Hola, Pansy
Hermione se levantó del suelo estrechando sus pertenencias contra el pecho y sollozando. Ginny envió una mirada a su madre, quien captó al instante que no era necesaria su presencia. Subieron las escaleras abrazadas y, al fondo del pasillo adornado con una larga alfombra escarlata y de paredes blancas, se encontraron a Daphne cerrando la puerta de la última habitación. La Slytherin alzó la vista.
—Siento por lo que has tenido que pasar, Granger. No tengo excusa, mi prioridad era proteger a Pansy con todos los métodos posibles y, visto que la seño- Lestrange iba a por ti en la batalla de Hogwarts, decidí borrarte la memoria. No quería que descubrieran la traición de Pansy por culpa de tus recuerdos.
—Espera, ¿recuerdas lo que pasó? Malfoy dijo que-
Daphne levantó su mano como demanda de una pausa.
—Le pedí a ella que me borrara la memoria en Hogwarts, y al ser secuestrada hoy... me la ha devuelto.
La explicación de la Slytherin hizo que Hermione girara la cabeza hacia Ginny.
—¿Cómo? ¿Ginny...? ¿Tú fuiste su cómplice?
—Uh, eh, sí, aunque fue de pura casualidad, la vi justo cuando hechizaba a Parkinson enfrente del cuadro de la Dama Gorda. Creí que la estaba traicionando y, ehm, nos enzarzamos en un duelo... —frunció el entrecejo, ruborizándose—. No acabó de la forma que esperaba, pero me acabó convenciendo de que no había traicionado a nadie.
Las mejillas de Daphne también adquirieron color, pero aprovechó que las Gryffindors continuaban mirándose para carraspear y disimular su propio estado.
—En fin, ¿te espero en el salón, señorita Weasley? —le encantó ver la graciosa expresión de Ginny al escuchar aquellas dos palabras—. Tu madre se volverá loca si no aparezco pronto para ser vigilada —con un rostro calmado, justo como en Hogwarts, dio varios pasos elegantes hacia la salida del largo pasillo.
Todavía llevaba el uniforme puesto y la varita estaba enfundada en el cinturón. La sacó y se la devolvió a Ginny.
—Eh, ah, sí, claro —balbuceó ésta, guardando la varita.
Una vez se fue Greengrass, Hermione se mantuvo sujeta en la cintura de su amiga, observando extrañada el ligero rubor que ocupaba gran parte del rostro.
—¿Señorita Weasley? Nunca había escuchado que alguien de Slytherin te tratara con tanto respeto.
—B-bueno, no soy la única que recibe ese trato.
—Me llama Granger; no hace falta decir que creo que está interesada en ti, ¿no? Quiero decir, soy penosa cuando se trata de distinguir si a alguien le gusto pero... —levantó ambas cejas al recordar—, su mirada transmite mucho cuando habla contigo, parece ser que te admira bastante.
—Agh, cállate, ella y yo no somos nada.
—No he dicho que lo seáis, simplemente que hay cierto interés en ¡ouch! No era necesario que me pellizcaras, 'dita sea.
—Simplemente, no digas nada más.
Hermione esbozó una tenue sonrisa al ver a Ginny tan insegura y avergonzada.
—¿Te gusta?
—¡No! ¡M-maldita sea, 'mione, calla ya!
—Está bien, está bien, puedes bajar el tono.
—Este es tu cuarto —cortó la pelirroja al señalar la puerta—, tienes un cuarto de baño propio así que tómate tu tiempo. No tengas prisa, ¿sí? Al fin y al cabo, ahora que sabemos que estás aquí nos iremos a dormir si no hay más novedades.
—¿Q-qué sabes de Pansy...? He oído que murió en la emboscada, pero- yo no creo que...
Ginny se golpeó la frente en un intento de castigarse. ¡Por eso estaba llorando Hermione y no por todo lo que había vivido en el campamento!
—No te preocupes, 'mione, los mortífagos creen que Malfoy, Greengrass y Parkinson están muertos. Fue una idea de Malfoy para romper lazos con ellos sin ser tachados de traidores aprovechando que necesitábamos rescatarte.
—¡¿ESTÁ VIVA?! ¡¿Pansy está viva?!
—Viva y hace menos de quince minutos que se ha despertado. Todo está bien.
Ginny se carcajeó por la explosiva alegría que recorrió en Hermione. Merlín, y eso que no recordaba nada de nada. Sonriendo con energía, Weasley indicó con un gesto de cabeza la puerta de caoba y apretujó el hombro de su amiga antes de iniciar la marcha hacia el salón.
—Oh, ah, 'mione, los adultos no deben de saber que tú estás con Parkinson ni que yo tuve un affaire muy raro con Greengrass. Parkinson no estaba muy conforme pero entendió que estaba en una situación complicada.
—¿Por qué? No lo entiendo.
