Me he despojado de mi orgullo, de mi dignidad de todo para impedir que la maten, he rogado a magos poderosos ofreciéndoles todo cuanto tengo, he suplicado a dioses, pero nada de eso parece ser suficiente, el lobo en mi ruge por salir, he de mantenerlo calmado, lo único que puedo lograr si sale es poner peor las cosas. Escucho por mis compañeros de armas que Voldemort ha ido a terminar con lo único que puede entorpecerle el camino, consigo la información hilando fino con una paciencia que en realidad no tengo. El señor oscuro ha querido encargarse solo, su orgullo está demasiado herido como para permitir que otra mano haga su trabajo. Las palabras de Regulus vienen a mí mente como si estuviese susurrándomelas ahora mismo, varita en mano y con la desesperación devorando mis entrañas decido que jugármelo todo e ir a salvarla, si mi mano no es lo suficiente diestra para ello, si mi poder es débil ante él que fue mi señor, entonces merecerá la pena perder la vida por intentarlo.

Demasiado tarde, no queda nada, yo la he matado, puede que no fuera mi varita la que la apunto, pero fueron mis palabras y actos la que la condenaron, muerdo mi propia lengua haciéndome sangre, quisiera arrancármela como el sentimiento que recorre mi cuerpo, pero no lo hago, mi vista se nubla no noto que estoy cambiando, la ira, la rabia me están devorando por dentro y sólo deseo la venganza, ya no siento la desesperación royendo mis entrañas, el sentimiento que me queda es mucho más oscuro y doloroso, miro mis manos cambiando de forma, desaparecen ante mis ojos junto a las ruinas, alrededor mío sólo quedan árboles, dejo que mis emociones me controlen por completo se acabó el contenerme fríamente, el apretar los puños y aguantar, ahora dejare que mis garras y dientes hablen.

Despierto desnudo y dolorido en medio de un bosque, no estoy solo, reconozco a Firenze a mi lado, con su porte digno y orgulloso, algo que yo ya no creo poseer.

– Las estrellas anoche me hablaron de ti.

– Las estrellas podrían haberme ayudado. – Escupo las palabras sintiendo un regusto metalizado en mi boca, anoche luche con algo más que mis sentimientos.

– No sé puede evitar lo inevitable, las decisiones de todos determinaron el trágico final.

– Yo soy el culpable. – Digo levantándome sin sentir vergüenza por mi desnudez, la verdad es que ya no siento más que odio y amargura.

– El bebé está vivo, las estrellas hablan de que el señor oscuro regresara por su vida.

– Entonces lo protegeré con mi vida para pagar mi deuda eterna.

– Una vida por otra, no es necesario morir para renacer. El director te espera. – Dice tendiéndome una túnica y acompañándome parte del camino, no necesitamos hablar, él únicamente me está mostrando su amistad de esta forma, lo observo de nuevo y puedo ver marcas de lucha en su hombro y en el lomo, pero no le digo nada al respecto, hay cosas que no necesitan ser habladas, el silencio puede ser un buen compañero.

Que Dumbledore me esperaba debió de ser algo que le dijeron las estrellas, porque está claro que no esperaba verme aparecer de la nada en el castillo y mucho menos descalzo, como para comentarle que la túnica que llevo cubre sólo mi piel. Perdí mi varita y no tengo tiempo de andar buscándola, hay cosas más importantes antes.

Como cuando era un estudiante y hablábamos de mi secreto o de las cosas verdaderamente importantes, nos encontramos en su despacho, la culpa me come por dentro, pero no dudo en dejar claro que haré cuanto esté en mi mano y más por proteger al hijo de Lily, los dos estamos de acuerdo de que lo que viene ahora es la paz antes de la tormenta y no sabemos cuanto durara, lo que queda claro es mi papel en todo esto, yo seré el villano, aquel que todos odiaran y siempre verán lo peor de él, ese papel me queda muy bien y ni siquiera tendré que actuar. Seré el soldado doble en el que nadie confía, el tipo que nunca creerías que es de los buenos.

Dumbledore considera que necesitaremos a alguien más, alguien que pueda respaldarme si él no está, pero yo niego con la cabeza, si quieres que algo siga siendo secreto mejor que no lo sepa nadie.

Somos interrumpidos por una mujer a la que Dumbledore permite pasar mientras me despide diciéndome:

– Le tendremos en cuenta para el próximo curso, pronto recibirá una lechuza confirmándole la plaza como profesor de pociones. – Quisiera discutir lo de ese puesto, pero será mejor que lo haga en otro momento.

Estoy dirigiéndome a alguna chimenea para poder irme a través de la red flú cuando la mujer con la que me he cruzado antes me alcanza.

– Me gustaría tener unas palabras, si fuera posible.

– ¿Qué le hace pensar que yo quiero lo mismo? – Le contestó bruscamente.

Por respuesta me enseña mi varita envuelta en un trozo de tela, la miró por si tiene algo más que añadir.

– Necesito su ayuda. – Veo en sus ojos la misma desesperación que yo sentí al intentar salvar a Lily, por eso decido seguirla.

Terminamos en una casa bastante descuidada, al mirar por la ventana puedo ver que es de las pocas que aún se mantiene en pie, las demás no parecen estar habitadas, salvo una en la que veo a un niño mirando por la ventana igual que yo antes de que alguien le aparte.

– Sra. Vance ¿para qué me necesita? – Pregunto sin rodeos.

– ¿Tiene usted alguien que desee proteger a costa de su vida? – Permanezco sin inmutarme, no he venido a revelarle mis intimidades. – Empezare de otra forma. ¿Ve este lugar?

– Evidentemente, no estoy ciego.

– Este fue un lugar utópico, la idea era proteger a nuestros seres queridos de la guerra y el miedo, un lugar neutral, pero fuimos masacrados.

– Sigue sin explicar que quiere de mí.

– Necesito que alguien que ha servido a Voldemort y ha sido capaz de darle la espalda por amistad, me ayude a lograr construir un lugar así de verdad.

– Está sacando conclusiones precipitadas.

– Sé lo que vi, esta es tu varita, la recogí cuando desapareciste mientras rugías tu dolor. Si te hubieses alegrado, si te hubiese dado igual habrías terminado con el niño que vivió, pero tu llamaste a su madre, lloraste su perdida. – Bien no había sacado conclusiones erróneas.

– Este lugar podría haber sido mejor. – Le digo viendo que parece demasiado al barrio en el que me crie. – Las casas están tan juntas que en cuanto una prendió las otras le siguieron y por eso sólo quedan estas dos, que son las más alejadas de donde empezó el ataque y el fuego. Si quieres que un lugar permanezca fuera de la guerra, lo mejor es aislarlo del resto, no puedes permitir que el miedo se filtre o no podrás librarte de él. Sería mejor cambiar de lugar, porque este llevara consigo el recuerdo del ataque, por más buenos momentos que tenga es muy difícil borrar algo así. – La mujer me mira atenta de todo cuanto digo, me parece recordar haberme cruzado con ella alguna vez en el colegio, ¿era Ravenclaw su casa?

– ¿Tu tampoco crees que la guerra haya terminado?

– Esta guerra no terminara hasta que Voldemort esté muerto y sus seguidores le sigan. – Los dos parecemos estar de acuerdo con ello, me devuelve mi varita. – Crearemos un lugar donde él y los suyos no puedan llegar.