Medio año. Maldito tiempo, te escurres como agua entre mis manos. –suspira- Bien, sé que mucho de ustedes quieren asesinarme (prometo entregarme voluntariamente cuando termine esta historia) y que muchos otros han dejado de leer o han perdido la esperanza que siga actualizando, pero… mi vida ha cambiado. Mucho. Partiendo porque el sueño de toda mi vida fue postergado por tiempo indefinido, siempre creí que apenas saliera del colegio iba a entrar derechito a estudiar literatura en la universidad y lamentablemente, eso no fue posible. Por cuestiones económicas y por dos malditos puntos que me faltaron para la universidad que yo quería… Acortándoles el rollo de mi tristeza infinita (y luego resignación), entré a estudiar gastronomía internacional (bitch, please, no sabía ni hacer un huevo frito y ahora soy toda una experta en cocinar) y me he dedicado cien por ciento a eso. El poco tiempo que me queda libre, he luchado con esta historia, debo admitir que amo infinitamente Errores del pasado (a pesar que ha sido muy diferente a lo que había planeado), porque he crecido con ella (pueden notarlo si vuelven a los primeros capítulos), me he esforzado tanto que de algún modo me auto bloquee y sentía que nada era suficiente para seguirla. Incluso, por oscuros momentos, pensé en abandonarla. Pero entonces, bum, de un día para otro *tos* el martes *tos* nació en mi un brote de inspiración salido de quien sabe dónde y borré todo lo que tenía y me puse a escribirlo de nuevo, en cuestión de horas este capítulo y el siguiente estuvieron casi terminado.
Merecen una explicación por mi enorme, enorme tardanza y espero que lo que acabo de explicarles sea comprensible. Y si no lo es… ¡CRUCIO! Ejem, gracias por su comprensión y espero que este capítulo sea de su agrado.
Gracias por los review
Capítulo 17:
1998
Lord Voldemort disfrutó el violento sentimiento de placer que se expandió por su cuerpo cuando vio que la mano de Hermione sufría un pequeño espasmo, gruñó, al darse cuenta que sus piernas no iban a cooperar. No sería capaz de levantarse y caminar hacia ella.
Estaba exhausto. Completamente débil. Reducido a una masa de músculos temblorosos. Jamás había sentido un dolor tan desgarrador. Y eso que su tarea aún no comenzaba a dar resultados.
El gran Tom Riddle estaba fallando.
Por segunda vez en su existencia estaba errando. Nagini se deslizó por el suelo hacia él, apoyando su cabeza contra su hombro en una inusual muestra de afecto, podía oír su lamento, su bajo siseo, sin embargo, no era capaz de comprender lo que decía.
¡Ni siquiera podía entender pársel!
Nunca había estado tan débil. Nunca. Alguien fácilmente podría acabar con su vida en esos momentos y él ni siquiera podría murmurar unas últimas palabras. Nagini deslizó su lengua por su brazo antes de salir disparada hacia la cama donde yacía Hermione.
Hermione Granger, su fiera, inteligente y hermosa novia. La única mujer en su vida. La chica que yacía en un aparente coma por su culpa, parecía que por fin comenzaba a reaccionar, al menos su mano de vez en cuando tenía pequeños espasmos, eso era lo único que le indicaba que estaba haciendo al menos algo bien ¿no? Una de las esquinas de sus labios se alzó de forma involuntaria. Se sentiría bien tenerla cerca de nuevo. Entre sus brazos, oír sus comentarios sabelotodo y ver esa mirada letal que le enviaba cuando creía que estaba haciendo algo incorrecto. Extrañaba debatir con ella, su aroma… Joder la echaba muchísimo de menos y ya.
Dejando de lado su orgullo, se acurrucó en forma fetal y gritó con agonía. Todo hubiese sido más fácil si Hermione estuviese a su lado, ella con su cálida sonrisa y con su amables sentimientos lo empujaría en la dirección correcta. Si solo fuese capaz de ver sus relucientes ojos sacaría fuerzas de-quien-sabe-donde, y quizás los remordimientos por fin saldrían a la superficie.
Pero él era el culpable de todo este caos. Y estaba solo en sus manos arreglar las cosas. Tom gruñó mientras se arrastraba por el suelo, odiando la debilidad en la que se encontraba y soltando un grito de dolor se aferró a la copa de Helena Hufflepuff.
Era hora de seguir intentándolo.
1943
—Granger, despierta. Te tengo una sorpresa. –murmuró Tom deslizando uno de sus largos dedos por la espalda desnuda de Hermione quien gimoteó y le gruñó que necesitaba descansar.- Oh, vamos, Granger, no seas floja. Levántate.
—Merlín, Riddle, ¿alguna vez duermes? –preguntó Hermione bostezando, sin molestarse en moverse.
—Duermo lo suficiente. –puntualizó él sonando un tanto distraído, luego, estrechó sus ojos y apartó los bucles que se habían colado en su rostro para mirarla bien:- ¿Supongo que sabes cuánto desperdicias de tu vida durmiendo?
Hermione suspiró, sabiendo perfectamente que Tom no la dejaría volver a dormir, cansada, se envolvió con la sabana y se movió con rapidez al baño, sin embargo, fue detenida por los brazos del mago.
— ¿A dónde vas? -cuestionó mirándole con aburrimiento.
—Debo bañarme, Tom. –recordó Hermione soltando un chillido sorprendido al sentir que él la alzaba sin mucho esfuerzo y la colocaba sobre su hombro:- ¡Merlín, Riddle! ¡Bájame! ¡¿Acaso eres un troglodita?! ¡Exijo que me bajes!
