Alertas: personajes con ligero Ooc, Escenas algo moviditas y Lemmon en capítulos siguientes (no muy cercanos, creo u.u)

Dedicación especial a las fans (como yo) de esta fantástica pareja.

Shanon Lils Mari PelusitaBlack93 tudulceeninia ShimmeringWater ¡gracias por comentar!

Disclaimer: ¡TODITO ES DE LA FANTASTICA JK ROWLING!


Capítulo 2:

Hogwarts, 1 de Septiembre de 1943

El primer día de clases en Hogwarts se vivía como en cualquier otro colegio: una variopinta mezcla de sentimientos que iban desde la euforia, pasando por una fría indiferencia y hasta aquellos chicos que temblaban aterrados, tratando de pasar desapercibidos por sus matones.

Un grupo de chicos Revenclaw intercambiaban aireadas opiniones sobre los libros que habían quedado en leer o la situación actual de las guerras (mágicas y muggles); un par de Gryffindor daban un romántico paseo tomados de la mano dándose miradas de anhelo ignorando las burlas de sus compañeros de casa; un alegre grupo de Hufflepuff hablaban sobre lo que habían hecho en sus vacaciones; y luego, luego estaban ellos, un elegante grupo de chicos que caminaban hablando en voz baja, los Slytherin parecían sumidos en una intensa conversación, iban encabezados por Tom Riddle quien parecía totalmente ajeno a los adolescente que le seguían como cachorros.

El bullicio estaba sacándolo de quicio, los molestos chillidos femeninos y las estupideces de los hormonales adolescentes que hacían de todo para llamar la atención de las brujas lo enfermaban.

Era recién el primer día de clases y Tom Riddle ya estaba hastiado de todo y todos. Los mismos aburridos profesores, las mismas básicas materias y los estúpidos mediocres compañeros. Nadie le planteaba un reto, era muy fácil manipular a todos: una sonrisita, un halago y una aparente sumisión, ¿por qué para qué mentir? A todos les agradaba el poder, los embriagaba, los hipnotizaba, pero cuando estallaba en su rostro o lo tenían en sus manos no eran capaces de hacerse cargo y se lo entregaban a alguien que sí podía hacerlo. Es decir, a él.

Soltó un largo suspiro de fastidio, logrando que el grupo de Slytherin que lo seguía se dispersara rápidamente, dejándolo por fin solo, transformó una roca en una silla arrancando un coro de soñadores suspiros, ignorando la repentina audiencia, sacó un libro de su capa y se puso a leerlo. En seguida se perdió en el oscuro ejemplar que presentaba como tema principal la nigromancia, sabía que era muy peligroso que lo cogieran leyendo algo así en Hogwarts, pero le causaba un placentero estremecimiento el solo pensar que lo atraparan. Aun así era ferozmente cauteloso con la oscuridad de su alma, pero estar en ese maldito borde, ese en el cual estaba a milímetros de ser atrapado, era realmente muy excitante.

Una repentina ráfaga de aire cambió bruscamente las páginas del libro, dejándola en al menos dos capítulos más adelante, Tom alzó sus cejas al leer el título del capítulo la importancia de controlar a los muertos y luego miró alrededor con curiosidad, un puñado de chicas sostenían sus faldas cubriéndose con pudor, otros buscaban desesperados la fuerte desconocida del fuerte viento, entonces, hubo un fuerte 'crac' y una persona –por su silueta, se trataba de una mujer- cayó desde una altura considerable, por todo el lugar habían gritos de incredulidad y de sorpresa, así que era obvio que nadie reaccionó cuando la chica se sumergió de forma alarmante en el lago oscuro seguido por un considerable chapoteo, salpicando alrededor de forma abundante.

