Dedicación especiala todas aquellas preciosas personitas que se dieron el tiempo de comentar…Mari; noelia magnoliaullua; Ainums; ShimmeringWater; Yuuki Kuchiki; Sara Beatriz; PelusitaBlack93; y anónimo ( xD)
Disclaimer: ¡TODITO ES DE LA FANTASTICA JK ROWLING!
Capítulo 4:
Hogwarts, septiembre 1943
Hermione clavó la vista en la mesa, tratando de ignorar las miradas furiosas de las personas que la rodeaban, hundió sus hombros y soltó un largo suspiro de cansancio, aquella noche no había podido dormir ni un instante, su cabeza era un remolino de recuerdos dolorosos e ideas inconclusas. Llevaba casi dos semanas en el castillo y, para ser sincera, cada segundo era una horrenda tortura, aunque debía admitir que los momentos que compartía con Minerva McGonagall hacían las cosas un poco más fáciles de llevar. Su mentora, la mujer a la cual respetaba tanto, se había vuelto rápidamente su amiga, tenías muchas cosas en común y era refrescante tener alguien con quien debatir temas del colegio. Claro que cada vez que ese pensamiento pasaba por su cabeza, sentía un golpe de culpa y le entraban ganas de llorar y disculparse con sus amigos.
—Buenos días, Hermione.
Hermione alzó su cabeza y le dio una pequeña sonrisa a la adolescente, sus ojos deslizándose hacia la mesa de profesores, era extraño tenerla al frente y no sentada junto al director, o mejor dicho, junto a Dumbledore. Su estómago se anudó, pensando una vez más en la posibilidad de hablar con el mago y contarle todo lo que estaba sucediendo. Sin embargo, descartó la idea de forma prácticamente instantánea, primero necesitaba saber por qué razón estaba en esta época y por qué demonios le habían escondido su estatus sanguíneo. Por Merlín, amaba ser hija de muggles, pero a veces era insoportable estar bajo los abusos de los estúpidos magos puristas.
—Él te está mirando de nuevo. –cuchicheó Minerva interrumpiendo sus pensamientos, Hermione la miró un poco confundida y ella cabeceó disimuladamente hacia la mesa de las serpientes.
Su espalda se tensó y apretó sus labios, volviendo rápidamente a comer, después del primer fatídico encuentro con Riddle no habían vuelto a entablar una conversación, pero él no había dejado de observarla y al parecer, no era la única que se había dado cuenta.
En la única parte en la que podía estar sin su pesada mirada encima, era en su sala común y aquel no era un lugar en el cual se sintiese muy cómoda. Tom Riddle le estaba poniendo los pelos de punta.
No obtenía respuestas, no era capaz de encontrar alguna solución para volver a su época y tenía a un futuro mago oscuro persiguiendo sus pasos. Sin dudas, esta situación estaba completamente fuera de su control.
Lo peor de todo, era que aunque se sintiese repugnada, Hermione sentía cierta atracción física por el maldito mago. Era innegablemente guapo. Nunca lo admitiría en voz alta, pero era el hombre más atractivo que ella había tenido el placer de ver, y hubiese sido mucho más fácil si solo fuese un guapetón descerebrado, pero no, Tom Riddle era guapo y para rematar extremadamente inteligente. Era evidente que él tenía una capacidad impresionante para engañar a todo el mundo y meterlos de lleno a su embrujo de sutil seducción. Todos adoraban a Riddle, y al parecer nadie sospechaba del monstruo que se movía bajo su encantadora fachada.
Como si no fuese suficiente que la odiaran por su estatus de "princesita sangre pura", ahora le sumaban que había captado el interés del mini Voldy, pensó Hermione bebiendo furiosamente un largo sorbo de café.
—Vamos, Hermione, no te enfades. Es más que evidente que Riddle tiene un enorme flechazo contigo –murmuró Minerva guiñándole un ojo y riendo entre dientes, Hermione se sonrojó brutalmente y bufó de forma poco femenina.
—No me importa lo que Riddle haga o deje de hacer –espetó en voz baja y Minerva palmeó su mano.
—Es un poco bueno que no estés interesada, llámame loca pero hay algo en Riddle que me pone nerviosa y no es precisamente su carita de niño bonito –comentó Minerva dando una mirada de reojo a Tom Riddle quien se puso repentinamente de pie y se encaminó hacia ellas, Hermione tensó su espalda y su corazón se disparó latiendo de forma frenética.- Oh por Merlín, viene para acá.