—Cierra la boca, Granger. –advirtió Tom dándole una fuerte nalgada y girando sobre sus talones, dirigiéndose hacia la puerta. Hermione tensó su cuerpo, indignada, y se dedicó a golpear la espalda del chico.
— ¡¿Qué estás haciendo?!
—Te lo dije: tengo una sorpresa para ti. –señaló Tom con calma, abriendo la puerta de la sala común y saliendo al frío pasillo.
—T-Tom… ¡Tom, escúchame! ¡Estamos en un pasillo! –chilló nerviosa luego, al notar que él no detenía sus pasos soltó un jadeo sorprendido, bajando su voz:- ¡Y estoy desnuda! Merlín, Tom, nos verán.
—Con el ruido que haces, no me sorprendería que lo hicieran, Hermione. –comentó él y por su tono ella supo que estaba increíblemente divertido, bufando, se cruzó de brazos y rogó a todos los dioses existentes que nadie los viera vagando por los pasillos en ese estado de desnudez.
— ¡Si me expulsan por tu culpa voy a asesinarte lenta y cruelmente! –gruñó Hermione enfurecida. Él rió oscuramente y aun así no detuvo sus pasos.
En el fondo, muy en el fondo, ambos sabían que se sentía intrigada por la 'sorpresa' de Tom.
-X-
Para ser sincera ella ya no sabía que esperar de Tom Riddle, pero definitivamente, no había esperado esto. Hasta ayer la Cámara de los secretos había sido un completo asco, el polvo había rodeado cada pedacito de la misteriosa cueva y los ratones, bichos y extraños animales mágicos se habían deslizado por el ahí como si les perteneciera, ahora, estaba impecable. No había ni una mota de suciedad, el suelo parecía estar hecho de un material similar al mármol... ¡Inclusive olía bien!
¿Qué…? ¿Qué estaba pasando…?
Hermione sintió que sus manos temblaban cuando él la sostuvo con suavidad, arrodillado, mirándola fijamente. Oh Merlín- No, no estaba sucediendo.
—…R-Riddle… -murmuró con voz temblorosa, sin poder dar crédito a lo que estaba sucediendo.
—Hermione Granger…-empezó él con suavidad, dando una pequeña pausa para inspirar profundamente y continuar:- ¿Aceptarías usar ese anillo simbolizando nuestra próxima unión marital?
—Y-Yo… -la voz de Hermione apenas era audible, de hecho, no estaba segura de haberlo dicho, ella se quedó mirando idiotizada el anillo. Era hermoso. Delicado y elegante, suave y femenino. La argolla estaba compuesta de oro blanco, un pequeño rubí descansaba en la fina base plateada en forma de rosa, un hilo de diamantes enviaban destellos que amenazaban con cegarla.
— ¿Y bien, Granger? Me estoy volviendo viejo.
Ella se sonrojó por la brusca interrupción de sus pensamientos, desvió la mirada hacia Tom, podía sentir la incomodidad que él sentía, las oleadas de nerviosismo que escondía con poco esfuerzo y no pudo evitar soltar una risita demente. ¡El señor Oscuro le estaba proponiendo formalmente llevar su alianza de matrimonio, inclusive después de haberle entregado su virginidad! Dios. Este mundo estaba loco. Ella soltó otra risita demente y se lanzó a sus brazos repartiendo besos por todo su rostro.
— ¡Claro que quiero, Tom! El anillo es hermoso. –exclamó ella abrazándolo con fuerza, sintiendo un agradable zumbido en su cabeza producido por la euforia del momento, sin embargo un repentino malestar se instaló en su estómago y se apartó mirándole con los ojos entrecerrados:- ¿De dónde sacaste dinero? ¡Realmente se ve muy, muy costoso! ¡N-no puedo aceptar algo tan-!
Él calló su frenético balbuceo con un beso. Un beso que hizo que todas sus dudas salieran volando por la ventana más cercana. Tom aprovechó el momento para deslizar el anillo en su dedo anular derecho y Hermione asumió que el violento estremecimiento que la azotó fue por los mordiscos que el chico repartía por su cuello.
Pronto comprendería que no era exactamente por eso.
—X—
Hermione se sentó en una de las apartadas mesas de la biblioteca con una tonta sonrisa adornando sus labios. Todavía no era capaz de creer que Tom le hubiese dado un anillo. Se iban a casar. Ella se iba a casar con Tom Riddle. Sabía que el hombre era un mago oscuro pero… demonios, en ese momento, no le podía importar menos. Se sentía increíble. Por fin sentía que alguien le comprendía completamente.
Alzó la mirada al oír un nervioso carraspeo, un chico alto y robusto le miraba con una pizca de pánico, ella parpadeó lentamente, él se le hacía increíblemente conocido. Buscó frenéticamente en su mente de quien podía tratarse, pero no fue capaz de recordar. Poco a poco el futuro comenzaba a volverse borroso en su mente, se estremeció ante ese pensamiento, ella no podía olvidar. No a sus amigos. A sus seres queridos.
— ¿Sí? –preguntó de forma amable, aclarando su garganta y entrando a su papel de representante del Premio Anual:- ¿En qué puedo ayudarte?
—S-Señorita Granger… uhm…-él cambió de peso de un pie a otro, balbuceando cosas incoherentes, antes de suspirar y aclarar su garganta:- ¿puedo sentarme?
—Por supuesto. –respondió Hermione dándole una sonrisa que esperaba lo tranquilizara, él se sentó sin mucho garbo, vio como tronaba sus dedos y abría y cerraba su boca varias veces como si no supiera que decir.- ¿Estás bien?