Él movió su varita, sacando a la desconocida del agua y la dejó levitando por unos segundos antes de decidir atraerla a sus brazos y moverse con rapidez a la enfermería, sin embargo, cuando su cuerpo chocó contra el suyo no pudo luchar contra la mueca de sorpresa que se apoderó de su rostro, disimuladamente olisqueó el frondoso cabello de la chica y se apresuró a caminar, esquivando a las personas curiosas y deslizándose rápidamente por pasillos poco usados para no encontrarse con algún profesor. El penetrante y tentador aroma de magia oscura rodeándolos como si fuese una nube que no quería dejarles ir; Tom inspiró otra bocanada de aire, sintiéndose profundamente intrigado por la fuerte energía mágica que emanaba de la muchacha desconocida, quería saber quién demonios era y cómo diablos se las arregló para romper la defensa del castillo, pero si Dumbledore se enteraba que la pequeña castaña había estado jugando con magia prohibida la echarían inclusive antes de poder formular sus preguntas. Profundamente fastidiado ante esa perspectiva, Tom Riddle luego de mucho tiempo actuó de forma imprudente e impulsiva, enviando varios hechizos sobre la muchacha para esconder ese rastro de magia prohibida. Tras asegurarse que no había señales de magia oscura, retomó su rumbo.

Las puertas de la enfermería se abrieron con brusquedad alarmando a la medimaga que estaba leyendo una revista de chismes, inmediatamente la dejó caer, colocándose de pie y mirando sorprendida al joven que reconoció rápidamente como Tom Riddle quien cargaba a una chica empapada entre sus brazos.

—Oh Merlín, ¡¿qué le sucedió?! ¡No me diga que alguien la lanzó al lago! –exclamó la medimaga escandalizada.

—Me temo que es peor que eso. Apareció de la nada, Señorita Pomfrey, cayó al lago pero la logré sacar enseguida.

— ¿Se apareció en los terrenos de Hogwarts? –preguntó sorprendida negando con semblante de desconfianza, apresurándose a levitarla a la camilla, tocó la frente de la chica que estaba perlada de sudor y luego tomó su pulso, jadeando al notar que este era débil, muy débil, pero ahí estaba. Corrió al estante de sus pociones y con manos temblorosas tomó una que actuaba como un shock de adrenalina, jamás había tenido un paciente tan grave en Hogwarts, así que tenía que lucirse para que el director Dippet la dejase trabajando por mucho tiempo más. — ¡Señor Riddle, vaya a buscar al director! ¡Rápido, rápido!

Ella abrió la boca de la muchacha y vertió el líquido en esta, como estaba inconsciente tuvo que hacer maniobras para que tragara, se sintió un poco más aliviada al sentir el pulso más constante y firme, aun así, había algo que le estaba molestando. Miró por encima de su hombro, Tom Riddle miraba fascinado a la chica y a pesar de había oído su orden, no se había movido ni un milímetro. Le dio una mirada fastidiada y él pareció volver a la realidad, dándole una nerviosa sonrisita antes de girar sobre sus talones y caminar con rapidez hacia la salida.

Inmediatamente, la chica comenzó a temblar, sus labios entreabriéndose y soltando fuertes gemidos de dolor, se retorció en la camilla, su frente de nuevo llena de sudor y su rostro desfigurado por la angustia. Su magia comenzó a crepitar de forma peligrosa, enviando ondas que hicieron crujir los estantes, una ventana explotó, enviando vidrios en todas direcciones.

— ¡Vuelva aquí, vuelva aquí! –chilló con inquietud la señorita Pomfrey, Tom Riddle regresó con rapidez al lado de la camilla, la medimaga vio como la intensidad de los temblores de la chica comenzaba a disminuir, su magia volvió a volver a la tranquilidad, ella tragó en seco y sin pensarlo mucho colocó la mano del joven Slytherin contra la frente de la muchacha quien emitió un leve suspiro y dejó de moverse, quedándose tan quieta como una estatua:- ¿Podría ser…? S-señor Riddle, no se aleje de la señorita, voy a ir a buscar al director y al profesor Dumbledore, esto es más grave de lo que creíamos.

Él chico asintió distraído, como si no hubiese oído nada, sus ojos aún clavados en la chica, se mantuvo inclinado sobre ella, en silencio, viendo como su respiración calmada comenzaba a agitarse levemente, sus labios rosados se entreabrieron y Tom envió un rápido hechizo que silenció la habitación. Esperó fastidiado que ella comenzara a gritar, pero se sorprendió cuando lo que salió de su boca fueron palabras en pársel, curiosamente sus palabras eran demasiadas rápidas y torpes para ser comprendidas. Su uso era muy tosco, muy desgastado, lo cual era muy peculiar, para él era muy natural el lenguaje de las serpientes; en ella, sonaba forzado e ilógico.

