Hola!~

He regresado al fin para subir la actualización, aprovechando el tiempo libre, ya que los estudios no me dan vida. Ah, pero bueno:

Antes de empezar quisiera agradecer a Reira26 por sus consejos para mejorar mi fanfic, los cuales he aplicado en este nuevo capitulo nwn como les había comentado antes, sus consejos son siempre bien recibidos y me ayudan bastante, al igual que sus criticas, siempre y cuando no sean de manera ofensiva.

Una cosa es dar critica constructiva y otra solo criticar por molestar o lastimar al autor, cosa que veo muy seguido en fanfiction y debo decir que me molesta bastante, ya que no hay necesidad de hacer eso.

En fin~ ese es otro tema, gracias por los reviews y espero disfruten este nuevo capitulo :3


Disclaimer: Kagerou Project/Days no me pertenece. Todos los derechos de autor van para su creador Jin (Shizen no Teki-P)


Capítulo 2 – "Un propósito para Vivir"

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Aquella mañana era un buen día, el clima era templado, no había mucho sol y un viento apacible soplaba entrando por la ventana de la chica. Junto con esa agradable ventisca se colaron unos cuantos rayos de luz que fueron los que hicieron despertar a la rubia dueña de aquella habitación.

—Uhm… -Momo se quejó tapándose con sus sábanas blancas, girándose hasta el reloj que había junto al mueble de su cama y sus grandes ojos amarillos se abrieron de la sorpresa al ver la hora que era- ¡ONII-CHAN!

Ella grito tan fuerte, que a pesar de estar en habitaciones separadas, Shintaro fue capaz de escucharle, dando un brinco del susto y cayendo de su cama.

— ¡¿Pero qué diablos, Momo?! –El moreno salió de su habitación, sobándose la cabeza y allí miró a su hermana corriendo de un lado a otro- ¿Qué pasa?

— ¡Son las 6:45!

— ¡¿Qué?! ¡Tenemos 15 minutos para llegar a clases!

— ¡Lo sé! –Contestó encerrándose en su cuarto para cambiarse.

En menos de un minuto ya estaba vestida y bajaba por las escaleras a gran velocidad, evitando caerse, al mismo tiempo que peinaba su, ahora largo, cabello rubio.

— ¡Onii-chan, apresúrate! -exclamó mientras entraba a la cocina a prepararse un sándwich mal hecho para él y ella.

— ¡Ya voy, ya voy, ya voy! –Apareció Shintaro ya "listo", acomodándose la corbata de su uniforme y tomando de su mochila para salir de la casa.

— ¡Hey! ¡Espérame! –Le reclamó su hermanita, tomando ambos intentos de desayuno para luego correr a alcanzarle.

Por solo unos segundos, los hermanos Kisaragi lograron llegar a tiempo, cada uno a su respectiva clase y no fue sino hasta la hora del descanso que pudieron planear bien su día.

— Sé que hoy sales antes que yo ¿Qué harás? ¿Iras a la casa para irnos juntos a ver a Haruka o iras directo al hospital?

— Mmmm… No lo sé aun. Ya te mandare un mensaje. –Le contestó tranquila mientras bebía de su jugo en caja.

— De acuerdo. –El chico término de su lata de soda y la aplasto con la mano, tirándola al bote de basura más cercano- Solo no te metas en problemas, Momo.

— Oye, ya no soy la idol problemática de antes. Ahora estoy grande, se cuidarme sola. –La menor inflo un poco sus cachetes cruzándose de brazos.

— Lo se… -Sonrió Shintaro para revolver los cabellos de esta- Hasta más tarde.

Momo observo a su hermano irse.

Él había cambiado bastante y se podría decir que para bien, pues se le podía notar más animado, aunque como siempre, cosa que era clásica en la personalidad del pelinegro, solía mantenerse reservado y a veces volvía a su acostumbrado encerramiento en su habitación, hasta que los demás aparecieran y lo sacaran al exterior a la fuerza.

