La velada del trece de febrero

Segunda parte

Los Slytherins se miraron complacidos y cada uno escogió un camino diferente al ritmo de la música. Pansy y Daphne se quedaron estáticas, repasando con ojo avizor a las figuras que se encontraban dándolo todo en la amplia pista de baile.

—¿Has reconocido a algún Gryffindor? —inquirió Pansy, guiándola hacia la barra para continuar bebiendo.

—Es complicado sin ver los rostros ni las corbatas.

Dobby fue caminando sobre la barra hasta llegar a ellas, hizo una reverencia y con un chasqueó de dedos el pedido de ambas apareció.

—Complicado pero excitante —Pansy levantó la copa y brindó con su amiga.

—Quizás sea buena idea separarnos como han hecho ellos —comentó Greengrass—. Más que nada porque si los demás nos ven en grupo no se atreverán a hablarnos.

—Ya...

Daphne suspiró ante la desconsolada expresión de Pansy y apoyó su cuerpo en la barra con la intención de escudriñar el ambiente, al igual que su compañera.

Parkinson estaba acercando el borde de su copa a los labios cuando se percató de un hecho curioso: unas máscaras compuestas de humo plateado sobresalían del contorno de los ojos y la nariz formando rostros de animales que parecían cobrar vida por sí solos. Le encantó aquella novedad y parecía bastante popular entre los invitados. Pudo distinguir la máscara de un ciervo, un perro, un jabalí y otros seres que, por la lejanía, se le hizo imposible ver.

—Esas máscaras parecen Patronus—dijo, no muy convencida de por qué se le había pasado por la cabeza.

—Sí, esa máscara es un hechizo fácil, y bastante popular por lo que veo. Mucha gente lo está utilizando.

Antes de que Parkinson comentara, moviendo su cuerpo al ritmo de la música, de que la mayoría de las personas con aquellas máscaras conversaban con los integrantes de la Brigada Inquisitorial, Daphne la apartó suavemente con la intención de que dejara de bloquearle la vista y estiró el cuello para dirigir sus ojos a una Ginny acalorada que llegaba a la barra, a pocos metros de ella y entre los alumnos que estaban consumiendo.

La Gryffindor estiró su cuerpo a lo ancho de la barra para demandar la atención del elfo doméstico más próximo y en cuánto este se acercó, la joven tuvo que gritarle a su oreja puntiaguda porque la música imposibilitaba que las palabras flotaran con normalidad.

—Es ella —dijo Daphne, sin dejar de clavar su mirada en la figura portadora de una de las máscaras tan populares y con el cabello recogido en una larga trenza descansando en un hombro.

Pansy inmediatamente se giró sobre sus talones sin dejar de bailar y frunció las cejas con diversión. Sonrió de lado.

—¿Cómo lo sabes? Ni siquiera se puede distinguir el color del pelo por la oscuridad.

—Nadie llevaría un lazo adornado por una diminuta Snitch en su trenza si no fuera Weasley.

—Oh, venga ya, no es suficiente para reconocerla.

—Claro que sí, se mueve igual que ella —la señaló con la mano discretamente como si no pudiera creerse que nadie más la reconociera.

—No me he fijado tanto en ella para distinguirla por sus movimientos —soltó un par de carcajadas por la expresión malhumorada de su amiga y le entregó su copa—. De un trago.

Daphne alzó una ceja, contrariada, y bufó con burla.

—No necesito ayuda del alcohol. Confío en mí.

—Por supuesto —levantó ambas cejas y dejó que una sonrisa se le escapara mientras bebía—. Sólo lo decía porque vas a necesitar mucho valor para afrontar las calabazas que te dé.

Daphne rodó los ojos y fue apartando lentamente, sin apenas tocar, a la gente de su alrededor que se interponía entre ella y Weasley. La vista la mantenía fija en su objetivo procurando no perderlo durante el trayecto puesto que la música embotaba sus oídos, el sentido del espacio era terriblemente reducido por la multitud que se agolpaba a ella bailando incluso aunque estuvieran cerca de la barra, y la visión era escasa por la oscuridad que dominaba en la fiesta.

