A partir de ahora sólo subiré los sábados ya que me cuesta estar tan pendiente de la historia y sacar tanto tiempo para ella.
(Si veis que no os vais a recordar de lo que sucedió en el cap anterior, lo volvéis a releer :P)
I wanna intimidate you
—¡Grangeeer, ya estoy en casa!
Hermione alzó la vista del cuenco de macedonia que estaba preparando y se lavó las manos frunciendo el ceño.
De mientras, Pansy depositó una carta doblada encima de la mesa, la cual ya estaba preparada para cenar, y se tiró de plancha en el sofá, exteriorizando un sonoro suspiro de satisfacción.
—¿Dónde has estado? Son las nueve y media de la noche —preguntó Hermione, secándose en un trapo así como andaba hacia ella.
—Eeemh —se rascó la frente intentando recordar—. Fui a la tienda de Daphne, bebimos una copa, después Draco y yo fuimos a la mansión, les pedimos a los elfos que nos hicieran la comida sobre la...¿una?, ni idea. En fin, que acabamos de nuevo en la tienda de D y entre un brindis por nosotros y por el mundo... Aunque D estaba rara, pero bebió más que ninguno —acabó riendo cuando varios recuerdos pasaron por su mente.
—¿Estás borracha?
—Ya no tanto, ¡aunque tengo aliento de menta gracias a los caramelos que nos dio Draco!
La Gryffindor bufó y, negando con la cabeza, regresó a la cocina.
—No estaba segura de si preparar la mesa para la cena... Podrías haber avisado de que no vendrías este mediodía, ha sobrado mucha sopa.
—Eh, eh, eh, calma —Parkinson se apoyó en el respaldo y puso los pies en el suelo para que la tienda dejara de dar vueltas—. ¿Avisarte? Eres mi sirvienta, no mi novia.
—¡Ja! Tu novia o no sigue sin gustarme perder el tiempo en cocinar para que después ni te presentes.
—Blablabla, Merlín, ¿cómo pude soportarte en Hogwarts?
—No tendrías que decirme lo que lees en mi mente, Parkinson.
—Shhht, trae la comida y shhhhhht.
Hermione agarró el cuenco y lo plantó sin cuidado en medio de la mesa, regalando miradas hastiadas a la Slytherin. Más tarde trajo una ensalada.
—¿Fruta?
—Macedonia.
—Frutas cortadas.
—Es el postre, Parkinson —se cruzó de brazos.
—Mmh, pues trae la cena, lenta. Por cierto, ¿alguna cosa de estas tiene veneno?
—El único veneno que hay en la tienda está dentro de ti.
—Uouoo, relájate, fiera, que estoy borracha pero mi corazón sigue teniendo sentimientos.
La Leona no contestó. Rodó los ojos y fue a buscar el plato principal. Cuando lo colocó enfrente de Pansy, frunció los labios ante la actitud desconfiada de la Slytherin.
—¿Qué es eso? —Pansy señaló el plato.
—Rollitos de tortilla con jamón y queso.
—¿Rollitos...? Yo lo describiría como revuelto de tortilla de jamón y queso.
—Ufff, ¿vas a quejarte de todo lo que he cocinado?
—Excepto de la ensalada, que sólo has puesto hojas de lechuga, tomate, olivas y no quiero saber qué son esas rodajas.
—Come lo que te dé la gana —espetó por lo bajo, partiendo en trozos los rollitos de su plato para probarlos.
La cena no se complicó más. Cada una iba a su ritmo y se ignoraron mutuamente hasta la hora de recoger.
—Ni siquiera me has hecho el favor de traerme algo para las heridas, ¿no? —echó en cara cuando llevaba los platos al fregadero.
—Ah, sí, ven acércate, Papa Noel te ha visitado este año.
—¿Sí?!
Hermione se acercó casi brincando. Quería hacer desaparecer de una vez por todas el constante dolor que sentía en el cuello. Se sentó al lado de Pansy y puso las manos entre sus rodillas, expectante.
—Era broma, ilusa —rió—. Que no, que no, deja ese cuchillo en la mesa, te estaba mintiendo, Granger. D-deja... ¡Deja! Merlín, qué miedo vivir contigo... Debe de estar todo encima de mi cama.
