¿Aliados o enemigos?

—¿Qué?! ¿Te han atrapado?!

Daphne posó el vaso en la mesa antes de que se le resbalara y buscó un mínimo rastro de broma en la mirada de Pansy. Nada.

—Umbridge me dejó escapar a mí —continuó Greengrass—, ¿cómo es posible que no hiciera lo mismo contigo?

—Bueeno —la morena se dio unos suaves toques en el labio inferior con el tenedor y dirigió los ojos al techo—. Se fue detrás de ti pero por alguna razón volvió hasta el piso del dormitorio de Hermione.

—Y te encontró —alzó las manos sin acabar de entender por qué no pudo huir sin consecuencias.

—Sí, subió las escaleras mientras me intentaba poner el uniforme fuera de la puerta... Al final me llevó a su despacho y comenzó a hablarme con voz aguda y repelente, pero preferí no escuchar —al ver el fruncimiento de cejas de su amiga, se ofendió—. ¿Qué? Prefería seguir pensando en Hermione que en escuchar a esa Suma Inquisidora del Infierno.

Pansy continuó comiendo como si estuviera viendo a la vez un programa de comedia. Daphne, por su parte, seguía congelada en el sitio, sin acabar de entender qué había pasado.

—¿Y Granger?

Pansy alzó una ceja, inquiriendo, y todavía masticando.

—¿Qué pasa con ella?

—Umbridge te ha visto fuera de la puerta, pero te habrá preguntado qué hacías —hizo un movimiento circular con la mano para que su compañera continuara con el resto.

—Ah, no la vio, la puerta estaba cerrada.

—¿Y por qué te llevó al despacho? ¿Te preguntó si eras de la Brigada?

—Pues sí, y le dije que sí. Entonces me llevó al despacho.

—Y...

—No me acuerdo, no la escuchaba.

Con los ojos cerrados, Daphne apoyó la cara en la mano que sujetaba el tenedor.

—No puedes haber cambiado tanto —murmuró, burlándose.

—Déjame ser. Estoy recuperando algún que otro dato, y prefiero no estar avanzando tanto.

—Todo tuyo —extendió los brazos durante un segundo—, puedes elegir no recordar nunca o recordar demasiado. Tu elección.

—Uhmm —empezó a desmenuzar un muslo de pavo—. Ahora tengo curiosidad por saber qué me dijo... No parecía enfadada...

—¿Te hacía preguntas cuando acababa de hablar?

—Sí, sí, yo siempre asentía. Me quería ir.

—Quizás... te haya pedido que hicieras algo, está obsesionada con Dumbledore y al haberte visto en los dormitorios habrá pensado que podría utilizar tu amistad para enterarse de más. ¿Ha hablado Hermione contigo sobre la Orden del Fénix o los Mortífagos?

—No me suena que haya salido esos nombres de su boca.

—¿Seguro?

Asintió con la cabeza.

—Bien, tranquila. Hazme un favor... —los ojos de Daphne se movieron hacia las dos Gryffindors que acababan de entrar al Gran Comedor—, no le digas a Granger que te he preguntado sobre ellos.

—¿Sobre quién? —frunció el ceño

—Así me gusta —sonrió, liberando una débil carcajada—. Hay que ver lo desconectada que te vuelve una Bludger.

Pansy tuvo un escalofrío.

—No digas ese nombre, por favor... Ugh.

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Harry fue el primero que entró en la Sala de los Menesteres. Ron y Hermione se sentaron a la espera de los demás mientras su amigo se entretenía preparando objetos.

—Llegan tarde —se quejó el pelirrojo.

—Siempre lo hacen.

—¿Hola?

Luna dio un brinco para bajar el escalón y saludó con la mano.

—¿Qué nos toca aprender hoy? —preguntó Cho, quien caminaba a sus espaldas.

—Espero que algo interesante como partir brazos —Angelina saludó a Ron con un puñetazo en el hombro.

—A mí me gustaría más un hechizo de protección —opinó Katie, haciendo un gesto de cabeza como saludo.

Dos Hufflepuffs, Susan Bones y Hannah Abbott, fueron las siguientes en llegar parloteando y comiendo bombones.

—¿De qué habláis?

Hannah tiró la mochila llena de golosinas y chocolates y se sentó al mismo tiempo que su amiga.

