Juro solemnemente que mis verdaderas intenciones son...

—¡Otro, otro, otro! —canturreó Ginny, vertiendo más líquido.

—Ya te has tomado cuatro tragos, ¿no crees que es mejor descansar y esperar a que te afecte? Al final vomitarás...

—Verás, he decidido que si tengo que ir con dolor de cabeza a las clases, antes voy borracha, ¿tienes más botellas ? Espera —se respaldó en el mullido sofá—, no tengo dinero suficiente.

—Y aunque tuvieras dinero, no hace falta que vayas borracha porque sabemos dónde dormir, en esta... sala tan extraña, ¿os dijo donde estaba Dumbledore o la profesora McGonagall?

—Ehmm, es confidencial. Soy agente de la polícia secreta.

—¿De quién?

—De... Oh, sí, es como nuestro Departamento de Seguridad Mágica en el mundo muggle.

—Ah, muggle —se preparó otro vaso—, parece que sabes bastante de ellos.

—Bueno... Cuando era pequeña mi padre ya hablaba de ellos, y después conocí a Hermione. No es que sepa mucho de su vida, pero podría defenderme, supongo.

—Mmmh.

—¿Te molesta?

—¿El qué?

La mirada de Ginny lo dijo todo.

Daphne negó con la cabeza.

—Me parece curioso, sin más. A mí siempre me han dicho que tener magia es lo más honrado, y como hay que estar agradecidos por tenerla, tenemos que conservarla.

—Pero si fuera así no nacerían magos y brujas de ellos, ni estarías a favor de... —se quedó callada observando su vaso vacío que se encontraba encima de la mesa de cristal. Sonrió— que te gustaran las mujeres, porque eso supone no reproducirse, a no seeer...

La Slytherin levantó la mano, demandando el turno de palabra.

—Cito mis palabras: "A mí siempre me han dicho" —hizo una pausa—. Repito: "A mí sie-"

—Vale, vale —golpeó repetidamente su mano para bajarla—. Pero te sigue pareciendo curioso.

—Sí, claro, porque me cuesta un poco entender que tu familia siendo sangre pura seáis trai-, mh, hayáis empezado a relacionaros con muggles y sangre sucias... Me pregunto la vida pasada de tus padres para que no... pensaran como mis padres.

—Porque eran y son valientes a más de humildes como todos los Prewett y Weasley —levantó los puños, dando un grito agudo—. ¡Arriba mi sangre y mis ideales! —los bajó riendo—. No soy más inferior por hablar con personas.

Daphne únicamente sonrió.

—¿Otro vaso? —ofreció ésta, levantando la botella.

—Mmh, sí, gracias.

—Me gustaría saber —Daphne se rascó la nariz—. Estos días en la escuela, ¿te están ahogando los deberes?

Frunció el ceño y se rascó la cabeza, después se colocó el flequillo pelirrojo.

—¿Con las Ravenclaws? Ni de broma, me ayudan demasiado, aunque siempre me dicen que vaya estudiando y bfff... quiero mi vida social y pensar en mí misma, no estar las veinticuatro horas pensando en los estudios, que si futuro, que si dinero...

—Ya, ya, se entiende —fue preparando otro vaso para ella—. No tienes por qué pensar en oro, podría darte.

—Será prestarme. Y no, no quiero deber nada a nadie.

—También sois muy orgullosos —río entre dientes, acercándose el borde del cristal a sus labios—. Nunca dudáis en ofrecer ayuda, pero cerráis la boca con fuerza a la hora de pedirla.

Ginny chasqueó la lengua al tiempo que dejaba los ojos en blanco.

—No vamos tan mal, mis padres se defienden bastante bien y como últimamente se reúnen mucho con gente de la Orden, también pagan parte de la comida y nos sale a todos más barato. Y delicioso.

Durante la escasa ausencia de palabras que hubo, la menor se tapó la boca con una mano sin pensar en las consecuencias.

—¿Qué pasa?

—Oh, no, nada, nada — Weasley regresó en un instantes a estar igual de relajada en el sofá.

A pesar de que Ginny estaba muy confusa de que Daphne no conociera la existencia de la Orden del Fénix, actuó bastante bien al volver a echar el cuerpo hacia atrás.