Los oscuros ojos de Tom Riddle se encendieron con curiosidad y un deje de molestia, pero los embotelló cuando escuchó rápidos pasos hacia ellos, apretó la mano de la chica de forma dolorosa pero aun así ella no dejó de murmurar frenéticamente. Dando una mirada por encima de su hombro notó que la medimaga ya venía corriendo con el director y Dumbledore pisándole los talones, profundamente molesto se inclinó sobre la muchacha, pegando su boca contra su oído.

Cállate –susurró en pársel con impaciencia, el balbuceo de la desconocida bajaron de intensidad hasta apagarse por completo, él se enderezó satisfecho y le envió una falsa mirada de preocupación a la medimaga que ya estaba a pasos de la camilla:- Creo que ella está desvariando.

—Vuelve a tener fiebre. –murmuró la señorita Pomfrey preocupada, envió varios hechizos y luego lentamente cabeceó hacia los magos.- Puede marcharse, señor Riddle, nosotros controlaremos en adelante la situación.

—Gracias por su ayuda, señor Riddle –acotó Dumbledore dándole una mirada indescifrable, Tom apartó a regañadientes su mano de la chica y luego le dio una encantadora sonrisa, ignorando las ganas de apretar la garganta del hombre.

—No fue nada, la chica estaba muy mal. Con su permiso, director. –dijo de forma educada, dándole una última mirada a la chica antes de salir de la enfermería con los puños apretados, con un abismal sentimiento de insatisfacción carcomiéndolo.

— ¿La reconoces, Albus? –preguntó el director colocándose un pañuelo contra la nariz y mirando a la chica como si tuviese una enfermedad ultra contagiosa.

—Me temo que esta muchacha no es una estudiante, Armando. –respondió Albus Dumbledore con lentitud, mirando con evidente curiosidad a la chica.

—Bien, entonces envíenla a San Mungo, la chica no es nuestra responsabilidad. –ordenó Armando girándose dispuesto a marcharse, la señorita Pomfrey soltó un bufido horrorizado y Albus se apresuró a intervenir.

—No creo que esa sea buena idea, Armando. Es mejor que la ayudemos y luego la dejemos ir. –sugirió Dumbledore.

—Por ahora hay que mantenerla estable. –anunció la señorita Pomfrey, Armando Dippet frunció el ceño y murmuró un esquivo 'bien' antes de marcharse de regreso a su despacho.- ¿Cómo pudo atravesar las barreras, profesor Dumbledore?

—No lo sé, Poppy. –dijo el hombre dándole una suave palmadita en la mano a la mujer y luego suspiró:- Pero no parece nada bueno. Cuida de la chica, por favor, cualquier alteración en su estado me avisa inmediatamente.

— ¿Cree que es prudente mantenerla aquí? Quizás en San Mungo estén más preparados para ayudarla.

—Eso podría ponerla en peligro, mientras no sepamos qué sucedió me temo que no podemos dejarla salir de Hogwarts. –murmuró Albus sonando grave. La señorita Poppy asintió comprendiendo la situación antes de ponerse a trabajar con la chica.

-X-

Hermione Granger sentía que un camión extrapesado había impactado contra ella y no una sino varias veces. Su cabeza estaba abombada; su boca, seca y sus labios se sentían rotos, se mantuvo quieta por un largo momento, tratando de recordar que le había sucedido para estar en tan mal estado y las repentinas imágenes de los mortífagos siguiéndolos la hicieron perder la respiración. Tratando de mantener la calma, oyó atentamente lo que la rodeaba en busca de alguna pista que le pudiese indicar donde se encontraba, lamentablemente todo estaba extremadamente silencioso y lo único que pudo reconocer era que de vez en cuando alguien cambiaba una cuidadosamente una página, eso la alentó un poco porque sinceramente no creía que los mortífagos se sentaran a custodiar a sus prisioneros mientras leían.

