Yo y mis malditas demoras. A mi favor, he editado la historia por completo (¿Lo notaron, verdad? Díganme que sí T_T)

No tengo mucho que decir, ¡Muchísimas gracias por los comentarios! Realmente las/os amo, son los mejores lectores del universo.

Er.. por cierto, para los que no han visto, tengo un nuevo tomione... por si quieren pasarse...

Ahora sí, los dejo con el nuevo capitulo.

19:

Luna lanzó un trozo de carne a los thestral quienes resoplaron contentos y corrieron tras la comida, ella sonrió suavemente sintiéndose profundamente calmada en medio de aquel oscuro bosque. Siempre que tenía tiempo disponible se deslizaba a las profundidades y se dedicaba a alimentar a los animales o a charlar con los centauros.

Le dio un vistazo de reojo al castillo y suspiró fatigada, ella supo desde el principio que su presencia en este lugar no ayudaría en nada, pero ahora que lo estaba viviendo era muy frustrante, así que prefería disfrutar el aire libre, colmándose con la paz del lugar.

Justo en el momento en que les lanzaba otro trozo de carne, alguien clavó duramente una varita contra sus costillas, Luna parpadeó sorprendida por el repentino ataque y echó su cabeza hacia atrás apoyándose en el hombro de la persona en cuestión, su sonrisa se agrandó al darse cuenta que se trataba de Avery. Él, en cambio, frunció aún más su ceño y dio un paso atrás, como si su cercanía le molestara, su varita se apretó con más fuerza y le miró de forma calculadora.

— ¿Quién demonios eres tú, muchacha? –cuestionó él con brusquedad.

—Mi nombre es Luna y por lo que dicen soy una persona muy extraña. –declaró ella con calma parpadeando lentamente como si fuese ajena a la varita que estaba clavada en sus costillas.

—Eso ya lo sé, maldita sea, ¿qué coño haces aquí? ¿Cuál es tu maldito apellido? –preguntó Avery duramente.

—Eres un chico inteligente, Humprey Avery –comentó Luna con suavidad, tomando distraídamente un trozo de carne, tendiéndoselo a un cachorro que se atrevió a acercarse para ser alimentado, rascó cuidadosamente detrás de las orejas del pequeño threstal bajo la atenta mirada de la madre y de Avery.- A decir verdad, no puedo decirte mucho de mí ya que podría poner en peligro muchas vidas…

—Ni tú ni ese chico Malfoy pertenecen aquí. Tampoco Granger. –declaró Avery con brusquedad.

—Eso es casi cierto –admitió Luna de forma distraída colocando su mano sobre la de Humphrey, lentamente moviendo la varita y con sus ojos clavados en los de él.- No es necesario que me ataques. Voy a contarte lo que sé, porque confío en ti, pero necesito que entiendas que si alguien más se entera habrá mucho en peligro.

El chico guardó su varita a regañadientes y se cruzó de brazos, mirándola fijamente con una pizca de desconfianza, Luna sacudió su vestido de color amarillo chillón, soltando una risita cuando el amistoso thestral cachorro le dio un cabezazo pidiendo más comida. Humphrey alzó sus cejas y apretó sus labios, como si estuviese luchando contra una sonrisa. Luna parpadeó y su rostro se iluminó por la enorme sonrisa que nació de forma espontánea.

—Vaya, tú también eres capaz de verlos. –comentó alegre y luego rascó una vez más la parte de atrás de las orejas del cachorro, tomando la mano del chico, ignorando la forma en que podía sentir su pulso latiendo de forma frenética.- Mi nombre es Luna Lovegood y nací en el año 1980.

— ¿Del 80? –repitió Humphrey deteniéndose de golpe, haciéndola trastabillar y se apresuró a ayudarla a enderezarse.- Creía que eran menos años. Eso sí que es romper las leyes del tiempo…

—Lo sé. Y antes que preguntes, no, no te puedo contar como lo hice. –afirmó Luna y al ver que él abría su boca se apresuró a agregar:- Y no, tampoco te puedo decir quien me envió, aunque a estas alturas ya debes sospecharlo…

Mientras caminaban por el bosque prohibido, Luna le contó distraídamente algunos trozos de información, Humphrey lo absorbió como una esponja, guardándolo en su cerebro para procesarlo después, porque en esos momentos solo podía disfrutar de la suavidad y calidez de la lechosa piel de Luna Lovegood. Se suponía que al descubrir su verdadera identidad, la curiosidad que sentía se iba a esfumar, pero no, ahora se sentía más curioso que nunca…Y es que la señorita Lovegood realmente era una agradable distracción.

Ambos caminaron tranquilamente de la mano, intercambiando opiniones en voz baja, con un hechizo ahogando los sonidos, inconscientes de los oscuros ojos que seguían sus pasos con un feroz resentimiento.

1998

¿Cómo pudiste creer que yo iba a enamorarme de una mestiza como tú, McGonagall? Desde el principio solo fuiste mi puta y lo será así hasta el final.

Minerva apretó sus labios que temblaban de forma un tanto excesiva, luchando contra las lágrimas que amenazaban con desbordarse de sus ojos y cerró sus ojos, tratando de calmar el agudo dolor que las frías y duras palabras habían despertado en ella, pero no podía. No podía sacarse de la cabeza las hirientes palabras de Abraxas. ¿Era Abraxas? ¿Cuándo había llegado el rubio a esa oscura y olvidada mansión? Negó, sintiéndose profundamente confundida, cayó de rodillas con sus piernas demasiado temblorosas para sostenerla, oyendo una burlesca carcajada que dolió más que la caída en sí.

