Llevo una década intentando conseguir el puesto de Defensa contra las artes oscuras, Dumbledore me lo ha negado un año más, pero no puedo creer que haya escogido a ese engendro.
– No puedo concebir que lo contrate a él.
– Le entreviste personalmente, estoy seguro de que será un buen profesor. ¿Un té?
– Un troll sería una mejor opción que ese licántropo.
– Tú también lo eres.
– ¿Por culpa de quién? – Dumbledore me mira en silencio, mientras me sirve la taza de té. – No se atreva a compararme con él. – Añado dejando claro lo distintos que somos.
– Todo el mundo merece otra oportunidad, tú deberías saberlo mejor que nadie. Es tiempo de que hagáis las paces y recuperéis la amistad. – Dice dejando la taza de té frente a mí.
– Nunca, nunca fuimos amigos, y nunca lo vamos a ser.
– Nunca es demasiado tiempo incluso para alguien tan leal como tú a tus sentimientos. He de pedirte que prepares para él la poción matalobos.
– Hare lo que me pides, pero no le ayudare a ocultar su condición. – Le digo antes de salir de su despacho, cada vez que alguno de ese cuarteto es sacado a colación, siento que me hierve en la sangre como en mi adolescencia y apenas puedo controlar mi lengua.
La poción matalobos, su nombre es totalmente literal, calma los efectos de la luna llena mientras te envenena lentamente, no sé si la original es como la que obliga a tomar el ministerio, pero no bebería eso jamás, claro que tampoco compartiré mi poción con él. El tren no pasa dos veces por la misma vía, su parada hace tiempo que quedo muy lejos de mi vista.
No tengo suficiente con tener a Lupin en el colegio, si no que Black se ha dado a la fuga y puede colarse en cualquier momento con la ayuda de su amigo, Dumbledore pensara lo que quiera sobre ese par, pero yo no pienso bajar la guardia en un descuido demostraran que yo tenía razón.
Cada encuentro con Lupin me resulta irritante, no es sólo que tenga el puesto que yo quería, es que cada vez que veo su rostro es como el pasado aferrándose a mis pies, recordándome cada uno de mis errores, siento la culpa más que nunca retorciendo mis entrañas, pero no es momento de sentir debilidad, cumpliré mi juramento hasta el final.
Preparo la poción matalobos para él, al que ciertamente he de mencionarle que deje de darme trozos de su abrigo para ello, es realmente ridículo ver los remiendos de telas de diferentes colores con los que cubre el trozo cortado. Por otro lado mi respeto hacia los lobos me impide preparar esa aberración como el Ministerio desea, voy eliminando la toxina mortal de ella, lentamente para que su cuerpo se acostumbre, no lo menciono, no necesitan saberlo. No quiero que malinterprete mis actos, pero cuando a mis oídos llega lo del boggart de Longbottom me arrepiento mucho de ello y siento ganas de hacerle tragar cada dosis de veneno por duplicado, sin embargo cuando le entrego la copa de la poción y sus dedos tocan los míos y los mantiene ahí un segundo mirándome a los ojos me viene el recuerdo de sentirme seguro y un beso en la frente después de ver esos mismos ojos, eso no puede ser y no dudo en apartar su mano con desprecio.
La luna llena también está cerca para mí, pero eso hace tiempo que dejo de preocuparme, no hay ni una sola persona que pueda levantar un dedo contra mí y decir lo que soy aparte de malvado claro, Potter sigue teniendo por costumbre acusarme de intentar matarlo, tiene el temperamento de su padre, actuar y luego pensar más bien poco; he de reconocer que no he visto la crueldad que tenía su padre con los que no eran de su agrado, más bien he visto más parecido en la dulce Lily, mis pecados no pueden ser perdonados hasta que él esté libre de Voldemort.
Por un momento pienso en ir a casa a dormir y regresar por la mañana, pero no quiero ir a una casa vacía, hay otro sitio al que puedo ir. La sala de los menesteres abre para mí la habitación en la que desperté con Regulus cogiendo mi mano, como cada vez que regreso a ella está igual, es como si el tiempo no hubiese pasado. Preparo un baño para relajarme y acostarme en menos de seis horas tengo alumnos a los que asustar.