-O-
Tom Riddle estaba enfurecido, profundamente cabreado, colérico al punto de tener que obligarse a bajar sus revoluciones para no cometer algún acto que lo pusiera en problemas. Y todo aquel feroz enojo era culpa de Hermione Granger. La maldita perra se había dedicado a ignorarlo como si se tratara de un molesto bicho y se pegó a McGonagall, resguardándose en sus faldas.
Lo peor era que no había encontrado un motivo suficiente para poder acercarse a ella y tratar de arreglar la situación, hasta justamente esa mañana, cuando Dippet le mandó a llamar para pedirle que fuese en búsqueda de la señorita Granger para que tuviesen una reunión Tom supo que era su oportunidad para conversar con la muchacha. El director, cuando no era la marioneta de Dumbledore era muy útil.
Se acercó a la mesa de los leones, disfrutando de la palidez de Granger y de la forma en que todos en el Gran Comedor estaban pendientes de sus movimientos.
—Granger –ronroneó colocando una mano sobre el mesón, inclinándose hacia la muchacha que retrocedió, luchando para evitar cualquier contacto visual o físico con él. A Tom le enfureció su rechazo:- El director Dippet nos espera en su despacho.
— ¿Ah, sí? Muy bien. –espetó Hermione con frialdad, luego se puso de pie, colgándose su bolso, mirando a Minerva expectante:- Vamos, Minerva.
—A ti y a mí, Granger. –aclaró Tom apretando sus labios, Hermione abrió su boca para, obviamente, reclamarle pero él se apresuró a agregar:- Si no me equivoco, ahora tiene clases de DCAO, ¿verdad, señorita McGonagall?
—Cierto, y lamentablemente voy atrasada, Hermione. –murmuró Minerva torciendo su boca en una mueca de molestia, Hermione se enderezó rápidamente e hizo un sonido ahogado, cargado de pánico, logrando divertir ligeramente a Riddle.
— ¿Nos vamos?
—Puedo irme sola –dijo Hermione apresurándose a salir del gran comedor, con el mentón alzado y los puños apretados, Tom se permitió dar una corta y apreciativa mirada a su trasero y piernas antes de alcanzarla con rapidez.
—Creía que no conocías su despacho. –comentó sutilmente Tom, ella se detuvo bruscamente, sus ojos abriéndose de forma cómica, luego bufó despectivamente y caminó con más rapidez
—Pues claro que lo sé, Riddle. –espetó Hermione sin molestarse en esconder el veneno en su voz. Tom sonrió de lado y caminó a su lado, divertido por la forma en que ella trataba de dejarlo atrás sin poder lograrlo.
La señorita Granger no se molestaba en esconder su aversión hacia él, pero Tom no era estúpido, era capaz de ver su interés, de sentir su atracción. Mhm, esto cada vez se colocaba más entretenido.
No tardaron en llegar al despacho donde Armando Dippet los recibió con un efusivo saludo, estrechó la mano de Tom con fuerza y besó los nudillos de Hermione antes de ofrecerles sentarse.
—Los cité aquí por una razón muy importante. Como sabrán, la señorita Potter, nuestra premio anual, tuvo que regresar a su casa por problemas personales y lamentablemente, no regresará por el resto del año escolar. Su puesto está en el aire y necesita ser remplazada con urgencia. –declaró Dippet con entusiasmo poco común en él. Hermione torció sus labios con disgusto, sabiendo perfectamente hacia donde se estaba dirigiendo la conversación.- He decidido que usted ocupará el puesto, señorita Granger.
—Lo siento, director, pero no creo que sea una buena idea –espetó Hermione apretando sus puños contra su regazo, fulminando con la mirada a Armando Dippet quien pareció desconcertado por su negación, ella rechinó sus dientes, siempre había soñado con ser premio anual, ¿pero de esta forma? Nunca. ¡Nunca!
—Creo que no entiende, señorita Granger, ser premio anual es un honor muy importante en nuestra institución.
—Oh, sí que lo entiendo –interrumpió Hermione con brusquedad, apretando sus labios y colocándose de pie.- Pero me niego a tomar ese puesto, hay muchas otras personas que lo merecen más que yo, por ejemplo, Minerva McGonagall.
—Señorita Granger, por favor, tome asiento. –sugirió Dippet colocándose nervioso ante su arrebato, su frente se perló de sudor y miró a Tom como si buscase ayuda, pero el chico estaba mirando fascinado a la muchacha.- L-La decisión ya está tomada.
—Bien. Correcto. Voy a cargar con la responsabilidad, simplemente porque debo acatar sus reglas, pero debo admitirle que me asquea este tipo de actitud. No me gusta que hagan diferencias, yo soy como cualquier otro estudiante y comprendo perfectamente que no merezco ser premio anual. –espetó Hermione furiosa antes de salir del despacho prácticamente escupiendo fuego.