Logró llegar hasta su destino, justo detrás de Ginny, pudiendo ver el vestido blanco con la espalda descubierta y moteada de pequeñas pecas. Dando una respiración para dar el primer paso, estiró el cuerpo para que su cabeza se asomara ligeramente por encima del hombro de Ginny. No fue complicado debido a que, de por sí, la altura de Greengrass sobrepasaba a la de la Leona.

Acercó sus labios carmesíes por el pintalabios a la oreja y dejó que su susurro llegara al oído de la menor.

—¿Whisky de Ogden? —inquirió, observando el vaso lleno que había aparecido flotando entre una ligera capa de humo después de que el elfo chasqueara los dedos.

El alcohol le hizo una mala jugada ocasionando que se acercara más de lo previsto a la oreja, rozándola con los labios al preguntar. Y tuvo que retirar su rostro un par de centímetros hacia atrás para no incomodar tanto.

La Leona se giró frunciendo ligeramente la nariz al no reconocer la voz por la música y sujetando el vaso en una mano. No pudo evitar desequilibrarse con sutileza al comprobar el rostro que la observaba con interés cuando un fuego fatuo rosado zumbó entre ambas e iluminó la cara de la Slytherin.

—No, el ron de Grosella me complace más. Al igual que esta noche. Y la soledad.

—Quizás sea buena idea no intentar acabarse todas las botellas de la fiesta.

—¿Yo? ¿Beber alcohol? Para nada, mujer, eso sólo lo hacen los rebeldes —se tragó el contenido del vaso de un solo trago y lo depositó con fuerza contra la barra— o las que intentan soportar a personas indeseadas.

Daphne hizo un sutil movimiento al rascarse la ceja y desviar la mirada. Se esperaba que la Gryffindor fuera hostil con ella, pero no tanto, o por lo menos contaba con que el alcohol la tranquilizara.

—Deberías de pensar por tu hígado y estómago, te lo agradecerán.

—¿Desde cuándo piensas tú por alguien? Lárgate y sigue cuidándote de ti misma. Como siempre

—Ya complazco mis deseos ahora mismo, no hay necesidad de irme —sonrió, levantando su propia copa.

—¿Sí? Puede que un hechizo por el culo llegue a complacerte más —gruñó, echando aire por la nariz.

—Por Merlín, señorita Weasley, estamos en una fiesta donde también disfrutan los menores de edad, no debería de decir semejantes groserías —una suave carcajada escapó de su boca.

Sabía que intentar bromear con una Weasley tan irritada no era lo indicado, pero se le hizo inevitable.

—Greengrass, usted más que nadie tendría que saber que si decide fastidiarme y/o intentar enfadarme, acabará cubierta de flores.

—Un precioso gesto por su parte.

—Las flores serán las que adornen su tumba, no lo olvide.

Ginny, después de repasar con hastío la figura de la Slytherin, se alejó por el lado contrario y se dispuso a perderse entre la multitud antes de que un brazo la aturara.

Sólo pudo observar con disgusto la boca de Daphne intentando vocalizar palabras que no lograba oír por la música. Negó con la cabeza sin saber qué decía y comenzó a correr entre la multitud negándose mentalmente con toda su fuerza de voluntad.

Ginny Weasley no iba a volver a caer en sus patrañas. No volvería a confiar en una Slytherin, y menos en Greengrass. Se guiaría por su intuición por muy desconfiada que fuera.

La Gryffindor frenó en seco cuando un fugaz pensamiento cruzó por su mente. ¿Qué hacía escapando de ella cuando su misión era lo contrario?

