Cuando la ambición pasa a un segundo plano

La reunión de los grupos de búsqueda tomaba lugar en la misma estancia que los encuentros entre los mortífagos más leales al Señor Tenebroso.

Los integrantes de la asamblea siempre se sentaban de la misma forma. Eran diez en total y separados en hombres y mujeres: Bellatrix Lestrange en un extremo de la mesa rectangular para tener más visión de todos, Pansy Parkinson a su lado derecho, a su lado, en orden, se situaba Daphne Greengrass, Flora Carrow, Hestia Carrow y Tracey Davis. Pansy sabía que si Millicent no hubiera muerto, ocuparía el puesto de Davis por ser ésta una mestiza por culpa de un tatarabuelo.

Al lado izquierdo de Bellatrix, frente a Pansy, Draco Malfoy ocupaba el puesto y después Theodore Nott, Vincent Crabbe, Gregory Goyle y Blaise Zabini en la última silla.

En vez de estar presenciando la guerra que tanto se hablaba, los jóvenes tenían la sensación de estar todavía en Hogwarts. Aún así, agradecían que la Líder les dejara hacer lo que les viniera en gana.

Pansy retiró la silla y ocupó el asiento vacío al lado de una Daphne inmersa en la lectura de un dossier de pergaminos sobre la información descubierta por los grupos de búsqueda que cada uno capitaneaba.

—Bien... ¿estamos todos?

Ante la pregunta de Greengrass, los jóvenes asintieron. Excepto Bellatrix, quien seguía bostezando como si no hubiera un mañana. Con un último y largo gruñido acompañado por un estiramiento de brazos, la mayor habló:

—¿Qué se sabe de los Carroñeros?

Chasqueó los dedos y Flora Carrow encantó una pluma para que ésta escribiera sobre lo que se iba comentando.

—En mi opinión, señora Lestrange —valoró Theodore Nott. Las cabezas se dirigieron a él, como siempre pasaba cuando alguien hablaba—, los Carroñeros no son nada útiles, podríamos prescindir de ellos.

—Te equivocas —Pansy entrelazó sus manos ante el movimiento de cabezas. Parecían robots sincronizados—, todos estamos de acuerdo en que son una panda de inútiles que sólo atrapan y matan a enemigos, traidores o fieles a Potter por dinero, pero hay que recordar que en la anterior reunión se dejó claro que se les ordenaría que torturaran a sus víctimas para descubrir nueva información. Y, Nott, la señora Lestrange ha preguntado qué se sabe de los Carroñeros aludiendo a lo último que he dicho, no sobre tu opinión.

Se escuchó un disimulado ruido de burla por la sala.

—Cállate, Parkinson, ¿y qué es eso que he escuchado de que tienes como esclava a la sangre sucia, eh? —atacó Theodore, intentando recomponer su orgullo—. ¿Tendremos que matarte por ser una traidora?

Pansy frunció el ceño. Ese ataque fortuito significaba que él desconocía de su misión de utilizar a Granger como puente para infiltrarse a la Orden, y seguramente sus compañeros se encontraban en la misma situación.

—Teniendo en cuenta de que hay escasos elfos para limpiar las tiendas, la mía seguirá sin ser un desastre como la tuya. Si de habladurías hablamos, ¿por qué tenías un calzoncillo manchado de mierda en el fregadero? Sí, prefiero tener a una sangre sucia adecentando mi tienda a tener una como la tuya.

Las risas no pudieron ser tan bien disimuladas como la anterior vez.

Bellatrix volvió a bostezar con el pensamiento de "Menuda panda de mocosos me toca liderar" revoloteando por su cabeza. No obstante, prefería aquellas pullas entre los miembros que de seguir con la aburrida reunión.

—Ooooh —provocó Lestrange en un intento de incitar a Nott a que continuara, pero el muchacho estaba demasiado avergonzado y herido. Suspiró, hastiada—. Continuemos con la reunión. Greengrass, informes.

