El maestro que resultó ser un lobo no regreso conmigo, ante mis ojos fue elegido para ser la voz de la razón entre clanes, perdió la libertad que tenía pero gano otra según él, aún no soy capaz de entender lo que quiso decir con eso, pero sé que en la distancia tengo alguien en quien confiar, un amigo, un maestro, y un lugar al que regresar, los lobos me aceptan entre ellos, me tratan como a un igual sin importar mi sucia sangre, mi cuerpo impío, no voy a pensar más en ello, menuda manera de flagelarme y perder el tiempo. Aunque he de reconocer que ellos me aceptan totalmente, no necesito ocultarles nada como a Voldemort y mis compañeros en su sequito, a veces siento que debería dejar todo esto atrás y simplemente ser un lobo.
Regulus y Pettigrew me esperan para el refuerzo de pociones, personalmente he de decir que Pettigrew no tiene ningún futuro en la magia por más ganas que le ponga, pero Regulus es realmente diestro en la materia, me gusta compartir tiempo con él, no me mira por encima del hombro, es de estas personas que te miran directamente a los ojos cuando te hablan y en nuestras pequeñas incursiones para Voldemort ha demostrado ser un buen compañero, tomaremos la marca de Voldemort juntos, cambiaremos el mundo.
Estamos decidiendo que pociones del temario practicar esta tarde en el desayuno cuando caen sobre mí un sinfín de vociferadores que revientan soltándome una sátira a mi nariz.
"Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;
era un reloj de sol mal encarado.
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.
Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
los doce tribus de narices era;
érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito."
Son tantos que parecen decirlo a coro destrozando mis oídos, pero no pueden callar las risas de la mesa de los leones y las demás, puedo adivinar quienes han sido sin pestañear, mis ojos se cruzan un momento con Lily que ríe la gracia con una de sus amigas y aparta la mirada con el ceño fruncido, ¿fue siempre así?, ¿riendo las bromas crueles de los demás? Regulus y otros compañeros me ayudan a destruirlos, hasta se disculpa por la estupidez de su hermano y me explica que es la obra de un autor muggle, está claro que su hermano no es tan listo para inventar una sátira como esa, pero siento ganas de hacerle tragar cada uno de esos vociferadores hasta que revienten en su interior. Quisiera saber cuánto daño más quiere hacerme, pero me doy cuenta, gracias a él encontré mi sitio, no sólo a los lobos, también fue él quien me dio el último empujón para unirme a Voldemort, así que sonrió para mi mientras abandono el comedor, no tengo más tiempo que perder.
Regulus se ha peleado con su hermano por mí, y los vociferadores siguen llegando, se ve que ha tenido mucho tiempo libre, gracias a él y a todos los descerebrados como él he terminado por aprenderme la dichosa sátira, no hay ni un sólo lugar en el castillo en el que no me lo recite alguien o aparezca algún vociferador para acompañarme, y ya casi no necesito pronunciar el hechizo explosivo ni el de atar lenguas, aunque algún rictus sempra también he lanzado si se quieren reír, que se rían hasta hartarse.
Para el refuerzo de pociones nos han dejado usar un aula que deja ver el bosque, para ser exactos la misma aula en la que un buen día me escribieron una enorme mentira en la pizarra, pero eso no me impide hacer una buena poción y conseguir que a Regulus le quede perfecta, a Pettigrew con que le salga ya puede respirar tranquilo, es tan malo en esto que sinceramente yo no le dejaría graduarse por más ganas que le ponga, y como prueba de su inteligencia cuando aparece uno de los vociferadores de su amigo no atina a darle para destruirlo, le grito que pare pero es demasiado tarde su hechizo acierta a la poción, esta tarda pocos segundos en hervir, va a estallar. Quizás por reflejo cubro a mi compañero de casa con mi cuerpo, los oídos me pitan de la explosión y siento calor en la espalda, siento ir mi conciencia con el sentimiento de que Regulus estará bien y si el líquido ha llegado a quemarme tampoco importara mucho en mi cuerpo marcado.
