Hola a todo el mundo!~

Hoy es un día muy especial y al mismo tiempo muy triste, porque con este capitulo termina "En Busca de la Luz" :'3

Como no quiero aburrirles con mis curisilerias XDD dejare los agradecimientos y las noticias nuevas al final del capitulo uwu así que no se vayan cuando terminen el capitulo, que les conviene leer lo que tengo que decirles owo

Eso es todo! Disfruten de este ultimo capitulo TTuTT)/


Disclaimer: Kagerou Project/Mekakucity Actors no me pertenece. Todos los derechos de autor van para su creador Jin (Shizen no Teki-P)


Capítulo 9 – "En Busca de la Luz"

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— ¿Dónde estoy? —se preguntó a sí misma la chica de cabellos azules, que parecía flotar en la nada.

Poco recordaba de lo que sea que hubiese ocurrido y fue entonces que vio sus piernas, las cuales terminaban en dígitos y pixeles, que recordó que ya no era más un humano. Suspiró con pesar.

—Takane-chan... —escuchó susurrar detrás de ella. Eso último le sorprendió. ¿Alguien era capaz de reconocerla a pesar de su nuevo aspecto? Pero más sorpréndete que todo eso, había reconocido la voz.

— ¿Ayano...? —la de coletas se giró para observar anonada que sus sospechas habían resultado ser acertadas.

Frente a sus ojos estaba aquella chica de cabellos castaños largos, con el fleco peinado con un par de prendedores rojos, con una bufanda del mismo color y por último el uniforme escolar negro.

—Takane-chan, me alegra ver que estas bien. —dijo con una sonrisa sincera.

— ¡Ayano! ¿Cómo es que estas aquí? —Preguntó sin salir de su asombro— ¿Acaso estoy alucinando?

—No, en realidad soy yo. —contestó sin borrar la sonrisa amable.

—Pero no entiendo... ¿Cómo es posible esto? —decía la virus cada vez más confundida, entonces la sonrisa de su kouhai se desvaneció y ella cayó en cuenta de todo— No... Por favor no, dime que no es verdad... —sus ojos se aguaban al decir aquellas palabras— Ayano, por favor dime que no estas muerta...

—Lo siento mucho, Takane-chan... Pero eso sería una mentira. —sonrió con tristeza la de bufanda.

Debía ser una broma. Primero Haruka, el amor de su vida ¿Y ahora Ayano? Su primera y tal vez su única verdadera amiga. ¿Por qué todas las personas que ella amaba y quería se iban de su lado? ¿No se suponía que era ella la de la enfermedad terminal? ¡Ella es la que debería morir! ¡No ellos!

— ¿Estas bien, Takane-chan? —preguntó Ayano preocupada por el repentino silencio de la mayor.

—El daze... ¿Has estado ahí? —Le cuestionó su antes senpai.

—Si...

— ¡E-eso significa que puedes regresar a la vida! —exclamó con una pizca de esperanza.

—No es tan fácil... —dijo la pelicastaña con seriedad— Ya he estado una vez en el daze y y habiendo pasado la prueba, salí con esta extraña habilidad... Solo se puede salir una vez de ahí. —La castaña observó como la expresión de alegría en el rostro del virus se borraba. Odiaba tener que darle aquella triste noticia cuando por mucho tiempo había sido la portadora de optimismo y alegría— No puedo regresar, Takane-chan. Mi alma está atrapada en el daze para siempre.

—No... —dijo la de cabellos azules mientras un par de lágrimas resbalaban por sus mejillas.

—No puedo salir, pero tú sí y necesito que hagas algo por mí. —La virus lloraba cabizbaja— ¿Puedo contar con tu ayuda?

La mayor asintió y se secó las lágrimas.

— ¿Que necesitas que haga por ti?

—Necesito que le des un mensaje a alguien... —A pesar de ser solo un espíritu, las mejillas de Ayano fueron capaces de sonrojarse.

— ¿A quién? —preguntó Takane ya sospechando la respuesta.

—A Shintaro-kun...

Una vez le había pasado el mensaje a Takane, el espíritu de la heroína estaba listo para regresar a su prisión al daze, pero había una preocupación aun en su mente.

—Takane-chan... ¿Puedo pedirte otro favor?

—Claro, lo que necesites.

—Tiene que ver otra vez con Shintaro-kun y con mis hermanitos... —la virus le escuchaba atenta— ¿Podrías cuidar de ellos por mí?

— ¿Cuidar de ellos...? —Aquello tomó a Takane por sorpresa. No era capaz de cuidar de ella misma, razón por la que se encontraba en aquella situación ¿Cómo cuidaría a otro ser vivo? Como fuera, era demasiado tarde para negarse— De acuerdo, cuidare de ellos...

— ¿E-en serio? —Preguntó con cierta pena, pues sentía que se estaba aprovechando de su amiga.

—Sí, Ayano-chan. Te lo prometo. —la mayor sonrió para darle confianza.

—Gracias... —Ayano sonrió igual— Bueno... Ahora debo irme ya.

—Ayano... —la mencionada se giró a verle— También te prometo liberar tu alma del daze para que puedas descansar en paz.

—Muchas gracias, Takane-chan... —lentamente el cuerpo de Ayano empezó a desvanecerse— Eres una gran amiga.

Y desapareció.

Takane dejó escapar un suspiro. Sus ojos aún estaban empañados por lo ocurrido, pero aquel no era un momento para estar triste, debía cumplir los favores que le había prometido a su amiga ¿Pero por dónde empezar?

Ella no sabía nada sobre los hermanos de Ayano, además de que el mensaje que tenía no era para ellos.

Diablos. Por mucho que le molestara, sabía que tenía que ir con Shintaro primero.

Pero si iría a verlo no quería que este supiera quien era. Su aspecto ya era diferente ahora, con piel pálida y el cabello azul, pero faltaba igualmente cambiar un poco su actitud ¿Una más alegre? Claro, no como Ayano. Ese tipo de personalidad no iba con ella, pero igual intentaría no ser tan amargada como antes. Shintaro estaba solo ahora, triste por la pérdida de su compañera de clases, lo menos que necesitaba era a alguien que le hiciera sentir peor.

Una vez llegó con él, se presentó con otro nombre, el que solía usar como user name en sus juego online, Ene.

Pero ahí no terminaba todo, se había dirigido a él como su "amo". Por alguna razón pensó que eso le animaría un poco.

Curiosamente, al ver como estaba Shintaro, su estado deprimente, sufriendo por la pérdida de alguien a quien amaba, Ene no pudo evitar sentirse identificada con él.

El virus cumplía con una parte de su promesa, cuidaba de Shintaro, pero el mensaje fue olvidado y era mejor así, pensaba la peliazul. Mientras menos recordara a Ayano, Shintaro volvería a sonreír y ella también. Una sonrisa sincera y no falsa como la que le regalaba siempre a su amo.

Los dos serían capaces de olvidar y seguir adelante. Juntos… ¿Verdad?

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—Takane-chan… ¿Estas bien?

—Ah, Haruka… —La mencionada miró a su alrededor. Por un momento se había perdido en su mente, pero ahora recordaba donde estaba. Iba de paseo con Haruka o más bien en una cita— Estoy bien, no te preocupes. —Le regaló una sonrisa tranquila y entonces notó que también él pelicenizo parecía distraído— ¿Qué hay de ti? ¿Estás bien?

—Oh… ¡Si, estoy bien! —contestó el más alto mientras movía sus manos torpemente.

— ¿En serio? Porque pareciera que algo te molesta.

—Ah, bueno… —Haruka bajó la mirada aun no del todo seguro si pedirle a la chica de coletas a su lado que fuera su novia, no después de lo ocurrido con Shintaro el día anterior. No podía evitar sentirse culpable. Tal vez debía esperar.— Solo me siento un poco cansado. No te preocupes.

Takane observó detenidamente a Haruka. Su sonrisa parecía ser sincera, aunque no del todo convincente. Fue entonces que notó la herida en el labio del chico. ¿Así que a eso se refería Shintaro con "cuando veas a Haruka te darás una idea"? ¿En serio él le había hecho eso? Nunca se hubiera imaginado eso de alguien de su tipo. Aunque ahora no era el momento de pensar en Shintaro, estaba con Haruka y debía concentrarse en él.

— ¿Quieres ir a comer a alguna parte? —preguntó ella abrazándose del brazo del más alto.

Esa acción sorprendió mucho a Haruka, pero finalmente sonrió.

—Sí, me encantaría. —contestó más alegre y ambos continuaron con su cita.


