Dedicación: Ainums, PrincesLynx, lobita22, Alexa Blaze, luzenlaoscuridad, susan-black7, esther, Oschii, Sabrii, BlackAthena66, Sara Hime, SorvoloMalfoy, Guest, psiquis, Luna White 29 y Bian Rosier

Disclaimer: ¡TODITO ES DE LA FANTASTICA JK ROWLING!


Capítulo 10

Hogwarts, octubre de 1943

Tom se deslizó por los oscuros pasillos de Hogwarts en forma silenciosa, con largas zancadas, a pesar que ya habían pasado al menos dos horas del toque de queda. Pero daba igual, nadie iba a joderlo por estar deambulando, después de todo era el premio anual y su reputación era intachable.

Y toda su extraña actitud se resumía a que no podía dormir. ¡Dos malditos días sin siquiera pegar un ojo! Él necesitaba descansar o iba a comenzar a descargar su furia con los que le rodeaban y aun no era tiempo para demostrar la parte más oscura… No aun.

No estaba muy seguro de la causa de su insomnio pero era mucho peor que otras veces y al parecer era bastante notorio, porque todos los profesores le habían estado preguntando si se sentía bien. Se miró al espejo y bufó molesto, sí, definitivamente era notorio.

Tenía unas ojeras enormes, su piel estaba más pálida de lo normal y su cabello estaba caóticamente despeinado, quitándole el aire de perfección que siempre llevaba. Lavó su cara con fuerza y luego miró por los amplios ventanales del baño de chicas. Le gustaba aquel lugar porque siempre le recordaba lo que era capaz de hacer. Aunque si lo encontraban ahí, definitivamente se metería en problemas.

Una lechuza se posó en su hombro y lo miró fijamente, expectante, como si esperase algo de él.

Tom frunció su ceño, molesto por la intrusión, arrancó la carta de la pata del ave y luego la empujó, molesto, el pobre plumífero salió volando, soltando sonidos de desconcierto y miedo. Él le ignoró, mirando la carta, su corazón dio un fuerte salto al ver el característico sello de los Granger.

¿Podría ser que…?

Cortó la línea por la cual iban sus pensamientos, repentinamente preocupado por lo rápida y superficial que se había vuelto su respiración. Un momento… ¿Sus manos realmente estaban temblando?

La carta fue abierta con lentitud, como si él temiese que se tratara de algo demasiado peligroso, inmediatamente culpó al sueño por estas extrañas reacciones.

Sr. Tom Riddle:

Lo espero mañana en mi despacho, tenemos cosas que hablar.

El director ya está informado de su salida.

Atte.

Jean Granger.

P.D: No haga planes para el día viernes, y si ya los tiene, es mejor que los rechace.

Tom inspiró profundamente y miró su reflejo con una repentina curiosidad, su rostro antes demacrado estaba iluminado por una inusual sonrisa, sus ojos estaban más oscuros y su cerebro estaba más despejado. Repentinamente, él volvía a tener sueño, mucho, mucho sueño.

Mañana tendría una reunión con la señora Granger y algo en el fondo del alma del chico decía que le sacaría bastante provecho a la situación.

Con ese pensamiento, Tom Riddle se fue a dormir con una sonrisa en el rostro, esperando expectante el día siguiente.

-X-

Minerva se acurrucó, mirando por la ventana, había algo que no encajaba del todo en su mente. ¿Pero qué? No entendía que pasaba, y por más que le diera vueltas al asunto, no llegaba a nada concreto. Era como… si hubiese olvidado algo. Algo importante. Pero no podía descubrir de qué diablos se trataba.

Inspiró profundamente y cerró sus ojos e inmediatamente la imagen le golpeó con fuerza, Abraxas Malfoy le besaba. Sonrió temblorosamente y ahogó su grito de emoción contra su almohada. No tenía que ilusionarse, ella no deseaba hacerlo, pero Merlín, era tan difícil luchar contra las profundas emociones que le embargaban.

El rubio arrogante y estúpido no debía causar esas cosas en ella. Minerva era una mujer sensata e inteligente… sin embargo, en instancias como esas era una adolescente común y corriente.

Una chica enamorada de quien no debía.

Suspiró cansada y negó, decepcionada. Por suerte, estaría fuera del colegio lo que restaba de semana, ir a donde sus padres no era mala idea, despejaría su cabeza. ¿Y quién sabe? Dougal McGregor pareció realmente interesado en ella la última vez que le vio.

Ahora…

¿Qué era aquello tan importante que estaba olvidando?

¿Y por qué sentía que era esencial para el futuro?

Mansión Granger, octubre de 1943

El aire de la oficina de Perseus Granger se volvió repentinamente denso, las paredes temblaron silenciosamente y las luces oscilaron con brusquedad, y luego, lentamente se fueron extinguiendo hasta dejarle en la penumbra. Entonces, una esfera gris explotó en el centro de la habitación y una ráfaga de viento barrió con fuerza el lugar, haciendo crujir los muebles.

