Adiós, Parkinson

Hermione nunca fue de siestas. Tardaba tanto en dormirse por culpa de imaginar historias en su cabeza o de pensar en sus asuntos que cuando se daba cuenta ya era la hora de despertarse. No obstante, aquella ocasión pudo visitar el mundo de los sueños al cabo de poco más de diez minutos gracias a la acompasada respiración que lograba oír si se concentraba mucho en ella y del brazo protector que descansaba sobre su cintura. Cuando se giró por última vez antes de dormirse por completo, se puso boca arriba y contempló de reojo la figura perfilada por la escasa claridad que conseguía entrar a través de las paredes de tela.

(…)

La Gryffindor se despertó más cansada que antes. Serían las ocho de la tarde, unas tres horas más tarde de lo previsto. Todavía adormilada y con las neuronas desconectadas, se frotó los ojos y parpadeó varias veces con una expresión de cansancio e inocencia al ver que se habían movido durante aquellas horas.

Hermione se mantenía boca arriba con las piernas más separadas entre sí y con una mano reposando cerca de su propia cara, Pansy, en cambio, estaba acurrucada sobre el pecho de Hermione con los dedos de la mano que antes encarcelaba la cintura acomodados entre los bucles castaños, y la pierna presionando el resto del cuerpo y entrelazándose con las de su compañera.

La Slytherin se agarraba a ella como si fuera un oso de peluche y aquello la confundía aún más. Nunca se podría haber imaginado a la cabrona de Parkinson en ese estado tan tierno.

Hermione le retiró el flequillo con las yemas de los dedos ¿tiempo atrás también la tuvo de esta manera? ¿pudo contemplar a una Parkinson dócil, respirando en su clavícula, haciendo balbuceos entre sueños...? ¿cuáles serían sus momentos preferidos cuando poseía memoria? ¿despertarse junto a ella? ¿los momentos románticos? ¿las discusiones? ¿las reconciliaciones...?

Se le cortó la respiración, avergonzada de preguntarse si en verdad acabaron haciéndolo en Hogwarts.

Sus pensamientos cambiaron de rumbo nada más ver pasar por delante de sus pupilas la mano de Pansy, que reposaba a un lado de la cabeza de la Leona, yendo directa a frotar los ojos de la joven que también acababa de despertar.

—Buenos días o tardes —saludó Hermione.

Esbozó una sonrisa al presenciar la expresión perdida e inocente de su compañera de cama que observaba su alrededor con el interés de un niño.

—Mhnos días —farfulló, parpadeando con lentitud. Miró la zona donde había estado apoyando la cabeza.

—La próxima vez no estaría mal que durmieras en la almohada.

—Mi almohada no es tan cómoda como tu pecho, es muy blando —recibió un manotazo al querer tocarlo con una mano y reaccionó acurrucándose en él con un quejido infantil.

—En fin, ¿has dormido bien? —suspiró Hermione.

—Mhmh.

— ¿Tienes hambre? ¿Quieres cenar ya?

—Mhmh.

A la que intentó levantarse, el posesivo brazo de Pansy rodeó su cintura.

—Creía que tenías hambre —el tono de queja se mezcló con su risa entre dientes.

—Sí, de ti.

—Oh, vamos, Parkinson, tendrás que hacerlo mucho mejor.

Hermione levantó el torso para sentarse sobre el colchón y poder desprenderse con más facilidad de los brazos que la encarcelaban por la cintura. Pero sin mucho éxito. Incluso aunque se moviera con la intención de llegar al borde de la cama, Pansy se mantuvo sujeta con fuerza, siendo arrastrada mientras hacía quejidos infantiles durante el trayecto.

Una vez se puso Hermione los pies sobre el suelo, miró con gracia el cuerpo estirado boca abajo con la cara aplastada contra las sábanas. Todavía se podían escuchar ruidos ininteligibles.

—Llegarás tarde a la misión si te entretienes mucho, va, levanta.

Pansy pataleó y se dejó caer en el suelo como si no tuviera energía.

—Llévame en brazos hasta el sofá...

—Sí, claro, ¿y qué más? —ironizó, tirándola del brazo con esfuerzo y sin éxito.

—Mmh, un or-

—Ni se te ocurra decirlo.

—...gasmo.

—Idiota —le envió una mirada hastiada.

—Sí, pero tu idiota preferida.

