Legeremancia
Al día siguiente, al ir hacia el salón principal de la mansión, Pansy se topó por el pasillo con la familia Malfoy al completo. Con un gesto de cabeza saludó a los padres y dejó a Draco un poco más de afecto con un esbozo de sonrisa, recibiendo del mago un seco "Vamos a utilizar la red flu para ir al Callejón Diagon". La familia Malfoy cruzó la puerta de su derecha que custodiaba un despacho con una chimenea y dejaron a Pansy atrás.
Después de todo, no era un buen ambiente para hablar ahora que los gritos agudos de sufrimiento y desesperación inundaban la mansión.
Sí, de acuerdo, a Parkinson le encantaba tener poder, sentirse superior y estar rodeada de lujos y privilegios, sin embargo sus placeres se limitaban. No se sentía en el mismo nivel de sadismo ni el de sus ansias por dominar en todo como su mentora, Bellatrix Lestrange, quien era capaz de provocar aquellos horripilantes chillidos que traspasaban sin problemas las gruesas paredes.
Parkinson dio una bocanada de aire con sus pies clavados en el suelo. Temía sincerarse de que aquello le provocaba pánico; si no cuidaba sus pasos, y aquello significaba no atrapar rápido al traidor, podría acabar en el lugar de la atormentada sangre sucia o quizás en una situación peor. Al fin y al cabo, Granger seguía viva para atraer a Potter y compañía, y estaba claro para Pansy que si ella misma resbalaba en su misión y acababa a los pies de Lestrange, no habría nadie quien pudiera salvarla.
Adelantó un pie, insegura, pero de una inseguridad que provenía de preguntarse cuál sería su papel en la tortura que daba lugar tras esas paredes, aunque en la reunión que tuvo aquella mañana sobre los recientes movimientos bélicos que realizarían los mortífagos, Lestrange se lo dejó bien claro: convertirse en la nueva amiga de Granger para infiltrarse más adelante en la Orden del Fénix y obtener información.
¿Que por qué la habían elegido a ella para que se encargara de esa misión? No tenía ni una mínima idea y no le contaron ningún porqué ni le dieron ninguna explicación a pesar de que no era un secreto que los aliados de Potter odiaban a Pansy, ni siquiera Granger la podía tragar. ¿Que cómo lograría infiltrarse en el bando enemigo? Otro misterio. Tan solo recibió la orden de alcanzar la suficiente confianza con la Gryffindor como para que, algún día, ésta fuera capaz de enfrentarse con sus amigos por ella. ¡Ja! ¿Cómo podían creer que ese disparatado plan funcionaría?
Un tremendo chillido arrancó a la joven bruja de sus ensoñaciones. "Oh, Merlín, por favor, que no me encuentre con una Granger desmembrada", rogó, girando el pomo de la puerta que daba al salón de la mansión y secándose la gota de sudor que aparecía en su sien.
Se quedó de piedra. El salón continuaba con sus sillones y sus detallados objetos, tal y como estaría la estancia de una mansión cualquiera, excepto por la joven que estaba sentada en una silla con ambas manos atadas en su espalda y sujetas en el respaldo. Únicamente le cubría un vestido beige desgarrado, que era fácil confundirlo por las ropas andrajosas de los elfos domésticos y que, supuso Pansy, aquel era el propósito de haberla vestido de aquella forma. La prenda estaba salpicada de sangre, bien podía mirar a un brazo que encontraría tantos moratones y profundos mordiscos, mordiscos que le recordaban a los de un animal por su ensañamiento, como a una pierna. De mientras, el collar metálico yacía en el suelo, abierto.
Durante los segundos que necesitaron las pupilas de Pansy para observar la imagen, a esta se le encogió el corazón (un poco, sólo un poco. Prefería ver a la sangre sucia en ese estado que a sí misma) cuando su mirada descansó en el tremendo hematoma que cubría desde la mandíbula hasta la clavícula de Granger. Un cardenal producido por, como en esos momentos presenciaba, Bellatrix Lestrange tras la espalda de Granger repitiendo las mordeduras por cada poro de la zona derecha del cuello, clavando los dientes y sacudiendo la cabeza como si fuera un lobo destripando carne.