Tratando de ser lo más cuidadosa posible, tanteó donde estaba recostada; el colchón era duro y áspero pero tenía un cierto grado de confort. Era una camilla. Su corazón dio un brusco salto y sin poder evitarlo gimió profundamente adolorida.

—Por las barbas de Merlín, ¡está despertando! –exclamó una voz femenina, sonando un poco distante y distorsionada mas cargada de alivio, Hermione sintió como la persona en cuestión sostenía su muñeca, tomando su pulso y apoyaba su mano libre sobre su hombro tratando de crear un efecto tranquilizador- Respire con calma: inhale suavemente y luego exhale con lentitud. Puede abrir sus ojos, siempre y cuando lo haga despacio porque la luz va a aturdirla y le dolerá la cabeza.

Hermione siguió las indicaciones al pie de la letra, gimiendo de dolor, su pecho ardía y dolía muchísimo. Luchó por abrir sus ojos pero sus parpados pesaban y la tarea parecía lo más difícil que había hecho en años; jadeando frustrada, alzó una temblorosa mano y la colocó sobre sus ojos, frotándolos suavemente, ganándose una palmada, frunciendo su ceño lo intentó una vez más, apenas lo abrió una fracción antes de tener que cerrarlo por la luz, no era mucha pero parecía que le había caído un litro de shampoo en estos.

Después de varios intentos, logró enfocar a la joven mujer frente a ella, llevaba un antiguo traje de enfermera, blanco con gris, Hermione parpadeó rápidamente, esa mujer rubia y guapa frente a ella tenía un parecido increíble con Madame Pomfrey. Pero eso no era posible. La medimaga tenía alrededor de sesenta años y esta mujer que estaba frente a ella apenas parecía unos años mayor que ella. Quizás era su hija y la había salvado de la emboscada. Miró rápidamente al lado en busca de Ron y Harry, pero el resto de camillas estaban vacías.

¿Quizás estaban fuera? ¿O los habían cogido los mortífagos? ¿Dónde estaba? ¿Quién la salvó? ¿Dónde estaban los chicos? ¿Estaban bien? Su corazón se apretó mientras buscaba desesperada una explicación a todo, la mujer la movió cuidadosamente, ayudándola a sentarse, pareciendo ajena a su pánico y tristeza. La puerta de la enfermería se abrió, dejando entrar una cantidad de luz que la volvió a cegar por varios minutos, aterrada buscó su varita para protegerse, pero lo único que encontró fue la mano de la mujer quien le dio un suave y amistoso apretón de forma consoladora.

—Tranquila querida, se trata del profesor Dumbledore. Él te hará un par de preguntas antes que llegue el director Dippet. –señaló la enfermera con voz maternal, empujando una horrenda poción contra sus labios, asqueada la bebió, el dolor de cabeza desapareció inmediatamente pero sus ojos todavía estaban muy dañados para poder ver bien lo que la rodeaba.

Lo único que tenía claro era que la mujer debía estar equivocada porque el 'director Dippet' había muerto muchos años antes siquiera que ella hubiese nacido y Albus Dumbledore llevaba bastante tiempo sin dar una clase y no había que olvidar que también falleció. Hermione gimió horrorizada, su cerebro formulando una súbita explicación de los hechos: los hechizos que había recibido, no la hicieron desaparecer, simplemente habían creado un retroceso en el tiempo y la llevó directamente a otra maldita época.

Un montón de años atrás por la apariencia y palabras de la señora Pomfrey. ¿Pero cuánto tiempo con exactitud? ¿En qué año estaba? ¿Qué día era? Su corazón latió desbocado y se preguntó por qué razón la habían enviado precisamente a ella. ¿Con qué fin la iban a querer a ella, entre todas las personas del mundo, en otra época?

Merlín… ¿Acaso…? ¿Acaso lo había ordenado Voldemort?

¿Pero por qué? ¿Para qué la iba a querer a ella? ¿Qué demonios estaba sucediendo?

—Bueno señorita…-la pausa de Dumbledore era una clara invitación para que ella dijera su nombre y Hermione que estaba demasiado enfocada en sus frenéticos pensamientos, ni siquiera notó que había murmurado su nombre hasta que él lo repitió:- Granger, ¿nos podría cual es la razón de su abrupta aparición en Hogwarts?

