Dedicado a todas aquellas preciosas personitas que se dieron el tiempo de comentar… Perse B.J, Ailei-chan, luzenlaoscuridad, SorvoloMalfoy, Ainums, lobita22, BlackAthena66, Sara Beatriz, Kirtash R y samR

Disclaimer: ¡TODITO ES DE LA FANTASTICA JK ROWLING!


Capítulo 8

Hogwarts, octubre de 1943

Tom despertó de golpe en medio de la madrugada, sintiéndose profundamente fastidiado ya que él acostumbraba a dormir lo justo y necesario, y en esas horas estaba muerto para el mundo. Al principio, no estaba del todo seguro de lo que había roto su placentero descanso, pero lo comprendió rápidamente al oír los gemidos ahogados de Granger, inmediatamente la bruma somnolienta desapareció por completo y se enfocó en la castaña quien se retorcía con el cuerpo arqueado, emitiendo pequeños gritos de terror. Alzó sus cejas, observándola de forma clínica, reconociendo rápidamente este inusual episodio como una crisis causada por un hechizo oscuro mal realizado. Otra vez.

Sus labios se alzaron en una sonrisa malvada de forma inconsciente, mientras oía los ruiditos desesperados que brotaban de la boca de la chica, ¿así que de nuevo ella estuvo jugando con magia "prohibida"? Eso le causaba diversión. Granger era una pequeña muchacha hipócrita.

Su cuerpo se arqueó de una manera bastante tentadora y un estridente grito escapó de lo más profundo de su garganta. Tom inspiró bruscamente mientras oía sus gritos en pársel, borró su sonrisa y estrechó sus ojos, tratando de comprender lo que decía.

Hubo un fuerte siseo, violento y letal, que lo hizo congelarse por largos minutos, mirando con incredulidad como Hermione abría los ojos de golpe, desplomándose contra la cama, jadeante, desesperada por una bocanada de aire. Él hizo una mueca al oír que algunos cimientos del cuarto temblaban y clavó sus ojos en la chica sin saber si sentir desprecio o interés por compartir una habilidad tan maravillosa como el pársel. Más tarde pensaría en eso.

Ahora tenía otro asunto en sus manos. Uno que si alguien llegaba a descubrir, los metería a ambos en grandes problemas, después de todo, Hermione Granger acababa de despertar al guardián de la cámara de los secretos y si no lo detenían pronto, terminaría suelto por los pasillos de Hogwarts, terminando con lo que una vez el mismísimo Salazar Slytherin había comenzado.

-X-

No podía respirar, la habitación estaba caliente, sofocante y Hermione sentía que su cuerpo estaba quemándose, ardiendo de una forma incontrolable, jadeó de forma temblorosa y rodó por la cama, tratando de despegarse de las oscuras y asfixiantes sabanas. Necesitaba algo frío o terminaría sufriendo una combustión espontánea.

Trató de ponerse de pie, sin embargo la habitación se desdibujó y la hizo ir a dar al suelo, instantáneamente un aullido de agonía escapó de sus labios sintiendo como el dolor se deslizaba por su cuerpo, soltando pequeños gemidos, cerró los ojos y sostuvo su garganta que parecía estarse desgarrando por el grito.

Necesitaba respirar...

—Granger, tienes que respirar. Vamos, mujer, inhala.

Hermione gimoteó agradecida al sentir unas heladas manos contra su rostro, una sobre la garganta tomando los signos vitales y otra contra su frente. No podía respirar, no recordaba cómo, el aire no parecía llegar a sus pulmones.

Oh por Merlín, se estaba muriendo.

—Respira, idiota. –gruñó duramente aquella persona.

Hermione sollozó sin fuerzas, aferrándose al frío pecho que estaba frente a ella, necesitaba aire.

—Granger, respira. –la orden fue ladrada con un filo de preocupación que la sorprendió, pero aquello fue aun peor para la situación, Hermione se estremeció y sintió como la inconsciencia comenzaba a llevarla justo antes de sentir que comenzaban a hacerle reanimación cardiopulmonar, y tras treinta largos segundos una limpia bocanada fue empujada a su sistema, tras lo que pareció una eternidad en esa rutina, ella volvió a la normalidad. Con sus pupilas dilatadas e inhalando por su boca grandes bocanadas de oxígeno, sollozando temblorosamente.

— ¿Granger? Estabas…

Sí. Estaba muriendo. Concluyó la chica con horror, lo miró con los ojos entornados y tembló, aquella noche casi perdió la vida e irónicamente fue salvada por Tom Riddle. Malditas vueltas del destino. Hermione trató de controlar su respiración, sobando cuidadosamente su pecho que definitivamente tendría feos moretones gracias al rcp, miró con los ojos apenas abiertos al agitado muchacho que parecía estar en medio de un subidón de energía. Nunca lo había visto tan exaltado. Su primer pensamiento al verlo tan agitado fue salir corriendo lo más lejos posible, sin embargo, solo pudo quedarse plantada en su lugar, con los ojos entornados y respirando agitada.