—Porque si los de la Orden se enteran de lo que pasó, no confiarán en la opinión de dos "adolescentes enamoradas y a un doble espía" sobre si es buena idea confiar en dos mortífagas rehenes.
—Pero Malfoy...
—Malfoy ha demostrado ya su fidelidad dando información y ocultando las pistas que llegaban a los mortífagos sobre el paradero de Harry (aunque a él se le ha mentido para asegurarse de que es de cierta confianza), aparte de que los adultos tampoco saben que Harry y él están en una relación. Mi madre se piensa que todo lo que hace es por ti, imagínate lo ciegos que llegan a estar respecto a nosotros seis. A más, Greengrass y Parkinson están pululando por la casa sin ser encerradas gracias a él, que les comentó que antes de perder la memoria ellas estaban de nuestro lado. Todavía falta que lleguen a confiar del todo.
—Pero si los del E.D saben que nosotras-
—Sólo Luna y Cho están al tanto y ya me comentaron que no dirían nada —comenzó a alejarse de nuevo.
—Espera, Gin, ¿podría recuperar la memoria ahora?
—Uh... ¿supongo?
—No me importa que Parkinson no recuerde o no desee hacerlo, ahora que tengo la oportunidad no quiero negarme lo que una vez sentí siendo yo misma.
—Siempre tan romántica y fiel a ti misma, Herms.
Rieron, sin creerse que hubiera pasado tanto tiempo desde Hogwarts. Cuánto echaban de menos aquella época...
-0-
Cuando Hermione giró el pomo de la puerta de la habitación veinte minutos después, tembló al no saber qué se encontraría. Aumentó los centímetros de la obertura hasta que fue una estrecha línea por la que pudo escudriñar la habitación.
Las paredes de ésta eran de un ocre tenue, perfecto para reflejar la claridad que se adentraba gracias al balcón que daba a los jardines. En un rincón cerca del ventanal, un sillón blanco y mullido ocupaba el espacio debajo de un tablón de estantería clavado en la pared que sujetaba varios libros. La cama era de matrimonio, amplia, aunque no tanto como en la que dormía Pansy durante su estancia en el campamento, cubierta de unas sábanas blancas, situada justo en medio de la habitación, con el cabecero de color cobre empotrado contra el muro, y cercana a un enorme armario. La puerta que daba al cuarto de baño estaba a unos pasos de la principal y el espacio libre que quedaba en la estancia lo llenaba una mesa con un par de sillas y una chimenea encendida. Le parecía más una amplia y acogedora habitación de hotel, que de invitados.
Se preocupó al no ver a nadie. Sin mucha vacilación curioseó el cuarto de baño; vacío. Dejó el libro y la varita encima de la mesita de noche. Fue dando pasos por la habitación, preguntándose dónde estaría la Slytherin, y descorrió la cortina que tapaba la vista del paisaje exterior y el balcón.
Ahí estaba, mirando el cielo.
La expresión de Hermione varió tantas veces que no supo cuál poner. Sonreía, fruncía el ceño, las lágrimas se le caían, se mordía el labio, sacudía la cabeza... Y todo sin producir ni el mínimo ruido. Clavaba sus pupilas en la espalda de Parkinson quien se apoyaba en la baranda observando el amanecer, e iba vestida con ropa muggle como una corta falda negra con mallas gruesas, botines de tacón y un jersey de manga larga teñido de azul. Su media melena negra, ya sobrepasando los hombros, se balanceaba por la suave brisa primaveral.
¿Qué debía decir ahora?
Hermione apoyó ambas manos en el filo de la puerta de cristal, ladeando la cabeza para continuar observando de forma dulce a su novia. Porque, después de todo, ¿seguían siendo novias, no? Ahora que ella había recuperado la memoria lo veía claro, otra historia era la opinión de la ¿ex?mortífaga.
La Gryffindor se encogió de hombros: no le importaba. Simplemente deseaba seguir admirando a la joven bruja que se encontraba embelesada por la gama de colores cálidos que le proporcionaba el amanecer de enfrente. No estaría nada mal levantarse algún día y ver a la Slytherin observando el amanecer desde un balcón con vistas al mar.
—Daphne hace como media hora que ha entrado, creo, y me ha explicado de qué iba el plan que Draco ha creado para salvarnos y el porqué.
Hermione se sorprendió por la harmoniosa voz; Pansy continuaba mirando el cielo.
—Ella y yo sabemos muy bien de qué se trata esto: traición. Si nos encuentran, seríamos tachados de traidores a la sangre de manera oficial por deslealtades pasadas y nuevas: Enamorarse de una sangre sucia; permitir que el plan de Draco funcione; no contarles nada sobre dónde estamos y quién está en esta casa; que Draco les haya traicionado tanto de manera indirecta, saliendo con Potter, como directa por pasar información a la Orden; la interacción entre Daphne y Weasley; y, lo peor, que los tres supiéramos las traiciones de cada uno y no las hayamos contado a los mortífagos... Son situaciones que no tienen perdón para ellos. Estamos atrapadas aunque no estemos de vuestro lado, a la fuerza nos hemos convertido en traidoras.
