Hola mis amados lectores. Estoy de vuelta con capitulo y noticias para los que no se han pasado por mi perfil o los que no me tienen en facebook: estoy reescribiendo la historia. Cito textual: No me siento conforme con los primeros nueve capitulo (si lo ven, y luego continúan leyendo, pueden notar que el salto en mi escritura y la trama es muy evidente) Siento que al principio de la historia de alguna forma vomité las ideas y de forma irresponsable las publiqué (seguramente por mi entusiasmo ante la pareja). Errores del pasado es mi bebé, lo amo, pero este ultimo tiempo he llegado a odiarlo por los bloqueos que me produce. Me he enfocado tanto en él que he dejado otras historias de lado y eso no me agrada en absoluto.

En otras palabras, con la primera mitad de la historia estuve con diarrea verbal y necesito corregirlo para seguir adelante. Pero no entren en pánico, no dejaré de escribir los últimos capítulos. Dicho esto paso a lo importante.

¡Gracias por los review y, una vez más, disculpa por la espera!

Ahora, les dejo el capitulo nuevo. Los amo.


Capitulo 18:

1943, Hogwarts

Hermione bostezó, tratando de no hacer mucho ruido, aquella noche no había podido pegar un ojo. Probablemente, se debía a la cantidad de cosas que habían sucedido durante las actividades del día anterior, tocó distraídamente su anillo mientras miraba a Tom que dormía boca abajo en la cama, apenas cubierto con la sabana de seda. Aun dormido, él exudaba una cantidad de poder embriagante, podía sentir su magia uniéndose a la suya creando una fogosa danza. Sonrió, sintiéndose avergonzada y negó, tratando de quitar las imágenes provocativas que comenzaron a instalarse en su cabeza.

Se deslizó con tranquilidad por la habitación, moviendo su varita y ordenando el desastre que habían creado la noche anterior. Miró el reloj y jadeó al notar que apenas eran las cinco de la mañana, sabiendo que no tenía caso tratar de volver a dormir, partió a darse una ducha, todavía moviéndose sigilosamente por el lugar, tan silenciosa como una serpiente.

Desde el baño levitó su ropa y se tomó todo el tiempo del mundo en darse una ducha, aprovechando para planear las actividades que realizaría durante aquella jornada. Tenía hasta medio día libre por lo que podía dedicarse a retomar las materias que tenía atrasadas, pero entonces el recuerdo de la carta que recibió del profesor Dumbledore despertó su curiosidad. Él no había sido muy agradable con ella desde que llegó, quizás quería disculparse pensó de forma optimista. Animada ante esa perspectiva, se vistió y se apresuró a ir a terminar sus deberes, odiando que el reloj avanzara con tanta lentitud.

Exactamente una hora después, Hermione se paró frente al despacho de Albus Dumbledore mirando con indecisión la puerta, respirando profundamente, tocó con suavidad la puerta, sintiéndose extrañamente nerviosa, entró al despacho del profesor de transfiguraciones cuando oyó un alegre 'adelante'.

— ¿Necesitaba hablar conmigo, profesor Dumbledore? –cuestionó con suavidad.

— ¡Oh! Señorita Granger, no la esperaba aún… –declaró Albus Dumbledore dándole una mirada sorprendida antes de estampar una sonrisa amable que no alcanzó a llegar a sus ojos:- Tome asiento, ¿gusta de un caramelo?

Hermione rechazó la oferta con un cortés 'no, gracias, profesor' sentándose con la espalda recta y con las manos sobre su regazo, tratando de calmar los frenéticos latidos de su corazón, de forma imprevista sintió que esta visita no parecía tan buena idea como lo había esperado. Los azules ojos del hombre se clavaron en ella, haciéndola sentirse pequeña e intimidada, pasaron largos minutos en silencio antes que ella lo rompiera con voz chillona:- ¿Necesitaba algo, profesor? ¿Es que me equivoqué en algún trabajo o-?

— ¡Oh, no, su trabajo han sido perfectos! Muy buenos, de hecho. –exclamó Dumbledore sin perder su sonrisa, le dio una palmadita a la mesa y luego empujó un caramelo a su boca, saboreándolo por un rato antes de añadir:- Quería felicitarla.

— ¿Felicitarme? –repitió Hermione sorprendida y sin poder evitarlo sonrió orgullosa ya que no todos los días uno de los mejores magos del mundo te felicitaba, trató de apartar la sensación de estarse perdiendo algo grande pero esta se mantuvo de forma permanente, colocándola cada segundo más nerviosa.

—Hagrid vino a contarme que va a ser su tutora. –comentó él con excesiva alegría.- ¡Es muy agradable de su parte brindarle ayuda!

—Es mi deber. Aunque sea un remplazo injusto, soy premio anual y por ende tengo que ayudar a los alumnos que lo necesiten. Además, enseñar es algo muy entretenido. –declaró Hermione ligeramente avergonzada por lo pomposa que sonó su voz, la sonrisa de Dumbledore se volvió un poco más tensa cuando asintió. Una súbita urgencia de salir de ahí la tomó desprevenida, se removió inquieta en su silla, dándole una cautelosa mirada al mago:- Uhm, señor si eso es todo…

—Me preguntaba, Señorita Granger, cuál es su relación con Tom Riddle.

Hermione jadeó sorprendida, ¿realmente acababa de hacerle esa pregunta? ¡Merlín, nunca se le pasó por la cabeza que Albus Dumbledore le preguntara algo como eso! Parpadeo, una, dos, tres veces, tratando de saber si lo que había escuchado era una mala jugada de su mente hiperactiva. Y definitivamente, no, no se trataba de un cuestionamiento creado por su imaginación. Podía ver la sospecha en los ojos del mago, mierda, era casi palpable, era totalmente acusatoria. Hermione se estremeció al sentir su magia rodeándola, asfixiándola, creando un incómodo escozor en su piel, distraídamente rascó su brazo, dándole una mirada de reojo a la puerta.

Necesitaba salir de ahí.

Cuanto antes.