—Sí... —se levantó del asiento y releyó con sus ojos los pergaminos que tenía enfrente—. Siguiendo los puntos que se aceptaron en la pasada reunión donde se decidió que cada grupo buscaría información de los integrantes del Ejército de Dumbledore que conocíamos para saber y afirmar hoy quién está con Potter, éste es el resultado: El grupo de Flora y Hestia Carrow descubrió que la familia de Angelina Johnson ha sido derribada por Carroñeros, como no se encontró su cuerpo entre los cadáveres, se ha supuesto que está junto con Harry Potter; El grupo de Draco Malfoy sigue tras la pista de Cho Chang, su familia se ha mudado hasta Francia y les han visto en un aeropuerto muggle. Chang no estaba con ellos así que se ha supuesto que está con Potter; Pansy Parkinson ha colaborado conmigo en la búsqueda de Ginny Weasley. No hay información alguna sobre ella; Vincent Crabbe y Gregory Goyle buscaban a los gemelos Weasley, están con Potter; Blaise Zabini tampoco ha encontrado nada sobre Ronald Weasley, parece ser que los Weasley saben cómo esconderse; Tracey Davis se encargaba de Luna Lovegood y ha oído que los adultos tienen vigilado al padre de Lovegood. Por lo que otros mortífagos le han dicho, éste no paraba de pedir que le trajeran a su hija. Se ha supuesto que Lovegood está con Potter; Y Theodore Nott afirma que vio a Neville Longbottom huir con él en la batalla de Hogwarts.

Bellatrix bostezó ante el largo discurso.

—¿Por qué no pasas directamente a la conclusión? —refunfuñó la mayor, posando la mejilla sobre la palma de su mano.

—Sospechamos que con Harry Potter se encuentra Angelina Johnson, Cho Chang, Luna Lovegood, Fred y George Weasley y Neville Longbottom. Y, como creemos que la familia Weasley apoya a Potter a capa y espada, pensamos que Ginevra y Ronald Weasley también están en el grupo a pesar de no tener información.

—¿Y estos han durado más de dos semanas sin dejar ni una pista? —espetó Blaise Zabini.

—Bueno, tienen a dos Ravenclaws, aunque una esté majareta —opinó Hestia Carrow.

Su hermana gemela, Flora, le dio la razón.

—Supongo que hemos tenido suerte de que Granger no hubiera escapado con ellos, habría sido peor —los mortífagos movieron la cabeza hacia Gregory Goyle—. T-todos sabéis de que la sangre sucia no es tan idiota como Weasley y Potter, si no han muerto en estos años ha sido gracias a ella.

—Tan idiota, dices. Es difícil superar la idiotez de esos dos, no tiene ningún mérito.

—Pansy tiene razón ¡Choca esos cinco! —Blaise Zabini formó al aire un choque y Parkinson imitó el gesto con cierta desgana.

—Como veo que ya están todos los puntos, me voy ya.

Lestrange retiró la silla, hastiada de soportar ese trabajo y no Snape ¡Severus tenía más experiencia en soportar a esos críos! Además, ¿qué necesidad había cuando estos grupos no eran necesarios para la verdadera guerra?

—¿No nos dirá qué hay que hacer a partir de ahora?

Bellatrix asesinó con la mirada a Daphne.

—Encárgate tú de todo, no voy a perder el tiempo en esto —dio un par de pasos antes de volverse a girar. Apuntó con el dedo a Daphne y alzó una ceja—. En cuanto puedas te quiero ver en mi habitación, Greengrass. Tú y yo tenemos una charla pendiente.

Y dicho eso, dio un portazo y se fue. Los jóvenes se quedaron en silencio sin pestañear ni una vez puesto que la dura mirada de Greengrass fue suficiente para que nadie hablara sobre ella.

—Vaaaya —comenzó Theodore Nott, sorprendido—, está claro el interés que causamos en los adultos, ¿eh?

—Papá nos dijo que ellos ya se encargaban de buscar a Potter —informó Flora Carrow.

—Y que todo esto era para que nosotros aprendamos a liderar y para darles una oportunidad a los que dirigimos de poder tener la Marca —acabó su gemela.

—Vamos que esto es como un examen en el que nosotros ya sabemos las preguntas y las respuestas —sentenció Blaise Zabini.

—¿A quién te refieres con ellos, Flora? —quiso saber Daphne.

—A ellos... a mi papá, el tuyo, el de Blaise, Draco, Pansy, Vincent, Theo, Tracey, es decir, todos los padres de los que están aquí y seguramente más.

—¿Y mi madre no? —Blaise la miró extrañado.

—Si no recuerdo mal, las madres están en el Ministerio controlando los Departamentos y buscando a traidores.

—Ah, es verdad, están haciendo juicios e interrogaciones en todos los trabajos —afirmó Tracey Davis.

Pfff, prefiero estar en casa o en la tienda que hacerles un favor a los otros que quieren la Marca —Theodore Nott se peinó hacia atrás su pelo castaño oscuro para que el flequillo se mantuviera hacia arriba.

—Os recuerdo que si estrecháis lazos con ellos, en un futuro tendréis a nuevos mortífagos en vuestro círculo social y vuestra voz será más escuchada.

El consejo de Daphne no pareció convencer a nadie.

Bah, ya nos escuchan gracias a nuestros padres.

—Pensaba que estábamos aquí para saber qué hacer con nuestros grupos, no para parlotear sin sentido.

