La velada del trece de febrero
Última parte
Estuvieron semanas planeando cómo Dobby se encargaría de traer comida y bebida junto con otros elfos sin que los profesores se dieran cuenta; quién era capaz de entretener a tal Slytherin; quiénes serían los que llevarían al Abraxan a la casa de los Gritos, aunque esto fue cambiado a última hora por Harry; e incluso los mínimos detalles como la creación de la Sala de los Menesteres, los fuegos fatuos, las bandas de música -formadas por Ravenclaws y Hufflepuffs- y un sinfín de minúsculas preparaciones.
Y Harry ya estaba más que agobiado de vigilar por aquí y por allá de que todo funcionara bien, de que nadie empezara a sospechar que aquella fiesta era más bien una tapadera por la actitud de los integrantes del E.D hacia los de la Brigada.
Con un suspiro cargado de estrés, el Gryffindor se apretó la pajarita blanca del traje que utilizó años atrás en el Torneo de los Tres Magos y regresó su atención al escenario para asegurarse de que el cambio de grupo no se complicaba.
Qué ganas tenía ya de que Cho viniera y fuera ella quien le reemplazara.
—Vaya, Potter —El nombrado entrecerró los ojos al reconocer el tono de voz—, y yo que creía que sería más difícil de encontrarte y sólo he tenido que buscar a-
—No hace falta decir que por ahí está la salida, Malfoy. No necesito que alguien venga a agobiarme todavía más.
Pese a que el Slytherin no abrió la boca para reír, el aire que salió por su nariz fue suficiente para mostrar su opinión. El rubio guió su mirada de halcón a su alrededor, dio una vuelta entera al Gryffindor cerciorándose de que los demás seguían bailando al ritmo de la música, y le ofreció su copa llena de vino de Saúco con una mano escondida en el bolsillo de su túnica de gala y su mirada orientada al público.
Los ojos verdes de Harry escudriñaron la mano de Draco. Después se desviaron a la cara neutral del mago que no hacía nada más que supervisar por si alguien les reconocía.
—¿Gracias?, pero no quiero.
Por un instante, Malfoy le regaló una mirada de reojo. Y rebuscó con la mano libre en su bolsillo sin decir nada hasta que mostró un Caldero de Chocolate que había visto en la inmensa mesa de alimentos situada en la otra punta de la sala.
Harry negó con la cabeza.
—Tampoco tengo hambre... —suspiró, regresando su atención a la fiesta—. Ya sabes lo que está pasando, no lo hagas más difícil.
Esta vez, Draco se encogió de hombros y empezó a masticar el dulce.
—Como quieras, Potter. Pero que sepas que he venido para decirte que a Weasley se le está complicando su misión.
Harry frunció el ceño, buscando inmediatamente a su amiga con la mirada.
—¿Está en peligro?
Draco se carcajeó, dando un sorbo e imitando la posición del Gryffindor: con el cuerpo y los ojos orientados al resto de la gente para que nadie sospechara de que estaban hablando.
—Está en peligro desde el primer día en el que Daphne se interesó en ella. Aunque deberíamos de detallar qué clase de peligro está expuesta Weasley.
—Pues procura vigilar a tu amiga, porque como se le ocurra hacer algo malo a Ginny...
—¿Bromeas? —chasqueó la lengua—. No puedo controlar a Daphne, esa mujer tiene muchos recursos y habilidades como para cortar sus alas de tal manera.
—Bien que pudiste tragarte tu orgullo cuando me buscaste al enterarte de que a Hermione le gustaba Parkinson y que ya no habrían más obstáculo entre nosotros, así que no creo que te suponga un problema controlar a Greengrass.
Draco empezó a toser cuando se atragantó con el vino. Con la cara roja y la mano secando su boca, miró ofendido a Harry.
—Cállate, Potter, qué sabrás tú.
—Sé lo que me cuentas, y si de verdad estuvieras de mi parte darías un poco más de ti —al instante en el que escupió la frase, se mordió la lengua.
Ni siquiera podía culpar al estrés de aquella metedura de pata.
—¿Cómo? ¿Un poco más de mí? ¿Un poco más de mí?! ¿No has tenido suficiente con lo que he estado haciendo desde hace meses? ¡Como se entere mi familia me mata! ¡Mi propia familia!
No hizo falta que el Gryffindor le recordara que debía bajar la voz. Cuando dos personas pararon de bailar para mirarlos, Draco calló y desapareció enfurecido entre la multitud para evitar posibles problemas.
-0-
—¡Tercera copa!
—Y no serás capaz de ir a por la cuarta.
Daphne achinó los ojos al fundir su mirada, con una pincelada de advertencia en los iris, con la despreocupada de Ginny. La Gryffindor le sacó la lengua, casi atragantándose al reír, y demandó la atención del elfo para pedir otra copa de ron de Grosella.
La melodía que proporcionaba la actual banda de música embotaba el ambiente, ocasionando la temporal sordera en los alumnos, y por esta razón la Slytherin tuvo que acercar su oído a los labios carnosos de Weasley para escuchar la respuesta.