—¿Habéis escuchado lo que van diciendo las gemelas y Lavender? —Susan dejó de trenzar sus hebras pelirrojas para enfatizar más la sorpresa—. Que Trelawney ha dicho que Parkinson va a morir.

El enorme silencio que crearon cuando abrieron la boca, se cortó al escucharse un agudo y escéptico:

—¿Qué?! —Hermione ni se inmutó por todos los ojos que la miraron—. ¿Y Harry no muere?

Las risotadas de Ron aliviaron el ambiente.

—Ey, que si ha visto que Harry no muere es más probable que acierte.

La Gryffindor puso los ojos en blancos cuando dejó escapar un quejido gutural y grave.

—No me hagas reír, Ronald, esa profesora no es que tenga precisamente el mejor historial para creer en sus... "profecías" —imitó con ganas las comillas con los dedos y se cruzó de brazos.

Sólo le faltaba que viniera alguien profetizando que Pansy iba a morir.

—¿Y cómo dices que muere Parkinson? —se interesó Angelina, achinando los ojos.

—Buenos días, chicas —canturreó Lavender—, y Ron, y Harry... que está en sus cosas.

—¡Oh, justo a tiempo! —Susan la señaló—, ¿qué es lo que la profesora Trelawney vio?

—Oooh —Parvati y Padma se miraron con complicidad.

Lavender se añadió a la conversación visual. Y rápidamente fueron a ocupar el vació en el círculo que habían creado, carraspeando y colocándose bien la ropa.

—Cinco de la tarde. Despacho de la profesora Trelawney. Da dos sorbos, mira las hojas de té, mira el examen que estaba corrigiendo.

—Espera, espera, ¿corrige los exámenes con vosotras delante? —interrumpió Angelina.

—Estábamos tomando el té, nada más —Lavender se encogió de hombros, y regresó a su energía de periodista—. Repasemos: Da dos sorbos, mira las hojas de té, mira el examen que estaba corrigiendo. Y, con los ojos muy, muy abiertos, agarra el siguiente pergamino que tenía que corregir. Mira los dos nombres. Y dice: "Las hojas me están hablando..."

Hermione se imaginó a la adivina haciendo teatro para hacer más extraordinario todo, y no pudo evitar frotarse el puente de la nariz para hacer desaparecer aquel dolor de cabeza. Y aquella broma de mujer.

—¿Por qué no continúas? —preguntó Katie.

Lavender arrugó la nariz en dirección a Hermione y a Ron.

—Porque parece ser que a Hermione no le interesa una profecía de muerte de uno de nuestros compañeros de escuela.

La nombrada paró de frotarse.

—Sinceramente, me parece que la profesora Trelawney ya tuvo tiempos mejores como adivina, si los tuvo. Y no, no me interesa la profecía de muerte de uno de nuestros compañeros de escuela porque Trelawney ha estado matando cada día a Harry en sus fantasiosas visiones.

—Chapó —susurró Ron.

—Bueno, que si a Hermione no le interesa, a mí sí —animó Angelina para que continuaran.

—Os lo comentaré luego —Lavender murmuró lo suficiente alto para que Granger la escuchara—, vais a quedaros impresionadas.

Hermione movió los bucles castaños de un lado a otro, en desacuerdo totalmente.

—Si de verdad respetaras la adivinación, también respetarías la vida de las personas a las que predices su futuro —argumentó Hermione, ganándose la aprobación de Ron, Cho y Luna que asintieron con la cabeza a la vez—. Sea alumno de esta escuela, trabajador de una tienda, o un ser mágico, no te da derecho a ir comentando su vida, o peor, su muerte por ser un rumor jugoso.

Lavender frunció los labios y buscó con la mirada a sus dos amigas. No necesitó esperar a ver si los demás querrían escucharla igualmente, aprovechó que aparecieron los gemelos Weasley con el resto de los Gryffindors que quedaban para dar por terminada la conversación.

Nadie habló más del tema y comenzaron a calentar con pequeños hechizos, después vendría el entrenamiento que tanto gustaba.

Aunque Hermione se sentía más intranquila de lo normal, muy a su pesar. Le daba rabia no creer en ello y a la vez preocuparse... ¿y si había predicho Trelawney lo mismo que Pansy con la bola de cristal?

Casi le alcanzó en el hombro un hechizo de Cho durante el rato en el que se había ido a su mundo mental al protegerse. Cuando levantó la vista, se dio cuenta del ceño fruncido de la Ravenclaw.