Pansy suspiró y giró sobre sus talones. El movimiento meció su cabellera. Posó las palmas contra la baranda y repasó de arriba a abajo a la Leona con una mirada de reconocimiento.
—Esos han sido los motivos principales para aceptar que estoy acorralada y mover las cartas a mi favor—se encogió de hombros, sonriendo de lado—. Como oyes, no ha sido nada romántico lo que me ha llevado a pedir a D que me devolviera la memoria, aunque —curvó los labios hacia abajo y alzó ambas cejas—, he de admitir que sentía curiosidad por descubrir qué era lo que me llevó a soportarte en la escuela. Irónicamente, nada más recordar me di cuenta que fuiste tú misma.
Hermione soltó una risotada ante la expresión de Pansy que indicaba, en broma, que no se lo podía creer.
—Te he echado de menos —murmuró la Gryffindor, acariciándose las manos para secarse el sudor de los nervios—, ha pasado mucho tiempo desde que te he mirado con estos ojos.
—Y míranos —acortó distancia y abrazó a Hermione. Apoyaron la cabeza en el hombro de cada una y suspiraron, dejando que pasaran varios minutos sólo para notar el latido de sus corazones yendo al compás. Oh, Merlín... —. Hemos pateado cualquier obstáculo que se nos ha presentado. No eran los problemas que esperábamos pero, hey, aquí estamos. Incluso sin memoria nos hemos buscado como gatas en celo, ¿y ves cómo tenía razón? La respuesta era sí.
—¿La respuesta a qué?
—La respuesta a si te arranqué orgasmos en Hogwarts o no —le guiñó un ojo—. ¡Cincuenta puntos para Slytherin!
—¡Pansy! —recriminó, pellizcándole en un costado.
—En el fondo te encantaba que yo tomara el control, mmh, sí..., lo recuerdo muy bien —asintió sonriendo, satisfecha por mofarse de ella.
Hermione inclinó el torso hacia atrás, sin apartar sus brazos del cuello de la Slytherin, y entrecerró los ojos.
—¿Cómo era esa frase que me dijiste...? No es ninguna novedad que quiera follarte, Pansy.
—Creía recordar que Hermione Granger no folla, hace el amor. O eso me dijo una vez una tozuda.
Hermione rodó los ojos y se adentró a la casa, seguida de su novia. Se sentó en el borde de la cama después de apartar una manta doblada, y dio varias palmadas para indicar a Pansy que se sentara.
—Tenemos que hablar —susurró la Leona.
Parkinson arrugó la nariz. En vez de obedecer la petición de sentarse a su lado, se despojó de los botines y de sus gruesas mallas por el calor que desprendía la habitación por culpa de la chimenea, y contoneó las caderas hasta situarse enfrente de una confusa Hermione que no pudo dejar de mirar el balanceo de la falda mientras la Slytherin caminaba.
Pansy colocó su cuerpo entre las torneadas piernas de la Gryffindor, provocando que el vestido beige de ésta se deslizara por los muslos.
—¿Y si no quiero? —ronroneó Pansy. Agarró la cadera de Hermione clavando sus dedos y la arrastró hasta chocar con su propia pelvis. Su falda negra y corta se subió ligeramente, rozando las nalgas—. ¿Y si no quiero hablar ahora?
—Entonces demostrarás que no eres tan buena chica como quieres parecer.
—Oh, venga ya, Granger —La aludida negó con la cabeza ante el apellido, divertida—, todo el mundo sabe que soy una cabrona de nacimiento.
—Y yo que creía que después de toda esta maldita locura y lo que nos ha pasado, habías cambiado...
—¿Cambiar? Quizás en tus sueños húmedos, gatita —soltó un par de carcajadas ante el pellizco de su novia. Le apretó las mejillas como si fuera una abuela—. Aaay, mi vida, tan soñadora como siempre. Claro que he cambiado, en teoría he madurado en el hecho de saber dar las gracias, y perdonar, mmh, demostrarte mis sentimientos... Y esos pequeños detalles, no me pidas más que sólo han pasado meses —parpadeó al recordar que ya era primavera.
O que sólo era primavera. Con todo lo que habían vivido, tenía la sensación de que había pasado mucho más tiempo.
—¿Lucharías por mí, entonces? ¿Lucharás a mi lado y no te irás como hiciste en la fiesta antes de San Valentín?—Hermione hizo un puchero, afectada por los hechos pasados.
—¿Sobre eso querías hablar? 'mione, pensaba que te dejé bien claro que estaba de tu lado, pero tenía planeado clavar una puñalada a los mortífagos una vez estuviera dentro. En fin, los planes se han ido a la mierda porque me borraron la memoria, y ahora aún más al secuestrarme.
—Pero te quedarás conmigo, ¿verdad?
—No te preocupes, no desapareceré, ¿vale?