—Vamos a celebrar la noche —dijo ésta, conteniéndose la tos. Sonrió y agarró la copa que le obsequiaba el elfo para ofrecérsela a Daphne—. Vamos a brindar, ¡otra copa más de lo mismo, por favor!
Y brindaron como si cerraran un contrato complicado de entender y aceptar.
El ron que llenaba la copa de Ginny no duró ni dos minutos, en cambio, Daphne sorbía poca cantidad a intervalos largos, observando con una mirada perspicaz el comportamiento de su antagonista ya claramente bebida.
La Slytherin acabó el poco líquido que quedaba en el fondo y cerró los párpados con fuerza, intentando opacar sus borrachas reacciones. El único punto que revoloteaba por su mente desde que se había dado cuenta de que la fiesta se encontraba en el mismo sitio que la sala donde fue a dormir con Ginny, era descubrir más sobre cómo funcionaba aquel lugar mágico y cómo podría entrar en él cuando nadie más hubiera dentro.
Aparte de ese punto, también tenía previsto buscar y encontrar más información sobre el Ejército de Dumbledore y sus integrantes, de los cuales estaba completamente segura que ellos mismos y sus familiares estaban a favor de la Orden del Fénix, y aquello sólo suponía que en una futura guerra encontrarían con más facilidad a los traidores y aliados del bando enemigo gracias al esfuerzo que ella había hecho -y del cual esperaba obtener recompensas-
Sí, eso era en principio lo que había pensado.
Pero nadie le había avisado de que el alcohol le jugaría malas pasadas, por no hablar de sus propios pensamientos de los que siempre había confiado y que ahora la estaban traicionando. ¿Le era imprescindible pensar en cómo las carcajadas de Weasley sonaban como si su madre le hubiera dicho que se sentía muy, muy orgullosa de ella? No, para nada.
¿Era necesario para sus planes el observar con -mucha- atención cómo los labios de Ginny, húmedos por haber dado un trago de su nueva copa, se movían incansables al hablar de "mañana en San Valentín compraré todo lo que pueda en la tienda de dulces de Honeydukes y si hace falta le quitaré dinero a mi hermano"? Ni por asomo. Y todo aquello era algo que no acababa de entender muy bien el porqué le prestaba tanta atención, y el alcohol que nublaba su auto-control aún menos podía ayudarla.
Así que no fue capaz de evitarlo.
La oscuridad desdibujando su persona, la melodía difuminando las palabras y el alcohol aplacando su lógica y calculadora mente, la ayudaron a comprender del poco tiempo que disponía de aquella noche.
Estiró el brazo, todavía con el borde de la copa vacía rozando sus labios carmesíes, y con cada una de sus yemas acarició la desnuda nuca de la Leona. Después, sujetó entre sus dedos la larga trenza pelirroja que descansaba sobre el hombro descubierto de Ginny.
—Ginevra Molly Weasley... —quebró su voz al fijarse en los iris de la nombrada—. Eres una maldición.
—¿Se supone que esto debe de ser romántico? —contestó, dando un paso hacia la barra con la intención de alejarse de la mano.
—Desconfiada —suspiró.
Le dolió golpearse con la realidad.
—Oh, ¿desconfiada? Le dijo el lobo a la oveja.
—Increíble, ¿por qué ahora utilizas metáforas? ¿crees de verdad que intento acercarme a ti para dañarte?
Ginny se carcajeó de inmediato, incrédula ante lo que estaba escuchando.
—¡Como si no supiera qué pasa! No creía que de verdad pensaras que fuera yo tan inocente y tú tan inteligente. Sé a quién eres fiel, sé cuales son tus intenciones, Greengrass.
La nombrada cortó el contacto visual al parpadear.
—Me halagas pensando en que calculo tantísimo... —dejó caer, dando un par de pasos hacia adelante para dejar la copa sobre la barra.
Ginny se apartó de su trayectoria para no estar más cerca de lo indicado.
—Perteneces a la Brigada Inquisitorial, conozco en qué posición estás en ella y el porqué te acercas a mí. Aunque yo sea del Ejército de Dumbledore, no me dejaré engañar por una egocéntrica Slytherin así que no podrás sacarme nada. No soy tu hilo conductor, Greengrass, no dejaré que me conviertas en una marioneta.
La nombrada dejó la copa con delicadeza en la barra y sonrió de lado, peinándose el largo flequillo dorado hacia atrás.
—¿En serio? —negó con la cabeza, sin detener su mirada sobre la Gryffindor que levantaba las manos como si fuera lo más evidente del mundo.
Durante diez segundos, contados estrictamente por Weasley, Daphne estuvo inspeccionando sus ojos. La Slytherin parecía completamente abstraída, su rostro mostraba excitación y perplejidad hasta que reaccionó, o el alcohol se lo permitió.
La Serpiente volvió a sonreír, esta vez más confiada en sí misma.
