Uso el trasladador oculto en uno de mis botones para llevar a Lupin a mi casa, lo acuesto en mi cama y lo desnudo por completo para limpiar sus heridas y después ponerle un ungüento que ayudara a que cicatricen antes, tiene tantas cicatrices en el cuerpo que algunas se cruzan con otras, además por los callos de sus manos y lo musculado que esta diría que ha hecho mucho trabajo pesado, lo cubro con una sábana blanca y me siento frente a él para velar su estado con un libro en las manos, igual el agotamiento me vence y me quedo dormido.

Despierto sintiéndome observado, al abrir los ojos con lo primero que me encuentro es con Lupin mirándome desde la cama, su rostro se sonroja cuando se encuentra con mi mirada y la aparta para mirar el techo.

– ¿Te duele? – Pregunto acomodándome de nuevo en la silla.

– No. – Un silencio incomodo antes de seguir. – ¿Dónde estoy?

– Mi habitación. – Me mira sorprendido intentando acomodarse en la cama, le detengo con un gesto. – Ten cuidado puedes reabrir las heridas.

– ¡¿No te hirió?! – Se está empezando a poner nervioso y no hace caso a lo que le he dicho. – Le supliqué a Dumbledore que me mandase solo.

– No estoy herido, sólo tú lo estas y ahora ten más cuidado al moverte. Voy a preparar algo de comer. – Digo levantándome de la silla.

– Severus. – Lupin me llama a la vez que sujeta mi brazo, lo miro. – Lo siento, no tienes que perdonarme, porque yo… –Otra vez el pasado, ninguno de los dos parecemos capaces de dejarlo atrás. – yo no me perdonare nunca. – La mano que me sujeta tiembla mientras lo dice.

Es curioso le culpe durante tanto tiempo, pero ahora lo veo claro, no le culpe por atacarme, por morderme, eso ya está más que claro en mi cabeza que es culpa de Lucius el manipulador y Black el majadero, le culpe y odie por darme la espalda y ha llegado el momento de dejar de negarlo y abrir esa puerta en lugar de darle la espalda por una década más.

– ¿Qué no te perdonaras, el atacarme o el negarme? – Dejo que siga sujetándome y lo miro fijamente, esta vez no huiré.

Los ojos de Lupin se abren dejando ver su sorpresa, parece no saber contestar, pero esa respuesta puede cambiarlo todo.

– Las dos. – Levanta la cabeza y corresponde mi mirada. – El negarte fue lo que provoco que terminara atacándote. Lo único que me ha consolado durante todo este tiempo fue que no te volviste como yo.

Justamente porque me mordió y me convertí en licántropo todo muto.

– Para mí ha sido el rencor lo único que ha seguido uniéndome a ti, el mismo sentimiento que tengo hacia tus amigos de entonces. – Mis palabras son ciertas, pero sólo lo digo porque si supiese que me mordió él no podría soportarlo ahora, carga demasiadas cosas al igual que yo con esta guerra.

– ¿Nunca podremos volver a ese tiempo? – Aunque lo pregunta, suena más como una afirmación.

– Por favor, ya no soy un jovencito para ir corriendo al bosque a dormir sobre el pelaje de un licántropo. – Aunque era agradable, nunca he dormido tan cómodo.

Otra vez un silencio incomodo, tampoco hay mucho que podamos decir, el pasado no sé puede cambiar.

– En ese tiempo, todo era tan fácil, eras tan mono que me daban ganas de morderte la nariz cuando te dormías sujeto a mi pelaje.

– Si sobrevivimos a esto. – Le digo refiriéndome a la guerra. – Entonces podría plantearme que fuésemos amigos.

– ¿No podemos empezar desde ahora? Sin rencores. – Propone seriamente, tiene la misma expresión decidida que cuando me defendió, la herida en su omoplato es claramente de hacerme de escudo.

Pensando en mi yo del pasado, ese adolescente solitario que siempre busco donde encajar y termino escogiendo erróneamente, y recordando claramente las palabras de mi maestro "No tomes decisiones sólo con el corazón, deja que tu mente y él se pongan de acuerdo." Decido mi respuesta.

– Sólo si sabes guardar secretos.