San Valentín

Segunda parte

La suave ventisca se iba condensando lo suficiente como para zarandear las ramas de los árboles torcidos, y el tétrico silencio ayudó a que Hermione sujetara con fuerza el brazo de Pansy.

"Qué tranquilidad", murmuró la Slytherin, adentrándose en el cementerio una vez abrió el portón adornado con barras de hierro.

Al ver a lo lejos las espaldas de los dos magos, decidieron ir de puntillas ante el ambiente íntimo que se había formado. La Slytherin quedó estática a escasos metros de ellos al vislumbrar entre la neblina cómo Draco posaba su brazo en los hombros de Harry y lo mecía con suavidad al tiempo que parecían susurrar sobre sus asuntos.

Parkinson carraspeó con la esperanza de que se dieran cuenta; al fin y al cabo, si ella fuera Draco se alarmaría al descubrir a alguien en ese momento.

—Harry —llamó Hermione, con un tono de voz acorde a la situación.

Draco dio un tremendo salto hacia un lado, teniendo que esquivar una lápida derruida. Harry, por el contrario, viró su rostro con suma tranquilidad.

—Hola, Hermione, ¿estabais preocupados por mí? Lo siento —frunció ligeramente las cejas al divisar a Pansy entre la escasa neblina y la nieve que iba cayendo.

Se esperaba que fueran a buscarlo gente del Ejército para asegurarse de que estaba bien.

—Uhm... en verdad hemos venido porque encontré el anillo —dijo la Gryffindor.

Harry alzó la palma de su mano, imitando el mismo gesto de Pansy al acercárselo. El joven sonrió.

—No hace falta explicar nada, supongo.

—Supones mal —contestó Parkinson.

—Cállate, Pansy —interrumpió su compañero de Casa, chasqueando la lengua—. Nadie te ha dado vela en este entierro.

—¿Que nadie...? Oh, ¡venga ya!, soy el alma de esta maldita fiesta, ¿quién te crees que ha traído aquí a la señorita?

—¿T-tú has sido quien le ha dicho a Granger que nos trajera el anillo? —tragó saliva al comprender qué significaba aquella afirmación.

—Sí, ella ha tardado lo suyo y, sinceramente, si no fuera porque Potter ha ido tras de ti no nos hubiéramos dado cuenta —su mente se despistó por un momento, haciendo que sus ojos observaran el cielo durante un instante—. Aunque, en realidad, los recuerdos de ti y Daphne hablando cuando yo no tenía memoria ya eran suficiente para suponerlo, pero hoy ya ha sido la confirmación.

Draco miró sorprendido a Harry, después a Pansy y a continuación a Hermione para acabar de nuevo en el Gryffindor.

—¿Es que nadie va a decir nada? —inquirió Draco.

El Slytherin alzó ambas manos y señaló cómicamente a Harry y a él mismo varias veces.

—Ah, mmh, ¿hacéis buena pareja? —contestó Hermione. Las carcajadas de Parkinson le provocaron una mirada de molestia—. ¿De qué te ríes ahora?

—De entre todos los comentarios que podías decir... Merlín, déjame enseñarte cómo se hacen las cosa-

—¡No! ¡Ni se te ocurra empezar como el día en que nos viste a mí y a Ginny en el prado!

—Esperad, esperad —la efusividad que utilizó el Slytherin para mover sus manos obligó a Harry a apartarse de su lado—. Tú —señaló a Hermione— deberías de estar sermoneando a Potter sobre lo peligroso que es salir con un Malfoy. Y tú —su dedo apuntó a Pansy, quien lo miró con desinterés— tú... —en cuanto su amiga alzó una ceja todavía con el rostro reflejando una excesiva indiferencia, bajó la mano—. Bah, tú eres tú.

—Si tuviera que ser sincera —dijo Hermione—, sí que le diría a Harry que no se tendría que fiar del hijo de uno de los mortífagos más conocidos, ya que puede ser una trampa —agarró aire como si estuviera a punto de decir algo vergonzoso—, pero vista mi situación sería muy hipócrita hacerlo.

Con el pulgar y un suspiro de cansancio, señaló a su novia para dejar claro de qué hablaba.

—Entre líneas os ha querido decir que Weasley ya se encarga de ese papel —añadió Pansy—. La muy pesada.

—¿Weasley? ¿Ginny Weasley? —las risotadas de Malfoy molestaron a Hermione, quien lo miró con los ojos entrecerrados—. Está claro que Weasley dice lo que quiere escuchar.

