.

La calle de los árboles retorcidos y donde se mezclan cielo y mar

II. Ni futuro, ni pasado

.

Nos buscamos. Queremos encontrarnos. Pensamos que las preguntas que nos hacemos siempre tendrán respuesta si viajas lo suficiente para hallarla.

Pero, ¿qué gracia tendría si todas las verdades estuvieran a nuestro alcance? ¿Qué haríamos cuando supiéramos todo lo que nos hemos cuestionado alguna vez?

~ · ~

«13. Si una bola de cristal te pudiera decir la verdad sobre ti mismo, tu vida, el futuro, o cualquier otra cosa, ¿qué le preguntarías?».

—¿Solo una cosa? —pregunta Hikari.

—Sí, no vale eso de pedir que te responda más preguntas.

—Ya, ya.

—Ni la lotería. Piensa algo más trascendental.

—¡No iba a decir eso!

—Ya, claro.

Takeru se ríe, solo está tomándole el pelo. Ella se hace la ofendida. Sigue pensando, hasta encontrar lo que considera más importante.

—Le preguntaría si algún ser querido va a estar en peligro, para evitarlo. ¿Y tú?

—Nada.

—¿Qué?

—Nada —repite él—. No quiero saberlo. Creo que me obsesionaría con cómo se llega a eso, sea lo que sea. La vida es improvisación y es como mejor funciona.

«14. ¿Hay algo que hayas deseado hacer desde hace mucho tiempo? ¿Por qué no lo has hecho todavía?».

—Montones de cosas —responde T.K—. La mayoría no lo he hecho por falta de tiempo. Pero lo principal es llegar a publicar algo escrito por mí. Y estoy en ello, no es algo que pueda elegir.

—Lo conseguirás pronto.

—Hay muchos otros intentándolo.

—Sí, pero no son como tú.

Kari le sonríe, habla totalmente en serio.

—Yo quiero captar de verdad lo que siento en una fotografía. A veces me acerco pero nunca es perfecto. Y quizá si pudiera perdería parte de la gracia esta afición, dicen que a veces lo mejor de llegar a una meta es el recorrido.

—Sí. Sobre todo si disfrutas del camino.

~ · ~

«15. ¿Cuál es el mayor logro que has conseguido en tu vida?».

Ken mira fijamente a la chica, esperando. Ella ya no parece tan intimidada por sus ojos, tampoco avergonzada por sus respuestas.

—No creo tener grandes logros. Aunque me siento muy querida y supongo que eso se puede considerar uno. Ser algo bueno en la vida de otros.

Él no dice nada. Hikari quiere saber qué piensa.

—¿Estás de acuerdo?

—No tengo que estarlo.

—Pero me gustaría saber si lo estás.

Se miran. El chico acaba levantando ligeramente la comisura derecha. La sonrisa más pequeña y verdadera que ha enseñado en todo el rato.

—Lo estoy.

Ella queda satisfecha con la contestación. Aguarda, en silencio, a que él piense la pregunta.

—Creo que un logro debe ser algo que te ha costado mucho esfuerzo, por la razón que sea. El mío probablemente es haber aprendido a no vivir en el pasado. Aunque nunca se olvida, claro.

—Claro.

«16. ¿Qué es lo que más valoras en un amigo?».

—Que respete mi espacio —responde Ken, al instante—. Que comprenda que no somos iguales y que no tengo por qué compartir todo lo que pienso con él.

Kari gira un poco la cabeza, curiosa, ante esas palabras. Su definición otra vez es muy distinta.

—Yo valoro que sea alguien que sé que me ayudará si lo necesito y que me pedirá ayuda si él o ella la necesita. Lo más importante es esa confianza.

Y se pregunta en qué momento la confianza aparece, piensa en lo difícil que es conseguirla y lo sencillo que resulta perderla.

No podría decir por qué, pero sabe que Ken está pensando en algo parecido.

