La poción de amor y otros sucesos inesperados
En apenas un minuto, Pansy y Hermione ya estaban bajando las escaleras. El salón seguía tan bien decorado como antes, diversos rayos solares del amanecer se colaban por las ventanas y dibujaban las figuras que se mantenían de pie creando un círculo y observando a la mujer que se situaba en una silla atada de pies y manos. Entre los presentes, que mostraban una cara de cansancio, se encontraban Tonks, Alastor Moody, Molly y Arthur Weasley, Remus Lupin, Perseus Parkinson, Daphne, Ginny, y Ron que había venido de Grimmauld Place al saber que Hermione estaba ahí.
Se abrieron para dejar vía libre a los nuevos espectadores.
Nada más presenciar la imagen, el estómago de Hermione se encogió al ver a una mujer atada de pies y manos sentada en una silla. Reconoció al instante aquellos rizos oscuros, la tez pálida y los finos labios rubíes. Lo sabía. Desde un principio sabía que la alcohólica de la familia Black era quien se había bebido el whisky de fuego alterado con la poción. ¿Quién si no?
Con la duda recorriéndole la piel hasta erizarle el vello, la Leona se rascó el codo al dar un paso hacia la prisionera. La respiración se le cortó al instante en el que los iris de color miel oscura impactaron contra los suyos. No tuvo ni idea de qué hacer. Quedó congelada al identificar en aquella mirada diversos sentimientos, distinguía chispazos de reconocimiento al verla, de locura, alegría, impaciencia y lo que más ocasionaba desconcierto era la lujuria que albergaban las pupilas de Bellatrix Lestrange. Asustada, Hermione retiró el paso que había dado y Pansy tuvo que sujetarle de la cadera para evitar el topetazo entre su cuerpo y el de ella.
A pesar de que el estridente y primitivo grito que salió de la garganta de Bellatrix iba destinado a dar miedo, Parkinson sólo pudo mirarla como si estuviera mirando una mosca posarse lentamente sobre una montaña de basura y excrementos de thestrals. Eso sí, el resto de los presentes dieron sus respectivos brincos y ruidos de sorpresa.
—Oh, Merlín, no... —la voz de Hermione apenas pudo ser escuchada.
Aunque su expresión de asombro se convirtió en una de hastío al oír, detrás de su espalda, un comentario tan débil que sabía que Pansy no quería que nadie la escuchara: "Vamos, va, lo que me faltaba, otra loca en el manicomio". Hermione giró la cabeza para encontrarse con la mirada de la Slytherin. Ésta no tardó en desviar el contacto visual.
Molly habló sin dejar de prestar atención a la mortífaga oscura que intentaba romper las cuerdas de sus muñecas ayudándose de los dientes para ir al encuentro de Hermione.
—Uhm... Hemos creído que lo mejor era mantenerla en este estado para que no regresara a las filas de Quién-Tú-Ya-Sabes. Ella es una de las más fieles y poderosas seguidoras, alejarla de la batalla sería un buen movimiento aprovechando esta gran oportunidad —explicó Molly. Abrazaba con tanta fuerza a su hija en un intento de protegerla, que ésta iba mostrando muecas de dolor—. Y lo mejor es que podremos sonsacarle información de los mortífagos. Más aún...
—¡Está loca! —Pansy rodeó a su novia para situarse enfrente de ella y cerca de Draco—. Una poción de amor en una demente sólo causará que fije su obsesión en alguien, ¿queréis que mate a Her-Granger?
—No la matará, al contrario, será más protectora hacia Hermione. Como mucho quien está en peligro son las personas cercanas a ella, aunque está comprobado que las pociones de amor llegan a provocar cierta sumisión. Si Hermione le pide algo, lo hará sin dudar —Lupin bajó la mano con la que se expresaba a la hora de hablar.
—¿Vosotros sabéis quién es?! Es una sádica que ni Granger podrá pararla si una locura se le cruza por la mente —fue mínima la cantidad de tiempo que necesitó Pansy para cruzarse de brazos y apoyar el peso en una pierna. Negó con la cabeza de forma prepotente al mirar hacia un lado—. Veremos cuánto tardan los problemas en presentarse, ¿hacemos una apuesta? —sus ojos se fijaron en su tío Perseus—. Yo apuesto a que duro veinte minutos y que acabo estrangulada. Soy un as en las predicciones, no me subestimes —señaló a Hermione justo cuando oyó su bufido.