Tras un parpadeo, él estaba sosteniendo un puñado de su cabello, jalándolo con más fuerza de lo necesario, causando que un rayo ardiente de dolor se extendiera a través de su cuero cabelludo y al siguiente instante sus labios estuvieron ahí para tragarse su grito. Quitándole de nuevo la respiración, esta vez de una manera mucho más placentera.

Contrario a lo que había pensado, él no robó su beso, no lo tomó a la fuerza, sino que lo engatusó de ella. Él le lamió los labios en una caricia intima que la hizo temblar, su lengua pasó sobre las curvas de su boca, presionando suavemente en las comisuras, hasta que ella rendida y medio enloquecida por su inesperado beso, abrió los labios y le permitió la entrada. Inmediatamente su lengua pasó fuertemente más allá preparado para conquistar su boca.

Su beso era una intoxicante mezcla de oscura y salvaje pasión, tentador, cargado de una energía que la dejó jadeante y con la cabeza dando vueltas. Y con ganas de más.

Él se separó de ella sin decir una palabra, la cargó entre sus brazos y la recostó en la cama, mirándola como un peligroso depredador, acechándola con sus ojos oscuros, Hermione sinceramente no comprendía nada, hace pocos minutos estaba muriendo y ahora estaba embriagada por un beso de su mayor enemigo.

— ¿Qué? –preguntó aturdida al oírlo susurrar su nombre.

—Tienes que detenerlo. –anunció él mirándola de una forma que puso sus pelos de punta.

— ¿el qué? –preguntó de nuevo, demasiado aturdida para comprender el abrupto giro de las cosas.

—El basilisco, Granger, lo despertaste y si se dan cuenta nos echaran de Hogwarts a ambos y no sé tú pero yo quiero terminar mis estudios. –espetó él con una nota de humor en su voz que la puso aún más nerviosa. ¿Por qué estaba de tan buen humor? ¿Acaso no se daba cuenta que acababan de cometer el peor error del mundo?

— ¿Que yo hice qué? –preguntó cada segundo más aturdida.

—Vamos, Granger, hazlo rápido.

— ¿Qué yo desperté…?

—Maldita sea mujer, ordénale que vuelva a dormir. –escupió Tom escuchando como el siseo del basilisco se volvía más fuerte, esperando órdenes, de nada servía intentar dormirlo si ella lo despertó:- ¡DILO!

—D-duerme.

—Joder, no así. ¡En pársel, Granger! Dilo en pársel –presionó Tom con impaciencia.

¡Duérmete, maldita sea!

Hubo un largo silencio tras el histérico chillido de la muchacha, el único sonido que se podía oír en la habitación era las agitadas respiraciones de ambos estudiantes, Tom sonrió de una forma que se podía catalogar simplemente como malvada, en el mismo instante en que el cuarto se iluminaba por un relámpago.

Una tormenta acababa de comenzar.

Hermione miró sus temblorosas manos con los ojos entornados, no entendía absolutamente nada, pero eso no quería decir que no tuviese una opinión al respecto: lo que pasaba era de locos. Primero, Tom Riddle, alias Lord Voldemort, salvó su vida; segundo, ella despertó al basilisco, cosa que dejaba en claro el hecho de que podía hablar en pársel, una cualidad que definitivamente ella no había poseído en su época; Tercero, se había besado con aquel-que-no-debe-ser-nombrado y cuarto, que Merlín la asesinara porque dios, realmente, realmente quería volver a hacerlo y eso solo aumentó el odio y rabia que sentía por él.

Alzó su mirada y clavó sus ojos en los de Tom Riddle, expresando todo los sentimientos que actualmente la azotaban. Sus apetecibles labios se arrugaron con disgusto, ladeo su cabeza demostrando una profunda incomodidad por la forma en que Hermione lo estaba observando.

—Te odio. –susurró Hermione con tanta seguridad que asombró al chico.

—Que bien. –respondió él sin demostrar importancia ante las palabras, ignorando la forma en que su estómago se tensó en desacuerdo.

—Te odio. –repitió ella con aun más convicción que antes.

—Ya te escuché la primera vez. –masculló Tom frunciendo su ceño, sintiéndose repentinamente extraño por las palabras de la chica, mirándola con furia.

—Eres el ser más despreciable que conozco, Tom Riddle. No sé qué diablos sucede contigo para actuar así y ya no me esforzare más en intentar descifrarte. –espetó ella antes de acurrucarse en la cama, lo más lejano posible de él y taparse por completo, pasado unos segundos con voz temblorosa y ahogada, cargada de enojo agregó:- Muchas gracias por salvar mi maldita vida, idiota.

—Granger… -gruñó él duramente.

—Duerme bien, Riddle, espero que mañana no tenga que ver tu estúpido estirado rostro al despertar –espetó ella debajo de la seguridad de las mantas. Tom Riddle se quedó de pie en medio de la oscura habitación, con las manos temblando y los ojos cargados de furia asesina, pero también se podía percibir más en ellos. Una extraña y desconocida mezcla de sentimientos comenzaban a apoderarse de él, y esto no le agradaba en absoluto.

