San Valentín

Tercera parte

Cada uno intentaba apoyar el pie en la acera congelada, puesto que el hielo cubría gran parte del pavimento. Hermione se sujetó con fuerza en el brazo de Parkinson y Harry apoyó su hombro, manos en los bolsillos, en el hombro de Draco. La pareja de los magos iba en cabeza, con la cara cubierta por las bufandas para que los alumnos perdidos que buscaban un lugar donde guarecerse del chaparrón de nieve no los reconocieran.

—Enhorabuena, ahora tenemos que buscar otro sitio —murmuró Hermione, molesta por el hecho de que Madame Pudipié los hubiera obligado a abandonar la tienda.

—Fue divertido —bisbiseó Draco, ocultando su risa. Jamás admitiría que le encantaba aquella situación.

El Slytherin viró la cara discretamente para observar a una Parkinson contenta por mantener contacto con una sangre sucia a través del ropaje. De improvisto, él paró.

Harry y Pansy lo miraron extrañados por la acción y Hermione tuvo que saltar de la acera para no tropezarse con él. Cuando Draco clavó su mirada en Pansy, ésta le regaló una mueca junto con un "¿Qué mierda está pasando por tu mente?"

—Nunca creí que acabaríamos así pero... —su gesto de mano abarcó a los dos Leones confundidos.

—No hace falta que digas nada más, te entiendo —Pansy sonrió y dejo que su compañero siguiera con la caminata.

Justo cuando cruzaron la calle, vieron en una esquina un quiosco adornado de corazones y diversas decoraciones románticas, claramente situado exclusivamente para esas fechas. El cartel, que era lo que había llamado la atención, recitaba:

"Especial San Valentín: ¡Fotografías a dos sickles!"

Hermione zarandeó el brazo de Pansy y, antes de que ésta pudiera reaccionar, la arrastró hacia el puesto. El dependiente, también dueño de la tienda especializada en fotografías en movimiento que albergaba productos y cámaras, las saludó con una agradable sonrisa.

—Buenos días, señoritas, ¿les interesaría obtener un recuerdo de este precioso día?

—¡Sí! —contestó la Leona, entusiasmada.

—¿En serio...? —Pansy frunció el ceño. Una fotografía sería una prueba demasiado evidente de su relación. No obstante, acabó por aceptar—. ¿Dos fotografías por dos sickles o una por dos?

—Una por dos sickles, señorita. Hay descuento a la sexta fotografía.

La Gryffindor la miró con ojos de cordero degollado, susurrando "Mi regalo de San Valentín...". Y Pansy acabó suspirando.

—Está bien, está bien, ¿dónde se hacen?

—Seguidme, por favor.

—¡Ey, vosotros dos! —Parkinson ondeó el brazo para captar la atención de los dos magos que esperaban en la acera de la otra calle— ¡Venid!

Harry y Draco se acercaron poco convencidos.

—¿Qué pasa?

—'mione quiere hacerse una foto, ¿queréis vosotros una también en plan pareja? Nos hacen un descuento a la sexta.

—¿A la sexta? Si somos cuatro personas —replicó Draco, extrañado.

—Lo sé, pero no me quiero arriesgar a que descubran la foto... Había pensado en hacerme una contigo, ponerla en un marco, y detrás de nuestra foto colocar la de Hermione y yo juntas.

—Ah, buena idea... —murmuró el rubio, pensando: una con Harry y otra con Pansy...

—No voy a amenazaros con la varita si no queréis.

—El fotógrafo nos está esperando —informó la Leona, entusiasmada.

Al cabo de diez minutos, salieron del recinto con el marco comprado gracias a la elocuencia del dependiente a la hora de vender sus productos. Más tarde, llegaron a la tienda de plumas. Harry siguió a Hermione adentrándose en el establecimiento mientras que los dos Slytherins se quedaron un momento a fuera.