—No creo que mi relación con Tom sea algo a lo cual esté ajeno, profesor, él es mi prometido. -respondió Hermione con cautela, pensando fríamente cada palabra para no ofender de alguna manera al subdirector del colegio quien parecía demasiado analítico para su gusto. Tras una breve vacilación ella agregó:- S-sin embargo, no entiendo por qué está preguntando algo tan personal como esto, profesor.

—Sé que él la ha cortejado inclusive antes de la selección que armó su familia –acotó él sonando brusco y mal educado, Hermione lo miró boquiabierta, jamás había visto a Albus Dumbledore tan furioso, tan descompuesto, ni siquiera cuando se dirigía a Tom a quien obviamente no estimaba mucho. Merlín, ¿Por qué parecía haberle tomado tal grado de aversión a ella?:- No había querido conversar antes con usted, Señorita Granger, porque la creí lo suficientemente inteligente para evitar los trucos del señor Riddle.

— ¡¿Disculpe?! –gritó Hermione levantándose de golpe, mirando entre horrorizada y furiosa al hombre frente a ella, sintiéndose asqueada por su comportamiento, ¿Dónde había quedado el mago educado que conocía? ¿Dónde estaba el hombre con valores, con enigmas que había sido una figura parental para su mejor amigo? Definitivamente Albus Dumbledore no era la persona que ella recordaba. O que creía conocer. Alzó su mentón y se cruzó de brazos, fulminándolo con la mirada:- No aceptaré que me trate de esta manera, profesor. Si me disculpa, me retiro a mi habitación.

—No tiene necesidad de fingir inocencia conmigo, Señorita Granger, sé que ha unido su magia con el Señor Riddle. –espetó Albus Dumbledore cuando ella estaba a punto de marcharse, sorprendida por la declaración, Hermione se quedó de piedra. Cerró sus ojos y apretó sus puños, teniendo la demoledora comprensión que su parte racional estaba enterada de aquel ritual y que no se sentía tan horrorizada como debería, negó, tratando de aclarar sus ideas y volvió a tomarle atención a Dumbledore:- …Si reporto esta insana relación que tienen, ambos serían juzgados y penalizados por el uso de magia oscura. El castigo es tan grave, señorita Granger, que los dos terminarían en Azkaban. Y, sinceramente, no creo que esté dispuesta a perder su prometedor futuro por los insanos caprichos del señor Riddle.

— ¿Me está amenazando? –preguntó Hermione tratando de calmar el temblor de su voz, girándose para enfrentarlo, con el corazón desbocado y el estómago descompuesto. Jamás se había sentido más asustada, nunca había sentido tan profunda traición. Se suponía que él era el bueno, el Albus Dumbledore que ella conocía, jamás le hubiese dicho algo así. Tal vez, pensó decepcionada, tal vez para comenzar nunca lo conoció. Una oscura furia comenzó a alzarse en su interior, lentamente, construyéndose a cada segundo, filtrándose por sus venas, carcomiendo cada trozo de su ser.

—Solamente quiero ayudarla, señorita Granger. –susurró Albus con la voz tan suave que apenas fue capaz de oírlo, Hermione tragó en seco, quedándose de pie en el umbral del salón, mirando a su profesor con desconfianza. ¿Por qué parecía tan perdido? ¿Por qué sonaba tan angustiado? Era ella la que debía sentirse descompuesta y vacía. ¡Ella y no él! - Escúcheme, señorita Granger, unir la magia con un mago es algo muy peligroso. Los efectos son muy inestables y no siempre traen buenas consecuencias. Sin embargo, su enlace aún es muy reciente por lo que todavía tiene tiempo para retractarse, piense racionalmente y tiene que hacerlo antes que sea demasiado tarde.

— ¿Demasiado tarde? –repitió Hermione respirando agitada, el hombre le miró con tristeza, sin embargo, ella notó lo sombrío que estaban sus ojos.- ¿Demasiado tarde para qué, señor?

—Si deja pasar más tiempo, su oscuridad la consumirá antes que sea capaz de detenerlo. –comentó Albus Dumbledore con suavidad, Hermione apretó sus labios y le envió una mirada punzante, él se levantó con rapidez y envolvió sus manos entre las suyas:- Sé de lo que estoy hablándole, Hermione, yo pasé por lo mismo pero fui capaz de alejarme. Fui capaz de romper con ese círculo vicioso que comienza a formar-

—Discúlpeme, profesor, pero sinceramente no creo que sea muy sano que esté proyectando una relación fallida con lo que Tom y yo tenemos. –la voz de Hermione sonó fuerte y cruel en el despacho y a pesar de sentirse mal por ver la tristeza en los ojos del mago, supo que era correcto detenerlo antes que dijera algo más.

—Señorita Granger-

—Con todo el respeto que merece, profesor, debe tener en cuenta que lo que tenemos Tom y yo no es de su incumbencia, ahora me retiraré porque tengo muchos deberes con los cuales ponerme al día y haré como si esta extraña y perturbadora conversación no ha existido por mi bien mental y espero que usted también lo haga. –declaró Hermione con más brusquedad de la que pretendía, hizo una de sus sarcásticas reverencias y se alejó con pasos rápidos y seguros.

A pesar de sus palabras firmes y decididas los dos sabían que la sombra de su conversación estaría presente en su cabeza. Hermione salió con rapidez del lugar, caminando sin rumbo fijo por los pasillos de Hogwarts, sus pasos la llevaron a la torre de Astronomía donde se aferró al barandal y miró el extenso terreno del colegio.

Las dudas de su relación con Tom volvieron con fuerzas. ¿Cómo era capaz de haberse acostado con el futuro señor oscuro? Él era el culpable de las miserias de tantas personas… De Harry. Merlín. Harry jamás se lo perdonaría. ¡Ella jamás se perdonaría esto!

Se iba a casar con un mago oscuro, un megalómano y clasista sociópata. Hermione se estremeció y tocó con suavidad el anillo que él le había dado, sintiendo una descarga eléctrica moviéndose por su espalda, ¿sería posible que él ya hubiese asesinado? Hagrid seguía siendo capaz de usar la magia. Quizás su abuela se había equivocado. Quizás ella podía cambiar las cosas con su presencia. Y quizás si podía regresar a casa. Luna y Malfoy habían llegado hasta ahí y sabían cómo volver, ella debía intentar algo.