Después de bufar, Hermione soltó el brazo y se dirigió a paso ligero hacia la cocina. Pansy continuó varios segundos tumbada hasta que decidió levantarse y arrastrar los pies estirando los brazos y bostezando.

—¿Qué hay para cenar? —preguntó, dejándose caer en el sillón con un ruido seco.

—¿Te apetece algo en especial? No, yo no estoy en el menú —añadió al ver que la Slytherin iba a contestar con una sonrisa de lado en el rostro.

Beh, ¿revuelto de tortilla con jamón y queso?

—Tampoco estaban tan mal hechos —replicó, con cierta irritación.

—Tampoco yo los llamaría rollitos.

—¿Quieres eso o no?

—¿Se tardará menos de media hora en prepararlos y cenar?

—Pues... no estoy muy segura, ¿por qué?

—Porque dentro de media hora tengo que estar en la tienda de Daphne para irme.

Pansy se rascó el cuello, ignorando las quejas de Hermione por obligarla a cocinar deprisa, y caminó de nuevo hacia el dormitorio a vestirse. No sin antes de repasar el cuerpo de la Gryffindor que continuaba con el picardías puesto y parecía un huracán rebuscando entre los cajones y armarios empotrados.

La mortífaga tardó menos de diez minutos en prepararse por completo y su criada en cocinar y preparar la mesa, cenando en un tiempo récord.

—Hey, ¿y mi libro?

Justo una décima de segundo después de que Parkinson se colocara la oscura capucha dispuesta a cruzar la salida de la tienda de campaña, Granger se acercó por su espalda con el libro estrechándolo contra el pecho.

—Punto uno —desenfundó la varita y apuntó a un plato que se convirtió en una espada de acero—, si yo no vuelvo, ahí tienes a tu nueva dueña. Punto dos, si vuelve Theo, le presentas la hoja de la espada y se la incrustas en sus partes bajas. Punto tres, voy a dejarte la puerta abierta así que ponte ese vestido beige, ni de coña quiero que alguien entre por casualidad y te vea así.

—Muy bien, sí, ¿lo desencantas ya?

Con un seco gesto, se oyó un clic y Hermione lo abrió para comprobarlo. Liberó un chillido de alegría y se fue brincando hacia el sofá, donde se tiró de espaldas y no tardó ni tres segundos en perderse entre las líneas.

Pansy se cubrió la sonrisa con sus guantes de cuero y retiró la tela de la entrada.

—Cuídate, sé que vas a poner tu vida en peligro en esta misión y...

La mortífaga volteó la cabeza.

—No creas que te vas a liberar tan fácilmente de mí, regresaré para seguir molestándote aunque me falten las dos piernas.

—Vaya, ¿ahora me vas a prometer que volverás incluso del más allá para seguirme fastidiando?

—Palabra de Pansy Parkinson. Y que no se te pase por la cabeza no seguir odiándome si ocurre, Granger.

—Que sepas que ya te odio con todo mi amor, Parkinson.

Pansy negó con la cabeza, evitando reír a carcajadas, y cruzó la salida. Vaya relación más rara que compartían.

-0-

—¿Alguna pregunta? ¿Han quedado claras vuestras posiciones y movimientos? ¿Cuándo actuar y cuándo no? —Daphne repasó uno a uno a los veinte mortífagos que se mantenían de pie como soldados dispuestos a matar hasta el más inocente de los enemigos—. Eso espero, no quiero tener que matar a uno de vosotros por no lavarse los oídos.

Volteó sobre sí misma y se dirigió al florero azul que se encontraba encima de la mesa. Pansy y Draco se enviaron miradas disimuladas, desacostumbrados a escuchar el tono tan seco de su amiga.

—Señor Malfoy, señorita Parkinson, adelante —dejó vía libre para que ambos actuaran.

Desde un principio acordaron llamarse por su apellido para que los subordinados los imitaran, no querían perder respeto por el simple hecho de ser más jóvenes que la mayoría de ellos.

—Mi grupo ¡Portus! —Draco alzó la voz y apuntó al florero para convertirlo en un traslador.

—Uhm, yo tengo una pregunta, ¿por qué utilizar un traslador cuando podemos Aparecernos?

—Porque quizás no sea la mejor opción para pasar desapercibidos que aparezcan veintiuna personas a la vez, y sin que la gran mayoría sepa controlar la Aparición. Adelante.