La Leona bufó.

—¿Quién me iba a decir que un jueves por la noche estaría bebiendo?

—Si no hubiéramos despertado a tus compañeras, estaríamos durmiendo —incordió la Slytherin, quitándose las pocas pelusas de su uniforme.

—Qué va, si no fuera porque te ha dado por venir, mañana no tendríamos problemas..

—¿Problemas de qué?

—Ah, claro, ¿no has pensado que tú y yo seremos la noticia estrella de los rumores románticos?

—Dudo que los Slytherins fueran a rumorear por ahí. No es lo suyo molestar a un negocio que les proporciona beneficios y caprichos así que estamos a salvo por mi parte. En cambio-

No rompieron el contacto visual.

—Eres una maldita lagartija —dijo Ginny en un tono neutral como si leyera—. Desde un principio sabías que no te rechazarían por dirigir un negocio y aún así me has engañado diciéndome que no tendrías más privilegios ni podrías proteger a Parkinson, ¿en qué mierda estabas pensando?

Daphne desvió la mirada y comenzó a preparar otro vaso lamentándose del tema actual, ¿cómo había podido resbalar así?

Carraspeó con disimulo y se cruzó de piernas al depositar la botella de nuevo sobre la mesa de cristal.

—Claramente no estaba segura de si aceptarían nuestra relación —contestó, virando el rostro a Ginny y desafiándola con la mirada.

—No jodas, claro que lo sabías —antes de continuar, arrebató de un zarpazo la botella, obligando a Daphne a prestarle atención—. Desde que pasó lo del Vestíbulo ya sospechaba de ti, hiciste gestos y reacciones que no me cuadraban, ¿qué clase de Slytherin mantendría una cara neutral cuando se le pedía opinión sobre si involucrarlo en una artimaña que claramente podría fastidiarle? ¿o por qué cojones no querías que escuchara tu conversación con ellos? Por no hablar de que apareciste en la Sala Común confesando que no tenían inconvenientes con la relación y ahora acabas de admitir que antes de que tuviéramos que actuar como pareja delante de esas Serpientes ya sabías que no habrían represalias contra ti por ser una "traficante", ¿cómo quieres que reaccione ante esto?

Daphne echó para atrás la cabeza, mareada por el alcohol, y caviló una posible respuesta.

—A ver, recapitulemos, estás enfadada conmigo porque crees que desde un principio sabía que no me iban a rechazar y aun así dije que no podría defender a Pansy, ¿es eso?

—Es más. No acabo de entender el porqué viniste a mi dormitorio cuando podías dormir tranquilamente en el tuyo, según tus palabras. Y —añadió con énfasis al percibir que Daphne quería interrumpir—, en verdad, lo que más me molesta es que si la reputación la seguías manteniendo ¿qué pintaba aquella actuación tan —movió las manos al buscar una palabra— tan erótica enfrente de ellos?

La Slytherin bufó molesta, negando con la cabeza y posando el codo en el respaldo del sofá para sujetarse el rostro con los dedos de la mano. Nada contenta de no poder defenderse de las acusaciones por culpa de tener el alcohol circulando por su cerebro, mantuvo la mirada de Ginny.

—Necesito saber con urgencia cómo es posible que argumentes mejor yendo borracha que serena.

Se mordió la lengua con disimulo al darse cuenta de que su orgullo había surgido sin previa meditación ocasionando la pérdida de sus pensamientos y futuros planes para evitar que la Gryffindor continuara enfadándose.

—¿Qué acabas de decir, Greengrass?

—Estaba diciendo que no comprendo muy bien tus intenciones, ¿qué sacarás atacándome con esta ferocidad?

—¡La verdad! Ni siquiera entiendo qué hago aquí, más bien qué hacemos las dos aquí, juntas, a solas, emborrachándonos.

—Pasarlo bien, evidentemente —contestó sin poder esconder la risa.

Ni siquiera ella entendía muy bien cómo había llegado a esa situación, y estaba claro que le costaría ponerse seria con lo que había bebido.

—No te rías, estamos hablando de un tema serio.