¿Tenía la mayor un fetiche por las mordeduras? ¿No era más fácil utilizar varios Crucio? ¿Tan sádica llegaba a ser?
—¡Oh, pequeña Parkinson! —exclamó, mostrando la sangre en sus labios al sonreír—, ¿por qué te has vestido con tanta pulcritud? Te mancharás en cuanto te acerques.
Pansy frunció los labios. Sí, sabía que la sangre sucia estaría siendo castigada pero no se esperaba tanta crueldad, así que decidió dejar el uniforme de mortífago a un lado y cubrirse con una vestimenta común de brujas, con su corsé sin blusa alguna debajo, falda de media altura (nunca le habían gustado llevarlas hasta los pies) y unos mitones largos de rejilla cubriéndole hasta el antebrazo. Suspiró con un "Fantástico, tendré que comprar unos nuevos cuando esto termine " al tiempo que el taconeo de sus botas altas resonaban por la estancia a medida que se aproximaba al objetivo.
Discernió a Bellatrix maravillada por la reacción de Granger, que se encogía sin alzar la vista ante la imponente presencia de la Slytherin, seguramente avergonzada de la situación.
Nada más plantarse frente a la prisionera, Pansy ladeó la cadera al tiempo que de sus labios salía un ruido de burla.
—Ey, sangre sucia, ¿demasiado tiempo sin ver mi preciosa cara? ¿por eso lloras? —preguntó Pansy, riendo cuando la Gryffindor intentó desafiar con la mirada pero terminó desviándola, derrotada—. Debe ser un golpe muy duro que me encuentre yo aquí, ¿mh? ¿Cómo se siente? ¿te acuerdas de las veces que me insultabas con tus amiguitos? ¿no? ¿no lo recuerdas? —pasó sus dedos por la mejilla de la Gryffindor, llevándose la sangre seca con el roce. Después, le alzó la cabeza presionando con sus dedos la barbilla de ésta. Pansy clavó su mirada en la de ella y siseó—: Yo sí, Granger, yo sí que recuerdo cada momento de tu estúpida bravura. ¿Dónde está tu valentía ahora?
—Está tras tu incalculable cobardía, Parkinson.
La Slytherin ni se inmutó por la maldición que lanzó Bellatrix, provocando a Granger tal dolor que empezó a retorcerse en la silla. A Pansy no le había afectado aquel comentario, nada de ofensa ni de rabia. Es más, un cierto alivio, muy, muy breve, recorrió por su cuerpo ante las desafiantes palabras.
Si Granger se atrevía a contestarla, significaba que mantenía la cordura.
—Sigues siendo la misma idiota de siempre —suspiró Parkinson. Por la expresión de la Gryffindor, supo que deseaba contestarle con un "Mira quién habla"—. ¿Qué hacemos, señora Lestrange?
—Empecemos ya, te he estado esperando.
"¿Esperarme? Entonces... ¿todo lo que le ha hecho a Granger era por diversión?". Un escalofrió le erizó el vello. "Merlín, ¿y es la esclava de Bellatrix y sigue viva? Qué par de ovarios"
La mayor de las brujas aproximó una silla con un accio y ocupó el lugar, cruzándose de piernas y jugueteando con la varita. Desde donde estaba, la sangre sucia se encontraba a su izquierda y la sangre pura a su derecha.
—Bien, muy bien. Como ya he educado a mi mascota, intentaremos conseguir un poco más de información y, para eso, te voy a enseñar a utilizar Legeremancia en ella: El primer punto que debes de saber es que la Legeremancia no siempre es efectiva, al igual que el Veritaserum, hay maneras de contrarrestar los efectos con facilidad, aunque este no es el caso. Segundo punto: se necesita la varita sin excepciones y has de mantener contacto visual. Por eso es peligroso utilizar la Legeremancia en un lugar nada seguro, si te atacan por detrás y desvías la mirada perderás la conexión, ¿han quedado claros?