-X-

Hermione se mantuvo mortalmente quieta bajo las mantas, llevaba tres horas tratando de dormir y al parecer Morfeo se divertía torturándole de ella, las lágrimas continuaban cayendo sin descanso por su rostro, en un silencioso mea culpa y esperaba fervientemente que el agotamiento mental la hiciera caer rendida en cualquier minuto, dios, solo podía rezar que fuese lo antes posible porque no estaba segura de poder seguir soportando la tortura que su traicionero cuerpo la estaba haciendo pasar. Y todo por un beso…

Merlín, ¿Cómo podía seguir pensando en Tom Riddle cuando era el culpable de todo lo que estaba sucediendo? Por culpa de él estaba en esta época, sin nadie en quien confiar y sin tener idea del porque la querían aquí. No importaba lo bien que besara y que se viese, él era un hijo de puta sádico y malvado, y nada absolutamente nada lo cambiaría.

Suspiró, por fin dándose por vencida contra el insomnio y se levantó haciendo más ruido de lo normal para comenzar su seguramente desastroso día. Comenzó a arreglar las cosas para ir a bañarse, evitando ver la cama en donde Tom, ¿Cómo el muy maldito podía estar tan tranquilo después de lo que había sucedido? Quiso gritar en su oído, simplemente para despertarlo, pero se mordió con fuerza los labios y reprimió aquel infantil impulso.

De ahora en adelante, él simplemente no existiría para ella.

Alzó su mentón decidida, pisoteando al baño con sus cosas levitando tras ella, ya era la maldita hora de tomar medidas drásticas, comenzando por investigar que hechizos habían enviado sobre ella.

Iba a visitar la sección prohibida y tendría respuestas.

Oh, sí que las tendría.

-X-

Ignorar la presencia de Tom Riddle no era tan fácil como Hermione suponía. Él siempre estaba lo suficientemente cerca para mantener los vellos de su nuca erizados, con las alertas en su cabeza gritándole que corriera lejos e ignorara la punzante y demoledora necesidad que había despertado en su traicionero cuerpo. Por Merlín, era realmente difícil ignorar sus inteligentes comentarios mordaces, o sus profundas miradas inquisitivas, especialmente cuando tenía que soportarlo cada maldita clase sentado a su lado porque seguramente manipuló a los profesores.

Mantuvo su cabello estratégicamente ubicado alrededor del lado derecho de su rostro para evitar la mirada de su oscuro compañero de banco, y anotó frenéticamente las instrucciones que el profesor Slughorn había dictado, cuando terminó, alzó la mano y se enderezó, con los ojos fijos adelante.

— ¿Si, señorita Granger?

— ¿Las pociones que hay que preparar puede ser cualquiera que conozcamos o debemos elegir una que esté en el libro?

— ¡Excelente pregunta, mi querida muchacha! –exclamó él moviendo su bigote con emoción, luego deslizó sus pequeños ojos por toda la clase y sonrió como un tiburón:- Solo voy a decirles… ¡Sorpréndanme!

Hermione torció sus labios de forma pensativa y luego volvió a alzar su mano, silenciando los murmullos de sus compañeros, el profesor clavó los ojos en ella y asintió para que hablara.

— ¿El trabajo será en parejas?

—Oh, sí que lo será. –contestó el profesor alzando su mano al escuchar como todos comenzaban a hablar, tratando de encontrar a los mejores compañeros, Minerva y Hermione intercambiaron una rápida sonrisa la cual se borró al sentir la oscura mirada de Riddle sobre ella, Slughorn carraspeó divertido y agregó:- Parejas escogidas por mí, claro está.

Todos abuchearon, molestos, y Hermione tranquilamente esperó que el profesor comenzara la tarea de elegir parejas, rogándole a Merlín que la pusieran con cualquier persona excepto Riddle. Escuchó un jadeo ahogado de Minerva cuando le dijeron que su pareja era Abraxas Malfoy, y frunció su ceño de forma pensativa ya que no era la primera vez que la muchacha reaccionaba así cuando le mencionaban al rubio, apuntó mentalmente preguntarle que sucedía con él.

Cuando escuchó el nombre de Riddle le dio un pequeño vistazo, él tensó ligeramente sus puños, dándole una mirada de reojo casi como si estuviese afirmándole que serían compañeros y Hermione aguantó la respiración hasta que oyó que el bendito profesor Horace Slughorn anunciaba que la pareja de Riddle sería Humphrey Avery.

Un involuntario suspiro de alivio escapó de sus labios, el cual, por la furiosa forma en que Tom la fulminó con la mirada, no fue muy sutil.

—Y por último, la señorita Hermione Granger trabajará con Alphard Black. –concluyó el profesor sonriendo entusiasmado.

Hermione parpadeó lentamente, hasta el momento en los únicos Black's que había reparado eran en Cygnus y Orion ya que simplemente los chicos eran los perritos falderos de Riddle, así que se apresuró a mirar al resto de sus compañeros para ubicar a Alphard quien no fue muy difícil de localizar porque ya estaba caminando hacia ella, en el instante que lo vio, perdió la respiración. Merlín santo, él era el vivo retrato de Sirius, tez pálida y cabello negro, largo y lustroso, casualmente despeinado a diferencia de Cygnus y Orión quienes lo llevaban atado, se notaba que tenía un cuerpo bien formado y poseía los infaltables ojos grises de la familia, pero estos eran más vivos y brillantes que el resto, diferenciándolo y realzando el parecido con el padrino de Harry.