Aaaw, Minnie, no vayas a llorar. Espera que termine de contarte todo. ¿Mereces saber la verdad, no crees?

Ella apretó sus ojos tratando de alejar la cálida voz de Alphard contra su oído, respiró pesadamente y luchó por aclarar su mente. ¿No había dejado a los chicos en la casa, protegidos? ¿Qué estaba pasando, entonces? ¿Cómo la encontraron? ¿Por qué le hablaban de esta manera tan hiriente?

Fue tan fácil enamorarte, un par de palabras dulces, un hombro para llorar y estabas en mis brazos. Siempre fue para pelear con Malfoy. Tú no me importabas ni un poquito, por eso tras salir de Hogwarts, me largué.

¡No! –gritó Minerva enderezándose de golpe, abriendo sus ojos y temblando, respiró pesadamente y movió sus varita.- No es cierto. Alphard me ama, fui yo la que no era capaz de devolver sus sentimientos porque estaba aterrada. Tú no eres Alphard, ni tú Abraxas.

Tras esas contundentes palabras, recordó todo de golpe: habían estado luchando con las barreras mágicas de la casa junto a Narcisa cuando una extraña neblina las rodeó, era espesa y la hizo perder rápidamente el sentido. Cuando despertó, Abraxas estaba a su lado, murmurando ofensivas palabras. Se levantó, tambaleándose, tratando de mantener la calma, escuchó desgarradores sollozos que parecían estar siendo ahogados y buscó a Narcisa entre la molesta neblina (que seguramente era algún retorcido método de protección que había inventado Riddle).

Por favor, mamá, por favor, mi bebé. No le hagas daño. Por favor, te lo suplico.

¿Cómo pudiste, Narcisa? ¡Eres una cualquiera!

¿De quién es ese crio, Narcisa? ¿Es de Lucius?

Jamás se los diré. Nunca. El bebé es mío. –declaró Narcisa con fiereza.

El bebé es mío. –repitió su padre con una voz extremadamente burlesca antes de levantar su mano como si fuese a abofetearla.- ¡Perra! ¡Ese bebé es una escoria!

¡Mátalo! ¡Mátalo antes que los Malfoy's se enteren! –chilló su madre temblando de furia.

¡No, no! ¡Es mi bebé! Por favor, no me lo quiten…

Minerva se tambaleó cubriendo los ojos de la mujer rubia quien aullaba de dolor y cubría su vientre de forma protectora, murmuró palabras alentadoras, explicándole la situación, tratando de calmar los frenéticos movimientos de Narcisa, quien se desplomó en el suelo sollozando con una angustia que le partió el alma a la mujer.

— ¡Tienen que moverse!

El repentino grito de la señora Granger las hizo dar un pequeño salto, Minerva ayudó a Narcisa a ponerse de pie justo en el mismo momento en que las paredes de la habitación se comenzaban a mover de manera peligrosa, de cierta forma parecía que estuviesen respirando. Sin detenerse a preguntar lo que sucedía, ambas se apresuraron a correr hacia la puerta, apenas cruzaron el umbral la habitación literalmente explotó causando un gran estruendo. Fragmentos de las murallas impactaron contra ambas mujeres que tosían por el polvo que se levantó y trataban de cubrirse de forma desesperada.

Esto de ayudar a Riddle sería infinitamente más difícil de lo esperado. Y, aunque quisieran, ya era demasiado tarde para dar marcha atrás.

Minerva esperaba salir viva de aquel espantoso lugar.

1943

—Me alegro que todos pudiesen asistir al baile, el cual fue organizado por los Premios Anuales, un aplauso para el señor Tom Riddle y la señorita Hermione Granger quien por problemas de salud no pudo asistir.

Tom sonrió de forma inocente hacia los compañeros y profesores que le aplaudían, algunos más animados que otros. Dumbledore alzó su copa, viéndose tan tranquilo como siempre, pero Tom podía ver tras su fachada, era capaz de notar la furia que estaba burbujeando justo bajo la superficie.

—Que el baile comience.

Tras esas cortantes, falsamente edulcoradas palabras, la suave música que Hermione había elegido comenzó a sonar, al parecer fue un verdadero acierto porque inmediatamente las chicas comenzaron a suspirar y a arrastrar a sus acompañantes a la pista de baile.

— ¡Tom, muchacho, ven aquí, tengo a alguien que presentarte!

Tom saludó a un par de personas antes de acercarse a toda prisa al profesor Slughorn quien estaba acompañado por Kyrian Zabini, el actual ministro, él estrechó la mano del hombre con una sonrisa amable estampada en su rostro, sin embargo, sus ojos eran un tempano de hielo de profundidades abismales. Oyó a Slughorn halagarlo por su inteligencia y los pequeños, avaros ojos del ministro se clavaron en él, tratando de ver lo que el profesor tanto y al parecer, tras un perezoso escaneo fue capaz de encontrarlo puesto que enderezó su postura y sus ojos brillaron con interés.

— ¡Él es muy inteligente, mi viejo amigo! –exclamó Horace moviendo su bigote de forma graciosa, luego dio una mirada alrededor y le envió una sonrisita cómplice a Tom:- Tanto, que está cortejando a la señorita Granger y al parecer la boda será muy pronto.

