El tiempo de los juegos ha llegado a su fin, oficialmente soy un graduado de Hogwarts, no miró atrás cuando dejo el colegio, ya no seré más un niño, ya es oficial para el mundo, soy un adulto. No negare que sentiré nostalgia en algunos aspectos, pero he elegido mi camino, aunque he jurado lealtad y dejado que me marcaran como hacían a los esclavos en el pasado, no le he entregado todo de mí, ha podido hurgar en mi mente libremente o eso le he dejado creer pues mientras lo hacía he podido notar como el mismo repelía mis recuerdos de infancia y es algo que uso para esconder a los lobos, a mi maestro y su clan que me acogieron sin temor y, al que yo mismo soy. Además tanto Dumbledore como Madame Pomfrey han jurado no decir mi secreto y si osaran intentar faltar a su palabra la magia cortaría sus lenguas.
En mi último viaje en el tren quisiera poder enmendar los errores de mi adolescencia, camino con determinación buscando a Lily por los compartimentos, para encontrarme con ella sujetando la mano de ese maldito Potter, contengo mi genio para no entrar y decirle algo de lo que me arrepentiré después y sigo hasta el compartimento en el que esta Regulus, es el último viaje que haremos así, me cruzo con Lupin y Black, este último aún no ha aprendido a contener su estupidez y me suelta uno de sus ya repetidos y gastados insultos.
– No tengo tiempo para ti, otro Black espera por mí. – Le digo haciéndolo saltar de tal forma que parecen juntársele insultos y hechizos por igual.
Después de aquel viaje en el tiempo mi amistad con Regulus se afianzo, no sólo eso, también confió en él, aunque no le he dicho nada sobre el lobo que ahí en mí.
– ¿Has pensado alguna vez en casarte como Lucius? – Pregunta dejando de mirar por la ventana y centrando sus ojos en mí.
– No, yo nunca he pensado en el matrimonio. – Contesto sin dudar, porque es la verdad, puede que soñara que mis sentimientos por Lily fueran correspondidos, pero nunca pensé en un matrimonio y una familia, las familias no son lo mío.
– Mis padres ya están mirando con que casa noble unirnos, y aunque sé que es lo correcto no quiero casarme así.
– Yo no tengo el abolengo que tenéis tú y Lucius, la verdad es que aunque ahora tengo relación con mis abuelos, ellos mismos dicen que no tienen una fortuna tan grande como para hacer olvidar mi sangre sucia. – Que bonita relación familiar, sin embargo se sienten orgullosos de mis logros y de mi decisión de seguir a Voldemort como si fuesen suyos.
– Oh vamos, tengo que reconocer que no eres un galán de novela rosa, pero no eres un mal partido.
– Entonces puedo decirle a mis abuelos que busquen una noble fea y desesperada dispuesta a casarse conmigo. – Propongo con cierto sarcasmo.
– Yo me casaría contigo. – Lo miró sin pestañear. – Si fueras mujer, me casaría contigo y tendríamos un hijo.
– ¿Has bebido y no has compartido? – Le pregunto como si estuviese borracho, pero puedo decir que no huele a alcohol.
– Lo digo en serio, no todo es belleza exterior, además con lo bien que se te da pociones serias una magnifica cocinera.
– Ni hablar, usaría a todos esos elfos domésticos de la casa Black para que cocinasen, no pienso vivir encerrado en una cocina para que me engañes con una autentica belleza. – Bromeo porque la conversación se me hace demasiado rara.
– Con tu inteligencia me atraparías y terminaría sufriendo el peor de los hechizos que se te ocurra, como ha dicho Narcissa que le hará a Lucius si lo atrapa. Pero no lo haría, porque tú no perdonas la traición, te perdería para siempre y con ello a nuestro pequeño hijo.
La bruja que vende aperitivos aparece, con suerte para cuando se vaya esta conversación tan extraña habrá terminado, le cojo un par de ranas de chocolate para compartir, pero Regulus compra prácticamente de todo y lo deja entre los dos, sin decirme nada coge mis ranas y las mezcla entre las suyas.
– Ahora el botín es de los dos, coge lo que quieras. – Me dice cogiendo una rana, si lo pienso es realmente una persona muy atenta y respetuosa, capaz de librarse de la incomodidad de las personas, nunca se ha reído de mi por mis ropas viejas, al contrario ha llegado a decirme que son ropas con historia como Hogwarts.
Cojo una rana y me la como antes de darle tiempo a escapar, el cromo se lo doy directamente a Regulus que los colecciona.
– Es por cosas como esta que me casaría contigo.
– Aunque estoy seguro de que mis abuelos estarían encantados con sólo oír tu apellido morirían al segundo de escuchar que eres un hombre, porque no soy una mujer y esto no tiene gracia. – Digo para cortar su majadería.
– No estoy bromeando, te he visto besarte con Lucius antes de que él empezara a cortejar a Narcissa, más de una vez he pensado en besarte pero temía llevarme un expelliarmus.
– Nunca es tarde. – Contestó enseñándole la varita.
– No te estoy pidiendo que me beses ahora, pero tenme en consideración. – Dice ofreciéndome una cerveza de mantequilla, mi cerebro ata cabos.
– Me estas cortejando como si fuese una niña de coletas. – Al escucharme se echa a reír sin dejar de mirar mi ceño fruncido.
– Claro que te estoy cortejando, aún me queda un año de colegio y quién sabe si puede aparecer alguien más. Eso sin contar que eres un año mayor, que mi hermano es un idiota y que si me aceptas nunca podríamos salir de las sombras. – Me dice sin apartar los ojos de los míos, sé que no menciona a Lily por mí.
– Nunca podría darte hijos. – Le digo con frialdad intentando que renuncie.
– Renunciare al pequeño Rigel por tenerte a mi lado. – Aún me mantiene la mirada, no la aparta ni cuando saca algo de su bolsillo y me lo ofrece, el pato de goma en su mano me recuerda el día que cuido de mí, igual que el pijama que guardo entre mis cosas pero que no he vuelto a usar, lo cojo. No puedo prometerle que me enamorare de él, pero acepto tenerle en cuenta, en todo momento ha sido serio con sus sentimientos.
Nos quedamos sentados en silencio y su mano tímidamente roza la mía, realmente Regulus es un chico atractivo, me gusta la forma en que es capaz de mantener la mirada, así que soy yo el que sujeta su mano y permanecemos así lo que queda de viaje.