—Vale... —bisbiseó, acurrucándose en el jersey azul de lana de su novia—. No vuelvas a irte, Pansy...
—No lo haré, aunque creo que me gusta más odiarte, le añade salsa a esta relación tan rara que tenemos.
Hermione le lanzó la manta que se hallaba detrás de ella y se tiró encima del bulto que escondía a una Slytherin que se carcajeaba sin pudor alguno.
—¡Te odio, Parkinson! ¡Te odio, te odio, te odio! —zarandeó la masa hasta que tuvieron que estirarse en el colchón.
La Slytherin, todavía recubierta por la manta, se arrastró hacia el centro de la cama. En medio de un forcejeo que duró minutos por el juego y las risas, Pansy se descubrió produciendo con la manta un movimiento circular por encima de su cabeza, atrapando a Granger al dejar caer la tela. Las palabras se dejaron de oír una vez la oscuridad rodeó a ambas brujas.
Podían escucharse las entrecortadas respiraciones que, poco a poco, iban acelerándose, la saliva siendo tragada por el nerviosismo y el calor que se iba adueñando del espacio. Sin embargo, ninguna movió ni un dedo. Quedaron suspendidas en la negrura, sentadas una enfrente de la otra, sin poder siquiera verse las siluetas.
—Gatita...
—Dime
Hermione dio un sutil respingo; sus ojos se abrieron, la boca quedó entreabierta y el vello de su nuca se le erizó al advertir unos tiernos labios acariciarle detrás de la oreja e ir recorriendo, beso a beso, la mandíbula. Cada vez que Pansy daba una corta pausa para humedecer los labios, Hermione sonreía ante las cosquillas que le provocaba. Estiró la cabeza hacia un lado con el pensamiento de ofrecer más piel.
Entre los dulces besos de Parkinson, la lengua se unió a ellos, repasando lo que ya había visitado el borde de la boca, y pasó a conquistar la garganta. Pansy intercaló el dedo anular en un tirante del vestido beige, y fue acariciando el resto de la piel con la palma a medida que lo retiraba. Lamió parte de la clavícula, primero con inocentes besos para acabar utilizando toda la boca.
La Slytherin estuvo jugueteando con el bajo del vestido, arañando el muslo de Hermione sin clavar las uñas, apresando una nalga por debajo de la tela y obligando a la Gryffindor a que se levantara levemente del colchón en el que estaba sentada. Cuando pasó por el vientre, tamborileando la piel tersa hasta uno de los senos, la temblorosa mano de Hermione la paró.
Se le pudo escuchar la tenue y tímida voz gracias al silencio:
—Abrázame, por favor, lo necesito más que nada... Necesito saber que sigues aquí...
Pansy la encarceló por la cintura, acurrucando su cara en la clavícula de ella y burlándose al hacer pedorretas contra su piel. La risa de Hermione contestó a la acción, y ésta apoyó sus brazos alrededor del cuello de Parkinson para ir dejándose caer hacia atrás y arrastrarla con ella.
Al tocar el colchón con su espalda, Granger se mordió el labio. Podía ver una tenue luz adentrándose con intermitencia desde la zona de sus pies: resultaba provenir de las piernas de Pansy que, al estar bocabajo y sobre el cuerpo de Hermione, las balanceaba cual niño pequeño, moviendo la manta.
—¿Sabes, Herms? —retiró la manta de encima de ellas, pegó los labios en su oreja y rasgó la voz que, de por sí, ya poseía una pincelada de seducción en el tono—: Aunque te vuelvan a borrar la memoria, podría volver a enamorarte y podrías volverme a odiar. Estamos hechas la una para la otra, ¿no crees?
La Slytherin se tumbó a su lado, descansando la mejilla en el colchón, cerca del rostro de Hermione que seguía dirigido hacia el techo. Todavía balanceando las piernas, Pansy acarició la mandíbula de su novia y fue bajando la mano, lentamente, jugando con la fina tela del cuello del vestido, moviendo los dedos índice y corazón como si se trataran de las piernas de un bailarín saltando dramáticamente sobre un seno y otro, y dirigiéndose hacia el vientre donde el baile se convirtió en una actuación de patinaje sobre hielo. Los dedos imitaron las contracciones de los abdominales causadas por las risotadas de Hermione, haciendo acrobacias a cada espasmo.
Sin avisar, los dedos se convirtieron en una garra que provocaron cosquillas a diestro y siniestro por las costillas de la Leona. Ni retorciéndose de un lado a otro Hermione logró parar el ataque, incluso volteó el cuerpo por completo dándole la espalda a Pansy.
La Serpiente aprovechó el movimiento para mordisquear su hombro y dejar una serie de húmedos besos por la escasa piel descubierta de la espalda. Levantando la mano que provocaba las cosquillas y la única que podía actuar ya que estaban tumbadas de lado como si fueran a dormir, la dejó descansar sobre el muslo de la Gryffindor.