Perseus parpadeó con lentitud y luego estiró sus brazos para sostener a la rubia que acababa de aparecer de la nada. Ella se quejó adolorida y le miró con unos enormes ojos azules, tan llenos de brillo que causo un pequeño shock en él, y entonces, le sonrió dulcemente. Repentinamente el corazón del hombre se disparó, y sintió que sus manos sudaban. La chica era como un ángel. Y él se sentía extrañamente en paz con su presencia.

— ¿Disculpe, estoy en la mansión Granger? –preguntó ella con una voz que sonó armoniosa, una voz pura, una melodía que él jamás había tenido el placer de oí era como un bálsamo para sus sentidos.

—Sí. –contestó él, fascinado por su dulzura. Por desgracia, ella no le oyó ya que su cuerpo colapsó y quedó laxa entre sus brazos. Perseus tragó en seco, inusualmente nervioso, y la cargó a su habitación.

Nadie sabría que aquel misterioso ángel había caído en sus brazos, hasta que él saciara la insana curiosidad que sintió al verla. No acostumbraba hacer cosas como esas, pero, algo le empujaba a cuidar de esa extraña… Esperaba no estar cometiendo una equivocación.

Febrero de 1998, Mansión Malfoy Manor

— ¡Lucius!

El hombre agachó la cabeza de forma respetuosa y a su lado Narcissa se removió con nerviosismo sabiendo perfectamente que sucedía, el salón se quedó en silencio mientras Lord Voldemort caminaba hacía los dueños de la mansión con largas y enérgicas zancadas.

Nadie comentó el hecho de que repentinamente su señor pareciera unos diez o quince años más joven, pero tampoco lo pasaron por alto.

El que no debe ser nombrado agitó su varita y las luces bajaron, él entrecerraba sus ojos como si le molestara la luminosidad del lugar. Probablemente lo hacía. Su aspecto no era muy sano, la piel normalmente blanca, estaba pálida y parecía enfermiza, unas feas ojeras enmarcaban sus ojos, y su cabello –sí, él tenía cabello otra vez- se encontraba caóticamente desordenado.

— ¿Dónde está tu hijo? –preguntó con su voz enronquecida, sus ojos llenos de furia liquida, Lucius tragó en seco percibiendo que aquella imagen más joven no aplacaba el carácter de su señor.

—D-Debe estar en su habitación, Mi Lord. –respondió Malfoy, con la voz temblorosa. Lord Voldemort arrugó sus labios en una macabra sonrisa y envió un fuerte crucio hacía su leal seguidor.

— ¿Narcissa? –preguntó con voz sedosa, girándose a ver a la matriarca quien temblaba incontroladamente, casi como si le hubiesen hechizado a ella:- ¿Dónde está Draco?

—D-Draco… -la mujer rompió a llorar de forma histérica, lanzándose a los pies del oscuro mago:- ¡Oh por Merlín, mi señor, no lo castigue! ¡Se lo suplico! Solo es un estúpido enamoramiento. Por favor, por favor, no mate a mi hijo. Por favor, por Merlín, no lo dañe.

—Sabes que en mis líneas ya no hay fallos, Narcissa –murmuró Lord Voldemort con su voz cargada de frialdad, la señora Malfoy sollozó y gritó angustiada, el señor oscuro suspiró y puso una mano sobre su sien, tras un movimiento de su varita, el salón quedó de nuevo en silencio, inclusive cuando la boca de la rubia mujer estaba abierta en un grito de angustia y desesperación:- Rodolphus, ve por Draco y llévalo al calabozo. Creo que hay que enseñarle un par de lecciones para que aprenda lo que significa lealtad.

Narcissa cerró su boca y su rostro se contrajo en una mueca de horror, a su lado, Lucius mantuvo su rostro inexpresivo, sorpresivamente, ella alzó su mano y la estampó contra la mejilla de su esposo, antes de correr hacia la puerta, tras Rodolphus.

Lord Voldemort suspiró y luego quitó el hechizo que había lanzado a la habitación, chasqueó su lengua y miró a Bellatrix que tenía los ojos encendidos por la euforia.

—Bella, quita todos los cuadros de Abraxas Malfoy y quémalos. –ordenó él con brusquedad, dando una última mirada inexpresiva salió con largas zancadas hasta detenerse en la puerta de la habitación para sonreírle de una forma maniaca a la gente que se encontraba en el lugar:- ¡Preparaos, súbditos, Hogwarts será atacado hoy!

Ya no había nada importante en ese estúpido colegio.

Era hora de por fin enterrar los recuerdos agridulces de ese maldito castillo.

Por fin, podía destruir Hogwarts y tomar el poder completo.

Febrero 1998, Hogwarts

Minerva McGonagall anduvo por los pasillos del castillo con su varita alzada, buscando en cada una de las habitaciones algún estudiante. Pero ese paseo no era solo para reconocer, oh no, ella estaba en algo mucho más importante.