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De mientras, en el Bosque Prohibido

El primer movimiento que hizo la Ravenclaw al llegar a las cercanías del Bosque Prohibido fue agacharse para evitar una rama retorcida del árbol más torcido que vio nunca. Y que, casi desde principio del curso, lo visitaba diariamente. Con su bolsa de papel en la mano, apartó un arbusto y se adentró más en el oscuro bosque.

Cuando sus pies tocaron la hierba alta del prado, Luna sacó la botella de whisky de malta, la destapó, y un relinchó inundó la noche. El Abraxan sacudió las alas y aterrizó enfrente de la bruja quien se puso de puntillas, estirando al máximo su brazo hacia arriba para ofrecérsela como si fuera un biberón.

—Merlín, ¡cuánto has crecido... A pesar de ser un potro eres mucho más grande que un caballo adulto!

Sonrió con dulzura observando cómo de rápido se vaciaba la botella. Al acabarse, recibió un débil empujón del morro del Abraxan, quien demandaba una segunda.

—Cuidado con tus pies, Luna —Cho, vestida de capas y capas de ropa con una gruesa bufanda de lana blanca, apareció por el lado contrario al prado haciendo flotar una gran caja de madera—. Hizun todavía no controla su espacio personal y no quiero tener que llevarte a la enfermería porque te haya pisado un ser de más de dos metros.

Luna rió mientras estiraba sus brazos al máximo para abrazar todo el pecho del animal dejando espacio a Chang para colocar la caja en el suelo y empezar a desempaquetar lo que había guardado.

Sentándose como un indio, Lovegood esperó paciente. Hizun ladeó la cabeza, y también se dejó caer sobre la hierba tentado por las caricias que le regalaba la menor sobre sus alas. Cho siguió rebuscando y observando los objetos.

—Ten, Lu.

Sin mirar, le lanzó una especie de peine. Luna lo agarró al vuelo.

—Oh, ¿es un peine para sus plumas?—preguntó, haciéndolo rodar por sus manos para verlo mejor, después se lo aproximó al Abraxan para que lo viera.

Éste sólo relinchó suavemente.

—Sí, sus alas son muy delicadas cuando son tan jóvenes así que necesitan cuidados y herramientas especiales —mostró lo que pareció varias botellas pequeñas llenas de algún líquido y más tipos de peines—. Sé que he comprado esto tarde porque hoy se va a la casa de los Gritos, pero hablando con Dobby me ha dicho que no le importaría cuidar de él de mientras o de hacerme aparecer de vez en cuando allí hasta que el curso acabe.

—Mmh... A mí no me llegó el polvo de pluma de fwooper para ponérselas al Acónito que cuido con Neville... —hizo un puchero, esperando la respuesta de su novia.

Cho quedó en silencio dos segundos. Era normal en Luna que hablara como si todo el mundo supiera lo que pasaba por su mente y había veces que no se daba cuenta de que ni siquiera había formulado alguna pregunta.

—Oh, vale, sí —la asiática sonrió al captarlo—. Si este pedido hubiera ido por el correo normal, Umbridge tampoco le habría dado el visto bueno, tranquila.

Luna ladeó la cabeza. Y Cho continuó:

—Hagrid fue a al Callejón Diagon y se encargó de ello. Dijo que tenía que hacer un par de recados más para sus criaturas, por lo tanto... —movió las manos, quitando importancia—. ¿Quieres peinarlo ahora? Pero cuidado con sus pezuñas, no quiero que te hagas daño.

—Me gustas mucho, Cho, me gusta mucho que me tengas tan en cuenta.

Luna sonrió, dejando que la noche escuchara su cristalina risa entre dientes, y provocando en la mayor una cara de confusión digna de Ron cuando le preguntaban en clase.

—¿P-por qué dices eso a-ahora? —tragó saliva, avergonzada.

—Es curioso que de tantas veces que hemos hablado, los comentarios que más te sorprenden son de este tipo, ¿verdad que sí, Hizun? —palmeó la enorme cabeza del Abraxan que estaba tumbado sobre sus cuatro patas a su lado—. ¿Verdad que Cho nunca está acostumbrada a quererse ni a querer?

