Dedicación: A todas aquellas preciosas personitas que se dieron el tiempo de comentar… SorvoloMalfoy, ShimmeringWater, lobita22, BlackAthena66, pottermaniaca26 y satorichiva

Disclaimer:¡TODITO ES DE LA FANTASTICA JK ROWLING!

Lamento mucho la tardanza. He tenido un montón de problemas, nada de tiempo libre y el capítulo parecía infinito. Espero que todavía hayan lectores por aquí ._.

Por fin…

Por fin… ¡Traigo respuestas!


Capítulo 9:

Hogwarts, octubre de 1943

Hermione miró el lugar con profunda confusión, la imagen que bailaba en su mente era demasiado similar a la que se presentaba frente a ella. Estanterías repletas de libros, aquel exquisito olor que estaba grabado en su mente con fuego. Lamió sus labios y se giró a mirar a la señora Granger en búsqueda de respuestas.

Respuestas que aclararan el desasosiego que sentía.

—No entiendo. –balbuceó Hermione sintiéndose peligrosamente cerca del colapso nervioso.

—Es mejor que te sientes, pequeña, tal vez todo esto sea demasiado para ti y te pase la cuenta. Verás, Perseus y Melina se conocieron aquí en casa, ella era la hija de una de las tutoras. Se amaron desde la primera vez que se vieron, o al menos eso creímos todos, pasado unos años anunciaron su casamiento. Tu abuelo y yo les dimos nuestras bendiciones, y pocos meses después nos contaron que esperaban un niño. Eso era lo que esperaba él. Un niño. Pero naciste tú. –la señora Granger detuvo su monologo para darle un apretón a la mano de Hermione quien estaba demasiado concentrada para decir algún comentario ante el machismo del hombre, la mujer mayor suspiro cansada y enseguida continuó:- Como podrás imaginar, tu nacimiento desató el caos, aquel monstruo golpeo a la pobre Melina, y entonces, ella te tomó en medio de la noche y escapó. No supe más de ustedes hasta que vino por ayuda. Sinceramente, les habíamos dado por muertas.

— ¿Nadie intentó buscarnos? –preguntó Hermione horrorizada.

—Claro que lo intentamos, pero Melina, aquella astuta muchacha, realmente sabía cómo esconderse sin dejar rastro. –otro suspiro cansado salió de los labios de la señora Granger que continuó:- Tenía miedo porque Perseus de alguna forma les había encontrado. Ella me pidió que te mantuviese lejos del monstruo. Así que… Yo lo hice. Te mandé a un lugar en que nadie pudiera dañarte.

Hermione reprimió algún acido comentario, mordisqueando sus labios y mirando fijamente a su abuela. Abuela. Oh, esto era tan complejo. El silencio fue cálido, tranquilo, dándole espacio a ambas para reflexionar.

—Entonces, ¿Cómo es que terminé de regreso aquí? –preguntó Hermione frunciendo el ceño.

—Oh cariño, eso es tan fácil. ¿Cuál es el peor enemigo de la magia negra?

—El amor.

—Sí, cariño, el amor. Y el amor se puede demostrar de varias formas: Amistad, amor pasional, necesidad emocional, etc.

— ¿Necesidad emocional? –repitió Hermione tratando de seguir la conversación.

—Ajá. Yo… no sé si tenga mucho que ver pero un poco antes de que tú llegaras a Hogwarts, Melina falleció.

No. No. No. Eso no tenía que ver con su madre. Hermione sintió que la fuerza comenzaba a abandonarle y con los ojos cargados de horror miró a su abuela.

— ¿En que cambia el futuro mi presencia en esta época?

—En absolutamente nada. –declaró la señora Granger mirándola fijamente.

Febrero de 1998, Mansión Malfoy Manor

Draco cruzó sus brazos y alzó una ceja con suavidad, el despacho estaba inusualmente silencioso, un par de horas antes había pedido una reunión con su madre. Ahora, esperaba respuestas, porque él quería comenzar a entender que sucedía y así poder mover sus piezas, después de todo Tom Riddle no podía jugar ajedrez solo.

—Madre, necesito que despistes a los guardias para entrar a ver a Granger.

Narcissa negó soltando un suspiro de sincera frustración:—No, Draco, ya te lo dije, mientras más lejos estés, mejor.

—Solo quiero saber qué rayos sucede con Granger. –espetó él refrenando las ganas de zamarrear a su madre por la inmensa frustración que sentía.

—Lo que pase con esa señorita no debe importarte, Draco Lucius Malfoy Black, y espero que esta sea la última vez que lo repita. –espetó Narcissa duramente.

—Vale. Como sea.