Uno a uno, los mortífagos tocaron el jarrón. Pansy guió a los suyos de la misma manera, encantando un libro y, por último, Daphne.

(…)

A pesar de tener los tres grupos en diferentes posiciones custodiando el camino donde aparecería Potter, Pansy supo de inmediato que algo no iba bien. Y lo afirmó en cuanto distinguieron en la cúpula nocturna el hechizo de Daphne que daba la señal para atacar, y Pansy ordenó a su grupo que se dirigiera hacia el camino donde cinco figuras aparecieron segundos atrás.

Con todos atacando a los enemigos, por el rabillo del ojo, Parkinson percibió un movimiento en los bosques de donde habían venido.

En menos de un minuto, se vio envuelta en una batalla campal. Veinte enemigos aparecieron rodeándolos. Era una maldita emboscada hacia ellos y nadie se había dado cuenta hasta que ella misma lo gritó en alto. Esa acción confundió a los mortífagos. Daphne continuaba inmersa en la ambición de atrapar a Potter, ignorando los cuerpos caídos de sus aliados al mismo tiempo que Pansy se protegía de los hechizos que llevaban su nombre.

Centenares de luces cruzaban de una punta a otra del camino, cegando a los individuos de ambos bandos. La oscuridad dificultaba distinguir quién era enemigo y quién no hasta que veían las maldiciones y hechizos dirigiéndose hacia ellos mismos. Para más inri, el bando contrario llevaba puesto un uniforme parecido, seguramente premeditado.

Pansy necesitó hacer una pausa mental y física. Se tiró al suelo, cayendo alrededor de varios cuerpos inertes, con el deseo de pasar desapercibida. Justo fue en ese momento cuando discernió, entre los flashes de luces de distintos colores, a Malfoy luchar con ferocidad. Parkinson frunció el ceño nada más presenciar el rostro del enemigo que Draco había atacado. No era un enemigo, era uno de sus propios subordinados mortífagos y, en cuestión de segundos, las víctimas fueron aumentando en número.

¡¿Draco los estaba traicionando?!

Se impulsó con fuerza con el objetivo de aplacar a su amigo, o enemigo en ese caso, y rezar por poder tener tiempo de lanzar una maldición. Pero en medio del sprint un hechizo le dio en el costado, tirándola al suelo y golpeándose la cabeza contra otra de un cadáver.

Las luces dejaron de iluminar, los gritos se transformaron en silencio y, para su desgracia, ni su voz mental pudo escuchar. Ni a Daphne gritando su nombre.

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Tengo miedo, Pansy...

¿Por qué? Te protegería, pasara lo que pasara. Además, tú eres más buena que yo en duelos, estarías bien.

No tendría miedo a morir, tendría miedo a perderte.

No sé cuántas veces te habrán dicho a lo largo de los años de que tendrías que ordenar tus prioridades.

¡Idiota...!

Hermione parpadeó varias veces por el recuerdo. Descansó la mirada del libro, incapaz de seguir en el mundo que le proporcionaban las letras.

¿Qué...? ¿qué había sido eso? Con el corazón encogido sin motivo, situó los pies sobre el suelo, sentándose en el sofá con lentitud. Jamás en la vida había dudado de su intuición y bien sabía que aquello era lo que le había ayudado a vivir a pesar de todos los peligros. Con el ceño fruncido, puso atención a los sonidos del exterior. Se escuchaba la tierra siendo presionada por pasos rápidos y, lo más extraño, era que parecían provenir de diferentes personas. Demasiada actividad como para que se tratara de una situación normal.

Hermione empuñó la espada y asomó la cabeza fuera de la tienda. Cerca de la entrada de metal del campamento pudo ver a distintos mortífagos salir corriendo de allí y corriendo hacia la mansión, ¿una reunión de última hora? ¿no estaba la mayoría en la importante misión que decía Parkinson?

Ni dos segundos fueron necesarios para sentenciar, con un decidido asentimiento de cabeza, que necesitaba hacer las maletas ya mismo. Fue al dormitorio, lanzó el arma sobre el colchón y sacó del armario la maleta de Pansy. La abrió y metió un par de faldas y corsés puesto que el vestido que llevaba era de una tela muy fina para soportar el frío de la madrugada que estaba por venir.