Los días pasaron normalmente, aparentemente todo parecía estar bien, pero Takane se encontraba intranquila. No entendía la razón de su preocupación. No era capaz de disfrutar los ratos con Haruka sin que su mente le dijera que algo andaba mal. ¿Pero qué?

Una tarde en que había decidido quedarse en casa a jugar videojuegos, un mensaje inusual la sacó de su concentración.

Mensaje Nuevo

De: La Danchou.

"Reunión urgente del Mekakushi."

— ¿Urgente…? —La pelinegra inevitablemente se sintió nervio ¿Acaso era esto de lo que últimamente se había sentido tan intranquila? No lo sabría hasta no ir a la base.

Una vez avisado a su abuela, Takane salió de su casa en dirección al Dan y a mitad del camino se encontró con el ya no tan pequeño Hibiya que iba al mismo lugar.

—Oh, Takane-san…—saludó el menor— Tiempo sin verte. Lo último que supe de ti es que te encontrabas enferma ¿Cómo estás?

—Ah, bastante bien. Gracias por preguntar. —Sonrió ante la amabilidad del otro— ¿Qué hay de ti? Lo último que supe es que Momo y tú estaban saliendo. —dijo con un tono de picardía.

Las mejillas del joven Amamiya se tiñeron de un leve escarlata y en seguida frunció el ceño, desviando su mirada hacia otro lado.

—Sí… estuvimos saliendo. —confesó, haciendo que Takane soltara una risita— pero estos últimos días ha estado muy rara. Como si algo le preocupara.

— ¿Preocupada? ¿Por qué?

—No tengo idea.

La respuesta dada por Hibiya solo hizo que Takane se sumergiera cada vez más en ese mar de confusión que había en su mente. Aun así decidió no hacer más preguntas y siguió su camino junto con el menor.

Al llegar a la base del Dan, Takane se encontró con Haruka que había llegado desde más temprano. En la misma sala estaban Mary, Seto y Kano, que al igual que ellos esperaban impacientes la llegada de la líder.

La de coletas tomó asiento al lado de su no-oficial pareja, quedando entre este y Kano, que bostezaba aburrido.

—Hey, Kano… ¿sabes que está pasando?

— ¿Eh? La verdad es que no… Estaba durmiendo cuando la danchou entró a mi cuarto y me despertó a patadas. —contestó con desgano.

—Uh, me pregunto que estará pasando. —Takane miró a su alrededor y fue entonces que notó la usencia de alguien— ¿Dónde está…?

— ¡Muy bien, atención! —Interrumpió Kido haciendo acto de aparición— Seguramente se preguntaran por qué están aquí.

— ¿Sucede algo malo? —Preguntó un Seto preocupado.

—La verdad, es que no lo sé…

— ¡Bu! ¡Esta chica no debería ser la líder! ¡Cámbienla! —Exclamó Kano, ganándose el que Kido le lanzara su zapato.

—Cuando he dicho que no lo sé, me refería a que no he sido yo la de la idea de la reunión.

—Pero has sido tú quien nos ha llamado. —Le espetó Takane.

—Cierto, fui yo quien les habló a todos, pero fue por petición de alguien.

La peliverde se giró hacia la puerta que daba a la otra habitación y por esta entró Momo.

—Eh… hola, chicos. Gracias por haber venido. —agradeció la recién llegada.

— ¿Estas bien, Momo-san? —Se atrevió a preguntar Haruka notando el mal semblante que tenía la rubia.

—Siendo sincera, no. Estoy muy preocupada por un asunto, el cual es la razón por la que les he llamado.

—Pues déjate de rodeos y habla. —Le apresuró el de rasgos felinos.

—Tiene que ver con mi hermano…

En seguida, tanto Haruka como Takane, pero especialmente Takane, se contagiaron de la preocupación de Momo y apretaron el agarre de sus manos.

— ¿Qué ocurre con Shintaro? —preguntó la de coletas preocupada.

—Bueno… no sé cómo explicarlo, pero… —Momo logró sentir la cálida mano de la danchou posarse en su hombro, dándole seguridad— al parecer mi hermano ha decidido encerrarse nuevamente en su habitación como antes.

—Diría que me sorprende… ¿Pero no es así tu hermano desde siempre? —Kano dijo la absoluta verdad, algo bastante raro en él.

—Es cierto que él siempre ha sido muy reservado y a veces prefiere estar solo, pero había cambiado. Solía salir más conmigo y con el resto. Se estaba dedicando al 100% en sus estudios y hasta estuvo buscando un trabajo.

—Oh, vaya, eso sí sorprende. —Dijo el de verde en voz baja.

—Pero estos días… no ha querido salir de su habitación ni para comer. —La rubia miró el suelo— Ya no plática conmigo, ni cuando regresamos de clases… Lo primero que hace al llegar es encerrarse y dejo lo de buscar empleo. —Inevitablemente los ojos de Momo empezaron a brillar por los lágrimas que amenazaban con escapar— Es como si hubiera retrocedido, volviera hacer el mismo de hace ya más de un año atrás.

—Momo-san… —susurró Haruka sintiendo empatía por la cabizbaja chica.

—Por eso vine con ustedes. Quiero que me ayuden con mi hermano. No quiero perderlo otra vez. —suplicaba la ex idol.

—Ancianita, no es por no creerte, ¿pero y si tu hermano solo quiere estar un tiempo a solas? —Cuestionó el menor del lugar— Comprendo tu preocupación, pero mira, yo igual me aleje de ustedes por una considerada cantidad de tiempo, pero volví. Tal vez este algo estresado y solo quiere relajarse.

—No… —Interrumpió Takane— Yo igual le note muy raro últimamente.

— ¿Sabes que es lo que tiene? —Le interrogó Kano, al momento que se acercaba peligrosamente a ella, pero el brazo de Haruka rodeando a la chica le impidió aquella acción— Y no trates de mentir, que yo me daré cuenta.

En seguida todas las miradas se centraron en la de coletas e inevitablemente esta se puso nerviosa.

—A-ah, pues yo… —Takane no sabía que contestar, solamente se apegaba más al pelicenizo como si buscara resguardarse en él.

—Takane-chan, si sabes que le sucede a mi hermano, por favor dímelo. —Le imploró Momo.

— ¡Y-yo no sé qué tiene Shintaro! —Se levantó de golpe— ¡Solo he dicho que lo note raro, pero no sé nada más de él, dejen de interrogarme al respecto! —al decir eso, la chica de coletas dio media vuelta y salió de la base, dejando a todos consternados.

— ¿Qué ha sido eso? —dijo Kano arqueando un ceja.

—Le has molestado, idiota. —la peliverde se acercó al de la sonrisa falsa y lo golpeó en la cabeza— Creo que ella sabe algo, pero no quiere decirnos.

—Sí, me di cuenta. Quisiera hablar con ella, pero… tampoco quiero presionarla. —La rubia se rascó su mejilla.

Por otro lado, Haruka yacía sentado en el mueble, con los puños bien apretados. Estaba molesto, pues sabía por qué Takane había huido esa manera. Todo tenía que ver con la confrontación con Shintaro, al enterarse de la violación de Takane por parte de Kuroha. Ella lo estaba encubriendo y seguiría así con tal de protegerle, aunque tuviera que sufrir en el proceso. Pero Haruka no deseaba verla sufrir, ya la había torturado suficiente y solo deseaba que fuera feliz.

—Yo hablare con ella. —Dijo de pronto el dibujante—Déjenmelo a mí.

—Haruka-kun… ¿estás seguro? —Le cuestionó Momo.

—Sí, no se preocupen. Pero prepárense por cualquier cosa. —advirtió antes de salir de la base en busca de la de coletas.

Al salir, Haruka se encontró a Takane sentada en el pavimento. Por un momento creyó que la chica había huido lejos o hasta su casa a llorar, pero ella no era esa clase de chica dramática, aunque se le notaba bastante intranquila, por lo que no la tocó ni le habló, simplemente se sentó a su lado.

—Lo siento por el escándalo de hace un momento… —susurró la más baja, con el rostro escondido en sus rodillas.

—No tienes que disculparte. Nadie está molesto. Estamos preocupados. —Pasó sus dedos por los cabellos de su pareja— Entiendo porque haces esto, Takane-chan, pero… debes decirles a todos.

— ¿Qué? ¿Para que todos se pongan en tu contra? —Negó con la cabeza— No, no puedo hacer eso. Haruka déjame, yo puedo con esto sola.

—Eso es lo que dices ¿Pero qué es lo que acaba de ocurrir hace un momento? —La chica calló— Tarde o temprano se enteraran. Diles por favor, no soporto verte así.

Takane finalmente alzó su rostro escondido y miró a Haruka directamente a los ojos.

—Si les dijera… ¿Eso te haría feliz?