—¿Encima de...? ¿Te ríes de mí?
—Eeeheeh, le pedí a un elfo que fuera a comprar una poción y que la dejara ahí, así que me debes dinero.
—¿Cómo quieres que te lo devuelva si por ahora no tengo ni libertad?
Parkinson sonrió.
—Cuando entres al dormitorio, entenderás cómo puedes devolverlo.
Hermione se retiró sin parar de observarla extrañada y en alerta. Encima de la enorme cama hecha, pudo ver una poción de un cristal cuidadosamente adornado, un libro escrito en runas que provocó una sonrisa al pensar de que quizás Parkinson en el fondo era como la joven que escribió la carta, y también había...
—¡Parkinson!
La Slytherin viró su rostro a ella.
—¿Qué pasa? ¿No es de tu talla?
—¿Q-q-q-qué se supone que significa esto? ¿Qué demonios es?!
—Tu lencería sexy, Granger, o gatita, ¿cómo te llamo? —le sonrió de lado, burlándose de la supuesta historia de amor.
La Leona lanzó con ímpetu el picardías negro junto con el culotte de encaje, las medias y el liguero al sofá.
—No tiene ninguna gracia, Parkinson, deja de reírte.
—Es tu nuevo uniforme, ¿qué hay de malo en ello?
—¡¿Que qué hay de malo?!
—Maldita sea —golpeó el cojín con el puño cerrado—. ¡Sabía que te habría gustado mucho más si le hubiese dicho al elfo que te comprara unas bragas de corazones!
—¡No quiero nada de ropa interior!
—Pues devuélveme los veinticinco galeones que me ha costado, es de una calidad impecable digna de una sangre pura, que lo sepas.
Hermione sacudió la cabeza, notoriamente enfadada "Espera, si un galeón son 7.36 euros me tocan pagar... 184. ¡¿184?!"
—Devuélvelo a la tienda antes d-de que sea demasiado tarde.
—Granger, no seas tan corta de mente. Son prendas íntimas, no lo harán después de que haya pasado una noche y menos en una tienda tan cara.
La Gryffindor miró desesperada por la estancia en busca de ayuda. No le podía estar pasando aquello.
—¡No sonrías de esa forma, Parkinson!
—Sólo quería recordarte de que el libro ha valido nueve galeones y la poción doce.
—No pue... Cuando vuelva a casa te lo pagaré, si es que no morimos en esta maldita guerra —se tragó "mortífaga"
—Está bien, está bien. Empecemos la conversación de nuevo, ¿vale? Va, vuelve a la cocina.
Hermione obedeció, refunfuñando.
—Te toca empezar, Granger.
—Ni siquiera me has hecho el favor de traerme algo para las heridas, ¿no? —recitó como si tuviera las mismas ganas que ir a un castigo de Umbridge.
—Ah, sí, ven acércate, Papa Noel te ha visitado este año.
Hermione se acercó arrastrando los pies, se sentó al lado de Pansy y cruzó los brazos.
—Era broma, ilusa —rió falsamente—. Ahora viene cuando sujetas el cuchi...Bah, déjalo, aburrida —dijo, al presenciar la expresión de molestia—. Le pedí a un elfo que fuera a comprar una poción y la dejara ahí, así que me debes dinero.
Pansy le balanceó del hombro para incitarla a que dijera la línea clave.
—¿Cómo quieres que te lo devuelva si por ahora no tengo ni libertad?
Parkinson sonrió con más travesura que la vez anterior.
—Cuando entres al dormitorio, entenderás cómo puedes devolverlo —hizo una pausa señalando repetidas veces la lencería que estaba entre ellas como si Hermione fuera una niña con dificultad de aprendizaje— ¡Tacháaaan!
—¿Se lo has pedido al elfo mientras bebías en la tienda de Greengrass?
—Nop, mientras bebía no, más bien cuando ya iba por los suelos. Tranquila, cada uno estaba en su mundo, no se han enterado.
La Gryffindor atinó a negar con la cabeza con rapidez y en intervalos cortos.
—Venga, voy a ponerte un sueldo: por cada día que lo lleves puesto te descontaré un galeón.
—Ni en sueños, Parkinson.
Pansy hipó, atragantándose al intentar responder.