—Casarse con una Granger realmente debe ser un honor. Sí, definitivamente es un muchacho inteligente y con buenas alianzas –murmuró el ministro enviándole una mirada al grupo de muchachos que esperaban impacientes a Tom, luego rió entre dientes y alzó su voz.- Bueno, joven Riddle, comenzaré a temer que me robes mi puesto.

—Oh, por supuesto que no, señor ministro. –balbuceó automáticamente Tom, preparándose para soltarle un discurso pero entonces el hombre movió sus ojos hacia la puerta y bufó de forma despectiva.

—Ah, miren nada más, Albus Dumbledore. –escupió el hombre, ceñudo, luego torció sus ojos con disgusto y ondeó ligeramente su mano.- Discúlpenme, caballeros pero tengo una conversación pendiente con el profesor. Ven a hablar conmigo cuando quieras, muchacho, se ve que tienes un talento innato.

Tom intercambió un par más de comentarios con Slughorn antes de acercarse al grupo de sus jóvenes seguidores todos acompañados por sus respectivas parejas, alzó una ceja al ver a Luna Lovegood entre Rosier y Avery, ella bebía distraída un extraño brebaje de color anaranjado y movía sus pies a un ritmo totalmente diferente al que sonaba por la habitación. Puso sus ojos en blanco ante sus extravagancias y luego palmeó el hombro de Humphrey quien inmediatamente cabeceó.

—Está hecho. –murmuró para que solo él oyese, Tom asintió y alzó su copa de forma calculadora.

—Deberías ir a bailar con tu pareja, entonces, Humphrey. –sugirió con los labios alzados en una sonrisa burlesca, Avery le miró con el ceño fruncido y luego miró a Luna que se balanceaba en las puntas de sus pies.

—Ella, uh, quiere bailar con, uh, ambos. –gruñó Avery molesto, luego resopló y pasó una mano por su cabello.- ¿Por qué tiene que ser tan jodidamente rara?

Tom puso los ojos en blanco e ignoró el comentario del chico, definitivamente le importaba un comino la vida amorosa de este grupo de adolescentes. Ellos eran un medio para sus fines y nada más. No tenía un mayor vínculo con ellos y no los tendría nunca. Ellos eran sus seguidores, no sus amigos.

Él no tenía amigos.

Miró alrededor, la fiesta estaba en su pleno apogeo a pesar que acababa de comenzar, todos bailaban animados con sus parejas, otros conversaban y compartían con sus cercanos, Dumbledore estaba teniendo un serio intercambio de opiniones con el ministro quien se veía muy alterado. Bien, esta era la oportunidad que estaba esperando.

Silenciosamente, se hundió en las sombras, deslizándose con sigilo hacia la salida, procurando que nadie lo viese. Caminó tranquilamente por los vacíos y lúgubres pasillos, sintiéndose reconfortado por la oscuridad del castillo. Con cada uno de los pasos que daba, al expectación en su interior aumentaba y el extraño e incomprensible vacío que había sentido momentos antes se disipaba.

Cada paso lo acercaba al extasis. A Hermione.

Y lo odiaba. Oh, como odiaba la debilidad que esa pequeña desafiante muchacha causaba en él. Como despreciaba aquellas extrañas mezclas de desconocidos sentimientos que despertaba en él. Debería matarla, así acabaría con la desagradable sensibilidad que ella había comenzado a implantar en él… pero…

Un estremecimiento se deslizó por su columna y sus pasos se detuvieron de golpe, él exhaló con rudeza, sintiéndose inexplicablemente mal ante la perspectiva de perder a Hermione. No quería volver a estar en el frío, no ahora que había conocido la calidez. Sus pasos se reanudaron, con más rapidez y urgencia.

No me importa tener una pequeña debilidad.

Tom jugueteó distraídamente con su varita de forma distraída, mirando la camilla donde estaba Hermione y luego suspiró ruidosamente, cerrando las cortinas y enviando un rápido hechizo muffliato. Apoyó sus manos a los lados del rostro de la chica que de vez en cuando se retorcía de dolor y hundió su nariz en su cabello, aspirando profundamente, abrió sus ojos al escuchar el tembloroso suspiro de Hermione que anunciaba su inminente despertar.

Nadie nunca se acercaría a ella

— ¿Tom? -preguntó con voz rasposa, frotándose un ojo y bostezando mientras miraba alrededor, pareciendo asustada al notar que estaba en la enfermería:- ¡Oh, no, ¿Qué fue lo que sucedió ahora?!

—Te envenenaron. –contestó él con indiferencia.

— ¿Qué? -preguntó Hermione horrorizada.- ¡¿quién haría algo como eso?!

—Eres una Granger, creí que estabas acostumbrada a estas cosas. –respondió él de forma fría y burlesca que la colocó inmediatamente en alerta.

—Acaban de atentar contra mi vida y tú ni siquiera te inmutas, Riddle... –reclamó Hermione colocando sus ojos en blanco.- Si que te importo.

—Haré pagar a la persona que te causó dolor, Hermione. -anunció Tom encogiéndose de hombros con indiferencia, sin embargo, sus ojos brillaban con pura maldad, él le miró de forma calculadora y le envió una de sus mejores sonrisas, logrando estremecerla.- Ya comencé dándole una lección a Malfoy.