—Sí. Vamos a dejar este teatro de una vez. —El alto joven acortó la distancia entre él y la contraria para besar tiernamente su frente.

—E-está bien… —respondió ella con el rostro sonrojado.

Finalmente Haruka logró convencer a Takane de entrar a la base, donde el resto les esperaba.

— ¿Te encuentras bien, Takane-chan? Lamento si te he presionado. —se disculpó Momo.

—No tienes que disculparte. Te contare todo lo que sé, pero solo a ti y a Kido.

La rubia y la peliverde intercambiaron miradas.

—De acuerdo. Podemos platicar en mi habitación. —Indicó la danchou y las tres jóvenes se retiraron.

Una vez en la pieza de la líder, Takane se sentía nerviosa nuevamente. Tomó una gran bocanada de aire mientras se sentaba en la cama de Kido, buscando tranquilizarse.

—No sabría decir exactamente porque, pero las cosas entre Shintaro y yo han estado muy tensas desde ya hace un tiempo, pero recientemente las cosas empeoraron debido a que él… se enteró de un secreto de Haruka y mío.

— ¿Y cuál es ese secreto si se puede saber? —preguntó la Tsubomi sin sonar exigente por la respuesta.

—Pues… me cuesta mucho decir esto.

La silueta de Takane empezó a temblar y al notar eso, Momo posó su mano encima de las temblorosas de la ex virus y le sonrió para darle confianza.

—Está bien, Takane-chan… puedes decirnos.

La mencionada tragó saliva y se armó de valor para decir la verdad.

—Fue en la base… hace ya varios meses atrás, cuando Haruka aún estaba posesionado por la serpiente… —Los recuerdos azotaron su mente, haciendo que su voz empezara a entrecortarse— Ustedes habían salido en busca de él, pero… vino a la base cuando yo estaba sola. Él se acercó a mi… creí que me mataría, pero sus intenciones eran diferentes… Yo quise defenderme, pero estaba tan débil y-y yo… —se llevó las manos al rostro sintiéndose avergonzada— N-no pude hacer nada al respecto… simplemente pasó…

La expresión de ambas chicas cambió de una curiosa e interrogativa a una de espanto total y preocupación.

— ¿Él…te violó? —Kido había preguntado lo obvio, pero tanto ella como Momo querían estar seguras.

Takane simplemente asintió.

—Takane-chan ¿Por qué nunca nos dijiste nada? —Le demandó la rubia.

—Porque ustedes… odiaban tanto a Kuroha en ese tiempo. Lo cual entiendo perfectamente, pero ese no era Haruka, porque él jamás me haría algo como eso. —Decía entre pequeños sollozos— Shintaro les acababa de convencer de ayudarnos a regresarlo a quien era antes… Si se enteraban de lo que me había hecho, seguramente nunca lo hubieran perdonado.

Una vez más las dos jóvenes se miraron mutuamente. Ciertamente lo que Takane decía era cierto, sin embargo, Haruka no era una mala persona y lo sabían.

—Igualmente nos hubieras contado… —dijo Momo mientras le rodeaba con un brazo— Te hubiéramos apoyado, porque somos tus amigas.

Al oír eso, Takane miró a la chica de su lado y luego a Kido quien le sonreía amigablemente.

¿Amigas? ¿Cuándo fue la última vez que alguien se refirió a sí misma como la amistad de la de coletas? Entonces la Enomoto no pudo evitar pensar en Ayano. Ella definitivamente le hubiera apoyado y ayudado a superar todos sus pesares. Tristemente ya no estaba más a su lado, pero tenía al Dan, el legado de ella, su ultimo regalo antes de irse para siempre.

—Lo siento, chicas…

—No, no tienes que disculparte. —Dijo Kido tomando asiento al otro lado de Takane— Nosotras nos disculparnos por darte una mala impresión. Es obvio que tú hacías todo esto por Haruka. Él es muy importante para ti.

—Así es. —Contestó mientras se secaba las pocas lágrimas que habían escapado de sus ojos.

— ¿Y te encuentras bien con lo ocurrido?

—Ah sí… luego de que sucedió aquello, fui en secreto con el doctor para hacerme algunas pruebas y al parecer no tuve ningún daño.

—Es una buena noticia. —dijo Momo, apegándose más a la de coletas, abrazándole cariñosamente.

—En fin… olvidemos eso. Mientras menos lo recuerde estaré mejor. —Dijo Takane un poco más tranquila. Al contarle a sus dos amigas más cercanas, sentía que se había quitado un gran peso de encima— Estábamos aquí para hablar de Shintaro.

—Dijiste que se enteró de lo que Kuroha te hizo. Supongo no se lo tomó bien. —comentó la líder mientras se cruzaba de brazos.

—Así es… él estaba muy molesto por eso. —La joven recordó la herida de Haruka, herida provocada por el golpe de cierto pelinegro— Y se mostró muy preocupado por mí. Intente tranquilizarlo, pues estaba muy alterado por eso.

— ¿Y qué sucedió? —preguntó la de cabellos ondulados.

—Al ver como estaba Shintaro por mí, no pude evitar sentirme culpable. —Bajó la mirada— Desde que era una virus siempre fui una molestia y una carga para él. Ya no quería que eso pasara otra vez, así que le dije que ya no tenía que ver más por mí, pues tenía a Haruka para eso.

Momo entrecerró levemente los ojos, comprendiendo claramente lo ocurrido.

—Hermano… —susurró para sí misma.

—Fue la última vez que hable con él. Lo siento si no he sido de ayuda. —dijo cabizbaja la de coletas.

—En realidad has sido de gran ayuda.

Takane miró a Momo confundida.

— ¿En serio? ¿Qué fue lo que dije?

—Veras, Takane-chan… —La rubia se levantó de donde estaba sentada y se paró frente a la mayor— Dijiste que mi hermano se mostró muy preocupado por ti ¿No?

—Sí, así es. Incluso se me hizo bastante extraño. —Confesó.

— ¿Sabes por qué estaba preocupado por ti? —preguntó con una amplia sonrisa.

La alguna vez virus no entendía nada, mientras que Kido ya se daba una idea de todo.

—Eh… ¿Porque es mi amigo?

La rubia dejó escapar una pequeña risita.

—Sinceramente no me sorprende que no te des cuenta… —masculló mientras miraba a cierto chico con una marca por la puerta que se encontraba entreabierta— Mi hermano se preocupa por ti porque le gustas.

— ¡¿E-Eh?! —Un leve sonrojo hizo presencia en las mejillas de la pelinegra— ¿P-pero que ideas tienes, Momo-chan? Eso es imposible… Tú idiota hermano y yo no nos llevamos bien ¿Cómo crees que podría gustarle a él? —reía nerviosa.

— ¿En serio? Piénsalo bien. Todo ese tiempo que compartieron juntos, desde que tú eras una virus, hasta cuando Haruka-kun estuvo en coma.

Entonces Takane recordó cuando solía ser Ene. Aquel virus alegre y molesto que tenía una forma bastante rara, pero eficiente, de animar a su "amo".

En ese entonces, la virus azul fue testigo de un Shintaro al que desconocía por completo. El joven serio y desinteresado era en realidad un herido e inseguro chico. Eso solo hizo que ella se identificará más con este y le tuviera más cariño, más apegue ¿Qué era de ese sentimiento? Solo algo pasajero, solo algo para olvidarse de Haruka.

Se suponía que él no lo sabría, pero cuando el hikikomori, en ese entonces, no pudo más con su dolor egoísta, buscando el escape del cobarde, por medio del suicidio, ella lo dijo. Dijo que lo amaba.

Solo fue para persuadirlo ¿Verdad?

—Ene… —el de mechones azabaches le veía anonado, pero finalmente alejó las tijeras de su cuello y las dejó caer al suelo antes de acercarse a ella y colocar una mano en la pantalla— Lo siento… por intentar bo…

—No importa… Siempre que el amo este bien. —Dijo ella desviando la mirada un tanto apenada por lo que había dicho.

—Estoy bien…

—Eso me alegra. —sonrió, dándole la cara al fin.

Vaya sorpresa que se llevó la chica cibernética al ser correspondida. La sonrisa de Shintaro era forzada, pero sincera y bien debía admitir, él se veía lindo sonriendo.

A partir de ese día todo volvió a la normalidad, aparentemente. Shintaro volvió a sus tareas habituales, que era estar en internet o componiendo sus propias canciones originales.

Aquella confesión fue dejada en el pasado, como si nunca hubiese sido dicha hasta que finalmente fue olvidada por ambos, o eso es lo que Takane creyó.