—¿A qué te refieres?

Los dos Slytherins bufaron a la vez.

—Me refiero a que siempre está "os van a traicionar, tened cuidado, no caigáis en su trampa, no os quieren de verdad", porque se lo dice para sí misma.

Pansy fue asintiendo a medida que su compañero hablaba.

—Exacto, es muy fácil de ver.

Hermione sacudió su melena, incrédula y extrañada.

—Para nada es así, Ginny se preocupa por nosotros y por eso-

—Weasley está más preocupada de que las ganas que le tiene a Daphne no supere su miedo de ser traicionada.

¡Oooooh! —bramó Pansy, dando un paso para chocarle los cinco a Draco.

Los sonidos de ofensa de los dos Gryffindors se mezclaron con las risas de sus rivales de Casa.

—No podéis estar tan ciegos —se defendió Malfoy entre risas al notar la seriedad de los Leones.

—¿Por qué sois tan prepotentes hasta para defender a vuestros amigos? —gruñó Hermione, quien tiró de la mano de Harry para acercárselo a sí misma mientras los otros dos seguían con su juego.

—¡Porque es la verdad! —soltó Pansy, haciendo un ademán de quitarse una venda de sus ojos dando a entender que es lo que tendrían que hacer ellos.

—Quién me iba a decir que la supuesta bruja más inteligente de su generación no ve ni lo que pasa enfrente de sus narices —murmuró Draco, negando con la cabeza. Esbozó una sonrisa cruel—. Te recomendaría ponerte gafas, pero eso te haría más fea de lo que eres, Granger.

La expresión de burla del Slytherin varió al darse cuenta de su metedura de pata en el preciso instante en el que escuchó un carraspeo a su derecha, topándose con la penetrante mirada de Parkinson.

—Uhm... —boqueó como un pez; y cerró la boca al colocarse lentamente un mechón de pelo rubio que había caído sobre su frente—... ¿voy a morir por meterme con la bruja que siempre nos hemos metido desde primero?

Pansy continuó mirándolo como si fuera a saltar sobre su garganta. Fue asintiendo muy despacio.

Sus pupilas siguieron conectadas un par de minutos más hasta que ambos explotaron de risa.

—Esto no puede estar pasando —el rubio se secó las lágrimas e hizo un movimiento de mano para que todos se pusieran a andar en dirección a la salida del cementerio.

Empezaron a andar, y Draco se puso el anillo en el anular para después ponerse sus guantes de cuero negro. Le regaló una sonrisa a Harry, quien no sabía muy bien cómo digerir aquella situación tan...sumamente rara.

—Y... —inició Pansy, agradeciendo con un gesto de cabeza al Slytherin que había abierto la puerta de hierro del cementerio y dejaba pasar al resto del grupo— ¿desde cuándo estáis juntos?

—No lo contamos —contestó Draco, cerrando la entrada.

—Al señorito no le gusta estar atado a una fecha —intervino Harry ocultando una sonrisa pícara—. Porque nunca se acuerda de ella.

El empujón que recibió casi le hizo caer.

—¿V-vosotras? —balbuceó al tiempo que se colocaba las gafas.

—Pues... como hemos tenido tantos altibajos no tenemos ni idea cuándo fue el día en que decidimos "madurar" —imitó la forma de las comillas con los dedos y puso los ojos en blanco—, pero llevamos desde navidades tonteando, si le llamamos tontear el hecho de pelearnos aún más.

—La pregunta estrella es —Draco dejó que los Gryffindors se adelantaran un par de metros mientras caminaban hacia las calles repletas de tiendas y se acercó a la oreja de Pansy. Cuchicheó:—. Sabiendo la de mierda que te caerá por ser Granger una sangre sucia... ¿por qué ella?

La pregunta causó un parpadeo de desconcierto.

—Porque descubrí que algún día iba a morir de alguna forma u otra, supongo... Y ya que mi mayor sueño desde pequeña es acabar torturada a manos de tu tía Bellatrix, pues aproveché —ironizó, dando a entender que era una pregunta sin respuesta.

El desconcierto pasó al rostro de Draco, y Pansy pudo captar al instante el porqué su amigo le había interrogado ésa en cuestión.

—¿Tú te has hecho la misma pregunta, verdad?

—Sí...

La risa de su amiga lo tranquilizó.

—¿Y en conclusión...? —Pansy hizo un ademán con la mano para que siguiera hablando.