—Recuerda que los problemas de fuera no entran aquí.

—Estoy repasando lo que tengo que hacer cuando acabe —mintió, colocándose el cuello de la camisa.

Se puso en guardia con la varita apuntando. Cho la imitó con una sonrisa en los labios.

—Si quieres... —Chang vigiló de reojo que nadie las escuchara—, después le pregunto a Lavender sobre la profecía.

Las manos de Hermione se agitaron con energía.

—Qué va, qué va. No creo en ello —se quedó unos segundos en silencio pensando. Chasqueó la lengua—. Me harías un favor si lo haces.

La risa cristalina de Cho logró que la Gryffindor dejara de poner cara de decepción hacia sí misma.

—Te haré el favor si me haces el favor de tener tu mente en el ejercicio.

—Hecho.

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—Mira, es fácil, tú dices Accio lo que sea, y vendrá a ti. El hechizo más útil que te pueden enseñar para no moverte del sitio.

Draco vocalizo el conjuro y uno de los pergaminos que estaban en el césped ordenados con pulcritud y bien puestos estéticamente, zumbó hasta que lo paró con la mano.

—¡Y voilà! —se lo mostró a Pansy—. También está el Wingardium Leviosa, pero tienes que estar concentrada mientras agitas la varita para mover lo que quieras mover, y, a más, cuando ya tienes práctica con el Accio puedes pedir que venga a ti el objeto mientras estás con la atención en otra parte —hizo que escribía cuando un segundo pergamino voló hacia él, agarrándolo de un rápido movimiento—. Pero esto son años de práctica y de ser Buscador.

—Es maravilloso que le estés enseñando, pero ¿puedes hacer el favor de no desordenarme los papeles? Son importantes y hay datos de todo tipo, y no quiero perder ninguno —Daphne hundió la punta de la pluma en la tinta para firmar uno de los pergaminos y rellenar espacios vacíos con su nombre.

Draco curvó los labios hacia abajo, abriendo el pergamino que más a mano tenía.

—"Integrantes del Ejército de Dumbledore" —boqueó al recitar el título— "Harry Potter, Ron Weasley, Hermione Granger, Ginny Weasley, Fred y George Weasley, Neville Longbottom, Cho Chang, Luna Lovegood" ¿Y ya está? ¿Sólo se conocen estos?

Pansy intentó leer por encima sin llamar mucho la atención, no obstante, Malfoy ya había devuelto el pergamino.

—Es seguro que hay más, pero de asegurados sólo son estos. Al menos he descubierto dónde hacen sus reuniones, ya haremos algo con ello.

—Tuviste buena idea al decirle a Millicent que propusiera a los Slytherins de crear la Brigada, ha sido más fácil reconocerlos.

—¿Cómo? —Pansy frunció el ceño—, ¿a qué os referís?

Uuuff, Pansy, si supieras... —Daphne suspiró al tiempo que estiraba la espalda—, si supieras de los problemas que has escapado por no recordar nada... Tus cartas me llegan a mí y tus padres conocen tu situación pero eso no quita el hecho de que la vida y los problemas continúan.

Al notar que Daphne pensaba en si tomar la decisión de seguir con sus asuntos o explicarle a su amiga, Draco le cogió la palabra.

—Verás, tu tío Perseus se casó con una muggle y está causando disgustos a todas las familias sangre pura porque resulta que se ha unido a la Orden del Fénix, enemigos de nuestros padres, y ha confesado todos los secretos de nuestras familias relacionados con el Señor Tenebroso y los Mortífagos. Un golpe duro y muy inteligente, a decir verdad.

Parkinson se frotó toda la cara con sus palmas.

—Exacto, bien podríamos vivir sin que nos afectara la realidad del exterior pero el problema está cuando esa guerra se ha replicado en Hogwarts, y de aquí viene la creación de la Brigada Inquisitorial para contrarrestar el Ejército de Dumbledore. Estos dos grupos en la escuela representan a los Mortífagos contra la Orden del Fénix, básicamente —acabó Daphne, enrollando un pergamino.

