Aclaraciones muy importantes: Por injusticias de la vida, he perdido los capítulos que ya tenía escritos y a mi querido portátil. Así que he de ir a la biblioteca de mi ciudad a escribir y subir la historia a internet. Como se entenderá, este enorme problema se ha unido a las responsabilidades cotidianas y me cuesta mucho seguir escribiendo capítulos tan largos y tan seguidos (ahora ya podéis ver cómo os tenía de mimados, ¿mh? ¿mh?!)

Seguramente esta semana (este sábado y el próximo miércoles), los capítulos serán mucho más cortos hasta que vuelva a tener la libertad de antes y pueda conseguir otras alternativas aparte de la biblioteca. Siento mucho, mucho estos contratiempos, pero que sepáis que estoy en ello y que nunca dejaré acabada ninguna historia. Y menos esta.


La dinámica nunca fue tan clara

Lo primero que hizo en cuanto la reunión del Ejército acabó, fue precipitarse hacia los pasillos y escaleras de los niveles más inferiores del castillo.

Entre bocanadas y tropezones, llegó a la salida de los jardines, teniendo que dar un salto hacia atrás para no chocar contra la joven que en esos instantes se adentraba por el portón con la vista clavada en las baldosas de piedras.

—¿Buscando a Pansy, Granger? —saludó Daphne, levantando los ojos y sonriendo débilmente.

—Uhm... —frunció el ceño—, ¿quizás?

La risa cristalina que liberó la Slytherin no acabó de gustarle a la Leona. Al fin y al cabo, si debía de sincerarse, nunca acabó de fiarse de las intenciones de Greengrass.

—Así que de esta manera está la situación... —murmuró Daphne para sí misma, haciendo un movimiento de cabeza.

Hermione cruzó inconscientemente los brazos.

—Ginny me ha contado lo que ha pasado esta mañana en los dormitorios y en otros lugares —se peinó el flequillo—, y tanto ella como yo seguimos teniendo ciertas reservas a la hora de...

—¿Confiar en mí? —añadió rápidamente al ver que Granger buscaba palabras que hicieran menos daño. Sonrió—. Supongo que la próxima vez me ahorraré el gastarme la mejor botella que tenga —bromeó, iniciando su andar.

Hermione no dijo nada. Estaba al tanto de la noche que pasaron su amiga y la Slytherin en la Sala de los Menesteres, al igual que sabía que había sido un error mostrar aquel lugar a una Slytherin (pese a que Ginny insistiera en que Greengrass no conocía ni el E.D ni la Orden) y no tenía la intención de contar a la Slytherin sus propios motivos para sospechar de ella. Para eso ya estaba Ginny que no se cortaba nada a la hora de explicarse.

Con un suspiro, siguió de reojo la espalda de Daphne hasta que la puerta a las mazmorras rompió el contacto. Y Hermione continuó su camino, que cambió de piedra a césped en menos de un par de pasos.

Con una mano en su frente para que el esplendoroso sol primaveral no molestara sus ojos, buscó a Pansy en la lejanía. Pudo ver varios Ravenclaws en el horizonte, o eso parecían, ir hacia los Invernaderos. Un Hufflepuff pelirrojo y un Gryffindor castaño jugando alrededor de los frondosos y altos arbustos buscando seres mágicos dóciles que se encargaban de proteger la vegetación de los jardines del castillo.

Y entre tanto verde, bajo la sombra de una haya que se situaba entre la orilla del lago y la colina que se unía con el camino hacia los Invernaderos, se encontraba la Slytherin observando el cielo.

—¡Pansy!

Trotó hacia ella y empezó a doblar sus rodillas para no caer rodando por la cuesta. Parkinson giró su cabeza y no dudó en mostrar una magnífica sonrisa al descubrir quién estaba gritando su nombre como si fuera a desaparecer en cualquier momento.