— ¡S-Sí! –chilló con nerviosismo y luego bajó su voz con sus mejillas enrojecidas al oír el reclamo de Madame Pince.- Lo siento, soy un desastre, señorita Granger.
—Tranquilo, solo dime en qué puedo ayudarte –dijo Hermione enternecida por el chico, le recordaba mucho a Neville. ¿Y si era un pariente? No. No. Él era alguien que ya conocía. ¿Pero quién? Podía ser…
—Necesito ayuda con una materia. –murmuró avergonzado, luego se apresuró a agregar:- Sé que eres una de las personas más inteligentes de tu curso y que tu cargo como premio anual suplente ocupa mucho de tu tiempo pero no sé a quién más acudir.
—Tranquilo, me las arreglaré, solo dime por favor que no se trata de adivinanzas. –dijo Hermione con tono bromista, él le miró confuso pero rápidamente negó... Se parecía mucho a…
—No. Es transformaciones. Simplemente no se me da. –admitió él con los hombros hundidos. Él era…
—Está bien. Encontrémonos mañana aquí, ¿te parece después de almuerzo? Tengo una hora libre. –al ver que él asentía rápidamente agregó:- Okay, entonces tráeme un informe de lo que están pasando y lo que te cuesta, vamos a reforzarlo.
— ¡Muchas gracias señorita Granger! –exclamó el chico levantándose de un salto y dándole un efusivo abrazo:- ¡Gracias!
—De nada… -dijo Hermione con calma y luego, aclaró su garganta:- ¿Cuál es tu nombre?
—Oh que tonto –murmuró él en voz baja, dándole una mirada avergonzada, Hermione soltó una risita nerviosa mientras él tendía su mano:- Soy Hagrid, señorita Granger, Rubeus Hagrid.
Sí. Se trataba de Hagrid. ¡Era Hagrid! Hermione tuvo ganas de llorar, ahí estaba el amable medio gigante que los había cuidado como hijos varias décadas más adelante, un amigo incondicional, sus ojos se llenaron de lágrimas y agradeció que un grupo de chicos se acercaran a buscar al Rubeus adolescente porque si hubiese estado un segundo más a solas se terminaría lanzando a sus brazos, llorando. Una mano voló a su boca, obligándose a tragarse los sollozos, ¡Merlín! ¡Jamás había llorado tanto en su vida como en este último tiempo!
Soltó un suspiro tembloroso cuando una mano se posó en su hombro, Tom se inclinó, permitiendo que su aliento impactara contra su oreja, causando un estremecimiento de placer recorrerla de pies a cabeza. ¡Malditas hormonas! ¿Cómo podía estar a punto de llorar y pasar bruscamente a ese estado de combustión?
— ¿Qué hacía Hagrid contigo, Hermione? –preguntó Tom con voz sedosa. Hermione tensó su espalda, Merlín, era una bendición poder sentir sus verdaderas intenciones, podía sentir las oleadas de celos y furia que salían del chico.
—Quedábamos para estudiar. –anunció Hermione alzando su nariz y levantándose a dejar unos libros en el estante:- Pero no era necesario que te lo dijera porque estabas escuchando, ¿verdad Tom?
—Te estás volviendo muy confianzuda conmigo, Granger. –susurró él mientras la obligaba a mirarlo fijamente, Hermione agradeció estar en un rincón aislado de la biblioteca, aunque hubiese sido genial que todos pudiesen ver esta verdadera faceta de Tom Riddle:- Quizás tenga que recordarte que me tienes que respetar.
—Quizás tengas que ganarte mi respeto, Riddle –gruñó Hermione luchando por zafarse de su agarre, sin embargo, terminó causándose más daño. Sus malditos dedos iban a dejar feos moretones en su rostro. Lo fulminó con la mirada y él le sonrió ampliamente, clavándole su varita en las costillas. Algo debía ir mal en su cabeza. No podía encontrar sexy esta faceta oscura de Tom.
—Quizás ya me lo he ganado y ni siquiera te has dado cuenta. –susurró antes de inclinarse y rozar sus labios contra los de ella, Hermione soltó un suspiro tembloroso y luchó con menos convicción para separarse.
—T-Tom, tenemos que hablar –reclamó Hermione en voz tan baja que él apenas la oyó, su lengua se deslizó por su suave y regordete labio inferior creando un escalofrío en el cuerpo de la chica.- Tom Riddle, no puedes resolver todo con sexo.
—Cariño, ni siquiera estaba pensando en sexo –ronroneó Tom dándole una mirada perpleja, Hermione gruñó sonrojándose bruscamente y él soltó un resoplido divertido:- Y no quiero resolver todo con sexo, Granger, solo nuestros problemas.
Ella abrió su boca, preparada para soltar un discurso contra ese estúpido pensamiento, sin embargo, fueron interrumpidos por un suave carraspeo, Hermione apartó su mirada de los ojos oscuros de Tom para posarlos en los azules de Luna que parecían cargados de diversión.
— ¡L-Luna! –chilló nerviosa, ganándose una mirada punzante de Madame Pince, la rubia sonrió distraída mientras le daba un cálido beso en la mejilla.
—Buenos días, Hermione, Riddle. –saludó Luna con su habitual voz suave y dulce:- ¿Han tomado desayuno?
—Todavía no. Quería ponerme al día con unas clases en las que me había atrasado –admitió Hermione sonando profundamente avergonzada, Tom frunció su ceño enviándole una feroz mirada a la rubia que jugaba con sus aros de forma distraída.-
—Genial. Vamos a desayunar juntos –propuso la rubia con entusiasmo. Hermione asintió rápidamente y Tom hizo una mueca de molestia:- ¿Viene señor Riddle?