—Pans, esto... supongo que no hace falta decir que nos parece muy raro a los dos, pero me entenderás cuando te digo que me encantaría formar un pacto entre nosotros. Necesito que mi espalda esté protegida, al igual que la de Potter.

—Jamás te delataré, créeme.

Draco se mordió el labio, asintiendo y desviando su mirada.

—¿Cómo lo harás para que acepten que estás con ella? Si ganan los mortífagos, digo.

—Les diré que es mi esclava... No sé qué más decir. Ya sabes que para convencer al Señor...

—Ya...

Cuando otra pregunta pasó por la mente de Pansy, ésta había agarrado el pomo de la tienda. Giró ligeramente su rostro hacia el mago que tenía a sus espaldas, sin mantener contacto visual con él.

—Oye... ¿tienes planeado algo más aparte de esta promesa? Está claro que me refiero a que actúes por tu cuenta y la de Potter, olvidando a los demás.

El joven encogió sus hombros, perdido en sus pensamientos.

—Primer punto: el Señor Tenebroso quiere matar a Harry, y con eso lo digo todo. Aun así, me guiaré por el instinto: si tengo que mentir para protegerlo lo haré. Y... también te protegeré a ti.

—Total albedrío, entonces. No te preocupes, saldrá todo bien, pase lo que pase —ni ella se lo creía, pero era lo que siempre se debía decir, ¿verdad?

Estaba segura de que ellos dos estaban más cerca de acabar asesinados que de tener su final feliz de cuento de hadas.

Al hacer el gesto de querer entrar, Pansy notó cómo unos firmes dedos se clavaban en su hombro impidiéndole la acción Se giró por completo, visualizando a Draco conteniendo las lágrimas y los copos de nieve derritiéndose en su rostro.

—Tú y yo sabemos adónde nos conducirá esta guerra, y ya tenemos bien claro que sufrir, lo haremos. Por eso —gruñó apretándose el puente de la nariz y cerrando los párpados con fuerza. ¿Por qué le era tan difícil abrirse a la gente?—. Si... si me ocurriera algo... ¿podrás proteger a Míster Potter en mi ausencia? ¿Podrás... borrarle la memoria con un Obliviate si lo capturan para que no sufra por mí? Porque si lo aprisionan con sus recuerdos, no querrá dejarme atrás y es necesario que huya de donde lo retengan cueste lo que cueste. Él entiende cuál es su papel en esta guerra y que todo lo que hay que hacer, hay que hacerlo pensando en el bien común y no en el bien individual de una persona, pero su complejo de héroe —murmuró con un tono de burla— le hace hacer cosas que no tendría que hacer por los demás peones de esta batalla —parpadeó varias veces seguidas intentando saber si se habían entendido sus palabras.

Parkinson esbozó una sonrisa, se mantuvo enfrente de su amigo y levantó la mano para que se la estrechara. Todavía no estaban nada acostumbrados a tanto contacto físico como un abrazo entre ellos.

—Cuenta conmigo porque estoy segura de que yo podré contar contigo para la misma situación con Granger. Si ves que es esencial borrar su memoria, hazlo. Hazlo antes de que se den cuenta de que mantuvo una relación con una sangre pura y la torturen con más ganas.

Draco dejó escapar una tenue risa por el alivio y le estrechó con fuerza la mano.

—Ah, y nada de traicionarme como lo hiciste con la poción de amor, eh —añadió Parkinson.

—Ya sabes que no te delaté. Mi intención era acusar a la traidora, pero a la frase "Estaba con Pansy haciendo deberes cuando...", ya te metí en problemas sin buscarlo. Además, sobre la sangre sucia... —estuvo un par de segundos buscando palabras al visualizar la imagen de su compañera, enemiga número uno de Granger desde primer curso y la persona que más quería meterse con la Gryffindor, tan feliz al lado de ella. Se le hacía raro, muy raro, aunque él se encontraba en la misma posición con Harry—. ¡A la mierda lo que digan! Es la primera vez que te veo verdaderamente feliz y con eso ya lo digo todo —sacudió la cabeza—. Maldita sea, si tú supieras la de puñetazos que me tuvo que dar Potter antes de darme cuenta de lo imbécil que era con los demás y por culpa de mis prejuicios... y no sabes tú lo que cuesta enfurecerlo —liberó unas cortas carcajadas y se cubrió el rostro con una mano. Dio una bocanada de aire frío—. Dile a Harry que salga; dile que lo estoy esperando.