Le costaba tanto creer la idea de que su anteriormente amo le gustase, pero entonces el recuerdo de aquel beso llegó a su mente. El ardor en sus mejillas se hizo más intenso. Era bastante vergonzoso pensar en ello. ¿De verdad era amor o solamente un momento de debilidad?

Takane tenía bastantes dudas, pero si de algo estaba completamente segura, es que amaba a Haruka. Por otra parte, Shintaro se había ganado un lugar en su corazón, pero no le veía de esa manera.

—No, no puede ser… fui una idiota. —dijo mientras jalaba levemente de sus coletas hacia abajo— Yo solo quería que Shintaro estuviera bien, pero lo único que hago es empeorarlo todo.

—Eso no es verdad. —Intervino Kido— Tal vez sin ti Shintaro jamás hubiera salido de su hogar ¿No?

— ¡Cierto! Sin ti mi hermano nunca se hubiera unido al Mekakushi y no tendría amigos como ahora. —Decía Momo con ánimo—De por si mi hermano es alguien bastante complicado y además, es una persona que se encierra en su propio mundo. Tú eres posiblemente la única persona que logro atravesar en su cascaron, por la fuerza. —rió un poco recordando a la virus molestando a su familiar.

—Supongo… siéndote sincera yo en verdad quería ayudar a tu hermano y la única manera que creí lográndolo era haciendo que olvidara a Ayano. —Dijo pensativa— Creí que yo podría ser mejor que ella, pero me equivoque…

Momo soltó un largo suspiro, rascó su cabeza y luego miró con seriedad a la otra chica de cabellos oscuros.

—Debo ser completamente sincera… —dijo repentinamente la rubia— con ambas. —Miró a la danchou, la cual arqueo una ceja— Yo nunca conocí a Ayano, lo único que supe de ella fue de lo poco que me contaba mi hermano y también lo que me han dicho ustedes… —Las dos chicas de apariencia seria escuchaban atentamente— supongo que Ayano fue una buena persona, pero siempre que piensan o la mencionan a ella no puedo evitar notar como se deprimen y se ponen tristes ¡Y eso me tiene harta! —Exclamó sorprendiendo a las otras dos— Me hacen creer que el recuerdo de Ayano en realidad es malo para ustedes y que deberían olvidarla…

— ¡Momo! —Le reprendió Kido, pero en seguida fue calmada por Takane.

—No, déjala que siga…

—Por favor, no malentiendan, a lo que me refiero es que… —jugó nerviosa con sus dedos— No deberían ponerse tristes al recordarla… Entiendo lo que es perder a alguien querido. —Momo recordó a la pequeña Hiyori, a la cual solo conoció por poco tiempo, pero con quien se encariñó bastante— Cuando Hibiya y yo pensábamos en Hiyori-chan también nos poníamos tristes, pero entonces Hibiya dijo que cuando el lloraba por algo, cualquier cosa, Hiyori-chan decía que él era un llorón… y que de estar viva nos llamaría así a ambos. —sonrió por lo bajo— Fue entonces que él y yo decidimos que si recordaríamos a Hiyori-chan seria con una sonrisa en nuestros rostros, porque ella así lo hubiera querido y es lo que ustedes deben hacer ¡Lo que mi hermano debe hacer! —exclamó lo último con determinación— Porque el error de él no fue pensar en Ayano, sino sentir pena por sí mismo al hacerlo, no darse cuenta de que los demás igual sufrían y que había una familia que le apoyaba. No fue hasta que Ene-chan llegó a su vida que todo eso cambio. Él se olvidó de todo ese mundo y pudo finalmente sonreír después de un largo tiempo. Gracias a ti, Takane-chan, él es alguien diferente ahora. —Tomó gentilmente de las manos de la chica de coletas, la cual le veía asombrada— Por lo mismo, no podemos dejar que retroceda.

—S-sí… entiendo. Tienes razón. —dijo sonriendo conmovida por las palabras de su amiga.

Tal vez Takane nunca se imaginó ser alguien tan importante para una persona, más que de su abuela, pero sin saberlo había dejado una huella en la vida de varios miembros del Dan y estos también a ella. Ellos eran sus amigos, su familia y como tal, debían apoyarse mutuamente.

—Entonces… ¿Iremos a buscar Shintaro? —preguntó repentinamente Kido.

La rubia y la pelinegra, que aún se tomaban de las manos, asintieron y fueron donde los demás.

— ¿Y bien? ¿Está todo arreglado? —Cuestionó Kano algo aburrido.

—Sí, todo está bien. —dijo Kido y luego su mirada se centró en Haruka, quien se notaba algo preocupado por la reacción de sus amistades a lo ocurrido cuando solía ser Kuroha, pero para su sorpresa, la chica de cabellos verdes le sonrió amigablemente.

Corriendo en dirección del pelicenizo, la chica gamer le abrazó fuertemente, hundiendo su rostro en el pecho de este.

—Takane-chan… ¿Qué ha sucedido? —preguntó confundido mientras correspondía el abrazo de ella.

—Nada malo… —dijo con voz entrecortada y luego le regaló una sonrisa sincera al alto.

Haruka se sorprendió bastante, pues la sonrisa de su pareja era diferente a las que solía regalarle siempre, esta no era forzada o triste, en realidad Takane se encontraba feliz, aliviada por así decirlo. Aunque todavía no era tiempo para festejar, pues aún faltaba alguien para que se uniera a ellos y era la persona a la que debían ayudar.


—Idiota…Idiota…eso es lo que eres.

Shintaro dejó escapar un suspiro de sus labios. Ya estaba más que harto de aquella molestia que se encontraba con él.

Hacia todo lo posible para ignorar al intruso en su habitación, pero nada parecía funcionar. Incluso cuando se ponía sus cascos para no escuchar las quejas del contrario, su voz era capaz de atravesar la música en alto del pelinegro.

Shintaro frunció el ceño. Lo único que quería era un rato de paz, estar solo consigo mismo.

— ¡¿Podrías callarte por un minuto, por favor?! —Le gritó a la otra persona, al mismo tiempo que se giraba a verlo.

A quien observaba Shintaro, la persona que se quejaba ya desde que había despertado, era nada más ni nada menos que sí mismo, otro él de apariencia un tanto más joven, vestido con una sudadera y un pantalón de pijama negro, descalzo y lo más aterrador, con una enorme y profunda cortada en el cuello, manchada de sangre seca alrededor.

Con tal herida, aquel chico debía estar muerto, pero no, ahí estaba, vivo, caminando de un lado a otro en su habitación, hablándole con completa calma y regalándole una sonrisa inquietante al de chaqueta roja.

— ¿Qué? ¿Acaso te molesta que te señalen tus verdades? —volvió a sonreír, haciendo estremecer al otro.

—Solo… solo quiero estar solo… —dijo con desgano.

—Pero si estas contigo mismo… Justo como querías ¿No estas contento con eso? —El Shintaro del presente no contestó— No, claro que no. Tú nunca estas contento con nada.

No era la primera vez que ese yo del pasado aparecía para acosarlo. Ese yo de hace años atrás, el que se sumió en la tristeza, en la desesperación, el que no pudo más y finalmente tomó la decisión de arrebatarse la vida.

Él era un recuerdo de sus errores, de su egoísmo y muchos sentimientos negativos, quien siempre que Shintaro se encontraba deprimido -como ahora- hacia acto de presencia solo para recordarle la basura que era.

Ya habían sido tantas las ocasiones, que Shintaro se había acostumbrado a su presencia ¿Finalmente había enloquecido?

— ¿En qué piensas? —preguntó el Shintaro de diecisiete.

Por otro lado, el Kisaragi actual intentó ignorarlo como siempre, concentrándose en la canción que hacía. "Toumei Answer" era el nombre de aquella pieza que había empezado desde hace tiempo, pero que nunca pudo finalizar, debido ha que Ene siempre se las ingeniaba en borrar lo que ya tenía hecho, y claro, luego de que se uniera al Mekakushi, ya no tenía tiempo de hacer nada.

Ene… ella era posiblemente la única molestia que podría soportar en ese momento, porque a pesar de ser un dolor de cabeza, ella le había traído un poco de luz a su vida, al igual que Ayano en su momento.

—Ah… ya veo, estás pensando en ella ¿cierto? Tan predecible como siempre, Shintaro —El de rojo frunció el ceño— pero sabes, no tienes derecho en pensar en ella.

— ¿Qué? Tú no puede decirme en quien pensar y en quién no. —Le encaró a su otro yo.

—Oh, ahora si me haces caso. —El de negro alzó levemente la cabeza, enseñando su herida sangrante, provocando que al contrario se le revolviera su estómago— No puedes pensar en ella, porque la dejaste ir. Porque eres un cobarde.