—Sinceramente, no estoy interesada en pisotearte. Ni a ti ni a tu grupo... —susurró, lamiéndose los labios.
—¿Entonces...? —contestó Ginny, aturdida por el acercamiento de la mayor.
Era evidente que la Leona no acababa de creerla, pero ésta pudo ver con sus propios ojos la pelea interna que se disputaba en la mente de Daphne. Una pelea que no entendía qué luchaba contra qué.
—No lo sé...
—No, Greengrass, si de verdad no estás interesada en hundirme en la miseria, ¿qué haces acercándote a mí? ¿qué quieres? ¿No puedes ver que yo no tengo nada que darte?
—Sí. Tienes.
La Slytherin atrapó con ambas manos el rostro de la Gryffindor y se acercó buscando el calor corporal que emanaba de ella, besándola.
Con los ojos desorbitados, Ginny no dejó escapar ni un sólo movimiento de la boca de Greengrass mientras se besaban bajo varios fuegos fatuos revoltosos. Y no tardó nada en sentir la barra detrás de su espalda, teniendo que apoyar una mano en ella para no chocar.
—¿Q-q-q? —Ginny tartamudeó como pudo ante los besos—.¿Q-qué demonios...? ¿Qué buscas? —pudo decir una vez Daphne se detuvo para abrir sus párpados y mirar, con dolor, a la bruja.
—Te busco a ti... Veo en ti la única persona por la que... que merece la pena luchar y arriesgarse.
Sin alejarse lo más mínimo, Daphne se cubrió parte del rostro con una mano. Como si la cabeza le doliera por lo que había dicho. Supuso que el alcohol hacía el resto.
—¿P-por qué yo? No lo entiendo —buscó con la mirada una salida por el miedo que estaba sintiendo, ¿era otro juego cruel de una fría y calculadora Slytherin?—. Yo no... yo no soy nadie ni tengo nada que una sangre pura como tú busque, ¿cómo quieres que-?
—Merlín, si tuviera que responderte no acabaría esta noche. Si te sirve, y viendo que piensas que soy una egocéntrica, te diré que eres la única en la que he pensado que me mereces y te merezco, que conseguiría hacerme ver otros puntos de vista, que pudiera quitarme el inmenso terror que tengo por la guerra que está acercándose,...
—Pero-
—Te quiero a mi lado —el quejido se transformó en un gemido.
—Maldic-. Mierda. Para —la empujó al ver que iba a lanzarse de nuevo—. No juegues conmigo, haz el favor de no ser tan hija de puta como para engañarme, que yo termine confiando en ti y acabes traicionándome en el último momento.
—Ahora mismo estaría loca si lo intentase, porque sé perfectamente que me buscarías hasta ver que de mi cadáver nacen hongos —se le escapó una sutil sonrisa al escuchar la encantadora risa de Ginny—. Ellas son capaces de enfrentarse a todo esto, ¿por qué nosotras no?
La Leona liberó una carcajada sarcástica.
—¡Porque no somos ellas! No tengo ni idea de qué es lo que se le pasó por la cabeza a Hermione, pero se conocieron, se odiaron, trabajaron juntas sus propios defectos y problemas, volvieron a odiarse más, se comprendieron, se aguantaron mutuamente por increíble que suene... y... y terminaron amándose. Tienen tras de sí una larga historia, nosotras siquiera hemos llegado a la mitad, ¿cómo eres capaz de atreverte a pedir la misma confianza y amor que tienen ellas?
—¿Y por qué comparas nuestra historia con la suya? Te he dicho que fueron capaces de enfrentarse a todo, no que nosotras tengamos que pasar por el mismo camino que ellas. Cada persona vive lo suyo, experimenta a su manera y no necesitan recorrer un proceso idéntico que otra pareja. Aparte de que somos diferentes personas y resolvemos nuestras diferencias y problemas de una manera u otra. ¿O no lo ves así? ¿No ves que tú no eres Hermione Granger y que yo no soy Pansy Parkinson? ¿no ves que... yo... —dio una bocanada, y su expresión se convirtió en una de dolor. Desvió la mirada—. Yo... tengo miedo de... Quiero cambiar pero a la vez no porque eso significaría dejar de lado a mi familia y-no-puedo...
—...Te odio.
—Lo sé, es lo único seguro que sé hasta ahora, señorita Weasley.
Ginny se abalanzó para sujetarle la cara y le mordió el labio inferior con irritación hacia sí misma.
—Odio cómo me hablas, cómo te explicas, cómo giras mi argumentación y la vuelves en mi contra, cómo controlas cada momento, cómo te aprovechas de ello. Y, sobretodo, odio cómo intentas una y otra vez conocer mis pensamientos y mis próximos movimientos. Odio lo insegura que me haces sentir. Odio no saber si juegas conmigo o me dices la verdad. Odio tanto de ti... —continuó la Gryffindor.
Daphne dejó escapar una suave risa entre dientes que regaló a Ginny un agridulce escalofrió por toda la espalda. O quizás fue más bien las dos manos que se aferraron a su cintura con delicadeza y firmeza.