—Por supuesto, señorita Malfoy, sería un honor comer con dos bellas damas.
Hermione le dio una amplia sonrisa, sabiendo a la perfección que todo ese encanto era pura frustración, permitió que Luna la arrastrara al Gran comedor con Tom pisándole los talones. Las chicas conversaron animadas sobre cosas superficiales y sin darse cuenta se dirigieron a la mesa de los leones, Tom hizo una mueca mientras las veía sentarse y apretando los puños de forma disimulada se sentó al lado de la castaña.
— ¿Cuál es tu clase favorita, Tom? –preguntó Luna ladeando la cabeza.
—DCAO –respondieron Hermione y Tom a coro, ella sonando burlesca y él aburrido. Se miraron con las cejas en alto y Luna soltó una risita.
—La de Hermione era adivinanzas. –bromeó Luna de forma casual.
— ¡Merlín, Luna! –chilló Hermione tosiendo de forma frenética, la rubia les dio unas tranquilas palmaditas y sonrió tranquilamente, Tom sabía que había sido una broma por lo que vio en sus recuerdos simplemente aborrecía esa clase. Era una lástima. Tom creía bastante en las profecías y en los augurios.- No digas tonterías.
— ¿Tonterías? –preguntó Tom alzando una ceja, tratando de mantener la diversión a flote, mientras miraba el descompuesto rostro de Hermione quien le dio una mirada desconfiada:- La clase de adivinanzas es muy interesante.
Antes que la castaña pudiese rebatir su opinión, una enorme águila sobrevoló el gran comedor, arrancando murmullos entre los estudiantes ya que aquel día usualmente no había correo, Hermione se volvió a ahogar cuando la elegante ave se posó en su hombro estirando una carta que había entre sus patas de manera solemne.
—Muchas gracias –murmuró Hermione dándole un par de galletas al ave que las picoteó indiferente antes de marcharse con un aleteo suave. Abrió la carta con suavidad y parpadeó sorprendida al ver el remitente.
¿Para qué la quería Dumbledore?
Hizo una mueca y un mal presentimiento se instaló en su estómago, inconscientemente le envió una mirada de pánico a Tom quien acarició su muñeca en un gesto consolador, pero sus ojos estaban fríos y tenían un aire asesino que la colocó aún más nerviosa.
—Riddle, creo que tus amigos no están muy felices por verte en nuestra mesa –anunció Minerva con sequedad mientras se sentaba frente a Hermione:- Buenos días.
—Buenos días. Soy Luna Malfoy –se presentó Luna con su habitual sonrisa. Minerva entornó sus ojos y le miró con la mandíbula floja.- Tú debes ser Minerva McGonagall, me han hablado mucho de ti…
—Y-yo… olvidé un trabajo –susurró Minerva poniéndose de pie, tambaleante, agarró su mochila y salió a toda prisa del Gran Comedor con los ojos llenos de lágrimas. Hermione se levantó de un salto.
—Uhm, lo siento. Creo que ella me necesita. ¿Nos vemos más tarde? –preguntó preocupada, Tom asintió rígidamente y Luna ondeó su mano a modo de despedida. Hermione corrió detrás de su amiga, olvidando rápidamente sus problemas.
-X-
Minerva salió del castillo con pasos rápidos y seguros, se sentó en el pasto, enviando un rápido hechizo para no sentir frío, abrazó sus rodillas mientras clavaba sus ojos en la superficie del lago oscuro. Soltó un suspiro cansado cuando Hermione se sentó a su lado. Ambas se mantuvieron en silencio, simplemente disfrutando de la presencia de la otra.
—Para ser una Malfoy se ve muy simpática. –comentó Minerva en voz baja, Hermione asintió con su cuerpo tenso, ella suspiró y jugó con la hierba.- Está bien, Granger, relájate. Es normal que hables con su hermana, después de todo es tu prometido.
—Luna no… -la oración de Hermione fue interrumpida bruscamente, ¡estuvo a punto de decirle que Luna no era la hermana de Abraxas! tragó en seco y le miró asustada. Minerva, por suerte estaba demasiado deprimida para darse cuenta del enorme desliz de su amiga:- Ella no quiere que me case con Abraxas.
—Ya veo. –murmuró Minerva asintiendo con un deje de desconfianza. Ambas se hundieron en un largo silencio, tan sumidas en sus propios mundos que ni siquiera se percataron de la presencia de una tercera persona que se acercaba con rapidez hacia ellas.
— ¿Escucharon la nueva noticia? –preguntó Alphard sentándose al lado de Minerva, enviándole radiantes sonrisa a las chicas, pasando por alto la tensión y la tristeza que había en el aire.
—No –respondieron ellas a coro.
—Hay una salida a Hosmedage. –anunció el chico Black con una sonrisa amistosa en sus labios, Hermione puso sus ojos en blanco¸ Minerva le fulminó con la mirada así que él se apresuró a agregar:- Mañana.
— ¿Qué? ¡Pero si mañana es miércoles! –chilló Hermione horrorizada.
—Es por el baile, Hermione. –recordó Minerva jugando con una ramita. Hermione entornó sus ojos y jadeó sorprendida.
— ¡Por Circe, Merlín y Morgana! –exclamó Hermione levantándose de un salto:- ¡Se me había olvidado por completo el baile! No he organizado nada y Tom- ¡Tom tampoco lo ha mencionado! ¡Seguro también se le olvidó! Dios, dios-
—Está bien, cálmate, Hermione. –dijo Minerva apoyando una mano sobre el hombro de la chica:- Nosotros podemos ayudarte, ¿verdad Alphard?