Detuvo sus pasos en el salón que buscaba, demasiado cercano a la sala común de Slytherin, ella empujó los recuerdos lejos. Entró y cerró tras ella, odiando encontrarse de frente con él.

— ¿Qué diablos quieres? –masculló ella, profundamente molesta.

—Tks, Minnie que mal agradecida eres. Yo aquí, arriesgando mi culo por ti ¿y me tratas así? Que lealtad la de los Gryffindor…

— ¡Ya basta! ¡Tú ni siquiera tienes culo! –espetó Minerva, sonrojándose por las palabras que fluyeron libremente.

Maldito Malfoy, siempre le hacía sentirse como una adolescente, incluso ahora, tantos años después de la torpe y escondida psique relación que una vez tuvieron.

—Bien, bien.

Ella vio como el retrato se movía perezosamente más cerca, él pasaba una mano por su cabellera larga y luego sonreía torcidamente sin dejar de caminar. Esa maldita sonrisa podría ser la perdición para cualquier mujer, pensó Minerva con amargura, inclusive en un cuadro se veía bien.

—Hoy atacaran el castillo. –informó él con despreocupación.

— ¿Hoy? –preguntó Minerva profundamente consternada:- ¿A qué hora?

— ¡Já! Ustedes los Gryffindor son tan desfachatados que inclusive pides hora –espetó él colocando sus ojos en blanco luego mirándola con sus profundo ojos plateados:- Es mejor que evacues el lugar, Minnie. Ah, por cierto, están destruyendo mis cuadros. Irónico que para el señor oscuro sea una molestia un antiguo súbdito…

—Eres un traidor. Para él los traicioneros son desechables. Debiste haberlo aprendido hace tiempo.

—No soy un traidor, solo estoy donde me conviene. –dijo él sin perder su ladina sonrisa, ella sintió profundas ganas de darle un puñetazo al cuadro pero se contuvo:- Y actualmente me sirve ayudarte Minnie.

—Eres un cerdo repugnante Abraxas Malfoy.

—Y aun así estás enamorada de mí, Minnie.

—Púdrete. –espetó la mujer mayor, mientras movía su varita y una alarma comenzaba a sonar por lo que quedaba del castillo.

— ¡Sigues sin negarlo, Minnie!

Ella puso los ojos en blanco y chasqueó sus dedos, varios elfos aparecieron instantáneamente en la habitación: — Llevad a todos afuera, no dejen que nadie salga del perímetro protegido. –ordenó ella con eficacia, luego miró largamente al hombre del retrato:- No vale la pena hablar con un lienzo, Abraxas, tú solo te has convertido en un mal recuerdo.

Entonces, salió del lugar, perdiéndose la sonrisa divertida de Malfoy y su comentario. Porque los recuerdos eran los que hacían vivir a las personas. Por muy malos que fuesen.

Minerva corrió por los corredores desolados, llenos de escombros, ella aun podía ver a alumnos y ex compañeros riendo y pasando un buen rato, incluso recordaba a Tom Riddle llevando de la mano a… Hermione.

— ¡Por Merlín! –exclamó ella frenando en seco, con su corazón latiendo descontroladamente, luego, lanzó su túnica lejos y volvió a atar su cabello. Solo entonces, llamó a un elfo:- ¿Puedes llevarme afuera?

Él obedeció sin chistar. Minerva miró cada una de las caras que le rodeaban y sintió que su respiración se volvía trabajosa. Remus Lupin sostenía a Nimphadora Tonks entre sus brazos, la pobre estaba realmente demacrada.

—Remus, ayúdame a ordenar esto. Primero llevaremos a los heridos de gravedad, luego los con heridas más leves y reposo, por último, los que están preparados para luchar que se queden.

— ¿Dónde vamos a trasladarnos? Ya no hay casas de seguridad, incluso Fleur y Bill iban a venirse con la gente que tienen en Shell Cotagge porque han estado merodeando demasiado cerca…

—Tengo un lugar seguro. Uno realmente seguro. Nos estamos moviendo para allá. Tiene que ser lo más rápido posible porque van a atacar el castillo.

Minerva le indicó a los elfos donde debían llevar a las personas más graves, y luego se enfocó en los que estaban bien. Apenas eran una veintena. Aunque si las cosas salían como ella había planeado, serían suficientes, esperaba que todos los mortífagos –o al menos la mayoría- viniese atacar el castillo.

— ¿Qué haremos, profesora?

Minerva miró a Ginevra Weasley orgullosa de su pupila y sonrió con su ego inflado de pura satisfacción: — ¡Estamos atacando Malfoy Manor!

El rugido de euforia colectivo que siguió la contundente declaración terminó por animar las cosas.

La guerra volvía con incluso más fuerza.