Agradecía el día en que se había unido al Mekakushi, y como su hermano fue forzado a unirse también. Gracias a todas esas situaciones él se había vuelto una mejor persona y se notaba en como todos los días solía ir a visitar a Haruka al hospital o igual cuando solía ir a pasear con Takane.

Aunque ahí no acababa todo, su hermano incluso había vuelto al colegio, pero debido a que este había dejado los estudios por dos años, al regresar le había tocado estar en el mismo grado que su hermanita rubia.

Al principio fue muy problemático para ambos hermanos debido a que su relación no era tan unida, pero supieron convivir el uno con el otro, y de alguna, forma aquello logro reforzar el buen lazo de hermandad que había entre ellos.

Claro, debido a la gran inteligencia que Shintaro tenía, logró ser adelantado un año más y se le había ofrecido un trato para reducir el otro año teniendo clases extras y entregando un poco más de tareas que el resto de sus compañeros. Con tal de estar estudiando ya su carrera, el chico no dudo en aceptar.

Por su lado, Momo extrañaría bastante estar con él, últimamente no podía evitar sentirse sola. Desde que el Mekakushi Dan había dejado de existir, una vez todos habían perdido sus habilidades, un vacío se le hizo presente.

Por momentos la ex idol deseaba contarle a alguien lo que sentía, pero temía ser una molestia para sus familiares y algunos de sus amigos, además de que dudaba que alguien entendiera lo que pasaba. Todos estaban ocupados por algo o alguien. Todos tenían trabajos o hasta sueños que deseaban alcanzar para seguir adelante, pero ella… En momentos como esos, Momo Kisaragi se sentía como un cero a la izquierda.

En el Mekakushi ella era importante, era parte de algo, un pilar de una perfecta construcción que no estaría completo en su ausencia. Como idol desempeñaba un rol, un papel, que le dio presencia y hasta una voz en el mundo. Pero todo eso se perdió y de ella solo quedaban algunas sobras de lo que consideraba, fue alguna vez una gran chica o mujer.

Ya siendo hora de retirarse, la rubia caminaba sin rumbo pues no sabía si ir directo a casa o ir al hospital. En su casa nadie estaría seguramente, pues su mamá trabajaba a esa hora y en cuanto al ir al hospital, ella no era tan amiga de Haruka, al menos no como su hermano. ¿Cómo podría hablar con el chico?

— ¿Y ahora qué hago…? –Suspiró caminando cabizbaja y accidentalmente, al no estar viendo su camino, término chocando con alguien más y cayendo al suelo- A-Auch… Lo siento mucho…

— Como siempre tan torpe, ancianita…

— ¿Ancianita? –Momo alzó la mirada para observar con gran sorpresa a la persona enfrente de ella- ¡¿Hibiya?!

— Oh, aun te acuerdas de mí.

— ¡Hibiya! –exclamó la rubia lazándose encima del menor para abrazarlo, sofocándolo con su enorme busto.

— ¡O-oye! ¡N-no, suéltame! -Gritaba el pelicastaño completamente sonrojado e intentando respirar aunque sin mucho éxito- ¡Que me sueltes!

— ¿Ah? –Momo notó lo sucedido y apenada soltó al fin al chico- ¡Oh, lo siento!

— Co-como sea… -Hibiya intentaba recuperar su aliento al mismo tiempo que arreglaba su cabello.

— ¿Uhm…?

La mayor observó con cierto asombro y sutileza, al chico en frente de ella. Hibiya ya no era más un niño, no solo en edad, el tono de su voz se había hecho más grave, sus hombros eran más anchos, su altura había aumentado, estando casi a la misma estatura que ella y su cabello revuelto era un poco más largo, al menos por delante, cubriéndole un poco sus ojos y ocultando sus orejas.

La menor de los Kisaragi debía admitirlo, incluso se había vuelto atractivo.

— ¿Qué ves, ancianita? ¿Acaso tengo algo en la cara? –preguntó el chico con algo de molestia.

— Ah, no. –Contestó estando aun perdida en su mente- Haz crecido mucho, Hibiya y haz cambiado bastante.

— Se llama pubertad. Tarde o temprano me llegaría.