—Eso no es ver-

—Ni a que la quieran.

Cho se levantó de un brinco y comenzó a expulsarse las hojas secas que se habían quedado enganchadas en su ropa.

—Debemos alejar a Hizun ahora de los terrenos de Hogwarts aprovechando que la fiesta está entreteniendo a todos —avisó, haciendo un movimiento de varita para que la caja se transportara sola hasta la casa de los Gritos—. Aunque confiemos en que el resto del E.D entretengan a los de la Brigada no podemos arriesgarnos tanto.

En realidad estaba bien segura de que los Slytherins y la fiesta creaban la viva metáfora de las polillas y la luz. Éstos se entretendrían solos sin necesidad de que alguien los obligara a quedarse.

Luna ni se inmutó del cambio de conversación. Estaba más que acostumbrada a que su compañera de Casa huyera del amor como si se tratara de una maldición Cruciatus.

—¿No debemos de esperar a Ginny? —preguntó Lovegood como si no hubiera pasado nada.

—No, ha habido un cambio de última hora. Como no sabíamos quién podría entretener a qué Slytherin de la Brigada, Ginny decidió ir a la fiesta a ayudar.

—¿Eso quiere decir que Gin está hablando con Daphne Greengrass?

—O follándosela, vete tú a saber, ni siquiera ellas saben qué mierda son pero está claro que sus bragas se mojan en cuanto se ven —Angelina Johnson apareció de entre los árboles junto con Katie Bell levantando la mano en modo de saludo.

Ambas portaban unos pantalones negros estrechos donde escondían sus manos como si la tela pudiera impedir el frío nocturno. La camisa de cuadros de Angelina era la única prenda que la resguardaba del frío, Katie, en cambio, vestía con una cazadora de cuero.

—¿Qué hacéis aquí? —inquirió Cho, frunciendo el ceño todo lo que posible.

—Ah, cierto, no me acordaba de que el bosque pertenecía a los Ravenclaws —Katie rodó los ojos, sonriendo—. Ahora entiendo por qué es un terreno capaz de joderte por todas partes.

—¡Se supone que os encargaríais de la fiesta!

—Y lo estamos haciendo —se quejó Angelina.

—A distancia —acabó Katie.

—Como por culpa de vuestra incapacidad intelectual se fastidie el plan... —amenazó, apretando la mandíbula.

No estaba nada dispuesta a perder todo el trabajo que le había costado planear la fiesta por un simple error como aquél.

—No te sulfures, Mulan, Hermione y los demás lo están llevando bastante bien. O por lo menos los Slytherins parecen disfrutar de la gran velada —Katie rió ante la cara disgustada del Águila.

La asiática negó con la cabeza y palpó el pecho del Abraxan, quien ya se había levantado, para indicarle que era hora de partir. Luna ladeó la cabeza y mantuvo sus curiosos ojos en ambas mujeres. Aquellas dos parecían divertirse de bromas silenciosas creadas sólo para entenderlas ellas mismas al unir su mirada.

—Sigo sin entender qué hacéis aquí —bufó Cho, apartando a Katie del camino para que pudiera pasar el Abraxan.

—Todo empezó cuando estábamos las dos bebiendo y dándonos cuenta de que los demás ya mantenían a raya a los de la Brigada, por lo tanto fue un ¿y qué hacemos ahora? Pues nada, ir dando tumbos por todo Hogwarts, comernos las paredes cada dos por tres por tropezarnos, entrar borrachas a un peligroso bosque, intentar no potar a la mínima y todo eso para que el capitán Li Shang encontrara a Mulan con su Mushu al lado y el grillo de la suerte —contestó Angelina, encogiéndose de hombros.

Se quejó cuando Katie le dio un codazo.

—Idioteces sin límites, definitivamente.