Oh Merlín. Oh merlín. ¿Qué había hecho? Había dicho su nombre, así como así ¡a Albus Dumbledore! ¡Una persona que la conocía en el futuro! Ella era plenamente consciente de los riesgos de la situación, ¡había usado un año completo un giratiempo, por Merlín, sabía las reglas del tiempo! comprendía a la perfección lo que podría causar su simple presencia en ese lugar. Si daba un pequeño paso en falso, toda la realidad que ella conocía dejaría de existir ¡inclusive ella lo haría si no tenía cuidado! ni siquiera quería imaginar lo peligroso que sería si alguien llegaba a leer su cabeza y se enteraba de todo lo que sucedía en el futuro…

—Creo que debería dejar los cuestionamientos para otra ocasión, profesor, está poniendo muy nerviosa a la chica. –espetó la enfermera de forma cortante y Hermione estuvo cien por ciento segura que era Madame Pomfrey, solamente ella era capaz de contradecir a Dumbledore por la estabilidad de sus pacientes.

—Mi querida señorita Granger, creo que sería una buena idea que habláramos ahora, me temo que el director Dippet no está muy contento con su repentina arribada en el colegio y le gustará oír una explicación o terminará desalojándola.

Algo en la voz de Dumbledore, colocó profundamente nerviosa a Hermione quien respiró pesadamente, tratando de buscar una solución a este terrible problema en el que se había visto envuelta. Se estremeció sin querer abrir sus ojos ¿y si al mentor de su amigo se le ocurría fisgonear en su cabeza? Mejor estar prevenida.

—No recuerdo como llegué aquí. –murmuró Hermione con lentitud, agradeciendo lo rota que sonó su voz.- Lo siento mucho, pero no recuerdo nada.

Hubo un tenso silencio, en el que Hermione mantuvo sus ojos apretados tratando de evitar cualquier tipo de cuestionamiento por parte del profesor Dumbledore, respiró pesadamente luchando para mantener la calma y no evidenciar la horrenda situación en la que se encontraba sometida. Unos rápidos y nerviosos pasos interrumpieron el mutismo incomodo, Hermione rogó mentalmente para que la persona que acababa de llegar, desviara las preguntas de Albus.

— ¡Director Dippet que bueno que llega! Precisamente estaba diciéndole al profesor Dumbledore que la señorita Granger necesita descansar. –reclamó la enfermera palmeando la mano de la chica, brindándole una evidente muestra de apoyo.

— ¿G-Granger? –repitió Dipett con voz aguda, Hermione sintió una punzada de malestar y enderezó su espalda, dándole un ligero vistazo.

—Exacto. La señorita Hermione Granger me estaba contando que no recuerda cómo llegó aquí, Armando. –señaló amablemente Dumbledore y a pesar que su voz sonó extremadamente empática, Hermione no fue capaz de confiar del todo en él. Parecía que en el fondo la estuviese culpando de algo. ¿Pero de qué?

— ¡Está bien, está bien, no hay que presionar a la señorita Granger! –exclamó el hombre de cabellos canos, a la vez que se secaba la frente con un pañuelo y por su nariz aguilucha se deslizaban un par de lentes de lectura, él se los quitó con un gesto de impaciencia y los hizo desaparecer con un chasquido, rápidamente le dio palmaditas en la mano a la chica quien por fin abrió sus ojos conmocionada por el rápido giro en la situación, ella envió un nervioso vistazo a Madame Pomfrey que parecía tan sorprendida como ella, eso al menos la calmó un poco:- ¡Por Merlín, no puedo creer que una Granger esté en mi colegio! Debo admitir que es un gran honor recibirla en Hogwarts, señorita, ¿q-quizá su familia la envió?

— ¿Mi familia? –repitió Hermione demasiado atontada para comprender semejante locura, el director se puso pálido y luego la miró con nerviosismo.

—Será mejor que regrese a mi despacho, si necesita algo no tarde en pedirlo señorita Granger, Hogwarts está a su completa disposición. –dijo él marchándose tan rápidamente como llegó.