—Aquí el único cobarde eres ¡Tú! Suicidándote, importándote poco los demás, solo tú. —Le miró con rencor— Me das asco.

—Vaya autoestima que tienes. —Se mofaba de su desgracia— Recuerda que somos la misma persona.

—No, yo no soy tú. Nunca más, he dejado todo eso. —decía con tristeza, evitando mirar a la imagen del pasado— Y con respecto a Takane, yo no la deje ir, porque jamás fue mía, ella siempre ha pertenecido a Haruka…

— ¡Bah! Siempre hablas de Haruka como si fuera tu amigo.

— ¡Él es mi amigo!

— ¡Por favor! ¿A quién quieres engañar, Shintaro? Es obvio que él NO te agrada. —Le observó retadoramente, con la sonrisa burlona, que le costaba creer que era suya— ¿Cómo pudiste? Dejarla en brazos de ese tipo, luego de lo que le hizo. ¡Ese psicópata que la violó!

— ¡Cierra la boca! —Gritó Shintaro a sí mismo— No lo entiendes, ellos… e-ellos merecían ser felices.

— ¿Y qué hay de ti, Shintaro? ¿Qué hay de TU felicidad? —Le espetaba el menor, cuya sonrisa se había rotó, mostrando una mueca de tristeza— Solo piensas en los demás y te olvidas de ti… ¿Qué ha sido de todo ese sacrificio entonces? Todo el dolor… ¡¿Ha valido la pena en algo?!

Shintaro sonrió por lo bajo, sintiendo pena por lo que alguna vez fue él.

—Por mucho tiempo solo pensé en mí mismo y ese fue posiblemente el error más grande que cometí. —explicaba tranquilamente mientras veía al otro chico—Siempre creí que estaba solo, pero contaba con el apoyo y compañía de muchas personas, entre esas y tal vez la más importante, Takane. —El otro chico comenzó a llorar— Ene me ayudó tanto y no pude apreciarlo al principio, me deshice de ella. La elimine, pero ella volvió. Tuve otra oportunidad para hacer las cosas correctamente. En realidad, estoy en deuda con Takane, porque ella ha sufrido más que nosotros, cargó con nuestras penas además de las suyas propias. Es porque estoy en deuda con ella, que debía asegurarme de que fuera feliz y solo sera feliz a lado de Haruka, no conmigo, no contigo.

Su otro yo más joven, bajó la mirada, secándose sus lágrimas con las mangas de su sudadera negra. Inmediatamente sonrió con tristeza y miró al más grande.

—Nuevamente te preguntare ¿Qué hay de ti, Shintaro? —El de rojo suspiró creyendo que su explicación no le había hecho entender— ¿Esto te hace feliz?

El Kisaragi pensó en Takane, la que conoció ya hace tiempo, la amargada y enferma gamer. Pensó en Ene, la que de la sonrisa falsa que le hizo compañía por tanto tiempo. Por último, pero no menos importante, pensó en la Takane actual, a la que había visto llorar ya tantas veces, cosa que no soportaba. Solo deseaba que fuera feliz, que Haruka le hiciera feliz.

Si tan solo pudiera ver una sonrisa de ella, eso haría que igualmente él sonriera, entonces, de verdad esta vez, él sería feliz.

—Sí. —contestó seguro de su respuesta.

—Entonces dime, Shintaro… ¿Qué haces encerrado aquí?

El sonido de un par de golpes en la puerta hizo que la mirada del de cabellos azabaches se dirigiera a la puerta, pero en seguida un segundo sonido llevo su mirada hacia la ventana y se sintió que su cuerpo se estremecía al observar una serpiente de tamaño considerable, completamente negra y de ojos rojos, saliendo por la ventana de su habitación.

¿Cuánto tiempo había estado ese reptil en su cuarto? ¿Cómo es que él no había notado su presencia con aquel tamaño que tenía? Pero más importante aún… ¿Por qué le miraba así? La mirada de dicha serpiente era tan…humana. Por alguna razón, esos ojos inyectados en sangre se le hacían familiares.

Nuevamente alguien tocó la puerta con insistencia, Shintaro solo se giró por unos segundos, pero al mirar donde la serpiente otra vez, está ya no estaba.

El joven guardó silencio, pero enseguida fue donde su puerta a abrirle a la persona que no paraba de golpear. Rápidamente dedujo que se trataba de Momo, pues ella no le dejaba en paz últimamente.

—Momo, ya te he dicho que…

—Hola, Shintaro. —saludó Takane.

El de chaqueta roja se quedó mirando por un largo rato a la de azul, asombrado de encontrarla ahí, en su casa, a solo unos pasos de su habitación. Era extraño el sentirse tan nervioso, cuando había compartido casi dos años con ella, pero en ese entonces solo era un virus, esta era Takane, la de carne y hueso, de la que en secreto –ya no tanto- estaba enamorado.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó secamente.

—Vaya forma de recibir a tus invitados. —Dijo con sarcasmo la de coletas— ¿Me dejas pasar?

— ¿Eh? ¿Para qué quieres pasar? —Le interrogaba el más alto.

— ¿Puedo, sí o no?

Mientras Shintaro intentaba pensar en alguna respuesta para impedirle el paso a la más baja, esta logro escabullirse y entrar a la habitación.

— ¡¿O-oye que haces?! —el pelinegro intentó detener a su invitada, pero esta fue más rápida y tomó asiento en su cama.

—Ugh… tu cuarto esta hecho un asco. No recuerdo que estuviera tan sucio la última vez que estuve aquí. —comentó tranquilamente la alguna vez virus, mientras se cruzaba de brazos y piernas.

—La última vez que estuviste aquí fue hace tiempo…

Hubo un largo silencio incomodo, en el cual Shintaro y Takane intercambiaban miradas. La de la chica era de enojo y preocupación, mientras que la del chico azabache era distante y desanimada. Con solo mirar aquellos ojos cansados, Takane supo que algo estaba mal y que debía intervenir antes de que fuera tarde.

—Shintaro… ¿Qué estás haciendo?

— ¿Uh? ¿Pues que parece? Estaba completamente tranquilo en mi habitación, componiendo una canción, cuando llegaste aquí a ponerme los pelos de puntas.

La chica frunció levemente el entrecejo. ¿Evitando el tema, eh? Cuando querían ellos eran muy parecidos.

—No me refiero a eso. —Se levantó sin quitar su vista del más alto— Me refiero a que estás haciendo de tu vida… Por lo que Momo me contó todo estaba bien, pero ahora… es como ver al Shintaro de hace tres años…

—Ah… —Eso tomó desprevenido al joven. El ultimo comentario de la chica había sido un golpe bajo— ¿De qué hablas? Je, creo que Momo y tú están exagerando. —dijo mientras se sentaba en su silla del escritorio.

Shintaro intentaba aparentar que todo estaba bien, que solo hace unos minutos antes no había discutido con una imagen de él mismo y que no había visto aquella serpiente salir de su habitación. E incluso si le contara a Takane ¿Cómo es que reaccionaria? Aunque con toda la mierda por la que habían pasado ambos y el resto del Dan, tal vez si le creería.

—Siempre eres así de necio, desde que nos conocimos. —dijo la chica por lo bajo— Un incomprendido dices tú, pero la verdad es que eres tú quien nunca ha querido que los demás le entiendan, porque tienes miedo… ¿Verdad, Shintaro? —Se le acercó haciéndole frente, mientras este se ponía nervioso— Tienes miedo de que la gente encuentre la debilidad en ti, de exponerte a ellos…

—No es diferente de personas como Kano y tú hacen. —contraatacó.

Takane calló sorprendida. La verdad es que era de esperarse una respuesta así del pelinegro. Con su gran inteligencia sería bastante fácil para él sacar alguna ofensiva para defenderse de las criticas ajenas, pero al verle ahora… era ver al mismo Shintaro de dieciséis, el que había conocido aquel día en el festival y el cual, aunque le doliera en el orgullo, le había pateado su trasero jugando "Death Bullet".

¿Cómo olvidar aquel encuentro? Ese día cuando había apostado ser su esclava y llamarle amo.

—Tienes razón, Kano y yo somos así… —dijo con cansancio— Tememos que la gente vea nuestro verdadero yo, pero no por eso la alejamos de nosotros, porque en tiempos difíciles, fue el apoyo y compañía de quienes queremos lo que nos ayudó a superarlo.

La mano de Takane se apoyó encima de la del reservado chico, provocando que este ruborizara muy levemente y en seguida retiró la suya.

—No entiendo que quieres decir.

— ¡Déjate de tonterías! —Levantó la voz, cansada de la terquedad del contrario— Tu hermana, el Dan completo y yo estamos preocupados por ti.