Tom sonrió ligeramente viendo como Granger se retiraba de la oficina pareciendo un huracán, su magia era intoxicante, quería paladearla, sentirla contra él. Se giró hacia Dippet que retorcía sus manos y parecía excesivamente sorprendido por la furia de la guapa señorita.
—Tom, muchacho, ¿podrías razonar con la señorita Granger? –suplicó Armando con evidente nerviosismo.
—Por supuesto, director. –dijo Tom colocándose de pie con una sonrisa encantadora que apenas le dio la espalda se convirtió en depredadora:– Yo me encargo de la señorita Granger.
Con esa declaración, Tom Riddle salió en busca de Hermione Granger.
-X-
Hermione se dejó caer furiosa al lado de Minerva quien le miró preocupada, esperó un par de minutos que la profesora continuase con la clase y sus compañeras dejaran de dirigirle miradas asesinas para inclinarse hacia su compañera.
—Prometo que mataré a Dippet –susurró entre dientes, Minerva entornó sus ojos y luego palmeó su mano.
— ¿Qué hizo? –preguntó perpleja.
—Me escogió de reemplazo de la premio anual –gruñó Hermione furiosa.
Minerva alzó su cabeza y le miró con incredulidad, luego frunció su ceño:- ¿Qué?
—Le dije que debería dártelo a ti, Minerva, ¿y sabes que me dijo el grandísimo hijo de puta? Que la decisión ya estaba tomada. -espetó Hermione demasiado furiosa para preocuparse por su vocabulario, Minerva dejó caer su mandíbula hasta el suelo y luego soltó una risita.- ¡Pero! Voy a hacerlo taaan mal, que se arrepentirá por haberme escogido.
—Eres genial, Granger. –comentó Minerva carcajeándose libremente. La profesora Merrythought detuvo su clase para regañarlas, ambas bajaron sus cabezas tratando de no volver a reír e intercambiaron miradas de diversión.
Sentimiento que se esfumó cuando Tom Riddle entró a la clase, disculpándose por su tardanza, luego se encaminó al único asiento disponible el cual lamentablemente era justo detrás de las chicas. Hermione tensó su espalda y miró al frente tratando de ignorar la imponente presencia del joven mago, pero él no se lo permitió porque tocó su hombro y le envió una diabólica sonrisa.
—Apenas termine la clase podemos irnos a nuestra sala común, Granger. –ronroneó él de forma sugerente, Hermione se sonrojó y se giró rápidamente, tratando de esconderlo.
Pero él la había visto.
Y no lo dejaría pasar tan fácilmente.
Los cuchicheos explotaron por todo el salón, Hermione se hundió en la silla sintiendo que la pesadilla estaba empeorando a cada segundo que pasaba.
Enero de 1998, Mansión Malfoy Manor
—Mi lord, hemos encontrado alguien que parece reconocer a la señorita Granger; Luna Lovegood, la hija del dueño del periódico de mala muerte que cerramos el mes pasado, el Quisquilloso. –informó Rabastan Lestrange, arrodillado y cabizbajo, su cuerpo tembló de terror cuando Lord Voldemort alzó su mano, pero por suerte ningún golpe o castigo aterrizó en su persona. Escuchó un leve siseo salir de los labios de su señor y supo que estaba hablando con Nagini, le tomó un instante recomponerse para agregar:- Mi hermano y el crio Malfoy todavía no han informado progresos, por lo que asumo que tardaran un par de días más.
—Trae a la señorita Lovegood, Lestrange. –ordenó Voldemort, ignorando la aliviada reverencia de su seguidor, acariciando la piel de Nagini quien siseó alegre.
—Ya falta menos, amo, para que por fin usted y el ama Hermione vuelvan a encontrarse. Hemos esperado tanto tiempo…
—Nagini, querida, recuerda que tenemos visitas. –advirtió él dándole una pequeña palmadita a la cabeza del reptil que clavó sus ojos en Harry Potter que estaba colgado en un costado de la habitación, mirándoles con palpable odio.
— ¿Amo? ¿No lo matará? –cuestionó suavemente Nagini.
—Mmm... Todavía no. –dijo Lord Voldemort encogiéndose de hombros y colocándose de pie antes de enviar un pequeño hechizo de curación sobre el niño-que-vivió:- No sería conveniente que Hermione regresara y encontrara a sus amiguitos muertos, ya cometí ese error una vez y si vuelvo a hacerlo, Granger no me lo perdonará.