Daphne se frotó los ojos en un intento de ganar tiempo y pensar, pese a que en esos momentos era más difícil llevarlo a cabo que antes. Si la educada y elegante Daphne Greengrass estaba indispuesta en esta ocasión, dejaría que su otro yo borracho y más Slytherin hablara por ella. Y bien sabía que aquello significaba problemas para sus posibles planes futuros y dejarse llevar más de lo necesario.

—Ginny... las preguntas de una en una porque ahora mismo apenas puedo ponerme en pie.

—Te jodes. Aprovecharé que vas borracha para sonsacarte cosas.

—Sí, bien jodida estoy.

—Primera pregunta —se quitó los zapatos y puso los pies encima del sofá. Parecía más que empezaba una conversación entre amigas de rumores que una interrogación seria—: ¿Sabías sí o no que aceptarían nuestra relación a pesar de ser yo una traidora?

Daphne imitó la pose, con la diferencia de que agarraba la botella y jugaba con ella. Las dos rieron sin motivo.

—Hagamos una cosa —comentó la Slytherin, disimulando un leve mareo y llenando los dos vasos—, ¿qué te parece contestar una pregunta y beber a continuación? Me he explicado mal: tú me preguntas y yo bebo.

—¿Y ya está? —inquirió, sin contener una cara de confusión total.

—Sip, sólo hablaba para ganar tiempo y emborracharme —la sonrisa se le escapó mientras bebía.

—Uuuh, acabarás mal.

—Si quieres sinceridad, esto es necesario.

—¿Quieres emborracharte? Está bien, yo seré tu animadora. Prepara dos más.

La menor comenzó a animarla al ritmo de "traga, traga, traga" olvidándose del alrededor e imitó a su compañera de escuela llenando su estómago con otro más. Estuvieron quince minutos riéndose de las caras que ponían por el sabor, y Ginny se levantó dando tumbos.

¿Y el perdido y maldito lavabo?! —gritó la Gryffindor apoyándose en la estantería.

—¡Yo te guío!, cierra los ojos y escucha mi voz, sigue recto, recto, recto, ¡ahora a la izquierda!

Ginny rebotó al suelo al chocarse contra una pared y rodó por él imitando a un gusano que ya no tenía fuerzas ni para ponerse de pie.

—Vas fatal, señorita Weasley —concluyó, peinándose la melena larga para ponerla sólo a un lado.

—Quédate quieta hasta que salga, todavía tienes que responder a mis preguntas y no me servirás si mueres —cerró la puerta.

—¿Qué? Yo no he preguntado nada.

La voz llegó amortiguada hasta el oído de Ginny.

—No tú, ¡yo! Ahora salgo, tú espera.

Al acercarse de nuevo al sofá, descubrió a Daphne tumbada en él. En cuanto se sentó, la Slytherin se recogió las pies descalzos y abrazó sus piernas, atenta a las palabras de Ginny. Aunque se balanceaba por la escasez de equilibrio y parpadeaba frecuentemente para enfocar con más facilidad.

—Bien, mmmh, la primera pregunta era... —subió una vez más los pies en el mueble y estiró los brazos, relajada— ¿Sabías que aceptarían nuestra supuesta relación?

—Totalmente borracha y sin siquiera pensar, te diré que sí.

—¿Y por qué me pediste hacer esa escena...?

—Porque una cosa era que aceptaran y otra lograr que no se rieran de ello. Me refiero a quería hacerte más deseable para hacerles callar, como te dije. Estamos bien, no nos darán problemas todavía, tranquila.

—¿Sin segundas intenciones?

—¿Qué clase de segundas intenciones?

Ginny negó con la cabeza.

—Segunda pregunta, ¿por qué viniste a visitarme por la noche?

—A esa pregunta —tosió al atragantarse con su propia saliva. Tanto beber no era bueno— todavía intento buscarle una respuesta.

—Ahá... Me temo que no has bebido lo suficiente porque sigues evitando responder con sinceridad. A todo.

Daphne apoyó los brazos en el respaldo y posicionó su cabeza sobre ellos, clavando la mirada en Ginny y sonriendo. La muchacha era más perspicaz de lo que creía.

—Estaré borracha pero sigo siendo precavida, señorita Weasley.