Narcissa le dio una extrañada mirada a su hijo, él jamás se rendía tan fácilmente ¿o estaba planeando algo? Desesperada tomó sus manos entre las suyas y lo miró fijamente.

—Por Merlín, Draco, esa niña es intocable. Mételo en tu cabeza.

La lenta sonrisa que apareció en el rostro de su hijo no hizo más que terminar por hacerle perder los nervios, histérica le dio una bofetada. Él no se movió, solo le dio una mirada perpleja, ella jamás le había levantado la mano, nunca, por más idiota o equivocado que se encontrara.

—Ella estuvo comprometida con tu abuelo.

— ¿Q-que? –preguntó el rubio horrorizado.

—Merlín, Draco, ella estuvo…

— ¡Escuché la maldita primera vez, mamá! ¿Cómo demonios es que estuvo comprometida…? –los cabos se ataron solos, él apretó sus puños y tembló con pura furia reprimida:- Sin embargo, no se casaron.

—No, no lo hicieron.

Porque ella eligió a Riddle. A Voldemort. Draco se estremeció, arrugando su nariz ante la simple idea de que Hermione escogiera a esa imitación de serpiente. Iugh.

—Entonces, aún tengo oportunidad.

— ¡Santo Merlín, Draco! ¿Es que no entiendes? Granger jamás, jamás te elegiría. Su destino está marcado y su lugar es estar al lado del Señor Oscuro.

Ya lo veremos, pensó Draco antes de girarse y mirar por la ventana.

Mansión Granger, octubre de 1943

— ¿P-Por qué no influye en nada?

—Bueno, es algo lógico. Eras una persona ajena a la época, perteneces aquí y lo que viviste allá será olvidado. –explicó la mujer que se detuvo de golpe para ver a Hermione quien estaba pálida y la miraba con los ojos entornados:- Lo siento mucho, cariño, pero al regresar aquí los recuerdos de tu existencia se borraran.

— ¿Todos? ¿Todo lo que viví será olvidado? ¿Nadie me recordará?

—No, no todos. –murmuró la mujer mayor calmando el estremecimiento de su nieta:- Las personas que realmente, que sinceramente, sentían algo por ti… Estarás en sus recuerdos, amor, pero si no piensan constantemente en ti… Ya no vivirás. No existirás para ellos.

Hermione se enderezó abruptamente y negó, horrorizada. Estaba mentalizada para que sus amigos pensaran que estaba muerta porque así estaría siempre estaría en sus corazones, ¿pero que no se acordaran de nada de lo que habían vivido con ella? No. No. Jadeo y negó de nuevo, levantándose y negándose a aceptarlo.

¡No podía dejar que sus amigos le olvidaran!

—Debe haber alguna forma de regresar. –murmuró Hermione temblando.

—Puede que las haya, ¿pero realmente quieres regresar?

Aquella pregunta quemó en la mente de Hermione y la hizo tambalearse de regreso al sillón. Oh por Dios, ¿No debía tener la respuesta de inmediato? Es decir… hace poco, justo antes de que su abuela le dijera que ella ya no existía en el futuro, habría contestado con los ojos cerrados que sí, pero ahora, ahora… No. Ella no regresaría. No podía regresar, aunque hubiese una alternativa... Su corazón latió tan fuerte que temió ser escuchada.

— ¿Cariño?

—No.

La señora Granger sonrió profundamente satisfecha por la respuesta y palmeó ligeramente la mano de Hermione, mirándola con sincero cariño.

—Bien, entonces, voy a aclarar tus dudas. –anunció la mujer, regresando a ese aire pensativo que había tenido desde que la vio:- Tus padres, Jean y Hugo Granger, solo eran una ilusión creada por mí. Ellos eran una la imagen que quería proyectar para tu cuidado, de cierta manera quise darte los padres que debiste haber tenido, ¿serías tan amable de dejarme sacar un par de tus recuerdos? Quiero que lo veas tu misma.

—Yo… -Hermione dudó, ¿debería mostrarle aunque fuese una minima parte del futuro a su abuela? Ella sabía lo peligroso que podría ser. Lentamente negó:- No estoy segura de poder hacerlo.

— ¡Pussy lamenta interrumpir a las amas, pero el amo Perseus ha regresado de su viaje! ¡El ama Hermione debe estar presentable para ver a su padre!

¿Presentable? Hermione se miró y alzó una ceja confusa, frente a ella la señora Granger –su abuela- sonrió y movió su varita con fluidos movimientos. De inmediato, se dio cuenta de que estaba modificando su vestuario. Su uniforme desapareció momentáneamente y fue remplazado por un vestido simple de color negro, bastante más ajustado de lo que ella había visto –y sabía- usaban en aquella época. Y encima, apareció una capa verde. Verde Slytherin, bordada con un exquisito hilo plateado. Su ojo derecho tembló, pensando en lo que diría Ron si la viera vestida así, su estomagó se encogió al recordar que sus amigos ya no comentarían nada.