Cualquier cosa.

Otro escalofrío se deslizó por su espalda y ella dejó que las lágrimas fluyeran libremente de sus ojos, sabiendo que en verdad la situación no tenía mucho arreglo.

-X-

Tom Riddle nunca perdía el control. Nunca.

Así que no porque estuviese gritando y destrozando todo a su alrededor, era sinónimo de descontrol. No. No lo era. Él solo estaba… sacando un poco de frustración de su sistema. Sí. Solo se trataba de eso. Sus cuerdas vocales se estaban desgarrando, su magia estaba creando fuertes ráfagas de aire destrozando un par de cosas que le rodeaban, pero él todavía tenía el control de las cosas. Todavía no había matado a Albus Dumbledore, ¿no? A pesar que el maldito brujo había metido su narizota en su relación, no había corrido a asesinarlo. No. No lo había hecho. Primero arreglaría el caos que había causado y luego, luego lentamente iba a arruinar a ese maldito viejo.

Albus Dumbledore pagaría por haber tambaleado su relación con Hermione Granger.

Furioso salió de la habitación a toda prisa, chocando con Avery que probablemente traía noticias, sin embargo, él solo continuó su camino. Humphrey era uno de sus seguidores más confiables. Por muy furioso que se encontrara, no iba a desquitarse con él, no podía arriesgarse a romper su fachada de control. Así que continuó su camino, con pasos rápidos, hacia donde se encontraba Hermione, procuró usar pasillos más desocupados porque no tenía la seguridad de controlarse frente a otra persona.

Necesitaba llegar pronto a Hermione.

Necesitaba sentir su piel. Necesitaba ver el brillo cálido en sus ojos. Necesitaba su luz. Su pasión. La necesitaba. Y eso lo hacía débil. Lo hacía muy débil. Pero no importaba, puesto que ella era su única debilidad. Y la protegería. La protegería para que nadie la dañara, para que nadie lo alcanzara. Hermione lo descontrolaba, sí, pero a la vez le daba un control que jamás había creído poder experimentar.

Llegó jadeando a la torre de astronomía. Bien, quizás si había perdido un poco el control, pensó con ligera molestia, pero solo un poco. Se tambaleó hacia la chica que estaba apoyada en el barandal del balcón, cualquiera que la hubiese visto creería que estaba disfrutando del paisaje, pero Tom sabía que eso no era cierto, ella había ido precisamente a ese lugar porque le causaba una sensación de seguridad. En este rincón del castillo era donde recordaba a sus amigos, su ceño se frunció y luchó contra un gruñido de molestia. Aquí se siente más cerca de Potter y Weasley.

Ella alzó su cabeza y le miró con los ojos rojos, anegados de lágrimas. Se miraron por lo que parecieron horas. Entonces, Tom avanzó lentamente hasta ella y estiró su mano.

—Una señorita no debe sentarse en el piso. –espetó él con brusquedad, Hermione parpadeó aturdida y luego se levantó lentamente, bajando su cabeza. Pero Tom pudo sentir la forma en que sus labios se alzaron por un instante fugaz. Ella evitó tocarlo, cosa que le causó un extraño retorcijón, sus ojos se clavaron en el anillo. Se sentía extraño tenerlo tan cerca. Su horrocrux. Un trozo de su alma que lo haría inmortal. Y que lo cargara ella... Merlín, era sexy.- Volvamos a nuestra habitación, hace mucho frío y puedes enfermarte.

Hermione lo miró con recelo, desconfiada en su aparente preocupación y Tom se sintió un poco fastidiado por la inseguridad de la chica, era normal que desconfiara de él. Pero, joder, era molesto. Quería su confianza, que ella perdiera ese maldito borde de cautela que tenía cada vez que estaba cerca de él, oír su risa. ¿Por qué nunca la había oído reírse?

— ¿Podemos… podemos bajar a la cámara? –preguntó Hermione con voz suave, temblorosa, Tom la miró sorprendido, ella alzó sus ojos y en ellos vio una pequeña luz roja. Maravillado notó que era exactamente igual a cuando él estaba furioso. Asintió, dándole la espalda para que no viera la forma en que sus labios se habían contraído, y en silencio se dirigieron a la cámara de los secretos.

Los pasillos seguían vacíos, todos al parecer habían decidido dormir hasta más tarde y reponer energías para el baile, Tom se sentía curioso ¿por qué quería bajar? No parecía correcto. Probablemente ella debería estar corriendo de él, de hecho, su magia parecía querer hacerlo. ¿Así que por qué se estaban dirigiendo al lugar donde él tendría más poder sobre ella? Entraron al baño de chicas en silencio, y Hermione se inclinó susurrando en perfecto pársel 'ábrete', le miró fascinado y le ofreció su mano, para bajar juntos, pero ella se apresuró a saltar. ¡A saltar! Jodida bruja demente. ¿Quería morir estampada en ese lugar? Gruñó furioso, por la poca auto-preservación de la chica Granger y porque era la segunda vez que despreciaba su ayuda.

Cuando llegó abajo solo pudo ver las puntas del cabello de la chica, que se estaba moviendo increíblemente rápido para tener el maldito corazón roto, la encontró con una mano en el hocico del basilisco y casi le dio un infarto al verla tan quieta. Por un segundo, la imagen de ella, petrificada provocó una intensa oleada de pánico, pero Hermione abrió sus ojos y movió su mano tímidamente por la piel escamosa del basilisco. Tom movió su varita y transfiguró una piedra en un sillón, donde se sentó a ver aquel extraño espectáculo.

¿…Por qué se alejó Mabel Granger de Salazar Slytherin? ¿Por qué decidió esconder su hijo de él? –preguntó la castaña con voz increíblemente fría. El basilisco siseó, serpenteando lejos de ella, esperando a Tom para saber si debía contestar o no aquella pregunta, él apretó sus puños.

¡Contéstale!

Su excusa fue que su oscura magia estaba ahogándola. –siseó el basilisco, sumergiéndose en el agua antes de volver a salir a la superficie salpicando a Hermione quien se mantuvo impávida:- Dijo que había escondido a su hijo por protección.