Escudriñó a su alrededor en busca de más objetos. Sin embargo, creyó que la mejor opción era mantener el equipaje lo más ligero posible. Era una fugitiva, después de todo, su prioridad estaba en huir lo más rápido y lejos posible.

—¿Vas a algún sitio?

Granger dio un brinco y apretó sus manos contra el pecho. Theodore Nott la observaba apoyado en la puerta del armario con una expresión que no le gustaba nada.

—E-estaba preparando la maleta de Pa- mi ama, me dijo que se iría un par de días con sus padres en cuanto pudiera.

—En ese caso... —apartó la maleta con el pie, situándola bajo la cama—, no hace falta.

Hermione gesticuló sin disimulo su confusión e imitó los pasos hacia atrás que daba Nott en su dirección. Notó el sudor de su frente al instante en el que el mortífago sonreía con malicia.

—Pansy ha muerto.

Jamás en la vida había experimentado por únicamente tres palabras cómo su mirada se doblaba, borrosa, haciendo imposible el hecho de mantener los ojos fijos en un punto. No era como desmayarse, sentía sus piernas rectas como piedras, inmóviles, y clavadas en el suelo logrando mantener el cuerpo recto y sin caerse. Lo siguiente que sintió, fue el zumbido acompañado por un pitido agudo.

Al final, necesitó el apoyo del armario para volver a recuperar la energía que le había abandonado. Con el rostro dirigido a Nott, boqueó con lentitud. Tan tensos estaban los músculos de su cara, que ni siquiera estaba notando cómo los lagrimales comenzaban a humedecerse.

—¿Qué? —su voz se le rasgó.

Theodore puso los ojos en blanco. Y la primera lágrima de Hermione lamió su mejilla hasta caer al suelo.

—Pansy Parkinson ha muerto. Fue tan idiota de ir a una misión no oficial con Daphne y Draco para capturar supuestamente a Potter, y todos han muerto en una emboscada —se encogió de hombros, sonriendo—. Los más estúpidos y temerarios mueren antes, pero qué le voy a decir a la Gryffindor que ha ido viendo cómo la valentía se llevaba la vida de sus conocidos, ¿eh?

Hermione no parpadeó ni un segundo. Continuó estática en el lugar con los ojos abiertos y los labios separados. Ni siquiera sabía qué sentir, ni cómo reaccionar. Muy lentamente, fue levantando las manos para cubrirse la cara. Ahí fue cuando palpó con la yema de sus dedos las lágrimas que no habían dejado de caer, y de las que ahora era consciente. ¿Desde cuándo estaba llorando? ¿desde cuándo deseaba ver aparecer a la fanfarrona Slytherin por la entrada de la habitación con su estúpida sonrisa? No era tan fácil que Parkinson la abandonara de esta manera. Incluso recordaba que alguien le había dicho que la mala hierba nunca moría, ¿fue Parkinson quien lo comentó, verdad? Sí, eso parecía. Recordaba que la Slytherin era la primera en reírse de todos, pero también de sí misma.

Ignorante del temblor de todo su cuerpo, sollozó al sentir la presencia de Theodore más cercana a ella. No dejó de cubrirse el rostro ni cuando el mago la agarró de la cintura y la constriñó contra la suya.

—No hace falta decir quién es tu nuevo amo, ¿verdad, Granger? Siempre has sido una chica muy lista.

Notó la creciente palpitación en Theodore, pero no le importó. Tenía suficiente con evitar derrumbarse ahí mismo. Merlín, estaba tan conmocionada que no podía hacer ningún ruido. Su cara seguía reflejando la misma expresión de sorpresa y confusión de cuando recibió la noticia. La única diferencia eran las lágrimas que no tenían pudor alguno en empapar las mejillas.

—Supongo que Pansy te trataba bien, después de todo —comentó al ver el estado de la Gryffindor—. Oye, Granger, no es mi culpa que seas una sangre sucia, así que tampoco hace falta que lo pagues conmigo llorando todo el rato. Venga, vamos a mi tienda.

Se dejó arrastrar por la garra de hierro que sujetaba su muñeca y fue cuando la vio. Su atención se posó en la Pansy de la fotografía, saludándola junto con Malfoy. Su corazón dio un palpito de tal calibre que decidió parar de caminar.

—¿Puedo llevarme una cosa?

—Nada de trucos, eh.

—No... puedo asegurarte que hace tiempo que dejé de creer en la magia...