Él la miró, alucinado, pero luego asintió rápidamente, como un cachorro. Hermione abrazó a ambos con fuerzas.
—Gracias. Son los mejores. –declaró Hermione sonriendo ampliamente, sosteniendo sus manos, Alphard ladeó su cabeza y su mirada lentamente se fue enfriando.
— ¿Riddle te dio ese anillo? –preguntó zafándose con lentitud de su agarre. Minerva miró su mano y jadeó.
— ¡Hermione! ¡No me lo habías dicho!
—Es- han pasado tantas cosas- Me lo propuso esta mañana, pero se siente como si hubiese pasado un año. –respondió Hermione con suavidad, permitiendo que Minerva alzara su mano y mirara el anillo desde distintos ángulos. Alphard agarró la mano de McGonagall y la alejó con rapidez.
— ¿Qué pasa contigo, Black? Estás actuando muy extraño. –reclamó Minerva con el ceño fruncido, Hermione asintió de acuerdo y Alphard suspiró frotando su rostro.
—No me gusta para nada Riddle, Hermione. –espetó él con brusquedad:- Tú eres una chica buena. Él es un…
—Un completo bastardo, sociópata, y un hijo de puta. –completó Hermione encuadrando sus hombros y mirándole de forma desafiante:- Lo sé. Lo conozco bien, sé cuáles son sus defectos y sus virtudes, no hay necesidad de que me los eches en cara, Alphard. A pesar de todo lo malo… aun así lo quiero. Lo quiero mucho. A pesar que este mal… no puedo controlar lo que siento por él…
—Oh, Hermione… -se lamentó Minerva abrazándola y enviándole una mirada incomoda a Alphard.- Está bien, uno no escoge a quien amar. Sabes que sospecho de Riddle, no creo que sea una buena persona, pero debo admitir que desde que llegaste él ha estado actuando mucho más humano. Si esta es tu decisión, Hermione, yo te apoyo.
Las rodillas de Hermione perdieron fuerzas y Minerva soltó un sonido ahogado cuando terminaron cayendo de rodillas al suelo. La castaña se aferró a ella, sollozando y gritando que la disculparan. Que necesitaba que Ronald y Harry la disculparan.
Alphard todo el tiempo mantuvo sus ojos pegados al anillo que enviaba destellos negros. Él no apoyaba su decisión. Hermione Granger estaba bajo peligro. Si no se equivocaba esa argolla poseía magia muy oscura y Riddle sin dudas era el que la había puesto ahí. ¿Qué clase de retorcido amor era ese?
A pesar de saber todo eso, se acercó y dio palmaditas en la espalda de Hermione, sabiendo a la perfección que si estuviese en la posición de la chica y Minerva fuese una especie de malvada psicótica bruja… Buscaría la forma de arreglar las cosas. Joder. El amor cegaba demasiado.
Avery botó el cigarrillo que estaba fumando y lo pisó con suavidad. A Tom no le iba a gustar nada el nuevo informe que tenía para él. De hecho, Humphrey todavía no comprendía muy bien porqué permitía que Hermione fuese amiga de McGonagall y Black, pero ese no era su problema, así que prefería mantener la boca bien cerrada y sus pensamientos bien alejados del tema. Caminó por los pasillos con las manos hundidas en los bolsillos, mirando de forma asesina a las personas que trataban de pararlo para preguntar alguna estupidez, vio a Luna saliendo del Gran Comedor con pasos saltarines, siendo seguida de cerca por Evan y le miró ceñudo, era demasiado fácil de rastrear. Luna era inteligente, demasiado, así que ¿por qué diablos no les decía nada? Quizás a ella le gustaba estar siendo perseguida… Pero, no. No era eso. Más bien era como si les dejara seguirla. Como si supiese exactamente que la habían mandado a rastrear.
Maldijo en voz baja cuando se encontró detrás de los pasos de los dos. Debería ir a hablar con Tom pero en cambio se dedicaba a acosar a Luna Malfoy (quien tal vez ni siquiera se llamaba así)… Chasqueó su lengua, su curiosidad no era muy buena en estos casos. Si el mago oscuro se enteraba de esta pequeña adicción que estaba construyéndose en su interior seguramente la usaría a su favor y adiós rubia extraña.
— ¡Oye, Malfoy! –gritó Evan tratando de alcanzar a la chica que giró sobre sus talones y le enfrentó con una sonrisa suave que causó algo extraño en su estómago.- ¿Hasta cuándo te vas a quedar?
—Aun no lo sé. El director Dippet fue muy amable permitiéndome quedarme todo el tiempo que quisiera. –respondió Luna con calma, sus ojos azules se deslizaron a su cabeza y parpadeó varias veces:- ¿Sabes que tu cabeza está llena de torposolos?
— ¿Torpo-qué?
—Torposolos. Son criaturas diminutas que confunden tu cerebro. –respondió Luna con rapidez, Evan frunció su ceño y Avery desde su posición alzó sus cejas, si llegaba a haber alguna criatura que confundiera a ese diminuto cerebro que tenía Rosier no era precisamente un torposolos.
—Lo que sea. –murmuró Evan colocando sus ojos en blanco por la extrañeza que había dicho la chica y continuó:- Ya que vas a quedarte… ¿Quieres ir al baile conmigo?
—Oh, eso sería genial. Ir con un amigo a un baile siempre es divertido. –comentó Luna asintiendo y ladeando su cabeza:- ¿También vendrá Avery, verdad? Genial. ¡Estaré esperando que llegue el baile!