¿Cómo se enteró Slytherin de esto? –preguntó Hermione apenas terminó de oír la respuesta.

La mujer se marchó de Hogwarts a mediados del año escolar a Salazar le divirtió esta estúpida decisión así que la dejó correr por un par de meses, pero ella no escapó lo suficientemente lejos. Cuando mi amo fue a buscarla, la encontró casada con un brujo inútil y con esa cría en sus brazos. Ella había dejado sus títulos, para instalarse en una asquerosa granja, ¡lo dejó a él para enredarse con un hombre ridículo que creía que el bebé era suyo!

— ¿Y qué hizo entonces Salazar? –preguntó Hermione con voz temblorosa, Tom no tuvo que corregirla porque ella aclaró su garganta rápidamente y repitió la pregunta en pársel:- ¿Qué hizo él?

Mató al inservible mago y la trajo de regreso a Hogwarts. La reclamó como su mujer. Y luego la hizo pagar por haberlo traicionado, dándole algo peor que la muerte…

Hermione asintió, alejándose del basilisco con las piernas temblorosas, tuvo que detenerse en dos ocasiones antes de llegar al sillón donde se dejó caer con una gracia digna de un hipogrifo. Tom clavó sus ojos en ella, comprendiendo rápidamente lo que había detrás de sus cuestionamientos, y no pudo evitar la retorcida sonrisa que se instaló en su rostro. Sucedería exactamente lo mismo si ella lo dejaba. La seguiría, se volvería su sombra, la encontraría y asesinaría a cualquier bastardo que se atreviera a siquiera mirarla. Ella era suya y absolutamente nadie se la iba a arrebatar.

— ¿Puedo tocarte?

La repentina pregunta lo tomó un por sorpresa, le miró con una ceja alzada logrando que Hermione se removiera inquieta en el sillón, con el cabello cubriéndole los ojos.

— ¿Qué? No te escuché con esa mata de pelos rodeándote.

— ¿Puedo tocarte? –repitió ella, con bastante más seguridad, apretando sus puños sobre su regazo.

— ¿Por qué? –cuestionó Tom ligeramente confundido por este giro.

—Porque quiero. Porque lo necesito. –susurró Hermione arrugando su frente por fin levantó su cabeza dándole una mirada suplicante.- ¿Entonces, Tom? ¿Puedo?

Una amplia sonrisa cargada de maldad se extendió en los labios del chico. Sintiéndose locamente triunfal. Quería correr al despacho de Dumbledore y burlarse infantilmente del hombre porque lejos de separarlos, los unió más que antes.

—Por supuesto que sí, Hermione. –susurró sedosamente como respuesta. Y ella se abalanzó sobre él acariciando su rostro, deslizando sus manos por su cabello, cuello y terminó dejándolas sobre su hombros, luego procedió a frotar su nariz contra la suya, dándole suaves besos mariposas antes de besarlo profundamente.

Toma esto Dumbledore, pensó él con evidente satisfacción, ¿Cómo era que el mago no podía verlo? El único que tenía poder de separarlos era el mismo Tom. Y jamás permitiría que ella se fuese de su lado. Hermione Granger le pertenecía.

Y nada iba a interrumpir sus planes.

Ni siquiera ella.

-X-

Hermione lavó con fuerza su rostro, usando abundante agua, cepillando nerviosamente su cabello con su mano derecha, tras eso se miró al espejo, finalmente después de varios intentos, logró borrar los rastros de sus lágrimas y la hinchazón de sus ojos había bajado lo suficiente para pasar ligeramente desapercibida. Ella suspiró, mirándose al espejo con la nariz arrugada y murmurando un hechizo de glamur para quitar totalmente los vestigios de su llanto. No quería preocupar a Minerva ni mucho menos recibir preguntas incomodas de parte de Alphard, sin dudas no sería capaz de soportarlo, estaba tan cansada.

Inspiró profundamente, tratando de controlar la mezcla de sentimientos que se arremolinaban en su interior, no era capaz de pensar, su cabeza estaba agolpada de información. Todos los susurros posesivos de Tom volvieron con fuerza a su mente, mía, mía, mía. Caminó a la entrada del castillo, buscando frenéticamente a sus amigos, escuchó que alguien gritaba su nombre y se giró, viendo a Minerva acercándose rápidamente entre la gente, seguida de cerca de Alphard.

Sonrió temblorosamente, se sentía extrañamente desprendida de su cuerpo, cerró sus ojos y agradeció el firme abrazo que le dio la chica McGonagall y la forma galante en que Alphard besó sus nudillos. Caminaron a los carruajes, conversando de los planes para el baile, riendo divertidas por el evidente entusiasmo del chico Black.

Sin embargo, la tranquilidad se esfumó cuando tocaron su hombro. Se giró inquieta, encontrándose de frente con un sonriente Draco Malfoy. Parpadeó contrariada y luego miró de reojo con evidente nerviosismo a sus amigos, notando de inmediato la tensión que se había apoderado del lugar. Minerva suspiró temblorosamente antes de sonreírle cansada, pareciendo bastante resignada a la incómoda situación, Alphard fulminó con la mirada al rubio y puso una mano sobre el hombro de Min, en una silenciosa muestra de apoyo y también de posesividad.

—Estoy preparado para nuestra cita, Hermione. –anunció Draco de forma burlesca, Hermione le envió una mirada horrorizada con Minerva quien frunció el ceño pensativamente y clavó su mirada en el suelo, negándose tercamente a mirarla, Alphard seguía enviando miradas incrédulas al rubio quien parecía enfocado solo en la castaña. Ella empujó un mechón de cabello detrás de su oreja y aclaró su garganta de forma nerviosa.

—A-Adelántense, chicos, yo uhm, tengo que hablar con D-Abraxas. Los alcanzo enseguida –chilló histéricamente Hermione mientras arrastraba a Draco de regreso a la sala común, Minerva murmuró un decaído 'no tardes' que amenazó con romperle el alma, se detuvo solo cuando estuvieron lo suficientemente lejos para no ser oídos por los chicos:- Dios mío, Malfoy, ¿eres estúpido o qué?

