Una más, una menos

No llegó ni al segundo cuando Daphne se lanzó hacia un lado tirando del brazo de su amiga para precipitarse hacia el final del pasillo, donde se encontraban las escaleras. Los chillidos de las Slytherins sucumbieron ante la ruidosa explosión que incrustó en la pared la puerta de la habitación que dejaban atrás.

—¡CORREEEEED! ¡LESTRANGE ESTÁ AQUÍ!

Los gritos recorrieron la distancia que les quedaba a las piernas por hacer. El escudo de Pansy, quien casi se cayó al girar el torso hacia atrás, apenas frenó el primer maleficio de la mortífaga. Y el segundo de Bellatrix dio de pleno a la sujeción de la lámpara del techo de la amplia zona del segundo piso justo cuando estaban a punto de llegar a las escaleras.

Ambas brujas tuvieron el reflejo de lanzarse a un lado con el objetivo de dejar espacio a la maraña de hierros que se desmoronaba sobre ellas, pero Pansy tuvo que usar un Impulso para saltar por la baranda que parecía un balcón con vistas al primer piso.

Allí abajo, en el vestíbulo, observando con los ojos desorbitados, Ginny agarró con fuerza el pomo de la puerta de entrada y desapareció de vista. Parkinson aterrizó sobre sus pies y, después de empezar de nuevo a correr a toda velocidad hacia el mismo camino que la pelirroja había tomado, sus ojos miraron rápidamente sobre sus hombros. Vio a su amiga bajar las escaleras como podía.

—¡DAPHNE!

—¡CORRE, PANSY, NO PARES!

Y ésta obedeció. Abrió la puerta principal y se topó con la claridad apagada del atardecer. Continuó corriendo.

Bellatrix ni se inmutó en seguirlas con el mismo ritmo. Apareció de entre las paredes del pasillo andando con lentitud y el mentón alzado. Su media sonrisa, sus pupilas chisporroteando crueldad y felicidad, y su varita moviéndose alrededor de sus dedos como si se tratara de un juego desentonaban con el caos de hierros, piedras y polvo que había creado en poco tiempo.

La mortífaga respiró por la nariz al mismo tiempo que levantaba una de sus cejas y apoyaba la palma de sus manos sobre la baranda del piso superior. Sus iris oscuros fueron directos al encuentro de los claros de Greengrass que miraban desde abajo, en el vestíbulo de entrada.

La Slytherin hinchó el pecho y levantó la barbilla durante la respiración.

—Greengrass, Greengrass, Greengrass... Así que tú, de entre todas, eres la idiota que se piensa que su sacrificio va a salvar a las demás. No vas a durarme ni tres segundos en el duelo, no te va a servir ni para darles tiempo a escapar.

—Señora Lestrange —su tono no fue ni serio ni burlón—, me temo que yo más que nadie sabe a lo que me enfrento. Si alguna cualidad tengo, es que acepto lo malo que viene a mí con cierta facilidad.

La risa aguda e infantil correspondió al apellido.

—¿Te estás preparando para morir o te doy un par de segundos más? Quizás demasiado tiempo, ¿no crees? Te daría el tiempo suficiente como para que te des cuenta del tremendo error que ha sido traicionar a tu sangre y empieces a suplicar y a lloriquear —la punta de su varita empezó a enredar un rizo del flequillo—. Oh, vaya, ¿y esa cara? ¿he dado en algún punto débil?

—No, señora Lestrange, simplemente pensaba en lo que dejaré atrás.

—¿Ni siquiera vas a decirme que tienes esperanzas de salir viva de aquí? Pfff, vaya Slytherin menos Slytherin.

—No las tengo —apretó los labios y desvió la mirada con destellos de revelación y desconcierto en sus pupilas—. Creo que es y será lo más valiente que he hecho nunca... —murmuró.

—Yo diría que es lo más estúpido que has hecho —se carcajeó—. No es de ser valiente dar la vida por otros, es de ser imbécil.