— ¿Tu… q-qué? –preguntó Hermione con un hilo de voz, buscando su mirada angustiada por lo que acaba de decir:- ¿Malfoy está bien?

—Está vivo, Granger. –gruñó él encogiéndose de hombros, indiferente a la expresión horrorizada de la chica que fue rápidamente cambiada por una de profunda molestia.

—Al menos Malfoy no me trata como si fuese un maldito objeto -espetó Hermione fulminándolo con la mirada, Tom alzó sus cejas y soltó una seca carcajada.

—Por supuesto que no. –se detuvo un segundo, simplemente para saborear la expresión que colocaría:-… porque él te trata como una sangre sucia, ¿verdad, Hermione? -susurró mirándola con malicia, completamente divertido ante la repentina palidez de la castaña.- Vi un par de cosas interesantes en su cabeza hoy, mientras le daba una pequeña lección...

—Oh por Merlín... ¡No! -balbuceó para sí misma, con la mirada perdida, pareciendo de nuevo horrorizada. A él le agradaba esa mueca de horror en su rostro. Casi podía oír su cerebro trabajando a toda máquina.

— ¿De verdad creíste que podrías mantenerme engañado, Hermione? –preguntó con las cejas alzadas, colocando sus manos en su espalda, enlazándolas y clavando sus ojos en los de la chica:- Sabía que había algo extraño en ti apenas apareciste.

— ¿Cuánto viste? -pregunto agarrando la capa de Tom y mirándole con desesperación.- ¡¿Cuánto, Tom?!

—Todo. Lo vi absolutamente todo. -respondió Tom arrastrando las palabras, disfrutando del horror de la chica.- Sé que eres del futuro, Hermione. Y sé que en ese futuro, luchabas por destruirme.

—Obli-

—Tengo todo respaldado, Granger. No harás gran diferencia si me borras la memoria. -declaró él con calma, miró sus uñas con poco interés y no luchó contra la sonrisa que floreció en su rostro, después de todo, ella podía sentir su satisfacción al verse ganador:- Y probablemente no reaccionaré tan bien la próxima vez que lo vea...

—No debiste leer su mente, Tom. –susurró Hermione, sentándose en la camilla, despeinada y visiblemente alterada:- No debiste ver…

—Bueno, sabes cuál es la mejor solución. Mátame, Granger. La última vez que lo intentaste estuviste bastante cerca por lo que vi en los recuerdos de Draco... –expuso él mientras la empujaba de regreso a su posición acostada y se acomodaba sobre ella, sus ojos enganchados con los suyos y sus labios rozándose con cada palabra:- Harry Potter no era un gran desafío, siempre fuiste tú mi única rival, el cerebro detrás del estúpido niño con complejo de héroe.

Esos ojos atrevidos que pertenecían a la castaña se desviaron nerviosamente, lejos de él, sus mejillas se colorearon suavemente ante aquel comentario y trató de decirle que estaba equivocado, batalló por verse ofendida por el casual cumplido, pero entonces Tom sostuvo su mentón y la obligó a mirarlo directamente. Segundos después él tenía sus labios sobre los de ella, demasiado ansioso, demasiado enloquecido, rápido, febril. Se adueñó de su boca de forma apasionada, desesperada. Él la oyó y sintió gemir, una vibración deslizándose a lo largo de ella, y Salazar, ese maldito sonidito que hacía lo volvía loco. Lo descontrolaba.

Alargó la mano hacia su cuello sintiéndose satisfecho al percibir el estremecimiento de la chica, brindó una leve caricia sobre su mejilla con su dedo pulgar. Sus manos se enredaron en su espeso cabello, sin separar su mirada de sus hipnotizantes ojos marrones estampó una vez más su boca contra sus tentadores labios y aunque al principio ella opuso resistencia, pasado unos segundos su mano se aferró a su camisa y lo atrajo más cerca, devolviendo desesperada eldevastador beso.

—T-Tom… -gimió ella atormentada.

— ¿Lo sientes? –preguntó él su voz enronquecida eclipsó todo pensamiento coherente de la chica, con sus labios rozándose con cada palabra, ella respiró pesadamente, con sus manos aferradas a la camisa de Tom y sus ojos cerrados.- ¿Puedes sentir como nuestra magia se une, Hermione? ¿Ves como tú y yo somos tan correctos juntos?

Hermione se estremeció, abriendo su boca para negar su contundente declaración, para debatir, para explicarle y de paso recordarse a sí misma que aquello definitivamente no estaba bien. Que él era su enemigo. Que él era el culpable de la miseria de Harry, el causante de tantas muertes, de tanto dolor… sin embargo la energía estaba zumbando entre ellos era imposible de ignorar o quizás era su mirada penetrante y la forma en que ambos podían oír ciertos pensamientos del otro, la forma en que sus emociones se mezclaban. Hermione era inteligente y sabía que no valía la pena esconderle la verdad a Tom, porque aquello solo lograría sumirlo en un ataque de rabia y las consecuencias no iban a ser lindas para nadie.

Lentamente, asustada, permitió que sus parpados se alzaran y se sonrojó al ver la posición de Tom, estaba a cuatro patas encima de ella viéndola como un depredador y era tan peligroso como uno. ¿Lo sientes? Sí. Ella lo sentía. Era un zumbido, un hormigueo hambriento que le recordaba que estaba tan cerca pero a la vez muy lejos. Hermione tembló, ansiosa por más, desesperada por una dosis más de sus adictivos besos.