El suave contacto de unos labios sobre mi frente, ojos ambarinos que me miran con cariño se mezclan con los ojos fantasmales de Regulus mirándome por última vez, el contacto frio y cálido en mi frente con el último beso de despedida antes de desaparecer para siempre ante mis ojos, una mano pequeña y de una blancura que brilla en la noche se extiende ante mi estiro la mía para atraparla y me despierto de golpe tosiendo agua perfumada, he sido tan estúpido de dormirme en la bañera, salgo del baño molesto conmigo mismo, no pierdo el tiempo en secarme, simplemente me bebo una poción para dormir sin soñar y me lanzo a la cama, necesito descansar para cumplir mi cometido y no permitiré que ni el pasado ni los sueños se interpongan en ello.
La primera luna llena de Lupin llega y vuelve a hacer lo mismo que antaño, se encierra como un perro apaleado, pero yo no me encierro en las mazmorras, hace tiempo que eso quedo atrás, al contrario me desnudo bajo la luna y dejo que esta bañe mi piel unos segundos antes de cambiar, aulló a la luna diciendo a todos que estoy aquí. Un perro algo escuálido pero de gran tamaño se cruza conmigo, me olisquea y nos miramos a los ojos el uno al otro, me recuerda a algunos lobos con los que cace en oriente, le invito a seguirme, podemos cazar juntos si quiere y llenar un poco su cuerpo, no es fácil cazar en estos bosques las presas pueden llegar a ser realmente escurridizas. Parece familiarizado con los licántropos, pero no creo que este acostumbrado a la caza, se guía por instinto pero le falta práctica, aun así damos con una buena presa, le permito comérsela entera, será un placer repetir el momento cuando este en mejor forma.
El maldito Black se ha colado en el castillo, no voy a consentir que ponga sus manos sobre Potter, pero gracias a eso el castillo va a llenarse de dementores, aunque claro están muy equivocados si creen que van a alimentarse de mí, podrán disfrutar de todo mi odio y desprecio.
No podía ser otra noche, puedo ver claramente a la luna observándonos desde lo alto, como si fueses una obra de teatro llegando a su final, espero que Lupin haya sido lo suficiente inteligente para tomar su poción, no necesito un licántropo dejándose llevar como si fuese Licaon cuando tengo la oportunidad de atrapar a Black y ver con mis propios ojos como cae ante el beso del dementor, algo insuficiente para pagar por la vida de Lily.
No lo entiendo, durante todo este tiempo he creído que Black era el traidor, y ahora resulta que es esa maldita rata a la que di clases en el pasado, debí ahogarlo en un caldero, ha estado tanto tiempo cerca de nosotros y le hemos dejado vivir impunemente cuando debía pagar, y pagara, dame tiempo Pettigrew vas a pagar muy caro tu cobardía.
Lupin ha sido despedido, no porque diese a los hombres lobo en mi sustitución, al final mi esfuerzo no fue necesario, él olvido tomar la poción como temía y Lucius no ha tardado en pedir su expulsión, ahora va a ser más difícil que nunca que encuentre algún trabajo, pero ese no es mi problema, gracias a él y al trio de entrometidos he hecho el ridículo, claro que ya lo decía mi madre, las mentiras tienen patas cortas.
Ahora que abandona el colegio y que con suerte no tenga que verlo nunca más, me siento tranquilo, pero a la vez hay algo molestándome que no consigo identificar, es por culpa de sus ojos, son demasiado parecidos a los de mis sueños.
– Lupin. – Lo llamo en el pasillo, antes de que se marche.
– ¿Si? – Me contesta girándose.
– Dumbledore me ha pedido que te de esto, ten cuidado es delicado. – Le digo entregándole el paquete, y dándole la espalda.
Es mentira, Dumbledore sólo me pidió que me ocupase de la poción mientras estaba aquí, no dijo nada de cuando se fuera, ni mucho menos me ha dado un abrigo nuevo para él, pero una parte de mi aún lo recuerda, el momento en que decidí crear una poción para él, las noches que dormí entre su pelaje, recuerdo que fui feliz y por tanto también recuerdo lo doloroso que fue todo después, ese paquete sella el final de los recuerdos felices, sólo dejare mi rencor.