~ · ~

Koushiro se rascó la cabeza. Parecía algo incómodo. Sora se reía de él sin ocultarlo demasiado.

—Relájate. Estás más nervioso que cuando hemos ido a pedir un aula vacía para hacer el experimento.

—Al rector le caigo bien.

—¿Y qué? ¿A la hermana de tu amigo no?

—No lo sé. Por eso me pongo nervioso. A ver de dónde vamos a sacar si no a una pareja de amigos de sexos distintos que sepamos que se van a tomar esto en serio.

Ambos suspiraron por razones distintas. Uno por estrés, otra por miedo. No querían suspender ese cursillo, serían una decepción para sus padres aunque no llegaran a recriminarles nada. Probablemente se exigían demasiado.

En ese momento, vieron a un par de estudiantes acercarse a su mesa de la cafetería.

Ella era bonita y pequeña, con el pelo corto y los ojos brillantes. Él era alto, rubio, con rasgos mezclados de asiático y caucásico. Ambos sonrieron y ocuparon las sillas vacías.

—Kou, me alegro de verte de nuevo —saludó la chica.

—Hola, Kari, Takeru. Esta es Sora, una compañera.

—Encantado —dijo el chico.

—Os preguntaréis por qué os he pedido que vinierais… Bueno, es que necesito un favor y vosotros cumplís los requisitos.

No dio detalles. Solo habló de un experimento social, de que responderían algunas preguntas en pareja y llevaría un par de horas. Ellos parecieron interesados en la propuesta y aceptaron. Quedaron en un sitio y una hora del día siguiente.

—Bueno, solo queda encontrar al tercero —dijo Koushiro.

—Sí… —Sora sonrió, viendo cómo Takeru sostenía la puerta para que Hikari saliera primero—. Creo que va a ser interesante.

~ · ~

«17. ¿Cuál es tu recuerdo más valioso?».

—Mi dieciocho cumpleaños —responde ella—. Contigo, mis padres, el resto de nuestros amigos. Tener reunida a tanta gente fue muy divertido y bonito.

T.K inclina la cabeza hacia delante, para acercarse más. La mesa de pronto le parece demasiado grande.

—No me vas a creer mi respuesta.

—¿Por qué? —Kari junta las cejas.

—Mi recuerdo más valioso es de cuando escribí mi primer relato, lo leíste y pusiste ese gesto tan tuyo. Supe que quería provocarlo más veces.

—¿Qué gesto?

—No sabría explicarlo. Sonriendo, pero también con los ojos. Ilusionada. Parece que vuelves a tener ocho años.

—¿Y ese es tu mejor recuerdo? —Parece escéptica.

—Claro. Al ver que podía hacer que pusieras esa cara, supe que tenía que seguir escribiendo. Tenía que averiguar si sería capaz de llegar a provocar algo a los demás.

Hikari no dice nada, solo le devuelve la mirada.

«18. ¿Cuál es tu recuerdo más doloroso?».

La boca de Takeru se convierte en una línea recta. Pero no aparta los ojos de su amiga.

—Cuando mi madre decidió separarse de mi padre y tuve que alejarme de él y de mi hermano —habla rápido, como si así fuera a doler menos.

—No me gusta esta pregunta.

—Ni a mí.

—¿De verdad tengo que responder?

—Supongo.

Ella hace una mueca.

—Cuando tuve una recaída muy fuerte porque mi hermano me llevó al parque. Lo mal que lo pasé en el hospital y lo culpable que se sintió él.

Después de decirlo, se cruza de brazos. Hay un silencio largo. No hacen caso de la nueva diapositiva de la pantalla.

—Esto deja triste, ¿eh? —dice T.K.

—Sí. No me gusta recordar las cosas malas. —Él asiente.

—Bueno, sirven para aprender. Y para disfrutar más de lo bueno.

—Es una forma de verlo.

—Es la mejor forma.