—¿Pansy Parkinson, verdad? No creo que estés en buena situación para dar una opinión, jovencita —respondió Alastor Moody, insinuando que la mortífaga estaba bajo vigilancia.
—Claro que no, para dar una parece ser que hay que estar mal de la cabeza.
Se escuchó una exclamación de ofensa y sorpresa entre los miembros de la Orden al tiempo que Pansy se situaba, enfadada, detrás de sus dos amigos. Hermione la miró de reojo, criticándole la actitud.
—¿Por qué no podemos encerrarla? —preguntó Hermione.
—En Grimmauld Place ya lo intentamos —Lupin se rascó una ceja—. Fue un desastre. Si no se dejaba los pulmones al chillar, destrozaba el mobiliario pidiendo verte.
Ginny se adelantó a la pregunta de su amiga.
—Aquí no hay mazmorras, sólo habitaciones. Y, sí, 'mione, hemos pensado en callarla o mantenerla quieta utilizando hechizos pero, pensándolo bien, a la que tengamos que deshechizarla para que coma algo, se comportará peor aún.
—Es peor que tener que cuidar a veinte niños mimados de cinco años. La mejor opción es que la calmes tú —murmuró Daphne—. Pero sabemos que tiene cierta autonomía a la hora de pensar, así que no es un caso perdido como dice Pansy.
La nombrada abrió la boca, decepcionada con su amiga.
—Mañana ya tendrás los ingredientes y utensilios para crear más poción, 'mione. Sabes perfectamente que nosotros somos los que menos queremos que ocurran desgracias en esta casa, y en este caso tú eres la única que puede evitarlo.
Hubo varios minutos de silencio. Hermione sabía perfectamente que esperaban a que ella estuviera preparada para soltar a Bellatrix y ver su reacción. Con una bocanada de aire, se acercó a la maga oscura.
Tragó saliva. Demasiados recuerdos nada felices le venían al ver la sonrisa de Lestrange.
—¿Prometes que no harás daño a nadie bajo ningún concepto?
—Lo prometo. Pero antes quiero que se cumplan tres condiciones —susurró con los ojos muy abiertos.
Con un vistazo rápido a su alrededor, captó el asentimiento confiado de Alastor. Parecían muy seguros de la situación. Era mejor seguir el juego de Lestrange, supuso.
—Dime.
—La primera es estar las dos a solas.
—Aprovecha para sonsacarle información básica y sentirte más segura —Lupin le sonrió con la intención de transmitirle seguridad—. Has sido mi mejor alumna y ya me demostraste de que puedes adaptarte a los cambios con gran facilidad y éxito. Trátala como si fuera un examen, no como una misión.
—¿Y adónde la llevo?
—A tu habitación —intervino Moody, apoyándose en su bastón. Su ojo de cristal rápidamente se movió al lado derecho para fijarse en Pansy—. No digas nada, mortífaga. Aquí tu voz no tiene peso ni voto.
—Algo lo intuía por tu cara de amabilidad al hablarme antes, tranquilo —pero terminó sellando los labios para no enfurecer a la Gryffindor que se estaba dedicando a agitar la varita frente las cuerdas.
Bellatrix se levantó del asiento, siguiendo a Hermione que iba directa a los primero escalones. No había nada de qué preocuparse mientras tuviera en su bolsillo la varita y Lestrange continuara obedeciendo.
Una vez cerró la puerta de su cuarto, ordenó a la mayor que se sentara en el borde de la cama.
—¿Segunda condición?
—Segunda condición, que me liberes las manos.
—Ni se te ocurra hacer alguna barbaridad —volvió a repetirlo para que la orden quedara clara.
—Claro que no —afirmó la maga oscura. Se acarició las muñecas al instante en el que ya no sintió la presión de las cuerdas—. Tercera condición...