Mansión Granger, octubre de 1943

Pussy hizo crujir sus pequeñas manos, y nervioso se acercó a su joven ama, que leía con interés un libro de Pársel. Ella estaba demasiado concentrada para notar su presencia, cosa que él agradecía, no quería molestarla, pero temía que si no hablaba pronto con su ama algo muy malo sucedería.

—Oh por Merlín, Pussy. –chilló Hermione con una mano sobre su pecho:- Me has asustado.

— ¡Pussy lo siente tanto, ama! ¡Pussy es un elfo malo…!

—No, Pussy, está bien. –anunció ella envolviendo los puños con suavidad antes de que estos comenzaran el auto-castigo que el elfo insistía en darse:- ¿Qué necesitas?

—Pussy debe contarle algo al joven ama.

—Te escucho, Pussy.

—Pussy, deja a Hermione en paz. –interrumpió repentinamente la señora Granger caminando hacia su nieta con una pila de libros que el elfo terminó cargando, Hermione mordió su labio y miró al pequeño "sirviente" con preocupación él solo se mantuvo cabizbajo, silenciosamente inquieto:- Cariño, temo que no podré acompañarte a leer como había dicho. Pero traje libros con información que te será útil…

— ¿Cómo ser una dama y no morir en el intento? –bromeó Hermione con amargura, su abuela rió y acarició su cabello, tranquilizándole.

—Volveré al almuerzo, tal vez, con una visita. –continuó la señora Granger:- y Pussy vendrá conmigo. Si tu padre aparece por aquí, intenta no ser muy… tú.

—Oh, tranquila sé cómo actuar. –murmuró Hermione batiendo sus pestañas con excesiva rapidez:- Vaya a su reunión, querida Matriarca, yo esperaré aquí con la boca cerrada como cualquier otra dama haría en mi lugar.

—Chiquilla alocada.

Hermione sonrió con cariño a la mujer mayor y luego volvió su atención al libro. La señora Granger estiró su mano hacia Pussy quien la llevó a su despacho desapareciendo con una mirada de angustia a la adolescente que continuaba encimada en su lectura.

-X-

Tom Riddle observó el amplio despacho con una fría mascara de desinterés, sin embargo, sus ojos escaneaban el lugar con atención captando pequeños detalles, como por ejemplo, los apilados libros de magia oscura hasta las galletas bañadas en chocolate que estaban sobre el escritorio.

—Son las preferidas de mi nieta, creí que le agradarían Señor Riddle.

La confiada y tranquila voz, lo tomó por sorpresa, con lentitud compuso su mejor sonrisa y se giró para enfrentar a la mujer. Cincuenta o sesenta años, cabello tomado, vestido negro y capa verde, collar con el escudo de los Granger, ¿y sus ojos? Cafés, un poco más oscuros que los de Hermione, más sabios, sin embargo estos no hacían que su corazón saltara a velocidad impresionante. Apretó sus labios contra la mano de la mujer e hizo una pequeña reverencia.

—No hay necesidad de ser tan formal, querido. –comentó ella caminando hasta los sillones, no el escritorio, apartó el cabello de su rostro y sonrió de forma cálida:- Toma una galleta.

Él dudó, pero tras un segundo, lo tomó y con tranquilidad la mordió. No tenían alguna poción como temió, y sin mentir, aquello era lo más sabroso que había comido en años. Dulce, pero no excesivo.

—Bueno, debes imaginarte para que te he llamado, ¿no, Tom?

Él tensó su espalda y luego asintió: — Después de pensarlo bastante, creo que sé perfectamente para que es.

—Oh, qué bueno, eso nos ahorrará tiempo. –anunció la mujer mayor sonando genuinamente aliviada, tomó una galleta y esta vez la comió ella:- Mi hijo ha elegido a varios descendientes de apellidos importantes para que Hermione contraiga matrimonio. Pero temo que ninguno de ellos podrá estar a la altura de mi nieta. Tengo solo una oportunidad para lograr que no caiga en sus brazos y ese es usted.

Él deseó gritar de frustración y cuestionarla. ¿Por qué lo elegía a él? ¿Por qué? Sin embargo se mantuvo en silencio, observando a la mujer con los ojos entrecerrados dándole un aspecto pensativo.

— ¿Qué le hace creer que aceptaré, Señora Granger? –preguntó Tom con brusquedad.

—Vi como la miraba, Señor Riddle. –se limitó a contestar ella antes de levantarse y suspirar:- Y sé que la desea a su lado.

— ¿Y que si solo la deseo carnal? –preguntó Tom de forma grosera:- ¿Qué pasa si yo no siento nada por su nieta?

—Las cosas que hay entre ustedes es más que simple deseo carnal. –opinó la Señora Granger con suavidad:- No niego que tienen una cantidad enorme de eso, pero, también sé que entre ustedes dos puede haber mucho más.

Tom Riddle frunció su ceño y abrió su boca para negarse, pero repentinamente apareció un elfo frente a ellos. Hizo una gran reverencia y luego se giró hacia la mujer.