—No deberían perder el tiempo preocupándose por un malagradecido como yo… —Ahora sí, la joven estaba asombrada por lo que él decía— Especialmente tú, Takane.

— ¿Yo? ¿Por qué lo dices?

—Después de todo lo que Haruka y tú pasaron, merecen estar bien, disfrutar el que ahora al fin están juntos, no perder el tiempo preocupándose por tonterías.

—Shintaro… ¿Por qué te menosprecias tanto? —Le preguntaba desesperada. De verdad no podía comprender al chico, a pesar de que Momo ya le había dicho la verdad, ella no lo creería hasta no escucharlo de los labios del pelinegro— ¿Por qué insistes en alejarme de ti?

—Yo solo quiero que estés bien, que seas feliz. Te lo mereces. —Decía con sinceridad el moreno— Además tú misma lo dijiste. Ahora tienes a Haruka contigo, no necesitas más de mí.

La rubia había acertado. Mierda.

—N-no, me malentendiste. La razón por la que te dije eso es porque ya no quería ser una carga para ti.

— ¿Una carga? —Shintaro sopesó lo que la pelinegra había dicho y sonrió con cansancio— No, tú jamás fuiste una carga. ¿Una molestia? Tal vez, pero solo al principio. —Aclaraba mientras veía la pantalla de su PC— Sin importar los roses que tuvimos y los malos momentos, tú nunca me diste la espalda y me ayudaste. ¿Cómo podrías ser una carga?

—Es lo que creí.

—Pues te equivocaste. —Dijo resentido— Ahora ya aclarado todo, te pido que te vayas y me dejes solo.

—No… —Takane se paró frente a Shintaro, posando sus manos en los hombros de este y mirándole fijamente— No pienso abandonarte, no pienso dejar que te sumerjas en la oscuridad.

El Kisaragi solo le observaba inexpresivo y con frialdad. Esa mirada cruel con la que llegó a ver a Ayano tantas veces, cuando ella hablaba sobre un supuesto cielo.

— ¿Por qué? —Le cuestionó.

—Porque me importas… —dijo ella, haciendo que la expresión del joven cambiara, solo por un segundo, a una de sorpresa— y porque yo… no quisiera perderte.

— ¿No dirás algo como que los demás igualmente lamentaran mi ausencia?

—No… hablo solamente por mí. —Confesó Takane— Tanto Haruka como tú son importantes para mí. Si llegara a perder a alguno de los dos… no sé qué sería de mí. No solo yo merezco ser feliz, tú también. Podemos serlo, tú, yo, Haruka y el Dan… estando juntos.

—Takane… —susurró el azabache— Te preguntabas por qué insistía en alejarte de ti. —La chica asintió— Es porque… —El corazón del pelinegro empezó a acelerar y la sangre se le subió hasta la cabeza. Nunca en su vida se había sentido así por alguien, de hecho, nunca en su vida se imaginó sentirse así por Takane, por ella precisamente. Aun así, estaba harto de tener aquel sentimiento reprimido, debía decirlo, aunque ya supiera el desenlace que tendría—…me gustas. —Se declaró estando tan rojo como la chaqueta que portaba— De hecho, creo que es más que eso… creo que te amo.

La más baja de estatura se quedó tiesa, observando anonada al chico frente de él. Sus mejillas ardieron, no tanto por el hecho de estar avergonzada, pero "Te amo" era una palabra fuerte y solo apenas algunos días ya otro chico le había dicho lo mismo y aun no era capaz de acostumbrarse.

—A-ah, yo…

—No tienes que decir nada. Solamente quería que lo supieras.

—No… —interrumpió de pronto— Shintaro… ha-hay algo que debo decirte. Es un mensaje de Ayano… —como si el joven no pudiese estar más asombrado, sus cejas se arquearon por la sorpresa— Te lo debí de haber dicho ya hace tiempo… pero quería tanto que superaras lo de su muerte, que…

—Solo dilo. —Le apresuró desesperado.

—Ese mensaje decía… decía "Te amo, Shintaro".

El Kisaragi quedó en silencio. Su corazón se había agitado más que hace un rato, su estómago se había revuelto, pero no era una mala sensación como siempre, era extraño. ¿Qué era este sentimiento que le causaba un hormigueo en sus manos y un frío en su columna? ¿Por qué sentía tanta felicidad y al mismo tiempo tanta tristeza? ¿Era acaso porque siempre había querido escuchar esa frase? La verdadera confusión era ¿De los labios de quién? ¿De los de Ayano o los de Takane?

Estaba bastante confundido y cansado, cansado sobre todo. Su cuerpo de pronto se sintió tan débil que se dejó caer sentado al suelo, llevándose una mano a sus cabellos negros, rascándose un poco la cabeza.

— ¡¿Shi-Shintaro?! ¡¿Estas bien?! —La de coletas se acercó al chico, poniéndose de rodillas en el suelo. Él simplemente asintió— Lo siento, perdón por no haberte dicho nada… fui una egoísta…

—No, no tienes… no tienes que disculparte. Al menos me lo has dicho, tarde, pero me lo has dicho… —Shintaro miró a su antigua adversaria, haciendo contacto visual con ella— Al final cumpliste tu promesa con Ayano… —sonrió forzadamente buscando tranquilizar a la otra— Pero ya no importa ahora… porque estoy enamorado de alguien más.

— ¿A-ah? ¿Hikineet, de qué diablos hablas? —Fue lo que atinó a decir la joven, solo para ver como el azabache empezaba a reírse— ¡N-no te rías de mí, maldito virgen!

—Lo siento, es que Haruka tiene razón, te ves linda cuando estás apenada… —Esas palabras solo empeoraron el estado de Takane, que simplemente golpeo en la cabeza al pelinegro con puño cerrado— Pero lo que dije es en serio…

—Lo sé y yo… lamento no poder corresponder lo que sientes. —Se sentó al lado de él en el suelo— Aunque igualmente debo confesar… que hubo un tiempo que tuve fuertes sentimientos hacia ti.

—Y yo fui demasiado idiota para verlo. Esa es la historia de mi vida, Takane. —Suspiró mirando el techo de su habitación— Nunca me doy cuenta de lo importante que es alguien para mi hasta que lo pierdo.

Takane miró de reojo a Shintaro. Parecía estar mejor una vez le había dicho lo que sentía. Se sintió algo culpable al saber que era debido a que la amaba, que el joven se había encerrado, pero no iba a estar triste, ya estaba cansada de tanto drama y ya había derramado demasiadas lágrimas. Estaba olvidando la razón principal por la que había ido hasta allá por el ex hikikomori.

Se levantó del suelo y se colocó frente al joven de rojo.

—Te equivocas, Shintaro. No me has perdido a mí. —Le ofreció su mano— Pero si no sales de aquí ahora entonces si me perderás, a mí y a todos. —Shintaro le miró sin palabras— ¡Oh, vamos! ¡Levanta tu trasero del suelo, no seas un cobarde! Encontraremos un camino hacía la luz, te lo aseguro.

Shintaro sonrió de lado.

—Está bien, deja de ser tan molesta… —contestó mientras tomaba la mano de la menudita chica y se levantaba del suelo— Gracias. —dijo estando muy cerca de ella.

—No hay nada que agradecer. —respondió la joven, sonriendo con sinceridad, apretando el agarre con el otro.

Por un momento Shintaro sintió una gran calidez, al ver la sonrisa sincera de Takane, recordándola como Ene, su molesta pero fiel virus. Tal vez no podría ser "suya" como él quería, pero aun podía ser su amiga y aunque pareciera poco, él estaba conforme con eso.

— ¿Takane, Shintaro? —Se escuchó decir por la puerta— ¿Está todo bi…? —Las palabras del pelicenizo se cortaron al ver a los otros dos jóvenes de cabellos oscuros tomados de la mano— Oh…

— ¡Ah, Haruka! —Antes de que Takane pudiera hacerlo, Shintaro soltó su mano y la guardo en el bolsillo de su pantalón. Al verlo, este simplemente sonrió como si todo estuviera bien. Aun así, Haruka seguía observando a sus amigos de forma sospechosa.

—Oye, Haruka, esto no es lo que parece… —Intentaba explicar tranquilamente el azabache, pero el más alto se acercó peligrosamente hacia ellos.

Shintaro cerró los ojos esperando un golpe e igualmente, Takane se llevó sus manos al rostro deseando no ver lo que estaba a punto de ocurrir, pero para su sorpresa, lo que Haruka realmente hizo fue abrazar cariñosamente a ambos.

— ¡Me alegra ver que este todo bien entre ustedes! —musito alegremente.