Antes de que cualquiera de los dos reaccionara, Luna se alejó con sus pasos saltarines más rápidos de lo normal, Evan maldijo sonoramente y pisoteó en dirección contraria, Humphrey Avery se recostó en la muralla y soltó una carcajada divertida. Sin dudas la rubia era muy especial.
Chasqueó su lengua y borró todo pensamiento de Luna Malfoy.
Era hora de ir a hablar con su señor.
—X—
Draco cerró el libro con brusquedad y le dio un puñetazo al estante, no encontraba nada que le pudiese ayudar. No había ni una puta pizca de información que le guiara. No había ninguna mención de viajes en el tiempo tan extensos que fuesen comprobados, por ende, no se sabía de consecuencias. Pero sin dudas no eran buenas. Posiblemente, cuando llegara a la otra época el viajero moriría.
Y él quería a Hermione viva. No servía de nada volver a su tiempo con las manos vacías, pero estaba desesperado, tenía que regresar lo más rápido posible y se llevaría a Granger con él, le gustara o no.
— ¿Señor Malfoy? Qué extraño verlo aquí. –el comentario tomó desprevenido al rubio que se giró con expresión asesina hacia la persona que se atrevió a hablarle, dio un paso atrás de forma inconsciente al ver a Albus Dumbledore. El hombre andaba mirándolo como un ave rapaz desde que había llegado, ¿quizás no confiaba en Abraxas? Mm, no, Draco temía que tenía que ver con él. Definitivamente el hombre había notado que no era Abraxas. ¿Tal vez sospechaba de él?
Sí. Ese brillo que lo había seguido en su sexto año seguía en los ojos del mago. Enderezó lentamente su espalda y miró al profesor con una incómoda sonrisa. Por lo que sabía su abuelo a diferencia de él había sido un hombre risueño y con un gran sentido del humor. Hijo de perra. Debería haber sido más parecido a él y así no hubiesen levantado tantas dudas sobre su comportamiento.
—Profesor Dumbledore. –saludó con calma, regresando el libro al estante y se giró a verlo:- Estoy terminando un trabajo de Historia de la magia.
—Interesante. –comentó él con su habitual sonrisa:- No sabía que pasarían los viajes en el tiempo, señor Malfoy.
—Es un trabajo para que me den más créditos. Mis notas no han sido las mejores. –espetó con rapidez Draco, tratando de no perder los estribos, Albus Dumbledore asintió y le tendió un dulce.
—Son sus favoritos.
—Gracias. –dijo Draco y se obligó a tragárselo ante la atenta mirada de Dumbledore. El maestro asintió alegre y se disculpó antes de ir a hablar con un grupo de Gryffindor.
Maldito hombre, pensó Draco antes de salir a toda prisa de la biblioteca, sintiendo la atenta mirada del profesor en él. De ahora en adelante debía tener más cuidado.
1998
Abraxas bostezó y fulminó con la mirada al elfo que los había despertado, Alphard se cubrió la cabeza con una almohada y Minerva se cubrió rápidamente con la sabana, sentada, alerta. Le gustaba eso de ella. Siempre estaba preparada para cualquier situación.
—Espero que sea importante, elfo, o colgaré tu cabeza en el salón principal –gruñó el rubio con frialdad, pasando por alto la mirada horrorizada de Minerva y el bufido de Black. ¿Qué hacía ahí? Él le había dejado claro que no lo quería en su cama pero el maldito se las arreglaba para deslizarse furtivamente y despertar abrazado de McGonagall.
—F-Fez viene a avisarle que tienen visitas, S-Señor. ¡Fez fue mandado por la señora a buscar a la nueva ama! ¡Fez es un buen elfo, señor! –el chillido histérico del elfo fue pasado por alto, Abraxas frunció su ceño y miró con desconfianza al elfo. ¿Una visita? Él había puesto los hechizos protectores más seguros en aquella casa, la única persona que podía irrumpir en la mansión era Riddle. Pero seguramente el mago oscuro no estaría esperándoles. Además, era una mujer. ¿Qué mujer buscaba a Minerva?
—La señora Granger. –susurró Minerva levantándose de un salto, moviendo su varita y quedando vestida en un dos por tres, Alphard gruñó y se levantó rápidamente, colocándose unos pantalones y moviéndose hacia la puerta. Abraxas maldijo y se apresuró para alcanzarlos.
La mujer estaba en medio del cuadro de Hogwarts moviendo su pie con impaciencia, mirando a la nada murmuró: 'El pasado y el presente por fin se están fusionando' y luego se giró hacia ellos con los ojos cargados de pesar.
—Tom necesita de su ayuda. –indicó ella con impaciencia.
— ¿Tom Riddle? –preguntó Alphard con una ceja en alto, incrédulo, Minerva le miró con una mueca de molestia y Abraxas suspiró recargándose en la pared.- ¿El gran y oscuro Tom Riddle necesita de nuestra ayuda?
—Ni se te ocurra sacar tu lado sensible, McGonagall, si ponemos un pie en donde sea que esté R-Riddle estamos muertos –espetó Abraxas con el ceño fruncido, sintiéndose asqueado de sí mismo por el notable tartamudeo al decir el nombre del mago.
—Minerva, esto es serio. –espetó la señora Granger moviéndose en el cuadro de un lado a otro, viéndose descompuesta:- Si Hermione no regresa pronto, el tiempo se descontrolará y las consecuencias serán fatales. El mundo que conocemos cambiará por completo. Y no habrá forma alguno de arreglarlo.
—Mire, señora, vaya a buscar a otras per-
—Voy –interrumpió Minerva, dándole una mirada de disculpa a Alphard antes de clavar sus ojos en los de la mujer del cuadro:- Voy a ir. Pero quiero que alguien me acompañe.