— ¿Volvemos a las malas costumbres, Granger? –preguntó Draco alzando una ceja y mirándole con diversión.- Definitivamente te gusta maltratarme…

—Minerva y tu abuelo tenían algo. –espetó Hermione dándole un empujón a Draco, luego agarró su capa y le dio un tirón que lo dejó a escasos centímetros de su rostro. El rubio perdió la respiración pero la castaña no fue consciente de eso mientras continuaba parloteando:- Ella está enamorada de él y es mi única maldita amiga en este lugar, no voy a perderla por…

El indignado discurso de Hermione fue cortado por los labios de Draco, ella se quedó congelada, sus músculos tensándose en completo desacuerdo. Su boca era suave y cálida, pero era incapaz de disfrutar aquel beso. Simplemente no era correcto. De forma inesperada su visión empezó a nublarse, sus piernas fallaron así que se aferró a los hombros del chico de forma desesperada, sin embargo, esto le dio la idea equivocada al rubio quien hundió su mano en su cabello y aumentó la intensidad del beso. Cuando su lengua rozó sus labios, Hermione sintió que su cuerpo se entumecía y empezó a temblar, su magia crepitó y se descontroló a modo de protesta, creando un ambiente extraño y con el aire cargado de peligro.

Draco se separó de ella, ceñudo y le miró dispuesto a reclamarle por la falta de cooperación pero notó que su piel estaba insanamente pálida y sintió una punzada de profundo miedo.

— ¿Granger, qué sucede? –preguntó él asustado, su mano acarició su mejilla de forma temerosa poco acostumbrado a ser cariñoso, y entonces Hermione soltó un grito de dolor y empezó a rasguñarse frenéticamente, primero los brazos luego el rostro, el rubio se apresuró a sostener sus muñecas pero una descarga eléctrica lo hizo retroceder. Ella volvió a gritar de dolor y se desplomó repentinamente, sus ojos colocándose blancos y de su boca saliendo un extraño líquido negruzco de consistencia viscosa. Draco se quedó congelado en el lugar, demasiado conmocionado para poder reaccionar, sus piernas cedieron y cayó arrodillado al lado de la castaña, viendo con macabro horror como ella continuaba arqueándose y botando esa extraña sustancia negra por la boca.

Estaba tan sumido en su miseria que no oyó a las personas que se acercaban hablando en voz baja y a la chica que se deslizaba silenciosamente por el pasillo, con la nariz hundida en un libro.

— ¿Seguro que tomó este pasillo, Alphard?

—Sí, Minnie, vino por… M-mierda. ¡Hermione! ¡¿Qué le hiciste a Hermione, Malfoy?!

—N-no sé qué sucedió… -balbuceó Draco todavía sin poder moverse, incapaz de apartar la mirada de la chica, inclusive cuando Black lo estaba zamarreando con claras ansias homicidas. Ya nada importaba.

— ¡Está envenenada! –exclamó esta vez una chica, sonando aterrada, y su voz le sonó tan malditamente conocida. Pero a Draco no le importó. …porque…

— ¡Hay que llevarla a la enfermería! –gritó la primera persona, él no fue capaz de moverse ni siquiera cuando tomaron en brazos a Hermione y se la llevaron corriendo.

Por fin comprendió que ella jamás sería suya. De alguna manera,Riddle había conseguido que Hermione no pudiese tener contacto con otro hombre.

-X-

Tom abrió sus ojos de golpe, sostuvo su estómago y gruñó luchando con la repentina llamarada de agonizante dolor, algo estaba mal. Muy mal. No podía sentir a Hermione. Su magia repentinamente había desaparecido… No, no desapareció, simplemente se había despegado de la suya. Un furioso gruñido escapó entre sus labios, ¿ella se había atrevido a interrumpir el ritual? ¿Acaso Dumbledore había conseguido lavarle la cabeza? No. Imposible. La castaña se sentía bastante cómoda con las cosas como se estaban desarrollando.

Se detuvo de golpe cuando escuchó la asustada voz de Minerva McGonagall, estrechó sus ojos y retrocedió, mirando la escena frente a él: Dippet temblaba pareciendo al borde de un colapso nervioso, mientras Alphard Black sostenía a una pálida McGonagall.

¡…Solo fue un minuto! Hermione nos pidió que nos adelantáramos, director, íbamos a ir a comprar las cosas para el baile… Luego oímos los gritos… Hermione estaba en el suelo, convulsionando… Era evidente que estaba envenenada… Pero Abraxas-

No sabemos si fue él. No lo vimos efectuando el atentado. –interrumpió Alphard con evidente desconfianza hacia el chico Malfoy:- ¿Podemos ir a visitar a nuestra amiga? Queremos saber cómo se encuentra.

Ella no recibirá visitas hasta que sus familiares y los Aurores hayan tomado resguardos –dijo Dippet con voz temblorosa, se secó la frente con un pañuelo y sus ojos pequeños viajaron en todas direcciones.- Necesito que este horrible suceso se quede entre nosotros. La señorita Myrtle Loperbec ya fue advertida de esto.

Nuestra boca está sellada, director –anunció Alphard con calma, pero Minerva enderezó su espalda y negó frenéticamente.

¡Riddle tiene que saberlo! –exclamó con claro reproche hacia los hombres:- Es el prometido de Hermione.

Nadie lo sabrá. ¡Si alguien se entera de este bochornoso episodio Hogwarts quedará sepultado! –exclamó Dippet nervioso, Tom se alejó del lugar, ya había oído lo suficiente, su cuerpo tembló producto de la ira contenida, ¿habían envenenado a Hermione?

Dumbledore…

¿Podía ser que el maldito viejo estuviese metido en el envenenamiento de Hermione? Porque Malfoy era demasiado patético para hacer algo así por las suyas, apostaba que el rubio estaba lloriqueando en algún lugar por ese incidente. Chasqueó la lengua. Iba a descubrir quien quería matar a Hermione.

Y se encargaría personalmente de él.