Nagini siseó de acuerdo y se enroscó alrededor suyo, regresándole la mirada de odio a Harry Potter, se mantuvo cerca de su amo esperando que el mortifago trajera a la tal chica Lovegood frente a ellos. Sabiendo que ahora tendrían una oportunidad de apresurar el regreso de Hermione Granger.
Por suerte, el más joven de los Lestrange no tardó en volver, arrastrando a una muchacha delgada, Lord Voldemort la miró con indiferencia, tenía el pelo rubio, sucio y despeinado, largo hasta la cintura, cejas muy claras y unos ojos azules saltones que le devolvieron la mirada con solemnidad.
—Luna Lovegood. Me han hablado de ti, muchacha. –comentó el mago oscuro haciendo un gesto para que el mortifago se retirara, Rabastan hizo una reverencia y desapareció rápidamente, Luna parpadeó con lentitud y ladeó su cabeza.
—Eso es una sorpresa, soy una persona reemplazable para el bando de Harry.
—Ya no existen bandos, señorita Lovegood. –espetó él ondeando su mano de forma despectiva y luego transfiguró una piedra en un sillón, haciendo un gesto para que la rubia se sentara, lo cual hizo con una calma exasperante.- Pero eso no es lo importante. Me dijeron que dices conocer a Hermione Granger.
—Lo aseguro. –corrigió Luna brindándole una sonrisa amable, que lo tomó por sorpresa, luego agregó:- Hermione es una gran amiga, aunque la mayoría de veces no estamos de acuerdo en casi nada.
—Eres muy interesante, Lovegood. –murmuró Voldemort estrechando sus ojos y acariciando distraída la cabeza de Nagini que siseó alegre.
—Esta muchacha me cae bien.
— ¿Dónde está? –preguntó Luna con expresión despistada mirando alrededor.- Creí que estaba con usted.
— ¿Qué te hizo creer eso, Lovegood?
—El hecho que usted la ama.
Hogwarts, septiembre 1943
Hermione se retorció desesperada, tratando de zafarse del firme agarre que Riddle mantenía sobre ella, estaba a punto de tener una crisis nerviosa y no era capaz de llegar a su varita. Él torció sus labios en una mueca despectiva y miró alrededor de forma calculadora.
—Te dije que me sueltes –gruñó Hermione intentando mantener bajo control el terror que sentía, mordió duramente su labio inferior tratando de acallar el gemido de dolor que le causó el apretón de Riddle.
—Mira, Granger, he estado tratando de ser amable contigo desde el momento en que llegaste, de hecho, he sido la única persona que te aceptó inmediatamente, pero tú no me has permitido ayudarte.
—No necesito tu ayuda –espetó Hermione torciendo sus labios e inspirando profundamente para no caer en la trampa del chico. No se iba a sentir culpable por sus palabras, no señor.
Él chasqueó su lengua y le dio una mirada fulminante. –Merlín, Granger, ¿qué tienes contra mí? ¿Qué cosa tan horrible te hice para que me trataras tan mal?
—Tú… -ella se detuvo bruscamente y mordió su lengua para no gritarle todas las horribles y detestables cosas que hizo, inspiró lentamente y luego exhaló.- Mira, Riddle, no tengo ganas de discutir. Ahora, ¿podemos apresurarnos e ir a la sala común?
— ¿Vas a tratarme de forma civilizada? –cuestionó Tom sedosamente, ella gruñó y lentamente asintió, dándole una mirada de reojo, apretando sus puños, furiosa por la sonrisita triunfal del chico, quien como si nada hubiese pasado le ofreció su brazo de forma caballeresca.- Por aquí, señorita Granger, permítame hacerle un tour por nuestra sala común.
Hermione resopló, poco impresionada por su acto de "bondad", pero permitió a regañadientes que él la guiara hacia la sala común, que resultó estar ubicada tras una estatua, Tom murmuró la contraseña Claritatem y luego hizo un gesto para que entrara, ella apretó sus labios y dio un paso dentro de la habitación con desconfianza, al mirar alrededor, se sintió bastante aliviada al no ver algo extraño como un cuerpo desmembrado, o algo así. ¿Qué? Uno nunca sabe.
De hecho, el lugar era bastante hogareño. O lo sería si tuviese al menos algún objeto que le diera más personalidad. Una foto, o un pequeño desorden, pero nop, todo estaba cuidadosamente ordenado.
—Bueno, parece un poco decepcionada, señorita Granger. –comentó Tom contra su oído, Hermione soltó un chillido y saltó lejos de él, azorada por su reacción apretó sus labios y miró en otra dirección.- ¿Qué esperaba?