El olor que me rodea me dan ganas de vomitar, apesta a alcohol, vómito y orines, igual que mi padre en un mal día, además siento que la ropa me aprieta hasta no dejarme respirar, pero entonces noto otro olor, es leve y casi imperceptible, me hace abrir los ojos buscando a alguien que nunca más cogerá mi mano, y aunque lo hiciera sé que siempre la soltara por un amor destructivo que nunca trajo nada bueno. Debo estar teniendo una pesadilla en la enfermería del colegio, estoy en casa, mi padre duerme su borrachera en una esquina rodeado de botellas, es él quien tiene ese nauseabundo olor que nunca puedo olvidar, lo miro con asco antes de sobresaltarme por un contacto frio en mi mejilla, la mano que me acaricia con una ternura que apenas puedo recordar es la de mi madre, la miro temeroso de que desaparezca o de despertarme, porque pocas veces fue así conmigo estando él delante, era mejor no hacerme caso, así él tampoco me notaria.
– Te has convertido en un gran mago. – Dice sonriendo con lágrimas que caen por su rostro.
Me abraza y me pregunto si mi madre siempre fue tan delgada y pequeña.
– Vámonos, vámonos antes de que se despierte, podemos escondernos en el mundo mágico y nunca te encontrara. – Digo sujetando su mano y tirando de ella con cierta vehemencia antes de notar que apenas llevo una camiseta interior que me aprieta y unos calzoncillos que de lo pequeños que me quedan creo que me han dejado estéril, pero nada de eso importa, ahora tengo la fuerza suficiente para proteger a mi madre y sacarla de esta horrible casa.
– No. – Responde sin levantar la voz, soltando mi mano y saliendo de la habitación.
La sigo por las escaleras para hacerla entrar en razón, ella me da las ropas limpias de ese desgraciado que no tengo más remedio que ponerme, porque sé que no hay otras. Me cambio en su cuarto algo avergonzado, no deja de observarme como si fuera yo él que va a desaparecer.
– Has crecido tanto, pareces todo un hombre. – Da unas palmadas en su cama indicándome que me siente ahí, me desagrada, puedo ver manchas que no han llegado a salir de la colcha, pero la obedezco. – No puedo ir contigo, eso cambiaría el pasado y además yo tome mi decisión de darle mi vida hasta el fin a Tobías por encima de mi misma y de todo.
– No merece la pena, estaremos mejor sin él, madre ven conmigo. – Le digo buscando sus manos, pero ella vuelve a negar con la cabeza.
– Perdóname Sevi, – Únicamente me llamaba así cuando era pequeño y estábamos solos, dejo de hacerlo después de que tuve un fuerte estallido de magia en una de las agresiones de mi padre – Severus sé que lo que te hago no es justo, pero soy una mala madre, porque soy incapaz de elegir tu seguridad por encima de mi amor por tu padre. – No quiero oírlo, más vale que el señor de los sueños me saque de esta pesadilla ahora mismo si no quiere que le enseñe algún que otro hechizo prohibido.
– ¿Para qué me tuviste si me ibas a condenar a una fantástica vida de dolor y miserias? – Le pregunto dándome cuenta de que siempre he querido saber la respuesta.
– Porque tú eres la prueba de nuestro amor y lo mejor de los dos.
– ¿Has escuchado esa frase en algún programa muggle o de verdad te crees esa mierda?
El golpe que me da con la mano abierta en toda la boca, me saca de mi error, esto no es un sueño y nada me permite faltarle el respeto de esa forma a mi madre.
– No te eduque para que hablases así, yo eduque un caballero. – Se me escapa una carcajada, por lo que yo puedo recordar he pasado más tiempo encerrado en mi cuarto o en la calle que con mis padres, era mucho más seguro para mí, estar juntos nunca terminaba bien. – No sé cómo será tu vida de ahora en adelante, pero vas a tener que ser fuerte para protegerte y proteger a esa persona que sea más importante que tu vida. – Mi madre debe de haber bebido un poco también, pero bueno ya que se me ha dado la oportunidad de estar con ella una vez más, será mejor no comentarle que me traicionaron y yo mismo traicione a Lily, pero vamos si hay un barómetro de traiciones dolorosas voy ganando tanto como el traidor como el traicionado.
Realmente ahora que me fijo en mi madre, no se parece en nada a la última vez que estuvimos juntos, ahora sus ojos todavía parecen brillar, aún puedo notar su pose orgullosa y su aliento no parece indicar que haya estado disfrutando de los restos olvidados de las botellas de mi padre.