—En fin, Katie y yo nos encargaremos de dejar al bicho a la casa.

—¿Cómo? ¿Y quién te crees que eres para decidir quién va a casa de los Gritos o no?

—Órdenes de Potter y Weasley, se siente. Dicen que la anfitriona de la fiesta no puede perdérsela. Y aquí estamos —ambas Gryffindors asintieron a la vez.

—¡No era esto lo que habías contado antes!

—Me estaba riendo de ti, Merlín. La fiesta marcha perfectamente, absolutamente todo Hogwarts ha asistido así que no existe ni el mínimo peligro de que algún alumno nos encuentre de camino a la casa ni al volver a nuestras Salas Comunes, después de todo tienen dormitorios para sus ligues.

Aquello dejó a Cho sin reacción.

—P-pero... tampoco había cruzado por mi mente asistir, no tengo vestido ni nada.

—Al igual Cho Chang no tiene un puto vestido para esta noche.

Pfff, tendré que cambiar el que tengo con un hechizo para que no sea vea igual.

—Pues adelante, tienes toooda la noche.

Cho suspiró y dio el primer paso hacia la salida del bosque metida en sus pensamientos.

—Ah, por cierto —Katie alzó un dedo—, nosotras dos ya nos hemos encargado de ir a la Sala Común de los Slytherins a dejarles un mensaje. Pensábamos que sería buena idea aprovechar que Graham no-sé-qué-más se le escapara la contraseña mientras intentaba ligarse a Angelina.

—Qué pesado, de verdad: "Tú siendo Cazadora y Capitana del equipo de Gryffindor y yo Cazador de Slytherin... ¿no te parece una señal?" Puaj.

Luna sonrió ante las carcajadas de ambas Gryffindors. Cho sólo alzo ambas cejas y negó con la cabeza.

—En ese caso, daré la señal a los del Ejército de que estáis en camino de dejar al Abraxan. ¿Vamos, Luna?

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Las carcajadas se filtraron sin dificultad al comprobar la torpeza de Ron intentando seguirla hacia la pista de baile. Por el alcohol, el joven pudo reunir el coraje suficiente para pedirle bailar la lenta canción de aquellos momentos. Viró sobre sus talones al alcanzar su destino y el bajo del vestido de tonalidades escarlatas flotó alrededor suyo, siguiendo el movimiento. Ambas máscaras que imitaban a los Patronus se enfrentaron una milésima de segundo antes de inclinarse como indicaba la cortesía en el baile.

—Es-estás preciosa, Hermione —balbuceó Ron, procurando desatarse la pajarita por el creciente calor del ambiente.

—Gracias, Ron, tu también estás imponente esta noche, ¿dónde has encontrado un traje acorde a ésta época y no a la de tus antepasados? —intentó que no sonara como una burla.

—Mi hermano Bill se acordó de mí. Por fin alguien piensa en el joven de los hombres.

—Habrá que celebrarlo esta noche—sonrió, justo cuando el primer paso debía de ser dado.

La sinfonía fluyó entre los centenares de jóvenes que formaban círculos por toda la inmensa estancia y se sincronizaron en la primer nota. Los que no querían participar o no encontraron pareja se retiraron alegremente hacia las barras.

Aquella noche prometía para todos. El ambiente era animado, romántico, espontáneo, indómito y nadie parecía aburrido ni triste. La cúpula del techo que imitaba a un antigua catedral comenzó a desvanecerse ante la mirada de Daphne y una despejada bóveda de cielo nocturno la sustituyó. La luna hizo acto de presencia, ocasionando un mantel difuminado y plateado sobre las anónimas figuras.

Apenas se podía discernir el cambio, pero sí servía para distinguir un poco más los rasgos de las personas.

—¿Tendré respuesta si pregunto el porqué de tu complacida sonrisa al ver el cielo? —inquirió Daphne a Ginny.

—Por nada, simplemente pensaba en que todo está yendo perfectamente.