—No pensaba verte hasta mucho más tarde —confesó la morena, haciendo un hueco para que Hermione se sentara a su lado y tuviera un trozo del tronco para respaldarse—. Espero que no me traigas malas noticias...

La Gryffindor no se sentó al momento. Con la mano intentó quitarse el calor que sentía por el esfuerzo recién hecho, y dio una bocanada a la vez que se peinaba hacia atrás la rebelde melena. Devolviendo la sonrisa, se dejó caer de rodillas al lado de la Slytherin que la miraba un tanto desconcertada.

—¿Por qué...? —Pansy miró a un lado y a otro para cerciorarse de que la entusiasmada expresión de Hermione era para ella—. ¿Qué ha ocurrido?

—N-nada —se encogió de hombros, ruborizándose al darse cuenta de que estaba siendo demasiado evidente—. Yo también pensaba que te vería más tarde.

—¿Por eso estás tan feliz?

La sonrisa ladeada de Parkinson no ayudó a que Hermione dejara de sonreír como si todos los problemas del mundo se hubieran acabado.

—¿Qué tal te ha ido el día? —inquirió la Leona, dejando sobre el césped los dos libros que cargaba.

—Mmh, bien, dejando aparte el hecho de que no sé qué quería Umbridge como bien sabes ni... —titubeó sin saber bien si contarlo o no—, ni que Daphne y Draco me han contado ciertos recuerdos y mmmh...

Hermione suspiró, observando el rostro tan concentrado y dudoso de Pansy.

—Si sientes que no tienes que decirlo, no lo hagas.

—Pero me sabe mal...

—¿Es sobre mí o que quieren hacer daño a alguien...? —levantó las dos manos buscando más ejemplos.

—Estoy todavía procesando la información que he recibido y se podría decir que ya me están haciendo elegir —apoyó la cabeza en el tronco con los ojos cerrados— y que me obliguen a ir más rápido que mi propio ritmo lo odio.

—Está bien, tranquila, siempre has tenido esa intuición sobre ti misma que te ayuda a hacer lo correcto para ti, sea algo egoísta o no, no te preocupes —con el labio inferior entre sus dientes, dio una suave palmada en la pierna que Pansy tenía extendida.

Y la Slytherin notó el gesto, ya que se puso a reír.

—¿Y ese toque de "te estoy tocando, pero no quiero que me cortes la mano"?

Hermione rodó los ojos, frunciendo los labios.

—Vamos, gatita —continuó. Sin moverse del lugar, atrapó la corbata de Gryffindor entre sus dedos, obligando a Hermione a que estirara el torso hacia ella para no hacerse daño—, ¿ya has olvidado lo que hemos hecho? —ronroneó, acariciando los colores granates.

—Necesito acostumbrarme a nuestra nueva relación y al hecho de que mi mayor enemiga y la más prepotente de Hogwarts ha perdido la memoria y ahora estamos... sa-sa-saliendo seriamente. Y no sólo coqueteando.

Pansy volvió a reírse al pellizcarle las rojas y carnosas mejillas.

—Iría bien que se te quedara con que eres ahora mi novia —rasgó tanto la voz sensualmente, que supo que le había provocado un escalofrío.

Y aquello le encantaba.

—¿Podrías repetir la frase sin enfatizar el mi y enfatizar en novia?

—Creo que si repito la frase sería para añadir más posesivos, ¿o acaso eres la novia de alguien más?

Negó con la cabeza.

—Dicho y hecho. Eres mía, gatita —tiró suavemente de la corbata para que el rostro de Hermione estuviera aún más cerca.

A pesar de la cercanía, tanta cercanía como que sus labios ya se rozaban y que Hermione había cerrado los ojos, Pansy no hizo ningún movimiento más. Simplemente se quedó cara a cara con Hermione mientras esta esperaba ansiosa el beso.

Sonrió totalmente complacida.

—Empiezo a comprender por qué antes me metía tanto contigo, me encanta verte tan desesperada por todo lo que hago —susurró la Slytherin sin apartar su cara.