Parkinson se quedó en el sitio manteniendo sus ojos fijos en los de él y asintiendo con la cabeza. Tampoco estaba muy dispuesta a decir más palabras, porque no es que fuera muy fácil para ella el abrirse a los demás y dar las gracias, sin embargo conocía de antemano que sus gestos y miradas eran suficientes para que la gente que la conocía entendiera qué es lo que quería transmitir.

Y por la sonrisa de Draco supo al instante que él había captado su agradecimiento tan silencioso.

—Claro, ahora se lo digo.

Pansy abrió la puerta, dio unos pasos quejándose del frío que dejaba a sus espaldas y parpadeó varias veces para poder enfocar el nuevo lugar. Una vez inspeccionada la tienda, se dirigió al mago que esperaba en la entrada a que Hermione terminara de mirar las cajas de plumas ordenadas en las decenas de estanterías.

Con un toque de dedo en el hombro de Harry, llamó su atención.

—Tu futuro marido te espera fuera —bromeó. Dejó de lado la expresión de sorpresa del Gryffindor y lo empujó hasta la puerta—. Id visitando las tiendas si tenéis frío o id a Hogwarts, en el baño de los prefectos, estoy segura de que nadie os podrá encontrar allí hasta que vuelvan.

Harry dejó escapar el aire por la nariz y sonrió a Pansy. Una vez giró sobre sus talones para poder empujar la puerta, volvió a mirar a la Slytherin.

—Cuida bien de 'mione, ella lo vale.

—Sé que vale más que todo el oro del mundo, Potter —murmuró, controlando los movimientos de la joven que se perdía entre los estantes que guardaban las plumas y que observaba, juzgando, las cajas que custodiaban los productos.

Asintieron, mirándose, y se separaron dirigiéndose hacia su propio camino.

Pansy apoyó el hombro en una estantería alejada de la mirada del dueño que atendía a varios alumnos a la vez desde detrás del mostrador, observando cómo Hermione agarraba una caja que contenía una pluma y la revisaba por delante y por detrás preguntándose en si era la que buscaba. Se desprendió de sus guantes de cuero marrón respirando profundamente y examinando los movimientos de su Leona.

Hasta que alguien se cruzó en el camino.

—¿Hermione? ¿Buscando una pluma que pueda aguantar tus esfuerzos?

—¡Oh, Cho! —la Gryffindor depositó la caja que observaba en el estante para abrazar a su amiga— ¿Qué tal llevas San Valentín? —evitó mirar a Luna al preguntar, después saludó a Lovegood con ganas.

—Estupendamente. Como sabrás, los Ravenclaws solemos necesitar comprar plumas nuevas en esta época del año... Entre las cartas de amor y el inmenso trabajo que hacemos durante el curso no nos duran suficiente.

—Espero que puedas decirme una que valga la pena porque estoy harta de buscar, hay... tantas —con la mano intentó abarcar toda la tienda.

—Claro —sonrió y escogió una caja alargada y pequeña que se encontraba por encima de la que había elegido Hermione—. Ésta es la que utilizo; su punta es resistente y es la que más tinta succiona en todo el mercado, puede escribir más del triple de líneas que una normal por muy trucada mágicamente que esté.

Hermione aceptó con ganas el ofrecimiento y ni siquiera leyó los datos que estaban grabados en la caja. Se fiaba al cien por cien de la recomendación de Chang.

—Luna necesita una diferente —continuó Cho, rascándose la mejilla mientras buscaba con sus ojos.