— Je, pues creo que te ha sentado bien. –Confesó la rubia, al mismo tiempo que se rascaba la mejilla riendo apenada.

— U-uhm… tú también te ves bien… -Masculló el menor.

— ¿Eh? ¿Qué dijiste?

— Nada. –Se levantó limpiándose el polvo de su ropa- Te ayudo. –Le ofreció su mano a la chica que aún estaba en el suelo.

— ¡Gracias! –Sonrió gratamente Momo, tomando la mano del chico.

— En fin ¿En qué pensabas que estabas tan distraída? –preguntó el ex niño en su intento de empezar una conversación.

— Oh… yo… -Bajó la mirada recordando todo nuevamente- es una larga historia.

Hibiya notó rápidamente el cambio de ánimo de Momo.

— Tengo tiempo, cuéntame.

— ¿P-pero no tienes nada mejor que hacer?

— En realidad sí. –Contestó secamente- pero puedes acompañarme si no estás ocupada y contarme en el camino.

— Bueno… -Momo pensó.

Una tercera posibilidad había aparecido. En realidad era la mejor opción que las otras dos, además que de acompañar a Hibiya, de ahí podría ir a ver a su hermano al hospital.

— ¿Y bien?

— De acuerdo, iré contigo. –Le sonrió al menor.

El chico empezó a caminar siendo seguido por la voluptuosa rubia, que a pesar de ya no tener más su habilidad de "atraer la mirada", llamaba la atención por donde fuera, tal vez al hecho de que alguna vez fue una gran idol o tal vez por su gran atractivo físico. En realidad él lo ignoraba.

— ¿Me contaras lo que te pasa? –habló de pronto.

— Sobre eso… -Momo se detuvo repentinamente.

Hibiya notó la acción de esta última e igual se detuvo girándose a verla.

— ¿Qué sucede? –preguntó al notar su extraña actitud.

— No quisiera molestarte con mis problemas…

— ¿Pero qué tonterías dices…? –La rubia alzó su mirada sin entender lo dicho por su acompañante- ¿Acaso no somos amigos?

— Sí, si lo somos.

— Entonces cuéntame que te pasa. No me molesta en lo más mínimo, si fuera así no te estaría preguntando y menos insistiéndote.

— Su-supongo. –Contestó ella cabizbaja.

— Entonces deja ya los rodeos y cuéntame de una vez que es lo que tienes.

Además de haber cambiado físicamente, Hibiya se había vuelto más directo en cuanto su manera de hablar, y a pesar de que aún conservaba su actitud tan descarada al momento de dirigirse hacia ella, se podría decir que se había vuelto más maduro también.

— Uh, tampoco tienes que molestarte.

— Tú haces que me moleste.

Hibiya se detuvo en una pequeña florería y entro seguido por Momo.

— Oh, que lindas. –Comentó la mayor viendo con admiración unas rosas.

— No cambies el tema. –Dijo el pelicastaño, que había comprado un ramo de distintas flores, entre ellas rosas, turquesas, lilas y más.

— Jum… -Momo infló sus mejillas viendo al, ya no tan pequeño, Hibiya algo molesta- Si me vas a tratar tan mal no te diré nada.

— Como quieras… -Salió de la florería una vez había pagado sus flores- En esa caso ya no tienes que acompañarme.

— O-oye… -La chica miró como el otro se iba sin ella y desesperada empezó a seguirlo, pero él solo la ignoro- Hibiya hazme caso.

El mencionado seguía caminando dándole la espalda a la chica que empezaba nuevamente a desanimarse.

— ¡De acuerdo! ¿Quieres saber que me pasa? ¡Te lo diré! –El pelicastaño se detuvo- No tengo razones para vivir…

— ¿Qué? –Hibiya le miró de reojo- ¿De qué diablos hablas?

— Hablo de que desde que el Mekakushi se separó, desde que perdí mi habilidad, me volví una nada en este mundo. Ya no tengo un motivo para seguir viviendo.

— ¿Podrías explicarte mejor? –El menor se giró al fin viéndola directamente a los ojos, mostrando un gran enojo hacia sus palabras.