—¿Qué más da, Draco? Si hagamos lo que hagamos seguiremos teniendo poder social y serán los adultos quienes encuentren a Potter —Blaise se inclinó sobre la mesa para poder ver mejor al rubio que se encontraba en la otra punta.

Malfoy formó una mueca que fue disimulada por el movimiento de rascarse la nariz. Hecho que provocó que Pansy frunciera el ceño y observara a Daphne, quien estaba engrescada en leer los informes una y otra vez en busca de algún argumento más para seguir con la reunión. ¿Draco había hecho una mueca de preocupación o se lo había imaginado?

—Un método es dejar que los adultos hagan su trabajo y otro que nosotros demostremos que somos útiles: si no atrapamos a Potter al menos atrapemos a los del Ejército de Dumbledore. No es por nada, pero yo personalmente estoy harta de que cuando les digo que dos más dos son cuatro me contesten que son cinco porque ellos son mayores. Tendríamos que esforzarnos para que el día de mañana en el que ganemos la guerra no nos traten como a los Carroñeros —expresó Daphne.

—Los Carroñeros no tienen la Marca, estamos en un puesto muy privilegiado como para que nos traten tan mal, Daph.

—Quiero destacar, Tracey, no pienso quedarme en la base de esta pirámide jerárquica. Draco, estoy contigo, planeemos nuevas opciones para atraparlos.

El joven asintió a su amiga.

—Estoy con vosotros —Pansy levantó la mano.

—¿Alguien más?

—Mmh, no es por nada pero creo que estamos obligados a seguir con los grupos, ¿no? —dijo Flora Carrow, jugando con sus dos anillos de plata.

Nah —Theodore se levantó de la silla—. Estamos aquí para "ayudar" a los que quieren conseguir la Marca. Nuestro trabajo es tan fácil como decirles "Id por aquí durante estos meses y a ver qué conseguís" mientras estás tumbado en el sofá y comiendo. Yo me largo, señores. ¿Vienes, Blaise?

—Claro.

Las gemelas Hestia y Flora Carrow cuchichearon por lo bajo entre sí. Acabaron asintiendo.

—Hestia y yo preferimos dar una respuesta más adelante. Aunque en un principio preferimos no seguir con nuestros grupos.

—Yo pienso igual que Theodore —contestó Crabbe.

—Y yo que Vincent —añadió Goyle.

—Yo... yo prefiero ayudar a mi madre que ayudar a unos desconocidos, la verdad —Tracey se puso en pie y caminó hasta estar al lado de los demás.

Daphne separó los dedos del puente de su nariz con la única intención de opinar. Ni sus ojos hicieron el gesto de abrirse. Aun decepcionada, mantuvo los pergaminos bien sujetados en la mano libre.

—Os lo comento con toda la seriedad: no entiendo ni el por qué ni cómo es posible que escogáis la opción más perezosa y fácil, ¿dónde está vuestra ambición?

—¿Ambición, Daph? Cada uno ambiciona lo que quiere, yo por ahora me contento con saber cuántas empanadas de calabaza puedo tragarme.

—Genial, Theo, seguro que te será muy útil en un futuro —dejó caer los pergaminos en la mesa con frustración. Ahora necesitaba, una vez más, replanear y organizar nuevos movimientos para lograr su cometido. Sin mirarlos, les habló—: Chicos, os perdono todas las deudas y favores que me debéis, pero antes de iros, hacedme un único favor y miradme —el grupo volteó y vio cómo Greengrass apartaba los ojos de los documentos. Interpretaron sin dificultad lo que transmitía aquella mirada y comprendieron la gravedad del asunto—; esta va a ser la última vez que vais a tener mi atención e interés —regresó la vista a la mesa azabache—. Pueden irse.

—Venga, Dap-

—Señorita Greengrass para usted, señor Nott —cortó.

Todos conversaron con las pupilas sin una pausa ni orden establecido; Pansy y Draco correspondían a los mismos sentimientos que todos compartían ante la situación tan desprevenida. El único par de ojos que no aparecía en el diálogo de miradas era el de Daphne. Ésta estaba plácidamente entretenida en reordenar los pergaminos que habían sido despreciados tiempo atrás.

Señorita Greengrass, ¿no crees que estás exagerado? —volvió a probar Theodore Nott a pesar de que la Slytherin no le prestaba atención en ningún momento.

La nombrada, con lentitud, colocó la última hoja enfrente del taco: la hoja en la que estaban escritas las ideas que iba a exponer en la reunión con el fin de potenciar el éxito de los grupos de búsqueda.