—Pussy ya ha servido la cena. Pussy le avisó al ama Hermione, ¡pero el ama Hermione se negó a cenar sola! –exclamó el elfo con sus enormes ojos llenos de lágrimas:- ¡El ama incluso ha invitado a Pussy a sentarse con ella! ¡Pussy tuvo que negarse! ¡Pussy es un mal elfo!

—Pussy, basta. –espetó la señora Granger tomando las manos del elfo entre las suyas, impidiéndole golpearse:- Avísale a Hermione que vamos a unirnos a ella.

— ¿C-con su invitado, ama? –preguntó el pequeño elfo mirando con clara desconfianza a Tom quien le ignoró.

—Si, Pussy. –ella se inclinó hacia el elfo y sonrió de forma misteriosa:- Luego, vigila a Perseus.

—S-Sí ama.

La señora Granger se giró a ver a Tom con una mueca de impaciencia. — ¿Y bien? ¿Qué espera Señor Riddle? Vamos, vamos, Hermione está en el comedor.

Él frunció su ceño y abrió su boca para decirle que no sabía cómo llegar pero en ese mismo instante la puerta se abrió de forma grosera y se giró para fulminar a la persona que osaba interrumpirles, pero inmediatamente se quedó sin palabras. Y su corazón latió de nuevo de esa extraña forma, como cada vez que la veía.

Su respiración se descontroló mientras sus ojos subían por las largas piernas hasta quedarse en la cintura y luego subir a los pechos donde colgaba despreocupadamente el collar con el sello de los Granger. Su cabello estaba tomado a un lado de su cabeza en un moño que parecía difícil de realizar y sus rizos se mantenían tan ordenados que Tom deseó gritar que eso no estaba bien y hundir su mano en su cabeza para ver si volvía a ese desorden caótico que silenciosamente le gustaba.

— ¿R-Riddle?

— ¡Hermione, querida! Justo íbamos a cenar contigo. –anunció la señora Granger caminando con rapidez hasta su nieta y tocando fugazmente el collar:- Se ve muy bien, querida, ¿de dónde lo sacaste?

—P-padre me lo dio. –susurró ella con sus ojos muy abiertos, sin despegarlos del rostro del chico quien a su vez la continuaba mirando perplejo, alzó su mentón con un bello sonrojo en sus mejillas antes de tomar el borde de su vestido y hacer una graciosa reverencia que parecía haber sido copiada del exagerado elfo domestico que acababa de marcharse:- ¡Bienvenido a la mansión Granger, Señorito Riddle, espero que su estancia sea muy placentera!

Él apretó sus labios, más divertido que molesto por la sarcástica y chillona voz de la castaña, la señora Granger no lo evitó simplemente rió y palmeó la mejilla de su nieta de forma cariñosa.

—Cariño, que mal educada eres. –murmuró la mujer mayor sin demostrar signos de molestia:-Hermione, enséñale al señor Riddle donde está el comedor, yo debo hacer una parada antes.

Hermione se giró y se encogió de hombros mirando a Tom sin perder su falsa sonrisa:- Sígame Señorito Riddle, prometo ser una buena guía turística, pararemos en cada cuadro y voy a alardear sobre las riquezas de mi poderosa familia. Espero que se sienta cómodo por eso, no es mi intención molestarlo…

—No se preocupe, Señorita Granger, soy lo suficientemente educado para poder oír sus estu-pefacientes historias.

Hubo una carcajada divertida seguida por el inconfundible sonido de la desaparición, solo entonces, Hermione se giró y furiosa empujó a Tom quien sonrió divertido al notar que la frustración de la castaña parecía aumentar al darse cuenta que ni siquiera lo había movido.

— ¡¿Se puede saber qué haces aquí?! –gruñó ella entrecerrando sus ojos de forma acusatoria, Tom sonrió de lado y soltó un largo y cansado suspiro.

—No, no puedes saberlo. –respondió con voz fría e indiferente sin perder su carismática y encantadora sonrisa:- ¿Qué hay de mi paseo por la mansión? Parecías muy interesada en dármelo.

—Vete a la mierda, Riddle. –gruñó ella furiosa, él rió y luego la sostuvo de los antebrazos con brusquedad. Solo entonces notó lo pálida y ojerosa que estaba. Sonrió, esta vez, de forma un poco más sincera.

— ¿Me extrañaste? –preguntó Tom en voz baja.

— ¡Riddle! –exclamó ultrajada, sus mejillas enrojecieron y su respiración comenzó a ser inestable, Tom no evitó bajar su mirada y ver como sus pechos resaltaban por el corsé del vestido, exaltando el sube y baja…:- ¡Riddle!

—Yo sí –gruñó él antes de pasar un brazo por su espalda y empujarla contra su cuerpo, ella jadeó y Tom no supo si estaba sorprendida por su declaración o por su atrevido acercamiento:- extrañaba tu cara de dolor cuando te maldije o el olor a terror que se instaló en tu piel después de…

—Suéltame. –espetó ella con voz temblorosa, como si abruptamente le hubiesen enviado un balde de agua fría, Tom mordió su lengua, maldiciendo su desliz:- Suéltame Riddle o grito.