—Para resumirlo —continuó el Slytherin—, no ha sido tan espontáneo el hecho de que alguien propusiera crear un grupo para unir a los Slytherins y seguir controlando el poder aquí en Hogwarts. Nuestros padres nos comentaron el estado en el que nos encontrábamos y que Umbridge, sin saberlo puesto que ella va de parte del Ministerio y no de los Mortífagos, es una títere más para evitar que los aliados de la Orden del Fénix de la escuela planearan sin obstáculos contra los aliados del Señor Tenebroso, es decir, nosotros. En pocas palabras, que nuestros padres querían que vigiláramos a Potter, porque es la principal amenaza, y sus amiguitos. Pero ni imponiendo normas en Hogwarts se ha logrado que no crearan el grupo, lo llaman el Ejército de Dumbledore y sí, yo también pienso que eso es de ser muy pelota.

—No lo entiendo... Vi cómo creaban la Brigada para expulsar a Hermione —balbuceó Pansy, rascándose la mejilla.

—Esa es la fachada, Pans, no podemos hacerlo en el nombre de los Mortífagos porque ni somos, ni nos conviene que el Ministerio de Magia sepa de ello a través de Umbridge —el mago rió.

—Ni siquiera estabais vosotros en el Vestíbulo.

—La Brigada se iba a crear sí o sí, lo único que nos fue de maravilla utilizar la excusa de querer expulsar a Granger y vigilar con lupa el resto de alumnos.

—¿Por qué ella? —insistió, comenzando a ofenderse.

—Granger es una aliada de la Orden del Fénix, nuestra enemiga, al igual que más gente. La idea de nuestros padres era controlarlos de vista, en especial a Potter, pero debilitar al Ejército haciendo que expulsen a sus integrantes y al cerebro del grupo es mejor idea —Daphne asintió ante las palabras de Malfoy—. No nos mires así, Pans, por mucho que no quieras recordar nada, hay cosas que deberías tenerlas en cuenta. Como empezar a pensar que Granger es tu enemiga.

—¡Ella no es mi enemiga! —se levantó golpeando su mochila.

—Pansy, reacciona con cabeza, estás en Hogwarts pero sigue habiendo una guerra psicológica en la realidad, y en la escuela ya ha comenzado. Brigada Inquisitorial contra el Ejército de Dumbledore; mortífagos contra la Orden del Fénix. No hay marcha atrás, las cartas están echadas y los jugadores preparados.

—No me lo puedo creer, ¿has dejado que esté con ella y todo este tiempo sabías que nos preparábamos para enfrentarnos?

Draco formó una expresión de confusión, y dejó de jugar con su varita.

—¿Cómo que ha dejado que esté? —de observar a Pansy, pasó a Daphne—. ¿habla de Granger?

Los músculos de la mandíbula de Greengrass se tensaron. Posó la pluma en el tintero y fulminó a sus amiga con la mirada.

—¿En serio eres tan ilusa de pensar que Granger no sabía a lo que os enfrentabais? ¿Crees que ella no estaba en el Ejército de Dumbledore mientras te arrancaba la ropa? ¿Que ella no ha estado planeando alguna artimaña sea en tu contra o en contra de nosotros? En la guerra y en el amor todo vale, Pansy, y ella no es la única que ha reflexionado sobre ello. Yo únicamente he pensado por ti, he dado los pasos que tú hubieras hecho si conservaras la memoria.

—N-no es posible...

—¿No es posible qué exactamente? ¿Que Granger te haya mentido?

—Que tú me hayas utilizado, hayas aprovechado lo que sentía por Granger para que "nuestros padres" se acercaran más a Potter. ¡Sólo me apoyabas porque era conveniente!

—¿No lo ves todavía, Pans? De destruir la Orden se encargan nuestros padres, nosotros debemos de derrotar al Ejército. Y Granger es indiscutiblemente el cerebro, ella se encarga de orientar al grupo para que no sean descubiertos ni fracasen en el intento. De los otros pilares del Ejército nos encargaríamos más tarde. Si Granger se enamora de ti es más fácil manipularla y evitar que piense por el bien de ellos, es más fácil encontrar puntos débiles y derrumbarlos que si está siempre atenta. Es muy útil mantenerla distraída... Aunque todavía no entiendo cómo se ha llegado a enamorar de ti, si de cerebro hablamos... es más fácil que yo haya sido la elegida —sonrió—. Es broma, Pans, tú siempre cazabas las oportunidades al vuelo, es algo en ti que envidio.

—No niegas el hecho de que me has utilizado para utilizar a Hermione —gruñó.

La furtiva mirada de Pansy traspasó de lleno a Daphne. La rubia agachó la cabeza para dar un largo bufido, evitando la rabia que emanaba de Parkinson.