Pansy asintió, nerviosa. Aquello le parecía más un examen que una clase, ¿no tenía que lograr que la prisionera confiara en ella? ¿Para qué querría Lestrange perder tiempo en enseñarla a conseguir información si, según le habían dicho, la información se la tendría que decir Granger cuando confiara en ella o los de la Orden? No tenía sentido alguno lo que Lestrange estaba haciendo.
No obstante, Pansy calló. Se dijo a sí misma que su inteligencia era suficiente como para saber cuándo callarse para evitar problemas. Y más cuando se trataba de la seguidora favorita del Señor Tenebroso.
—La práctica hace al maestro, ya lo sabes —terminó Bellatrix—. No espero que lo consigas a la primera, pero para eso tenemos a la sangre sucia, para que practiques ¿o no? Muy bien pues, cuando te sientas preparada sólo tienes que decir "Legeremens" mientras le apuntas con la varita. Siéntete libre de experimentar.
Parkinson clavó sus pupilas en la figura desmoralizada, percatándose de la emoción que atravesaba por su cerebro ante la idea de aprender a explorar mentes. Dio varias bocanadas lentas, concentrándose en su objetivo, en aquella maraña de pelo que ocultaba el rostro que se inclinaba hacia los tablones del suelo, en los desnudos pies que reposaban sin esperanza, en el harapiento vestido que apenas ocultaba lo necesario, en los hematomas que moteaban la piel. Y ocurrió. Fue como adentrarse en un fugaz túnel a través del susurro del "Legeremens", mareándose por la rapidez de las secuencias de escenas que veía y de las palabras, discursos, risas, sollozos, gritos, aplausos, del frotamiento de pergaminos y hojas, del sonido de la pluma rasgando el papel, de las reprimendas y humillaciones, de los halagos que farfullaban por doquier.
El gran caos desembocó en la biblioteca de Hogwarts. Lo observaba todo en primera persona como si fuera ella misma quien hacía que sus ojos viajaran por cada línea del libro, un libro que parecía muggle. "El encuentro entre dos personalidades es como el contacto entre dos sustancias químicas: Si hay alguna reacción, ambas serán transformadas", leyó.
Al tener un ligero control de cómo funcionaba la exploración mientras la vista en primera persona de Hermione continuaba leyendo, pensó en aprovechar en rebuscar en la memoria de la Leona puntos específicos que serían capaces de llevarle tras las pistas del traidor: un vistazo hambriento de un Slytherin mientras Granger se entretenía con sus quehaceres, una carta de amor anónima, un rumor por parte de los Gryffindors, una frase que ocultaba celos de la comadreja de Weasley parecida a "ése te está mirando mucho, ¿no?", bromas o humillaciones que eran más frecuentes de lo usual... Cualquier detalle, por mínimo que fuera, que le indicara que iba por buen camino.
Decidió centrarse en los momentos donde la Gryffindor le aumentaba el deseo sexual o el corazón se le aceleraba por un interés romántico; en guiarse por sentimientos similares, ya que Granger, ayer, estuvo confundida sobre si le gustaba alguien o no.
La visión se oscureció y Pansy se lanzó hacia la corriente del sentimiento que buscaba, concluyendo en una escena en la cual Ron Weasley la abrazaba por la espalda y reían juntos entre dientes.
No le pareció muy interesante y pasó a la siguiente secuencia que resultó ser de los mismos protagonistas, después se topó con un Viktor Krum mirándola a los ojos y entregando una carta. Volvió a saltarlo, y otra vez Weasley se encontraba en los recuerdos. Tuvo que saltear bastantes memorias hasta llegar a una diferente, incluso en la forma de sentirse (que era evidente que procedía de la Hermione de esos recuerdos):
Granger se encontraba en el Gran Comedor, supuso que era época navideña por las decoraciones, con la mirada viajando de su plato a la mesa de Slytherin, curiosamente Pansy no descubrió el porqué puesto que cuando llegaba el momento donde Hermione enfocaba su mirada hacia la mesa, la imagen se emborronaba y, con un flash negro, cambiaba inmediatamente a la siguiente, que era el plato. Extrañada por lo sucedido, Parkinson volvió a repetir el recuerdo. Como antes, sintió el acelerado corazón que bombeaba tanto odio como curiosidad y ¿deseo?