Él la dejó ir, Hermione alisó con brusquedad su capa y luego hizo un gesto hacia la puerta, Tom supo enseguida que ella había vuelto a entrar a su sarcástico papel de modales refinados:- Sígame Señorito Riddle.

-X-

Pussy chasqueó sus dedos y la comida apareció enseguida, Hermione inspiró profundamente y palmeó su huesuda mano.

—Gracias, Pussy.

El elfo sintió que sus mejillas enrojecían miró a su ama con gratitud por su buen trato y luego miró con desconfianza al mago que entrecerraba los ojos hacia ellos como si fueran la cosa más extraña que él había visto.

— ¿Ama? –preguntó él jalando con brusquedad la capa de Hermione.

— ¿Si Pussy? –preguntó ella preocupada, inclinándose para que él hablara con tranquilidad:- ¿Qué sucede?

—Pussy está confundido. –murmuró el elfo con sus ojos aún más abiertos de lo normal, dándole un aspecto mucho más inocente:- Pussy se pregunta si ese mago es confiable.

—Oh, créeme, Pussy, él no lo es –aseguró Hermione en un susurro, el elfo miró de forma precavida al mago y luego a su ama.

— ¿Quiere que lo saque, ama? ¡Pussy podría hacer eso por usted! –anunció él alzando su pecho, viéndose profundamente orgulloso .

—Oh, Pussy, eso suena realmente encantador –murmuró ella soltando una risita antes de negar:- Pero él es un invitado de la abuela, y creo que ella nos castigaría a ambos por hacer semejante atrocidad.

Él la miró confundido pero luego chasqueó sus dedos y desapareció. Hermione inmediatamente fue consciente de los ojos de Tom sobre ella y alzó su copa de vino llevándola con lentitud a sus labios.

—Oh, vamos, Riddle, solo dilo. –espetó colocando sus ojos en blanco.

— ¡Es un jodido elfo! Ellos están para servirte, no tienes porqué agradecerle.

Ella se puso roja, y esta vez, él se dio cuenta que era por pura furia, sus ojos se estrecharon y lo fulminó antes de beber e inspirar profundamente.

—No comparto tu punto de vista.

— ¿No? –preguntó él alzando su ceja y soltando un bufido de pura molestia:- Con lo siguiente que saldrás, Granger, es que los sangres sucias son tan importantes como los puros.

La copa que estaba en la mano de la chica explotó, haciendo que el vino saliera disparado en todas direcciones, en especial en la capa de ella, pero la verdad no parecía muy preocupada por eso.

—Tenemos la misma cantidad de magia –escupió ella con brusquedad:- Los nacidos de muggles son tan importantes como el resto de brujos y brujas…

—Son impuros, Granger, ellos no tienen derecho a ensuciar nuestras costumbres con sus manías muggles y…

— ¡Interesante punto de vista teniendo en cuenta que eres un mestizo! –gritó ella levantándose de golpe, sus ojos se abrieron con horror a darse cuenta de lo que acababa de decir, tapó su boca y retrocedió.

Tom la miró fijamente, luego sonrió de lado y Hermione supo enseguida que él iba a atacar como la víbora que era: — ¿Sabes para que estoy aquí, no, Hermione?

Ella tembló, nerviosa, y abrió su boca para contestarle que en verdad no le interesaba su visita pero Tom la detuvo alzando su copa de vino:- Estoy aquí porque me ofrecieron tu mano…

—No es cierto –murmuró ella, mirando las manchas recientes de su costosa capa, luego alzó sus ojos hacia Tom, él alzó su ceja al ver pánico en los ojos de la chica:- No es cierto, Riddle, dime que no es cierto…

—Oh, sí que lo es. –aseguró él con seguridad, luego soltó un suspiro exagerado y lamió sus labios mirando a la chica con macabra diversión:- ¿Y sabes, Granger? Al principio mi decisión era negarme rotundamente a esta propuesta porque no estoy interesado en casarme a tan temprana edad ya que mis metas no son andar tras las faldas de una chica, pero tras esta interesante conversación he cambiado de opinión.

—No –murmuró Hermione horrorizada, se tambaleó peligrosamente, su rostro estaba pálido y Tom secretamente se preocupó. Ella apoyó su mano en la muralla e inspiró profundamente, entonces él notó que algo malo pasaba, parecía que no podía respirar bien. ¿Crisis nerviosa otra vez? Comenzaba a joderle esa mierda. Se levantó y rodeó la mesa hasta llegar a su lado entonces vio que gotas de sudor corrían por el rostro de la chica, que estaba pálido y apenas respiraba.

Entonces se dio cuenta que todo era por culpa del vestido, sacó su varita y ella negó.