—Créeme que en sueños harías más que ponerte esa lencería, de por sí ya sería tu segunda piel.
—¡Calla!
Se lanzó sobre ella apretando con las manos el cuello de la Slytherin y procurando no presionar más de lo necesario. Parkinson continuó con las entrecortadas risotadas al tiempo que era sacudida y acabó por presionar el moratón de Hermione con la yema del índice. Ésta se apartó chillando de dolor, permitiendo a Pansy reír.
—Cuarenta y seis galeones me debes, Granger, y los quiero ya.
—¡Que no tengo aquí tanto dinero, pesada!
—En ese caso... —el liguero que lanzó se estampó en la cara de Hermione—. Gánate tu sueldo.
—Jamás, nunca, me verás con todo eso puesto.
—Pues te confisco la poción, ea —con un movimiento de varita, la tuvo entre sus dedos.
La Gryffindor la miró alarmada, pero mantuvo la compostura. "Vale, tranquila, Hermione, ¿Qué hacemos? ¿Le doy un puñetazo y me bebo la poción? Oh, buena idea" A la que intentó aproximarse a Pansy, una sacudida de varita la retuvo alejada de ella "Nuevo plan, rápido, piensa ¿y si...? Está todavía un poco achispada, ¿no? Podría... hacer... algo... Agh, no me se me ocurre nada. Piensa, va, eres buena en esto, maldita sea. ¿Y si intento dialogar con ella? Ugh, dialogar. Con Pansy Parkinson. Claro, y pedirle a Lestrange que me cante una nana"
—Ehmm, ¿por qué me chantajeas de tal forma? Estás obligándome a hacer algo que no quiero, es muy ruin, ¿lo sabías?
—Punto uno, aunque intentes cambiarme de idea en mi cabeza sigue estando en mayúsculas y en luces de neón "Granger en picardías es igual a cien puntos para Gryffindor". Punto dos, ¿ruin? Soy mortífaga, no estás aquí de vacaciones. Tres... mh, no tengo punto tres, ¿pero serviría que quiero verte vestida así? Aunque creo que ya lo he dicho ¿o no?
—¿Y si me lo pongo una vez y ya está?
—Mmmmmh —acarició su barbilla de forma teatral—. No. Llévalo durante una semana y quizás me lo piense.
—Un día, mi última oferta.
—Nah, cinco días. Y creo que me están dando ganas de tirar algo al suelo... —dejó caer, balanceando con dos dedos la poción.
—No nos precipitemos, eh... Es que... maldita sea, ¿tú sabes lo vergonzoso que sería ponérmelo? —Pansy se encogió de hombros como respuesta—. Qué me va a decir la que va en camisón transparente para dormir.
—Granger, cuanto antes te acostumbres más fácil será y tu novio lo agradecerá muchísimo. O novia.
—Nada de lo que has dicho ha sido reconfortante, Parkinson.
—Reduzco a dos días, dos días y todo olvidado.
—... No me lo puedo creer... —farfulló, ocultando el rostro entre sus manos.
—Y si te lo pones ahora, te doy ya mismo la poción.
La Gryffindor la miró con interés. Eso ya era otra cosa.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
—¿Y cómo me puedes asegurar que así será? No me fío, rechazo la oferta.
—Mmmh, ¿y si te doy la poción con la promesa de que te lo pondrás igualmente durante dos días?
—Hecho.
—Jura por ti, por Potter, tus padres y todo lo que representas.
—Pffff, ...lo juro por mí, por Harry, mis padres y todo lo que represento.
Parkinson entrecerró los ojos. Sin embargo, acabó por asentir y acercarle el lujoso frasco, observando cómo Hermione lo bebía sin esperar ni un segundo.
Ésta liberó un suspiro de satisfacción, descansando la espalda en el respaldo.
—Oh, mierda —bisbiseó Pansy, girando entre sus dedos el cristal ya vacío—. ¿Has leído la etiqueta? ¡El inútil del elfo se ha equivocado y ha comprado Amortentia!
La Gryffindor dio un tremendo salto, golpeando con la espinilla la mesa de centro y tirando los cubiertos.
—¿QUÉ?! —se agachó por el dolor del golpe.
Pansy alzó los brazos en un intento de calmarla.