— Uhm… -tragó saliva- ¿Alguien me necesita? No, jamás nadie lo ha hecho, entonces ¿para qué vivo?

— Eres una idiota… ancianita. ¿Acaso no te das cuenta?

—¿Qué?

El chico soltó un suspiro volviéndose nuevamente hacia su camino.

— ¿Me vas acompañar?

Momo solo asintió cabizbaja siguiéndole.

Conforme iban avanzando la chica fue notando como el buen clima de aquel día empezaba a cambiar, volviéndose un cielo nublado y gris, amenazando con llover. Como si todo no pudiera ser peor.

— ¿A dónde vamos?

Pero Hibiya no contestó, solo siguió caminando sin dejar de ser seguido por la mayor. Entonces fue que Momo reconoció el camino. Había ido a ese mismo lugar antes con su hermano para ir a visitar a cierta chica, aunque dudaba que Hibiya fuera a ver a la misma persona.

El cementerio como siempre tan frió, solitario y con un aire pesado que casi hacia que a uno le costara respirar. Un ambiente incomodo pero igual nostálgico. Solo aquellos que han perdido a un ser querido podrían entender lo que era caminar en ese lugar para visitar a una persona amada.

— Disculpa la tardanza… -habló al fin el pelicastaño deteniéndose enfrente de una lápida.

— Hiyori… -susurró Momo leyendo el nombre de dicha lapida.

Hibiya entrecerró los ojos y se inclinó dejando el ramo de flores encima de la tumba de piedra.

— Perdón por no haber venido la semana pasada, pero he estado muy ocupado por las clases, ya te había comentado anteriormente.

La rubia no decía nada. Se mantenía callada mientras observaba con sorpresa al más chico.

— Ayer pase por el parque por el que solíamos ir a jugar… cerca donde ocurrió el accidente y yo… -Su voz empezó a hacerse quebradiza- no pude evitar pensar en lo mucho… -repentinamente su mano tomó la de Momo la cual no dudó ningún momento el apretarla suavemente- …lo mucho que te extraño y como quisiera que estuvieras aquí…

Los sollozos del chico le impidieron el seguir hablando. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas y no era capaz de controlarlas por más que las secara. De pronto Hibiya volvió a ser el pequeño de 13 años que Momo había conocido tiempo atrás, acompañado de la linda Hiyori, la cual si aún estuviera viva, aun la trataría como si fuera la gran idol, con o sin su habilidad.

Igual empezó a llorar.

— Lo que Hibiya quería decir… -habló de pronto ella, mientras el otro seguía cabizbajo llorando- es que nos haces falta a todos, pero te conozco bien, Hiyori-chan, tal vez no tanto como Hibiya pero si lo suficiente para saber que te gustaría que siguiéramos adelante… -La rubia miró a su acompañante- …y eso haremos pero igual jamás te olvidaremos, porque siempre serás una parte importante en el Mekakushi, incluso aunque no fuiste un miembro oficial, siempre serás un miembro de nuestro corazones y de nuestras vidas.

— Siempre…

Hubo un momento de silencio hasta que Hibiya al fin se tranquilizó.

Sin soltar la mano de su acompañante el menor se inclinó hacia la lápida limpiando un poco el polvo de esta y se despidió.

— Hasta la otra semana, Hiyori. –Fue lo último que dijo antes de retirarse junto con Momo.

Las nubes fueron desapareciendo del cielo y como arte de magia el buen clima de la mañana regreso, con su fragante viento y su cálida luz de sol.


— ¡Oh! Por cierto, Hibiya-kun.

— ¿Qué sucede?

— Mañana le haremos una fiesta de bienvenida a Haruka-kun. ¿Si sabes que se dará de alta este sábado verdad?

— No. –contestó con cierta sorpresa.

— Bueno ¿te gustaría venir? Estoy segura de que a él le gustaría verte ahí.

— Pues… no tengo ningún pendiente mañana así que si, cuenta conmigo. –Le sonrió a la mayor.

— Genial. –correspondió la sonrisa igual.