—No servirá de nada dañarme ahora. –murmuró Hermione con su voz extrañamente jadeante.

—Estúpida, solo quiero sacarte ese vestido.

— ¿No se supone que no andas tras las faldas de una chica? –preguntó ella ahogada, él rió y luego la agarró de su cabello empujando la capa hacia abajo, ésta cayó al suelo de forma sonora:- Riddle esto se considera violación.

—Me sorprende que ahogada y todo sigas con tu extraño sentido del humor –masculló él sin esconder su diversión, ella jadeó y se volvió a tambalear:- Granger no te desmayes…

Ella asintió y entonces, él jaló con fuerza una de las tiras, Hermione gimió adolorida haciendo que Tom se mordiera la lengua mientras su mente comenzaba a recrear la escena de otra forma. Una que terminaría de forma mucho más placentera. Mojó sus labios que repentinamente estaban secos y jaló la otra tira y esa si resultó ser la correcta porque se soltó y cayó al suelo.

Por lo tanto, Hermione Granger estaba frente a él con su espalda desnuda y abajo con unas pequeñas bragas negras. Como si fuera consciente de la situación ella se giró tapando con sus brazos sus pechos y mirándole con los ojos entornados.

—Uh, g-gracias, T-Tom. –susurró conmocionada, él clavó su mirada en sus pechos y alzó sus cejas, ella soltó un chillido y con rapidez se agachó y se cubrió con el vestido, sin darse cuenta de la mirada apreciativa que él le dio:- ¡Pervertido!

—Cada día que pasa me asombras más –admitió él en voz baja, antes de aclarar su garganta y sonreír con su típico encanto:- ¿Cenamos?

Ella mordió su labio inferior, con las mejillas tan rojas que Tom se preguntó si usaba uno de esos ridículos hechizos que usaba Walburga Black, pero rechazó de inmediato esa opción, Hermione Granger jamás se detendría para fijarse en esas cosas superficiales.

—Necesito ayuda con el vestido –murmuró ella sonrojándose aún más.

Tom apretó sus labios para no sonreír y decirle que podía usar magia, en cambio, él se acercó, apartó el cabello de la chica y con lentitud ató las tiras del corsé del vestido, asegurándose de que tuviese suficiente espacio para respirar.

Luego, la giró y se inclinó sobre ella, mirándole de forma pensativa. Hermione Granger realmente era un enigma para él, sus acciones estaban lejos de ser como el resto de los Sangres Puras que conocía, era muchísimo más inteligente que las personas que conocía y no se esforzaba en sobresalir por su aspecto, por otra parte, ella rompía con los esquemas de la época, tenía unos ideales bastantes fuertes y que por desgracia no eran muy parecidos a los de Tom. Totalmente contrarios, a decir verdad.

Él sabía que probablemente eso era lo que le gustara tanto de ella, apartó un rizo de su rostro y bajó su vista a los tentadores labios de la chica que estaban entreabiertos.

—Esto no está bien, Tom –susurró ella angustiada, él sonrió de lado y alzó sus cejas, Hermione mojó sus labios y Riddle se concentró en ese movimiento, pensando en lo bien que se sentiría sobre su polla, sus labios envolviéndole y su pequeña dulce lengua acariciándolo…:- N-no deberíamos.

—Pero queremos –siseó Tom de vuelta, silenciosamente asombrado por la necesidad que despertó en él:- ¿quieres Hermione?

—S-sí –admitió ella en voz baja, estremeciéndose al sentir las manos de Tom deslizarse hasta su trasero y empujarla más cerca:- No, espera. ¡R-Riddle…!

—Tom –masculló él antes de suavizar su rostro al ver el miedo que se había infiltrado en sus ojos. Ese día no quería que le temiera, quería continuar sintiendo su magia ajustarse con la suya, ver en sus ojos el profundo deseó que bailó por unos instantes en ella:- Llámame Tom, Hermione.

—Tom, déjame ir –suplicó ella, intentando apartar la mirada del chico, cerró sus ojos y gimió avergonzada por la necesidad que estaba creando en ella. Su cálido aliento le rozó los labios, recordándole lo cerca que estaban.

—Nunca te dejaré ir, Hermione. –murmuró Tom rozando perezosamente sus labios contra los suyos, haciéndole perder la concentración y el pánico que trajeron consigo esas palabras:- Eres mía.

La posesividad en la voz de él le hizo perder la respiración, luego, cuando abrió sus ojos y chocó con esos maravillosos pozos negro azulado y recordó quién diablos era una oleada de furia se expandió por su cuerpo. Tom Riddle no tenía idea con quien se estaba metiendo.

— ¡No soy de nadie, estúpido-!

Su brusca y posiblemente grosera negación fue abruptamente cortada por los labios del poderoso mago que cubrieron los suyos con una pasión incontenible, su lengua buscó su entrada y Hermione supo que jamás iba a volver a sentir un beso como los de Tom.