—Hablaba de mirar a los ojos a la mismísima muerte y no temblar —alzó la vista hacia el piso superior donde Lestrange arrugó la nariz en desaprobación—. No todos pueden decir que no temen desaparecer, y ambas estamos de acuerdo de que a estas alturas los mortífagos no luchan por sus ideales, sino por el temor de que el Señor acabe con ellos si no cumplen con sus órdenes.

—¡No hables así, maldita traidora!

—Lo siento, señora Lestrange, a diferencia de usted, yo puedo pensar y decir lo que quiera. Es la ventaja de ser una traidora a la sangre; la libertad de poder actuar como una es.

Y la tensión que desencadenó el desafío que transmitían los ojos de Greengrass se disolvió en presencia de las vigas de metal y los ladrillos que formaban el techo.

Daphne, más bien por el susto y no por el peligro, se retiró dando un enorme salto hacia atrás profiriendo un chillido de sorpresa. Parpadeó. Boqueó. Se quedó con la mirada fija en el punto donde, hacía nada, Bellatrix Lestrange le devolvía el asco mutuo que sentían.

Y únicamente podía ver una montaña de escombros que había dejado paso, al caer, la vista del atardecer sobre el tejado. Faltaba un trozo del techo de la casa muggle, y ese trozo se encontraba encima de Lestrange. Daphne necesitó repetírselo más veces, muchas más.

No podía ser tan fácil, ¿verdad...?

Con el pecho agitado por el movimiento de su respiración descompasada, Daphne levantó la mirada hacia el hueco que había. Tuvo que entrecerrar los ojos para poder ver bien qué se encontraba encima del tejado: Un rostro taciturno, una mano escondida en el bolsillo trasero del tejano, el otro brazo que sujetaba la varita descansando a un costado...

Greengrass tragó saliva al contemplar en contra picado la silueta oscurecida por los colores rojizos que se encontraban tras la espalda de ésta. Hermione tardó en dejar de mirar con seriedad el agujero que había creado.

—¿Estás bien, Greengrass?

—Está... ¿está muerta? —preguntó. No hubo ni un instante en el que sus dedos relajaran el agarre de la varita.

—¿Has visto si agitaba la varita antes de que fuera aplastada por el tejado?

—¡Agitar la varita! —su voz se agudizó por la sorpresa de haber oído eso—. ¡Mi cuerpo todavía estaba saltando por el ruido cuando ya había dejado de ver a Lestrange! ¡Ha-ha sido todo muy rápido!

—Entonces está muerta.

La Slytherin no contestó. Debía de digerir rápido lo que acababa de pasar y la voz tan neutral de Granger no ayudaba del todo. Supo que había estado más tiempo de lo normal con la atención clavada en el amasijo de cemento y hierro, lo suficiente como para que alguien le tocara un hombro. Después del respingo -todavía se esperaba resurgir de entre las cenizas a la mortífaga-, torció el cuello para ver quién se situaba tras su espalda.

—Está muerta... —murmuró Daphne, incrédula—. Ha sido demasiado fácil como para qu-

—No... Da igual si ha sido fácil matarla o no, te habría costado lo mismo reconocer su muerte como ahora porque ya suponías que ibas a morir tú y no ella —Ginny apartó su mano del hombro al percatarse de ello. Susurró—: Supongo que... he de agradecerte que hayas dado tu cara por la nuestra —asintió sin mirarla—. No eres tan cobarde y egoísta como pensaba.

Greengrass no dijo nada. Su mirada pasó por encima de las partículas de polvo, que ya empezaban a aposentarse sobre la superficie, para volver a vigilar la montaña de escombros.

—Tendríamos que asegurarnos...

—¡Uh! —la pelirroja mostró sus palmas y se echó atrás—. Yo no tengo estómago para ver sesos y carne machacada.

—Iré yo misma.

—¿Seguro, D? —Pansy asomó su cabeza por la obertura de la puerta principal abierta. Sus brazos encarcelaban con fuerza a Hermione una vez ésta había bajado del tejado Apareciéndose—. Eres muy propensa al desmayo, eh.