—No pasa nada, que no cunda el pánico, lo más malo que puede ocurrir es que acabes en mi cama y te aseguro que malo, lo que se dice malo, malo, no sería.
—¡AAAAAAAAAAH!
—Woooow, que era broma, idiota. Mírate, los cardenales están desapareciendo. Y ahora, tu promesa.
—¿De verdad pensabas que me lo iba a poner?
—En realidad no, ya sabía que Hermione Granger era, después de todos los insultos, discusiones y problemas varios, una hipócrita.
—No vas a conseguir nada intentando hacerme sentir mal. Venga va, ves a la cama que ya estás dando cabezadas de sueño.
—Eh, eh, con la calma —hizo el esfuerzo de levantarse, volviendo a caer con un estrepitoso éxito—. Buff, demasiado cansada como para moverme...
Hermione bufó recogiendo los cubiertos y vasos de la mesa, regalando tiempo a Pansy para que probara un par de intentos más, pero ésta se quedó acurrucada por el cansancio. Cuando retiró el vaso de la Slytherin, bajo éste encontró una carta doblada.
—¿Qué es esto?
—Ah, es... lo había traído antes.
—Sí, eso está claro. ¿Es una carta de amor? —se burló, saturando el fregadero con los últimos objetos. Mañana ya se encargaría de lavarlos.
—Sí.
La Gryffindor caminó hacia ella, arrugando la nariz como si no pudiera creérselo. Se situó en el sillón cercano al sofá que ocupaba la mortífaga uniformada.
—Quién me iba a decir que tendrías un amor por ahí perdido —murmuró con aspereza.
—¿Celosa?
—Ni lo más mínimo.
—Mejor, no quiero discusiones sobre con quién me acuesto o dejo de acostarme.
—¿Qué? ¿Te acuestas con alguien?
—Es mi vida privada, no necesitas saberla para que continúes fregando platos —tapó su boca ante el bostezo y sujetó, sin apenas moverse del sitio, la carta—. Al ir a la mansión, Draco y yo fuimos a su habitación y ahí... En conclusión, acabamos por hechizar a una pluma para que pudiéramos darte lo que él sabía de nuestra situación ya que no nos fiábamos de lo que pudiera recordar más tarde.
—¿Y ahí qué paso? ¿A qué te referías con esa pausa? —preguntó Hermione, desconfiada y molesta.
—A ver, a ver, te estoy diciendo que Draco sabe algo de lo que nos ha pasado ¿y tú te interesas por esa pausa?
—Es sospechosa, no lo vas a negar —replicó, carraspeando y sentándose como un indio.
—Y seguirá siendo sospechosa y misteriosa, si vas a reaccionar así —de su garganta salió un ruido de mofa. Le pasó el papel y lo retiró en cuanto Hermione hizo el ademán de agarrarlo—. ¿Estás celosa, verdad?
—No.
—¿Seguro? ¿No te molestará si te comento que estoy saliendo con Draco, en ese caso? —volvió a apartar el papel de los dedos que deseaban capturarlo.
No obstante, no hizo falta haberlo retirado puesto que la mano de Hermione se mantuvo quieta en el aire sin producir el ademán de atraparlo. Parkinson alzó una ceja, dudando en si extrañarse o formar una expresión de "lo sabía".
—¿E-estás con él...?
—Venga, Granger, todos estaban seguros de que nosotros dos acabaríamos juntos.
La Leona frunció los labios por la irritación que sentía ¿que todos estaban seguros? ¡Seguro que todas esas personas no leyeron la carta ni vieron su fotografía!
—¿Cómo puedes decir semejante cosa después de leer la carta que quisiste regalarme?! ¡Tú sí que estabas segura de que vosotros dos no acabaríais juntos!
—¿Ah, no? —se divertía como nunca contemplando a una Granger roja por la rabia y que en ese momento se había levantado del asiento con ambos puños a cada lado de su cadera, encarándola.
—¡No!
—¿Y cuál es el motivo de tu enfurruñamiento?
—¡Pu-pues que seas su novia y te excuses con que "todos lo esperaban"! —representó las comas con aversión.
—¿Excusarme? Alguien se excusa cuando ha hecho algo que no debía.