Así que, al notar que no lograría ver esa parte, prefirió dejar que la escena continuara para descubrir algo. Justamente, un segundo después, Ginny Weasley le acariciaba la espalda.
—¿A quién miras? —preguntó la pelirroja, sentándose a su lado.
—A nadie, Gin, estaba pensando.
—¿Mirando a la mesa de Slytherin?
—Enfrente de mí hay más mesas que la de Slytherin.
Pansy frunció el ceño. ¿Qué se perdía? Había algo que no cuadraba como quisiera. Sabía que Granger mentía por las sensaciones que notaba, sin embargo, a la vez había verdad. Era como si Granger se negara algo con mucha fiereza y, para rematar la confusión, lo hacía inconscientemente. Ni la Leona tenía ni idea de lo que sentía, incluso Pansy llegó a presentir que la Gryffindor no quería ni descubrirlo.
Desconcertada, Parkinson prefirió seguir rebuscando en aquel laberinto de imágenes.
Se desorientó completamente durante las próximas escenas. Cada vez que cambiaba a una nueva, antes de que pudiera apenas mirar dónde se encontraba la Gryffindor, saltaba sin previo aviso a la siguiente con un fugaz relámpago negro. Incluso llegó a tal punto que el salto entre recuerdos iba totalmente solo, sin parar, con una rapidez que temía que el cerebro de Granger hubiera quedado frito.
Harta y agobiada por el resultado, Pansy paró con un chillido suyo interno.
"¡Qué dolor de cabeza, por las barbas del viejo!", gruñó, desviando la atención hacia el sentimiento de relajación de la Leona para llegar a un recuerdo que la ayudara a tranquilizarse. Con Granger rodeada de árboles, en algo similar parecido a un prado mientras la visión de ésta contemplaba la bóveda azul sin nubes, Pansy procuró calmarse para poder atacar el problema desde otra perspectiva.
Algo fallaba y eso era evidente. Entonces, sintiéndose tan imbécil como el idiota de Ronald Weasley, su mente hizo un clic. Se acordó de Bellatrix diciéndole que alguien había borrado los recuerdos de Granger.
Alguien se había molestado en lavarle el cerebro de la Leona para... ¿para qué? ¿Para evitar que el Señor Tenebroso descubriera esos recuerdos? ¿Qué debían contener? ¿Información de Potter? Pero si fuera así... ¿qué sentido tenía que las memorias estuvieran conectadas con el sentimiento del amor y el deseo? ¡Oh! Cayó en la cuenta de pleno. ¿Y si los recuerdos resguardaban al traidor a la sangre? ¿Y si habían sido pareja y el traidor decidió borrarle la memoria antes de que empezara la guerra? Si fuera cierto, teniendo en cuenta de que el traidor estaba entre los aliados del Señor, ambos no tendrían recuerdo alguno de lo que ocurrió, pero entonces el traidor no se podría haber hechizado a sí mismo. Un cómplice hubiera sido el causante de todo. ¿Otro traidor?
Tuvo el presentimiento de que todo aquello no fue buscado por Granger y el otro, ¿qué sentido tenía borrarse las memorias, con un cómplice aliado, y que de golpe la Gryffindor fuera capturada? Apestaba a que sabían que capturarían a Granger desde un principio y que todo aquello... ¿lo hubieran hecho para salvar al traidor?
Una increíble satisfacción recorrió por sus venas al sentirse que iba acercándose a la conclusión, aunque todavía estuviera tan confusa.
Decidió que el siguiente movimiento sería encontrar el principio de la supuesta historia de amor y reunir pistas. Pero... ¿cómo se sentiría Granger en el principio? "¿Y cómo mierdas llegaron a atraerse y acabar juntos?". Aún no se lo podía creer, demasiado absurdo e irracional.