—No lo niego. Derrotar a Granger es derrotar al cerebro del grupo.

—¿Por eso me alentaste a acercarme a ella? ¡Me mentiste diciéndome que me apoyabas porque eras mi amiga y mi felicidad era importante!

—Alegra esa cara, Parkinson sabe de lo que estoy hablando y el porqué es necesario. Una vez te acuerdes de todo, ya no te dolerá saber que Granger también te ha estado usando.

—¡No me ha usado!

—Por supuesto que sí, eres Pansy Parkinson sin memoria, enemiga y enamorada de ella, se le hizo fácil manipularte para que estuvieras más por ella y sus ideales que por los tuyos originales. Afortunadamente tu falta de recuerdos ha contribuido a que confíe en ti y todo haya fluido con menos resistencia. En este caso ni nosotros ni ellos han ganado, porque no ha podido sonsacarte información de la Brigada ni de que te convertirás en una mortífaga. Mientras lo último no lo sepa, en cierta forma estamos a un paso por delante ya que según tengo entendido, una vez empiece la batalla final, el Ejército atacará primero a los que sepan que se han convertido en mortífagos durante su estancia en Hogwarts.

—Ella sabe que me uní a la Brigada.

—¿Ah, sí? ¿Qué le dijiste?

—Prefiero no contártelo, si esto es una guerra yo puedo escoger mis aliados y mis enemigos, ¿verdad?

—Tú no has elegido a los aliados, Pansy —la nombrada frunció los labios con ofensa—. Pansy Segunda sí, pero Pansy Parkinson sabe de antemano en qué bando está.

—Quizás Parkinson tenía más dudas de lo que crees sobre a quién ser fiel.

—Tal vez llegue el día en que lo demuestres. Por ahora, cíñete a esperar a que Parkinson aparezca.

—¿Cómo, cómo, cómo? ¿A Granger le gusta Pansy?

—Sí, a Parkinson le gusta Granger —repitió Daphne con retintín para provocar a la morena.

Con un ruido sordo, la varita de Malfoy cayó al césped.

—No es verdad. No tiene memoria.

—Antes de que la perdiera ya estaba interesada, te lo afirmo yo.

—Pero... —sacudió la cabeza—. A Pansy le gustaba Potter y a Granger le gustaba yo.

—¿Qué?! —Pansy y Daphne se observaron a la vez.

—En pociones —se defendió. Parecía enfadado—. En pociones Pansy miraba mucho a Potter, y tú lo sabes.

Daphne rió entre dientes, regresando a su tarea.

—No, Draco, yo sé a quién miraba Pansy y no era a Potter —de reojo, vio varias muecas de expresión de Draco cruzarse por su cara al no saber qué emoción sentir.

—Durante todo este tiempo pensaba que Granger... —se decía Draco con la vista fijada en la hierba.

—Si te consuela, es recíproco —añadió Daphne como si no hubiera dicho nada—. Granger, por muy increíble que suene, acepta a Pansy, así que... él ya no tiene ninguna excusa con que no quiere hacer daño a su mejor amiga.

—Eeh, todavía no hemos terminado de discutir —se quejó Parkinson cuando Draco se puso en pie.

—Voy a... —parpadeó mirando a Pansy. Al no ver reacción alguna, fue directo a Daphne—... a dar una vuelta.

—Potter está en el campo de quidditch —soltó Daphne cuando el rubio ya había subido un par de metros por la colina y se había alejado de la sombra del árbol en la que estaban.

—¡No voy a buscarlo! —se escuchó.

—Y menos mal porque me lo estaba inventando.

Pese a que el ambiente primaveral añadía un toque fantástico al día, la tensión entre ambas amigas seguía notándose incluso después de que Greengrass terminara de recoger los utensilios y pergaminos.

Daphne entrelazó los dedos de sus manos encima de su regazo y sonrió hasta mostrar sus agudos dientes caninos al mantener la seria mirada de su amiga.

—Estás equivocándote de camino —susurró esta, parpadeando lentamente. Dejó la mirada suspendida en el cielo, pensativa—. Yendo en contra de los aliados que te aceptan no es una buena forma de sobrevivir ¿piensas que los amigos de Granger confían en la verdadera Pansy Parkinson? Ni siquiera ahora lo hacen.