No la recordaban.

Ella ya no existía.

—Ya estás lista. –anunció su abuela de forma apresurada:- No soy muy buena con las medidas, pero tendremos que esperar que la señora Potter venga y me temo que eso será en un par de días. Supongo que no te molesta el vestido, ¿verdad cariño?

—Claro que no, abuela.

Perseus Granger se detuvo en la puerta, y la miró calculadoramente de pies a cabeza, después de un segundo se encogió de hombros y siguió caminando hacia ellas.

—Buenas tardes, señoras.

—Buenas tardes, Perseus.

— ¿Y tú? –masculló Perseus con voz desdeñosa, girándose para ver a Hermione con la nariz arrugada:- ¿No saludas? Veo que tu madre no te enseñó absolutamente nada, eres tan mal educada como ella. ¿Y qué esperas? ¡Salúdame!

Hermione alzó una ceja, y miró al hombre con rencor, antes de estampar una estúpida sonrisa en su rostro a la vez que pestañeaba de forma exagerada. Hizo una reverencia y con voz chillona, una imitación perfecta de una Slytherin parecida a Pansy Parkinson saludó al hombre:- Buenas tardes, querido padre.

Y su abuela rió. Una risa explosiva y realmente divertida. Hermione se sonrojó, pero le mantuvo la desafiante mirada a "su querido padre". Perseus parecía estar furioso, y eso era exactamente lo que ella esperaba. Él debía darse cuenta de que no la iba a vencer. No la iban a casar jamás.

—Buenos días, hija –espetó él con desprecio, dándole una sonrisa arrogante miró a la mujer mayor:- Enseña a tu nieta a ser más sutil con el sarcasmo… Por cierto, comienza a prepararte, Hermione, el día viernes será la elección de tu prometido.

— ¿Elección? –preguntó ella consternada, Perseus sonrió de forma triunfal antes de hacer una pequeña reverencia y marcharse del lugar con el mentón en alto:- ¿Qué elección abuela?

— ¿No lo sabes? –preguntó consternada, para luego poner sus ojos en blanco:- Oh, que estúpida, por supuesto que no lo sabes. Tu padre elegirá al menos a cinco chicos que puedan ser aceptables para ser tu esposo, ellos van a pelear para demostrar quién es el mejor.

—No voy a aceptar que eso suceda. –anunció Hermione horrorizada:- Es algo arcaico y brutal.

—Lo sé, cariño, pero no podemos hacer nada contra ello…

—No me casaré con alguien a quien no amo.

—Pero con él si estarás a gusto. –susurró la mujer para sí misma, con una sonrisa misteriosa.

— ¿Dijiste algo? –preguntó Hermione curiosa. La mujer mayor negó y señaló el camino al despacho.

Era hora de afrontar la verdad.

Hogwarts, octubre de 1943

Minerva secó las palmas de sus manos en la capa y miró por encima de su hombro más molesta que asustada, tal como lo esperó chocó con unos fríos ojos grises. Apretó sus labios en una firme línea y se apresuró a llegar lo más rápido posible a su sala común, ya que aquel era el único lugar en que podía estar tranquila y lejos de los ojos escrutadores de Abraxas Malfoy. Ese maldito bastardo…

Tanteó su bolsillo en busca de su varita y se sintió mejor al saber que podía protegerse. Las cosas en Hogwarts estaban cada segundo más extrañas, el grupito de Riddle parecía cada vez más agresivo más fuerte y él… Tom Riddle tenía marcada esa aura oscura que ahora parecía ser notada por más personas.

Daba miedo.

Escuchó un suave chasquido y su cuerpo se quedó mortalmente quieto, mientras una pequeña pitón se acercaba a ella siseando y enseñando sus colmillos de forma peligrosa. Retrocedió, asustada, y casi se cayó por las escaleras. Pero unas firmes manos la sostuvieron y la enderezaron con calma.

—Ten más cuidado, McGonagall, no serías la primera estudiante en rodar escaleras abajo.

La voz de él produjo escalofríos en su cuerpo, no quería aceptarlo, pero realmente le daba miedo. Tragó en seco y se aferró a su varita.

— ¿Qué es lo que quieres, Riddle?

Él parpadeó lentamente y después sonrió con aquella falsa inocencia que todos compraban. —Solo quería ayudarte. Pero ya que estás aquí… me gustaría saber dónde está tu amiga.

—En su casa –respondió ella automáticamente, maldiciendo sin encontrar explicación a la verdad que salía de sus labios como si… ¿Acaso el bastardo la había hechizado? Sus ojos se entornaron y lo miró de forma acusatoria, pero a él no le importó. La serpiente se deslizó por entre sus pies y siseó suavemente, como si intentara relajarle, cosa que lograba definitivamente todo lo contrario.