Bellatrix se puso en pie sobre sus tacones altos y acorraló a Hermione contra la pared. De un manotazo apartó la varita de la mano de la Leona y clavó sus largas uñas en la cadera, acercándola a la suya. Se lamió los labios, liberando un gruñido erótico, el cual se perdió en la piel del cuello de la Gryffindor cuando fijó su boca en él y le lamió la garganta como un animal salvaje y lujurioso.
—Tercera condición... eres mía.
—Apártate. A-
No le dio tiempo a decir "Ahora" cuando comprobó que la mortífaga soltaba sus muñecas y daba un paso hacia atrás. Ahí quieta, ansiosa por la espera como un cachorro, a Hermione no le parecía tan peligrosa. Pero sabía que lo era. Ella misma lo comprobó durante su tiempo de esclava.
En esos momentos poseía en sus manos a una sádica y poderosa mortífaga, y no sabía qué primer paso dar. Estaba a favor de evitar que ésta regresara a las filas del Voldemort, pero mantenerla a base de pociones no lo veía con buenos ojos ya que desconocía los problemas que se enfrentaba al tener a semejante persona pulular por su alrededor. Persona que, por lo que pudo comprobar anteriormente, era celosa y demasiado posesiva.
—Mmmh... ¿arrodíllate? —soltó, por decir algo.
La mandíbula casi se le desencajó por la sorpresa al ver cómo Bellatrix lo hacía un tanto enfurruñada. Al menos ya había comprobado que no era ninguna artimaña por parte de los mortífagos para espiar a la Orden. Aunque, desde que Lestrange entregó su varita y profesó su amor a una sangre sucia, supo que así era. Sin poción, Bellatrix Lestrange no hubiera creado todo ese caos.
—Siéntate en la cama. Mmmh ¿qué haces aquí? ¿por qué fuiste a Grimmauld Place?
—He venido a por ti —contestó de inmediato, se entretuvo escudriñando la habitación con la mirada.
—¿Por qué?
—Porque quiero poseerte.
Aquello provocó un parpadeo de sorpresa en Hermione. Parecía ser que Bellatrix, ahora Black, seguía siendo, dentro de lo que cabía, Bellatrix Black.
—No es que me quieras, si no que quieres poseerme —repitió la Gryffindor, para cerciorarse de que a eso se refería.
—Quiero que seas mía.
—¿Uh? ¿Qué es para ti ser tuya?
—Ser mía significa no dejarte salir de la cama, protegerte y que nadie te toque. Quien te toque, Crucio. Mía, sólo mía.
Respiró con dificultad. La mirada posesiva que lamía cada parte de su cuerpo la asustaba. Vendrían problemas sí o sí, y sospechaba que Parkinson tendría la necesidad de dar su malhumorada opinión y sus comentarios viperinos. Después llegaría Ron para unirse a la caballería.
—Si dañas a alguien de cualquier forma, sea con o sin magia, te encerraré y no me verás en meses.
—¡NO!
—¿Has entendido lo que acabo de decir?
—Sí... —refunfuñó por lo bajo, cruzándose de brazos y haciendo pucheros como un niño pequeño.
—Bien, dormirás... —se rascó la cabeza buscando algún sitio.
Todavía desconocía la casa y quién dormía a dónde.
—Aquí —expresó Bellatrix con un tono agudo e infantil.
Se levantó ante la mirada irritada de Hermione y fue curioseando todo lo que encontraba. Los cajones, armarios, escudriñaba bajo la manta y la cama, acariciaba las mesas, las sillas, contemplaba la chimenea, rascaba la pintura de las paredes para comprobar si eran de calidad, toqueteaba el cristal, observaba el paisaje que mostraban los ventanales, la lámpara de araña... Parecía un gato inspeccionando su nuevo hogar.
—No, no, no puedes —comentó Hermione, volviendo en sí.
—¿Dónde duermes tú? —inquirió, revisando las cortinas.
—Aquí, en teoría, pe-
—Aquí me quedo, pues.
—No, tú dormirás en otro sitio.
—Pero yo quiero dormir contigo —volvió a cruzarse de brazos, tozuda por conseguir lo que pedía.
—O-otra cosa que debe de quedarte clara es que lo que yo diga se acata a la primera.
Hermione bufó y se encaminó hacia la puerta. Cuando giró el pomo, una mano ajena a a las suyas presionó con fuerza la madera, dando un portazo. Su espina dorsal se heló al sentir la figura de la bruja acoplarse tras su espalda.