—Tenemos la mima edad, ¿sabes? Puedes llamarme por mi nombre –espetó ella bruscamente, tratando de salirse del tema, Tom alzó sus cejas y le miró de una forma que la hizo estremecerse. Y, oh por Merlín santo, Hermione deseó fervientemente que aquel escalofrío hubiese sido de terror y no de… otra cosa.
—Mhm, creía que no tenías la confianza suficiente en mi para permitirme llamarte por tu nombre –dijo Riddle con suavidad, ella abrió su boca dispuesta a replicarle pero entonces él hizo algo que la descolocó, lentamente cerró la distancia entre ellos y con sus labios alzados en una diabólica sonrisa murmuró su nombre.
—Voy a ir a mi habitación. –chilló ella con nerviosismo, dirigiéndose rápidamente a la escalera.
— ¿Hermione? –ronroneó una vez más Tom y ella se detuvo, mirándolo por encima de su hombro, con las mejillas encendidas.- Tu habitación es la primera puerta a la derecha.
Ella lentamente asintió antes de subir disparada las escaleras, Tom Riddle se sentó frente a la chimenea y sonrió, profundamente satisfecho con este giro de las cosas. Definitivamente, ahora estaría más cerca de la chica y le sería mucho más fácil descubrir que era lo que estaba escondiendo con tal fiereza.
-X-
Tom Riddle tembló de furia mientras veía a Granger hablar animada con McGongall, había creído –estúpidamente, por cierto- que la chica se iba a ablandar con él tras su pequeño movimiento, pero sucedió justamente lo contrario, ahora ella lo evitaba. Y, por Merlín, era realmente buena haciéndolo.
Prácticamente, la única vez que la veía era en las clases, donde lo saludaba con una sonrisa burlesca y se iba a su puesto, lo más alejada de él, eludiendo su mirada. Era una putada, porque no podía sacarle información frente a todo el mundo, aunque la idea cada vez sonaba más y más tentadora. Casi tanto como sus labios.
Con cada día que pasaba, Tom sentía que su frustración crecía más junto a la alarmante necesidad de besarla y tocarla. Y estaba llegando a un límite que no conocía. Él jamás había deseado a otra persona, nunca había querido que alguien lo tocara hasta antes de la aparición de Granger le asqueaba la simple idea de follar. Pero últimamente, parecía que era lo único que había en su cabeza.
Hacer suya a Hermione Granger.
Sentirla entre sus brazos, ver sus ojos turbios por el deseo, sus labios entreabiertos e hinchados… Y saber que nadie más vería esa faceta suya. Porque no permitiría que nadie se acercara a Granger. Ella le pertenecía.
Apretando su mandíbula, entró a la sala común de Gryffindor, ignorando a los leones que lo miraban boquiabiertos, totalmente descolocados por su presencia, él sonrió amablemente y se dirigió a la castaña que se había puesto a leer, completamente absorta en sus deberes. A su lado, Minerva McGongall dejó de lado su pergamino y lo miró con evidente desconfianza.
—McGongall, Granger. –saludó burlescamente, ella se enderezó y lo miró con la mandíbula floja, él alzó su ceja y observó con desdén el libro que sostenía- Siento interrumpirte, Hermione, pero necesito de tu ayuda.
— ¿m-mi ayuda?
—Debemos organizar el baile de Halloween. –explicó Tom sintiéndose extrañamente molesto por el miedo que exudaba la chica. Por Salazar, a él le encantaba ver el terror en los ojos de las personas hacia él, ¿pero en Granger? Se sentía totalmente incorrecto. Tenía que aceptar que disfrutaba profundamente que la muchacha le estuviese desafiando todo el maldito tiempo.
Ella, como si repentinamente fuese consciente de la situación, cambió su mirada de miedo por una carente de emociones, guardó rápidamente las cosas en su bolso y miró implorante a Minerva.
— ¿Vienes, Min? Me encantaría oír tu opinión.
—Granger. –espetó él dándole una mirada de advertencia a Hermione antes de girarse hacia McGonagall con una sonrisa incierta.- Ciertamente nos encantaría tu ayuda, Minerva, pero creo que sería mejor ver los detalles más importante entre nosotros. ¿Te importa si me la llevo?
—Y-yo…
—Está bien, Min. –interrumpió suavemente Hermione.
—Cuídate, Hermione. –murmuró Minerva McGongall, palmeando cariñosamente la mano de su amiga, dándole una sucia mirada a Tom, Hermione vaciló antes de colgarse el bolso en el hombro y jugar ligeramente con la huincha, luego caminó a la salida con él pisándole los talones.