Hermione le sonrió de forma amistosa y él beso sus nudillos, en un caballeresco saludo y tras una corta pero amena conversación comenzaron a realizar la poción que ella sugirió. Tom reprimió un furioso gruñido y estrechó sus ojos, ubicándose estratégicamente en un lugar donde pudiese ver y oír cada acción de la pareja que parecía llevarse bastante bien. Cuando Hermione aplastó los granos de sopóforo, Alphard silbó por lo bajo y alzó las cejas horrorizado por la equivocación, ella sonrió divertida y negó.

Está bien, así extrae más jugo de los granos –comentó ella antes de leer sus apuntes.

Wow. Nunca se me hubiese ocurrido eso –aseguró Alphard animado, rápidamente ayudándola con la poción.

Fue un consejo de Harry. –murmuró Hermione distraídamente, luego al darse cuenta de su desliz tensó sus hombros y agachó su cabeza.

¿Un antiguo profesor? –preguntó Alphard ajeno a la tensión de la chica, mientras Tom apretaba sus puños y tensaba su espalda. Al menos Black servía para sacarle un poco de información, pensó Riddle fastidiado, ese chico Harry comenzaba realmente a ser parte de la lista de personas más odiadas en su vida.

Oh no, Harry es mi mejor amigo. –contestó ella de forma automática mientras revolvía la poción.

Vaya… -susurró perplejo Alphard.

¿Qué? –espetó ella alzando una ceja.

Las mujeres no suelen tener… ya sabes… amigos. –dijo él encogiendo un poco sus hombros.

Pensamientos machistas –respondió Hermione con su temperamento saliendo a flote, ondeando su mano de forma despectiva:- No entiendo cómo pueden sobrevivir las mujeres así, yo estoy acostumbrada a tener amigos. Harry. Ronald. Neville. La amistad entre los hombres y las mujeres puede existir.

Estoy completamente de acuerdo. –anunció Alphard sonando como un completo lame botas, Hermione ladeó su cabeza y lo miró intrigada, sea lo que sea que vio en sus ojos, pareció convencerla porque una radiante sonrisa iluminó su rostro y asintió frenéticamente antes de volver al trabajo. Tom frunció su ceño, molesto por darse cuenta que ellos compartían algo, no era que le importara mucho pero no quería que nada interfiriese en sus planes.

—Avery. –llamó sin despegar su mirada de la parejita molesta, sabiendo que su compañero trabajaba para no arruinar sus perfectas calificaciones.

¿Si, T-Tom?

— ¿Cómo te ha ido con lo que te pedí?

—Muy bien. –respondió Avery con calma.

—Hablamos después de clases. Por cierto, agrega un poco más de Eléboro va a neutralizar la poción.

Avery asintió haciendo rápidamente lo que Tom dijo, sabiendo que aun sin mirar Riddle tenía la razón. La clase entera se giró a observar a Granger y Black que sujetaban su estómago riendo a carcajadas. Tom sabía lo que veían: dos muchachos de buenas familias en medio de un feroz coqueteo, dos estudiantes pareciendo una pareja normal, dos malditos enamorados.

Tom apretó sus puños y resopló, paciencia, solo necesitaba un poco más de paciencia. Granger pronto iba a caer en sus brazos y entonces todo el mundo, incluyendo a ella misma, se daría cuenta que al único que le pertenecía era a él y solo a él.

Oooh, pero Alphard Black iba a tener una lección muy pronto. Y cuando eso sucediera, aprendería que no se tiene que meter con las posesiones de otras personas, en especial con las de Tom Riddle.

Lamió distraídamente sus labios, odiando aun sentir el sabor de los de la chica sobre los suyos, detestando la forma en que su polla despertaba ansiosa ante el recuerdo del cuerpo de ella contra el suyo. Odiándose por ser tan débil ante la rebelde castaña.

Muy pronto, Hermione Jean Granger sería de él…

O no sería de nadie.

Febrero de 1998, Mansión Malfoy Manor

Luna fue empujada sin contemplaciones a la habitación a la cual se había negado a entrar hace una hora atrás, seguía demasiado enfadada para enfrentarse al mago oscuro y no quería dejar solo a los chicos, no cuando estaban en tan horrenda situación. Pero ahora que estaba en aquel lugar, se dio cuenta de lo arriesgada que fue al desafiar a Voldemort de esa manera, había logrado entablar una extraña relación con el hombre. De hecho, si pasaba por alto sus arranques psicóticos, era alguien bastante agradable.

Se quedó de pie en el umbral de la habitación, por primera vez en mucho tiempo sin saber qué hacer, Voldemort le estaba dando la espalda, con una capa cubriéndolo por completo y Nagini le miraba con una pizca de desconfianza que le causó un retorcijón incómodo.