Olvidó por completo que era ella quien llevaba el mando y no Bellatrix. Su confianza se disolvió en el miedo y en los recuerdos que sucedieron en el campamento, dejándola indefensa ante la presencia dominante que se cernía por momentos, acariciando su melena con el rostro. Unas largas y afiladas uñas pintadas de negro tantearon su mandíbula y se escurrieron por la clavícula al tiempo que notaba unos besos detrás de la oreja.
—Mía.
La exigencia apenas fue un susurro. Si su oído la captó, fue por la cercanía de la boca de la poderosa maga a él. Y, aun así, el murmullo poseía tanto poder y convicción que se convirtió en una daga capaz de mantener a Hermione sin replicar.
Una voz que preguntaba desde el otro lado de la puerta la sacó de su tormento. Apartó la opresora garra que se ceñía a su cintura y se tiró hacia atrás para poder abrir la entrada.
—¡Pansy!
Se lanzó a los brazos de ella. Antes de que pudiera descansar la cabeza en el hombro de Pansy, una sombra apartó a su novia tirándola al suelo y obligándola a deslizarse un metro por la fuerza de propulsión. Cabreada, la Slytherin se levantó con la ayuda de Ginny y Molly, quienes la detuvieron de ir a contraatacar a Bellatrix.
—¡¿Qué estás haciendo?! —apretó los puños, irritada.
—¡Es mía!
—¡Y una mierda de troll va a ser tuya!
Pansy se mordió la lengua al recordar que en el pasillo se hallaban todos observando la escena y que no era recomendable que supieran sobre la relación que tenía con Hermione.
Bellatrix abrazó por la espalda a la Gryffindor y alzó el mentón junto con una ceja, rebosando soberbia y desafío en cada gesto. Los espectadores se alarmaron al distinguir la esencia de Black en las acciones.
—¡Suelta a Hermione! —vociferó Ron, situándose frente a Pansy y mostrando un puño.
Unas atronadoras carcajadas le respondieron, encubriendo los quejidos y el forcejeo de la Leona.
—¿Sí? ¿Quieres que la suelte? —dio un lametón a la Gryffindor de la mejilla hasta la sien—. Oblígame.
Nadie se esperó a que Parkinson se abalanzara instantes antes de que Granger ordenara a Lestrange que la soltase. Bellatrix no tardó en reaccionar: al percibir cómo la joven se dirigía a ella, se separó de Hermione situándose frente a ésta, dispuesta a contraatacar. En un acto reflejo obtenido de las arduas batallas, la mayor la esquivó y la agarró del cuello, clavando las uñas en él y estrellando a Pansy contra la pared.
La joven intentó hablar. Pero Lestrange apretaba por momentos la garganta, imposibilitando que el aire circulara.
—Si te acercas a ella... acabaré contigo —siseó Bellatrix.
Lestrange no pudo escuchar los gritos de Hermione que la ordenaban a que parara, ni siquiera le importó que los demás desenfundaran sus varitas, simplemente mantenía la atención al rostro que adquiría color por la falta de oxígeno. Tan inmersa en su locura, en el placer de ver sufrir a otros, ensimismada en la perfecta concentración que consiguió alcanzar gracias a su amplia experiencia en los duelos y en las torturas, continuó apretando más y más con la intención de escuchar el sutil crujido de la nuez de la garganta al romperse. Hasta que en su borrosa visión apareció la cara de Hermione suplicando que parase.
Se detuvo al instante y Pansy cayó al suelo tosiendo sin control. Bellatrix continuó observando con inocencia y alegría al interés de su obsesión romántica. Si hubiera tenido cola como la de un perro, seguramente la estaría sacudiendo por el inmenso alborozo que sentía.
Oh, ¿cómo era posible que nunca se hubiera fijado en Hermione Granger?
Frunció el ceño cuando ésta empezó a golpearle en el hombro, casi llorando. ¿Por qué estaba enfadada? ¡La había protegido!
—¡Eres una bestia! —gritó, golpeando con ambos puños a la mortífaga— ¡Te dije que pararas y no me has obedecido!