— ¿Y que fue hacer exactamente, McGonagall?

Minerva apretó sus puños y su mandíbula, pero esto no fue suficiente para luchar contra la demanda de contestar.

—Fue a arreglar los preparativos para su boda –siseó entre dientes. Y apenas las palabras salieron de su boca, se escuchó un fuerte chillido de ave, el halcón sobrevoló hasta posarse en el hombro de Abraxas que miraba la escena con frío desinterés, los ojos grises del chico escanearon al plumífero y después con brusquedad quitó la carta de su pico.

Parpadeo lentamente, luego alzó su mirada hacia Riddle y después volvió a clavar sus ojos en la carta, silbando por lo bajo. La estiró, y Minerva de reojo pudo ver que constaba de solo cinco palabras: Te casas con una Granger.

Su estómago se anudo, como si le hubiesen dado un puñetazo, ¿Hermione casada con Malfoy? ¡No! ¡Eso era… era…! Miró al chico, que más que entusiasmado parecía asustado. Su mirada viajo a Riddle y comprendió rápidamente la razón del miedo.

Tragó en seco, pero antes de formular una palabra, sintió que perdía el equilibrio y rodaba escalera abajo, lo último que vio fueron los grises ojos del desgraciado a quien lamentablemente amaba.

-X-

Ahora lo entendía todo, Avery mordió la manzana que mantenía en su mano con lentitud, mirando la carta que estaba sobre su escritorio, sonrió con lentitud. ¿Cómo reaccionaría Riddle? Es de esperar que no las tomara con él, eso lo fastidiaría todo.

Bueno, no es como si estuviese interesado en Granger, porque era suicida y estúpido estarlo. Apostaba su vida a que los que iban a continuar adelante con esta absurda competencia para ser esposo de la chica Granger terminarían rindiéndose. La muchacha estaba después de todo destinada a ser de Tom Riddle.

Ah, sí, él lo había comprendido cuando Lord Voldemort la miró como una igual y no como un ser inferior. El único problema hasta el momento era Alphard Black, quien al parecer, no quería dar su brazo a torcer. Oh si ese tipo no iba con cuidado iba a terminar muerto, por interponerse en el camino de Tom.

La puerta de su habitación se abrió de golpe y por ella entró Abraxas respirando de forma entrecortada.

— ¡Apresúrate, joder, T-Tom nos llama!

Avery asintió y se levantó de golpe, guardando la carta en su bolsillo, Abraxas miró la acción con interés pero luego se puso más pálido.

— ¡Rápido!

Lord Voldemort lo sabía. Ahora, si todo salía como Avery pensaba lo mejor que podía hacer era comenzar a poner murallas imperceptibles en su mente. O terminaría muerto.

La sala común de Slytherin estaba silenciosa y la temperatura había bajado por lo menor unos catorce grados, cuatro personas estaban arrodilladas frente al joven señor oscuro quien se movía lentamente de derecha a izquierda.

Su mirada se posó en los recién llegados, y ambos no pudieron evitar estremecerse ante los ojos rojos llenos de furia. Al mismo tiempo, bajaron su cabeza y se arrodillaron de forma respetuosa.

— ¡Bienvenidos! –espetó con sarcasmo, para después mover su brazo hacia los otros mortífagos:- Si quieren, se unen a sus compañeros.

—C-claro mi lord.

—Avery, ¿algo que decirme?

—Sí, mi lord. –murmuró Avery con lentitud, con la mirada clavada en el suelo, se detuvo momentáneamente para después aclarar su garganta y agregar:- He descubierto algo, mi señor. La chica Granger, ha estado buscando en la biblioteca un par de libros sobre teorías de…

—Silencio. Me lo dirás a solas. –espetó Riddle frunciendo oscuramente su ceño. Avery reprimió una sonrisa por puro instinto de supervivencia y luego, él continuó hablando:-Extiendan sus brazos izquierdos.

Nadie se negó a la brusca petición. Lo siguiente que se pudo oír en la habitación fueron agudos gritos de dolor.

Y así, la marca oscura fue grabada en los brazos de los primeros seguidores del gran Lord Voldemort.

Febrero de 1998, Mansión Malfoy Manor

Draco miró la estúpida serpiente con molestia, más no se atrevió a decir algo, apoyado en la muralla observo la habitación frente a él.

Hermione continuaba dormida.

Y él aun no obtenía respuestas.

Un leve carraspeo le llamó la atención, giró su cabeza hacia el sonido y su ceja se alzó con molestia. Solo era un estúpido cuadro. La persona volvió a carraspear y Draco molesto alzó su varita, la mujer del cuadro alzó sus manos, asustada.