Caminó lentamente hasta situarse frente al marco y lo alzó. Repasó las líneas que dibujaban la figura de la Slytherin a medida que su ceño iba frunciéndose.

"Maldita seas, Parkinson, hasta tu ausencia sigue recordándome lo irritante que puedes llegar a ser" Su voz interna no podía ni imitar el tono que siempre utilizaba para meterse con la Slytherin "... Por primera vez en mi vida quiero que de verdad me demuestres que eres una mujer de palabra. Por favor... cuando saliste de la tienda sabías perfectamente que te esperaría aquí. ¡Lo sabías!"

-0-

—Se llama Daphne Greengrass, líder del segundo grupo de búsqueda. Y estás dos varitas son de ella y de Pansy Parkinson. Deduzco que preferís guardarlas.

Escuchó la voz de Draco amortiguada por un pitido constante dentro de la cabeza. Abrió los ojos, peleándose con la claridad del lugar por lo que parecía provenir de una chimenea más alejada de ella.

Entrecerrando los párpados, escudriñó la estancia. Se encontraba en un salón o similar, habían menos de diez personas, cada una ocupada en alguna acción como estar simplemente mirando ausente por la ventana, sentados en los sofás o atizando las brasas de la chimenea, conversando alrededor de una mesa redonda...

Nadie paraba atención a su propia figura, ninguna silueta comprobaba si había despertado, aunque notaba que tenía las manos atadas y estaba sentada en el suelo. Todavía con la visión cansada, captó por el rabillo del ojo unas hebras de pelo rojizo. El pitido dejó de oírlo.

Antes de poder preguntarse siquiera quién era, una suave caricia le retiró el cabello que se encontraba pegado contra su cuello por la sangre seca.

—¿Te encuentras bien?

El susurro provocó una tenue y corta respiración. Reconocía a la dueña de las cuerdas vocales de la que provenía esa voz. Y tanto que la conocía. Ése timbre en cuestión originó una electricidad que viajó desde la coronilla hasta los pies, una vez, dos veces e incluso tres. Por el mismísimo Salazar Slytherin... ¿por qué podía reconocerla de esa manera? ¡NO DEBÍA!

—Bienvenida de nuevo al mundo real, Greengrass.

—¡Acordamos con que no me devolverías la memoria!

—Pues te jodes, era necesario para que confiaran en ti, un poco, al menos.

—Me da igual si confían o no, ¿sabes lo que significa que me acuerde de todo?

—Sí, que no podrás volver a la mansión de los Malfoy.

—¡¿Y por qué demon-?! —continuó quejándose a pesar de la mano que apresaba su boca.

—Porque no podrás volver a la mansión, como bien he dicho. Siento si te hemos jodido tus planes, pero sólo buscábamos a Hermione —apartó la palma. Quizás no era el momento de admitir que se aliviaba de ver a la distinguida rubia a salvo.

—¿Granger? ¿En qué parte del plan de emboscar a unos mortífagos en plena misión entra ella?

—Pues en alejar al máximo número de mortífagos del campamento, en especial a Parkinson. Gracias a Malfoy estábamos al tanto de que Hermione se encontraba en su tienda y que Parkinson no cooperaría con facilidad, aunque eso ya lo sabíamos. Y según contó Malfoy, estabais en peligro de muerte porque Quién-Tú-Sabes y Lestrange sabían de la traición de Parkinson así que decidió apartaros de la mansión. Esto último me lo dijo a mí, no a los adultos.

—Draco... ¿ha podido contactar con vosotros pese a todo?

—Así es, increíble, ¿eh? Quién iba a decir que al final se mantendría en mi bando. Pero sí, él se ha encargado de irnos dando información aprovechando que, gracias a su posición social y familiar, no utilizarían Legeremancia en él.

Daphne dirigió su mirada al joven rubio uniformado que se encontraba de espaldas, apoyando las palmas en la mesa redonda y señalando de vez en cuando los papeles posados encima del mueble. Los adultos alrededor de él, el antiguo profesor Lupin y Alastor Moody, asentían seriamente en cada frase que decía.

—Potter debe de ser muy bueno en la cama —siseó Daphne, sintiéndose traicionada por su compañero de Casa.

—Ooh, ¿envidiosa de que los adultos le hagan caso a él? —Greengrass la miró atónita—. Sí, sé muy bien que estabas siendo apartada de los planes y, por lo poco que te conozco, es una de las situaciones que no puede soportar tu ego.