El retrato se cerró tras ellos y Sir Cardogan comenzó a alabar a Hermione, pero cerró su boca sabiamente cuando Tom le envió una mirada furiosa, él le ofreció su brazo a la chica, pero ella continuó caminando, ajena a su acto de cortesía. Profundamente fastidiado, tomó su mano y apresuró aún más sus pasos. Ella se tensó, con evidente malestar, pero luego aceleró sus movimientos para alcanzarlo y no terminar cayendo por las escaleras.
Tom no pudo evitar sonreír al sentir los frenéticos latidos de la chica, tatareó por lo bajo, escogió moverse por los pasillos que eran más usados, procurando que lo vieran la mayor cantidad de personas. Ya era hora que comenzaran a enterarse que ella era suya.
— ¿Por qué trataste de leer mi mente? -preguntó Hermione repentinamente causando que él se detuviera para mirarla ceñudo, ella parecía incomoda pero de todas formas lo enfrentó, con los ojos ardiendo y el mentón alzado.
—Sentía mucha curiosidad por ti. –admitió Tom re-emprendiendo el paseo, Hermione bufó colocándose rápidamente a su altura.
— ¿Y no pudiste, no sé, simplemente preguntarme?
Su acido comentario lo hizo sonreír, con su pulgar acarició la piel de su mano, maravillándose ante la suavidad de esta, Hermione dio un pequeño bote y miró sus manos boquiabierta, como si recién se diese cuenta que sus extremidades todavía estaban unidas. Con un sonido ahogado soltó rápidamente su mano y él a regañadientes la dejó ir.
—Lamento haber tratado de leer tu mente, Hermione, no soy una persona impulsiva pero sentí una imperiosa necesidad de saber que tenías en tu mente. –comentó él escogiendo de forma cuidadosa sus palabras, ella torció su boca en una mueca de molestia y le miró con resentimiento.- ¿por qué pareces tan desconfiada? Eres una persona interesante, me bastó mirarte para saberlo.
—Uh, claro, lo que digas. –murmuró Hermione bufando, luego murmuró la contraseña y entró aireada a la sala común, Tom se dirigió al sillón y se sentó sin quitarle la mirada de encima.
— ¿Por qué me preguntaste eso?
—Curiosidad –respondió despectivamente Hermione, batiendo sus pestañas de forma graciosa antes de sacar un pergamino y una pluma de su bolso.- Bien, el baile, ¿en qué consiste exactamente?
Tom suspiró y se sumergió en una explicación exhaustiva del tema, oyendo las inteligentes opiniones de Granger, en un parpadeo había pasado más de media hora y ambos estaban bastante agotados.
— ¿Quieres algo para beber? –ofreció él colocándose de pie y dirigiéndose a la pequeña cocina, ella siguió escribiendo frenéticas notas en el pergamino.
—Un poco de agua estaría bien –aceptó Hermione distraída.
Tom sonrió mientras servía agua y le echaba unas gotas de una poción que él mismo había inventado, tatareó mientras volvía a trabajar, mirando como un depredador como ella bebía de golpe el agua.
Todo estaba saliendo como esperaba.
—Creo que es una muy buena idea hacer un baile de máscaras. –anunció Hermione frotando su ojo y bostezando.
—Estás cansada, Hermione, tal vez deberías ir a dormir. –sugirió Tom sonriendo y reclinándose en el sillón mientras bebía un largo sorbo de su bebida. Ella negó y se enderezó.
—Oh, no, es mejor que terminemos…
—Podemos terminar mañana –dijo Tom con suavidad, Hermione parpadeó lentamente y bostezó antes de asentir.
—Sí, será lo mejor. Voy a ir a mi habitación –murmuró sonando extremadamente cansada, cargó su bolso dirigiéndose a la puerta, Tom se apresuró a alcanzarla y la guió a las escaleras.
—Sería mejor que te quedaras, parece que vas a caer dormida en cualquier momento.
—No, yo… -la voz de la chica bajó de intensidad hasta convertirse en un balbuceo indistinguible, su cuerpo se desplomó sobre el suyo haciendo que la sonrisa de Tom se ampliara, él la cargó de regreso al sillón y donde la recostó, arrodillándose a su lado, mientras esperaba que la poción causara efecto, se permitió tocar su cabello. A pesar de su aspecto un tanto caótico era suave, un poco grueso y ahora que estaba tan cerca podía darse cuenta que no era un simple color caoba, tenía mechones más oscuros y otros más claros, causando destellos, ¿tal vez usaba hechizos? No, eso sería absurdo.