—Me dura menos porque escribo mucho a mi padre para que me explique sobre nuevos especímenes —explicó la aludida. Ni siquiera se movió del sitio mientras Chang rebuscaba entre las cajas —. Y Cho no entiende que no necesito ninguna en especial, simplemente comprar dos.

—¿Para qué comprar dos pudiendo comprar una mucho más buena que abarque todas tus necesidades? —le contestó su Compañera de Casa.

Luna negó con la cabeza y, al tiempo que Cho examinaba las cajas de las plumas más caras, le susurró a Hermione:

—Aunque le recuerde que no hay ninguna con más cualidades que la suya, sigue buscando. Quizás algún día recuerde que las plumas caras son caras porque tienen oro incrustando o cuerno de unicornio en la punta.

—Te he oído —la voz de Cho le llegó amortiguada ya que la cabeza de ésta se encontraba metida en un estante.

—Y todavía no me haces caso.

Cho apoyó sus manos en las rodillas, puesto que inspeccionaba la zona más baja de la estantería, y se empujó para alzarse. Carraspeó, colocándose enfrente de Luna y a varios centímetros por encima de ella por su propia estatura.

—Sólo quería que te ahorraras más dinero, ¿de acuerdo? —murmuró la Ravenclaw mayor.

—Prefiero que me escucharas y que me tuvieras más en cuenta que tu pensamiento ahorrador.

Hermione intentó interponer su cuerpo entre ambos bandos. Sinceramente, y por el pensamiento de Luna, no hacía falta aquella acción. La Gryffindor se apartó y dejó que ambas Águilas intercambiaran sus opiniones (Luna apenas necesitó de dos argumentos) y se alejó en cuanto Cho acarició la mejilla de Lovegood, admirándola como si fuera una diosa que traía la sabiduría al mundo podrido en el que habitaban.

La Gryffindor aceleró el paso, con su mano cubriendo sus ojos, dirigiéndose, sin saber, hacia la Slytherin que la observaba. En cuanto llegó, una mano le tiró de la muñeca, apartándola de la vista de ambas Ravenclaws que continuaban charlando y del dueño de la tienda.

—Te he echado de menos, gruñona —susurró en el oído de Hermione, una vez ésta intentó alejarse del agarre pensando que era un enemigo.

—Gracias —oró, dirigiendo su vista al techo de la tienda al percatarse de que sólo se trataba de la Slytherin.

Sólo, claro, como si Parkinson no fuera una maestra en ponerla nerviosa.

Inmediatamente, los ojos de Hermione viajaron de izquierda a derecha al sentirse sorprendida de estar atrapada entre una estantería, a su espalda, y la sonrisa burlona de Parkinson enfrente de ella. Parpadeó varias veces, mirando los brazos que estaban situados a la altura de su cabeza, creando una especie de cárcel.

—¿Siempre tienes que aparecer como si fueras una depredadora? —se mofó Hermione, inclinando la cabeza con las cejas arqueadas.

Ya notaba que sus manos estaban transpirando. Tragó saliva, intentando disimular los nervios al fijar sus ojos en los atigrados de Parkinson. Su propio labio inferior tembló ligeramente; y la lasciva mirada de la burlona Serpiente se posó en ellos.

Merlín.

Hermione agachó la cabeza para ocultar su rostro con los bucles castaños al notar cómo sus mejillas empezaban a adquirir calor. Supuso que todavía no estaba tan acostumbrada a que Pansy Parkinson la aprisionara contra un rincón sin la intención de meterse con ella.

—¿Nerviosa, Granger? —ronroneó, deleitándose del tenue temblor que ya embargaba las rodillas de la Gryffindor.

Hermione esbozó una sonrisa, transmitiendo diversión y vergüenza al mismo tiempo. Alzó la barbilla queriendo desafiarla, pero no pudo. Sólo atinó a girar la cara hasta que su mejilla tocó la estantería, mostrando el cuello y su mandíbula. Comenzó a respirar sin ritmo, todavía en silencio, al escuchar la traviesa risa entre dientes de Pansy muy cerca de su oído.