—Me dije que todo esto no tiene lógica.

—Lógica no tiene que tener porque eso de haberte acercado a Potter para sonsacarle información y acabar mintiendo a tus padres y a Daphne para ayudarle, no es muy lógico.

¡Ssssht! ¿Estás loca? ¡Hablando de esto como si estuviéramos hablando del tiempo...! —fijó su mirada de preocupación en las espaldas de los dos magos que iban enfrente.

—Es algo evidente, ¿no crees? ¿O de verdad piensas que Daphne no tiene en cuenta la posibilidad de que la estás engañando?

—Ya me he asegurado bien de que Daphne piense que soy un cobarde incapaz de traicionar a mi familia y que sólo intento pasar bien lo poco que nos queda de tiempo en Hogwarts—suspiró, formando vaho—. O eso quiero pensar.

Estuvieron en silencio un tiempo observando cómo la nieve empezaba a caer con más asiduidad por las calles blancas y poco transitadas.

—No podemos engañar a Daphne tan fácilmente —susurró Parkinson, ausente.

Draco dio una profunda bocanada. Jugó con el anillo que tenía bajo su guante.

—Lo sé... Agradezcamos que su valor a nuestra amistad sea más grande que el de su ambición.

El giro de los dos Gryffindors hacia ellos obligó a Pansy a callar y a sonreír para disimular.

—¿Podemos unirnos en la conversación o será exclusiva para la alta élite? —se quejó Hermione, acurrucando el rostro dentro de su bufanda.

Draco rió entre dientes junto con su compañera.

—Tienes que educar mejor a tu novia, Pansy —bromeó.

—Estoy en ello, créeme cuando te digo que lo intento.

Hermione, con los mofletes hinchados, tiró de la túnica de la Slytherin y acercó el cuerpo de su amada hacia sí misma.

—No me gusta que vayas con gente mala —le sacó la lengua a Malfoy y metió su mano fría en el bolsillo de Parkinson, encontrándose con unos dedos calientes y acogedores.

—Oh, ¿queréis piruletas? —añadió la Slytherin sin venir a cuento, entrelazando su mano con la de la Gryffindor—. Si os apetece, Hermione tiene una estantería llena en su bolso.

-0-

La tienda de té de Madame Pudipié seguía tan ridículamente adornada como cada año en San Valentín. Madame Pudipié apartó la traslúcida cortina rosa que separaba la mesa del pasillo principal y dejó los tés a los cuatro clientes nuevos.

La pequeña mesa que compartían con Harry y Draco apenas estaba separada de una pareja de tercero, engrescados con sus propias bocas. En un acto de aburrimiento, Pansy le dio un golpe como si fuera una pelota al querubín que intentó dejar caer confeti sobre ellos, dando a Draco la oportunidad de devolver el pase.

—Mirad el lado bueno —dijo Hermione, al observar que Harry miraba con cierto recelo a las paredes con un estampado floral—, las parejas que están aquí no se fijan en nosotros y tenemos la certeza de que ningún soltero nos descubra por casualidad.

—Eso si no nos ahogan las babas de los que tenemos al lado —replicó Draco.

—Estamos en un lugar caliente en pleno invierno, ¿qué más queréis? —refunfuñó Granger.

—Sexo —Pansy movió la mano como si fuera lo más obvio del mundo.

—Y del duro —le siguió Malfoy.

—No se les puede llevar a una cita romántica, ¿eh? —Harry se dirigió a Hermione, quien no había parado de bufar desde que entraron.

—Me rindo. Ya he hecho lo que podía —se cruzó de brazos y dejó reposar su espalda en la mullida butaca para dos que compartía con Pansy.

El silencio se apoderó de los jóvenes. La suave música de notas clásicas y románticas acompañaba a las parejas junto con el revoloteo de las alas de los querubines mágicos y el tintineo de las tazas de té al ser posadas de nuevo en el platillo. En general, si no fuera por la estridente decoración, el ambiente era bastante acogedor. El último pensamiento de Pansy, también compartido por Draco, no llegó a salir de su boca para hacérselo entender a la Gryffindor.

—Se está bastante bien —susurró Harry observando por la ventana que dejaba ver los copos de nieve cayendo en un callejón.

—¿Y tú qué opinas, Pansy?

La Slytherin murmuró algo incomprensible a la vez que removía el té, gesto que fue suficiente para complacer a la Leona.