— ¡Solo quería decirte que el señor Abraxas desea verte! –chilló ella con una voz aguda. Draco no pudo evitar compararla con Pansy, luego puso sus ojos en blanco y se acercó.

— ¿Dónde está?

—Tercer piso, cuarto pasillo, primera habitación.

Él se marchó con largas zancadas sin agradecer, ni darse cuenta de la serpiente que le seguía. Ignorando las personas que le rodeaban, Draco se escabulló por los oscuros pasillos, subiendo los escalones de dos en dos.

— ¿Qué quieres abuelo?

—Vaya, vaya, que grande estás, nieto.

Él puso sus ojos en blanco y metió sus manos en sus bolsillos, con fría indiferencia miró el cuadro de su abuelo quien lo observaba curioso. Eran iguales. Los ojos de Draco eran más oscuros, su cabello mucho más corto, y aquello era lo único que les diferenciaba físicamente del otro.

—He escuchado un par de interesante conversaciones…

—No tengo tiempo para rumores estúpidos. –escupió Draco fastidiado y decidiendo que debía regresar a ver a Hermione antes de que Voldemort regresara. Si solo pudiese deshacerse de aquella estúpida serpiente…

—Sé cómo puedes llegar a Hermione Granger, Draco.

Los interesados ojos grises del rubio chocaron con los azules de su antepasado y una sonrisa se apoderó de sus labios, ladeó su cabeza con interés y luego asintió.

—Dime que debo hacer.

— ¿Qué estás dispuesto a hacer por Granger, Draco?

—Todo. –susurró Draco con sus ojos oscurecidos, clavados en los de Abraxas quien asintió satisfecho.

—Entonces, ¿estarías dispuesto cambiar mi lugar por el tuyo?

Draco parpadeó lentamente y luego enderezó su espalda, las palabras de su madre se clavaron en su mente como una canción pegajosa, y una lenta y satisfecha sonrisa se posó en sus labios.

Ella estuvo comprometida con tu abuelo.

Era la oportunidad que él esperaba. Podría cambiar las cosas. Podría estar con ella, hacerla cambiar de decisión, joder, arrastrarla de regreso si era necesario. Su corazón dio un salto, expectante, y luego se acercó a Abraxas.

— ¿Qué tengo que hacer?

-X-

Nagini se deslizó rápidamente hacia Tom, siseando y moviendo su cola con brusquedad. Él la observó con paciencia.

Draco y Abraxas Malfoy están planeando algo.

¿Algo? ¿Qué, Nagini?

No pude escuchar, Draco silenció la habitación, pero…

¿Pero?

Draco estuvo más de tres horas observando a Hermione, si antes tenía sospechas ahora se han confirmado, el muchacho está enamorado del ama.

Lord Voldemort parpadeó con lentitud y luego apoyó su mano en la ventana que crujió, sus ojos se volvieron rápidamente rojos y entonces, todo comenzó a temblar. Desde el umbral de la habitación, Luna miró el intercambio en pársel con curiosidad.

—Qué bueno que has llegado, Lovegood, tu misión se adelantará.

— ¿Uh?

Ella de pronto se vio envuelta en una esfera gris, sus ojos azules se posaron con suavidad en él y asintió.

— ¿Qué debo hacer?

—Hace que entre en razón.

Ella sonrió, y supo que no se refería exactamente a Hermione, asintió y supo que las cosas pronto iban acabar.

Lo malo, es que la Revenclaw, estaba equivocada.

Las cosas no estaban más que comenzando.

Su agónico grito de dolor fue ahogado por la actividad de la noche. Lord Voldemort arrugó sus labios con disgusto mientras acariciaba a Nagini.

Mansión Granger, octubre de 1943

Ella había accedido a mostrarle un recuerdo a la señora Granger. Uno sin mayor importancia, una cotidiana escena con sus padres. La anciana palmeó cariñosamente su mano antes de mover su varita y acercar un pensadero, inmediatamente ambas se sumergieron en el recuerdo.

Hermione cayó duramente de rodillas en el suelo de mármol y se apresuró a ponerse de pie, mirando de reojo las acciones de sus padres, solo que cuando lo hizo, sus ojos se entornaron.

Ella recordaba a la perfección el recuerdo que había tomado, era el día en que Minerva McGonagall había llevado su carta de Hogwarts, cuando tocaron el timbre Jean Granger se había apresurado a recibir a la visita, Hermione había estado leyendo algún libro sin mayor importancia cuando su madre regresó acompañada por aquella extraña mujer, se sintió automáticamente maravillada.