~ · ~

«19. Si supieras que en un año vas a morir de manera repentina, ¿cambiarías algo en tu manera de vivir? ¿Por qué?».

Kari ya sabe qué responder. Conoce las preguntas porque son las mismas que ha contestado con Takeru. Se pregunta por qué tiene que repetirlo y si su amigo también lo hará con otra persona.

—Supongo que dejaría los estudios y gastaría mis ahorros para viajar. Y pasaría todo el tiempo posible con mi gente.

—Yo no lo sé —dice Ken—. Supongo que sí, pero más bien estaría obsesionado con saber cómo moriré y tratando de escapar de ello. O me pondría en peligro para que acabase cuanto antes.

—¿Quieres que acabe? ¿No prefieres disfrutar cada instante?

—El miedo no deja que disfrutes de nada. La espera a veces es la peor parte.

Ella pestañea, como si le costase enfocar la mirada en su interlocutor.

«20. ¿Qué significa la amistad para ti?».

—Lealtad —susurra el chico.

Cada vez responde más deprisa, dudando menos. O quizá las preguntas le resultas más sencillas.

—Una familia que eliges —dice Hikari.

—¿Familia? —Por primera vez, él quiere saber más.

—Sí, para mí lo es. Es decir, están los amigos de verdad, los… llamémoslos colegas, los compañeros. Y los amigos de verdad son como familia.

—Hermanos, quieres decir.

—No, no. Nadie se puede comparar a mi hermano, o más bien la relación que tengo con él es muy distinta a otras, como la que tengo con mi mejor amigo.

—Siempre he oído que los amigos son hermanos.

—Para mí no.

—Para mí tampoco lo son.

Se sonríen. Esta vez, enseñando los dientes un poco.

~ · ~

Sora empezaba a enfadarse. Había dado vueltas por la Universidad, vigilando a los chicos con los que se cruzaba, pero si alguno le llamaba la atención para el experimento acababa por no decirle nada. ¿Por timidez? Probablemente. O porque era demasiado importante decidir algo así juzgando a un extraño.

Los sujetos del experimento, Hikari y Takeru, le parecían perfectos. Necesitaba a un sujeto C a la altura.

Koushiro se había escapado en cuanto pudo, diciendo que tenía un trabajo que entregar a la mañana siguiente sobre no sé qué de programación. Estaba claro que huía de tener que hablar con desconocidos por la calle.

Pues Sora se negaba a ser tan vergonzosa como él. Era una mujer profesional y trabajadora, lo iba a demostrar.

Probó suerte con un par de chicos que parecían tener la edad de sus dos sujetos, pero uno perdió el encanto cuando empezó a hablar y otro la ignoró por completo.

Al terminar la jornada de la tarde, muchos estudiantes salieron de la Universidad, y ella se dedicó a mirarlos. Paró a tres, uno dijo que no le interesaba, otro intentó ligar con ella y el último no hablaba casi su idioma porque estaba de intercambio.

Cuando quiso darse cuenta la zona estaba casi vacía. Decidió que tendría que intentarlo por la mañana y fue a la Biblioteca General en busca de un libro que necesitaban.

Y por esa idea le pidió después a Koushiro muchas veces que le diera las gracias.

En un rincón había un chico. Tenía melena corta, los ojos azules pero mucho más apagados y oscuros que los del sujeto B. Le llamó la atención ver que leía algo sobre leyes y tomaba notas. Su gesto cuando se sentó a su lado fue lo que hizo que se decidiera, serio y distante, aunque amable.

—¿Necesita algo? —preguntó el chico.

—Me llamo Sora Takenouchi, ¿y tú?

—Ken Ichijouji. —Parecía incómodo.

—No querría molestarte, pero creo que cumples el perfil para un experimento social que estoy haciendo. ¿Tendrías mañana un par de horas libres para responder unas preguntas? Me harías un gran favor.

—¿Por qué yo?

—Porque tengo curiosidad por ver cómo te llevarías con alguien.