—No toleraré tus insultos, Lovegood, si estás viva es porque me conviene. –espetó él con brusquedad, girando duramente, la capucha de la capa cayó hacia atrás dejando al descubierto su rostro. Luna parpadeó lentamente al verlo, su apariencia había vuelto a cambiar, ahora sus rasgos tenían un extraño aspecto ceroso y deforme, el blanco en sus ojos estaba enrojecido pero al menos sus pupilas ya no eran las finas rendijas que una vez tuvo. Interesante, parecía que su peculiar imagen serpentezca estaba desapareciendo:-Voy a perdonar tu insolencia solo una vez, muchacha. Pero Potter no va a recibir más visitas de tu parte.

—Pero…

— ¿Algo que decir, Lovegood?

—Bueno, sí. Harry Potter es uno de mis pocos amigos, me gustaría cerciorarme si su estado físico y anímico mejora. –explicó ella con calma, Voldemort bufó despectivamente y cabeceó a la salida, Luna hizo una mueca y comprendió que no era buena idea volver a presionar así que en silencio se desplazó hacia la puerta, se detuvo por un momento y miró por encima de su hombro para mirar a ya-sabes-quien, él estaba acariciando a Nagini, con semblante pensativo.

Una espontánea sonrisa afloró en su semblante y se marchó una paz interior. Cuando Hermione Granger y Tom Riddle estuviesen juntos, el pasado y futuro por fin serían uno solo.

Septiembre, 1943

Tom miró fijamente a Hermione Granger, la muchacha parecía narrarle una historia a su amiguita McGonagall, ambas viéndose profundamente entusiasmadas. La deslumbrante sonrisa de la menor de los Granger le causó un extraño retorcijón en el estómago, al parecer, lo que fuese que le estuviese contando era muy interesante, porque las personas que las rodeaban oían descaradamente, interviniendo de vez en cuando. Repentinamente, los hombros de la castaña comenzaron a temblar y luego echó su cabeza hacia atrás, carcajeándose tan fuerte que su cuerpo temblaba. Él perdió el aliento, deseando ponerse de pie, agarrarla por el cabello y encerrarla en algún lugar donde nadie más pudiese ver sus espontaneas reacciones. Oh, mierda, solo él debería tener el derecho de oír esas jadeantes risitas y recibir esas amables sonrisas.

Enfurecido, chasqueó los dedos hacia Orión y Abraxas quienes inmediatamente dejaron sus conversaciones y se pusieron de pie, dispuestos a acatar cualquier orden que Tom les diera, él se levantó lentamente, sin quitar los ojos de Hermione quien al parecer fue consciente de esto porque dejó de reír para apuñalar su comida, murmurando algo incomprensible.

El labio de Tom se levantó en una sádica sonrisa, y por un fugaz instante clavó sus ojos en la amiguita de Hermione. Desde él había tomado un interés por Granger quedó decidido que nadie estaría a su altura, nadie más que él tenía derecho a acercársele. Minerva McGonagall al igual que Alphard Black eran un fastidioso estorbo para sus planes, estrechó sus ojos y su sonrisita se agrandó, saliendo con largas zancadas del comedor.

Justo en ese preciso minuto, Tom Riddle dejó de engañarse a sí mismo y aceptando la profunda verdad, todo lo que estaba sucediendo estaba fuera de sus manos. Por culpa de Hermione Granger. Ella era su más grande debilidad.

Y, joder, como lo odiaba.

.

Hermione siguió disimuladamente con la vista a Tom Riddle y sus compañeros, con el estómago tenso de preocupación, ¿podía ser que estuviese organizando algún ataque? Sus manos temblaron por el nerviosismo y Minerva quien le dio una dura mirada de preocupación, sonrió falsamente, tratando de calmarla.

Por suerte, Pussy escogió aquel preciso momento para entrar corriendo, todos los alumnos lo miraron con curiosidad (y algunos con desprecio) pero él rápidamente la ubicó y con los ojos llenos de emoción se acercó a ella. Hermione no pudo evitar sentirse un poco enternecida por la adoración en los enormes ojos del elfo.

—El ama me ordenó venir por la joven ama. –anunció retorciendo sus manitos.

—Bien, ya voy. ¿Nos vemos más tarde, Minerva? –preguntó incomoda por la atención de los estudiantes, la chica asintió animada y Hermione se puso de pie, cargando su bolso, luchando por ignorar la mirada horrorizada de Pussy quien la jaloneaba para que se apresurara, el pequeño elfo estaba tan entusiasmado que hablaba sin parar y ella apenas le podía seguir el ritmo de sus frases.

— ¡Pussy es feliz de ayudar a la joven ama! -gritó tratando de quitarle el bolso.

—Sí, Pussy, p-pero… perfectamente puedo llevar mi bolso. –argumentó Hermione frunciendo ligeramente su ceño, tratando de ignorar los murmullos de los alumnos que caminaban por los pasillos, sonrojada le quitó el bolso al elfo:- Vamos, Pussy, no te preocupes.

— ¡Pussy no sirve para nada! –exclamó el elfo de forma dramática mientras golpeaba su cara con sus puños:- ¡El ama ni siquiera quiere que lleve su bolso!