—Sobreviviré a mi manera —hizo una pausa para colocarse las manos en la cadera—. Acepto que tienes razón sobre que sin recuerdos no puedo idear planes, pero conozco quiénes son aliados y quiénes no. Y gatita está entre ellos —Daphne enterró el esbozo de sonrisa entre sus manos entrelazadas. No podía creerse que su amiga de infancia eligiera, temporalmente, ir en su contra—. Y tú también, D. Tal vez un reset de principios como me ha ocurrido a mí te ayude a darte cuenta de por quién vale la pena luchar.

Daphne se levantó segundos después de recomponerse por la respuesta. Sin abrir los párpados, acarició con la yema la asa de la mochila.

—Es demasiado tarde para mí. Estoy luchando, dando lo mejor de mí y ni siquiera un "épico amor prohibido" logrará desviarme de mi destino.

—¿Y una amistad épica? —la voz se quebró al ver cómo la larga melena de Daphne se situaba a su lado dispuesta a alejarse de allí. Ambas se miraron de reojo, reconociéndose—. Una amistad que logre arrancarte la venda de tus ojos.

—Sé lo que está mal y lo que está bien, amiga. Conozco las maldades de nuestra sociedad sangre pura, aun así —suspiró, para inhalar más profundamente— es lo único que conozco y cuando la rutina y lo conocido escapa de mí, me invade una inseguridad que soy incapaz de controlar. No deseo alejarme de mi familia y conocidos por muy malvados que se vean a vista de los demás. Han sido mi familia y me han tratado como tal, no he sido maltratada, ni ninguneada. Sólo he recibido todo lo que han podido darme aunque ellos piensen que el lujo está por encima de los gestos cariñosos... Mis padres me han defendido con hechizos y maldiciones cuando alguien ha intentado derrumbarme, se han esforzado al máximo para llegar a tener una cámara en Gringotts llena de Galeones y comprarme todo lo que fuera necesario para mí porque han luchado por mi futuro y mis comodidades, me han alzado con las mejores expectativas para lograr a ser alguien que no se conforme con un Bien y me han enseñado que la ambición es el deseo que te empuja a ir a por el Extraordinario, a superarte cada día, a no rendirte nunca. Greengrass es una familia sangre pura con ideales de mortífagos... pero, después de todo, es eso, una familia. Con sus defectos y virtudes. Es mi familia y quiero devolverles el esfuerzo que día tras días han dado por mí. Deseo de corazón que los pasos que vayas a dar a partir de ahora sean los correctos —posó con delicadeza su mano en el hombro de Pansy y esbozó una tierna sonrisa—. Bienvenida al mundo real, Pansy Parkinson.

Antes de continuar caminando, la mano de la morena le agarró el brazo con fuerza.

—¿Eres aliada o enemiga? —inquirió sin rastro de emoción.

—Soy Daphne Greengrass, interprétalo como quieras.

—Daphne Greengrass es mi fiel amiga, ¿no?

—Entonces según tu interpretación, soy aliada.

—Pero también Daphne está en el bando de los sangre pura.

—Significa, pues, que soy enemiga. Ven a visitarme cuando Parkinson resurja. Ah, por cierto, ¿podrías devolverle la corbata a Ginny Weasley? —rebuscó en el bolsillo de la túnica hasta encontrarla.

—¿Por qué la tienes tú? —dijo, observando la prenda de cerca.

—Esto, compañera, es el resultado de intentar derrocar esta noche a otro pilar del Ejército y de allanaros los obstáculos a ti y a Granger, ¿te crees que podrías haber hecho algo con el huracán de Weasley rodeando a tu Leona? De nada —añadió. Antes de subir la colina, volvió a girarse—. Y hazme un favor y no le cuentes a nadie lo que has escuchado aquí, ni lo que se haya podido interpretar de Draco.

—¿El qué de Draco?

El ruido de burla murió en la garganta de Daphne.

—Qué malditas ganas de que regrese Parkinson —refunfuñó la rubia al agarrar aire para subir la cuesta.


Muchas, pero que muuuuchas gracias por seguirme enviando reviews a estas alturas de la historia. Llevo unas semanas muy ocupada y no me da tiempo ni siquiera a mirar mi email, y menos aún (desgraciadamente) de contestar reviews, pero palabra de que en cuanto tenga más tiempo libre contestaré vuestras dudas y locuras :D

¡Nos leemos el miércoles!