—¿Sigues siendo una Serpiente mentirosa?

—Únicamente sigo por un camino donde me sienta segura... ¿es mi hora de interrogar?

—¿Uh? Bueno, supongo que sí...

—Verás, durante este tiempo te he estado contestando con respuestas que te hubieran complacido si no te interesara tanto el tema pero no te has quedado satisfecha ¿y tienes alguna idea de por qué? —achinó los ojos, transmitiendo sagacidad, y aproximó el rostro unos centímetros más—. Porque hasta que no escuches la respuesta que quieres oír, ninguna otra te complacerá. Bien podría decirte la verdad que si no son las palabras que deseas que salgan de mi boca no te las creerías. Y la pregunta, obviamente, es ¿qué palabras quieres que diga?

—¿Y este es el camino que has escogido para sentirte segura?

—Aún no has contestado y no quiero escuchar como contestación "La verdad".

—A ver, a ver —dijo sacudiendo la cabeza y las manos—, a ver si te entiendo, ¿quieres que te diga la respuesta de mi propia pregunta? ¿Cómo mieeerda voy a hacer eso? Se supone que si te pregunto es porque no sé tus intenciones.

—Tú lo has dicho, se supone. Y no, no quiero que contestes a tu pregunta, sino a la mía.

—P-pero, Merlín, tú estás muy mal de aquí, eh —se golpeó la sien con el dedo índice.

—Si te refieres a que desprendo inteligencia —alzó una ceja—. Sigo esperando respuesta.

—No sé qué esperas porque no tengo ni idea, ¿qué quieres escuchar?

—Lo que piensas sería un buen paso.

—Pienso que... —levantó las dos manos, mostrando las palmas—, voy borracha. Pero, sé que tu fachada de "soy de confianza, actúo de esta manera por mi mejor amiga y sólo pienso en ayudarla sin segundas intenciones", es una mentira que no acabo de tragármela.

—Eso son prejuicios que se han impuesto a los Slytherin de que no hay amistades sinceras ni nada y, si quieres la verdad, si no estuviéramos juntos formando un grupo, pocos valdríamos la pena en solitario, hablo de los jóvenes. Ya los adultos...

—Bellatrix Lestrange —susurró Ginny. Daphne arqueó las cejas—. Me han contado muchas cosas de ella... Ninguna buena, pero se deja intuir la fuerza y poder que tiene cuando está muy enfadada.

No dijo nada más, y Daphne no parecía querer añadir palabra alguna.

—Hay veces que no sabes a dónde te pueden llevar tus decisiones, y acabas perdido —acabó cediendo por la tensión del silencio.

—Supongo que te lo dirás a ti misma.

—No tiene por qué.

—Bueno... estás tú más cerca que yo de ir por el mismo camino que Lestrange.

—Eso no tiene nada que ver —chasqueó la lengua—, da igual tus ideales. Si tus acciones rozan la locura, no importa que pienses que esto es mejor que otro, porque no varia el hecho de que sigues... cometiendo locuras.

—Ah, vale, que ahora resulta que los mortífagos sois buenos en comparación con ella—se burló, y rascó su cabeza en un intento de parecer inocente.

—No soy mortífaga, y no estoy defendiendo nada. Y, sinceramente, ni siquiera tengo ganas de defenderme. No me hagas ir a dormir.

Ginny alzó sus dos cejas junto con el vaso vacío, señalando con el dedo índice a la Slytherin.

—Como me dejes aquí con esta borrachera, te mato.

Daphne rió y, mientras que se peinaba el flequillo largo hacia atrás, estiró el torso para servir dos tragos más.

—Los últimos —agregó Greengrass, limpiando la gota que resbalaba por la botella después de haber servido.

—¿Y a dormir?

—Podríamos considerar la posibilidad.

—¿Quién dormiría en el sofá?

La Gryffindor se carcajeó al ver el cambio de cara de Daphne.

—¿Tienes miedo de dormir sola?

—Estaba pensando en la estupidez que era que alguna de las dos durmiera incómoda.

—Mmmh, se ve un sofá cómodo —botó con el cuerpo y prestó atención a su acompañante—. No te preocupes, la cama es suficiente grande para no tocarnos.