—Daph-

—Le convendría recordar el suceso que le ocurrió en tercero y del cual es idóneo para su imagen que a mí no me interese darlo a conocer ni obligarle devolverme el favor. Como he dicho, perdono las deudas y favores que me corresponden ser pagados. Pueden irse.

Ante la amenaza, los jóvenes mortífagos se alejaron del lugar sin que nadie se interpusiera. Pansy carraspeó ante el nuevo silencio que se había aposentado en el salón de la mansión Malfoy.

—Qué bonita es la amistad, ¿verdad?

—Son unos incompetentes inmaduros que no saben labrarse un futuro —gruñó Greengrass, cruzándose tanto de piernas como de brazos—. ¿Cómo vamos a atrapar a Potter y a los del Ejército con tan sólo tres grupos? Si con el resto ya era complicado, ahora-

—Tranquilízate, los adultos están en ello —replicó su amiga.

—¡Pero yo quiero llevarme el mérito, quiero que mi padre cree una maldita réplica mía de oro macizo en el jardín de mi mansión!

A pesar de que Draco y Pansy habían atrapado al vuelo la ironía, se miraron mientras liberaban un suspiro.

Woah, ¿tu mayor sueño?

—Déjale, Pans, su ambición acabará por matarla —con dos movimientos de varita, Draco desencantó la pluma y destruyó el pergamino en el cual se apuntaba lo que ocurría.

—Que os den, a los dos. A ti primero por tener a una apestosa sangre sucia en la tienda y a ti por ser un mimado que no sabe ni limpiarse su propia mierda de bebé.

—¡Yeeeeeah con la Greengrass! —Parkinson produjo un redoble de tambores con la mesa—. ¡Más, más!

—¿Qué mierda te pasa a ti ahora? —Malfoy la miró como si le hubieran crecido dos cabezas.

—¿No lo veis?! Lestrange se ha ido, los otros idiotas también nos han abandonado y los adultos no nos hacen caso. Desde un principio esta guerra iba a demostrarnos que sólo valemos para que las tropas del Señor fueran más abundantes y creáramos miedo a los enemigos. Nada más.

—Eso es inevitable, ya está bien, ¿o no?

—¡No! Quiero ser más imprescindible, quiero ambicionar a algo más que en ser un maldito peón, no me he esforzado tanto en Hogwarts para que muera como un simple soldado que no ha hecho nada. Necesito destacar, maldita sea.

—Llevas una vida estupenda por los privilegios de tener una familia sangre pura, respetada y rica, y encima tu poder social ya es alto de por sí ¿para qué quieres seguir destacando? Sinceramente, no encuentro un motivo muy válido, ni siquiera con la excusa de "soy la ambición en persona". Sufrirás más para nada, en serio —Pansy arqueó las cejas, a la espera de una respuesta coherente.

—Pues para... —la boca de Daphne se cerró. ¿Para qué deseaba tener más privilegios? ¿para qué utilizaría el poder que le proporcionaría estar en un rango más alto?—. Emmh, no me acuerdo —susurró, atónita consigo misma.

Juraba que había un motivo muy importante y válido. Lo suficiente como para pensar de que sería como conseguir tres cosas a la vez: su prioridad número uno, mantener a su familia y estatus social; proveer privilegios a sus verdaderas amistades ; y, sin que nadie le pudiera reprochar nada, tener a su lado... a... ¿qué o quién?

—¿Qué? ¿No te acuerdas? ¿Qué sin sentido es ese de que 'no te acuerdas'?

—En serio, no me acuerdo ahora del porqué... ¡Aunque estoy segura de que era importante así que no me incordiéis!

—Vale, vale, calma, baja ese dedo que me sacarás un ojo —siseó Pansy, tirando el torso hacia atrás.

—Bien. Draco, quiero a tu grupo espiando por el Callejón Diagon sin los uniformes, que vayan de incógnito y por separado. Pansy, el tuyo con las mismas condiciones pero por el Ministerio, que intenten contactar con las madres y que ellas también hagan de oído, pero asegúrate de que los tuyos busquen más los rumores de gente del Ejército que de Potter. Los míos estarán por Hogsmeade, en especial en la Cabeza de Puerco... Esperemos que alguien sea tan despistado como para hablar en público sobre Potter o los integrantes del Ejército de Dumbledore aunque sea en susurros. No olvidéis de recordar a vuestros subordinados de leer el pergamino que os di con todos los métodos posibles para aumentar su capacidad auditiva, desde las simples pociones que nombré hasta la más absurda de las técnicas —se levantó golpeando la mesa con la palma de su mano. Achinó la mirada y alzó el mentón—. Potter y sus amigos se están preocupando de esconderse del enemigo equivocado: mientras sus ojos están fijados en la enorme pitón que representa nuestro amo y los adultos, se olvidan de la víbora que pasa desapercibida entre la oscuridad y la maleza, y os aseguro yo de que no hay nada más peligroso que subestimarme.