—M-más quisieras, Parkinson —respondió, deseosa de no parecer una gelatina con piernas.

—Ya, bueno, parece ser que no voy tan mal encaminada —retiró los mechones de pelo con una mano y depositó un beso juguetón tras la oreja de la Gryffindor.

Parkinson no tardó en seguir humedeciendo, con la punta de la lengua, la vena yugular, mordisqueando la garganta, obligando a Hermione a inclinar la cabeza hacia atrás para mostrar más piel. Piel que acabaría enrojecida. Tiró al suelo la bufanda de su prisionera, y se relamió los labios observando la clavícula.

Con la yema del dedo índice, tocó una porción de piel. Pansy levantó la vista, encontrándose con el rostro totalmente rojo de Hermione, quien no paraba de respirar con agitación. Incluso se le podía notar ya un par de gotas de sudor en su sien.

—Aquí —susurró la Slytherin, haciendo presión con el dedo—, te marcaré con un chupetón.

—No, ni se te ocurra —como si hubiera recibido una descarga eléctrica, Granger volvió a ser Granger—. ¿Quieres que me estén preguntando durante meses quién me lo ha hecho? Ni de broma te dejaré que lo hagas. Y no, no te estoy desafiando —agregó.

—A diferencia de ti, he de recordarte que nunca fui de las que seguían las normas y las órdenes de la gente de mi edad.

—Pues sería un buen comienzo empezar ahora —se cruzó de brazos y apretó los labios para no sonreír—. Además, que sepas que- ¡hiiiiick! Es que, es que... maldita seas , en serio, ¡no-no puedes hacer eso sin avisar!

—¿Hacer el qué? —bromeó, jugando con el botón desabrochado del pantalón de Hermione y su cremallera.

La Gryffindor boqueó en busca de palabras.

—¡Estamos —bajó la voz de inmediato, rasgándola hasta apenas escucharse— en una tienda! No puedes hacer esto en público.

—Creí que te gustaba el peligro —continuó comiéndole el cuello sin hacer caso de los bufidos.

—Siento no haberme imaginado una de nuestras veces siendo atrapadas por el dueño de una tienda.

—¿Quién me había dicho "Pues sería un buen comienzo empezar ahora"?

Hermione arrugó la nariz, un tanto enfurruñada por el lametón que le acababa de dar en su mejilla.

—¡Pansy! —con una expresión de asco, retiró la saliva que había quedado.

—¿Qué?

—Quiero que nuestra privacidad se mantenga en privado —relató como si estuviera leyendo un libro—, y no me apetece que la gente te vea... nos vea —corrigió de inmediato. Pareció indagar en sus pensamientos cuando miró fijamente a la Slytherin—. ¿Has hecho esto alguna vez con alguien?

—No creo que importe ahora q-

—¿Lo has hecho con alguien en público? —insistió.

—Si cuenta como un sitio público los probadores de la tienda de ropa de Twilfitt y Tatting, mmmh, sí —escudriñó la expresión de Hermione—. ¿No estarás celosa? Hace una eternidad de-

—¿Con quién fue? ¿Cuándo? —apartó la boca de Pansy de su clavícula.

—¿En serio es necesario...? Pffff Fue el verano del año pasado, ya ni siquiera me hablo con ella.

Pero la penetrante mirada de la Leona no indicaba que estuviera satisfecha con la explicación.

—Chica —dijo Hermione con un tono que demandaba tanto una afirmación como una negación.

—Eeeh, creo que me reservaré el derecho de no decir nada para que no me acabes asesinando con tu mirada. Me gustas tú, ¿vale? Si de verdad crees que no podrás vivir sin saberlo, te lo digo. Pero, en fin, prefiero contarte cómo me toco por las noches que esto otro.

Hermione estuvo un par de segundos sin reaccionar. Acabó aceptándolo con un asentimiento.