El ambiente se tranquilizó, no obstante, la temperatura iba en aumento.
Parkinson acariciaba el muslo con las uñas y toda su palma, tanteando el terreno y sus límites, adentrándose hacia el interior del muslo o subiendo el bajo del vestido de Hermione varios centímetros hacia arriba, hasta que éste rozaba las nalgas de la Leona. Con un permitido movimiento por parte de su novia, ocultó un suspiro de deseo al ver el estampado infantil en la ropa interior e insertó dos dedos en la tira. Pansy se levantó y la deslizó hasta los tobillos para acabar sobre el suelo una vez fue lanzada.
Situada de rodillas sobre el colchón, la Slytherin retiró el resto del vestido beige de Hermione sin miramientos. Presionó con ambas manos los hombros de la Leona para que continuara tumbada y se subió encima de ella, constriñendo la cadera contra la suya y friccionando la superficie desnuda con un erótico movimiento.
Pansy se alegró de haberse quitado antes las mallas, lo único que separaba la piel de Hermione y la suya era su propia lencería, a más, la falda se balanceaba imitando el roce y ocultaba las partes más íntimas. Con gran facilidad se desprendió del jersey azul y mostró el caro sujetador, tirándolo por encima suyo. Se lamió los labios al presenciar cómo la Leona tragaba saliva admirando el tamaño de sus senos. Bien era cierto que no eran enormes, pero rebosaban entre los dedos de Hermione cuando ésta los masajeaba con timidez estando todavía tumbada en la cama.
Manteniendo una sonrisa de lado coqueta, Pansy dejó escapar un suspiro erótico al observar la melena de bucles castaños desparramada por las sábanas, enmarcando un rostro rojizo donde una mirada ansiosa acompañada por unos labios entreabiertos indicaban la excitación que recorría por el cuerpo de la Gryffindor que estaba concentrada y embobada en acariciarla.
Parkinson comenzó a respirar más seguidamente, imitando el movimiento agitado del pecho de Hermione.
¿Se podía excitar tanto con tan solo contemplar a Granger desde encima de ella? El poder de dominar la seducía más de lo que se esperaba en un principio. Dando una bocanada de aire profunda, se controló las ganas de imponer su autoridad al saber que, después de los hechos en el campamento, Hermione no estaría cómoda en un rol sumiso exagerado.
Pansy inclinó el torso hacia adelante para besarla hasta que sus pechos comprimieron los suyos. Hermione se mordió el labio inferior, gimiendo y estirando los brazos sobre su cabeza.
A medida que la lengua iba jugando con la clavícula, lamiendo el contorno de los senos y posando su boca sobre el pezón estimulándolo como si en verdad estuviera besando a la Gryffindor, Parkinson acariciaba con las yemas de los dedos toda la piel que podía alcanzar, trazando las palmas, las muñecas, los antebrazos, como si se tratara de un juego cruel.
Bien sabía que su novia se derretía con tiernos arrumacos y caricias, y el movimiento contorsionado de su cadera buscando más contacto se lo afirmaba.
—Pansy... —gimió, con un tono de suplica y de orden.
Ésta sonrió. Sí, a su gatita le ponía a tono tanta lentitud, pero una vez ya estaba preparada podía empezar a convertirse en una leona sedienta de placer. Leona con la que a Parkinson le encantaba divertirse y burlarse. Si la Serpiente no podía jugar a lo que ella deseaba, se encargaría de jugar y exprimir al máximo todas las oportunidades que se encontraban a su paso.
Y una Granger demandando placer era una de ellas.
Pansy fue bajando la cabeza, hundiendo su sonrisa de lado en el terso vientre al tiempo que miraba cómo los bucles castaños iban de un lado para otro en un intento de opacar las enormes ganas. Su familia la mataría si la encontraban en ese estado, pero se moriría bien a gusto.
No se esperó para nada el ansiado gemido de placer que dio Hermione cuando estimuló el clítoris con la punta de su lengua. ¿Se podía saber cuánto tiempo llevaba su novia esperando ese contacto? ¿Desde el campamento? Desde el campamento. Sonrió todavía más y no pudo evitar apuntarse mentalmente ser más seductora con ella. Quizás más tarde volvería a salir de la ducha con una toalla tan corta que apenas pudiera cubrir sus nalgas.
Al comprobar la humedad de la Gryffindor, frunció el ceño, medio molesta medio "no me lo puedo creer", al sentir la presión de la mano de Hermione en su cabeza y la cadera de ésta presionando más y más a cada movimiento que hacía hacia arriba y abajo, arriba y abajo.
Parkinson se alejó de la pelvis, poniendo una expresión de suficiencia que mostraba el descontento de haber sido ordenada. Era una actuación, por supuesto, no le gustaba nada que la ordenaran, pero no era suficiente como para parar en seco. Simplemente quería burlarse de ella, seguir manteniendo la tensión y la frustración que Hermione ya tenía.