No supo si fue esa última frase lo que lo convenció. Tardó un minuto entero, pero al final Ken asintió con la cabeza.

~ · ~

«21. ¿Qué importancia tienen el amor y el afecto en tu vida?».

—Muchísima. —Hikari está muy animada, le gusta la pregunta—. No hablo del amor de pareja, no tengo, aunque todos siempre estamos esperando por él, o buscando despertarlo. Hablo del amor a lo que haces, a la gente que te rodea, a ese peluche con el que duermes.

—¿Sigues durmiendo con Gatomon?

—Pues claro. —Por su tono, es una pregunta tonta. Takeru contiene la risa—. Bueno, responde.

—El amor es lo que mueve el mundo. Lo que inspira, lo que nos hace intentar ser mejores, lo que hace que tomemos las decisiones. Amor por tus seres queridos, amor por ti mismo. Amor de todas las maneras posibles. Dulce, apasionado, doloroso.

Por un momento, ambos contienen el aliento. Evitan mirarse a los ojos cuando aparece la siguiente pregunta.

«22. Compartid de forma alterna cinco características que consideréis positivas de vuestro compañero».

—Eres altruista. Te preocupas siempre por los demás antes que por ti. Aunque a veces demasiado. —dice él.

—Tienes mucha imaginación. —Ella cruza las piernas.

—Eres inspiradora.

—Tienes el don de la palabra.

—Sensible. —Kari le regala una sonrisa y la incomodidad va desapareciendo.

—Generoso.

—Comprensiva.

—Decidido, siempre sabes lo que quieres.

—La última… es difícil elegir. Diré que eres dulce. No solo en tus gestos, en tu forma de hablar… Eres dulce en todos los sentidos. También físicamente.

—Tus ojos. Siempre me han gustado, dicen mucho.

Los dos fingen que tienen la cara roja por el calor. Aunque una mirada cómplice delata que saben que no.

~ · ~

«23. ¿Tu familia es cercana y cariñosa? ¿Crees que tu infancia fue más feliz que la de los demás?».

—Muy, muy cercana. Todos me han cuidado mucho siempre. Quizá no fue la infancia más fácil por mi salud frágil, tenía que pasar mucho tiempo en casa.

Hikari se siente de nuevo tonta. Sus problemas no parecen nada al lado de los de Ken, que mantiene la mandíbula apretada.

—Hubo un tiempo en que no, ahora sí es cariñosa aunque no muy cercana. Mi infancia no fue feliz, para nada, aunque tampoco la más difícil.

Ella siente la necesidad de decir o hacer algo para consolarlo, pero no sabe el qué. Espera que sus ojos puedan hablar más. Él parece comprenderlo, porque asiente con la cabeza en silencio.

«24. ¿Cómo te sientes respecto a tu relación con tu madre?».

—Raro. Durante mucho tiempo sentí que no era lo bastante bueno para ella, que estaba a la sombra de mi hermano. Y después que solo tenía que ser como él para que ella estuviera feliz. Ahora hemos solucionado esas cosas, pero no es tan sencillo como pedir perdón.

—Debió ser duro.

—Lo fue. Lo sigue siendo. —El chico se pasa una mano por el cuello.

—¿Cómo lo superaste?

—No estoy seguro de haberlo hecho. Pero lo intento, eso sí. ¿Y tú? ¿Qué tal te llevas con tu madre?

—Nos llevamos muy bien, a veces me habla de sus problemas, suelo ayudarla en cosas de la casa.

—Debe ser agradable, me alegro —dice Ken, no hay envidia o resentimiento en su voz.

—Sí. Gracias. —A Kari le tiemblan las comisuras de la boca.

~ · ~

Estamos en cambio constante. Poco a poco. Cada paso marca el principio de algo nuevo, cada palabra puede suponer una nueva ventana abierta, cada mirada una puerta. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a mirar? ¿Y a dejar que miren en nosotros?