—Esto está muy mal, Tom Riddle. –susurró Hermione y a pesar de sus palabras llenas de convicción cerró el espacio entre ellos y lo besó profundamente, con sus manos vagando por su cabello semi rizado, cuello y al final clavando sus uñas en su espalda.

Él le susurró con cada beso que lo perfectos que eran juntos, con cada lamida mientras sus labios se movieron a su cuello murmuró 'Merlín, hueles tan bien, sabes tan dulce', y aunque trató de reprimir sus jadeos, no fue capaz. No podía combatirlo, no podía luchar contra la tentación que él imponía. Sus puños se cerraron alrededor de su camisa, acercándolo más, gimiendo cuando su mano se deslizó por su pierna. Sus dedos apenas la tocaron y esta vez, el hormigueo en sus manos no tuvo nada que ver con la brujería, esto era pura lujuria, dejando rastros de lava a través de su piel. Sus manos se movieron lentamente y la instó a alzar las caderas, jugando con el borde de sus bragas. Una de sus palmas se mantuvo en su trasero, quemándola, haciéndola desear mucho más que aquel simple contacto.

Lentamente bajó sus bragas, su respiración se detuvo esperando que sus movimientos hicieran que Hermione saliera de la burbuja en la que estaban sumergidos, pero ella no lo empujó lejos, no le gritó que se detuviese. Sus ojos estaban pesados y oscuros de lujuria. Profundos, brillantes ojos color chocolate le devolvieron la mirada, enmarcada con pestañas largas y oscuras. A él le gustaba esa luz que poseían, pero sin duda le gustaban más así, con esa crudeza, con esa necesidad carnal dirigida solo a él.

Su ropa era un maldito obstáculo, pero Tom no quería que huyera y sabía que si se apresuraba, ella terminaría escapando. Su cabeza estaba enterrada debajo de la barbilla, lamiendo y mordisqueando la piel tierna sobre su cuello. Sus labios viajaron hacia abajo, a través de su clavícula dejando leves marcas que pronto serían visibles para todos… repentinamente jaló su cabello con fuerza y lo miró fijamente.

—Sé lo que estás haciendo, Tom Riddle. –anunció Hermione jadeante.

— ¿Mmmm?

—Tratas de distraerme –reclamó Hermione con frustración, él asintió, lamiendo sus labios y sonriendo ante el firme jalón de cabello que le proporcionó.

—Dime, Hermione, ¿lo estoy consiguiendo? –preguntó Tom con la voz enronquecida. Esperó su respuesta pero todo lo que podía escuchar eran sus jadeos y sus pesadas respiraciones por encima del crepitar tranquilo de la chimenea que había en la enfermería. Y el calor que habían creado era más poderoso que cualquier fuego. Ellos estaban ardiendo. Consumiéndose en la necesidad primitiva que despertaban el uno en el otro.

Y aun así, esto no era simplemente follar…

— ¡Señor Riddle!

La ultrajada exclamación los obligó a separarse, sin embargo, Tom se tomó su tiempo de alejarse de ella. Y Hermione pudo sentir su furia asesina al encontrarse con la enfermera acompañada de Albus Dumbledore, él dio un beso en su frente que más que ser protector parecía una muestra de su posesividad y cubrió su cuerpo parcialmente desnudo con rapidez, evitando exponerla a un mayor martirio.

— ¡Jamás esperé semejante comportamiento de su parte, señor Riddle! –espetó la enfermera, temblando producto del bochorno, movió sus manos y miró al profesor Dumbledore:- ¿Acaso no lo castigará, profesor?

—Oh, querida Poppy, no te enfades. –sugirió Dumbledore dándole una palmadita juguetona en sus manos, sin embargo, para Hermione fue evidente que él no estaba tan contento como demostraba:- Ellos son jóvenes, están muy enamorados y pronto se van a casar.

—Aun así, esto es indignante… ¡Salga inmediatamente de mi enfermería, señor Riddle! –exclamó la enfermera sonrojada antes de clavar sus ojos en la chica:- Y usted, señorita Granger, ¡debería avergonzarse...!

Hermione dejó de escucharla automáticamente, sintiendo como alguien sondeaba su cabeza, tratando de romper sus defensas. Apretó sus ojos y puños, alzando rápidamente sus barreras. Era Dumbledore. Él estaba tratando de leer sus pensamientos. De ver sus vivencias. Bastaba y realmente sobraba con que Tom haya descubierto la verdad, no podía permitir que otra persona lo descubriera, tenía que calcular todo fríamente antes de actuar. Y tendría que hacerlo lo antes posible. No había tiempo que perder.

—Dígame, señorita Granger, ¿recuerda lo que le sucedió? –preguntó bruscamente la enfermera, todavía descontenta con la bochornosa situación en la cual se había visto descubierta.

—Sí. –contestó rápidamente Hermione, luchando contra la intrusión a su mente, tragó en seco y relató lo que había sucedido:- Abraxas quería ir conmigo a Hosmedage, pero yo iría con las Minerva y Alphard, conversamos un rato y entonces él… trató de besarme, bueno, lo hizo.

—…Oh por Merlín, entonces es cierto, él la envenenó. –interrumpió la medimaga horrorizada.

—No creo que haya sido intencional… -aclaró rápidamente Hermione.

— ¿Podría ver sus recuerdos, señorita Granger, para asegurarnos de esto? –preguntó Dumbledore y Hermione negó bruscamente, enderezándose totalmente alerta.