Hermione abrió los párpados para enviarle una mirada asesina.

—Ya, bueno, digamos que antes estaba desesperada por no poder tirar tu cadáver al lago —bufó, e intentó retirar su rostro pero Pansy no soltaba la corbata—. Para de mirarme así, pareces... ella.

—¿Ella? —se relamió los labios y parpadeó lentamente para crear una expresión coqueta y de burla. Alzó su ceja perfilada—. ¿A Parkinson?

La Leona asintió tragando saliva y desviando el contacto visual como podía.

—Así que el día que regrese "tu Parkinson", ya sabré que no hará falta quitarte la ropa interior porque se te caerá sin resistencia.

—Uuugh —puso los ojos en blanco—. Hazme el favor de besarme ya y de no brom-

Soltó un tenue gruñido por no poder seguir quejándose ante la presión de los labios dulces y húmedos de Parkinson.

Apartó el rostro con el ceño fruncido.

—Odio que me callen cuando estoy hablando —informó.

Pero no se quejó al recibir varios picos rápidos junto con una risa entre dientes aguda y burlona.

—Y yo odio que hablen cuando intento hacerles callar —replicó, y sin avisar, mordió el cuello de Hermione dejando los poros brillantes por el contacto con su lengua juguetona—. Deberíamos repetir lo de esta mañana mucho más seguido —dijo en un hilo de voz sin dejar de repasar la clavícula y provocando que Hermione estirara el cuello para que continuara.

—Te... ¿te refieres cuando estábamos durmiendo juntas o cuando volviste con un encantamiento desilusionador y me dejé los pulmones en el grito al despertarme?

Pansy tuvo que parar para soltar un par de carcajadas sinceras.

—Las dos, las dos estarían muy bien que se repitieran —dio un largo beso en la frente de su Leona—. Pero la próxima vez haré que te dejes los pulmones en otros gritos no relacionados con el miedo, ¿sí?

Hermione rió, no sin antes poner los ojos en blanco.

—Oh, ah, sí, Cho vendrá a buscarme para contarme sobre...—dio una bocanada— una gilipollez, en verdad.

—¿Quién es Cho? ¿La del pelo negro o pelo rubio?

—Negro.

—Ah... —imitó a Hermione y se acurrucaron contra el tronco, entrelazando sus piernas para estar más cómodas—, ¿y qué gilipollez te tiene que contar que incluso te va a buscar?

—¿Te acuerdas de la visión que viste en la bola de cristal? Más bien que recordaste.

—Sí, ¿voy a morir, verdad?

—¡NO! —se relajó al percatarse de que su novia estaba bromeando—. O eso espero.

—¡Ah, vale! Más tranquila me quedo, sí.

—No creo en esta rama de la magia, pero, después de todo es magia... y tampoco creía en ella de pequeña. Excepto cuando leí el libro de Matilda.

—¿De quiéeen? —el tono fue tan desconsiderado y confuso que hizo reír a Hermione.

—Es un libro sobre una niña que podía mover los objetos con su mente porque leía mucho, mucho. Quería ser como ella.

—Hey, ahora mueves objetos con un palo, ¿qué más quieres?

—Al final me haré daño de tanto poner los ojos en blanco —se quejó, bufando.

Justo cuando movía la cabeza, vio arriba de la colina a Cho con Luna. No hizo falta saludar, las dos bajaron sin esperar a nada.

Pansy siguió la mirada de Hermione para encontrarse con las dos Ravenclaws haciendo equilibrios al bajar.

—¿Y bien? —dijo la Slytherin alzando la voz—, ¿voy a morir o no?


Espero que sigáis apoyándome y que entendáis mi posición. ¡Y muuuuuuchísimas gracias por seguir leyendo y escribiéndome! \(*0*)/ (que ya de estrés y problemas tengo suficiente jajajaja)