Se preguntó cómo había empezado toda la historia entre una sangre sucia y un sangre pura, mortífago nada más y nada menos. La curiosidad la estaba matando. Reconocía que la valentía en esos dos idiotas era digna de admirar sabiendo que la guerra los separaría en algún momento u otro, arriesgándose a ser atrapados. Sintió cierta compasión por el traidor a la sangre. Él era el que más se arriesgaba en todo aquello, básicamente ataba su vida en un hilo colgado hacia un precipicio.
Imbécil sin futuro ni ambición. Incluso así se quedaba muy corta al describirlo. ¿Quién se atrevía a morir, a ser torturado por los sangre pura, a joder su brillante futuro por una... una... por eso? Sólo un imbécil monumental sin futuro ni ambición, definitivamente.
Una fugaz pregunta le cruzó la mente: ¿El hechizo o la poción que borró los recuerdos de Granger sobre el traidor, también eliminó los que no estaban relacionados con el amor?
Es decir, ¿qué es exactamente lo que estaba pensando el cómplice para eliminar las memorias justas y que no fuera demasiado sospechoso para Granger ni nadie que le explorara la mente? ¿En el amor, no? Por eso la Gryffindor se confundió tanto cuando tuvo que contestar si le gustaba alguien y no antes de esa pregunta. ¿Aquello significaba que habrían escenas donde esos dos interactuaban pero en momentos donde Granger estaba enfadada o molesta? ¿Sería posible?
Pansy dejó escapar un quejido largo e interno. Todo era un maldito rompecabezas y caminaba a oscuras. Y, para más inri, ¿por qué tenía la esperanza de descubrir quién era cuando el mismísimo Señor sólo tenías sospechas sobre la identidad del traidor? O eso le habían dicho...
Rompió la conexión.
Bellatrix escudriñó curiosa a la joven que se frotaba el puente de la nariz con los ojos cerrados y que refunfuñaba por lo bajo.
—¿Lo has conseguido? ¿Has entrado en su mente?
—Eh... sí, sí, simplemente me duele la cabeza de pensar. No creía que fuera a ser un puzzle tan complicado.
—¿Un puzzle?
—He pensado que aprovecharía la práctica en buscar pistas que estuvieran escondidas tras los recuerdos principales, algo como un Slytherin que la vigilara mientras hacía los deberes o algún comentario de sus amigos... Pistas que serían como las piezas de un puzzle y llegaran a acoplarse en un momento u otro.
—¿Pero?
Pansy se frotó la sien, recapitulando lo que había descubierto. Bueno, más bien, lo que creía haber descubierto. No se iba a arriesgar a informarle a su mentora de los progresos para que después no hubiera acertado ni uno: primero porque era demasiado orgullosa para reconocer que se había equivocado; segundo porque sería un motivo para que su mentora la creyera débil e inútil y, tercero, porque apenas tenía nada claro de lo que había pasado entre Granger y el traidor como para explicarlo sin parecer una idiota atragantándose con las palabras y tartamudeando. ¿Y si le explicaba sus hipótesis y se reía de ella porque era una estupidez? Al fin y al cabo, Bellatrix ya había utilizado Legeremancia en Granger.
—Pero necesito una silla. Me duelen los pies de llevar tacones.
Engrescada en sus pensamientos, utilizó Wingardium Leviosa para acercar el mueble sin necesidad de despistarse; Le habían borrado la memoria a Granger y los recuerdos perdidos estaban relacionados con un interés romántico, más o menos. No tenía ni idea quién era el objeto del interés pero había visto una escena donde miraba hacia la mesa de Slytherin, por lo tanto podría ser el traidor en sí. Y teniendo en cuenta de que la sabelotodo no tenía ni idea de lo que sentía en esos recuerdos, quizás no llegaran a ser pareja o tal vez la escena pertenecía al principio de su historia. En fin, aquello no lo tenía muy claro, como todo en general... Dejándolo a un lado, debía de considerar la posibilidad de que hubiera otro cómplice o dos, o más.
¿Tendría que considerar también de que el cómplice le había borrado la memoria al traidor? Sí, ¿no? Demasiado arriesgado hubiera sido unirse a los mortífagos estando enamorado de una sangre sucia, a la primera le habrían atrapado. En teoría. De la misma forma que el cómplice estaría en la misma situación, sin memoria. Merlín, maldito culebrón.