—Merlín... Daphne, no sé si darte un beso o una bofetada, estoy muy indecisa. En fin, ya que damos por finalizada este fracaso de reunión, vamos a tu tienda a relajarnos, ¿sí? Sí.

-0-

Apartaron la tela de la entrada para adentrarse en la tienda de Daphne. La anfitriona fue directa a una vitrina de cristal cerca de su estantería repleta de libros al tiempo que Pansy escudriñaba con atención la estancia.

Después de todo, no tuvieron tiempo de visitar la tienda de cada uno por el trabajo que ocupaba el liderar un grupo de búsqueda: si no estaban en expediciones, pasaban el día o los días libres para descansar y tener un tiempo a solas.

La tienda mantenía el mismo espacio y estancias que las demás, a diferencia de que, en el lugar donde el dormitorio de Pansy estaría, había la cocina. Daphne se aproximó a la mesa de centro con una botella entre manos y acercó tres copas. Antes de verter líquido alguno en ellas, paró. Ni siquiera viró el rostro hacia atrás para mirar a sus dos amigos.

—Pregunta: ¿Alcohol o algo para tomar?

—Alcohol —respondieron al unísono.

Draco curioseaba los títulos de los tomos posados en la estantería; Parkinson se encargaba de fisgonear por dentro de la vitrina. En el estante superior reposaban botellas de diferentes bebidas alcohólicas y no-alcohólicas, y en el estante de enmedio se encontraban las copas y vasos formando filas simétricas.

La Slytherin se puso de cuclillas para observar con más atención las etiquetas de los frascos de pociones situados en la parte baja. Pudo leer tales como Crece-huesos, poción Calmante, Agudizadora de Ingenio, Esencia de Díctamo, poción Encontradora, poción Herbovitalizante en la que podía ver que faltaban un par de sorbos, pócima para dormir, un remedio para las quemaduras, poción Vigorizante y un frasco que le llamó mucho la atención.

No tenía una etiqueta con nombre, sólo una luna menguante. El frasco era el doble de grande que los demás y faltaba más de la mitad del contenido azulado.

Alzó sus cejas expresando sorpresa.

Pst, Draco —susurró la joven, captando la atención del lector. Giró la cabeza para cerciorarse de que Daphne, en el centro de la tienda, había llenado las copas y se sentaba catando el líquido sin prestarles atención—. Mira esto.

El Slytherin se agachó con rapidez, vio la etiqueta y regresó a su posición para disimular. Pansy también se puso en pie.

—¿Qué opinas? —inquirió Parkinson.

—No se me ocurre qué puede ser, aunque el dibujo de la luna...

—¿Matalobos?

Conectaron las miradas.

—¿Por qué tengo la sensación de que sabes más que yo en todo esto, Draco?

—¿A qué te refieres con todo esto?

—Verás... —calló de inmediato, ¿debía de confiar en él? ¿podría intentar descubrir más cosas sobre el cómplice del traidor -su cómplice, en teoría- si le comentaba sobre el asunto? Todo o nada—. ¿Sabes qué he descubierto?

—¿Qué? —la miró confuso.

—Que a Granger le borraron la memoria.

Malfoy expresó un ruido de sorpresa.

—¿Qué dices?! ¿Por qué?

—Ehm... por algo que es mejor que no te diga.

Aquella novedad sí que pareció sorprender al rubio.

—¿Cómo? ¿Tú sabes el qué ha olvidado?

—Sí, tenemos una idea. No es que no confíe en ti es simplemente que... quiero seguir... sin problemas.

—¿Venís ya? —preguntó Greengrass a lo lejos.

Ambos amigos se mantuvieron la mirada hasta dar el primer paso hacia los sillones vacíos cercanos al de Daphne. Nada más ocupar los asientos, sujetaron las copas y dieron el primer sorbo.

—¿De qué quería hablar mi tía contigo? —inició Draco, todavía salivando el exquisito sabor del ron de grosella.

No dudó en encogerse sutilmente al sentir el peso de la impasible mirada de Greengrass sobre él.

—Porque presté ayuda a alguien, y ese alguien se llamaba Millicent Bulstrode, alias la traidora que logró convencerme de quemar su diario, y la que me ha traído más problemas de los que pensaba —acató. Posó sus labios en el cristal de la copa e hizo el ademán de alzarla para dar un trago, pero paró a mitad de gesto—. ¿Alguna pregunta más?

Draco negó con la cabeza, apoyó el pie en la rodilla izquierda y siguió dando sorbos al mismo ritmo que Pansy.