—Como si estuviera planeado —comentó la Slytherin, bebiendo.

—Se podría decir...

En la pista de baile, Pansy Parkinson clavó el tacón contra el suelo y apartó a Ron con la cintura, agarrando ambas manos de Hermione. Ron quedó estático frente a las dos chicas que seguían bailando al mismo tiempo con las notas musicales y bajo una escasa luz gracias a los fuegos fatuos que volaban sin descanso.

Ron apenas pudo distinguir quién era hasta que Parkinson lo miró de frente con su peculiar sonrisa.

—¿Qué haces? —preguntó incrédulo ante la actitud de la Serpiente.

La Slytherin sujetó con las yemas de los dedos el vaso de la Gryffindor que flotaba a su lado y lo acercó al pecho de Ron.

—¿Qué te parece si vas a buscar hielo, Weasley? —pestañeó con inocencia fingida y regresó la mirada a los ojos castaños de su compañera.

Pansy dejó el vaso al cuidado del joven e imitó el movimiento del tradicional baile.

—Ron, no —con un movimiento de ceja, Hermione avisó al mago de que no hiciera nada. Pensó rápidamente en una excusa—. Recuerda el objetivo de esta noche.

—Me gustaría decirte algo —confesó la Slytherin una vez el mago se hubiera marchado gruñendo de allí—. He recordado ciertos asuntos de mi vida de los cuales creo que son los momentos en que me han incitado a ser como era. Por desgracia, tenías razón sobre el enorme bloque de hielo que soy... Pero yo ahora no soy un témpano de hielo, no tanto, al menos. Y de esto quiero hablar contigo, no quiero que te asustes, pero... —bufó—, aún no me puedo creer que me traicionaras cuando llevaste a Weasley al prado.

—¿Cómo?

—No, no, esa pregunta sobra. ¿Tú sabes lo que me dolió cuando te vi allí con ella? La única vez que confié en ti, tanto que te llevé a mi lugar preferido, y pam —con la mano hizo un movimiento, después volvió a sujetar la de su compañera de baile—, se lo muestras a alguien incluso después de prometerme que nunca lo harías.

A Hermione le costó parpadear por la exagerada expresión de sorpresa que tenía.

—¿Cómo es posible que te acuerdes de eso precisamente?

—Te he dicho que he recuperado parte de mi memoria —chasqueó la lengua—. Y ni siquiera me has contestado aún.

La boca de la Gryffindor se secó. Tuvo que respirar varias veces para reaccionar.

—¿Te acuerdas de lo que pasará mañana?

—¿Mañana? —miró hacia arriba, rebuscando en su mente—. Es San Valentín.

—Sí, lo es.

Pansy se encogió de hombros sin dejar de seguir el baile.

—Y entonces aquí viene cuando tú contestas a mi pregunta.

Ogh, Pansy, la llevé porque era el único sitio que sabía que ningún alumno nos encontraría sin querer.

—Pero me dolió, ¿no ves eso?

—Si quieres que te pida perdón, te lo pido sin problemas porque sé que hice mal: Perdóname. Pero el caso es que... ¡has recordado mucho! —sacudió la cabeza, maravillada.

—Todavía no recuerdo todo —continuó, apretó la mano que mantenía en la estrecha cintura de la Leona para acercar más sus cuerpos—, aunque te juro que me hubiera encantado apartar al idiota de Weasley mientras bailaba contigo y decirte "Espero que hayas disfrutado follándome, Granger, porque si no fuera por mi pérdida de recuerdos no lo hubieras conseguido en tu vida"

La nombrada se carcajeó, irónica.

—Te aseguro yo que aunque no la hubieras perdido, lo podría haber logrado.

—Eso se tendría que ver —alzó una ceja.

—No veías ni lo imbécil que eras antes, ibas a ver eso.

—Nos tendríamos que preguntar quién lo era más: yo, o tú por enamorarte de una.