Pansy se sentó con la atención dirigida a su compañera de escuela, quien seguía con la cabeza gacha. La examinó varios segundos preguntándose si ella también estaba al tanto del descubrimiento, de si las escenas en negro habían despertado las mismas dudas en ella como en los mortífagos. Y, cuando Granger levantó discretamente sus ojos, supo a la primera de que la Gryffindor estaba tan confundida como ella.
Sospechaba de que la Leona no quería llegar a la conclusión del misterio por miedo a delatar al traidor, sin embargo, las dudas eran demasiadas. ¿Quién era el sangre pura? ¿Habían sido pareja? ¿Cuándo empezó todo? ¿Cómo?
Pansy percibió por el rabillo del ojo el bostezo de la mayor. Ella misma también se estaba cansando.
—¿Continuamos otro día? —inquirió la Slytherin, reposando el cuerpo en el respaldo de la silla.
—¡AAAAAGH! ¡Quiero atrapar ya a ése hijo de escoria putrefacta! ¡Cuando lo encuentre dejaré a un lado la varita y le cortaré los brazos y las piernas con una daga sin afilar y le alimentaré de una poción abastecedora de sangre para que no muera desangrado. De esta forma vivirá días sufriendo sin tener ni brazos ni piernas, lamentándose haberse enamorado de una asquerosa sangre sucia!
Hermione y Pansy miraron a la mortífaga con los ojos abiertos de par en par. El silencio se hizo en toda la sala excepto por los chillidos de Bellatrix mientras destrozaba el mobiliario.
Hermione temblaba de terror, deseando que Lestrange no se fijara en ella en aquel ataque de ira, pero no fue así. La mortífaga golpeaba fuertemente las tablas de madera con el tacón de sus botas yendo como un lobo directa hacia la sangre sucia, hasta que la figura de Parkinson se interpuso entre ella y su presa.
—¡¿Qué haces?! —Bellatrix empujó a la menor, obligando a ésta a apoyar la mano en el respaldo de la silla de Granger para no perder el equilibrio.
—¿Cómo quiere encontrar al traidor si la destroza? —contestó, señalando a la Gryffindor con un desinteresado movimiento de mano—. Tiene demasiada rabia ahora mismo como para descargarla sobre ella, ¡volverá loca a la única pista clave que tenemos asegurada!
Bellatrix, con los ojos casi inyectados en sangre, ladeó la cabeza al tiempo que ampliaba más su sonrisa, repasando de arriba a abajo a la joven. Pansy tragó saliva, alzando el mentón en un intento de demostrar seguridad. ¡Habían avanzado demasiado como para que lo perdieran todo en un ataque de rabia!
—¿La pequeña de los Parkinson se está enfrentando a mí por una sangre sucia?
El susurro, impregnado de crueldad y provocación, llamó la atención de Hermione. Su cuerpo estaba agarrotado por la tensión que había utilizado al encogerse en la silla al ver a Bellatrix ir a por ella. Con las muñecas radiando dolor por el apretado nudo que la mantenía sujeta en el respaldo de la silla, alzó el rostro, notando sus enredados bucles apartarse de su visión para encontrarse con la espalda del corsé azabache de hilos verdes brillantes de Parkinson.
Las lágrimas de alivio de Hermione, un alivio muy fugaz puesto que el ambiente seguía en tensión, no se hicieron de esperar. Si su enemiga de toda la vida no hubiera intervenido, estaba segura de que ahora se encontraría agonizando hasta la muerte. Menos mal que seguía siendo un cebo para atraer a Harry, aunque... ya estaba dudando en si era suficiente para los mortífagos tener su cuerpo sin importarle en si había vida en él o no.
—Señora Lestrange, me gustaría recordarle de que el Señor espera de usted y de mí un éxito rotundo en la búsqueda del traidor. Si me dice qué otras alternativas tenemos aparte de rebuscar en los recuerdos de Granger, me apartaré.
—¡Los rumores del campamento! ¡Aparta!