—Esto es muy incómodo —soltó Malfoy, posando el pie izquierdo en su rodilla derecha—. Tener a dos lesbianas delante de mí mientras estoy tomando un té con sabor a césped recién cortado en un sitio que parece una casa de muñecas, no es una de las mejores decisiones que he tomado.

Recibió un puntapié de su compañera de Casa, quien la tenía delante.

Ups, no era mi intención darte, quería cambiar las piernas de posición. En realidad, pienso igual.

—Si no recuerdo mal, queríais ir a un sitio donde os pudierais calentar, estar juntos y que nadie saltara la alarma por veros. Y aquí estamos. Si nos ven podemos decir que tú estás con Pansy y yo con Harry.

—Definitivamente una situación muy probable para que se la crean estando los cuatro en la misma mesa —cortó Malfoy.

—O esto o cada uno que se vaya a su casa —gruñó.

—¿Y si hablamos? —preguntó Harry con alegría.

—¿Y si respiramos? —ironizó Parkinson. Alzó ambas manos.

—¿Y si te callas? —alegó el rubio.

—¿Y si nos calmamos? —continuó Hermione, bebiendo de su té.

—¿Y si no quiero? —contestó Pansy.

—¿Y si destrozamos la tienda? —propuso Draco, divirtiéndose.

—¿Y si nos metemos con Hermione hasta hacerla enfadar? —continuó la Slytherin, riendo.

—¿Y si su melena nos devora?

—¡Callad!

Ambos Slytherins chocaron los cinco y dejaron que los bufidos de los dos Gryffindors resumieran lo que estaba significando aquel San Valentín.

—Va, no te enfades —susurró Pansy en medio de sus carcajadas al comprobar que Hermione se arrinconaba contra la ventana—. Es nuestra forma de romper el hielo y acomodarnos.

—Ya estoy soportando demasiado, Parkinson.

El timbre de voz hizo reaccionar a Harry y a Draco. Éstos se levantaron con la excusa de que tenían que ir al lavabo y desaparecieron de vista con la torpeza del Gryffindor, que no podía apartar la cortina rosa que acababa de estamparse contra su cara.

—Gatita —susurró una vez ellos se alejaron.

—No, gatita no. ¿Se puede saber por qué te has vuelto de golpe tan imbécil en cuanto te has ajuntado con Malfoy? ¿No decías que habías cambiado?

—Si no lo hubiera hecho no estaría aquí, ¿no crees?

—Sigues haciendo y diciendo las mismas tonterías de antes.

—Perdón, de verdad. Supongo que los malos hábitos cuestan de cambiar.

Hermione no contestó. Siguió bebiendo de su taza y se levantó para ir a pagar. Por la estrechez que había entre la mesa y las butacas tuvo que pasar dándole la espalda.

De su boca salió un ahogado chillido provocado por el mordisco de Pansy en la cadera y los que seguían bajando, obligando a Hermione a sentarse, medio molesta y divertida, encima de la Slytherin para luchar contra las manos que intentaban tumbarla en la butaca de dos plazas.

La risa entre dientes de Parkinson, llena de travesura, fue acompañada por las quejas de su víctima.

—Bonita camisa —murmuró Pansy en cuanto tuvo a Hermione tumbada a su lado—. Es la misma que llevabas el día que di mi primer beso, ¿no? En el prado, durante las vacaciones.

La Slytherin, sentada, únicamente le inmovilizaba las manos mientras los muslos de la Leona reposaban en su regazo y los pies de ésta sobresalían por la cortina.

Hermione parpadeó, extrañada.

—Querrás decir el día que me diste el primer beso —carraspeó socarronamente—. Dudo mucho que ése fuera el primero para ti.

Pansy alzó una ceja, desafiante, acompañada por una sonrisa.

—¿Sí, eh? Y dime, señorita Yo-lo-sé-todo, ¿cuál es el primer beso? ¿el primero que das o el primero con el que sientes algo?

Los labios de Hermione dejaron escapar un tenue "Oh" y tuvo que esperar varios segundos para recomponerse.

—Eso no lo has pensado por ti misma, ¿de qué libro lo has sacado?

—Qué poco me conoces —se carcajeó, jugando con un botón de la camisa de su novia. En realidad, había sido Daphne quien lo comentó una vez—. Lo dejaré a tu imaginación, será divertido ver cómo se entretiene con esa frase.

—Así que... aquel fue tu primer beso —se mordió el labio inferior y clavó su mirada en la de Pansy en un intento de burla.