Hermione se mordió el labio inferior al tiempo que se le escapaba una sonrisa. Era increíble lo que estaba pasando.

—Dime que nuestros egos no están volviendo a pelearse.

—Creo que no es necesario decir nada. Por cierto, he estado pensando...mmh ¿y si eres tú la que viene al bando de los sangre pura?

La expresión de hastío lo dijo todo.

—Quizás no te acuerdas de que les dan asco los sangre sucia y desean matarlos, y más a mí por ser amiga de Harry.

—Pero, tal vez, si te presentamos de otra form-

Hermione arrugó la nariz molesta ante el comentario y dejó de bailar al instante.

—¿Quieres que sea tu esclava delante de la sociedad de mortífagos para que me acepten? ¿Quieres que vean que estoy humillada?

—Hasta yo sé que ganarán y-

—¡No es verdad!

—Sucederá —su mirada seria se fundió con la irritada de Hermione—. Y querré protegerte de ellos.

—¡Ja! Más bien yo tendré que luchar para que te acepten en mi sociedad porque ganaremos. Definitivamente lo haremos.

—Siento golpearte con la realidad pero hasta yo sé que ganará el bando de los sangre pura. No sabes de lo que es capaz la ambición y el deseo de superarse cada día, de perfeccionar cada movimiento bélico.

—Puedo decirte mil y tres razones del porqué ganaremos, Parkinson, créeme.

—Maldita sea —apretó los dientes, molesta por el asunto.

Pansy suspiró a más de cerrar los ojos, relajándose. No iba a sulfurarse por eso, no lo necesitaba.

Aprovechando que nadie las podía ver ni descubrir gracias a la oscuridad y la constante música, abrió los ojos totalmente decidida.

—Te amo, Hermione. Y esto no cambiará venza un bando u otro, es s-sólo que... tengo miedo de perderte. Mucho. Aunque piense que, gane el bando que sea, las dos ganaremos porque seguiremos juntas, el miedo de que alguna pueda morir durante la guerra es...

—Doloroso —acabó Granger en un murmuro—, tan doloroso que duele físicamente.

La Leona levantó la vista sonriendo, dejando que los rosados labios de Pansy conocieran los suyos.

—¿Creerás en mí, verdad? —susurró Parkinson, entre beso y beso. Inconscientemente, miró de reojo para ver si alguien las estaba observando—. ¿Creerás en mí aunque haga cosas que no tengan sentido?

—¿Qué clase de cosas? —sus cejas se arquearon, desconfiada—. Como finjas tu muerte, te mato.

La escandalosa risotada de la Slytherin llamó la atención de la pareja que estaba dando una vuelta sobre sí misma cerca de ellas.

—Buena idea, esa me la apunto.

—Ni se te ocurra, eh.

—Mmmh —ronroneó—, echaba de menos verte tan a la defensiva.

La contestación de la Gryffindor murió antes de que pudiera salir de su boca, convirtiéndose en una risa suave y cargada de alivio.

—Supongo que ya no tienes excusa para no venir a mi bando. Les explicaré la situación a mis seres queridos para que te comprendan. No te dejaremos de lado si decides unirte a nosotros...

—... Dudo que confíen en mí, Herms.

—No importa. Si me demuestras todo, lucharé contigo hasta el fin del mundo, tú más que nadie lo sabe, Pansy.

—Cabe la posibilidad de volver a ser la que siempre has odiado, de volver a cerrarme en mí misma. Después de todo, hay memorias que no recuerdo, y quizás al recup-

—Oh, vamos, después de todo lo que ha pasado... —negó con la cabeza al tiempo que sus mejillas se teñían de rojo—. N-no me importará repetir el camino que nos ha llevado hasta estar donde estamos. Fue precioso... con sus fallos y aciertos, sus peleas y reconciliaciones...

—Mira que llegas a ser tozuda... —puso los ojos en blanco, divertida.

—Habló.


¡Nos leemos el miércoles! :D