—Está bien, está bien, tú lo llevas. Pero por Merlín, Pussy, no grites. Recuerda que tienes que mantener bajo perfil –murmuró Hermione mientras era arrastrada por el elfo que se recuperó rápidamente, asintiendo animado:- ¿Dónde dices que vamos, Pussy?

—Pussy le llevará donde el ama Granger.

Hermione sonrió, pensando que Pussy era bastante parecido a Dobby, apenas esa idea se instaló en su cabeza, un nudo se formó en su estómago.

— ¡Señorita Granger, que bueno encontrarla! –exclamó el director Dippet chocando contra ella, alzó bruscamente la mirada y chocó con los inquietos ojos del hombre.

—Buenas tardes director, Pussy me llevaba a los aposentos de mi abuela.

—Ah, qué bueno, entonces me ahorrará contarle la noticia. –espetó el director chasqueando su lengua.

— ¿Noticia? ¿Qué noticia, señor?

Los pequeños ojos del director se encendieron y él miró nerviosamente alrededor, procurando que nadie escuchara la conversación. —Su familia pidió excusarla de clases por unos días.

—P-Pussy, ¿puedes aparecerte dentro del castillo? –preguntó Hermione con voz temblorosa, el elfo asintió rápidamente, mirando con absoluta devoción a la chica:- Por favor, llévame de inmediato con mi abuela.

El elfo sonrió ampliamente y sosteniendo la mano de su ama, desapareció dejando atrás a un perplejo director. Segundos después estaban en una de las muchas habitaciones del castillo, frente a la señora Granger quien alzó sus cejas al ver la palidez de la castaña.

— ¿Algún problema, cariño?

— ¿Por qué debo ir a casa? –preguntó Hermione al mismo tiempo con suspicacia.

—Oh, con que ya lo sabes. –la mujer mayor suspiró y apartó un molesto rizo de cabello que se interponía en su visión:- Durante esta semana voy a enseñarte el protocolo que debes llevar a cabo en la ceremonia de selección de tu prometido.

—Pero yo…

—Lo sé, lo sé, no quieres casarte. Para lograr eso, creo que tenemos que convencer a Perseus y él es demasiado estúpido para escuchar a una mujer mayor. Por eso, ¿no te parece que la mejor opción es que tú misma le demuestres que puedes tomar tus propias decisiones?

Lo era. Hermione miró a la mujer que le sonrió con tranquilidad y palmeó su rodilla.

—Sí, lo imaginé. –suspiró y miró la chimenea, esta de inmediato comenzó a arder, Hermione no tardó en darse cuenta que había enviado un hechizo no verbal sin el uso varita:- ¿Qué te parece si vas por tus maletas? Podrías aprovechar para despedirte de tu compañero ¿Tom Riddle?

—Riddle y yo no nos llevamos bien, abuela. –aclaró rápidamente Hermione mirando al suelo con molestia, su estómago se apretó y alzó la cabeza solo para chocar con los sabios ojos de la mujer mayor.

—Ysin embargo, no se pueden alejar el uno del otro. Creí que ya ibas por tus cosas, pequeña.

¿La señora Granger realmente dijo esas palabras o fue un simple engaño de subconsciente? Hermione no estaba del todo segura y realmente no quería saberlo. Miró como Pussy guardaba sus pocas pertenencias y reacomodaba las cosas de la habitación en la que nunca había siquiera entrado, discutió varias veces con el pequeño elfo, y quedaron en un empate: ella le dejaba cargar la mitad del camino la maleta, el resto del camino, lo llevaba ella.

Bajaron en silencio a la sala común y la castaña se apresuró a tomar los libros que estaban desparramados en la mesa. Pasos resonaron por la escalera, alertándole de la presencia de Tom Riddle pero ella no se giró a verle, agarrando la maleta le hizo una señal a Pussy.

—Ya podemos marcharnos.

— ¡Pussy está feliz de llevar al ama a casa!

Hermione afirmó la mano del elfo y desaparecieron sin mirar atrás.

Tom apretó sus labios en una firme y tensa línea, su cuerpo tembló de furia e impotencia, ¿Así que se largaba así, sin más? ¿Sin decir una puta palabra? ¿Dónde iba? ¿Cuándo volvía?

Sus manos temblaron, sintiendo como una furia explosiva se expandía a velocidad alarmante por su cuerpo. Abrió su boca y rugió con sus poros destilando cólera, desde distintas ubicaciones del castillo, adolescentes se apresuraron a ir a responder por la llamada de Lord Voldemort.

Febrero de 1998, Mansión Malfoy Manor

Draco deslizó su dedo índice por la suave mejilla de Hermione de forma distraída, sus ojos grises fijos en sus parpados cerrados. ¿Por qué mierda ella no despertaba? Por lo poco que había podido oír la chica estaba en un especie de coma. Pero él la quería de vuelta, ahora mismo. Quería escuchar sus explosivos gritos, ver la pasión que se alzaba en sus ojos, pero por sobre todas las malditas cosas deseaba sostener su rostro y besarla hasta que se diera cuenta que pertenecía a él. ¿Desde cuándo tenía ese profundo deseo en su interior, moviéndose como un animal acechando su presa, creciendo de una manera alarmante? No podía recordarlo, tampoco es como si le importase mucho.