—Si el odio es la causa que te impulsa a tenerte ahora entre mis brazos, quiero que me odies por toda la eternidad, tanto que llegues a ser capaz de perseguirme vida tras vida. Seguro que aburrirme no lo haría.
Ginny dejó salir de su garganta un ruido de burla sin apartarse del cuerpo de la Slytherin.
—Recuerda quién eres, señorita Romántica.
—Daphne Greengrass.
—Recuerda de quién eres aliada.
—De Daphne Greengrass.
—Mortífagos. Y yo estoy y estaré en el lado contrario hasta que la última mota de polvo de mis huesos desaparezcan de mi tumba. Nada me hará cambiar la opinión, ni un gran amigo ni
—Un amor épico —dijeron al unísono.
—Opino igual que tú, Ginny. Conozco a la perfección de que eres fiel a tus principios, y las dos pensamos igual —vio cómo Weasley asentía complacida e intentaba separarse de su agarre—. Pero no puedo dejarte escapar. Quiero tenerte entre mis aliados. Quiero tenerte en mi bando. Si lo hicieras, todo sería tan fácil...
—Ven tú al mío, si te atreves.
—Ya tenéis en vuestras filas a una magnífica Slytherin gracias a Granger, así que es justo que viniese a las mías alguien más poderoso.
Ginny sonrió sin intención.
—No puedo traicionar a mi familia, y menos a mí misma. Al igual que tú no quieres dejar de lado a la tuya.
—Tenía que intentarlo ¿no crees? —borró la sonrisa, encogiéndose de hombros.
Después de estar mirándose varios minutos, se dieron un último beso por petición de Daphne y se alejaron en direcciones diferentes.
Cuando la Leona notó un agarre en la mano impidiéndole que avanzara el alejamiento, sonrió por dentro.
—Se me olvida un punto muy importante, ¿seguimos con el pacto que nos unió aquel día cuando Pansy perdió la memoria?
—¿Quieres afirmar si tienes que luchar contra mí o no en un futuro? Aunque esto sería un nuevo acuerdo porque no tendríamos que defender a aquellas dos enfrente de los demás en Hogwarts.
—Le podríamos llamar el nuevo tratado de Paz.
—¿Y en qué consiste exactamente? —dibujó una sonrisa cuando los lacios mechones rubios de la Slytherin le acariciaron las mejillas.
No le importó ser besada una vez más.
—En tú y yo. No nos atacaremos si la guerra llega un día y nos obliga a enfrentarnos cara a cara.
—Mmh, ¿quizás Daphne Greengrass intenta llevarse bien conmigo porque no quiere acabar derrotada en el suelo? —se burló, provocando al orgullo de la Slytherin.
—Te recuerdo que si nos enfrentamos en un duelo, tú serás la que acabe derrotada. En la cama.
—Oh —dejó escapar, alzando ambas cejas por la sorpresa.
—Oh —afirmó.
-0-
Hermione mantuvo el ligero baile acompañada por las demás parejas hasta que un travieso fuego fatuo celeste flotó por encima de la media melena de Pansy. El brillo que provenía de entre los mechones llamó la atención de la Gryffindor.
—¿Es... una diadema? —preguntó, estirando el brazo.
—Sí, de brillantes ¿llama mucho la atención?
—Bastante.
—Mejor —ladeó la sonrisa y dejó de bailar, obligando a Hermione, quien continuó por inercia, a que parara y el tirón la acercara a su cuerpo.
Ambas jóvenes mantuvieron la mirada, intentando descifrarse los pensamientos. Granger tragó saliva y frunció el ceño un tanto cohibida y triste ¿quizás Pansy había recordado algo? ¿Por eso el rostro tan taciturno y duro pero pidiendo ayuda a través de sus ojos?
—Mañana... —susurró Parkinson—. Sé que algo pasará y-
—Nada cambiará. Seguiremos juntas, tranquila —agarró ambas manos de la Slytherin y observó la pulcra manicura. Sonrió y entrelazó las manos detrás de la espalda de Pansy—. Ni siquiera tus memorias harán que nos detengan.
Parkinson dejó escapar una burlesca risa entre dientes y achinó los ojos.
—Hermione Granger está enamorada de una Slytherin... ¡Y esa Slytherin soy yo!—dijo, orgullosa.
La ingenua burla hizo entrecerrar los ojos de la nombrada.
—Y Pansy Parkinson está completamente dispuesta a subirle la falda.
—Oh, bueno, son efectos secundarios, algo tendría que devolver a cambio del amor, ¿no? —imitó a Hermione cuando le sacó la lengua—. Vamos a un sitio más... menos... Lejos de aquí. Quiero escucharte hablar y no bailar. Besarte sin miedo a que nos descubran estaría de maravilla, también.
—¿Quieres ir a los dormitorios que hay?