—Iba a hacerte daño, te he protegido de esa sangre pura.
—¡No es verdad, Pansy nunca me haría daño!
Antes de que Bellatrix pudiera contestar, ésta no vio venir el puñetazo que provocó su desmayo. Todos los presentes parpadearon al mirar a Parkinson, todavía tosiendo, cómo se quejaba del dolor de sus nudillos. Ron formó una expresión de aprobación y sorpresa.
—Nada mal —puntuó, curvando los labios hacia abajo.
—Puta cof loca cofcof. ¿A quién debo de darle otro puñetazo y decir "¡Te lo he dicho!"? ¡Hasta os predecí el maldito futuro y todavía estáis sorprendidos de lo que acaba de pasar!
—Ha tomado una poción de amor simple, necesitará la Amortentia para su total sumisión. Tener a una bruja tan cualificada protegiendo la casa y a la pequeña Hermione nos irá muy bien puesto que ya sabéis que tendremos que abandonarla varias veces —Alastor dirigió su atención a los adultos de la Orden quienes asintieron un tanto desconcertados por la situación—. Una vez la beba, intentaremos conseguir información y continuaremos con el plan de evitar que regrese al bando contrario. Si Harry tiene razón, necesitaremos toda ayuda posible para acabar con esta guerra.
—¿Qué necesitará la Amortentia?! ¡Yo casi necesito una maldita tumba! ¿Estáis ciegos? — Pansy sacudió la cabeza al no ver reacción alguna en los adultos, bueno, sí, pero quien llevaba la batuta del grupo era Alastor Moody y él no estaba dispuesto a escuchar a una joven mortífaga—. Aaaah, ya veo, no estáis alarmados porque habría muerto una mortífaga, ¿verdad? Nadie dice nada porque he sido yo quien ha ido a por la loca de los gatos, ¿no? "Todo esto es por el bien común", ¿eh? ¡Que os jodan a todos!
Se adentró en la habitación de Hermione y cerró la puerta de una patada.
—Creo que tendrás que pedirle que nos tenga más respeto, si quieres que se quede aquí.
—¿Respeto? —Hermione encaró a Ron—. Ha estado a punto de morir, le habéis girado la cara ¿y le pides respeto?
—Dejémoslo, hay que hablar sobre dónde llevar a Lestrange para que duerma y-
—No, Ginny, aquí no hay nada de lo que hablar. Pansy ha estado a punto de ser ahogada y le contestáis con que hay que seguir con el plan. Haced lo que creáis, pero yo, por hoy, no estoy con vosotros. Por mucha desconfianza que le tengáis, sigue siendo una persona y os aseguro que ha hecho grandes cosas por salvarme. Empezando por mantenerme viva en el campamento y alejarme allí de las garras de Lestrange. Así que —agarró aire y alzó la barbilla—, si no se respeta a Pansy Parkinson, Hermione Granger no existe. Buenas noches.
Ginny y Daphne intercambiaron miradas y dieron un sutil brinco por el portazo. Los asistentes se sintieron incómodos al poco rato de digerir las palabras.
—Me temo que... nos hemos pasado —acabó por decir Tonks—. Necesitamos dormir para recuperar la falta de sueño de estos tres días y así comenzar a actuar como debemos.
La mayoría asintieron, apenados.
—Merlín, es una niña, ninguno de nosotros hubiera dejado que muriera —manifestó Molly, vigilando el cuerpo de Bellatrix por si se movía.
—Disculpad si os ofende, pero pienso que habéis reaccionado demasiado despacio si esas eran vuestras intenciones. Si yo hubiera tenido varita, os aseguro que las uñas de la señora Lestrange apenas habrían rozado a Pansy —Daphne carraspeó ante la mirada extrañada de la pequeña de los Weasley.
Quizás había hablado de forma petulante, pero tampoco no quería que los padres de Ginny tuvieran mala impresión de ella.
—Mañana nos disculparemos, ¿de acuerdo? ¿Alastor? —Arthur dirigió su atención al auror.
—Sí, sí, de acuerdo. Hemos actuado con mucha frialdad, pero no debéis de olvidar de que la guerra continúa. Id a dormir, yo haré la primera guardia esta noche.