Qué lindo recuerdo escogiste, Hermione. –murmuró la señora Granger dándole una suave sonrisa, Hermione miró con los ojos llorosos a sus padres que estaban sentados frente a Minerva y aguantó estoicamente sus lágrimas.- ¿Te gustaría saber cómo realmente fue esto?

Hermione estrechó sus ojos notando que el recuerdo estaba desdibujado, nebuloso, y comprendió que se debía exactamente a lo que decía la señora Granger: era un falso recuerdo.

Sí. Quiero verlo.

La señora Granger cerró sus ojos y arrugó su frente, luego movió suavemente su varita moviendo su boca sin hacer ruido, Hermione dio un paso atrás cuando el recuerdo destelló y fue cambiado bruscamente. Ya no estaban en la pequeña casita donde se había criado sino en la Mansión Granger, en una habitación iluminada y claramente decorada para una niña, ella estaba sentada en el alfeizar de una ventana, leyendo un libro de pociones y su abuela estaba en un rincón observándola fijamente.

—Querida, si no quieres ver más…

— ¿Realmente todo fue una ilusión?

—Lamentablemente, sí. Yo te crié, creo –dijo la mujer mirando su yo mayor con el ceño levemente fruncido:- Como dije, tuve que arreglar tus recuerdos para que pensaras que te criaron padres muggles o corrías mucho peligro.

Hermione dio un pequeño saltito al sentir el apretón que le dio la señora Granger a su mano, ella respiró entrecortadamente cuando un viejo elfo apareció guiando a una exaltada Minerva McGonagall.

¿Eres realmente tú, Hermione?

La niña alzó la mirada por un segundo, sus ojos inocentes se iluminaron con reconocimiento un par de segundos antes de apagarse por completo y volver a posarse en el libro.

Oh por Merlín, es ella.

Me temo que mi nieta no sabe de lo que hablas, ella no te conocerá hasta al parecer mucho tiempo adelante.

¿c-como…?

Eso, tampoco se lo puedo explicar, Profesora McGonagall. ¿Desea té o café?

Whiskey de fuego, por favor.

Por supuesto. ¿Hermione ha sido aceptada en Hogwarts?

S-sí.

Oh, qué bueno. ¿Es usted la jefa de casa de Gryffindor?

S-sí.

Muy bien –murmuró la señora Granger satisfecha, alisando su vestido y llamando a Pussy, el elfo pequeño que ella conocía era ahora un elfo viejo y desaliñado:- Trae whiskey para Minerva y café para mí. Hermione, amor, ella será tu profesora. ¿Iras a Gryffindor, recuerdas, querida?

Sí, abuela, aunque me gusta más Slytherin.

Lo sé, cariño, ¿pero recuerdas lo que te dije?

Lo hago. –dijo ella asintiendo rápidamente, para después volver a leer:- Gryffindor no está mal.

Hermione gritó adolorida y ambas fueron expulsadas del recuerdo. ¡Eso jamás había sucedido! Ella… recordaba… Sus padres estaban ahí, la tasa de mamá se había caído al piso, papá había estado asombrado y ella… ella…

La castaña cayó al piso de rodillas, sollozando, con su rostro hundido entre sus manos. Escuchó un suspiro cansado, antes de sentir la gentil mano de su abuela sobre su hombro.

— ¿Necesitas estar a solas?

—P-por f-favor.

Ella se marchó en silencio, dejando a Hermione sumida en sus oscuros pensamientos.

Todo había sido una farsa, toda su vida…

Oh por Merlín, ninguna de las respuestas que había conseguido aliviaron el dolor de su alma.

Hogwarts, octubre de 1943

Tom asintió, indiferente, con sus ojos fijos en el brazo izquierdo de Avery.

— ¿Duele?

—Sí, pero es soportable.

—Eso espero, no quiero que alguien sepa que tienen esa marca o podríamos estar en líos. –murmuró Tom con una sutil pero potente advertencia.

—Me encargaré de eso, mi señor. –anunció Avery asintiendo, entonces al notar la oscura mirada del chico, comprendió que era hora de cambiar el tema:- Los libros que ha estado buscando la muchacha Granger son todos sobre teorías de viaje en el tiempo.

— ¿Ah, sí?

—Eran alrededor de ocho, y los sacó de la sección prohibida a escondidas, claro. –informó Avery con calma, luego se detuvo e inspiró profundamente, obligándose a decirle a Tom:- Y mis padres me han enviado una carta en donde anuncian mi participación en la elección para el compromiso con Granger.

—Ya veo –murmuró Tom de forma pensativa, para luego alzar sus cejas y sonreír de forma macabra:- ¿Supiste el trágico accidente de McGonagall?

—Sí. ¿Está bien?