—Nooo, Pansy, ahora no me hagas esto... —gimió, retorciéndose en las sábanas al observar a la Slytherin de rodillas sobre el colchón, erguida y con una mano en la cadera.
—Veinte puntos menos para Gryffindor —murmuró ésta, alzando una ceja con prepotencia.
Soltó una carcajada al escuchar el gruñido de Hermione. Pansy, con un tenue "Y el castigo...", ató las muñecas de Hermione con su jersey azul, comprobando que no estaba muy apretado para cortar la circulación, y las colocó sobre el vientre de la Leona. Después, se desprendió de su ropa interior y la falda. Con una expresión burlona, se colocó encima de la cara de Granger.
—Nada de tocarte —dijo, al ver en un vistazo sobre su propio hombro hacia dónde se dirigían las manos atadas.
Aun así, Hermione no la obedeció.
Pansy suspiró y soltó un chillido ahogado al sentir la lengua recorrerla sin pudor. Gimió en cuanto la Gryffindor no tardó nada en acariciar sus labios inferiores con toda la boca, dejando un hilo de saliva en el mismo sitio donde ya estaba húmedo.
Pansy sujetó el cabezal de la cama y comenzó a frotarse contra Hermione. La lengua penetraba a cada balanceo erótico e iba sintiendo cómo se perdía en las olas de placer. Sin parar siquiera a descansar la cadera, apretó los muslos contra las mejillas de la Gryffindor y hundió más su sexo en su boca.
En esas condiciones no podía recordar la incomodidad que Granger sentiría al sentirse obligada a obedecer. Aunque la Leona no sentía que aquello tuviera relación alguna con la sumisión. Veía, anhelante, el rostro de Parkinson sofocándose a cada segundo, los pechos brincando, el vientre convulsionándose por las olas de placer. Y Granger se relamía ante aquella visión, desde abajo del todo.
Aunque Parkinson se sintiera la mismísima reina del mundo, Granger bien sabía que con una simple frase podía tener a esa reina a sus pies.
—Pansy, espera...
Pansy fue descendiendo el ritmo que le proporcionaba gusto, hasta detenerse y mirar con cierta confusión a su novia. ¿Y esos ojos de preocupación?
—¿Qué ocurre? ¿paro? ¿me quito de encima?
—Sí...
Y la mismísima orgullosa Slytherin tragó saliva, apartándose de encima. Después, Parkinson arqueó las cejas, intranquila, queriendo saber si su novia estaba cómoda con aquello.
—¿Quieres que te desate las muñecas?
—Sí.
Pansy obedeció, se situó de rodillas a su lado y ladeó la cabeza, atenta a lo que pudiera escuchar. Frunció el entrecejo por la risa de la Leona.
Definitivamente, Pansy Parkinson no era la antigua reina que quería conquistar el mundo, simplemente estaba ansiosa por reinar el mundo de una única persona.
—¿Me amas, Pansy? —apenas pudo disimular el tono burlón de sus palabras.
La Slytherin bufó. Le seguía costando esfuerzo mostrar sus verdaderos sentimientos aunque pudiera usar la broma como excusa.
—¿Qué pregunta es esa? Claro que te amo, ya te lo he dicho otras veces. No me acuesto con cualquiera a pesar de los rumores en Hogwarts, que por cierto, difundidos por personas que precisamente querían meterse en mi cama y no lo consiguieron.
—Estaría bien que me lo dijeras cuando estábamos haciendo el amor, simplemente —se encogió de hombros.
—Merlín, Hermione, perdóname por estar ocupada intentando llegar al orgasmo más placentero que me iban a dar en mi vida y no en decirte te amo cuando tenía tu lengua dentro de mí —ironizó, alzó ambas manos y rodó los ojos.
—Quizás sepas cómo llevarme al orgasmo pero cuando se trata de demostrarme amor eres bastante...
—Original —acabó Parkinson. Formó una expresión de soberbia—. Yo lo demuestro a mi manera, otro punto que pensaba que lo habíamos superado.
—Se podría decir... En realidad te he hecho parar para demostrar que no eres tan fría y desconsiderada como parece o como antes, aunque se ha torcido un poco el tema...
—No me obligues a volverte a castigar, eh.
Parkinson agarró con fuerza una muñeca de Granger y atrajo su cuerpo hacia ella con un golpe seco. Se mordió los labios y los soltó rasgando la mirada de forma traviesa. Notando el poder que Hermione le cedía, presionó con su presencia. Una vez la Leona se tumbó boca arriba, encogiéndose sutilmente y ocultando una sonrisa ya que le encantaba ver a su novia sentirse tan poderosa, Parkinson apoyó sus dos manos a un lado de la cara de su prisionera.
—Ya sabes que prefiero una palabra corta y rápida de obedecer antes que una frase entera como "no me gusta" y etcétera. Así que pon a trabajar ese gran cerebro que tienes.