—Yo sí —agregó la última, tosiendo—. ¿Por qué demonios la ayudaste sabiendo que llegarías a este campamento y te inspeccionarían la memori-

—¿Por qué demonios tienes a la sangre sucia en tu tienda, Pansy? —devolvió, cortante. La miró a través de la copa mientras bebía.

—Merlín, Di, relájate —tranquilizó Draco—. ¿Qué te ocurre?

—Me preguntas qué me ocurre —susurró, muy apaciguada, guiando sus celestes ojos a sus uñas para después clavarlos en el joven de enfrente. Depositó la copa en la mesa—. Me preguntas qué me pasa cuando tu tía me está esperando en su habitación para hablar conmigo.

—Ya, per-

—¡Tu tía no va a hablar conmigo! —vociferó, golpeando el brazo de la butaca— ¡¿No te das cuenta que me hará de todo menos darme un tema de conversación?!

El mago dio una gran exhalación como si fuera él quien estuviera conteniendo el aire a más de dejar que la furia de Daphne se disolviera en los golpes que ésta daba con el puño contra su propia butaca. Nada más ver cómo su amiga se recogía las piernas para abrazarlas y hundir su cara en ellas, fijó su atención en Pansy, quien mantenía la copa en el aire y la boca entreabierta.

—Hablaré con ella, Di —susurró Malfoy, colocándose el rebelde mechón que había caído sobre su frente.

—No se puede razonar con ella, Draco. Es increíble que me digas eso sabiendo que tu tía tiene problemas para controlar su agresividad —su voz salía amortiguada por tener la cara oculta, pero sin rastro de ningún sollozo—. Desde el primer día fijó su rabia en mí. Desde que le pedí la Marca al Señor —levantó la barbilla para poder observarlos—. ¿Y sabéis lo gracioso? Que yo no fui la única que la pedí, había por lo menos diez personas más clamando por lo mismo. Pero parece ser que fui la única en captar la atención de tu tía.

—Mmmh, porque fuiste la única que osaste mantener la mirada al amo, Greengrass. Y eso no se hace...

El primero en saltar como un muelle de la butaca fue Draco, vertiendo sin querer el contenido de su copa sobre la alfombra. Su pie dejó una visible huella al pisar la mancha para acercarse más a su tía. Con un movimiento de mano, dejó claro a sus dos amigas de que se mantuvieran en sus asientos.

—Tía Bella —susurró, acortando la poca distancia que le quedaba—, por favor...

—Regresa a la mansión, Draco —siguió con las pupilas fijas en la joven rubia que, de estar abrazándose las piernas, pasó a ponerse lentamente de pie—, y llévate a la hija de los Parkinson contigo.

El mago se mordió el labio durante el gesto de girar su torso para mirar por encima de su propio hombro a sus dos amigas, aunque su espalda se irguió cuando volvió a prestar atención a Bellatrix. Era evidente para él que la mujer se había tomado alguna poción calmante antes de venir, pero los nervios seguían estando presentes.

—Tía —murmuró—, no-no sé qué tienes pensado hacer, pero Daphne no es como los demás. No podrá soportar uno de tus castigos sin tener ninguna consecuencia después, su cuerpo no lo aguantaría.

—Draco, cariño, no recuerdo que tu madre me haya dicho que tuvieras problemas de oído.

El tono infantil intranquilizó al muchacho, pero sólo atinó en cerrar los párpados. En un movimiento de cejas junto con un golpe seco de cabeza, indicó a Pansy que le siguiera. Ésta asintió y, en silencio, posó su copa sobre la mesa de centro de cristal para intentar calmar a su amiga con una mirada.

—Oh, Parkinson —Bellatrix le agarró de su antebrazo cuando pasó por su lado hacia la salida. Sonrió con segundas intenciones—. Dale recuerdos a la sangre sucia de mi parte, ¿sí?

—Pansy viene conmigo a la mansión, tía —intervino Draco a la defensiva, rodeando con una mano la cintura de su amiga para acercársela a sí mismo—. Y es probable que hasta mucho más tarde no regrese a su tienda.

La expresión de Bellatrix no indicó nada más que indiferencia ante lo que su sobrino insinuaba. Su dentadura perfectamente arreglada volvió a iluminar el rostro al crear una sonrisa falsa.

—Fuera —sentenció.

Y a la que la tienda fue cerrada con tan solo dos personas dentro, la varita de Daphne salió disparada de la funda para acabar entre los dedos de Lestrange.

—No vas a necesitar esto, Greengrass —dijo al tiempo que lanzaba la varita hacia un lado hasta que esta produjo un ruido sordo al chocarse contra la pared de tela que tenía a su izquierda.