—Dicen que el primero se da con la mirada, podríamos debatir seriamente sobre el asunto. Nah, mejor no, acabaríamos hablando de tonterías o quizás te excite tanto que acabes arrancándome la ropa aquí mismo. Aunque no suena nada mal.

—Borra esa sonrisa, Parkinson. Siempre pensando en lo mismo.

—Te encanta que sonría de esta manera.

—Y te encanta que me encante esa sonrisa tan tuya.

—Me encanta que a ti te encante que a mí me encante que te encante esa sonrisa.

—¡Oh, por las barbas de Merlín! ¿Algún día dejarás de repetir mis repeticiones?

—El día que dejes de recordarme cómo me encantas, gruñona.

Hermione dejó que la boca de Pansy lamiera su garganta, mordiera con suma delicadeza la clavícula y repasara con la punta de la lengua la nuez de su cuello que intentaba tragar saliva y aire para continuar respirando. Suspiró con dificultad, sorprendida por el ataque repentino de la Serpiente.

—Te-t-tendrías que avisar —respondió, dando suaves bocanadas.

Allí tumbada, la Leona giró su cuerpo ligeramente en un intento de protegerse. Nada sirvió en cuanto los rosados labios, brillantes por el brillo de frambuesa, presionaron a los suyos.

Se dejó llevar, inmersa por el ambiente que gobernaba Parkinson.

La tienda de té no giraba entorno de los pedidos, ni de las parejas que continuaban sumergidos en sus privados piropos, siquiera de la ajetreada Madame Pudipié que iba de un lado a otro sirviendo... El ambiente revoloteaba alrededor de la débil risa que dejaban escapar los apetitosos labios de la Slytherin; del dedo índice que jugueteaba con el botón que sabía que dejaría entrever su escote; de la mejilla que acariciaba la suya una vez que su dueña intentaba recuperar el aire; de aquellos atigrados ojos llenos de travesura y, aunque no pudiera creérselo todavía, rebosantes de ternura y un amor capaz de derretir hasta la última mota de odio.

—Te... odio... —murmuró Granger, perdiéndose en el océano profundo que era Pansy Parkinson.

—Lo sé, 'mione, sé que siempre me has odiado.

—Y todavía no entiendo cómo hemos llegado hasta aquí... Agradezco a la Bludger que te golpeó.

—O estamos aquí porque me encantan los desafíos y siempre gano —apenas dejó que de los labios de Hermione saliera queja o palabra alguna, besándola. Al retirar de nuevo su rostro, su expresión cambió, volviéndose ausente—. Te quiero..., y mentiría si te dijera que no puedo vivir sin ti porque no quiero que nos sumerjamos en una relación de necesidad, quiero una relación madura, donde las dos seamos mujeres independientes e inteligentes que no necesitemos estar con alguien para sentirnos completas. Quiero compartir experiencias, cariño y amor contigo mientras caminamos juntas agarradas de la mano brincando en un arcoiris vomitado por el unicornio rosa que sueña Lovegood cada noche. Vamos, que te amo ¿sabes lo complicado que es para un Slytherin confesar esto?

Pansy enredó entre sus finos dedos los bucles que formaban la melena de la Gryffindor sin dejar de mirarla.

—¿Por qué...? —quiso preguntar Hermione.

—¿Por qué no me crees?! —le respondió, llamando la atención de la pareja que tenían al lado. Con una gélida mirada de la Serpiente, continuaron con sus asuntos—. ¿Tan difícil es?

Hermione apoyó la mejilla en el asiento, soltando una suave risa. Ya no le iba a confesar que se refería a por qué tenía que acabar burlándose cuando decía algo romántico.

—Muy, muy, muy difícil —formuló Hermione, sin mantener contacto visual. La verdad era que todavía no estaba segura de si Pansy se convertiría en mortífaga o, quizás, ya lo era. Se amaban, pero la guerra era inevitable—. Tengo miedo de que todo sea una farsa ¿Y si estás aquí para conseguir información de...? —No quiso acabar con "... la Orden del Fénix".

—¡Bah! Aunque sea de nuevo la Parkinson que tanto temías, tengo mis principios —Pansy alzó las cejas, apartándose del caluroso cuerpo que encarcelaba—. Y tú estás por encima de cualquier principio Slytherin.

—Oooh, entonces según lo que has dicho, ¿podré afirmarle a Ginny que estamos juntas?

—Pensaba que ya lo sabía, con lo cotilla que es.