Caminó con rapidez a la enfermería, echándose un encanto de invisibilidad para no ser percibido, se deslizó silenciosamente por el lugar, ignorando a los otros chicos que había en el lugar, soltó un gruñido de aprobación al encontrar los doseles alrededor de la camilla de la chica cerrados. Eso haría las cosas más fáciles.

Se quedó congelado al ver a Hermione sobre la camilla, mortalmente pálida y con los labios de un color morado. Gruñó, sintiéndose profundamente molesto por el estado de debilidad en que su futura esposa se encontraba, y se inclinó sobre ella tratando de introducirse en su mente.

Una oleada de electrizante energía lo hizo retroceder de golpe, aturdido y bastante adolorido. Sintió como la magia de Hermione se alejaba de él, titilando y por primera vez, Tom Riddle, experimentó lo que era el pánico.

Y eso, definitivamente, no traería buenas consecuencias para nadie.

-X-

— ¿Alguien ha visto a Riddle? –preguntó Orion entrando a la sala común de Slytherin con una mueca de molestia.- El profesor Slughorn lo está buscando como loco.

—Debe estar con Granger –respondió Nott con evidente lascivia.- A decir verdad, yo tampoco me alejaría de ella...

—Lo está volviendo débil. –espetó Ragean Lestrange mirando de forma casual el rostro de sus compañeros, quienes ni siquiera se inmutaron ante esa demoledora declaración.- Todos lo han notado.

—Él jamás será débil. –comentó Humphrey Avery alzando una ceja y mirándole de forma desafiante.

—Y yo no creo que sea un tema que se pueda hablar en la sala común. –agregó Evan guiñándole un ojo a unas chicas menores que los miraban con abierta curiosidad. Ellas rieron tontamente, ajenas a la peculiar conversación que se estaba llevando a cabo.

—Se está enamorando, Avery, ¡Sabes que el amor nubla el buen juicio de cualquiera! –gruñó Reagan temblando de furia, caminando de un lado a otra por la elegante alfombra:- El otro día la perra esa me interrumpió mientras ponía en su lugar a una inmunda sangre sucia de tercero.

—La perra, como tan amorosamente la apodaste, tiene un nombre Reagan. –la voz sedosa sobresaltó a los seis chicos que inmediatamente temblaron en sus respectivos lugares, Tom caminó hacia la chimenea en silencio y luego se giró con la cabeza ladeada, sus ojos estaban más fríos que nunca, el chico Lestrange perdió la respiración cuando los pocos alumnos que estaban en la sala común escaparon notando el ambiente tenso. La puerta se cerró con un violento sonido que los volvió a sobresaltar:- Y, cabe decir, que su nombre es mucho más importante que el tuyo.

—M-Mi señor… -balbuceó el chico Lestrange retrocediendo, asustado.

—Cierra la boca, Reagan. –ordenó Tom con fiereza:- Fue realmente estúpido que hayas tratado de atacar a una chica en el maldito colegio. ¿Y si no hubiese Hermione sino Dumbledore el que te encontrara? Todo se habría ido a la mierda porque estoy seguro que no sabes cerrar tu maldita boca.

— ¡N-No hubiese dicho nada! ¡Jamás lo delataría, mi señor! –exclamó Reagan nervioso.

— ¡ . ! –murmuró Tom mientras movía su varita y enviaba un rápido hechizo haciaReagan, todos aguantaron la respiración cuando impactó contra la pared, con un crujido repugnante. Lestrange tembló en el suelo sosteniendo su brazo ahora roto:- Hermione Granger es mi futura esposa así que debes respetarla y adorarla como tal. Como mi mujer, estás obligado a tratarla como a una reina. ¡Crucio!

Los cinco chicos vieron como su compañero suplicaba clemencia mientras estaba siendo sometido a la fuerte e implacable maldición. Tom puso los ojos en blanco cuando Lestrange comenzó a sollozar y se colocó en posición fetal. Había estado bajo el hechizo cruciatus incontables veces y todavía no era capaz de comprender que no solucionaba nada cambiando de posición. Era tan débil. Chasqueó su lengua y miró a los otros brujos que inmediatamente temblaron por su frio y letal escrutinio. Avery fue el único que se atrevió a darle un fugaz vistazo a los ojos, cargado de respeto y admiración.

— ¿Alguien más está dudando de mis actos? ¿Orion? ¿Cygnus? ¿Evan? –cuestionó Tom conbrusquedad, amando el estremecimiento que causó en sus súbditos quienes rápidamente negaron, Theodore comenzó a temblar cuando se acercó a él, tomó su barbilla y lo obligó a mirarlo a los ojos.- ¿Qué hay de ti, Nott? ¿Crees que Hermione me está haciendo débil?

— ¡N-No, mi S-Señor! –chilló Theodore con nerviosismo, Tom chasqueó su lengua y él se apresuró a agregar:- C-Creo que la S-Señorita G-Granger es una m-m-muy buena elección…

Tom suspiró dramáticamente y se sentó en el sillón principal, mirando la chimenea, todos ajenos a los sollozos de Reagan:- Hermione es sin duda la mejor elección. La única. Sin embargo, hay algo… más bien alguien… que se está interponiendo en mi camino.

— ¿Va a castigar a Abraxas, mi señor? –preguntó Humphrey envalentonado tras recibir un codazo por parte de Evan, todos miraron expectantes a Tom quien sonrió de forma ladeada, como si algo lo entretuviese enormemente.

—No sé. –admitió soltando otro largo suspiro antes de mirar por encima de su hombro, hacia el pasillo que dirigía a las habitaciones:- ¿Qué opinas tú, Draco?

Los cinco chicos cruzaron miradas confundidas antes de guiar sus ojos en la misma dirección que Tom encontrándose a un tenso y furioso Abraxas Malfoy. ¿Por qué lo llamaba "Draco"? Ambos hombres intercambiaron una larga mirada, midiendo el peligro que el otro le imponía, Draco sabía perfectamente que estaba en desventaja y aun así alzó su varita, desafiante. Una oscura sonrisa se instaló en el rostro de Tom Riddle.

—Ya veo. –murmuró arrastrando las palabras y girando su varita entre sus dedos.- Es una lástima, Draco, pensé que estarías del lado correcto.