—Tal vez así sea —el tono de sabelotodo se conjuntó con el cruzamiento de brazos y la expresión del rostro como si tuviera toda la razón del mundo.
Cambió a una de hastío al escuchar las carcajadas de la mortífaga.
—Por las barbas del viejo, Granger, no creía que fueras tan celosa.
—¡No estoy celosa, por tercera vez! Simplemente creo que es una idiotez salir con alguien por complacer a los demás y no estar con la persona que realmente amas, ¿de acuerdo?
—Ahá... —apoyó la mejilla en la palma de la mano, expectante a la siguiente reacción—: ¿y si te digo que lo amo?
—No me lo creería porque no es verdad.
Parkinson aporreó su rodilla ante las risotadas que la embargaban. ¡Oh, Merlín, merecía tanto la pena mentir por ver a la orgullosa come-libros actuar de esa manera!
—Oooh, vale, vale, así que... según tú, ¿a quién amo realmente?
Se mordió el labio observando con perspicacia y picardía la tremenda confusión y vergüenza que expresaba el rostro de Hermione.
—Según la carta-
—No, no, no, Granger, estoy preguntándote a ti, no a lo que leíste.
—Pues se supone que a mí ¿no? Antes de que te convirtieras en... —movió las manos, buscando una definición precisa—. Aunque está claro que he perdido el tiempo pensando en que podrías ser como la Parkinson que me escribió aquellas palabras tan bonitas... Ella sabía ver lo que había en mi interior, no como tú, que solo te gusta meterte conmigo.
Parkinson sonrió de lado y dio un par de palmadas en el espacio libre del sofá para que la Leona se sentara en él. Hermione se opuso con firmeza hasta que la Slytherin, al rodar los ojos, apartó su permanente expresión burlesca.
—Ven, acércate y hablemos como adultos. Esto es serio.
—Nada de burlas.
—De acuerdo.
—Ni de comentarios para reírte de mí.
—Que sí.
—Tampoco de tonterías para enfurecerme y molestarme.
—Hecho, ¿me pedirás que deje de respirar? Vale, vale, ya paro.
Los muelles del sofá se comprimieron por el nuevo peso que les tocaba sostener. Por costumbre, Hermione imitó su pose para protegerse del mundo exterior y echó un vistazo de reojo a la Slytherin, que apoyaba el codo en el reposabrazos, con las piernas cruzadas y el cuerpo ligeramente dirigido hacia su interlocutora.
—Antes de todo, ¿quieres saber qué nos ha pasado en Hogwarts?
—¿Qué pregunta es esa?
—Una educada.
—Pfff ¿Quieres decir que tú ya lo sabes?
—Así es, y me temo que estamos un poco... perdidas. Necesitamos tomar una decisión seria sobre el asunto.
—¿Por qué ha cambiado incluso tu voz? Me pone los pelos de punta tanta seriedad... —susurró, frunciendo las cejas.
—Porque es un tema muy serio. Ahora lo entenderás.
Hermione, inquieta, desdobló el trozo de pergamino encontrándose con una letra fina y espaciosa.
"El día que perdisteis la memoria fue el mismo que el de la batalla de Hogwarts. Daphne conocía el día exacto de cuando nuestros padres atacarían Hogwarts para atrapar a Potter pero no se lo dijo a ninguno de la Brigada. Supongo que decidió no decir nada de ello porque no confiaba en nuestras reacciones, quiero decir que yo... bueno, no es necesario contar mi historia, básicamente estaba de tu parte, y tú estabas enamorada de Granger. Si supieras la de cosas que hiciste por ella... No voy a mentirte diciéndote que siento un gran pesar, pero te diré que me sabe mal y es algo que, quieras que no, jode. Has olvidado más de la mitad de tu curso, prácticamente todo lo que te ha impulsado a... No sé cómo describirlo, quizás como lo que te ha impulsado a ser tú misma. Tú verdadera yo, Pansy, no me mires así, no es como comentarte que ella te ha cambiado o que has dejado de ser quién eras por ella, me refiero a que descubriste las capas que eran necesarias tirar a la basura para que pudieras fluir tal y como te gustaba. Nada de sentir presión por nuestras familias, ni la sociedad, nada de crear una máscara y actuar, nada de guardar los sentimientos. Ser uno mismo.