Estaba tan sumido en sus pensamientos que ni siquiera fue consiente cuando la puerta se abrió, dejando entrar a Luna Lovegood que se acercó con sus habituales pasos saltarines, un poco más rápidos que de costumbre y suavemente quitó la pálida mano del menor de los Malfoy del rostro de la castaña.

—Te verá Nagini, y le dirá a Tom, no creo que a él le agrade que te escabulleras a la habitación de Hermione.

—Cierra la maldita boca, Lovegood, yo hago lo que quiero. –escupió Draco duramente, mirándola de forma desdeñosa, ella parpadeó lentamente y clavó sus ojos en su antebrazo izquierdo.

—Perdiste gran parte de tu libertad el día en que aceptaste esa marca.

El cuerpo de Draco tembló de furia, si hubiese tenido su varita la hubiese ocupado inmediatamente para deshacerse de la rubia impertinente, por un segundo pensó en usar su fuerza física para atormentarla, pero demonios- la maldita Revenclaw tenía razón. Él podría haber dicho que no, pudo aceptar la oferta de Dumbledore y las cosas serían muy distintas, muchísimo. Pero ya las había cagado y no había mucho por mejorar.

Apretó sus labios en una firme línea, haciendo lo posible para ignorar la presencia de Lovegood quien revoloteó de un lado a otro antes de sentarse al lado de Hermione, cepillando su cabello con un fino cepillo. Draco gruñó por la profunda frustración que nació en él al ver la normalidad con la que toqueteaba a la castaña.

—Creí que estaba prohibido entrar a esta habitación a menos que fueses un medimago. –espetó él mirando de forma calculadora a Lovegood:- ¿vendiste a tu querido Potter para tener más derechos?

Ella lo miró con sus enormes ojos y suspiró, negando suavemente: —Es mejor que ya te vayas, Draco, Tom no tarda en regresar.

¿Tom? ¿La Lunática Lovegood llamaba al señor oscuro por su nombre de pila? ¡Santo infierno, nadie le decía así! Nadie cometía semejante error. Y aquí estaba frente a él una adolescente que se la pasaba contando historias dementes, la cual parecía estar más en otro mundo que en este y llamaba a Lord Voldemort por el nombre que tanto odiaba. Sí, eso le daba un mayor peso a su sobrenombre. Ella comenzó a tararear una contagiosa canción de cuna, cepillando distraídamente el cabello de Hermione. La sangre sucia protegida por Lord Voldemort, la mejor amiga de Harry Potter de la cual prácticamente nadie era capaz de recordar, ¿Qué mierda había sucedido?

¿Por qué nadie se acordaba de Hermione Granger?

¿Por qué Voldemort cuida de una sangre sucia?

¿Por qué?

¿Por qué, maldita sea?

Tras darle una última mirada a Hermione, se marchó silenciosamente de la habitación, con un montón de preguntas formulándose en su cerebro, las cuales esperaba que fuesen contestadas pronto o terminaría tan loco como todos lo que lo rodeaban.

Tenía que planear la mejor manera de conseguir que Hermione Granger fuese suya.

Suya.

Suya…

Porque Draco Malfoy necesitaba a su sangre sucia para seguir adelante.

1943, Mansión Granger.

—Hablo en pársel. –murmuró Hermione interrumpiendo el largo y apacible silencio que se había instalado entre ella y su abuela, su voz salió clara y decidida, con mucha más convicción de la que sentía.

—Que encantador. Creí que nadie más podría hacerlo. –comentó la señora Granger con una sonrisa un tanto orgullosa, Hermione frunció su ceño y negó confundida, antes de poder formular su pregunta agregó:- En nuestra rama familiar, solo una persona ha podido hablar pársel, y la verdad es que no pudo aguantar la carga y terminó uh, bueno, suicidándose.

— ¿q-que?

—Bueno, no sucederá contigo. –informó la mujer con voz risueña para después mirar a Pussy:- Ve por libros de pársel, vamos a estudiar un poco antes de que tu padre aparezca.

Hermione apretó sus puños sobre su regazo, su cabeza girando, inspiró profundamente tratando de calmarse, pero no podía. La carga la estaba sobrepasando.

Antes de poder detenerse balbuceó —Sé que tiene mucha expectativas… pero- realmente- No pertenezco a esta época.

—Oh, cariño, estás tan equivocada –anunció la mujer dándole una amistosa palmadita en la mano y clavando sus ojos en suyos, viéndose mortalmente seria:- Naciste aquí, cariño, pero tu madre… Ah, esa chiquilla imprudente, se marchó para seguir sus sueños y tú…

— ¿Yo? –presionó la chica al darse cuenta que su abuela caía en un sepulcral silencio.

—Tú, mi queridísima Hermione, fuiste enviada a un lugar seguro. Lo más lejos posible de las garras de tu padre. –concluyó la mujer con la vista perdida.

—Está tan equivocada. –espetó ella y a pesar que su voz sonaba temblorosa y jadeante, se su burla resaltó lo suficiente para que la anciana sonriera encantada, Hermione se sonrojó profundamente avergonzada pero agregó con fiereza:- Pertenezco a otra época.