Ante el asentimiento que hicieron ambas a la vez, empezaron a apartar la multitud para llegar a la abertura que daba paso a una escalinata forrada de una alfombra roja y que apenas estaba iluminada. Al tocar el último escalón, Hermione, quien iba primera, viró su cabeza sin dejar de andar y entrelazó su mano con la de Pansy para guiarla por el pasillo que tenían ante ellas.
Sus ojos fueron observando las centenares de puertas hasta encontrar una donde no estaba sellada contra la pared y que, por lo tanto, significaba que la habitación estaba libre. Abrió la puerta, escudriñando la estancia antes de entrar, aunque no pudo porque no se había encendido todavía la luz.
Una vez se adentró un par de pasos, no tardó ni un segundo en atacar los labios de Pansy mientras que ésta intentaba cerrar la entrada a tientas.
—¿Y la puta luz? —gruñó la Serpiente, intentando caminar abrazada a su novia.
Hermione, después de reír, tiró de la Slytherin para tumbarla sobre la cama. Una décima de segundo después, la estancia se iluminó mostrando los dos cuerpos uno encima del otro.
—¿Por qué... —el mordisco de Hermione en su labio inferior la hizo callar—...¡Maldita sea! ¿cómo voy a hablar contigo si —gimió al sentir la boca recorriendo su cuello— no puedo parar de gemir?
Pansy volteó para sujetar bajo su figura a la de Hermione y aplacar toda movilidad.
—Aún no puedo creerme que me hayas parado —confesó, pestañeando varias veces.
Pansy dejó escapar una carcajada y rasgó su mirada. Bajo ella, con la melena desparramada por toda la cama, se encontraba una Hermione que parecía tragar más saliva de lo usual. Ésta intentó mover las manos, pero tenía las muñecas atrapadas entre el colchón y la fuerza de la Slytherin.
—¿Miedo a que recupere la memoria por completo en estos momentos, cuando te tengo completamente a mi merced y pueda hacer contigo cualquier idea que se me pase por la cabeza? —se lamió los labios, aunque disfrutó de la respiración que iba en aumento y movía de arriba a abajo el pecho de Granger.
—Pues... Sí, relatado de esta manera, sí que tendría miedo.
—Oh, pobre gatita, cuánto miedo de ser devorada por una venenosa serpiente... —susurró acercándose al cuello de la joven.
Le rozó la mandíbula y parte de la clavícula con la nariz, sin apenas saborear la piel con la boca.
—Todavía no sabemos por seguro si le gustaba a Pansy Parkinson —intentó explicarse, salivando bastante por escuchar la excitada respiración contra su oreja.
—Lo sospechabas.
—Pfff, ¿y qué? Una sospecha tan imposible de que fuera cierta...
—Aham... ¿Una Slytherin enamorada de una sangre sucia? —alzó una ceja, juguetona, al descubrir la mirada dolorida de su prisionera—. Suena excelente para una novela dramática.
—Lo sabía. Sabía que aunque no recuerdes todo, ya casi eres prácticamente tú. Q-quiero decir, no tú en sí, sino- Bah, da igual, no he dicho nada.
—Te recuerdo que ahora estoy contigo y, si no recuerdo mal, Pansy Parkinson es mi nombre. ¿Quieres que regrese a ser tan sarcástica y fría como era antes? Puedo hacerlo perfectamente, ahora tengo todas las facultades para ello.
—Puedes ser todo lo sarcástica que quieras pero no seas tan fría, por favor... Más bien —dio una bocanada, un poco asustada—, no me dejes al recordar tus antiguos ideales... Porque te mataría sin remordimientos. Como juegues con mis sentimientos, Parkinson, te las verás conmigo —las cejas se le arquearon por el coraje que iba acrecentándose en su pecho.
La traición, y más después de haberse enamorado, no la soportaba ni al pensarla.
—Ufff, Granger... —contestó, sin dejar el contacto visual.
—¿Qué? ¿Te molesta que diga la verdad o te molesta que me defienda?
—No, simplemente acabo de recordar lo mucho que me pones. Oh, OH, MERLÍN, ¡¿Te relaté una maldita historia erótica en la biblioteca cuando nos castigaron? Uau, espera, acabo de recordar por qué le tengo tanta tirria al jodido Weasley, ¿cómo se atrevió a interrumpirnos en ese preciso instante? —negó con la cabeza, ofendida—. ¡Será...! ¿sabías que si hubiéramos estado cuatro segundos más, te habría besado?
—¿Tú? ¿Besarme como Parkinson-Parkinson en la biblioteca? Imposible.
—Te lo juro.
—Imposible.
—Te lo juro —repitió, riendo.
Hermione boqueó al tiempo que parpadeaba sin fijar su mirada en algún punto.
—¿Sabes que estoy empezando a odiar a Ron y no debería sentirme así?
—Bienvenida al club, Hermione, justo después de entrar un par de metros, a la derecha verás un enorme cuadro de una vagina con patas. No lo tengas en cuenta, es nuestra mascota personal —se carcajeó al recibir un golpe en su hombro—. Ey, ¿qué movimiento más estúpido es este de pegarme sabiendo que te tengo bajo mi dominio?