—Qué sabrás.

—Por ahora, mucho más que tú en todo.

La traviesa sonrisa de Ginny le afectó más que cualquier cosa. Agachó la cabeza, derrotada por los sentimientos.

—¿Y Pansy? —preguntó, alzando el rostro en un instante.

El rostro de la menor se transformó de inmediato.

—Ah, sí, debo de llevarte al segundo pis-

—¿Y Pansy? —repitió con más énfasis—. La he visto caer en la batalla, ¿dónde está?

Ginny se rascó la cabeza, y acabó desequilibrándose al intentar dar un paso atrás todavía de cuclillas por el inútil gesto que hizo Daphne de levantarse.

—Ella está bien —dijo al fin. Dejó que Greengrass liberara un largo suspiro de alivio—, pero inconsciente porque Lupin utilizó un Desmaius contra ella y se golpeó la cabeza. Mamá ha ido ahora a darle un par de gotas de poción Herbovitalizante para que despierte antes. Tranquila, tu mejor amiga pronto volverá a sacarme de quicio.

A pesar de que Daphne no deseaba sonreír para dar a entender que estaba molesta, no pudo resistirse a la risa encantadora de Ginny. Lentamente, sin darse cuenta, sus facciones se relajaron y, con ellas, su punto de vista comenzó a cambiar; ya no hacía falta enseñar los dientes como hacía antes para protegerse. Ya se sentía protegida de por sí por el cálido y familiar ambiente que creaba la pequeña de los Weasley fuera donde fuera.

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Con el rabillo del ojo, Hermione vigiló los movimientos de Nott, quien estaba curioseando por el salón. Destapó la tapa trasera del marco y dio una bocanada de aire profunda antes de examinar la fotografía de ambas.

Ahí estaba. Ahí estaba la mirada que deseaba volver a ver algún día, ver el amor a través de ella. Qué ilusa se sentía ahora mismo.

Como si hubiera un megáfono plantado en el oído, su valentía resonó con el timbrado de voz de Pansy.
"¿Te vas a rendir ahora?! ¿Después de todo lo que has vivido? ¿En serio he tenido razón durante todos estos años cuando te llamaba idiota? ¡VAMOS, GRANGER!"

—¿Ya estás, Granger? —se escuchó a lo lejos.

—Un momento —vociferó.

No necesitaba a ninguna Parkinson para recordar quién era, ella misma lo sabía muy bien por sí sola.

Agarró la espada y se adentró en el salón, se colocó tras la espalda de Theodore mientras él escudriñaba el libro de runas y, con un golpe seco, golpeó la cabeza del mortífago con la empuñadura.

Se retiró en cuanto cayó en la cuenta de que éste no se había desmayado. Esquivó un hechizo lanzándose detrás del sofá, pero el segundo la ató de pies a cabeza.

—¡Maldita asquerosa sangre sucia! ¿Confío en ti y de esta forma me lo agradeces? —retiró la mano que cubría su cabeza y examinó con asco la sangre—. Te vas a arrepentir de esto toda tu vida, o las semanas que dures conmigo.

—Dobby no está contento con el joven Nott, no, no, nada contento.

Un chasquido de dedos hizo volar la varita por los aires.

—¡Dobby! Oh, Merlín, no sabes cuánto me alegro de verte.

—Buenas noches, señorita Granger, Dobby siente mucho haber tardado, Dobby quería ayudar a llevar a los rehenes —con otro chasquido, las cuerdas que capturaban a la maga se aflojaron.

Theodore se lanzó al suelo en un intento de recuperar la varita, pero ésta flotó hasta las manos de Hermione. Inmediatamente, apuntó al joven.

Jaulío.

Una jaula se construyó alrededor de Nott, imposibilitando acción alguna por su parte. Hermione lanzó la varita por la estancia.

—Señorita Granger, Dobby debe d-

—Hermione, Hermione, ¿cuántas veces te lo tendré que repetir?

—Dobby debe de llevar a la señorita Hermione con los demás. La están esperando.

—¿Los demás?

—Dobby piensa que es mejor no hablar con un enemigo escuchando.

—Claro, tienes razón. Muy buen trabajo, Dobby.

Sabía que valorar el trabajo de los elfos era la mejor forma de agradecer sus esfuerzos. El aplauso que hizo Dobby junto con el baile mientras seguía flotando, se lo afirmaron. Quemó la carta donde Draco explicaba lo que pasó en Hogwarts y guardó dentro del libro de runas su fotografía con Pansy y la carta de amor.