Chasqueó la lengua, deslizando su mano por su nuca acariciándola con la yema de sus dedos, prácticamente paladeando el sabor de su piel, se inclinó un poco deleitándose con su aroma, aquella era una mezcla sensual y completamente única, altamente adictivo.
Sus labios rosados y regordetes estaban entreabiertos, su respiración era constante y su aliento, limpio y cálido impactaba contra su mejilla, cerca, tan cerca de sus propios labios. Mmmh, él constantemente se había estado preguntando que se sentiría besarla, ¿sería una mala idea hacerlo ahora mismo? No, él quería ver su expresión cuando la besara. Definitivamente, se enojaría, tal vez lo abofetearía, pero luego volvería por más. Porque no cabía duda que Hermione Granger se volvería adicta a él.
Tatareó expectante y retrocedió un poco, cuando ella comenzó a retorcerse ligeramente, despertó de golpe, sentándose sobre el sillón y mirando alrededor horrorizada.
— ¿Hermione?
— ¿Harry? –murmuró ella estrechando sus ojos, tratando de ver en medio de la oscuridad, luchó por ponerse de pie pero una fría mano la hizo regresar al sillón, rápidamente buscó su varita pero no la podía encontrar, jadeando por el pánico agregó un chillón:- ¿Harry, eres tú?
—Sí, soy yo. –respondió aquella voz, pero sonaba un poco distorsionada y la palpable molestia en su voz envió un extraño cosquilleo por su espalda, una parte de su mente le advirtió que esa persona definitivamente no era su amigo, pero su cerebro se negó a creerlo. Aturdida y con un feroz dolor de cabeza trató de enfocarse en Harry.
— ¿Dónde estamos? –preguntó con voz rasposa, él le tendió un vaso con agua y Hermione se maravilló por la frialdad de su piel, ¿Harry siempre había sido tan frío? No recordaba ese peculiar detalle.- Oh por Merlín, ¡Harry! ¡No me digas que estamos en Hogwarts! ¿Y dónde está Ronald?
—Si estamos en Hogwarts, Hermione, ¿qué es lo último que recuerdas?
—Yo… estábamos en el bosque de Dean y aparecieron los mortifagos, comenzamos a correr… ellos me querían atrapar… -los balbuceos de Hermione se detuvieron de golpe, ella frotó su sien y gimió profundamente, Tom maldijo y se acercó un poco más, apoyando su mano contra su frente, tratando de aliviar el posible dolor de su cabeza, ella pareció agradecer el gesto pero no continuó hablando.
— ¿No recuerdas nada más? –presionó Tom, molesto por la abrupta detención de Hermione quien lentamente negó.
—No entiendo por qué nos trajiste a Hogwarts, sabes lo peligroso que es, ¡estamos en guerra, por Merlín! Nos están siguiendo. –gruñó ella sosteniendo su mano y alejándola.
—Relájate, Hermione. –murmuró él bajando su voz y acercándose sigilosamente.- baja la voz o nos pueden oír, solo déjame entrar a tu mente. Así puedo ver hasta donde recuerdas, todavía debes estar muy confundida…
—No hay tiempo para estar leyendo mi mente, Harry, yo no importo, solo debemos encontrar y destruir los horrocr…-una vez más, Hermione se quedó en silencio, pero esta vez, él pudo ver la mueca de consternación y luego el pánico en sus ojos que estaban clavados en los suyos.- Tú no eres Harry. Oh merlín, ¿quién diablos eres?
— ¿Qué me delató? –preguntó Tom ladeando su cabeza y mirándola con sus labios alzados en una sonrisa cínica.
—Tus ojos son negros. –espetó Hermione apretando sus puños y buscando la mejor forma de enfrentarlo. Por su postura, definitivamente estaba dispuesta a usar su fuerza física. Granger era una luchadora.- ¿Quién eres? ¡Muéstrate, cobarde!
Tom movió su varita y la sala se iluminó por completo, ella parpadeó duramente tratando de enfocar su visión y rápidamente se enfocó en él, su rostro se transformó en una máscara de terror y absoluto horror.
—Tú… -susurró ella retrocediendo y buscando con pánico su varita, sus ojos se iluminaron como si repentinamente recordara todo, Tom sonrió mostrándole sus dientes y de su bolsillo sacó su varita.- ¡Devuélvemela, monstruo! ¡Devuelve mi varita!
Con ese feroz grito de advertencia se abalanzó sobre él, enviando patadas a ciegas y luchando para conseguir de regreso su arma, Tom rió burlescamente haciendo que ella se volviese aún más loca, le dio un mordisco en el brazo y él gruñó tomando un puñado de su cabello y alejándola para que no fuese a morderlo otra vez. Ella gritó furiosa y por un segundo parecía que iba a escupirle, pero luego gruñó y se quedó mortalmente quieta.