—Estupendo, ya he notado que puedes decir las mismas estupideces que antes —bufó, apartando la cara para que Parkinson no le robara un beso.
—Mmmmh, por lo tanto... Después de todos los momentos vividos, ¿seguiremos molestándonos una a la otra hasta la eternidad? Era divertido, en verdad.
—Has empezado tú con tus idioteces.
Pansy no pudo evitar reír.
—Evidentemente, soy la bruja mala de la historia, ¿qué esperabas? He vuelto para reclamar mi papel. Pero tranquila, todavía estoy leyendo el guión que he olvidado parcialmente. Sólo espero que mañana vuelva todo a la normalidad...
—Entonces... ¿la memoria...? ¿Ahora lo recuerdas todo, o más que antes? —no quiso adentrarse en el tema de los mortífagos, que era el que más le interesaba.
—En parte.
—¿Qué parte no?
—Mi odio hacia ti. Desapareció. Y eso me está matando —suspiró largamente y deshizo el agarre para dirigirse fuera del colchón.
—Pansy Segunda de Slytherlandia... ¿se fue ya?
—Supongo que no, después de todo ella sigue siendo una parte de mí. Oculta.
Apoyada entre cojines y almohadas, la Leona siguió con los ojos los parsimoniosos pasos de la Slytherin. Sin duda la cautelosa forma de preparar las cosas, tan refinada y segura, volvió a restablecerse en sus movimientos. Incluso la severa mirada que mostraba al pensar en sus asuntos, cuando nadie la podía ver.
—¿Desde cuándo te sientes más "tú" y te diste cuenta de que los recuerdos te estaban volviendo con más frecuencia? —preguntó, curiosa.
—Durante la fiesta, más o menos cuando Daphne se fue a buscar a Weasley. En realidad desde hace días, pero hoy ha sido cuando más.
—¿Tanto...? ¿Y ni siquiera me comentaste qu-?
—Oh, venga ya, aquí la noticia estrella son esas dos, ¿lo has oído bien? Greengrass y Weasley. Increíble, te prometo que en mi vida lo hubiera imaginado, quiero decir, sí, en parte, porque conocía que D le tenía ganas pero... ¿querer una relación seria? Aún no me lo puedo creer. Daphne y sus secretos.
Acabó de reír cuando se dio cuenta de que Hermione fruncía la nariz. Pansy mantuvo la firme mirada a la vez que buscaba en un diminuto bolsillo escondido, el objeto que le había comprado Daphne por ella ya que el anterior lo perdió en el partido de Slytherin contra Gryffindor.
Hermione bufó largamente, negando con la cabeza y dejando claro a su compañera la molestia que sentía, pero no pudo esquivar la nostalgia que la embargó al observar cómo Parkinson se humedecía los labios con el brillo de frambuesa. Merlín. Quedó congelada ante la sucesión de escenas y recuerdos que veía en su mente provocados por aquel simple gesto junto con la mirada burlona de la Serpiente.
Había vuelto.
¿Había vuelto por fin? ¿Su Pansy Parkinson había regresado a la cruel realidad?
Se notaba muy extraña... Era como ir y venir con el Giratiempo, la sensación de vivir miles de historias a espaldas de los demás pero que al regresar al punto inicial nada había cambiado. Pansy se había convertido en su Giratiempo personal, verla la sumergió en los recuerdos desde el primer día y los nuevos no los tenía apenas en cuenta. Sin embargo... todo había cambiado.
—T-te acuerdas de...
—Todo de ti, tranquila —le tranquilizó.
—De lo que hemos estado hablando estos días, de los enormes pasos que hemos dado... Todo sigue intacto, ¿cierto? Quiero decir, no te arrepientes de nada.
Le dolía confesar que cuando le dijo una vez a Pansy Segunda que no la creía cuando coqueteaban, era verdad. Pero ahora... ahora tenía ante ella, en teoría, a Pansy Parkinson dentro de lo que cabía. ¿No sería capaz de burlarse de ella dejándola en el dormitorio?
—Sí, todo de estos días, 'mione. No puedo permitirme olvidarte de nuevo y si de algo estoy segura ahora mismo es que mi corazón nunca ha estado cubierto de hielo. Lo que evitaba que él hablara, que le hiciera caso, que me diera cuenta de que estaba ahí, gritando como si no existiera otro propósito, era simplemente un error ¿Sabes qué error era este? El haber dirigido mi atención en formar escudos invisibles y no en los ojos pardos que tengo delante de mí.
Hermione agachó la cabeza riendo entre dientes. Ruborizada, se mordió el labio inferior y colocó unos mechones tras la oreja. Acabaría por tener un infarto por el rápido bombeo que notaba en su pecho.
—¿Ta-tanto?
—Oh, vamos, ¿te parece insuficiente el hecho de olvidar la memoria y ser la primera persona en ver, en intuir que eras alguien especial para mí? Eso es mucho.