— ¡He-Hey! ¡¿Cuál es tu problema?! ¡Sueltame! —reclamaba Shintaro, sintiéndose bastante incomodo al ser abrazado. Si por una chica se sentía mal ¡Por un chico peor!

—Haruka… ¿Q-Que estás haciendo? —Las mejillas de Takane estaban rojísimas, estando apretada entre ambos chicos, pues había quedado en medio de los dos.

—Eh, lo siento… —El dibujante soltó a ambos y se rascó la cabeza riendo un poco apenado— Es que estaba preocupado, por ambos. Creí que las cosas no habían salido bien entre ustedes... —decía sinceramente— pero al entrar y verlos tomados de la mano, en seguida supe que todo se había arreglado.

—No todo, pero por el momento todo está bien. —dijo Shintaro mientras se acomodaba su chaqueta.

—Peor sería nada. —comento Haruka con su actitud optimista de siempre.

—En eso tienes razón. —Takane se acercó al chico de la marca y tomó gentilmente su mano mientras este se sonrojaba.

Shintaro observó la escena, y al notar a sus amigos tan contentos, una parte de él también sonrió con sinceridad. Sí, estaba seguro, si ellos estaban bien, él igualmente lo estaría.

— ¿Uhm? ¿Qué es ese sonido? —interrumpió al escuchar una musiquita bastante peculiar (El intro de Burenai Ai De).

— ¡Ah! ¡Es mi celular! —Dijo la de coletas buscando en los bolsillos de su chaqueta.

— ¿Es tu tono de llamada? No me imagine que te gustara la música tan alegre…

—Hay mucho que conoces de mí. —Decía mientras miraba el identificador de llamadas— En cambio yo sé mucho de ti por todo lo que vi en la memoria de tu computador, más de lo que debería…

Shintaro desvió su mirada algo apenado, mientras que Haruka se acercaba a este preguntándole a que es lo que se refería Takane, pero el Hikineet se negaba a decirle.

— ¿Hola? Oh, Danchou… No, no es necesario usar el plan B, logre convencerlo de que este saliera de su habitación… Ah, Jajaja ¡Claro! Nos vemos ahí.

— ¿De que estaban hablando? —Preguntó Shin— ¿Era sobre mí? ¿Y a que se referían con el plan B?

—Oh, bueno… —Haruka rió un poco— Pues estuvimos en la base del Dan planeando como hacer que salieras de tu habitación. El plan A era que Takane-chan te convenciera. En caso de que eso no funcionara, entonces estaba el plan B.

— ¿Y cuál era ese?

—Que Haruka y Seto te sacaran por la fuerza. —explicó calmadamente Takane.

— ¿Qué? ¿En serio hubieran hecho eso? —Shintaro se mostró aterrado por esa idea. Sabía lo fuertes que eran los dos chicos mencionados.

—Solo si era necesario. —sonrió alegremente el pelicenizo.

—Uff… Lo bueno es que me deje convencer por Takane. —dijo mientras se rascaba la cabeza aliviado.

Haruka y Takane intercambiaron miradas. Una sonrisa entre traviesa y maliciosa se dibujó en sus labios y la primera marcó el número de Kido.

—Ah, Danchou… sí, mira al final Shintaro se negó a salir. Creo que si tendremos que recurrir al plan B después de todo.

— ¿E-eh? ¡¿Takane, que acabas de…?!

Antes de que Shintaro pudiera espetarle a la chica, la puerta de su cuarto se abrió de un portazo y entrando por esta apareció Seto, seguido por el resto del Dan, incluyendo a la hermana del pelinegro.

— ¡Shintaro, hemos venido por ti lo quieras o no! —Dijo Kido con aire autoritario— ¡Haruka, Seto! ¡Ya saben que hacer!

Antes de que el de rojo pudiera reaccionar, Haruka ya le tenía tomado de un brazo y Seto le tomaba del otro, llevándose al pobre chico pelinegro.

— ¡Me las pagaras Takane! ¡Te lo aseguro! —exclamaba el pelinegro mientras era arrastrado por los más altos del Mekakushi.

La gamer se limitó se reírse junto con Kano, pues ambos disfrutaban bastante la escena, pero sus carcajadas se vieron interrumpidas cuando a hermano del desgraciado chico se acercó a ella.

— ¿Y bien…? —preguntó Momo aun preocupada.

—Todo arreglado. —contestó con una sonrisa.

Momo sonrió ampliamente y se lanzó a abrazar a Takane, la cual se sorprendió mucho por el gesto de la rubia, pero igualmente le correspondió.

—Gracias, Takane, por todo… —dijo la hermosa chica de cabellos dorados mientras se separaba de la otra.

—No tienes que agradecer, soy yo quien le debo mucho a tu hermano. —La de hebras negras miró donde hace un momento se habían llevado a Shintaro por los chicos del Dan.

—Bueno, creo que es hora de irnos a la base. ¿Qué les gustaría comer? —preguntó amablemente Kido.

— ¡Oh, quiero comer Korokke! —exclamó una Momo hambrienta.

—Genial, tú me ayudaras a prepararlo. Aún no hemos concluido tus clases de cocina.

—Ow… de acuerdo.

La peliverde se retiró junto con su escandalosa alumna de cocina, dejando a Takane sola.

La miembro número seis del Mekakushi Dan observó la habitación del miembro siete. Aquel lugar fue por mucho tiempo su hogar, un santuario que compartía a lado de Shintaro, momentos difíciles e igualmente felices como el de solo hace un momento. Observaba toda la pieza detenidamente, queriendo grabar cada detalle en su mente, por desarreglado que estuviera.

El origami de un cisne descansaba en el escritorio del pelinegro. Takane se acercó para tomarlo y así ver que se trataba de un examen con 100 de calificación. Recordó que esos cisnes eran los que Ayano solía hacer. Sonrió con tristeza, queriendo que la de bufanda roja estuviera en ese momento con ellos, porque seguramente, ella más que nadie, estaría feliz en este momento.

De pronto una fuerte ventisca se coló por la ventana, haciendo que las coletas de la chica se movieran violentamente.

"Gracias"

Se escuchó susurrar al viento.

Takane se quedó tiesa. Miró hacia todos lados para ver si había alguien con ella, pero al no ver a nadie, dejo el cisne en su lugar y se retiró de la habitación, no sin antes decir:

—De nada, Ayano-chan.


El joven pelinegro miraba el cielo azul y las nubes blancas, dejando que la suave ventisca de ese día le oleara la bufanda roja que portaba.

Ese era el último día de verano, finalmente septiembre terminaría y el otoño llegaría con su clima frió, pero agradable. Esa estación se veía tan lejos, pues pareciera que, en ese año, el verano se había vuelto interminable, pero finalmente, el tiempo seguía su curso.

Shintaro sonrió alegremente, cuando de pronto sintió una mano posarse encima de su hombro.

—Ah, Takane. —Mencionó el nombre de la recién llegada.

La chica de cabellos negros amarrado en coletas, portaba una jersey parecida a la suya, pero en azul y para sorpresa del más alto, no llevaba su short de licra de siempre, sino una falda, pero no de tablones como cuando fue una virus o como los de su uniforme escolar, esta era pegada para evitar que se alzara por el viento y de color amarillo, que contrastaba bien con el azul que vestía.

—Me entere de la buena noticia. —Le palmeo la espalda— Felicidades, señor universitario.

—Es solo una beca, nada especial. —dijo mientras sonreía con pena.

—Aja, nada especial. Ni tú te crees eso. —Comentó para darle un golpe en su hombro— Admito que te extrañare cuando te vayas a la universidad.

—Mi madre me dijo lo mismo, Momo también. Hacen que no quiera irme.

— ¡Nada de eso! Tú vas porque vas. Ya tuviste un largo tiempo sin estudios, te toca retomar la marcha. —decía la de coletas dándole ánimos.

Shintaro sonrió. Era como volver a ver a la molesta virus azul.

—No dije que no iría, solo que me quitan las ganas. —regresó su mirada al cielo—Solo que… igual les extrañare a todos. —Ahora fue el turno de Takane en sonreír— Por cierto, también supe que Haruka tuvo una beca para la universidad, pero la rechazó.

—Sí, al parecer él no quiere irse de la ciudad. Dice que buscara un colegio aquí donde pueda estudiar su carrera de diseño y artes gráficas. —contaba con toda calma.

—Supongo que no quiere separarse de su novia. —ante ese comentario, el rostro de la más baja sonrojo notoriamente.

—No somos novios. Deja de joder con eso. —Takane tomó de la bufanda del chico y jaló de esta, ahorcando al joven.