— ¡No!

—Señorita Granger, lo que ha sucedido no es algo tan simple como lo ve, trataron de asesinarla y el único sospechoso podría ir a Azkaban. –indicó suavemente Albus Dumbledore, como si se tratase de un niño pequeño al cual estaba regañando de manera sutil.

—No va a leer mi mente, profesor Dumbledore, es mi decisión y no puede pasar por encima de ella. –espetó Hermione con brusquedad hacia Dumbledore, quien frunció su ceño y asintió rígidamente antes de retirarse. Ella se giró hacia la enfermera y tomó su mano, mirándola fijamente:- Necesito que mi abuela venga inmediatamente.

—Ella ya debe estar llegando, señorita Granger. –anunció la enfermera antes de darle un largo sermón sobre respetar a las personas mayores, cuidarse durante sus relaciones sexuales y tener más cuidado con la familia Malfoy. Ella no oyó ni una palabra.

Merlín.

Esto iba de mal en peor.

-X-

Minerva miró fijamente a Alphard, él chico sonrió ampliamente y se sonrojó de forma imperceptible bajo su escrutinio, ella se acurrucó contra su chaqueta, inhalando su magnífico aroma y desvió sus ojos sintiéndose un tanto culpable por la extraña mezcla de sentimientos que estaban naciendo en su interior.

Él se había comportado como un verdadero caballero. No había vuelto a mencionar sus sentimientos, no la presionó cuando ella le había dicho que no estaba preparada para aceptarlo y siempre parecía estar cuando lo necesitaba, calmando sus temores. Él nunca había mirado o coqueteado con otra chica. Él era todo lo contrario a Abraxas Malfoy, y eso estaba haciéndola caer duro.

Estaba enamorándose de Alphard. Pero lo preocupante era que aun así sus sentimientos por el chico Malfoy no habían cambiado ni en lo más mínimo. El rubio todavía causaba grandes estragos en su sistema, aunque le enviase esas frías e indiferentes miradas. Mientras Abraxas le rompía el corazón, Alphard lo reparaba con sus animadas bromas y sus dulces miradas de anhelo.

— ¿En qué estás pensando, Minnie? –preguntó Alphard recostándose en sus codos y clavando su mirada en ella, sus ojos cargados de simple curiosidad, ella sonrió suavemente, sintiendo como sus mejillas enrojecían.

—En nosotros. –admitió con lentitud, mirándole profundamente avergonzada, él se quedó congelado por un segundo, sus labios entreabiertos y su rostro cargado de sorpresa, luego, ella con fascinación vio una gama de sentimientos pasar por su expresión: esperanza, felicidad, curiosidad, miedo, cariño y una calidez que la hizo estremecer.

— ¿Ah, sí? –preguntó él carraspeando nervioso y tratando de parecer normal, cosa que enterneció a Minerva.- ¿Y qué, exactamente, pensabas de nosotros?

—Creo que ya estoy preparada, Alphard. –declaró Minerva devolviéndole la mirada con nobleza, él arrancó un poco de césped y aguantó la respiración, como si esperase que ella dijera algo más, sonrojándose brutalmente añadió:- Quiero que sepas que mis sentimientos por ti han comenzado a cambiar, y-yo… no te veo más como un amigo.

— ¿No? –insistió él, presionándola para que continuase hablándole, Minerva sintió que su rostro ardía por la vergüenza:- ¿Entonces, Minerva, donde nos deja eso?

Ella abrió su boca para contestarle algo que seguramente la avergonzaría aún más, pero entonces notó el brillo juguetón en los ojos de Alphard y perdió la respiración, ¡Oh! ¡¿Cómo se atrevía a empujarla de esta manera?! Arrugó su nariz con disgusto logrando que el pelinegro compusiera una mueca de pánico pero antes de dejarlo hablar se lanzó sobre él, enlazando sus manos en su cuello y dándole un dulce beso.

Esperaba estar haciendo lo correcto.

1998

¡¿Dónde está Harry Potter?!

Como todos sabemos, el joven y valiente niño que vivió hace meses que pasó al anonimato junto a su mejor amigo y compañero de batallas Ronald Weasley, presumiblemente para armar una estrategia que llevaría a la caída del Señor Oscuro. Fuimos capaces de verlos en un par de ocasiones, como en su loco e inesperado ataque a Gringotts irrumpiendo en las bodegas de la familia Lestrange de donde salieron con las manos vacías y escapando sobre el lomo de un peligroso dragón o según fuentes anónimas ellos también recorrieron un par de conocidos bosques muggles.

Como todos sabemos, en una todavía inexplicable maniobra, el señor Oscuro cayó junto a sus seguidores, encerrados en la Mansión Malfoy la cual extrañamente estaba bloqueada para cualquier tipo de magia, el final de Lord Voldemort y sus Mortifagos fue arder en su cuartel general. Lamentablemente, una de las teorías que se manejan, es que Harry, nuestro querido niño que vivió, esta vez se sacrificó para salvar al mundo mágico, quedándose encerrado junto a los villanos...

—Oh, por Merlín, Neville, deja de leer esa mierda –se quejó Ginny arrebatándole el diario a Neville quien le miró avergonzado, ella arrugó la nariz y enviando un rápido hechizo logró que el papel se convirtiera en cenizas.