—No hay lado correcto. –gruñó Draco moviéndose lentamente, el joven señor oscuro soltó un largo suspiro y se encogió de hombros, el rubio desarmó a los boquiabiertos espectadores antes de volver a enfocarse en Riddle.- ¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo lograste que Hermione reaccionara de esa manera ante mi beso?

La mano de Tom apretó con más fuerza la varita, pero nada excepto aquel involuntario gesto demostró la furia asesina que iba aumentando a medida que oía al rubio. Los murmullos inquietos de los súbditos se apagaron lentamente, comprendiendo que aquello era más serio de lo que imaginaban. Evan le murmuró entre dientes a Avery que si Abraxas no se había vuelto loco era suicida, pero Humphrey lo ignoró, mirando con atención al rubio comprendiendo que sus sospechas estaban totalmente confirmadas. Esos dos 'Malfoy' no eran quienes decían ser. Apretó sus puños de forma inconsciente.

—Bueno, ese peculiar efecto no fue obra mía, Draco. Quizás fue creado por la pura repugnancia que creaste en Hermione. –sugirió Tom de forma burlesca, avanzando con lentitud hacia Draco que no tardó en enviarle un hechizo que su contrincante esquivó con indiferencia. El rubio lo miró furioso, enviando hechizo tras hechizo, sin poder lograr afectarlo. Riddle bostezó aburrido antes de mover su varita y enviar un rápido y letal crucio sobre el rubio quien cayó al suelo, gritando con agonía, Tom esperó pacientemente que los efectos pasaran antes de poner su varita contra su tórax:- ¿No me digas que estas sorprendido? Vamos, Draco, debiste saber que nuestra anterior batalla fue solo un juego de niños para mí. No tenía la necesidad de alardear del poder de mi magia más de lo necesario y nadie interferiría en mis planes de alianza con los Granger. Todos ahí sabían que ella me pertenece.

—Ella jamás te aceptará. ¡Granger jamás se casará contigo, Voldemort, todo lo que representas- joder, simplemente la repugnas! –espetó Draco luchando por ponerse de pie, escupiendo el suelo y dándole una febril mirada cargada de cólera. Tom rió divertido y le dio una patada en el estómago, logrando que el rubio cayera al suelo perdiendo la respiración, el joven señor oscuro agarró un puñado de su cabello y lo obligó a mirarlo.

—No creo que le repugne tanto, Malfoy, al menos no lo suficiente para que me deje follarla cuando quiera, donde quiera y como quiera.–gruñó Tom Riddle perdiendo la paciencia, sus ojos tenían un leve tinte carmín que hizo que Draco peleara con mayor convicción:- Hermione es mi mujer.

—Ella no soportará la oscuridad que hay en ti y cuando menos te lo esperes, te matará. –gruñó Draco enseñándole los dientes, Tom soltó una carcajada fría y estampó su cabeza contra la pared, el rubio soltó un aullido de dolor que hizo estremecerse a los olvidados adolescentes, por su pálido rostro se deslizó la sangre como una pintura a medio comenzar.

—Ella soportará mi oscuridad, la abrazará y la aceptará como suya. Lo hará, Draco Malfoy, porque me ama. Y esa, es su mayor debilidad y mi mayor triunfo. –espetó Tom lentamente al oído del rubio antes de enderezarse, moviendo su varita y levitando al rubio al centro de la habitación:- Tengo un montón de nuevos hechizos que practicar, espero que no te moleste que veamos cuales son exactamente sus efectos. Y la próxima vez que oiga que insulten a mi mujer, van a desear no haber nacido.

Y con esas sedosas palabras, Tom Riddle procedió a enseñarles a sus jóvenes seguidores precisamente cuál sería su castigo.

-X-

La señora Granger entró de forma abrupta a la enfermería, sobresaltando a Madam Pomfrey que estaba dándole una poción a un niño de primero quien terminó empapado con la sustancia viscosa, ella se disculpó nerviosamente y se apresuró a limpiarlo antes de correr hacia la mujer que sostenía la mano de su nieta, tomando su pulso y frunciendo profundamente el ceño.

— ¿Dónde está el inútil de Dippet? –gruñó la señora Granger sonando como un animal rabioso, la medimaga se estremeció y se apresuró a ir a buscar al director, ofendida por la grosera actitud de la bruja. La mujer mayor por su parte, alzó la mano de Hermione y sonrió ampliamente al ver el hermoso anillo, deslizó su mano por este, sintiendo la oscuridad que poseía y suspiró entusiasmada. Con un leve movimiento de su varita, transfiguró una silla y se sentó a esperar que el director de Hogwarts apareciera, canturreando una suave canción de cuna para Hermione.

—S-S-Señora G-Granger…

—Dippet. –interrumpió la mujer mayor, mirando al hombre con el ceño fruncido.- Quiero una explicación. Ahora mismo.

—C-creemos que el señor Malfoy trató de d-darle una poción de amor a la señorita Granger, p-pero estaba mal hecha y terminó envenenándola. –explicó Dippet limpiando nerviosamente el sudor de su frente y mirando en todas direcciones, visiblemente nervioso.- El ministerio no tardará en enviar Aurores para encargarse del asunto.

—El ministerio se quedará fuera de este asunto, Dippet. –declaró la señora Granger con frialdad, estrechando sus ojos y apretando sus labios.- A menos, claro, que quieras que un escándalo como este sea filtrado a la prensa. Con Grindelwald ya regresaron pocos alumnos, no quiero imaginar cuantos más se irían si se enteran de este desastroso déficit de seguridad.

—P-pero…

—Sin peros. Yo solucionaré este desastroso asunto. –espetó la señora Granger chasqueando su lengua y negando.- ¿Cuál es el estado de mi nieta?

—Está estable, logré quitarle el veneno justo a tiempo, la única secuela será que va a dormir profundamente hasta… bueno… un par de días. –respondió la medimaga dándole miradas de reojo a la mujer.

—Bien. Al menos alguien es eficiente en este colegio. –declaró la señora Granger soltando un largo suspiro, palmeó la mano de su nieta y besó su frente antes de ponerse de pie, mirando despectivamente al director.- ¿Dónde está el chico Malfoy?