—Por supuesto, ya que solo fue un pequeño aviso. –comentó Tom con su habitual indiferencia, para luego ladear su cabeza y mirarle con una perezosa sonrisa:- Espero que ni tu ni Abraxas sufra algo así, la pobre de Granger no soportaría eso, ¿verdad?

—Claro, Mi Lord. –murmuró Avery viendo como Tom se marchaba silenciosamente. Eso era, él estaba advirtiéndoles, si hacían una estupidez como interesarse en el trato con los Granger's iban a terminar muertos. Miró a Abraxas que parecía inquieto, en especial desde que nombraron a Minerva. Idiota, pensó Avery hundiéndose en el sillón afirmando con fuerza su brazo izquierdo, si Abraxas seguía así iba a ser la perdición de los Malfoy.

-X-

Minerva despertó aturdida, sin recordar muy bien lo que había sucedido, el miedo atenazó su estómago, y entonces se apresuró en mirar alrededor. Estaba en la enfermería.

La señorita Pomfrey corrió hasta llegar a su lado. — ¡Qué bueno que ha despertado, señorita McGonagall! ¿Se siente mejor?

—S-sí.

—El señor Malfoy dijo que estaba usted muy mareada y que tropezó en la escalera. Gracias a Merlín estaba cerca, o nadie hubiese ayudado.

La molestia y el asco hizo un nudo en su estómago, sus ceño se frunció y luego se acomodó para quedarse un poco más sentada.

— ¿Podría escribir una nota?

—Por supuesto, aquí hay papel y pluma.

—Gracias.

Hermione, las cosas en Hogwarts están mal. ¿Recuerdas mis sospechas respecto a Riddle? Bien, se han confirmados, él me empujó por las escaleras… ¡No te preocupes! Estoy bien. Cuando regreses, espero que podamos conversar más.

P.D: Espero noticias sobre tu futuro no-esposo.

Besos y suerte,

Minerva.

Ella se la entregó a Madame Pomfrey y le regó que la enviase de inmediato, mientras ella salía de la habitación, Abraxas Malfoy entraba. Una ola de terror la recorrió por completo mientras él se acercaba, tanteó en búsqueda de su varita, pero no la encontró.

—Qué bueno que estés bien, me preocupe cuando caíste.

—Bastardo mentiroso –masculló ella furiosa, él ladeó su cabeza y luego se encogió de hombros apuntándola con su varita.

—Creí que no sería necesario, pero bah. Obvliate.

Cuando Minerva volvió a abrir sus ojos, estaba ligeramente desorientada y su cabeza se sentía abombada, lamió sus secos labios y por fin enfocó su vista en el lugar en el que se encontraba. ¿Qué había sucedido? Tardó un momento en darse cuenta que no estaba sola. Su espalda se tensó a la vez que enviaba una mirada asesina a Malfoy.

— ¿Qué haces tú aquí?

—Bueno, prácticamente salve tu vida, ¿y así me pagas? Que injusticia más grande, McGonagall.

— ¿Salvar mi vida? ¡Tú no salvarías a nadie que no fueras tú! –acusó ella de forma despectiva, negándose a mirarlo a los ojos:- ¿Qué pasó exactamente?

— ¿No recuerdas nada, McGonagall? –él chasqueó su lengua y negó, como si estuviese decepcionado, para después pasar una de sus manos por su estúpido cabello:- Tropezaste, seguramente por los estúpidos libros que cargabas, y caíste como diez escalones. Tu tobillo se dobló y golpeaste tu cabeza. Agradece que te trajera hasta aquí o estarías aun desangrándote.

Ella parpadeó incomoda, y luego, asintió. Soltó un fugaz "gracias" y luego tocó su cabeza con cuidado. Abraxas apretó sus labios y luego se levantó de forma aireada.

—Me debes un favor.

Entonces, Minerva rió y apuntó su cabello, Abraxas soltó un gritó de furia. Los largos mechones cayeron al suelo con un sordo sonido.

— ¡¿Qué coño has hecho?!

—Devolverte el favor, Abraxas. Arreglé ese desastre que tenías en la cabeza.

Él gruñó, furioso, y se abalanzó sobre ella. Por milésima vez, Abraxas Malfoy y Minerva McGonagall terminaron la pelea con un enfurecido y desesperado beso.

Mansión Granger, octubre de 1943

Hermione tocó su reflejo y sin poder quitar aquella entumecida sensación de su pecho, ella no pertenecía realmente a ningún lugar. Vivió los primeros años de su vida en el tiempo actual, y luego, toda su crianza estuvo en el futuro al cual, seguramente, no podría regresar.

Lo que la dejaba abandonada, confundida y sola.