—Yo-
—No, ustedes no. –ordenó Minerva apretando sus labios y mirándoles con pesar, Abraxas tensó su espalda y Alphard dio un paso adelante, pero ella les sorprendió alzando su varita. Joder. ¿Cómo no se lo había esperado? Jamás debería haberle entregado la maldita varita. Black le dio una mirada punzante y él gruñó furioso:- Lo siento, pero si ustedes van conmigo no progresaremos en absoluto.
—Minerva, baja tu varita y hablemos… -murmuró Alphard con suavidad, tratando de calmar la situación.
— ¡No tenemos tiempo para esto! –rugió la señora Granger, sin embargo no la escucharon, Abraxas se movió rápidamente alzando su propia varita.
—McGonagall, ni se te ocurra. –gruñó el rubio.
—Soy más rápida que tú. –advirtió Minerva.
—No me dolerá enviarte un hechizo oscuro –gruñó Abraxas desesperado, Minerva sonrió y bajó su varita, depositando un beso en su mejilla que lo tomó por sorpresa, maldijo cuando ella susurró 'lo siento' y entonces envió un rápido Petrificus Totalum y se giró hacia Alphard que alzó las manos, pero le miró enfadado.
—Sé que no están de acuerdo con mi decisión, chicos, pero si no hacemos algo acabaremos todos muertos y hemos luchado suficiente para que eso no suceda. –murmuró ella con suavidad, Alphard apretó sus puños y la fulminó con la mirada.
—Cuídate. Y apresúrate en volver.
—Lo haré. –prometió Minerva dándole una larga mirada a ambos, luego se giró hacia el cuadro:- Iré, pero llevaré conmigo a Narcissa Malfoy.
La señora Granger estrechó sus ojos de forma pensativa, luego asintió, visiblemente en desacuerdo.
— ¿Dónde tengo que ir?
—Ve a buscar a Narcissa. Las encontraré ahí y las llevaré con Tom. –espetó la señora Granger antes de salir de su rango de visión. Minerva mordió su lengua para no contestarle groseramente a la mujer mayor, se giró hacia Alphard y besó su mejilla, incomoda por la tensión que él proyectaba.
—Prometo volver bien.
—Más te vale o él jamás te lo perdonará. Y yo no tendré donde vivir. –dijo Alphard con rigidez, cabeceando hacia Abraxas que hechizado y todo emitía oleadas de enojo. Minerva le dio un firme abrazo antes de acercarse hacia el rubio y besar su mejilla.
—Perdóname, Abraxas.–murmuró contra su piel helada, sabiendo que él la escuchaba:- Volveré y entonces por fin podremos comenzar una vida juntos.
Y con esa promesa, Minerva McGonagall desapareció dejando atrás a dos hombres furiosos. Ella pensó que el bien común apestaba y luego decidió que estar rodeada de ex Slytherin la estaba afectando bastante.
—X—
Narcisa Malfoy miró sorprendida a Minerva McGonagall, la mujer parecía haber rejuvenecido varias décadas desde la última vez que la había visto, tal como lo hizo Lord Voldemort, por esa razón dio un paso atrás y dejó caer la bandeja con insumos que llevaba. El ruido que produjo alertó al chico que estaba durmiendo en una camilla que se levantó tambaleante, con su mano en alto como si estuviese sosteniendo su varita, sin embargo, esta no estaba ahí. Ambas se apresuraron a ayudar al chico que gritó de dolor.
—Está bien, Potter, cálmate. –sugirió Minerva McGonagall con suavidad, sosteniéndolo, él abrió sus ojos cargados de dolor y los clavó en la mujer, pareciendo alucinado.-
— ¿Profesora? –preguntó Harry con la voz ronca, Narcisa apretó sus labios antes de tomar una jeringa aprovechando que estaba distraído la clavó suavemente en su vena, él se giró violentamente hacia ella, mirándole con furia:- ¡NO!
—Lo siento, Potter, tienes que dormir. –indicó Narcisa con un rictus de seriedad en sus labios, él se retorció como un animal enjaulado y le miró con ojos acusadores:- Sabes que sin esto no consigues aguantar el dolor.
—Profesora… Tiene que ayudarme…Debo… Yo debo… Hermione… debo ayudarla… -la voz de Harry comenzó a sonar cada vez más pastosa, Minerva trató de sostenerlo pero su cuerpo se desplomó y él terminó cayendo al suelo, Narcisa lo levitó de regreso a la camilla antes de apuntarla con su varita.
— ¿Por qué estás aquí, McGonagall? ¿Acaso le mandó él?
—No. Vengo por su ayuda, Señora Malfoy. –admitió Minerva con lentitud, luego inspiró profundamente:- La única forma para que todo esto termine es ayudar a Riddle a volver a unir su alma.
—Mi apellido ya no es Malfoy. Y, no la ayudaré, McGonagall. –espetó Narcisa apresurándose a levantar las cosas que se habían caído. Minerva maldijo mentalmente y pensó la mejor manera en conseguir su ayuda.
—Sé la forma en que su hijo puede regresar, Narcisa. –dijo de forma impulsiva y la ex señora Malfoy dejó lo que estaba haciendo para alzar su cabeza y mirarla con incredulidad, así que se apresuró a agregar:- Abraxas Malfoy está vivo, Narcisa, y él ayudó a tu hijo a ir tras Hermione. Él sabe la forma segura de traerlo de vuelta.
—Vamos –dijo Narcisa levantándose y mirándole con decisión:- Les ayudaré. Pero hay que encontrar quien cuide del señor Potter.