—Que sea rápido —intervino Granger, su rostro preocupado continuaba orientado hacia las afueras de la casa—. Debemos de huir ya mismo; acabo de enviar un patronus a casa de Perseus y nadie me ha contestado. Eso es muy mala señal, y si Lestrange estaba ahí siendo un gato... y ahora está aquí...

—¡Accio varita de Lestrange! —el hechizo de Daphne funcionó. Al estar escudriñando ya cerca de las primeras piedras dispersadas por los escalones de la amplia escalera de mármol, cuatro trozos de varita zumbaron por el aire hasta llegar a la mano de la rubia—. Está ahí... —señaló un cable que sobresalía para indicar la posición a la pelirroja que estaba siguiéndola—. Voy a acercarme, aunque con los tacones no creo- ¡UNA RATAAA!

Tal fue el choque entre Daphne y Ginny que la segunda necesitó de toda su fuerza muscular para que ambas no cayeran rodando.

Ginny parpadeó varias veces procurando regresar a la realidad. Se encontraba firme como un militar, en tensión, tanto por culpa de la presión de los brazos de Daphne presionando su caja torácica como por la Slytherin misma. Ésta seguía con la respiración agitada, chillando sin control y acurrucando su rostro en la clavícula de la Gryffindor a más de intentar esconderse detrás de ella.

En ese instante, reconoció a la rata que saltaba de piedra en piedra.

—¡Es Scabers!

—¡Es Peter Pettigrew! —Hermione lanzó varios Petrificus Totalus que acabaron perdiéndose en las baldosas sin producir ningún efecto—. ¡No dejéis que escape! ¡Él debió de ser el cómplice que ayudó a Lestrange!

Un chasquido rebotó por los muros al instante en el que un patronus iluminó el salón. Las cuatro brujas no pudieron evitar quedarse sin aliento al observar el patronus de Molly Weasley, dando a la rata de Peter Pettigrew la oportunidad de escapar hacia los jardines.

—Los cuarteles de la Orden están siendo atacados. La casa de Perseus ha sido destruida. Huid, es una orden que no admite peros. No volváis a Grimmauld Place por ahora —la voz de Molly resonó a través del patronus plateado que flotaba por encima de sus cabezas intranquilizando a la audiencia—. Harry sigue en su búsqueda y está al tanto del ataque. No os separéis, la fuerza reside en la unión, tampoco enviéis ningún patronus, es peligroso. Y os quiero mucho... mucho.

Hermione desvió la mirada pensativa hacia el suelo. Después la levantó para mirar a Pansy una vez se desvaneció la luz plateada que irradiaba la mamá oso de Molly.

—Ha sido un ataque premeditado —susurró, sorprendida—. Han utilizado a Lestrange para saber la posición de los cuarteles.

—Tienes razón, Granger, pero nos dimos cuenta demasiado tarde.

La Leona giró bruscamente la cabeza para encontrarse en la puerta del comedor, recortada en la penumbra, la silueta de un joven.

En cuanto el mago dio un paso enfrente para que la luz del atardecer que entraba por el hueco lo bañase, se descubrieron sus ropajes rasgados llenos de polvo y el cabello rubio desordenado acompañado por una expresión abatida. En brazos llevaba su varita y una canasta de mimbre cubierta. Caminó con lentitud, dando bocanadas de aire. Parecía que había estado corriendo antes de Aparecerse.

—Nunca pensé que los mortífagos pudieran usarme de esta forma —acabó Draco, sentándose en el borde de un escalón para descansar y apoyar sus antebrazos en las rodillas después de dejar la canasta a un lado. Ladeó sutilmente la cabeza para mirar a las cuatro brujas—. Si no les hubiera dicho a los adultos de la Orden que fui yo quien alteró la botella de whisky, no habrían aceptado tan rápido a mi tía. Lo siento mucho, mucho —suspiró, temblando por la impotencia—. Todo ha sido culpa mía...

—No te culpes —le dijo Pansy con voz firme, vigilando por la ventana del vestíbulo cualquier movimiento sospechoso—. En la guerra no hay culpables.

—Sólo víctimas —acabó Daphne, acercándose a él—. Pansy tiene razón cuando dice que no debes culparte. Ahora tenemos que huir de aquí.