—No lo leía por gusto. –explicó Neville rápidamente frunciendo su ceño y disparándole una mirada a Ginny quien aguantaba estoicamente las lágrimas.- Todos sabemos que nada de lo que dicen los periódicos es cierto.

— ¡¿Entonces por qué leías?! ¡Harry no está muerto! –gritó Ginny con los labios temblando, Neville ignoró el apretón de dolor en su estómago y se levantó comenzando un nervioso paseo.

—En ninguno de los periódicos mencionan a Hermione. –indicó Neville con brusquedad, frotando su rostro y viendo como por el rostro de la pelirroja pasaban varias emociones hasta transformarse en una mueca de profunda conmoción. Parecía que le costaba recordar un poco a la castaña, tal como a él le había sucedido al principio:- Algo extraño está sucediendo aquí, Ginny. Y no me gusta para nada.

—Oh por Merlín…. Hermione… No puedo recordarla del todo. –gimió Ginny horrorizada, se abrazó a sí misma y tembló como si estuviese en medio de una tormenta, Neville apretó sus labios y asintió frenéticamente, antes de dar una cuidadosa mirada alrededor, solo cuando se aseguró que nadie estaba escuchando la conversación comenzó a hablar.

—Al principio no podía recordar nada de ella, Ginny, parecía que mis recuerdos se habían bloqueado y que de alguna manera todo lo que tenía que ver con Hermione se había esfumado. Me parecía muy raro, así que comencé a esforzarme por recordar quien era esta chica. Entonces, de a poco, comenzaron a regresar los momentos en que había compartido con Hermione. –susurró él frenéticamente y luego hizo una mueca:- Me asusté y creía que se trataba de mí, que algo estaba fallando después de las constantes torturas de los Carrow, pero entonces… un poco antes del ataque a Hogwarts, escuché a Dean hablando de Ron y Harry, así que le pregunté por Hermione.

— ¿Y qué te dijo? –preguntó Ginny con un temblor deslizándose por su espalda, Neville le miró con sus ojos cargados de pesar.- ¿él tampoco la recordó?

—Fue peor, Ginny, Dean dijo que no la conocía, era evidente que no sabía de quien estaba hablando, me aseguró que nunca tuvimos una compañera con esas características, que siempre fueron solo Ron y Harry contra Voldemort. –susurró Neville sonando cada vez más ansioso, Ginny se tambaleó hasta una banca y se sentó de golpe, frotando un costado de su cuello.- No sé qué está sucediendo, pero realmente, realmente no me gusta.

—Deberíamos hablar con la profesora McGonagall. –sugirió Ginny sonando profundamente confundida, Neville hizo una mueca y negó.

— ¿Y dónde la encontraremos? Desde que se fue con Malfoy apenas asoma su nariz por Hogwarts y… ¿has notado que cada vez se ve más joven? –cuestionó Neville dejándose caer a su lado y suspirando largamente.- Está más que claro que deberíamos hacer algo pero ni siquiera sé por dónde partir.

Ambos se quedaron en silencio, sumidos en sus confusos pensamientos, Ginny rompió a llorar en silencio y Neville la abrazó cuidadosamente, susurrando promesas sobre un futuro mejor que hasta para sus oídos sonaron falsas. Ambos fueron ajenos al elfo domestico que apareció frente a ellos hasta que aclaró violentamente su garganta, la pelirroja moqueó y clavó sus ojos enrojecidos en Dobby quien tenía sus manos en la cintura y parecía extremadamente enojado.

— ¿D-Dobby? Oh por Merlín, creíamos que habías muerto –susurró Ginny estirando su mano hacia el elfo quien le miró con desconfianza y luego agachó sus orejas y miró alrededor con su rostro cargado de pánico. Sin darles una explicación agarró sus manos y los llevó con él a un paradero desconocido.

Un segundo después estaban frente a una solitaria camilla donde yacía Harry Potter, amarrado de pies y manos, gritando de forma agónica.

— ¡Harry! –chillaron ambos Gryffindor's abalanzándose a ayudar al niño que vivió sin embargo Dobby chasqueó sus dedos y ellos regresaron a una distancia prudente.

—Oh por Merlín, Harry… -sollozó Ginny cayendo de rodillas y tratando de alcanzar a su novio, pero el elfo mantuvo aquella barrera para no acercarse más, enfurecida alzó su varita y apuntó a Dobby quien le miró con sus enormes ojos cargados de cautela.-

— ¿Qué le sucede?

—Dobby no sabe –explicó rápidamente el elfo con sus ojos llenándose de lágrimas de tristeza e impotencia:- Dobby hizo lo que la señora Malfoy le indicó, obedeció al Ama a traerlo a su casa, pero el señor Harry Potter sigue gritando y siente tanto dolor… ¡Dobby se tiene que castigar!

— ¡No, Dobby! –gritó Neville agarrando los pequeños puños del elfo que se estrellaban una y otra vez sobre sí mismo, Dobby sollozó pero se detuvo, así que el chico Longbottom agregó:- ¿Quién es tu ama, Dobby?

— ¿No eres un elfo libre?

—Dobby es libre, sí, gracias a Harry Potter. Pero Dobby tiene un compromiso con su anterior amo...

— ¿Lucius Malfoy? –cuestionó Neville furioso, Dobby se enderezó pareciendo horrorizado y negó rápidamente.- Entonces, ¿Draco?

—No, la deuda de Dobby es con el Amo Abraxas.

