la esclava.

Todos los chicos comenzaron a producir ruidos, observándose entre ellos ante la información de saber que la indomable Ginny Weasley se convertía por la noche en una obediente esclava. Aquella fantasía era demasiado. Draco miró a Daphne y alzó una ceja, peinándose hacia atrás.

—D, una pregunta —Millicent guardó el envoltorio de la chocolatina y se expulsó las manos—. Si ya sabíais que íbamos a aceptar tu affaire con Weasley, ¿por qué no nos lo habías dicho antes?

—Porque los planes hay que tenerlos muy controlados. Y sé que si os hubiera dicho lo que me traía entre manos con ella vuestra actuación de novatos lo fastidiaría.

—Maldita ambiciosa —rió Milli—. Eres peor que cualquier Slytherin cuando piensas en tus beneficios y metas con tu mente tan calculadora.

Daphne sonrió de lado, completamente de acuerdo.

—¿Serás capaz de ir a los dormitorios de los Gryffindors hoy?

—Vamos, chicos, no me digáis que no lo haríais si estuvierais en mi situación—se levantó y caminó hacia la puerta—¿Vienes, Milli? Tengo el pedido en la habitación.

—¡Voy!

Ambas jóvenes desaparecieron por la puerta de las mazmorras ante la mirada de sus compañeros.

—Tíos, ¿sabéis qué? Jamás había sentido tanta envidia y frustración sexual a la vez...

—Ni que lo digas, sólo de pensar en que Daphne y Weasley... ¡Uugh !Con lo buenas que están...! No tengo ni puta idea de cómo reaccionar, si pajearme o retorcerme de celos porque Daphne ha sido quien se la ha llevado a la cama.

Los demás asintieron, totalmente de acuerdo.


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