—¿Rompería el romanticismo si dijera que estaba en la enfermería porque no quería que nadie te contara versiones falsas de cuando la Bludger que lancé te golpeó a ti?
—Merlín, te aseguro que recuerdo tu grito en el partido.
—Tu mirada...
—¿No lo hiciste a propósito, no? Y, por cierto, ese día perdí el brillo de frambuesa, ¿no lo habrás robado?
Hermione ignoró la última pregunta. Sí, ella guardaba el brillo pero ahora que Pansy tenía otro... Se lo quedaría para recordarla.
Qué cutre, pensó.
—¿Hacerlo a propósito? Aunque estuviera enfadada quería evitar cualquier incidente con Umbridge. Y golpear a un Slytherin no es un brillante plan...
Pansy asintió al tiempo que su mirada, más severa que antes, se ausentaba.
—Me estoy preguntando cómo empezó toda esta locura de historia, es... tan... irreal.
—Mmmh... Creo que el primer paso fue en diciembre, no recuerdo el día aunque sí tu preciosa frase de "¡Eh! Vigila por dónde vas, inútil". Estuve apunto de tirarte la estatua encima.
La Slytherin rió.
—Y me contestaste con "No deberías de estar sentada en medio de un sitio por donde pasa gente". Tan típico de ti, gruñona.
—¿Típico? Típico es que me replicaras empezando con las mismas palabras, como siempre. Me parece increíble que nos gustemos sin apenas haber cambiado de fórmula.
—Tan fácil como saber que las personas opuestas se atraen porque una complementa lo que la otra no es. Eso, o porque eres una tozuda y la tozudez ha tenido sus resultados.
—Habló la que no es tozuda.
—Bla, bla, bla, Granger siempre tiene la razón y los demás no, bla —con una mano imitó el movimiento de una boca parlanchina y esquivó, agachándose, la almohada que le había lanzado la Leona.
—Te odio, Parkinson —su melena imitó el movimiento de negación de su cabeza, desviando la mirada de la Serpiente para no perder el papel de mujer enfadada.
—Pero aquí estás.
La nombrada suspiró, derrotada y alegre.
—Pero aquí estoy.
Hermione salió de la cama y acarició los hombros de Pansy sin perder ni un segundo en besarla. Se abrazaron durante minutos. La Slytherin apoyó el cuerpo en la mesa y se sentó para acercar más a la Leona.
—No importa lo que pase a partir de ahora, ¿vale? quiero que te mantengas cerca o por lo menos sabiendo dónde estás.
—No perder contacto.
—Exacto.
—¿Me amas?
Pansy frunció el entrecejo.
—No —esperó a la expresión desencajada de Hermione—. Claro que te amo, idiota.
—¿Y en qué bando estás? ¿Has decidido ya o...?
La Slytherin estuvo varios segundos rebuscando en sus pensamientos. Sí, sí, ahí estaban todos los planes que había hecho semanas atrás del accidente con la Bludger.
—En el de mi familia.
—Voldemort —golpeó la mesa y se alejó varios pasos, enojada—. Por Merlín, ¿cómo puedes haber recuperado la memoria, estar conmigo, y decir que él...?! ¡AGH!
—Ugh. Tampoco hace falta llamarle por su nombre —sus manos temblaron y revisó cada rincón de la estancia en busca de algún peligro.
—Hasta que aprendas a superarlo y te des cuenta a qué clase de ser eres fiel.
—Literalmente, a ti. Además, si no recuerdo mal me explicaste que no intentabas convencer a los demás de opinión.
—¡No si está equivocada!
—No todos tus pensamientos son la única verdad.
—Sí de valores ¿Tú sabes cuántas personas morirán en esta guerra?
—Demasiadas.
—Espero que estés de acuerdo conmigo de que para seguir juntas debemos de estar en un mismo bando para protegernos y no enfrentarnos.
—No es la única manera de acabar con esta guerra, Hermione, y ése es mi objetivo, precisamente.
—Ellos atacarán Hogwarts un día cuando no nos demos cuenta, tendremos que defendernos y si tú te vas con ellos... Bfff, sois así de víboras, atacando por detrás.
—Utilizando todos los métodos eficaces.
—Siendo rastreros.
—Basta.
—¿Te sientes identificada?
—Algunos son mi familia.
—¿Asesinos?
—Familia.
—¡Solo es sangre! No compartís ideales... ¿o sí? ¿Quieres acabar con Harry y todos nosotros? ¿Ir contra los sangre sucia y muggles? ¿Quieres matarme, Pans, de verdad deseas acabar conmigo?!
—Sabes la respuesta, maldita sea. No hace falta que grites tant-
—Pues... —agarró aire— no entiendo por qué te vas con ellos.
—No hace falta entenderlo, Herms, déjame ser y actuar, no es tan difícil.
—Y me pedirás confianza.
—Sin dudarlo.