—Oh no cariño, tú eres de esta época. Viviste allá, sí, pero era por tu propio bien y sería solo mientras pudieses defenderte de mi hijo. –explicó la señora Granger con calma.

— ¿De qué diablos habla?

—De la verdad –contestó la anciana para después levantarse con lentitud, alzando su mano para interrumpir las preguntas de Hermione:- Todo a su tiempo, amor, solo te he dicho esto para que dejes de parecer tan perdida. He aquí las dos verdades del año: Perseus y yo somos tu única familia viva, y, esta, y solo esta es tu época.

—Lo siento, pero se equivoca –murmuró Hermione con terquedad, mirando a la mujer mayor con tristeza:- Lamento decirle esto, Señora Granger, pero yo ni siquiera soy su nieta.

— ¿No lo eres? –preguntó la mujer con la misma seriedad que la chica, quien asintió lentamente.- ¿Por qué dices eso, cariño?

—Verá, Señora Granger, yo no pertenezco a esta época. Viajé en el tiempo y…

—Esto es interesante. –interrumpió suavemente la mujer alzando sus cejas y dándole un sorbo a su té, Hermione tragó el nudo que se había formado en su garganta y mojó sus labios.

—Y-yo… estaba con mi mejor amigo, Harry, haciendo… un trabajo, y entonces… la clase nos envió muchos hechizos y no fuimos capaz de detenerlos… cuando desperté, estaba en esta época.

Hermione torció sus labios sabiendo que era evidente que había mentido, pero diablos, no podía decirle exactamente toda la verdad.

—Ya veo. ¿En qué año dices que estabas? –cuestionó la señora Granger sin alterarse.

—1998.

—Bueno, eso es asombroso. ¿Sabes que viajar tantos años en el tiempo rompe las reglas básicas, no?

—S-si. Eso es lo que no me cuadra... Un viaje así no puede darse.

—Puede, si usas magia oscura, Hermione; la magia oscura es la única que puede hacer eso. Y no creo que tus compañeros tengan permitido usar ese tipo de magia. –la dulce sonrisa que la mujer le brindó contrastaba con la certeza de sus palabras. Hermione sentía que a menudo se parecía a ella:- Entonces, querida, ¿tal vez fueron tus padres los que causaron tal viaje?

—N-no. Mis padres son muggles y no teníamos más familia… -murmuró Hermione sintiendo una fuerte punzada en la cabeza, jadeó frotando distraídamente su sien, con las manos temblorosas.

—Oh. ¿Y qué recuerdas de antes de entrar a Hogwarts? ¿Algo que siempre está rondando en tu mente?

—Y-yo… ¿Cómo supo que estudie en Hogwarts? –preguntó Hermione con suspicacia.

— ¿Lo supe?

—Hay un jardín. –respondió Hermione cerrando sus ojos, incapaz de luchar contra el racionamiento de la mujer:- Un jardín hermoso. Tiene muchas flores. Hay tantos colores, tantos aromas… y mariposas, me encantan las mariposas. Y mi abuela…

— ¿No dijiste que solo eran tus padres y tú?-preguntó la señora Granger con cuidado, viendo como la chica negaba y temblaba.

—Mi abuela… -repitió Hermione apretando su sien, sintiendo su frente perlada de sudor, su corazón comenzó a latir con más fuerza.

— ¿Qué edad tenías cuando viste a tu abuela? –preguntó la señora Granger, presionándola.

— ¿Cinco? Tal vez cuatro.

—En realidad tenías tres y medio. Y no era el jardín lo que más te gustaba de aquel lugar, ¿verdad mi pequeña Hermione? Era la biblioteca que estaba en él.

El corazón de Hermione se detuvo por un largo segundo y al siguiente se disparó. Oh por Merlín. Aun podía sentir el olor de los libros usados, la textura que sintió al pasar su mano por encima de sus lomos. Abrió sus ojos y miró a la mujer frente a ella con horror. Su estómago se anudó, mientras la verdad comenzaba a filtrarse en su cerebro.

—Por eso… cuando la vi, sentí que la conocía. Supe que usted era… mi abuela.

—Sí, preciosa, es por eso. –la mujer mayor suspiró, colocándose de pie y abriendo las puertas de la habitación.

Ahí, frente a sus ojos, estaba su santuario. El jardín techado con vidrio, las mariposas, los pequeños bichitos, el aroma… Los libros. Su abuela. Aun podía escuchar la melódica voz de su madre rogando por que le ayudara a salir del problema… Sobó su sien, negando frustrada, pensar en aquello le daba un horrible dolor de cabeza.

—No entiendo. Yo… Lo vi hace tantos años. En el futuro. En…

—No, amor, lo viste aquí. En tu época. En tu verdadera época.


Así es, lectores, por fin se está desenredando todo.

El próximo capítulo se llamará"Respuestas"

Espero que perdonen la tardanza, he tenido constantes bloqueos y no he estado muy bien anímica ni personalmente. Agradezco a todos los que siguen leyendo mis historias.

¿Comentarios? aunque sea para insultarme por lo lenta que soy en actualizar =.=

Besos, abrazos y que tengan un buen día C: