Remus tiene el bosque para él, un árbol para esconderse, y yo, yo tengo los subterráneos olvidados del castillo, tengo paredes de dura y fría piedra cerrándose sobre mí, tengo pociones que probar en mí, algunas me vuelven más violento hasta el punto de morderme a mí mismo, de arrancarme el pelaje como un loco a pesar de todo el espacio que dejan las piedras a mi alrededor, pero otras dejan mi cordura bailando, haciéndome sentir como una marioneta manejada por los hilos de un titiritero al que no logro ver.
Por los pasillos me encuentro con el traidor, lo ignoro como sus estúpidos amigos no son capaces de hacer conmigo, ni él cuando va sólo, me mira como un cachorrito herido y suplicante de perdón por haberse comido mis zapatillas favoritas, pero no hay vuelta atrás estas fuera de mi vida y si estoy deseando graduarme es sólo para no volver a olerte, a verte, ni encontrarte jamás.
El verano llega una vez más, Dumbledore aún no me ha dicho que será de mí en esta época, yo no soy oficialmente un licántropo, pero no pueden dejarme libre, así que por primera vez siento que he ganado, que no puede mandarme a un lugar al que no quiero ir ni puedo llamar hogar, pero ya no siento tener un hogar al que regresar, por un tiempo creí que esta escuela era mi hogar, pero me fue arrebatado por un traidor despreciable. Sin embargo me encuentro preparando mis maletas, y despidiéndome de la escuela hasta el próximo curso, camino hacía el tren para ir a mí no–hogar, mis pies pesan, Remus pasa a mi lado y me mira intensamente, creo que está más delgado, da lo mismo no es mi problema. En la estación del tren el profesor de defensa contra las artes oscuras me aborda, sujeta mi mano sin ningún pudor, me sonríe con sus dientes perfectos, y me hace ver con él como se marcha el tren, no entiendo lo que pasa, pero no puedo evitar dejarme llevar por él. Estamos solos, se quita el turbante que cubre su cabeza y extiende ante mí, resulta que es una alfombra mágica, hace que mi equipaje se vuelva del tamaño de una moneda y lo guarda en uno de sus bolsillos, le sigue otro hechizo, este sí que me sorprende, el rostro antes limpio del profesor ahora deja ver en la mitad derecha de su rostro gotas de un azul brillante dibujadas sobre su piel canela, y sin embargo sus ojos de azur siguen siendo más llamativos, por un momento me pregunto si alguien más del colegio lo ha visto así y me doy cuenta, seguramente soy el único. Nos sentamos sobre la alfombra y comienza nuestro viaje.
– Nos espera un largo camino, podemos disfrutar del viaje charlando o si lo deseas puedo contarte un cuento. – Me ofrece, estoy por elegir el cuento y dejarme mecer por su voz de encantador de serpientes, pero me decido por lo primero, creo que hay preguntas que necesitan respuestas.
– ¿A dónde me llevas?
– A mi tierra para que aprendas a ser un lobo entre lobos. – Contesta y lo miró sin entenderle del todo. – En este mundo que los humanos mágicos o no mágicos creéis que podéis catalogar en vuestros libros, hay razas que se pueden esconder mejor que otras. – Sonríe y se tapa el rostro con las manos teatralmente, volviendo a mostrármelo en pocos segundos. Puedo ver en él la perfecta unión de hombre y bestia, las orejas le han crecido, nariz y boca se han convertido en un hocico, pero los ojos, los ojos siguen siendo de un azur hipnotizante, una vez más cubre su rostro y al volver a mostrarse es el hombre que conozco. – No soy como tú, yo no fui mordido, yo nací de lobos, mis padres, abuelos, ancestros, son orgullosos lobos, no tenemos una vida larga como algunos licántropos, pero al contrario dominamos por completo la transformación.
Ahora tengo más preguntas que antes, todas se amontonan de tal forma que no soy capaz de elegir una de todas, pero el lobo ante mí es sabio y resuelve mis dudas antes de que mis preguntas le lleguen, para cuando la alfombra aterriza en su tierra, estoy deseoso de conocer al clan, de escuchar sus leyendas, pero cuando me veo rodeado de todos ellos siento el temor del rechazo, para mi sorpresa, todos juntan su frente con la mía a modo de saludo y me abrazan como si fuera uno de ellos, un hombre algo más joven que mi maestro me sonríe infantilmente, las cicatrices de su rostro llaman mi atención pero más que eso es su olor, noto un cambio sutil en comparación a los otros, más parecido a mí y al traidor.
– Él es tu hermano, tu guía en el viaje que te espera. – Dice mi maestro sujetándonos a ambos del hombro.
El hombre le sonríe y le saluda con un beso en los labios después de juntar la frente, me sorprende un poco, más cuando veo que todos le saludan así, tras la cena de bienvenida, mi guía me explica que el beso es de respeto porque mi maestro es un elegido, y dibujando en el suelo un esquema jerárquico con el orden del clan, me enseña el lugar de cada uno. Ahora soy un simple cachorro sin importancia para ellos, puedo viajar por todos los territorios de lobos y no me atacaran por eso mismo, pero cuando me consideren un adulto poner un pie en territorio de un clan sin ser invitado puede costarme la vida, también me explica que ellos no me despreciaran jamás por ser un medio lobo, mientras yo aprenda a estar orgulloso del regalo que me han hecho, en ese punto no tengo más remedio que explicarle que pasa con los licanos de donde yo vengo, niega con la cabeza, y me explica que en sus tiempos eran más drásticos, de llegar a quemarlos en la hoguera como a las brujas hace no muchos siglos, es entonces cuando me dice que lleva nada más y nada menos que diez siglos en este mundo y también que al contrario de lo que se cree la licantropía no están fuerte en mi generación como en las primeras, pues él se transformaba en sus tiempos cada noche le gustase o no, ahora no lo hace porque después de tanto tiempo ha aprendido a ser el dueño de su cuerpo y de su mente, pero yo no tengo diez siglos para aprender eso, tengo un verano y quien sabe que pasara después.
El tiempo que no estoy aprendiendo a ser el dueño de mi cuerpo, sigo con mi poción, nuevos tiempos, más ayudas para el licano moderno, bromeo con mi guía, él me sonríe, e incluso me deja experimentar con él, gracias a su ayuda descubro los dos ingredientes finales, los que me hacen ser el dueño de mi cuerpo y mente en esos momentos, y no es por ser presuntuoso, pero mi poción es mucho mejor que la oficial, como no serlo, mi poción es como ellos dicen para lobos orgullosos, para poder controlar mi mente y disfrutar de mi licantropía como un regalo de los dioses y no la maldición que sentía que era, pero aun así, jamás voy a perdonar a ese traidor, ahora me doy cuenta que el poco orgullo de lobo que tenía lo perdió el día que me dio la espalda y no es más que un animal indigno.