Albus Dumbledore aclaró su garganta con los ojos clavados en la entrada, su voz sonó demasiado forzada para ser alegría genuina cuando exclamó: — ¡Bueno, bueno! Armando todavía es capaz de sorprendernos. Bienvenida a Hogwarts señorita Granger, me encargaré de hacerle llegar la lista de materiales que necesitará si es que decide quedarse como estudiante.

Y con eso, él también abandonó la enfermería.

— ¿Por qué pareces tan sorprendida, querida? –preguntó la joven Pomfrey sonando divertida, reacomodó los cojines y le tendió otro frasquito con una poción muchísimo más clara y de mejor aspecto.- Creía que la gente con su estatus social está acostumbrada a recibir este tipo de tratos preferenciales.

Antes de poder preguntarle de que demonios estaba hablando –Hermione sabía bien que su estatus sanguíneo no era aceptable en ninguna época de la historia mágica para ciertos grupos de magos- la enfermera la obligó a beber la poción y cayó en un letargo que la arrastraba rápidamente al estupor completo. Mientras luchaba contra la maldita poción, oyó unos elegantes pasos dirigiéndose a su camilla, una fría mano se posó en su frente y sin poder evitarlo soltó un gemido de alivio ante el contacto, su mente comenzó a dejarse ir a la deriva.

Buenas tardes señorita Pomfrey ¿Quería saber si la chica se encuentra mejor?

Hermione respiró de forma entrecortada, tratando de abrir sus ojos desesperadamente, ¡Ella reconocía esa voz! ¡Sabía a quién pertenecía aquella voz masculina…! Lamentablemente, la chica no pudo terminar esa línea de pensamiento, porque la poción simplemente la dejó fuera de combate.

— ¡Ah, señor Riddle! Qué bueno que haya decidido pasarse por aquí. La señorita Granger está muchísimo mejor, si hubiese llegado cinco minutos antes la habría visto despierta. –comentó la señorita Pomfrey sonando visiblemente contenta por su visita.

— ¿Granger? –preguntó Tom genuinamente sorprendido, le dio una clínica mirada a la chica, con esas asquerosas ropas muggles y con ese cabello no parecía una Granger, aunque, claro, él no conocía a ningún Granger.

—Yo también quedé sorprendida, el profesor Dumbledore quería hacerle más preguntas, pero no se lo permití porque se veía muy alterada. –cuchicheó la enfermera reacomodando a la chica.

—Ya veo. Agradecería que me informe de su estado de salud…

—Oh, por supuesto, se ve que estas muy preocupado por la chica.

—Muchas gracias, de nuevo, señorita Pomfrey –dijo Tom brindándole una afectada sonrisa.- Debo irme, tengo clases.

—Vaya, vaya. Cualquier cosa, mandaré a avisarle. -anunció la medimaga ondeando su mano a modo de despedida.

Con una última estrecha mirada a la chica, Tom salió con elegantes zancadas de la enfermería, moviéndose por los pasillos que sabían eran menos utilizados, tratando de evitar a toda costa encontrarse con alguien. Tras varios minutos de haber caminado ciegamente,se recargó en una de las ventanas disfrutando de la suave brisa helada que impactó su rostro, sus puños se apretaron contra el alfeizar mientras su mente divagaba una vez más; la castaña había despertado una insana curiosidad en él apenas había aparecido. Y es que no era para menos, ella era muy poderosa si fue capaz de romper los hechizos de protección de Hogwarts, además, la magia que había usado era oscura, él todavía podía oler ese exquisito perfume impregnado en su piel; y por último, habló en pársel. Todo eso podía ser explicado fácilmente por sus raíces parentales.

Los Granger eran conocidos en el mundo mágico como una de las familias de magos oscuros y poderosos, pero Tom Riddle había investigado las familias mágicas más fuertes y esa en específico estaba acostumbrada a ser muy hermética y tendían a no mezclarse con básicamente nadie más que ellos mismos, era por esa misma razón que, por lo que él sabía, el linaje se había debilitado tanto que último descendiente era prácticamente un Squib.