Pero la Slytherin no se movió ni un ápice, incluso dio un paso hacia atrás para bloquear más el acceso a la Gryffindor.
—¡No pienso probar ningún Crucio del Señor! —contestó Pansy. Aprovechó el titubeo de la mayor para continuar—: Ningún rumor que he escuchado era válido, lo único que nos ha hecho avanzar ha sido la sangre sucia. Y si enfrentarme a usted significa tener éxito en la misión de atrapar al traidor y contentar a nuestro amo, lo haré.
Nunca en la vida Pansy había sentido tanto terror como en aquellos momentos. La demente mirada de Bellatrix le puso los pelos de punta, aunque no fue nada comparado con el acercamiento del rostro de ella al suyo. Ladeó la cara y desvió la mirada para evitar que colisionaran. De antemano conocía el inmenso enfado de su mentora sin la necesidad de mirar a los ojos de esta.
—Tienes agallas, querida, y deberías de tener cuidado de no traspasar la línea entre la valentía y la temeridad —siseó. Repasó de arriba a abajo a Pansy—. Encuentra de una maldita vez al traidor si no quieres sufrir tú las consecuencias.
El portazo que dio Bellatrix al salir del salón fue el causante de los suspiros de alivio de ambas magas. Pansy se dejó caer en la silla completamente abatida, posando su brazo en la frente impresionada por lo que acababa de hacer. ¿En serio se había enfrentado a Bellatrix Lestrange? ¡Demonios, podía haber acabado muerta!
—G-gracias —bisbiseó Hermione.
La Gryffindor se quedó contemplando a la figura que tenía delante y que no paraba de negar con la cabeza como si no se creyera dónde estaba ahora mismo.
—No lo he hecho por ti, Granger —replicó, recomponiéndose.
—Tampoco te lo he agradecido a ti.
—¿Ah, no? ¿y a quién se lo has dicho? ¿a los ácaros de tu sucio vestido?
—A la Parkinson que ha sido capaz de dar la cara. Tú eres una cobarde sin remedio.
—Se están rifando las papeletas para ganar una tremenda bofetada y tú las tienes todas, Granger.
—¿Te crees que una bofetada va a causarme más dolor que lo que me ha hecho la que se acaba de ir?
—¿Cómo demonios es posible que seas tan imbécil de seguir plantando cara a la gente sabiendo dónde estás? Tienes unos problemas mentales muy graves, eh.
—Quizás es porque la estupidez de ciertas personas me obliga a reaccionar.
—Reaccionarás de maravilla cuando le explique a la señora Lestrange lo que estás diciendo.
—Si no te mata a ti antes por desafiarla.
—Créeme que tú saldrás más mal parada, sangre sucia.
—¿Ah, sí?
—Sí.
—¿Sí?
—Sí.
—Estúpida —respondió Hermione, rodando los ojos.
—Imbécil.
—Idiota.
—Esclava.
—¡Cobarde!
—Pfff, ¿y qué más? Venga va, adelante, desahogate conmigo, apuesto un millón de galeones a que sigues siendo igual de penosa con los insultos como en Hogwarts.
—Aaagh, ¡no me puedo creer que seas tú quien esté aquí! Hubiera preferido mil veces tener a Malfoy, te lo aseguro.
—Jódete, es lo que tiene que yo sea más perfecta.
—Sí, perfectamente estúpida.
—Como vuelvas a insultarme, buscaré tus secretos más ocultos en la orgullosa mente que tienes. Seguro que estás deseando que yo los sepa, ¿mh? Ya verás qué risas nos echamos. Dos mejores amigas, aquí, compartiendo sus secretos, suena bien, ¿no te parece? ¿quieres probarlo?
—Ni de broma —mantuvieron una disputa de miradas, en tensión—. Maldita lagartija engreída.
—¡Legeremens!
Pansy no tuvo tiempo de pensar en qué buscaba. Hermione directamente la guió hacia la escena que más quería ocultar en un intento desesperado de protegerse. Aunque la Leona no tuvo ni la sospecha del porqué era esa en particular aparte de saber que Lestrange también había llegado al mismo recuerdo.