La rubia rodó los ojos.

—¿Para qué me preguntas quién dormirá en el sofá si no te importa dormir en la misma cama?

—¿Por educación?

—Déjalo.

Ginny murmuró un "salud" y dio por finalizada la noche. Parecía ser que Daphne, quien había hecho una mueca de asco por el sabor, también estaba cansada.

—¿Hasta qué hora nos quedamos?

—Hasta antes de que la gente despierte.

Se dirigieron en silencio hacia la cama y se vistieron en un lado diferente.

—Espero que no me ataques, porque me vengaría —dijo Ginny, acurrucándose dentro de la cama con las mantas.

Se apagó la luz.

—¿Crees que después de lo que hemos hablado te atacaría?

Daphne se estiró, a diferencia de la Gryffindor, por encima. En sus dormitorios, debajo del agua, hacía mucho más frío y la temperatura de aquella sala parecía que estuviera en verano.

—Mi intuición me dice que no me fíe de ti desde que te conocí —se mordió la uña del pulgar.

—Yo siempre digo que nunca desconfíes de tu intuición, hay que seguirla —la Slytherin se tumbó boca abajo y acomodó los brazos debajo de la almohada, subiendo una de las piernas.

—¿Lo estás afirmando? —se oyó un susurro.

—Estoy afirmando una opinión: siempre hay que seguir la intuición. No que vaya a atacarte.

—Mmh...

—Buenas noches, señorita Weasley.

—Buenas noches, Greengrass.

Al cabo de un cuarto de hora, Ginny dejó de apretar el Galeón que utilizaban los del Ejército para saber cuándo y a qué hora reunirse. Lo dejó encima de la mesita, más tranquila.

-0-

—Vino de Saúco.

La Dama Gorda gruñó ante las dos presencias.

—¿Qué hacéis despiertas a estas horas? ¿No veis que está amaneciendo? Dentro de dos horas empezáis las clases —reprendió el cuadro con una voz aguda.

—Vino de Saúco —repitió Ginny, bostezando.

Llevaba puesto el uniforme encima del pijama, puesto que planeaba dormir una hora más.

La Dama Gorda siguió con una mirada de sospecha a las dos jóvenes, en especial a la Slytherin.

Se adentraron hasta los primeros escalones.

—¿De verdad crees que Parkinson está aquí? —volvió a susurrar la pelirroja.

—Tengo ese presentimiento.

Daphne subió las escaleras y abrió la puerta, observando la tranquila habitación de Granger donde los escasos rayos solares apenas modelaban los rústicos muebles ni las adormecidas figuras.

—Despierta, es hora de irse.

—Mmhno, unos minutos más...

Pansy golpeó la mano que la zarandeaba y abrazó con más fuerza a Hermione, quien se quejó en sueños.

—Vamos, va, que nos estamos arriesgando mucho, podría aparecer cualquier persona. Contaré hasta tres —se quejó, apartando las sábanas—. Uno.

—Dos... —Pansy se frotó los ojos, bostezó y se puso en pie, todavía somnolienta—. Oish, mira qué monada —señaló a una Granger dormida y encogida por el frío matutino y le tiró de ambas mejillas—. ¡Pero qué niña más bonita!

—¡Pansy!, baja la voz, no debemos despertar a nadie.

—Vale, vale... déjame unos minutos para desvelarme. Media hora, más o menos.

—Pansy...

—¡Daphne, Daphne!

La voz rasgada para no chillar y llamar demasiado la atención hizo que ambas Slytherins se sobresaltaran. Daphne desenfundó la varita por costumbre y la apuntó hacia la pelirroja que había vuelto a subir las escaleras muy rápido y se estaba apoyando en la puerta abierta.

Detrás de ella apareció Cho, todavía más roja que su amiga, y esta continuó subiendo las escaleras. Lovegood la seguía sin aminorar el ritmo.

—Umbridge está subiendo la torre con Filch, más nos vale escondernos ya mismo.

—¿Qué? —Daphne frunció el ceño, demasiado confusa—. ¿Cómo que está subiendo la torre a estas horas? ¿A qué ha venido?