Además, que él recordara, Hermione Granger no aparecía en ningún registro. En ninguno. ¿Así que quien era esa chica? ¿Tal vez era una impostora que se hacía pasar por una Granger para esconder que estaba jugando con magia oscura? ¿O quizá si era una Granger a la cual la mantuvieron escondida? ¿Tal vez la información que estaban filtrando era falsa?

Tom bufó por sus pensamientos y decidió que era hora de buscar información más contundente. Se apresuró a ir a la biblioteca, donde se escabulló directamente hacia la sección prohibida, aprovechando que la señora Pince estaba regañando a grupo de chicos de tercero. Había un libro que le ayudaría, en ese tomo estaban todas las personas que tenían sangre pura en sus venas, él salía ahí con una pequeña x acompañándolo. Eso indicaba que era mestizo.

Odiaba a ese maldito libro, si no tuviese fuertes y complejos hechizos de protección lo hubiese destruido hace tiempo, el único punto a favor es que era una fuente de información bastante certera.

Si 'Hermione Granger' no salía ahí, era porque se trataba de una farsante y él expondría los motivos de sus mentiras.

De hecho, se divertiría bastante haciéndolo.

-X-

La siguiente vez que Hermione despertó era pasada la medianoche, para ese entonces, las medicinas mágicas habían causado buenos efectos por lo que se sentía muchísimo mejor. Se sentó en la cama y suspiró aliviada al notar que sus ojos por fin estaban en buen estado, en el velador había un pequeño calendario que ella tomó rápidamente, jadeando al ver la fecha marcada.

~Septiembre 1943~

Resbaló de su mano cayendo al suelo con un sonido sordo que pasó por alto; Hermione gimió cubriendo su boca, sintiéndose aún más horrorizada que antes. Y no era para menos. Había retrocedido al menos cincuenta y cinco años. ¡Eso sí que era un quiebre en las leyes del tiempo! Ella no quería, ni podía, imaginar los estragos que se estaban provocando en su época. Cubrió su rostro, tratando de no romper a llorar, tal vez todo lo que había conocido desaparecería ante su simple llegada a los años 40. Era todo muy peligroso, y definitivamente habría sido mucho más reconfortante tener la certeza que este era uno de los descabellados planes de Albus Dumbledore, pero esa teoría estaba totalmente descartada puesto que él había parecido demasiado sospechoso de ella.

De golpe recordó lo que había sucedido antes de quedarse dormida bajo los efectos de la poción que le recetó Madame Pomfrey. Alguien había preguntado por ella. Y no se trataba de cualquier persona. Oh, no.

Esa era la voz de Tom Riddle.

Al menos, la misma voz que él había tenido en sus sueños. Con el corazón latiendo de forma desbocada, rememoró la extraña forma en que el director Dippet y la señorita Pomfrey se habían dirigido hacia ella, esa extraña forma extremadamente respetuosa con la cual la trataron. Y, ¿Qué demonios significaba "creía que la gente con su estatus social está acostumbrada a recibir estos tratos"? ¡No comprendía nada! El director pareció aterrado al mencionar su familia. Familia que no existía y que por cierto era muggle.

Todo era muy confuso y lo único que había en común en su repentina llegada a esta época era Voldemort. O como aquí era conocido, Tom Riddle.

Conmocionada se volvió a recostar en la camilla y clavó sus ojos en el techo, su pecho subiendo y bajando de forma agitada, la sala estaba climatizada y sentía tanto calor que terminó pateando las sabanas lejos de su cuerpo. Estaba tan sumida en sus pensamientos que no notó a la persona que entró a la enfermería.

Quien, irónicamente, era la persona que estaba rondando de forma insistente en su cabeza.

El Slytherin ladeó su cabeza, mirando con intensidad la piel expuesta, grabando la agradable e inesperada imagen en su mente, Hermione J. Granger (lo corroboró en el libro) estaba sobre la camilla, con el camisón revuelto, exhibiendo sus largas y torneadas piernas y su antebrazo izquierdo cubriendo sus ojos. Silenciosamente se sentó en una silla a un par de metros, mezclándose con las sombras para mantener su presencia en el anonimato, y observó fijamente a la bruja. Si bien se sentía completamente furioso con la reacción que tenía sobre la recién aparecida chica, debía admitir que era un giro de acontecimientos aceptable.