—Sé quién puede hacerlo –dijo Minerva con una suave sonrisa adornando sus labios, chasqueó sus dedos y Dobby apareció rápidamente, él le miró con auténtica felicidad que se trasformó en euforia al ver a Harry. Comenzó a saltar y a emitir estridentes chillidos de alegría.- ¡Dobby! ¡Si no te calmas, no te dejaré cuidarlo!
Él instantáneamente se quedó en silencio, con sus ojos aún más grandes que de costumbre y asintió con falsa tranquilidad. Minerva inspiró profundamente y luego palmeó la cabeza del elfo que se estremecía por los sollozos de emoción que estaba reprimiendo.
—Llévalos a nuestra casa. –murmuró ella con suavidad y bajó su voz, consiente que la mujer rubia estaba observándola como un ave rapaz:- ¿Ya le quitaron el hechizo a Abraxas?
— ¡El amo Abraxas está vuelto loco, Dobby tuvo que escabullirse para que no lo golpeara! ¡El amo Black lo encerró para que no viniera detrás de usted!
El carraspeo de Narcisa los sobresaltó a ambos, ella le entregó un paquete al elfo:- Son las medicinas de Potter, si está sufriendo mucho, inyéctale esto. Asegúrate de hacerlo, elfo, o él se morirá.
— ¿Quién hizo los hechizos de protección? Me demoré bastante en evitarlos –la voz de la señora Granger desde un pequeño cuadro tomó por sorpresa a ambas mujeres quienes inmediatamente se giraron a enfrentarla y el elfo le miró con desconfianza colocándose en forma defensiva frente a Harry:- ¿Qué hacen ahí? ¡Hay que moverse rápido! Ese demente novio tuyo nos está rastreando, muchacha, y no tardará mucho en encontrarte.
Minerva se sonrojó y fulminó con la mirada a la señora Granger quien simplemente estiró su mano, sacándola del cuadro, la mandíbula de las dos mujeres cayeron al suelo por la sorpresa pero ella no les dio tiempo para preguntar cómo era capaz de hacer eso, simplemente las arrastró al cuadro y la habitual sensación de la aparición las guió a un lugar desconocido.
-X-
Tom caminó por la solitaria calle en un estado de profundo estupor, apretó sus puños con su cuerpo temblando, repasando una y otra vez las palabras de consuelo de Albus Dumbledore Lo siento, Tom, pero no creo que sea buena idea que te hagas responsable del cargo al que estás postulando. Tomate un tiempo para superar lo que sucedió con la señorita Granger y luego lo vuelves a intentarlo. Superarlo. ¡Superarlo! Él nunca, jamás, lo superaría.
No mientras no supiera qué demonios sucedió con la chica. Porque de lo único que tenía seguridad era que Hermione no se había escapado, ni que la familia Malfoy la había matado como susurraban las malas lenguas, ella estaba viva, en algún maldito lugar del mundo… En otra época. En una en que eran enemigos. Ahora que lo conocía realmente, ¿lo podría mirar con repugnancia? ¿Lo odiaría o abandonaría a sus amigos para ir tras él?
Una ola de furia se apoderó de su cuerpo, sintió su magia crepitando a su alrededor y gruñó, enseñando sus dientes. ¡No, por supuesto que no! ¡Hermione Granger jamás dejaría a sus malditos amiguitos por él! Lo amaba y sus ideales habían sido un poco tambaleados pero no iba a abandonar a los idiotas. Harry Potter la necesitaba para ganarle y ella le brindaría su ayuda porque era lo correcto. Porque si acababan con Lord Voldemort sus penurias y el peligro se acabaría.
Gruñó, enfurecido, captando la atención de un vagabundo que lo miró con sus pequeños ojos legañosos cargados de curiosidad, ¿cómo se atrevía a mirarlo? ¿No se daba cuenta que un inservible y débil hombre como él no merecía ver a alguien como Lord Voldemort? Su cuerpo tembló bruscamente, con un espasmo involuntario tocó el medallón que colgaba en su cuello, la magia explotando en una onda masiva, empujando al sucio hombre contra la pared, él cerró sus ojos oyendo los crujidos de sus huesos impactando contra la pared, seguido a eso el mendigo aulló de dolor y miedo.
— ¡T-Tengo hijos!
Tom no tenía hijos, pero había estado planeado hacerlo antes que ella regresara al futuro. Iban a tener hijos, unos pequeños perfectos a los cuales ella amaría de forma incondicional, a los cuales malcriaría, a los que él corrompería con magia oscura, enseñándoles, guiándolos… Hubo otro gruñido, no sabía que pertenecía a él hasta que se encontró moviendo la varita y susurrando una de las maldiciones imperdonables, vio como el hombre se retorcía en el suelo, suplicando que tuviese piedad. Pero los crucio no se detuvieron. Ni siquiera cuando el hombre dejó de respirar.
Tom Riddle continuó su camino, destruyendo todo lo que le rodeaba, asesinando a los muggles que se le cruzaban... No tenía sentido seguir la sugerencia de la señora Granger sin Hermione, llegar a ser el ministro sería lento, muy lento, y ya se había cansado de esperar. Él tomaría el poder del mundo mágico. Y cuando sus caminos se volvieran a cruzar, la iba a ungir como su reina.
…Sería tan fácil…
Aviso: Nos acercamos al final (planeo que termine en dos o tres capítulos más).
Si leíste todo el capitulo, nada te cuesta dejar unas palabras de aliento, sus comentarios por más pequeños o desagradable que sean, ayudan a mejorar esta historia.
Ya saben, si quieren matarme, esperen el final de Errores del pasado -sonríe nerviosa y sale corriendo-