El rubio tragó saliva, asintiendo a la vez que tensaba los músculos faciales para no llorar. Y no iba a hacerlo, eso lo tenía muy claro.

—¿De la mansión, quién ha sobrevivido? —inquirió Daphne ante el silencio atroz que embargaba el ambiente. Se sentó al lado de su amigo.

—Sólo los Weasley lograron escapar.

—¿Sólo?! —chilló Hermione, desesperada.

El Slytherin asintió con la cabeza, lentamente.

—Y porque se encontraban de camino a casa de Bill Weasley cuando atacaron. Tonks, Lupin, Alastor, Perseus, Helena... Todos han caído...

—¿Y tú por qué sigues vivo? —espetó Parkinson sin mirarlo.

La discusión que iba a desencadenar Hermione por encontrar ese ataque fuera de lugar fue parada por Malfoy con un simple gesto de mano. Él conocía de sobras que el tono frío y serio de su amiga no era un ataque personal, sino la representación de cómo se sentía ella por dentro.

—Sigo vivo porque me obligaron a huir —ante el rostro confuso de las brujas, se sacudió el pelo con ambas manos en un intento de desprenderse del polvo—. Perseus tenía un muy buen motivo para obligarme... Desgraciadamente, Helena fue la primera en caer cuando atacaron por sorpresa y por eso no está aquí conmigo, pero... En fin, Perseus me echó diciéndome que ellos eran más experimentados en la guerra y necesitaban de alguien que cuidara del tesoro más bien guardado de su mansión.

—¿Qué? —Pansy frunció el ceño, extrañada por lo que escuchaba—. No me jodas que no te han dejado luchar porque quería que te llevaras oro.

—No... Este tesoro es mucho más valioso que el oro. Por él se han sacrificado dos personas en concreto y ha sido celosamente guardado de todas las miradas, fueran de confianza o no. Nadie sabía de él.

—¿...Qué es eso?

Pansy se acercó muy despacio, escéptica, a la defensiva y nada segura de lo que podría encontrarse dentro de lo que estaba señalando Draco. Frunció más el ceño al ver la cara desencajada de Daphne observando el interior de la canasta cuando ésta abrió unos centímetros para ver.

Al reconocer qué había, Greengrass cerró la tapa de mimbre, se levantó y se alejó hasta llegar al lado de Ginny con la boca cubierta con una mano.

—¿Qué pasa? —le susurró Weasley.

Daphne mantuvo su expresión atónita.

—Problemas —dijo con una voz amortiguada por su mano.

—A tu tío le hubiera encantado escribirte una carta, pero únicamente tuvimos el tiempo suficiente como para protegernos mientras íbamos a la habitación del ático —continuó Draco, fijando su mirada en la de Parkinson—. En esa carta estarían escritas sus disculpas por desconfiar en ti y lo maravilloso que hubiera sido una vida tranquila en común entre los Parkinson y los Granger. También, cuando te vio... Mejor dicho, cuando se enteró que estabas con la sobrina de Helena, se sintió comprendido y aceptado por primera vez en su vida. Él no buscaba la comprensión de los Weasley o de otras personas, sólo de su familia... Y que un Parkinson pasara por lo mismo fue como un alivio para su alma de sangre pura. Le hiciste mucho bien, Pansy, le hiciste comprender que no estaba solo en este mundo. Al igual que a nosotros tres nos hace tanto bien apoyarnos.

La nombrada desvió la mirada, procurando no humedecer los conductos lacrimales más de lo previsto. Sin buscarlo, empezó a descargar lágrimas silenciosamente. Ella comprendía a la perfección a su tío, conocía las crueldades del mundo en el que había nacido y no pudo evitar que el corazón se le encogiera al imaginar si hubiera pasado tanto tiempo sola como él, sin la ayuda de Daphne ni Draco, sin Hogwarts y los muros que podían separarla de su familia mientras conocía a Hermione. Demasiado sufrimiento por abrir el corazón a la persona que tu familia no creía adecuada.

—Es evidente que hubiera querido que fueras feliz, que no cayeras en los mismos errores que él, que protegieses a quien de verdad te ama y no a quien te juzga.