Las lágrimas caían de forma silenciosa por su rostro y casi cedió al pensamiento de clavarse su varita en la sien y murmurar la peor de las maldiciones imperdonables. ¿Pero de que servía aquello? Solo de escapar como una cobarde. Y ella no era cobarde.

Retrocedió, cerrando la puerta tras ella, y sin mirar la lujosa habitación se dejó caer en la gran cama. Sus ojos se cerraron y por inercia se acurrucó hacia el calor que había estado compartiendo las noches anteriores… pero luego recordó que estaba sola. Y que el bastardo con el que se quería acurrucar era uno de los peores megalómanos que podían existir en el mundo mágico.

Se congeló y soltó una risa que sonó más a un sollozo.

Estaba tan perdida.

Su cabeza por fin había perdido la razón. Se había vuelto loca.

Porque incluso una maldición de mano de aquel bastardo arrogante y loco, le hubiese servido para sentirse viva.

Deslizó la mano por las suaves sabanas y cerró sus ojos, cayendo en un inquieto y oscuro sueño.

Hermione Granger aún no sabía si eran peor las pesadillas por las noches o los días que estaba viviendo.

-X-

— ¿Deseas beber té, cariño?

—Eso sería bueno, abuela. –murmuró Hermione con una tensa sonrisa, la mujer asintió, sirviendo una de té en la fina taza de porcelana. Después cortó un pedazo de pastel y lo deslizó hacia ella, con sus ojos pendiente de sus acciones.

—La lista es pequeña, cariño, y conoces a la mayoría de los chicos. –expresó la mujer, al ver la mirada de su nieta suspiró y estiró su mano hasta posarla sobre la de Hermione:- Los candidatos para ser tu esposo, de estoy hablando.

— ¿Pequeña?

—Solo ocho candidatos, cariño…

— ¿ocho? –repitió Hermione conmocionada, luego resopló y le miró con el ceño fruncido:- ¿Y eso es poco para ti, abuela?

—La mayoría de veces los candidatos para una casarse con muchacha sangre pura son más de diez. Tu padre fue bastante riguroso con la elección. –explicó la mujer, reacomodándose sobre el asiento y luego bebiendo un poco de su té, Hermione imitó la acción para no mover sus manos y demostrar lo nerviosa que se encontraba:- Black. Malfoy. Rosier. Nott. Dolohov. Avery.

La taza que Hermione tenía en su mano se deslizó hacia el suelo, rompiéndose con un fuerte sonido que resonó en el lugar. Mortífagos. Todos sus "prometido" eran unos malditos mortífagos. Su cabeza giró en círculos, y la oscuridad la abrumó, entonces, la mano de su abuela se aferró a la suya, como un salvavidas.

—Bien, Hermione, respira, cariño. Eso es. Inhala. Exhala. Esto no es tan grave. Vamos a arreglar las cosas… no tienes que casarte. No es necesario.

Y sin embargo, Hermione sabía que las palabras de su abuela eran una absurda mentira para calmarle. Uno de esos desquiciados hombres sería su esposo.

Ella estaba jodida.

-X-

Perseus alzó la ceja al leer la carta enviada por Minerva McGonagall. ¿Una mestiza? Arrugó su nariz y lanzó la carta al fuego. Él no permitiría que su hija tuviese una amiga que compartiera sangre muggle. Era asqueroso.

Hermione tenía que ser perfecta. Y para eso, comenzaría por enseñarle su lugar, estaba harto de que fuese tan contestadora como su madre.

Melina…

Maldita mujer. Había arruinado su vida. El vaso que Perseus tenía en su mano explotó por la furia que sentía. Ella, era la culpable de que los Granger no continuasen adelante. Por suerte, había exigido a los padres de los candidatos que el apellido que tomasen fuese el suyo. Granger primero. El ministerio iba a tener que aceptarlo. O iban a recibir un buen golpe.

No les convenía tener a Los Granger contra ellos.

Aunque solo quedase Perseus.

Inspiró profundamente y sonrió. Hermione era la salvadora. Ella sería la que se encargaría de seguir el linaje Granger.

Desde las sombras, Pussy miró la carta quemada y desapareció de forma insonora, era tiempo de que la locura de su amo se acabase. La señorita Hermione merecía algo más que un compromiso forzoso. Merecía algo más que la soñadora Melina. Y él le ayudaría.

La decisión del pequeño elfo, traería sin dudas un montón más de problemas… Pero con esa firme convicción cambiaria a favor de la castaña las cosas.

Por fin las cosas cambiarían.


*Redoble de tambores* ¡¿Les ha gustado?

*Grillos* *Grillos* *Grillos*

Bien, si... Lo siento. No merezco review... pero si me lo das, alegrarías mi vida.

¿Un beso de Tom por un review? *Escritora aplastada por las fans, que ruegan su recompensa*

Bye bye.