La imagen se mantenía borrosa, pero se podía distinguir perfectamente. Los colores de ésta, más opacos de lo habitual, indicaban a Pansy de que era uno de los recuerdos que el cómplice había intentado borrar pero parecía ser que no había tenido éxito porque no contenía al traidor ni su nombre.
—¿Qué es eso? —preguntó Ginny, agarrando un pequeño objeto de las manos de Hermione.
Se encontraban en los jardines de Hogwarts.
—Oh, es... Bueno, lo que ves.
—¿Un brillo de frambuesa? ¿De dónde lo has conseguido? Es de una marca muy cara, ¿lo sabías? Y ayer en San Valentín no había ninguna tienda que lo vendieran, justamente.
—¿En serio?
—Vale por lo menos seis galeones.
—¡¿Quééé?! ¿Tanto?! ¿Por este pote tan pequeño? —Hermione volvió a inspeccionar el brillo en busca de restos de oro.
—Síp, el lugar donde venden estos maquillajes está entre el banco de Gringotts y la tienda de ropa de Madame Malkim. Entré una vez con Luna y salimos rápido ya que la dependienta no nos miraba muy bien, seguramente porque no vestíamos apropiadamente. Vamos, que no olíamos a dinero.
—P-pero...
El brillo, que tenía la forma de un pintalabios, no tenía nada en especial. El pote era de cristal y tenía inscritas en él letras plateadas y enrevesadas, nada más, excepto por un "P.P" en el tapón para que se distinguiera de otros. Hermione se preguntó el motivo de su precio pero desistió cuando su atención se despistó hacia el dueño del brillo.
"¿Cómo es posible que me haya enamorado?", se escucharon como un eco los pensamientos de la Hermione del recuerdo, riéndose de sí misma "¡Precisamente de ella!" Hubo un un momento de borrosidad pero la escena se mantuvo intacta.
—Ginny —llamó Hermione. Su amiga dejó de jugar con una mariposa creada por un conjuro—. Tengo que decirte algo... Este brillo lo conseguí en el partido de Slytherin contra Gryffindor y su dueña... Ehm... esto... Somos oficialmente novias, ella y yo.
—¿Por qué no me lo habías confirmado antes?
—No estaba muy segura de lo nuestro, es decir, sí, pero en esos momentos, cuando nos viste, no era ella aunque, en fin, hoy ya puedo afirmarlo con seguridad.
La pelirroja bufó.
—¿Es quien yo creo que es o me vas a dar la alegría de mi vida y decirme que te has enamorado de otra?
—Sí, Gin, es ella. Es...
El flash negro interrumpió la respuesta.
Pansy cortó la conexión de inmediato y se quedó de pie en el salón de la mansión Malfoy, enfrente de Hermione, con la vista clavada en ella. Hermione la observaba confusa por el recuerdo; Pansy completamente atónita.
Todavía en shock, la Slytherin rebuscó con una lentitud descomunal en la pequeña alforja de cintura que se encontraba al lado contrario a la funda para la varita. Ese útil cinturón se podía mover y no hacía falta llevar el uniforme de mortífago para llevarlo puesto.
Con la curiosa mirada de Granger vigilando sus movimientos, fue sacando su brillo de frambuesa: Mismo cristal, misma marca, mismo sabor, mismo color, mismas iniciales en el tapón.
Nada más verlo, la Gryffindor dirigió sus ojos alarmados a los de Parkinson.
—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
Todavía no me creo que ya haya subido 40 capis o.o
¡Nos leemos el miércoles! :D
PD Contestación a anónimos: N de Nata, no te preocupes, este fanfic va a estar siempre colgado así que cuando regreses dentro de años ya lo tendrás completo(?). Sara, me alegro de saber algo de ti -gracias a Nata- y que estás bien :3. Pikachu, muchas gracias por comentar siempre que puedes y siento no contestarte otras veces, pero el autor no puede contestar reviews anónimos directamente (espero que tú tmb estés bien^^ y Nata)
Y muuchas gracias a los demás que me dejan reviews y que no les he nombrado, sólo he hecho un mini PD para los anons :D