—Prefiero no saberlo.

—Genial —carraspeó—. ¿Puedo continuar comiéndote o...?

Oyeron un ruido de varias cajas cayendo al suelo y Pansy asomó su cabeza, preocupada por si las habían atrapado. Se topó con el dueño de la tienda recogiéndolas del suelo y poniéndolas en el mostrador. Sus quejidos y gruñidos se escuchaban desde donde estaban las dos.

—Mejor nos vamos —finalizó, riendo por la cara tan pálida de la Gryffindor que se agarraba con fuerza en el abrigo de la Slytherin por el susto—. Pero antes...

Agarró el rostro de Hermione por las mejillas, mantuvo la mirada intentado que el mensaje de "Te amo, pase lo que pase" llegara a ella y presionó los labios de la Leona. Continuaron besándose hasta que Granger, sin previo aviso, disminuyó su espacio personal acoplando todo su cuerpo, desde la cadera hasta el pecho, en ella.

La Gryffindor inspeccionó en el bolsillo de la túnica sin que Parkinson se diera cuenta y sacó de él una brillo para labios con sabor a frambuesa.

—Esto —bisbiseó Hermione—, es lo que me mantiene cuerda.

—¿Mi brillo de labios? —inquirió, apretando su frente contra la de su amada.

—Sí, es tan tuyo... Cuando te lo vi ayer en la fiesta me acordé de lo cabrona que eras pero lo mucho que me encantabas. Creo que sí que soy algo masoquista saliendo contigo, no me preguntes.

—No te preguntaré, no quiero que tu explicación me vuelva tururú—formó un círculo señalando su sien—. ¿Me quieres como yo a ti, verdad? M-me refiero a que... yo... después de cómo has reaccionado al saber eso... ¿estamos bien, verdad?

—Te amo, Pansy, y para separarnos, después de todo por lo que hemos pasado, va a costar más que... —iba a decir "sentir celos", pero el rostro de burla y de suficiencia de Parkinson la hicieron dudar de ello—. ¿Qué pasa? —achinó los ojos con desconfianza.

—Oh, vamos, di ya de una vez que estabas celosa y déjame disfrutar del momento.

Hermione rodó los ojos.

—Si es que lo sabía —adelantó sus pasos hacia el mostrador, obligando a la Slytherin que la siguiera.

—Claro que lo sabías, ¡cuántas veces tendremos que decir todos los de Hogwarts que Hermione Granger lo sabe todo!

Cuando se acercaron al mostrador donde se encontraba el dueño, Hermione pagó la pluma que Cho le recomendó y desaparecieron por la puerta.

—¿Dónde quieres ir? —preguntó Pansy, acomodándose más en su tupida ropa al escudriñar la calle solitaria.

Continuaba nevando.

—Quiero ir a Hogwarts.

—¿En serio, tan pronto? —su mirada se endureció al imaginarse la hora. ¿Cuánto quedaría...?

La pelinegra volvió su vista a Hermione y se extrañó mucho más cuando recibió una sonrisa traviesa por su parte.

Oh, vale, ya entendía el porqué ella quería regresar a Hogwarts.

—Espera. Dame la bolsa de piruletas.

Pansy se fue calle abajo hasta adentrarse en un edificio que, por los años anteriores, Hermione supo que era las Tres Escobas. Entendió en aquel instante que su novia iba a regalar las piruletas que guardaba sin saber exactamente qué hacer con ellas.


Espero que me permitáis que estas vacaciones suba los capítulos más tarde de lo usual (porque ni siquiera yo sé lo que haré o dónde iré los días que tengo que subirlos) ^^

Como el miércoles es el 31 de diciembre, no tengo ni idea de si podré subirlo o no ese mismo día. Pero para acabar ya el año como me gustaría, haré todo lo posible para actualizar la historia aunque me vaya fuera de mi ciudad y así, de paso, podré desearos que paséis un buen fin de año :3 ¡Ai lof yu!