Pansy conectó sus iris con los de Hermione, reconociéndose. Regresó a la realidad, apartando los recuerdos vividos con ella, al escuchar un tenue ronquido. Miró por la estancia en busca del causante del ruido al igual que Hermione y Ginny.

Hasta que... la atención se fijó en la canasta.

—No me lo puedo creer, no me digas que...

Draco soltó una carcajada por la cara desencajada de su amiga. Se aproximó a la pareja, una vez Hermione se abrazó al brazo de Pansy, y acercó la canasta mientras apartaba la tapa de mimbre y la manta, dejando ver el preciado tesoro de Perseus.

Un bebé, atrapada en el más profundo de los sueños, yacía respirando tranquilamente sobre un mullido cojín.

—Su nombre es Alyssa. Viene de alyssum, una flor que se creía que servía para curar la rabia y la locura, ¿genial, verdad? Tú también llevas el nombre de una flor —Draco formó una línea con los labios para disimular su sonrisa al toparse con la expresión atónita y escéptica de Pansy que miraba con ojos desorbitados de un lado a otro buscando algún cartel que pusiera "¡Inocente, has caído en la broma!"—. Sangre de tu sangre, Alyssa Parkinson Granger.

El primer movimiento provino de Hermione, quien, embobada, acercó sus dedos a las mejillas rosadas de la niña. Parkinson seguía en shock a pesar de los ruiditos infantiles y mimosos que su novia regalaba al bebé adormilado.

—Oh, Merlín, Pansy... —susurró Hermione, emocionada y llena de dulzura. Sonrió con los ojos humedecidos al notar que el bebé tenía los mismos labios que su tía Helena—. ¿No te parece maravilloso que nuestra sangre esté unida por ella?

—Sí, maravilloso el tener que cuidar de un renacuajo en plena guerra.

Daphne asintió al escucharlo.

—Entre todos lo lograremos, ya verás... —con sumo cuidado, Hermione acogió en sus brazos al bebé bajo la suave mirada de Ginny. Ésta también dio unos pasos para mirar a la niña con una sonrisa torpe—. Ven aquí, mi amor, estarás segura con nosotros. No te dejaremos sola —sus ojos miraron hacia arriba—. No la dejaremos sola...

—Para empezar no tenemos ni un lugar seguro en el que ir —bufó la Slytherin, irritada—, sabemos por seguro de que los mortífagos conocen dónde hay dos cuarteles, estamos al cuidado de una criatura que no puede valerse por sí misma, desconectados de la Orden y sus planes suponiendo que vayan a sobrevivir al ataque que ahora están contraatacando, Hogwarts está bajo el mandato del Señor y la gente de a pie sigue demasiado aterrorizada como para ayudar a tres desconocidos, dime, ¿dónde demonios ves la esperanza después de esto? Porque ya te digo que aunque nos Aparezcamos en algún sitio, seguiríamos en peligro.

Aww, mira, Pans, mira, ¡tiene el mismo color de ojos que tú!

La nombrada respiró profundamente, tembló por los nervios a más de la frustración que sentía al ver a Hermione mostrando fijación por la niña en vez de gastar energía en pensar qué hacer. Con rabia, echó un vistazo a la Leona que mecía, profiriendo tenues ruidos, al bebé que había parpadeado como reacción al escuchar las voces.

Hermione aproximó su cuerpo al de la Slytherin, mostrando el redondo rostro de Alyssa que ya estaba ligeramente desvelada y observaba la estancia con sus ojos avellanos, casi verdes, cargados de interés.

—Hermione, hazme el favor y llama a tu instinto de supervivencia y no al maternal —se quejó la pelinegra.

—Es una Parkinson totalmente —comentó Ginny—. Tiene tu mirada de querer matar al mundo.

—Qué va —reprendió Hermione entre risas—. La mirada de Alyssa es de concentración y curiosidad... Oish, qué mofletes más tiernos —los apretó con suavidad, ganándose un fruncimiento de ceño por parte de la niña.

—Tan asocial como su prima —soltó Draco.