Dobby desapareció y apareció varios segundos enfrente de la Leona, provocando en Hermione una exclamación de júbilo al ver su propia varita. Seguramente estaba escondida en la mansión de los Malfoy.

Sujetó la mano del elfo y se vio inmersa en un túnel.

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Lo primero que discernió fue a las seis personas en aquel salón. Lo segundo, que con ellas no se encontraba Pansy. Antes de poder dar un paso, recibió un tremendo abrazo de Molly Weasley que se abalanzó a ella, levantándose del sofá junto con su marido. Esbozó una sonrisa, procurando aplacar la preocupación que se reflejaba en su rostro aunque no pareció dar buen resultado. Tonks la saludó con efusividad, al igual que Lupin. Alzó la mano en señal de saludo a Alastor y a... ¿Malfoy? Recordó que en la carta les decía que estaba de su parte.

—¿Cómo es que hay tan poca gente? —inquirió, avergonzada por los comentarios de Molly sobre el harapiento vestido.

—Los demás están en casa de Bill y Fleur o en Grimmauld Place, querida. Necesitamos estar separados para evitar caer todos a la vez, si atacan. ¿Quieres que te prepare algo para comer? Por supuesto que sí, deben de haberte mantenido muy mal alimentada, qué vergüenza, ¿y se creen superiores a los demás?

—E-en realidad no tengo hambre, me han cuidado bien, bueno, me ha cuidado...

—Oh, cariño, no me puedo ni imaginar el miedo que debiste pasar... Ven, le diré a Ginny que te enseñe tu cuarto. Es una casa amplia capaz de albergar varios invitados a la vez, no tendrás problemas de espacio, tranquila.

—¿De quién es?

—De Perseus Parkinson y su adorable esposa, estoy segura de que os llevaréis de maravilla. Ella tiene una biblioteca en el tercer piso ya que le encanta leer, más tarde le puedes pedir que te la muestre.

—Uhm, tengo preguntas y... —tartamudeó al ser arrastrada por Molly hacia el segundo piso—. Necesito escribirle a mis padres, por favor, necesito saber si están bien.

—Tus padres saben que estás a salvo, yo misma me encargué hace poco de explicarles que regresarías. Debes de entender que están en peligro y ellos comprenden que apenas podáis mantener contacto.

—¿Están bien? ¿Los mortífagos no irán a por ellos ahora que he escapado, verdad?

—No te preocupes, se encuentran protegidos por dos aurores y se han mudado a una nueva casa. Mientras no rastreen los trayectos de las lechuzas, no habrá problemas.

Hermione suspiró aliviada. Todavía le quedaban sus padres.

A la que giró la cara hacia las escaleras del segundo piso, una melena pelirroja embargó sus sentidos.

—¡'miooooone! ¡Sabía que tu tozudez te mantendría sana y salva, cabezota!

La nombrada no pudo evitar sonreír, correspondiendo al cálido abrazo de su mejor amiga.

—¡Ginny... Te he echado tanto de menos!

Nada más sentir los lagrimales a punto de liberar lágrimas, ocultó la cara entre sus manos, dejando caer el libro y la varita, y permitió las suaves caricias de Ginny que le daba en su espalda. Se derrumbó ahí mismo. Deseó poder aguantar un par de minutos más hasta estar en la ducha para que las lágrimas se las tragara el desagüe, pero le fue imposible. Fue deslizándose por la figura de Ginny, ambas manos ocultando el rostro que goteaba, hasta que sus rodillas impactaron en el suelo.

—Ya acabó, 'mione —susurró, acariciando su melena una vez también se arrodilló para estar a su altura—. Tomará tiempo, pero lo superarás. Ahora ya no estás rodeada de mortífagos, sino de familia. Estamos contigo, ¿recuerdas? ya estamos todos juntos, al fin.


¡Hasta el próximo sábado! :3 (Y muchas gracias a Pikachu, Harukais y Guest que, como no entráis a vuestra cuenta u os hacéis una, no sé cómo contestaros -así que ya sabéis qué hacer...-) Y a los demás, siempre os lo agradezco pero supongo que nunca es suficiente jajjaja ¡muuuchas gracias por vuestro apoyo a esta historia!