—Señora Lestran-

—Mi señora —gruñó—, tú me vas a llamar mi señora hasta que termine contigo.

Los labios resecos de Daphne temblaron al separarse por la sorpresa que cruzó por todo el cuerpo, haciendo evidente su preocupación. Con las manos sudorosas, la joven tragó saliva mientras desviaba la mirada de la amenazadora figura que se aproximaba a pasos lentos.

Ni siquiera el bombeo de su corazón disminuyó cuando Bellatrix hizo una pausa para escudriñar la tienda con la mirada.

—¿A qué huele? —preguntó la mayor. Olisqueó el aire una vez más.

Temiendo que fuera una pregunta trampa, Daphne no dijo nada y se mantuvo quieta en el sitio. Nunca en la vida había sentido con tanto detalle los músculos gracias a la tensión, pero no duraron en reaccionar cuando la gélida mirada de su mentora recayó en ella.

—He preparado la comida antes de ir a la reunión esta mañana, mi señora.

—¿Tú?

—Sí...Mi señora —susurró, girando sutilmente la cara en cuanto la mayor pasó cerca de ella al empezar a andar en círculos a su alrededor.

—¿Por qué no se lo pediste a los elfos?

—Los llamé, pero vinieron una hora después cuando ya lo tenía todo hecho, mi señora.

El silencio continuó estando presente unos segundos más mientras los ojos de color miel oscura de Bellatrix se mantenían en la melena dorada que caía como una cascada sobre la espalda. La nariz de Lestrange, en cambio, estaba dirigida hacia la cocina americana.

—¿Y qué has cocinado?

—Mmh... No tengo nada de experiencia en cocinar, así que he hecho lo que he podido con mi varita, un libro y tiempo. Empanada de Cornualles, mi señora —añadió rápidamente.

Bellatrix curvó sus labios en un gesto de aprobación.

—Huele demasiado dulce como para ser eso —sin discreción alguna, se dejó caer como un peso muerto en una butaca. Tamborileó sus dedos en los brazos del mueble.

—Será porque he tenido que cambiar la receta para ajustarla a mis recursos —liberó un largo suspiro de alivio, disimulado, al darse cuenta del cambio de humor de la temible mortífaga a la espera de su explicación. ¿De verdad que la única manera de calmar a aquella mujer era a través de la comida acompañada de una poción? Sintiéndose más confiada, habló como si estuviera contestando cualquier pregunta de clase—: En vez de cocer los ingredientes, he salteado la carne junto con huevos cocidos de ashwinder, nabos y cebolla. Seguramente los huevos son lo que le da ese olor tan dulce como si se tratara de miel.

La respiración se le cortó al percatarse que no había acabado con un "mi señora".

—Tráeme un plato.

—¿U-un plato, mi señora? —tartamudeó, sorprendida.

—Sí, va, lenta, un plato con un trozo de esa empanada.

—Pero... es una empanada pequeña, no puedo racionarla en dos partes, mi señora.

—Pues te has quedado sin comer, querida —sonrió, clavando el codo en el brazo de la butaca y apoyando la barbilla sobre la palma de su mano.

—Necesito la varita para-

—No necesitas nada. Si has tenido la suficiente estupidez como para ayudar a una traidora, la tienes para actuar como una muggle y hacerlo todo a mano.

Daphne asintió sin rechistar y fue directa a por la empanada en forma de media luna que yacía en la encimera cubierta por una campana de cristal y todavía caliente gracias a un hechizo. Con un débil suspiro de tristeza por no poder probar su propia creación, agarró el plato con dos dedos y regresó de nuevo al salón.

—¿Y los cubiertos? —se quejó, rodando los ojos.

La joven chasqueó la lengua para sí misma y no dudó en ir a por ellos una vez dejó el plato en las manos de Bellatrix.

Estaba dudando entre elegir los cubiertos de plata con el escudo de la familia Greengrass u otros dorados, cuando escuchó un audible crujido acompañado por un gemido de satisfacción y placer. Nada más voltear el cuerpo para saber qué había pasado, Daphne se encontró a una Bellatrix devorando la empanada con las manos. Prefirió acercarle los cubiertos, aunque no sirvió de nada puesto que, al llegar, Lestrange ya se estaba lamiendo los dedos a conciencia.

Daphne desvió la vista.

—¿Hay más? —demandó con un tono de voz ansioso.

—No, mi señora, sólo he hecho esa ración.

Bellatrix frunció el ceño sin dejar de mirarla.

—¿Eres una traidora, Greengrass? —espetó, mezclando amenaza y aburrimiento en sus palabras.

—¡No, mi señora! —al despistarse, se le escapó una mueca de disgusto—. Jamás traicionaría a mi familia.