Como no hace falta decir que ambas perdíais el culo la una por la otra, que sepas que Daphne fue quien le borró la memoria a Granger. Te explico: En la batalla, cuando Granger se giró a nosotros, a sus espaldas se encontraba mi tía Bella dirigiéndose hacia ella un par de segundos después de desmayar a Katie Bell. No tuve elección, en el instante en el que vi a mi tía fijar la mirada en la espalda de Granger, supe que...que... o la asesinaban ahí mismo o la atrapaban descubriendo más tarde que tú eras una traidora. Daphne también se dio cuenta y sólo pudo enviarle un Obliviate justo antes de mi Desmaius para salvarla de mi tía.
Después de eso... Daphne se encargó de ti, pensando que era la mejor opción: Justo cuando los mortífagos atacaron el castillo, fuiste corriendo a subir las escaleras de la torre para ir a buscar a Granger a su Sala Común pero, ni te encontraste a Granger mientras subías las escaleras, ni la encontraste cuando llegaste arriba del todo. Detrás de ti vino Daphne, y ya aprovechó para borrarte la memoria.
Cuando tú y Di volvisteis de la torre del séptimo piso, ya no recordabais nada sobre las acciones que os tacharían de traidoras. Ni tú ni ella. Sólo queda decir que hubo otra persona más que hechizó a Daphne pero no tengo ni la menor idea de quién ha podido quedarse ahí arriba, esperándolas en plena batalla para borrar su memoria, lo cual es raro porque todo fue improvisado... Y tal y como es Di, tuvo que ser alguien de confianza para no ser descubierta... Un misterio que ni a día de hoy tengo alguna pista.
Hay un par de cosas más. Como sospechaste en su tienda, a Daphne le arañó un licántropo, fue sin querer mientras luchaba en el Gran Comedor pero lo suficiente como para ser infectada. Y lo otro es que el hechizo del Olvido tiene dos formas de ser revertido, la primera es mediante una larga y dolorosa tortura de años que sea capaz de derrumbar los muros del olvido, la segunda es a través de la persona que lanzó el hechizo ya que alberga los recuerdos que quitó. Y... Lo siento... Daphne está en la misma situación que vosotras... No te será posible recordar nada de lo que vivisteis, ni tú, ni Granger, ni Daphne. A no ser que encontréis al cómplice anónimo, pero si Di no se acuerda y nadie más sabe nada...
Sé que no pediste esto cuando estabas en Hogwarts, pero tampoco teníamos previsto que mi tía se interpusiera..."
Hermione fue bajando el pergamino hasta que sus manos descansaron en los muslos. Estuvieron en silencio varios minutos. Pansy se entretuvo con los hilos de su uniforme, echando vistazos por el rabillo del ojo a la Gryffindor que mantenía la atención en la mesa, ausente.
—¿De qué... de qué querías hablar? —susurró la Leona, sin volver del todo a la realidad.
—De lo nuestro...Verás —¿Por qué no podía hablar sin ir haciendo pausas?— es evidente para nosotras que nos atraemos, que tuvimos algo muy especial por lo poco que hemos descubierto y que tampoco fue un desastre. Pero... también tenemos por seguro de que volver a intentarlo es muy peligroso ahora mismo. Quiero decir, soy una mortífaga, estoy al mando de un grupo de búsqueda de Potter y los del Ejército, y tú eres una sangre sucia fiel a ellos. Si sospechan, ya nos podemos dar por perdidas porque desgraciadamente ninguna de las dos es imprescindible para los mortífagos ni esta guerra. Y, en fin, debemos de elegir qué hacer con esta historia.
—¿...Elegir...? —murmuró, viró la cabeza hacia ella sin mirarla directamente a los ojos—. ¿Qué propones tú?
La Slytherin dio una bocanada de aire profunda, desviando la mirada hacia el suelo.
Se encontraba entre utilizar aquella situación para acercarse más a Granger e ir completando la misión que debía de hacer o dejar de lado los mortífagos para conversar de verdad sobre su relación.
Y, si escogía la segunda opción, su respuesta era clara: No podía. No podía arriesgar su vida por un "quizás acabemos enamoradas como antes". No podía soportar la culpa de ser la segunda traidora en su familia otra vez. El hecho de seguir huyendo, tanto de los sentimientos como de los mortífagos si llegaban a intentarlo, era algo que no necesitaba en su vida, suficiente tenía con la actual.