—¡¿Queréis hacerme caso a mí y no a ese montón de carne blanda?! —Pansy contuvo el tono, lo suficiente como para no asustar a la cría.

—Espero que tú no seas tan celosa como ella —le murmuró la Gryffindor a Alyssa—. Ni demandes tanta atención.

—Yo sólo espero que su pelo no logre alcanzar la vida que tiene el tuyo —espetó Pansy, cruzándose de brazos—. Suficiente tengo con temer que tu melena me llegue a devorar mientras duermo como para preocuparme de una segunda.

Alyssa sonrió por imitación a las carcajadas de Malfoy.

—Merlín, ya habláis como si fuera vuestra hija y no vuestra prima.

El comentario fue como un despertar para ambas brujas. Se miraron y empezaron a reír, aliviando la tensión y el cúmulo de nervios que llevaban encima.

—No hay de qué preocuparse ahora —continuó Draco—. Llevo oro encima, suficiente como para abastecer las necesidades del bebé y las nuestras durante unos días. No llega para alquilar o comprar una casa, pero... Algo es algo.

—Yo sigo teniendo las llaves de las cámaras de Gringotts —Daphne suspiró—, pero si he de ser sincera no me hace gracia tener que cuidar de una criatura. Podría ser muy peligroso tanto para nosotros como para ella.

—Si he de ser sincera, creo que tienes poco que aportar sobre Alyssa —Ginny le devolvió la mirada de reojo—. Ha perdido a sus padres, lo mínimo que podemos hacer es acogerla en esta familia para que no le falta amor.

—¿En esta familia? —el rostro confundido de Daphne era muy parecido al de Pansy y Draco.

—¿Sí? —Ginny levantó los brazos durante el segundo que se encogió de hombros como si no entendiera qué estaba preguntando—. Somos una familia, ¿no? Un tanto... curiosa, pero nos queremos y nos damos protección, nos ayudamos... No sé, ¿soy la única que piensa así?

—Quizás amigos es la palabra que buscas —contestó Pansy, divertida.

—Mi madre siempre me ha enseñado que los amigos pertenecen a la familia. Supongo que todo depende de los valores que nos han enseñado —se rascó una ceja, agachó la mirada al suelo y sonrió para sí misma—. A mí me gusta la familia que hemos creado todos. No hay día que no piense en el encuentro con los del Ejército, echo tanto de menos sus estupideces...

Daphne miró a Draco, y Draco a Pansy. Ésta rodó los ojos con una enorme sonrisa en los labios.

—Weasley, nunca creí que me escucharías decir esto —inició Parkinson. Sujetó a Hermione de la cintura y fijó su atención a Alyssa—, pero gracias por incluirme en tu familia. Perseus y Helena deberían de estar tranquilos sabiendo que su hija va a estar en una como esta.

—Pensemos en cómo vamos a mantener esta familia a partir de ahora, entonces —Daphne se retiró un mechón del flequillo para disimular su felicidad—, ¿qué planes habéis pensado mientras dabais atención a Alyssa?

Todos se quedaron mirándose entre sí.

—¿No estabais pensando en ninguna opción para poder hablar ahora sobre hacia dónde ir? —inquirió.

—Ah, sí, sí —balbuceó Draco.

—Teniendo en cuenta que no podemos enviar ningún patronus porque es peligroso como dijo Molly, habrá que movernos a ciegas —Hermione pasó el bebé a Draco para que lo acomodara en la canasta.

—¿Creéis que la casa de Bill y Fleur también ha sido atacada? —preguntó el mago.

—No lo sé... Quizás haya sido un golpe maestro a todos los cuarteles de la Orden.

—¿Nos arriesgamos a ir allí?

—No veo buena idea ir a un sitio que no sabemos si será seguro o no, si fuéramos solos aún se podría considerar porque podríamos defendernos con nuestras varitas, pero con un bebé es distinto —contestó Daphne—, pero si no hay más remedio-

—¡¿Qué ha sido eso?! —gritó Pansy. Volvió a equilibrar su cuerpo al igual que sus acompañantes.