—Entonces, ¿por qué ayudaste a Bulstrode? —apoyó la espalda en el mullido respaldo y empezó a jugar con sus rizos.

Pese a que la boca de Daphne se abría y cerraba, no salía ningún sonido de ella. Poco más tarde de dar una gran bocanada con la intención de agarrar valor, miró hacia arriba como si se dirigiera a Millicent.

—Porque... creí que... —para evitar mover las manos más de lo usual, decidió rascarse el dorso manteniéndolas detrás de su espalda—. Cuando Milli confió en mí me di cuenta que sólo yo sabría de su secreto y que sólo con destruir su diario podría evitar que su nombre se manchara... —al levantar la mirada se percató que no estaba convenciendo a su mentora—. Quería cumplir el último deseo de una amiga, mi señora. Como dije, no pensé que me traería tantos problemas.

—Arriesgarse tanto por amistad —se carcajeó, y su aplauso burlesco también acompañó a la frase—. Te creía más inteligente, Greengrass.

Daphne se mordió la lengua. Su mirada se endureció al no controlar su lenguaje corporal como solía.

—Ooh, ya la estoy viendo, ya —murmuró Bellatrix, inclinando el torso hacia adelante con los ojos achinados para ver mejor—. Ya comienzo a ver a la verdadera Greengrass.

—Fui criada para ambicionar lo mejor y para cuidar a las personas que confían en mí —respiró por la nariz—. La amistad no tiene por qué estar luchando contra la ambición.

—Y dicho esto, parece ser que no es la única vez que has traicionado a tu familia y sangre para ayudar a otros amigos traidores...

—¡NO! —vociferó, ofendida. Ni siquiera se acobardó lo más mínimo al presenciar el fruncimiento de labios de Lestrange—. ¡Sé perfectamente a quién soy fiel, y mi fami-!

—Si vuelves a levantar la voz... —amenazó, poniéndose de pie para intimidar con su presencia.

Aun así, Bella tuvo que levantar la barbilla para conectar las miradas puesto que era más baja que ella.

—Lo siento, pero odio cuando-

—¡Cállate, cállate! —espetó, moviendo la mano enfrente del rostro de la rubia y alejándose. Al llegar a la salida de la tienda, se giró—. Has tenido suerte de que el Señor no me haya dejado torturarte, porque si por mí fuera, ya estarías en el suelo atragantándote con tu sangre.

—Lo intuí cuando al entrar no me lanzó un crucio, mi señora.

No pudo morderse la lengua a tiempo antes de que esas palabras cargadas de ácido salieran de sus labios. Pero, sorprendentemente, Bellatrix no hizo ningún movimiento. Más bien, parecía que sus comisuras estuvieran alzadas un poco como si no quisiera sonreír.

La mayor de las mortífagas perdió tiempo al colocarse lentamente sus mitones largos de rejilla. Definitivamente, pensó Daphne, Lestrange se había tomado una poción calmante antes de venir. O dos. O tres.

—En nuestras tropas hay traidores, y alguien tuvo que ser el cabecilla que se encargó de borrarles la memoria. Alguien lo suficiente decidido y ambicioso como para enfrentarse a la furia del amo por un propósito.

La expresión que Daphne quiso mostrar era la de la confusión que sentía en esos momentos. ¿Quién se atrevía a arriesgar su vida por salvar a unos traidores? Pero, en su interior, una corriente cargada de nervios le cruzó el estómago y la espalda como si hubiera reconocido aquella descripción. Y, claro estaba, no iba a dejarle saber a la mujer de delante lo que acababa de sentir.

Aunque... estaba muy segura de que ella no había ayudado a nadie. Demonios, por lo menos lo recordaría, ¿no? Pese a que entendía la poca lógica en el pensamiento de Lestrange de que era ella el cerebro del grupo de traidores por el simple hecho de haber mantenido la mirada al Señor cuando ambicionaba la Marca.

—¿Y se sabe quién son los traidores, mi señora?

Bellatrix sonrió.

—Información confidencial, querida. Pero como parece ser que eres como la madre que se encarga de proteger la espalda de sus cachorros, yo de ti no dejaría descuidada la tuya.

Bellatrix apartó la tela que creaba la entrada a la tienda de campaña para salir de allí. Pasó un largo minuto donde los azulados ojos de Daphne se mantuvieron en el balanceo de la tela, incapaces siquiera de parpadear.

—¿Qué? ¿madre que protege a sus cachorros? —frunció el ceño. Giró la cara un poco para toparse con su propio reflejo en el espejo de pie que tenía—. ¿Se puede saber qué te has perdido, Daphne?


¡Nos leemos el sábado! :D