—Eeh... —se peinó la melena—. Cho y Luna estaban yendo hacia la torre de Ravenclaw cuando vieron a Filch de lejos. Las han seguido y creo que ellos tienen pensado entrar aquí. ¿A qué esperáis? ¡Va! —dio varias palmadas sordas.

—¿Qué hacían ellas dos a estas horas? — inquirió Daphne "Y es más sospechoso aún que Filch haya despertado a Umbridge por esto"

—Supongo que lo mismo que tú y yo —Ginny puso los ojos en blanco.

—Ehm, chicas, creo recordar que la tal Umbridge va a abrirnos el ojete si nos descubre así que... ¿por qué no seguís hablando un sitio dónde no haya nadie, estemos a salvo y yo pueda seguir viviendo feliz sin preocuparme del futuro tamaño de mi ano?

—Hay que ir arriba —asintió Ginny.

Parkinson subió de dos en dos los escalones sin esperar respuesta alguna y Daphne imitó el recorrido. Antes de salir de la habitación, posó la mano en el marco de la puerta y viró el rostro para chocar sus celestes ojos con los de Ginny.

—Si es Umbridge y no McGonagall, Pansy y yo podríamos salir airosas aunque nos encontrara en vuestra sala común.

—¿Hay posibilidades de que os castiguen?

—Sí, pero si después de todo no confías en mí, es mejor ir-

—Anda, tira hacia arriba, inútil, ya hablaremos de esto —la empujó repetidas veces para que sus pies reaccionaran.

Entraron en la habitación de Ginny. Cho y Luna no se veían en ningún rincón, así que se adentraron con el ceño fruncido. Al igual que Pansy, quien se encontraba en el centro del dormitorio sin saber dónde esconderse.

Psst, estamos aquí abajo —el susurró de Luna les guió hasta la cama de la Gryffindor.

—¿Por qué no os vemos? —preguntó Ginny, acercándose a ellas, al espacio vacío que dejaban las cuatro patas de la cama.

—El encantamiento desilusionador, Ginny —contestó Cho.

—Oh, ah, sí. ¡Hey! —llamó a las Slytherins—, poneros detrás de la puerta y-

—Lo hemos oído —interrumpió Pansy, obedeciendo para ir hacia allí. Levantó su varita y se quedó un par de segundos observándola—. ¿Cómo demonios se hace un encantamiento desilusionador?

Daphne envió su magia riendo entre dientes, después hizo lo mismo a la Leona que se acercaba por su espalda.

Buah, qué sensación más...ugh, espeluznante —murmuró Pansy.

Todas tenían fijados los ojos en la puerta.

—Como si te tiraran algo viscoso por la cabeza, ¿a que sí? —le animó Ginny.

—Sí, algo asqueroso —asintió con fervor.

—Por favor, chicas —advirtió Daphne, justo cuando sonaban pasos en el piso inferior.

—Han entrado, y creo que están abriendo puertas.

—Sshh.

Al cabo de unos pocos minutos, la cara redonda de Umbridge se asomó por la obertura de la puerta. Apenas sus ojos repasaron la estancia con tranquilidad, volvió a irse tan rápido como vino.

Decidieron quedarse cinco minutos más hasta que se aseguraron de no escuchar nada.

—Bien, ya estamos a salvo.

La voz baja de Weasley pareció llegar a los oídos de las Ravenclaws, quienes, sin verse por el encantamiento, se levantaron de donde estaban. Se pudieron ver en el colchón dos huecos por el peso.

—¿Puedo aprovechar que soy invisible para ir a dormir con Hermione?

Ginny bufó.

—Te durará menos de una hor-

—¡Me conformo!

Ninguna pudo ver cómo Pansy bajaba las escaleras, pero por el ruido que hacía ya era más que una pista.

—Yo me iré a mi Sala para acabar de enviar un par de pedidos.

Con un sutil movimiento de varita, Daphne se desprendió del encantamiento. Ginny la imitó.

—Sé que no es momento para hablar... —empezó Daphne, enviando una mirada de reojo a la cama—, pero me gustaría que supieras-

—Tienes razón, no es un buen momento —negó con la cabeza y la guió hasta salir fuera del dormitorio—, ¿qué quieres?