Gimiendo, Hermione arqueó su espalda dejando por primera vez en su vida que su cuerpo tomara el relevo de la situación.

Hogwarts, octubre de 1943

Minerva caminó hasta llegar a la enfermería donde se colocó con lentitud el traje de ayudante y partió a buscar a Madame Pomfrey, quien suspiró aliviada y palmeó su mejilla.

—Gracias al cielo que viniste hoy. –comentó ella con una sonrisa inquieta:- Hay un montón de gente. ¿Podrías hacer un par de chequeos a los últimos que llegaron?

—Por supuesto. –aceptó Minerva con una sonrisa tranquila, caminando hacia las ultimas camillas, lo primero que vio fue el oscuro cabello de un chico que parecía estar inconsciente, jadeó al reconocerlo. Alphard Black.

—No estoy tan guapo como normalmente, ¿eh? –preguntó él en un débil susurro, Minerva se sobresaltó ante el inesperado comentario, sus mejillas enrojecieron y ella se enderezó.

—A decir verdad, nunca me he fijado si eres guapo o no, Black.

—Oh por Salazar Slytherin si van a estar coqueteando tráiganme algo para vomitar.

Minerva parpadeó asombrada y miró por encima de su hombro para encontrar a un pálido y ojeroso Abraxas Malfoy. Alzó su ceja y él devolvió el movimiento con una forzada y cansada sonrisa ladeada.

—Cualquiera diría que estás celoso, Malfoy –murmuró Alphard gimiendo mientras Minerva lo instaba a sentarse:- Y a estas alturas no sé si es por Minerva o por mí.

—Cuidado, bastardo, que puedo golpearte de nuevo –amenazó Malfoy en un siseo peligroso.

—Ya basta, déjenme hacer mi trabajo en silencio. –masculló Minerva con brusquedad, ambos chicos se quedaron en silencio por un segundo, hasta que ella desabrochó con rapidez y maestría la camisa de Alphard.

—Joder, McGonagall y tan santa que te ves. –dijo Abraxas pareciendo mucho más atento, su cara estaba más tensa y su ceño se había fruncido profundamente:- ¿Tan desesperada estás que vas a violar a Black?

Minerva inspiró profundamente y abrió su boca para contestarle a Abraxas que se callara de una maldita vez, sin embargo, Alphard soltó un angustiado gemido y cayó sobre su hombro desmayado.

Ella lo recostó con rapidez y tocó su frente, su temperatura estaba muy alta, retrocedió y llamó a Madame Pomfrey quien se acercó casi corriendo.

—Se desmayó.

—Dios, Abraxas Malfoy si algo le llega a pasar al señor Black será su culpa.

— ¿Mi culpa? –preguntó él alzando sus cejas y gimiendo adolorido, Minerva le miró sorprendida y luego confundida clavó sus ojos en Madame Pomfrey quien mandaba hechizo y daba pociones a Alphard quien comenzaba a verse menos golpeado.

—Usted fue quien le golpeo. Estoy harta de sus peleas. –dijo ella exaltada:- Voy a informarle al director.

Abraxas bufó y luego se giró y se cubrió ignorándoles. Minerva miró a Madame Pomfrey que curaba con maestría las heridas de Alphard, luego abrió su boca y le dio de beber una poción.

Instantáneamente los ojos del chico se abrieron, clavándose en los de Minerva, antes de sonreír encantadoramente y volver a recostarse. Minerva sintió que sus mejillas enrojecían y retrocedió con torpeza.

—Revisa al señor Malfoy, Minerva, yo iré a ver si ese niño de primero dejó de quejarse.

Minerva inspiró profundamente y caminó hacia la camilla de Abraxas, dejó escapar una exclamación de asombro cuando él cerró con brusquedad las cortinas.

—Cualquiera diría que me tienes miedo, McGonagall.

—Púdrete, Malfoy. Abre. Las. Malditas. Cortinas.

—No. –dijo él de forma rotunda:- Cortinas cerradas. Si vas a revisarme solo me miraras tú.

Ella se sonrojó ante esa declaración y en silencio, ignorando los lascivos comentarios que él soltaba lo ayudó con sus heridas dándole de beber pociones y enviando hechizos de curación.

Minerva jamás olvidaría que cuando terminó de sanarlo Abraxas Malfoy le dio el beso más maravilloso que alguna vez recibiría, antes de colocarse la camisa e irse sin mirar atrás.

Se acurrucó en la camilla inhalando el olor del chico y lloró amargamente, inclusive cuando sintió los brazos de alguien envolverla y abrir sus ojos para encontrarse con unos grises. Sin embargo, no eran los grises fríos que ella amaba, estos eran cálidos y sinceros. Este era Alphard, no Abraxas.

— ¿Estás bien, McGonagall? –preguntó Black sinceramente preocupado:- ¿Abraxas te hizo algo?

Ella lloró silenciosamente hasta quedarse dormida, perdiéndose la mirada de resignación de Alphard Black.


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