Los dos se detuvieron en una esquina que llevaba cada quien a su destino, una calle hacia la casa de Hibiya y la otra en dirección al hospital donde Momo vería a Shintaro.

Se sonreían mutuamente aun sin dejar de verse el uno al otro cuando de pronto el menor noto una extraña expresión en el rostro de la más grande.

— ¿Qué pasa?

— U-uh… Hibiya, tu mano…

El pelicastaño bajo la mirada para notar que no había soltado la mano de Momo durante todo el camino del cementerio hasta ahí. Su rostro sonrojó con gran intensidad al igual que el de la chica y rápidamente la soltó estando completamente avergonzado.

— Lo-lo siento… -desvió su mirada aun ruborizado.

— N-no te preocupes.

— Por cierto… -Habló de pronto el chico con seriedad en el tono de su voz- sobre lo que me contaste anteriormente.

— ¿Qué pasa con eso?

— Te equivocaste sobre lo que dijiste, sobre que nadie te necesitaba… -Hibiya se acomodó su mochila de la escuela en su hombro y le dio la espalda a la chica con intenciones de irse ya por su propio camino- Yo te necesito…

Los ojos dorados de Momo se abrieron con cierta sorpresa, pero brillaron igual con encanto.

Dejándose llevar por su emoción, abrazó al menor por detrás y depositó un suave beso en su mejilla.

— Gracias, Hibiya…

— ¿Por q-qué…? –cuestionó estático ante el beso y abrazo.

— Por darme un propósito para vivir… -susurró suavemente.

— ¿Qué? –preguntó aun confundido por sus palabras.

— ¡Me tengo que ir! Mi hermano me espera. –soltó al chico y se fue corriendo hacia la dirección contraria- ¡Nos vemos mañana, Hibiya-kun! ¡Cuídate!

El más chico solo miró el camino por el que la rubia se iba y soltó un largo suspiro.

— Hasta entonces, Momo-chan…


— ¡Ya llegue! –Fueron las primeras palabras con las que Momo saludo al momento de llegar al cuarto del hospital.

— Ya te habías tardado. –Habló Shintaro quien había estado platicando con Haruka todo el rato mientras la esperaban- Dijiste que me mandarías un mensaje pero no me llego nada. Estaba preocupado.

— Lo siento mucho, Onii-chan. –La rubia hizo una reverencia y enseguida desvió su mirada hacia el chico en la cama- Hola, Haruka-kun ¿Cómo te encuentras?

— Hola Momo-chan. –Saludó amablemente el más grande de la habitación- Muy bien. Gracias por preguntar.

— Y bien… ¿Qué fue lo que te retraso? –Interrogó el pelinegro a su hermana.

— Oh, es que me encontré con Hibiya-kun.

Ambos chicos se sorprendieron al oír eso.

— ¿Hibiya-kun? ¿Cómo está? –preguntó Haruka.

— Bastante bien… -Momo sonrojó levemente- Me pidió que te mandara sus saludos y que también te diera sus disculpas por no haber venido la otra vez a visitarte.

— Hehehe… No es problema.

— En fin… -Interrumpió Shintaro- Mañana sales al fin, Haruka. ¿Estas emocionado?

— Bastante. –Sonrió a sus invitados- especialmente porque al fin podré verla a ella…

Los hermanos Kisaragi intercambiaron miradas. No tenían que preguntar, sabían exactamente a quien se refería Haruka y estaban bastantes felices al ver al chico tan emocionado por verla.

Lo que hacía una lástima el que Takane no lo estuviera…


Siguiente capítulo: "Dolorosos Recuerdos"

No, tú no eres así ¡por favor, Haruka!

Lo siento, querida. Haruka no está con nosotros ahora…


Eso es todo, espero les haya gustado :)

Intentare no tardarme con la actualización pero aun tengo pendiente otro fanfic y aparte los estudios y blah, blah! Mi único consuelo es que mis vacaciones se acercan (TTuTT) y así podre seguir escribiendo.

Hasta la próxima y muchas gracias por leer mi fanfic. Cuidense , bye-bye~

Atte: Mitsui Neko