—L-lo estamos buscando. –anunció Dippet con su voz convertida en un chillido patético.- Nadie lo ha visto desde el incidente.

—Por Merlín, debes ser el peor director en la historia de Hogwarts –murmuró la señora Granger con voz sedosa, los ojos de Dippet casi se salieron de orbita y su rostro se colocó de un color poco saludable, ella chasqueó sus dedos y un elfo apareció rápidamente, esperando en silencio la orden de su ama.- Ve a buscar a Tom Riddle.

El director Dippet abrió su boca como si fuese a comentar algo, pero la medimaga intervino salvándolo de un posible ataque de la horrenda bruja Granger.

—Sería bueno darles intimidad, señor director –sugirió dándole una palmadita en la mano y guiándolo a la salida, hablándole en voz baja, la señora Granger puso los ojos en blanco y negó, fastidiada antes de regresar a su asiento, mirando a su nieta con los labios apretados.

Un par de segundos después el elfo reapareció con Tom Riddle quien se acercó con lentitud a la camilla. Sus ojos se volvieron una fría capa de hielo y apretó sus puños.

— ¿Sabe quién le hizo esto?

—Tengo mis sospechas –comentó escuetamente la señora Granger antes de recostarse en la silla y sonreír:- Lo bueno de esto es que matamos dos pájaros de un tiro, como tan bien dicen los muggles. Nos deshicimos de los Malfoy's y podremos adelantar la boda.

Tom asintió distraídamente sin despegar sus ojos del cuerpo debilitado de su futura esposa. La señora Granger dejó pesadamente un libro sobre la silla y chasqueó sus dedos, un elfo apareció cabizbajo y tembloroso.

—No tengo nada más que hacer aquí. Cuando mi nieta despierte, avísame inmediatamente, Tom. Eres el único confiable en este internaducho. –gruñó la señora Granger antes de sostener la mano del elfo y ordenarle que la sacara de ahí.

Él comprendía la impaciencia de la mujer, era molesto tener que esperar que Hermione despertara, era desagradable verla tan débil. Le causaba un extraño sentimiento en la boca del estómago que no era para nada satisfactorio. Frustrado se dejó caer en la silla y agarró el libro, sumergiéndose en la lectura.

Una hora con cuarenta y ocho minutos y seis segundos más tarde, Tom Riddle cerró de golpe el libro de runas que la señora Granger había dejado atrás y miró a Hermione con los ojos entrecerrados. Le estaba poniendo realmente furioso que estuviese tan dopada. Quería verla despierta, hablar con ella ya que así podría confirmar sus sospechas y él empezaría a trazar su venganza. Porque no iba a tolerar que alguna persona le hiciera daño. Nadie excepto él era capaz de ver esa encantadora mueca de dolor en su rostro. Miró por encima de su hombro y solo cuando estuvo seguro que no había nadie cerca (y que la medimaga seguía dormida) murmuró 'Fermaportus' bloqueando la puerta y luego un rápido hechizo para que nadie fuese capaz de oír lo que sucedería.

Hizo una mueca y volvió a abrir el libro, tocando los dibujos con la punta de su varita, desvistió con lentitud a Hermione, deslizando su mirada por su cuerpo, recreándose con la maravillosa visión, temblando expectante conjuró un flagrate y sin vacilar ni un segundo tocó la piel de su pecho, justo sobre el corazón, grabó la runa de protección 'Eihwaz' seguida de Algiz, luego sonriendo oscuramente deslizó su varita hacia su cadera, donde plasmó respectivamente en el lado derecho e izquierdo las runas 'Sowellu' (la runa del todo) y 'Tyr' (victoria en las batallas). Con esas runas de protección en el cuerpo de Hermione bastaría, dio un paso atrás y miró fascinado por la sangre que se deslizaba lentamente por su piel, las heridas comenzaron a resplandecer suavemente y a volverse borrosas, Tom Riddle tatareó satisfecho porque su petición fue oída y dio un vistazo al libro.

Gebo: Unión. Sociedad. Regalo. Don. Matrimonio.

Matrimonio.

Lamió sus labios y en una acción impulsiva invocó un bisturí, dejó su varita de lado, esto lo haría con sus propias manos. Tomó una pierna de Hermione, disfrutando la suavidad, y depositó un beso en su muslo, antes de deslizar el bisturí creando la runa, lamió su sangre, disfrutando de su sabor en su boca, antes de retroceder y cortarse la palma de su mano, alzó su cabeza, buscando una reacción en la sedada chica, y puso su sangrante mano contra la runa.

Una repentina oleada de electricidad lo recorrió de pies a cabeza y en el mismo lugar donde plasmó la runa, sintió un punzante ardor. Estaban bendecidos. Se tambaleó hacia atrás, agotado pero sintiéndose increíblemente bien, sus magias volvían a danzar juntas y la naturaleza aceptó su unión.

—Eres mía, Hermione Granger, ahora y siempre. –declaró Tom besando detrás de su oreja, con su cuerpo temblando con un sentimiento que no era capaz de reconocer, ni quería ponerle nombre:- Más allá de nuestras muertes, nos pertenecemos.

Hermione se incorporó como un rayo en la cama, jadeando en busca de aire. Se arañó la garganta, golpeó su pecho y finalmente respiró bruscamente. Sudaba, helado y febril al mismo tiempo, pateando la ropa de la cama hasta lanzarla al suelo, abrió su boca para soltar un grito ensordecedor y Tom se felicitó por haber silenciado la habitación.

Lo miró ciegamente, con sus ojos extrañamente vacíos, lo cual le molestó un poco pero entonces, ella susurró su nombre y estiró su mano, tocando su mejilla. Él jadeó, sorprendido por la forma en que su estómago se apretó y como su cuerpo agradeció aquel suave contacto. De forma inconsciente movió su rostro contra la cálida palma de su mano y cerró sus ojos disfrutando de aquella caricia.

Tom.

No importaba que su voz sonara lejana, ni que su mirada estuviese perdida, ni que su toque fuese impersonal, no importaba nada excepto que lo llamara a él.


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