—Mmh... ¿qué te parece... —acarició con las uñas los hombros desnudos que tenía sobre ella, excitada—... Bludger? Será como una metáfora del golpe duro que será para ti dejar de dominarme.
Ambas rieron, aunque la Slytherin no tardó en regresar a construir un ambiente erótico e íntimo
—¿Estás segura de esto? —susurró, contemplando cómo Hermione empezaba a demandar más contacto físico.
—Confío en ti.
La Slytherin manoseó con las palmas toda la piel que encontró a su alcance. Cuando la Gryffindor se dejó morder el cuello con suavidad y que la marcara con varios chupetones en el pectoral izquierdo creando la forma de un pequeño corazón, una voz amortiguada, proveniente de detrás las paredes que daban al pasillo, las obligó a detenerse para escuchar.
—¿Es aquí, verdad?! ¡Hermione, adivina quién viene de Grimmauld Place ha verte! —la Gryffindor reconoció el timbre de voz.
—¡No, Ron, no entres!
Como era evidente, éste no obedeció al grito que que Ginny y Hermione dieron a la vez en diferentes sitios. Ron abrió la puerta sin remordimiento, causando el inmediato enfriamiento del ambiente erótico de la habitación. Tan molesta fue la interrupción, que a las dos se le quitaron las ganas de acabar al instante.
Hermione acercó la manta que estaba olvidada en un rincón de la cama y se tapó como pudo. Las mejillas le ardían mientras miraba a un Ron quieto, sin pestañear, observando a la pareja. Pansy suspiró desinteresada por la reacción de ambos y se levantó de la cama. En medio de ellos dos que continuaban mirándose fijamente, comenzó a silbar y a colocarse la ropa interior, la falda y el jersey.
Ginny se mantuvo detrás de la pared sin entrar a la habitación ya que no quería presentarse por sentirse culpable de no haber parado a su hermano. Una vez Parkinson terminó de prepararse, ladeó la cadera y sus ojos viajaron de Gryffindor a Gryffindor, hastiada por no ver reacción alguna.
—¿En serio? —inquirió de forma retórica—. Sí, Weasley, tu amiguita se estaba tirando a una mortífaga, aunque tendrías que estar más sorprendido por el hecho de que la mortífaga regale placer a una sangre sucia.
—No es una mortífaga, Ron, no la escuches —replicó la Leona.
La Serpiente frunció levemente el ceño, cerciorándose de que la Marca Tenebrosa seguía en su antebrazo.
—Tiene razón, soy peor, soy Pansy Parkinson.
Ginny agarró aire, se situó detrás de Ron de un salto y tiró de su camiseta, sacándolo de la puerta y llevándolo a rastras al salón amenazándole con que no contara a nadie lo que había visto. Hermione salió de la cama escopeteada, cerró la puerta y abrió varios de los cajones del armario buscando ropa interior. Sólo se encontró lencería demasiado sofisticada.
—¿No tienes algo más simple que encajes y estas cosas?
—Mi ropa interior es lo único que Draco ha podido conseguirme de Hogwarts cuando fue por su propia cuenta así que... No es que esté muy contenta con lo que hay. Además, no me gusta llevar estampados de fresas, corazones y esas cosas.
La Gryffindor rodó los ojos, colocándose lo más simple que encontró, excepto el sujetador, ya que los de la Slytherin eran de varias tallas más grandes. Eligió lo que parecía un sujetador deportivo que se ajustaba bien.
Después, se dirigió a las perchas donde colgaba la ropa de la Slytherin. Sus estilos de vestir eran tan diferentes que tuvo miedo de mirar, pero se sorprendió cuando encontró bastante ropa muggle.
—¿Tus padres te dejaban llevar ropa muggle? —preguntó, hundiendo sus manos entre las prendas, rebuscando.
—¿Me estás diciendo que de verdad crees que son mías sabiendo tú que todas se quedaron en el campamento? Pfff, por favor, son de Weasley y Tonks, he seleccionado las que mejor quedarían con mi estilo. Algo es algo —se encogió de hombros, sentándose al borde de la cama a más de observarse las uñas desinteresadamente.
Hermione, decepcionada por no encontrar un simple pantalón tejano, escogió uno negro y una blusa. Al ver el escote que le proporcionaba, volvió a quitársela.
—¿Podrías ayudarme a encontrar algo de mi estilo?
—Creo que no tengo ningún babero ni chupete que vayan a conjunto.
Hermione se cruzó de brazos.
—Este año cumples dieciocho, no once, cariño —contestó Pansy, ignorando la molestia de su novia y buscando por el ropero, ajena al hecho de que Hermione ya tenía esa edad.
Y seguramente la Gryffindor tardaría lo suyo en decírselo.
—¿Por qué siempre te metes con mi estilo de vestir?
—Porque me entra la risa cada vez que te veo. Es broma, simplemente me hace gracia que seamos tan condenadamente opuestas, ya sabes que me encanta todo de ti. Ten —de entre dos prendas rojas extrajo una blusa de dos piezas de un hombro caído—. Es lo más Granger que he encontrado. Creo que es de Tonks.