Al acabar de cerrar la puerta con cuidado, Ginny se apoyó en ella, Se cruzó de brazos después de peinarse con los dedos.

—Sobre lo de la confianza...—se mordió el labio, dudosa de si seguir por esa línea—. Cuando te encontré subiendo las escaleras el día que Pansy perdió la memoria... Simplemente te cruzaste y... únicamente pensé que podría aprovechar la oportunidad de la excusa de protección de esas dos para acercarme más a ti —desvió la mirada al suelo buscando palabras. Cerró los párpados con fuerza y los abrió frunciendo levemente el ceño, concentrada y seria—. A partir de ahí... abusé de todas las oportunidades que se me presentaron como buena Slytherin que soy. Espero que ahora comprendas un poco más por qué no te cuadraban algunas explicaciones.

—Y como buena Slytherins que eres, ¿qué es lo que podía aportarte acercarte a mí? —"Me está mintiendo", pensó Ginny al comprobar que, como se fijó en otras ocasiones, el exceso fruncimiento de labios le indicaban la falsedad de Daphne en sus palabras.

Daphne esbozó una sonrisa ladeada al observar la expresión de sospecha.

—Supongo que tengo pocos contactos en Gryffindor.

—Mentirosa. En todo. Como siempre. ¿Qué escondes?

—Prefiero que te quedes con la respuesta que te he dado antes.

Giró sobre sus talones, y la sedosa melena dorada comenzó a balancearse a medida que brincaba al bajar por las desgastadas escaleras.

La Slytherin rozó el suelo de la Sala Común con el pie cuando entendió al instante que debía ponerse a salvo. Pero no hubo ni un segundo de diferencia entre el pensamiento y la apertura del cuadro de la Dama Gorda.

Notó cómo sus rodillas flaquearon ante la amenazante visión de Umbridge repasándola de arriba a abajo.

—Buenos días —se aventuró a decir.

Evitó cualquier gesto corporal para delatar su estado de ánimo.

Umbridge ni siquiera la miró, repasaba en busca de algo en la Sala Común y no prestó atención a la joven hasta al cabo de unos segundos.

—¿Qué hace aquí? —inquirió la mayor, sin ningún rasgo de sorpresa en su tono.

—Alguien me robó la corbata —pensando que ni siquiera era una excusa válida, se sorprendió en cuanto la mujer asintió.

—¿La ha encontrado?

—Sí —percibió la ausencia mental de Umbridge al pensar y decidió en no arriesgarse—. Por favor, no reste puntos a Slytherin. Alguien me contó que fue un Gryffindor quién me la robó para vengarse y pensé que sería buena idea buscarla por mi cuenta cuando estuvieran durmiendo. Mis padres no estarían orgullosos de saber que su hija ayudó a perder la Copa de la Casa contra Gryffindor por querer recuperar lo que es suyo.

Umbridge parecía no escuchar.

—¿También está buscando pistas sobre el Ejército de Dumbledore?

—¿Q-qué?

—Pertenece a la Brigada Inquisitorial, ¿verdad?

La boca entreabierta de Daphne se cerró para asentir.

—¿Entonces por qué le sorprende la pregunta?

—No me la esperaba, sinceramente, sólo quería volver a mi sala para preparar unos pedidos.

—Cierto, cierto —liberó una risita aguda—, el negocio Greengrass siempre en funcionamiento —susurró con cierta ironía—. ¿A qué espera para irse, señorita Greengrass?

—Me iría ahora mismo, si pudiera... —dijo, esperando a que le restaran puntos.

—Nadie está bloqueando la salida.

¿Favoritismo? ¡Qué va!

Daphne cruzó la estancia segundos antes de sonreír con agradecimiento, topándose con un Filch vigilando el cuadro, y corrió escalinata abajo sin ganas de mirar atrás. Sabía que Pansy estaría a salvo, a no ser que se le ocurriera bajar justo ahora cuando se encontraba la Suma Inquisidora dentro.


Wiii, muuuuchas gracias por los ánimos y reviews (en cuanto pueda os contesto sin falta :3) ¡Nos leemos el sábado! \(^0^)/