– No sé de cuánto tiempo disponemos y no podemos permitir que tu padre te encuentre bajo ningún concepto o no sé cómo podría acabar el día. – En mi rostro se dibuja una sonrisa al oírla, si tuviese mi varita me puedo imaginar cuál sería el resultado. – Hoy he hablado con tus abuelos. – Eso me sorprende. – Tienes un gran potencial en la magia y sé que tu carta para Hogwarts llegara.
– ¿En qué año estamos?
– No me interrumpas cuando te hablo, ¿tanto ha cambiado Hogwarts que has perdido tus modales? – Es una de esas preguntas trampas, si le contestó me puedo llevar otro golpe, así que la miro, realmente tiene muchas menos arrugas de las que recuerdo, sus ropas e incluso las que me ha dado de padre parecen menos gastadas de lo que estoy acostumbrado. – Si escuchases en lugar de interrumpir, sabrías que para mí tienes 4 años y hoy ha sido tu gran estallido de magia, he tenido que reparar todos los cristales con magia gracias a ello. – No dice nada sobre lo que yo recuerdo de ese gran momento, como mi padre me dejo inconsciente al golpearme con una botella en la cabeza. – Ese estallido de magia debe de haber chocado con otra en tu tiempo y os habéis cambiado. – Si logro regresar a mi tiempo voy a descubrir que tan buen amigo es Regulus. – Cuando ambos volváis a encontraros en la misma resonancia volveréis a cambiaros, por eso presta atención y no me interrumpas más. He hablado con tus abuelos, han prometido que si la carta llega y eres seleccionado para nuestra casa, costearan tu colegio, además en caso de que algo nos ocurra a tu padre y a mí se harán cargo de ti. – De lo que se entera uno en los viajes en el tiempo, porque mis abuelos no estuvieron en tu entierro, ni mi padre que no se tenía ni en pie y tuve que ocuparme yo de todo con la ayuda de las vecinas, pero vamos que ya entiendo porque aunque tú no estés puedo seguir hiendo a Hogwarts y, no a un estúpido colegio público para muggles en el que seguro que tampoco encajaría como no encaje en mi infancia.
Mi madre vuelve a examinarme fijamente, como si pudiese leer en mi todo cuanto he pasado, por un momento temo que descubra que soy un licántropo, puedo sentir el orgullo de lobo pero sé que si se lo digo ella no va a sentir ningún tipo de orgullo precisamente.
– ¿Te apetece un té?
– Creía que padre no debía verme. – Le digo pensando en que no es un buen momento para ir a la cocina con él tumbado en medio del comedor.
– Tranquilo, no se despertara, no lo ha hecho ni cuando he hablado con tus abuelos mientras esperaba a que tu despertaras.
Cambiamos de lugar y aprovecho para ver si la casa de mis pesadillas no es tan gris como yo la recuerdo, pero me doy cuenta de que mi memoria no me la ha jugado, no hay nada en la casa que me haga sentir en casa, aunque este mi madre. Ella prepara el té usando la magia, que mi padre este inconsciente no quiere decir que tentemos la suerte haciendo sonar la tetera.
– Sé que no voy a estar para cuando me necesites realmente, que vas a vivir momentos difíciles y duros, pero todo eso te ayudara a encontrarlo. – La miro intentando entender a qué se refiere, tengo claro que esos momentos ya los había vivido, acaso me espera algo peor a lo que ya he vivido. – Un día vas a encontrar algo o alguien por lo que te merezca la pena darlo todo. – Estoy por decirle que yo no seré como ellos, pero guardo silencio. No estropeare este último encuentro con palabras crueles, por más ciertas que sean. – Ahora eres joven y puedes creer que ya has vivido lo peor y conocido a esa persona o dado con ese algo, pero muchas veces la juventud no es buena consejera.
Presto atención a sus palabras dándole pequeños sorbos a un té amargo y mordisqueando unas pastas demasiado blandas y algo rancias. Empiezo a sentir un sopor extendiéndose por mi cuerpo, aún no, me digo a mismo forzándome a permanecer despierto apuro el último trago de té notando un regusto extraño al final, como algo que se mezcló pero permanece en el fondo, dejando la taza en su sitio intento averiguar si mi madre ha echado algo en el, mas ella ignora mi mirada inquisidora para tomar mi taza y observar los pozos con detenimiento profesional.