— ¿Qué demonios quieres, Tom Riddle? ¿Qué es lo que estás buscando de mí?
—Quiero saber que estás escondiendo. Quiero descubrir que hice para poner esa mueca de terror en tu rostro. –respondió él en pársel, ella lo miró con sus enormes ojos pareciendo los de un ciervo encandilado y resopló antes de apretar sus labios con fuerza, hasta que se volvieron blancos. Tom rió entre dientes, deslizando su dedo índice por el rostro de la chica quien pareció desconcertada ante aquella inesperada caricia.- ¿No vas a decirme nada, Granger?
—Devuélveme mi varita, para matarte de una maldita vez. –gruñó ella de forma despectiva. Él resopló divertido por aquella contundente amenaza y la miró, su cabello parecía haberse anidado alrededor de su mano de forma permanente, su respiración estaba descontrolada por la adrenalina y sus ojos se habían oscurecido por la furia que sentía, ¿cómo describir como se veía ella en una palabra? Apetecible. Su perfume estaba bailando alrededor de él y con cada bocanada el deseo por tomarla parecía aumentar a límites desconocidos. Lentamente acortó la distancia entre ellos, disfrutando de la mueca de desconcierto en su rostro, ella chilló, tratando de retroceder, pero su agarre en su cabello se volvió más firme y la mantuvo quieta, bajo su absoluto control.- ¿q-qué? ¡¿Q-qué estás haciendo?! ¡Suéltame!
Tom ignoró los reclamos de Hermione, enfocado en la forma en que sus labios se movían frenéticamente, usando su mano libre la atrajo hacia él y permitió que sus labios bajaran a los suyos en un beso no tan inesperado que hizo que la castaña se sacudiera violentamente antes de quedarse mortalmente quieta, él gruñó contra sus labios, luego deslizó ansiosamente su lengua sobre su boca, ella apretó sus labios con fuerza, negándose a darle en el gusto y se vio obligada a apretar sus manos en sus hombros luchando por impedir que sus sentidos se tambaleasen, pero no había ninguna escapatoria del fuego que él encendió dentro de ella, aquel maldito monstruo era realmente bueno besando.
Tom se apartó ligeramente de la chica dándole un ceñudo vistazo antes de morder con dureza su labio inferior y ella gritó sorprendida, rápidamente invadió su boca con su lengua con un hambre decadente. Se enroscó alrededor de la suya propia, tentándola, probándola mientras la acariciaba entrando y saliendo, imitando un acto mucho más terrenal, más sexual.
Hermione jadeó temblorosamente cuando Tom por fin se apartó y le dio una sonrisa cargada de lujuria antes de poner su varita entre sus ojos y susurrar un suave "Obliviate" seguido por un indolente "Desmaius".
-X-
La oscura habitación era apenas iluminada por la chimenea, el fuego resplandecía lo suficiente para la mujer que se encontraba sentada con un libro abierto sobre su regazo y una copa de vino en su mano dándole suaves y pensativos movimientos. El sonido de la aparición la tomó ligeramente por sorpresa y derramó un poco de su bebida, pero lo pasó por alto, enfocándose en el elfo que retorcía sus manos, visiblemente nervioso.
— ¡Pussy ha vuelto! Pussy trae noticias positivas para el ama.
—Supongo que te ha ido bien en Hogwarts, elfo.
— ¡A Pussy le ha ido muy bien, ama! he encontrado a la niña que buscaba el ama. ¡Pussy descubrió que la muchacha tiene la misma sangre que el ama corriendo por sus venas! ¡Pussy sintió la profundidad de sus poderes!
—Ah, así que no es una impostora, realmente es mi nieta. Mi heredera. –murmuró la mujer con voz pensativa luego se enderezó y miró al pequeño sirviente con los ojos entrecerrados:- ¿Cuál es su nombre, elfo?
—Pussy escuchó que la niña era llamada Hermione, ama.
—Hermione –repitió la mujer con suavidad, dándole una entusiasta sonrisa al elfo.- Es un lindo nombre. Prepara mi equipaje, elfo, voy a ir a visitar a Hogwarts, es hora que aquella excusa de brujo que tienen como director me sea de utilidad.
—Pussy hará inmediatamente lo que el ama Granger ordenó. –anunció el elfo desapareciendo rápidamente para seguir sus órdenes, la mujer en medio de la penumbra, sonrió de forma amplia, podría haber sido muy encantadora si no hubiese tenido aquel brillo que simplemente se podía catalogar como malvado en sus ojos.
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