El espeluznante chillido que retumbó las paredes, acompañado por un temblor tan intenso que logró desequilibrar a los magos a más de resquebrajar los cristales, fue el causante de que Alyssa abriera los párpados, horrorizada.

Durante el lapso de silencio que siguió a continuación, la más pequeña del grupo no tardó en empezar a llorar. En el segundo temblor, más intenso que el otro, tanto que consiguió partir los cristales del vestíbulo, Draco se abalanzó sobre la niña para cubrir la canasta con su cuerpo de los trozos de vidrio que salieron disparados. Inmediatamente, el Slytherin desenfundó la varita.

Los temblores se repitieron con más frecuencia e intensidad, dificultando el andar y destrozando lentamente el techo que iba soltando polvo y pintura. Pansy, agachada, miró a Hermione durante los segundos que ésta escudriñaba con horror el horizonte que mostraba la ventana.

—¿Qué pasa?! —gritó Malfoy. Sacó a Alyssa y la estrechó contra su pecho a pesar del constante desequilibrio que sufría.

Ni siquiera podían poner las piernas rectas.

—¡Hermione!

El tono de Pansy, lleno de inseguridad, logró que la Gryffindor retirara su rostro atónito y temeroso de la ventana para acabar fijándolo en los tres Slytherins y a la Gryffindor.

—¡CORRED! —vociferó, apartándose de un salto de donde estaba vigilando— ¡VIENEN DOS GIGANTES!

Justo en el instante en que los cinco desaparecían por la puerta del comedor situado al lado derecho, un barrote del tamaño de un árbol fue lanzado desde la distancia y cruzó el salón partiendo por la mitad las paredes que sujetaban la puerta principal, aplastando los muebles e incrustándose en el montón de escombros del techo derruido.

—¡Al sótano, ya! ¡La puerta está en la cocina!

El grito de Parkinson alcanzó el oído de sus compañeros aunque los tremendos pasos movieran con fiereza los muebles y las lámparas del techo, provocando un ruido ensordecedor.

La respiración agitada de los cinco al correr con todas sus fuerzas tampoco ayudaba a la comprensión de las palabras.

—¡No! ¡Nos van a acorralar! —contestó Daphne, frunciendo el ceño y saltando por encima de los jarrones de porcelana que cayeron enfrente suyo.

—¡Hay que desaparecer antes de que nos vean! —Hermione se desequilibró al intentar evitar tropezarse con la parte trasera de las botas de su novia—. ¡¿Cómo es posible que puedas correr de esta manera con unos tacones tan altos y finos?!

—¡Porque no soy una torpe como tú que se tropieza aunque fuera descalza!

—¡¿Queréis centraros de una vez?! ¡Alyssa tendrá un trauma muy difícil de superar como nos atrapen! —chilló Ginny al agachar la cabeza para protegerse de un cuadro que se desprendía de la pared.

—Ah, ¿qué todavía no lo tiene? —las carcajadas de Parkinson mitigaron su ritmo de huida, hasta que notó un empujón en su espalda por parte de Hermione para que acelerara—. ¡Bienvenida al mundo real, enana!

—¡Entrad por esa puerta! —ordenó el rubio, contemplando la larga cocina por la que iban corriendo y que parecía que poco duraría por las sacudidas.

Obedecieron sin dificultad y se llevaron por delante la robusta puerta de madera del sótano con un simple Bombarda. Hermione se apoyó en la pared de la estancia después de bajar las escaleras, recuperando el aliento como si le fuera la vida en ello mientras los otros buscaban desesperados alguna salida. Por costumbre.

—¿Dónde vamos?! ¡Hay que pensarlo ya! ¡No hay tiempo!

—¡A los campos de alrededor de la Madriguera! —soltó Ginny. Agarró la mano de Hermione— ¡Corre, 'mione, tú eres la única que sabe Aparecer a un grupo entero!


Bueeno, vengo a traeros una mala noticia: hasta el sábado 18 o el sábado 25 no subiré el siguiente capítulo. La buena noticia es que la historia va a seguir, así que it's something :3 Espero que os lo paséis muy bien estas semanas!^^