– Has entrado en una encrucijada sin darte cuenta, el camino que decidas seguir marcara un cambio muy grande y no podrás volver a atrás, medítalo bien antes de decidir. – La oigo decir con una voz que se apaga a cada palabra.
Todavía hay cosas que quiero preguntar, que quiero contarle, estiro la mano para coger la suya y forzarme a quedarme un poco más en este tiempo, aun sabiendo lo absurdo que es, las cosas que quiero preguntarle ella aún no las ha vivido y si afectase el coger a alguien para el viaje temporal todavía estaría abrazando a Regulus.
Al volver a abrir los ojos me encuentro con los de mi amado lobo, ambarinos, brillantes como estrellas, puedo sentir su olor a mí alrededor y me siento protegido, por un momento recuerdo algo que leí y lo repito para mí mismo.
– Los lobos eligen una pareja para la eternidad.
Cuando despierto estoy sujetando la mano de Regulus que me abraza con la mano que tiene libre, no sé si despertarle, esta situación es demasiado embarazosa, además puedo sentir otro olor mezclado con los nuestros, pero no estoy seguro de quien es, por un momento pienso en Lupin pero rechazo esa idea automáticamente.
Regulus se despierta sobresaltado cuando intento zafarme de su abrazo, me mira avergonzado pero no duda en apartarme el pelo del rostro con la misma mano que antes me abrazaba.
– Me alegro tanto de que estés de vuelta. – Dice observando mi frente, no sé porque pero me sonrojo y no soy capaz de seguir mirándole así que me levanto bruscamente de la cama intentando recordar cómo fue ese día para mi hace más de 10 años.
– Gracias por cuidarme, te devolveré el pijama cuando esté limpio. – Le digo viendo que hasta me apropie de su ropa y que gracias al señor esta vez no llevo sólo una ropa interior en la que ni siquiera entro.
– Quédatelo, te lo regale anoche.
Sigo intentando recordar, pero apenas consigo acordarme de un ejército de patitos de goma y del pijama, recuerdo haberlo buscado durante semanas entre la ropa como si fuese un tesoro y la desilusión de no encontrarlo.
– Lo recuerdo, tú secaste mi pelo. – Le digo forzándome en seguir recordando, recuerdo unos ojos marrones, otra persona muy amable pero nada. – ¿Había …
– Has debido pegarle un susto de muerte a tus padres. – Dice cortando mi pregunta.
– Estuvo bien. – Le digo pensando en las cosas que me dijo madre, la casa Prince parece estar respaldándome en la sombra, quizás debería intentar mandarles una carta a mis abuelos.
Observo la habitación y realmente sería el sueño de cualquier niño debí pasarlo realmente bien ese día, por eso era tan importante el pijama, para probar que fue real, esa fue la primera vez que sentí que tenía amigos, años después conocí a Lily.
Ayer faltamos a la cena y hoy al desayuno ya que ha aparecido ante nosotros, que pena que no apareciese ropa para cambiarnos, realmente ese baño es fantástico, me han dado ganas de jugar con los patitos de goma, de pequeño anhelaba jugar en la bañera en lugar de bañarme rápido y con la sorpresa de cómo saldría el agua si tan caliente que me quemaría la piel o tan fría que no sería capaz de parar de temblar, aunque tal vez saliese templada y mi madre me dejaría quedarme en remojo jugando con los tapones como si fuesen barcos. Debemos regresar a nuestra sala común, Regulus lleva el uniforme desarreglado mientras que yo estoy usando su túnica para cubrir que voy en pijama aunque se sigue viendo. Aprieto los dientes cuando veo que nos vamos a cruzar con el cuarteto de gryffindor, para mi sorpresa mi amigo me coge la mano y les da los buenos días. Por primera vez Black no me ha dirigido ninguna palabra, al contrario le he visto pálido intentando decir algo y no siendo capaz de ello. Creo que Regulus ha probado de sobra ser un amigo leal, no me arrepentiré de tomar la marca de Voldemort a su lado.