No se negó a sí misma de querer conocer el motivo que la impulsó anteriormente a salir con Granger. Sin embargo, ya no eran los mismos tiempos, habían cambiado y, si el amor por la sabelotodo fue el verdadero motivo, desgraciadamente ella no sentía lo mismo.
—En quemar la foto y las cartas, bebernos una poción del Olvido y cada una seguir con lo que nos depare —suspiró Parkinson.
Pero la Slytherin sabía que ese plan no era válido porque ya tenía una misión por hacer y los recuerdos debían de seguir intactos para completarla. Aunque, en esos momentos, no le apetecía nada seguir con esa farsa.
—¿Cuándo descubriste que te sentías atraída por mí?
Pansy se sorprendió por la pregunta.
—Ehm, pues...Buena pregunta.
—Yo desde la primera vez que te vi en el campamento, la cual ni siquiera sabía que eras tú porque llevabas el mismo uniforme que ahora y tu atención se perdía en el cielo nocturno. ¿Sabes qué significa eso, Parkinson? —clavó sus pupilas en las de ella—. Que por mucha magia que utilicemos para huir de lo que sentimos, seguirá siendo un bucle en el que caeremos una y otra vez. Nos han borrado la memoria, y sin buscarlo, hemos vuelto reunirnos, ¿no te das cuenta?
Pansy asintió con lentitud, aceptando el hecho y expulsando aire por la nariz.
—La atracción sexual no tiene por qué llegar a convertirse en amor. Creí que lo sabías, Granger.
—P-pero ésta sí, tenemos pruebas, ¿o no?
—¡Pruebas que hay que eliminar si no queremos que nos maten!
El grito provocó una orgullosa reacción en la Gryffindor.
—¡¿Dónde está la Parkinson que se enfrentó a la mismísima Lestrange?! ¿Y la que fue capaz de seguirme sabiendo que podría acabar muerta, que no le importaba lo que dijeran de ella por estar enamorada de mí?! ¿POR QUÉ ERES UNA MALDITA COBARDE?!
—Eh, eh, relax, Granger —intentó calmarla pero un manotazo la apartó.
Observó atónita a la Gryffindor que se había levantado y que se encontraba enfrente de ella sacudiendo los brazos al aire.
—¿De qué vas? Esto —gruñó Hermione, casi amenazando. Encerró en un puño la lencería— es otra prueba de lo imbécil e hipócrita que puedes llegar a ser. ¿Para qué querías que me lo pusiera?! ¿Eh?! ¡Dime lo imbécil que eres!
Pansy se levantó al sentirse amenazada por el huracán que no paraba de chillar. La encaró con la mejor expresión y pose que un Slytherin era capaz de hacer.
—¿Sabes qué te pasa a ti?! ¡Que proyectas en mí una imagen demasiado idealista creyendo que puedo llegar a ser la idiota que te escribió la carta! Pues tengo malas noticias para ti, sabionda. Ni hemos pasado por lo mismo, ni me acuerdo qué pasó, ni estoy enamorada de ti y tampoco quiero arriesgar mi vida por alguien que me grita. Así que aguántate tus celos por pensar que seguimos debiéndonos fidelidad, trágate tus absurdos ideales y continúa siendo la Granger que quiere enterrarme viva y no la que quiere gestos románticos y cursis. Soy Pansy Parkinson, maldita sea, ¿es que ves una puta foto y ya olvidas todo lo que te hice? ¡Soy una mortífaga y tú una sangre sucia, por las barbas de Merlín!
A diferencia de la reacción que esperaba, sólo vio a Hermione con los ojos cerrados y señalando el dormitorio. Sin decir nada, Pansy siguió el camino que indicaba su enemiga y corrió las cortinas una vez estuvo dentro de él.
La mortífaga se tiró sobre el colchón profiriendo un ruido gutural. Podría haber pensado en la misión antes de haber soltado ese discurso, o, sino, haber pensado en salvar su pellejo de los futuros Crucio de Lestrange.
Os recuerdo que sólo subiré los sábados ^^ Que tengáis un buen finde!