— ¡Ugh! ¡O-oye ten cuidado! ¡Vas a dañar la bufanda si la jalas tan fuerte! —Al oír eso, la gamer soltó de inmediato la prenda roja del otro y este pudo finalmente respirar— ¿y…que hay de ti?

— ¿Yo? Bueno… tengo un examen la otra semana para entrar a la facultad de Ingeniería en sistemas de computación y programación. —Takane se llevó una mano a la barbilla, mientras su codo descansaba en su otra mano— Con suerte, llegare a ser una famosa programadora de videojuegos y veras mi nombre en todas partes.

—Sí y yo seré un gran compositor. —dijo sarcásticamente el azabache.

—Hablando de componer música… ¿Qué fue de aquella canción que estuviste haciendo durante tu tiempo libre? —Le preguntó la chica con gran curiosidad.

—Ah, cierto. Nunca te dije… Deje esa canción para empezar a crear otra.

—Oh ¿Cuál?

—Pues no le he puesto un nombre aun, pero por el momento le llamo Summer Time.

—Mmmm… no está mal.

— ¡Shintaro, Takane!

Los mencionados se giraron y vieron a Kano.

—Al fin les encontré. ¡Hey, chicos, aquí están! —Habló el rubio-castaño al resto.

Entrando por las escaleras de la azotea, llegó el restó del Dan, pero lo que llamó la atención de ambos jóvenes, fue a ver a la líder peliverde trayendo consigo un enorme pastel que decía claramente "Felicidades".

—Oh… ¿de quién es el cumpleaños? —preguntó Shintaro.

—Da nadie, Onii-chan idiota. —contestó Momo, abrazándose del brazo de su familiar.

— ¡Es para ti! —canturreó alegremente Mary, que venía de la mano con Seto.

— ¿Para mi…?

—Sí, Momo-chan nos contó lo de tu beca universitaria y planeamos hacer esto por ti. —dijo Seto con su acostumbrado tono amable.

—Espero que sea de tu gusto. —Kido se acercó a Shintaro, enseñándole el pastel que ella y la hermana de este habían hecho para él.

— ¡Bueno di algo! —Le exigió Hibiya algo divertido con la expresión de asombro del Kisaragi.

—A-ah… yo…muchas gracias, chicos, de verdad… —decía el pelinegro conmovido— Son los mejores.

—Lo sabemos. —Respondió por todos Kano— Si tienes que llorar, aquí está mi hombro para desahogarte.

—Eh… no gracias, tendría que inclinarme para llegar a tu hombro.

Ante esa ingeniosa respuesta contra la burla de Kano, todos los del Dan empezaron a reír, a excepción del chico mencionado anteriormente, pero al final igual acompaño a sus amigos en el coro de carcajadas.

—Muy buena, Shin-Shin.

—Bueno, ya basta de bromitas. Vamos a servir este pastel, que es cansado estarlo sosteniendo.

—Si quieres yo lo sostengo por ti, Kido-san. —Se ofreció amablemente el chico pelicenizo mientras ponía su libreta bajo su brazo derecho.

—No, no te preocupes. Creo que tú deberías encargarte de otra cosa. —Le señaló con la mirada a cierta chica de coletas.

—Oh, cierto…

Mientras el Dan se iba a comer el pastel, llevándose al chico universitario consigo, Haruka se quedó a solas con Takane, que al igual que Shintaro hace un rato, miraba el cielo, aunque este ya no estaba más azul, ya había tomado un tono naranja debido al atardecer.

—Takane-chan ¿Qué miras?

—Haruka… —La chica giró a ver a su amigo, su compañero de clases, su confidente, su primer y único amor— No, nada. Solo pensaba.

— ¿Y en que pensabas? —Le preguntó mientras se acercaba a ella y le tomaba gentilmente de la mano.

—A-ah, pues… —Takane sonrojó al sentir el tacto del más alto— En lo afortunada que soy al tenerlos a todos ustedes… Son una familia para mí. —Dijo con sinceridad— Al final, todo lo malo por lo que hemos pasado ha valido la pena.

—En eso tienes razón. Me alegró mucho de que Takane-chan piense así y que este tan feliz. —Haruka metió su mano dentro de uno de sus bolsillos y sacó el anillo que le había comprado a Takane, para luego colocarlo en su dedo anular— Y yo me asegurare de que sea así de feliz siempre.

—Ha-Haruka… —El rubor en el rostro de la chica se hizo más intenso, pero finalmente se dejó hacer cuando el dibujante besó con cariño el dorso de su mano.

—Ahora somos muy jóvenes… pero cuando ya seamos mayores ¿Te casarías conmigo, Takane?

La de coletas tardó bastante en reaccionar, pero al hacerlo, fue justamente lo que el de la marca imaginaba.

— ¡¿A-acaso eres idiota?! ¡¿Cómo te atreves a proponerme matrimonio cuando apenas hace unas semanas me pediste ser tu novia?! —Las mejillas de Takane estaban rojas tanto de la vergüenza como del enojo. Por su parte, Haruka solo reía enternecido por la actitud de su pareja, como ya era costumbre— Pero si…

— ¿Eh? —Las risas de Haruka cesaron para luego quedar igual de ruborizado que la chica enfrente suyo.

—Te prometo, que cuando ya seamos más grandes, me casare contigo, Haruka. —Takane sonrió con ternura a su novio, para luego posar una mano en la mejilla de este y acortar la distancia entre los dos hasta que finalmente sus labios se encontraron con los ajenos.

Haruka quedo hecho piedra ante la respuesta y la última acción de su quería enamorada, pero al final no dudo ni un segundo en corresponderle. Después de aquel dulce beso, los dos jóvenes amantes se miraron mutuamente con ternura y cariño. En los labios de ambos se dibujaba una sonrisa, reflejo de una enorme alegría.

Aunque las tragedias pasadas les habían dejado feas cicatrices, estaban agradecidas por ellas, porque solo cuando conocieron el extremo del infortunio pudieron sentir la felicidad suprema. Fue necesario el haber deseado morir, para que ellos supieran cuán dulce es la vida en realidad. Tuvieron que sumergirse en la oscuridad para finalmente...

Encontrar la luz.

.

.

.


"Increíble…" Dijo una voz áspera

"¿Qué cosa?" Preguntó una voz más profunda.

"Que una bola de mocosos hayan podido derrotarte."

"¡Cierra la puta boca, asquerosa arpía!" Exclamó la voz profunda, ofendida por el comentario de la otra "¿Es mi culpa que ha Azami le haya dado un episodio de redención?"

"Bueno, fue tu culpa por intentar asesinar a su nieta."

"Y una mierda. El problema fue que se dejó manipular por esos estúpidos sentimientos hacia ese patético humano." Bufó.

"Como si tú no hubieras hecho lo mismo."

"¿Te refieres a lo ocurrido con la humana de Abrir la Mirada?" La entidad de voz áspera asintió "Solo buscaba divertirme un rato. Además, no fue tanto un instinto mío, si no del humano al que poseía. Él quería hacer suya a la chica, pero no era lo suficiente valiente para hacerlo. Yo solo le cumplí su deseo."

"Vaya forma de hacerlo… Si sabes que esto podría traer consecuencias ¿verdad?"

"Lo sé…" contestó automáticamente "y es parte de lo que tengo planeado hacer."

"¿De qué hablas? Pero si te derrotaron, ya todo termino."

"¿En serio crees eso?" La entidad de voz profunda sonrió "No, claro que no… aún existen muchas rutas en las que puedo hacer de las mías. Solo necesito tiempo."

"…"

"Esto apenas está empezando."

...


Pues así termina este fanfic, espero que les haya gustado, me costó mucho escribirlo, quería que fuera perfecto y no les decepcionara ;u; pero ¡Uh, sorpresa! Todavía queda subir el epilogo del fanfic, para que sepan que fue de la vida de los del Dan al crecer, ademas de que esto les dará una idea de lo que sera mi próximo proyecto, "El Diario del Daze", la secuela de esta historia, aunque aun es un proyecto en proceso de creación, por lo que posiblemente tarde en subirlo uwu

Aun así, ya pronto subiré un nuevo fanfic de Kagerou Project para llenar el vació que nos deja esta historia :'DD

Muchísimas gracias a todos los seguidores, aquellos que agregaron este fanfic a sus favoritos y a todos los que dejaron reviews. Ustedes son de lo mejor, sin ustedes, esta historia no habría llegado tan lejos ;u;

Nota: Agradezco a la novela de "El Conde de Montecristo", que una de sus frases fue la que me inspiró en la parte final de la historia uwu

Contestare reviews y preguntas en el epilogo, así que dejen todas las dudas que tengan :3

Hasta entonces, muchísimas gracias a todos y nos leemos la próxima!

Atte: Mitsui Neko