—Pffff —repasó con aversión en sus ojos el cuerpo de Parkinson—.Espero poder salvarte después.
Pansy alzó una ceja.
—Yo también.
—¿Y sabes ya qué pasará mañana o eres tan imbécil que has decidido irte con ellos sin recordarlo?
Pansy ladeó la cabeza y frunció el ceño observando a Hermione.
—Será San Valentín y algo ocurrirá, pero no sé el qué exactamente, aunque sí que está relacionado con mis planes —le cerró los labios con un dedo—. ¿Por qué no le haces un favor a mi dolor de cabeza, me besas, te callas y volvemos a la cama, mh?
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Cho dio un ligero toque con sus dedos en el hombro de Ginny y esperó a que la Leona reaccionara. En cuanto lo hizo, girándose sin cuidado alguno y derramando parte del contenido de su copa, se quedó de piedra examinando a la Ravenclaw.
—Oh, por las barbas de Merlín, estás increíble, Cho.
—Gracias, no sabía qué ponerme.
—Cualquier prenda te quedaría bien, incluso una bolsa de basura.
—Una idea que me apunto en la cabeza para la próxima fiesta.
—¿Todo ha ido bien? —inquirió, alejándose de la multitud.
—Perfecto. Katie y Angelina se han ido a dejar a Hizun y antes fueron a la Sala Común de Slytherin a hacer no se qué, y mmh... que yo sepa no ha quedado ningún cabo suelto. ¿Interpretaste el cambio de la cúpula del techo?
—Sí, me sentí muy aliviada... Ya me imaginaba que algún Slytherin se escaparía y nos metería en problemas.
—Hablando de problemas, ¿cómo es que no estás con Greengrass?
—Eemh, se fue —contestó, levantando la copa y orientándola hacia la pista de baile. Su borrachera era notable—. Ya no hace falta mantener a las Serpientes cerca de nosotros, ¿verdad? Libertad para mí.
—Como si estar con ella fuera un suplicio para ti, Gin —ocultó su boca para que no le viera sonreír.
—Son más insufribles tus comentarios, a decir verdad.
—Únicamente quiero que admitas que sientes algo por ella, es evidente a kilómetros.
Ginny agarró aire y clavó sus ojos en los profundos de Cho.
—No somos nada, ambas sabemos contra quién luchamos.
La asiática asintió, más para que su amiga no se pusiera a la defensiva que por otro motivo.
—Buenas noches.
Ginny volteó la cabeza.
—Madre mía, ¡Luna! Estás preciosa, tía.
—Gracias, tú igual, Ginny. Hola, Cho.
—Ehm, vaya, Lu... Déjame decirte que estás... —"Para comérsela, díselo", le susurró la embriagada Ginny a la oreja intentando disimular. Cho la apartó de un manotazo—. Estás espléndida con este vestido púrpura.
Luna sonrió y dirigió la mirada soñadora a la fiesta.
—Mi padre dice que los mortífagos es posible que ataquen en muy pocos días, el mensaje en nuestro Quisquilloso es fácil de leer. Mirad —enseñó el nuevo número que le había enviado su padre por correo urgente, señalando el mensaje oculto que descifró—. Los adultos de la Orden también están al tanto.
—¿Dónde está Hermione? —preguntaron a la vez.
Cho y Ginny se sorprendieron un instante. Después, empezaron a reír.
—¿Qué haría yo sin mi Hermione? —la Gryffindor alzó los ojos y sonrió para sí misma.
—Irte con Daphne.
—Gracias, Chang.
—De nada —rió al percibir cómo fruncía Ginny la nariz.
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Seis de la mañana. Daphne se agarró a Draco y éste a Zabini. Los Slytherins que quedaban les siguieron. Entraron en la Sala Común ofendidos por las palabras de humo flotantes que recitaban "Gracias por esta increíble velada. E.D" y un pene mal dibujado al lado del dibujo de una serpiente.
—¿Qué demon-?, qué hijos de puta.
—¿Por qué nos querrán haber entretenido? —preguntó Millicent, observando una máscara flotante de humo—. Con esta máscara he estado hablando yo.
—Y yo con la de al lado.
—Mierda, yo también con esta otra.
—Da igual, sea lo que fuera ya han logrado su propósito. Y nosotros nos vamos a ir a dormir, no perdamos energía pensando el porqué nos han regalado una brillante fiesta. Tenemos que utilizarla para situaciones mucho más importantes y urgentes como bien sabéis, y no ir detrás de esos niñatos sea hoy o mañana.
Asintieron ante las palabras de Daphne y se resguardaron en sus habitaciones.
—Buenas noches, D.
—Duerme bien, Draco.
—Hasta mañana, chicos.
—Nos vemos, Milli.
—Esto... ¿Y Pansy?
—Se habrá quedado con alguien —añadió Daphne de inmediato—. Alguien que la habrá entretenido muy bien.
Millicent frunció el ceño, pero inmediatamente se encogió de hombros dando a entender que no le interesaba lo más mínimo. Y, en verdad, así era.