—Sospecha ya que nos vio cuando eras Pansy Segunda. Ahora toca afirmarle de que Pansy Parkinson y yo estamos saliendo. Qué raro suena —rió.

—Como tú veas, mientras no venga a matarme la loca de Weasley... —se inclinó para dar un beso a la nariz de la Leona.

—Uh, oh, mierda —Harry cerró la cortina y se llevó por delante a Draco en un intento por salir de allí.

—Genial —bisbiseó Pansy, molesta.

Ambas jóvenes se sentaron con educación y el Slytherin se sentó con el ceño fruncido por la confusión del golpe de su pareja.

—Pareces novato —le dijo Draco a Harry—. Ven y siéntate. Éstas han parado de meterse mano.

El Gryffindor ocupó el lugar libre que dejaba el Slytherin y carraspeó, inseguro por la situación.

—No te preocupes, Harry —le calmó su amiga.

—Quizás ahora debamos de ir nosotras al lavabo —guiñó un ojo a Hermione y ésta negó con la cabeza.

—Podríais. A mí no me importa y al Señor Potter menos.

Pansy le dio un codazo a Hermione y alzó varias veces sus cejas.

—Veo más oportuno hablar sobre lo que nos viene encima —contestó la Gryffindor.

Ambos Slytherins se quejaron en abucheos y se miraron sin creérselo.

—¿Qué clase de novia tienes que prefiere hablar de problemas a tener orgasmos?

—Estamos hablando de Hermione Granger —estuvo en silencio un segundo y su cara expresó terror al darse cuenta— Joder, ¿dónde demonios me he metido?

Draco posó su mano encima de la de Pansy que reposaba en la mesa, y suspiró un tenue "Mis condolencias más sinceras" mientras la acariciaba. La joven se cubrió el rostro con la mano libre y empezó a sollozar.

—Oh, Merlín, ¿por qué? ¿por qué este destino tan cruel? —golpeó la mesa y alzó el puño— ¡¿POR QUÉEEEE?!

Las risotadas de Malfoy se convirtieron en lágrimas de risa en cuanto su voz no pudo más. Hermione seguía observando a su amada con seriedad ya que ésta continuaba lloriqueando y de vez en cuando hacía una pausa para beber té con las lágrimas falsas rodando por sus mejillas.

Terminaron cuando la cara de Madame Pudipié se asomó por la cortina.

—Disculpen, ¿podrían hacer menos ruido, por favor? Los demás clientes prefieren una velada romántica sin sobresaltos.

—¿A quién le importan los malditos clientes? ¡He sido maldecida, señora! —Pansy sacó un pañuelo de su bolsillo con indignación y, con la delicadeza de la realeza, fue retirando las lágrimas.

La dueña del local se alarmó ante el rostro sofocado.

Pudipié se acercó a su interlocutora, quien seguía llorando, y curvó su espalda manteniendo una mano en su propio pecho completamente afligida, y la otra en la espalda de Pansy. Observó a su alrededor sin saber qué hacer para controlar la situación, no obstante, sólo pudo ver a un chico rubio con los brazos en la mesa y su cara oculta en ellos, a otro moreno con las mejillas ruborizadas y mirando hacia la ventana y a una joven de brazos cruzados murmurando vete a saber qué hacia su taza de té vacía.

—¿Maldita? ¿N-necesita algo, señorita?

—¡Sí, SEXO y ésta no me lo da!

Draco alzó la cabeza de entre los brazos sin poder evitar sus carcajadas y se tiró hacia atrás golpeando varias veces la mesa y su rodilla. La mujer quedó congelada en el sitio, reaccionando minutos después cuando un cliente la llamaba, y acabó alejándose con las risotadas de Draco a sus espaldas.

—¿Contenta de haberme avergonzado delante de la dueña? —gruñó Hermione.

—Uo, uo, uo, relájate, fiera —Pansy intercambió su taza con la suya sin motivo alguno después de guardar el pañuelo y de haber recompuesto sus facciones burlescas en un tiempo récord.

—¿Q-qué...? —inquirió, cambiándola de nuevo en un instante sin entender nada.

La Slytherin imitó el gesto anterior con ofensa fingida y continuaron con el juego hasta que el té de Pansy se derramó por la mesa. Draco dio un saltó hacia el pasillo, llevándose la cortina por delante y tirando las tazas al suelo al golpear el mueble con su cadera.

Madame Pudipié los asesinó con la mirada.


¡Felices fiestas! ¡Y nos leemos el sábado!