La Leona se la puso. Comprobó cómo la prenda resbalaba por su seno, enseñando el sujetador, y lanzó una mirada de enfado a Pansy.
—A mí no me queda así —se defendió, disimulando sin éxito la risa—. Seguramente la blusa no se sujeta bien porque no es de tu talla y no queda tan tirante como para que no se deslice hacia abajo. Y con eso no me refiero a que no tengas pechos, eh.
—Ya, claro... —bufó, girando la cara y desprendiéndose de la blusa.
Hermione profirió un chillido de sorpresa al notar cómo Parkinson no había perdido el tiempo en deslizar las yemas de los dedos por su vientre y por los senos.
—Los tienes perfectos, 'mione, sobretodo para mi boca, ¿te gustaría acabar lo que empezamos? —ronroneó.
Con un rápido movimiento, metió las manos por debajo de la tela para obtener más contacto. Suspiró al sentir los pezones erectos.
—Hay que bajar antes de que Ron haga una locura después de que deje de estar en shock —se apartó, buscando más ropa. Pansy bufó.
—Sé que dirías algo así, por eso me he vestido antes. Aunque no creía que tardarías tanto.
—Culpa de que no tengas nada para mí, o más bien Ginny y Tonks... —de reojo contempló a Pansy, quien volvió a sentarse en la cama—. Quítate el jersey que llevas puesto.
La Slytherin iba a obedecer hasta que se percató de que las intenciones de Hermione no estaban relacionadas con nada sexual. Forcejearon energéticamente, llegando a un final donde Pansy gruñó y alzó ambos brazos para que la prenda pudiera deslizarse.
Entre que la Leona se vistió con el jersey libre de escotes provocativos y la Serpiente se colocó la blusa de un hombro caído sin problemas, pasaron menos de diez segundos. En ese intervalo de tiempo, escucharon unos pasos rápidos dirigirse hacia su habitación.
—¿Pansy, Granger? ¿Se puede pasar?
Ambas magas se miraron extrañadas. Los jadeos que se mezclaban con las palabras incitaban que aquello no sería una simple reunión de amigos.
—Pasa, Draco.
El mago se adentró, todavía respirando sin ritmo.
—He metido la pata hasta el fondo —resopló, apoyándose en la puerta ya cerrada—. ¿Te acuerdas de las pociones de amor que creamos en Hogwarts? Bien, resulta que —jadeó—, resulta que, como sospecharás, la creé para Potter porque, joder, es Potter, ¿entiendes a lo que me refiero, no? En esa época no creía que se fijaría en mí así que pensé que con una poción-, En fin, saltando esa parte, tu primo me contó por carta que le enviaste tu poción ya hecha para que no te la encontraran los profesores, le pedí que me la diera y la guardé para usarla más tarde como venganza. Una pequeña venganza por haberte librado de que te apuntaran en el expediente, tranquila. Así que vertí la poción de amor en una botella de whisky de fuego todavía llena que compré a Daphne para que no se notara de qué se trataba y, ya sabes, comenzaron a preocuparme otros asuntos, la situación se torció, que si esto y lo otro... Y acabé por olvidarme de que la tenía. Bien, a lo que iba, cuando fui a buscarte ropa en Hogwarts hará poco, evidentemente aproveché para recoger mis pertenencias y me encontré la botella de whisky. No se me pasó por la cabeza de que en esa botella estaba tu poción de amor y pensé que sería buena idea dejarla en la vitrina de mi mansión. No me importaba nada si se la bebían porque no sabía que estaba alterada... Vamos que se la acabaron bebiendo y no sé cómo has hecho la maldita poción pero, en vez de enamorarse de ti...
Hermione abrió los ojos, atónita por la mano que la señalaba.
—Draco —Pansy hizo una pausa dramática—, no me jodas.
—Lo peor es que ha venido. Fue a buscar a Sirius a Grimmauld Place sin tener ni idea de que era un cuartel de la Orden y se entregó. Así sin más. Dio su varita y dijo que lo único que le importaba era ver a Granger. Lupin y Alastor fueron allí al recibir un Patronus que les contaba lo sucedido y han hecho una rápida reunión en Grimmauld mientras estábamos aquí... Han decidido que la mejor opción es mantener ese estado de amor con pócimas para evitar muchas más muertes por su culpa, es decir... que está aquí, en la casa de Perseus, y no quieren que regrese a las tropas de Ya-Sabéis-Quién.
—¿Pe-pero de quién estamos hablando?
El joven se rascó la nuca y envió una mirada de culpabilidad a Hermione.
—Es mejor que lo veáis vosotras mismas...
¡Muuuchas gracias por los ánimos! Y espero que los caps no se os hagan muy cortos porque suelen ser más largos que cuando tenía que subir dos por semana :3 ¡Hasta el sábado!