Iba a tener a Hermione Granger, ella podría poseer un coeficiente intelectual más bajo que Walburga Black y su cuerpo aún respondería furiosamente a esa tentadora mujer. Pero algo en su interior le decía que ese no era el caso y eso era lo que lo encendía aún más, casi podía paladear su poder mágico y aquello era sumamente embriagador.

Cuando por fin la chica cayó en un inquieto sueño, balbuceó un nombre masculino, como si estuviese suplicando ayuda, lo que hizo arder la sangre de Riddle; para él, su reacción no era algo irracional, tomando en cuenta que ya veía a la castaña como su posesión. Era inaceptable que la chica estuviese pensando en otro chico, se encargaría de sacarlo de su cabeza lo más pronto posible.

Sonrió de forma depredadora deseando que ese momento llegara rápido.

-X-

Horas después Tom despertó aturdido, mirando alrededor y preguntándose en qué momento se había quedado dormido, soltó una fuerte palabrota al darse cuenta que la chica Granger estaba retorciéndose en la camilla, su cabello estaba muy revuelto y de cierta forma le recordó un nido de pájaros, Riddle dio una mirada por encima de su hombro.

—…Nagini, Nagini, Nagini…

Pomfrey estaba dormida sobre un escritorio, con un hilo de baba cayéndole de la boca, él apretó sus labios molesto por su presencia y se volvió hacia la chica. Tenía que lograr silenciarla antes que despertara a la medimaga. No quería que nadie más se enterara de su exquisito don; no era común que alguien pudiese hablar en pársel y definitivamente, no lo verían con buenos ojos. Además, a él podría servirle de arma contra la chica Granger.

A regañadientes colocó su mano sobre su frente, después de todo, eso había funcionado la primera vez que su magia se descontroló pero ahora la mano de la castaña salió disparada y sostuvo su muñeca, un extraño hormigueo se apoderó del cuerpo del Slytherin quien se mantuvo pendiente de las inestables reacciones chica.

Nagini, Nagini. Tienes que nombrarla Nagini.

¿Le estaba hablando a él? Parecía que lo hacía. Sus ojos estaban abiertos, con una extraña capa blanquecina cubriéndolos y miraban distraídamente a los suyos. Las cejas de Tom se fruncieron y se acercó más a Granger, tratando de comprender a qué diablos se refería.

—Su nombre es Nagini. –susurró Granger tensando su agarre y siseando de forma más agitada. Tom gruñó, fastidiado por no entender quién era "Nagini", sin embargo obtuvo su respuesta cuando la serpiente que tenía como acompañante –no era una mascota, aquella pequeña pitón era mucho más importante para él, de hecho, era la relación más cercana a la amistad que tenía- se enroscó en su pierna y reptó hasta colarse a la camilla. Sus hipnóticos ojos amarillos se enlazaron con los suyos antes que ella siseara suavemente hacia Hermione.

Amo, ella me está llamando. –la voz de la serpiente salió con un dejo de sorpresa.

¿Tu nombre es Nagini? –preguntó Tom acariciando distraídamente su piel, la chica Granger seguía retorciéndose en la cama y él frunció su ceño:- Su pársel parece forzado; pensé que algo así no podía darse en un lenguaje como este. ¿Crees que quizá lo haya aprendido de alguien más?

No lo sé, amo, pero ella me está llamando. –la serpiente se deslizó por la pierna desnuda de la chica, reptando rápidamente por su estómago y moviéndose hacia su cuello. Hermione continuaba murmurando frenéticamente, logrando que le serpiente se exaltara aún más, su boca se abrió dispuesta a atacarla.

No la muerdas, Na-gi-ni. –ordenó Tom regresando a la silla donde había estado durmiendo y miró ceñudo a la chica.- Siento mucha curiosidad por esta chica. Presiento que la señorita Granger es parte fundamental en nuestro futuro.

Tom Riddle no sabría hasta un tiempo después que esa frase tenía un grado de literalidad de la cual no había sido consciente.


Un dato interesante Nagini significa: Nâga, serpiente semidivina dotada de poder en el budismo y el hinduismo.

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No me hagan más pobre de lo que soy.