Neville se quedó mortalmente quieto, pareciera que un mazo de concreto había aterrizado justo en medio de su cabeza y le envió una mirada a Ginny quien seguía en shock por ver a Harry. Abraxas Malfoy. Él era el joven al cual habían confundido con Draco, quien desapareció con Minerva, por conclusión era él la razón por la cual la profesora se veía cada vez más joven… pero… Abraxas Malfoy llevaba años, muchos años, muerto.

— ¿Dobby, qué tiene que ver esto con Hermione Granger? –preguntó Neville con voz un poco aguda, el elfo abrió su boca y la cerró varias veces, luego agachó sus orejas y rompió a llorar.

— ¡La pobre señorita Granger…! –chilló Dobby temblando y sonando su nariz con un roído pañuelo:- ¡La pobre señorita Granger es por quién ÉL ha comenzado todo!

—Voldemort. –susurró Neville tambaleándose hasta la silla más cercana, donde se sentó sintiendo un escalofrió recorrerle la espalda, esta nueva información creó una nueva ronda de cuestionamientos.

Y ahora, no estaba seguro de querer conocer las respuestas.

Hogwarts, 1943

La puerta de la enfermería se abrió con un suave sonido y Hermione soltó un suspiro tembloroso esperando que se tratara de su abuela. Lamentablemente, su suerte estaba en la peor de las rachas y, obviamente, no era la señora Granger quien había decidido aparecer.

—Oh, vamos, hija, no pongas esa cara tan decaída. ¿Acaso no esperabas mi visita?

Hermione torció sus labios con impaciencia ante la presencia del hombre, su vida estaba yendo muy mal sin la ayuda del desagradable Perseus Granger, ¿realmente él tenía que venir a continuar arruinándola? Suspiró cansada y apartó el libro que había estado tratando de leer para enfocarse en el molesto mago sangre pura.

—Siendo sincera, no. No lo esperaba. –admitió Hermione entre dientes dándole una mirada de puro odio a Perseus que resopló, moviendo su varita para acomodar una silla antes de sentarse como si fuese dueño del lugar. Ella se enderezó, haciendo una mueca ante el dolor de su cuerpo y se cruzó de brazos.- Mire, señor, sé que no le agrado ni en lo más mínimo y el sentimiento es totalmente correspondido, así que ¿podría dejarse de farsas e ir al punto?

Perseus tembló de furia al escuchar sus desafiantes palabras y clavó sus oscuros ojos en ella, como si estuviese tratando de medir su poder, su cuerpo estaba tenso, Hermione vio como movía lentamente su varita preparado para atacarla si las cosas se salían de control. O si no iban como él quería.

—El tiempo se ha acabado. –ladró él con aspereza, ensuciándola con las gotas de saliva que saltaron de su boca Hermione torció sus labios con disgusto, pero el hombre continuó con su feroz discurso, ignorándola.- He decidido que vamos a aceptar el trato de los Malfoy…

—No. –interrumpió Hermione con rapidez, jadeando horrorizada, el hombre inspiró con dureza y se puso de pie de un salto, ella se enderezó lo máximo posible sin dejarse amedrentar aunque estaba en clara desventaja.

— ¿No? ¡¿No?! –repitió él colérico, pareciendo un perro con rabia, Hermione se estremeció mentalmente y negó, tratando de verse lo menos afectada por su ira.

—No, señor. No voy a casarme con Abraxas. –señaló ella con falsa tranquilidad, sonando tan fría e indiferente como pudo. Perseus soltó una fuerte carcajada y luego alzó su varita su mano temblando.

— ¡¿Y acaso pretendes casarte con ese asqueroso mestizo?! ¡¿Pretendes que voy a permitir que ensucies de esta manera nuestro linaje, nuestro apellido?! –la voz de Perseus fue subiendo de nivel hasta transformarse en un desquiciado grito, su mano temblaba tanto que en cualquier momento la varita terminaría en el suelo algo que Hermione esperaba con ansiedad, ¿cómo iba a defenderse? Su cuerpo estaba ferozmente resentido, no tenía ni la menor idea de donde estaba su varita y no estaba segura si los hechizos que su abuela le había enseñado servirían contra el rabioso hombre. Pero lo intentaría si él llegaba a atacarla:- No, no lo haré. ¡No dejaré que nos arruines como tu madre! Vas a hacer lo que yo diga…

—No. –espetó Hermione torciendo sus labios y fulminándolo con la mirada.- no me importa lo que usted quiera, señor. Esta decisión no está en sus manos.

—Perseus, baja esa varita inmediatamente. –gruñó la señora Granger pisoteando hasta llegar al lado de su nieta, dándole una mirada que ella no fue capaz de comprender, luego clavó sus ojos en su hijo que la estaba apuntando.- Oh, vamos muchacho, ¿no creerás que me asustas? Yo te enseñé todo lo que sabes y créeme, no eres capaz de vencerme. Ahora, bájala.

— ¿Vas a dejar que ella se case con ese asqueroso mestizo? –gruñó Perseus sin bajar su varita, paseándose lentamente, con los ojos aún más oscuros por la ira. Hermione suspiró y frotó su rostro con cansancio cuando vio que en el umbral estaba Dumbledore observándoles con interés acompañado por el histérico Dippet.- No te dejaré ganar, madre.

—Lamentamos mucho interrumpir esta peculiar reunión familiar. –informó Dumbledore aclarando su garganta y dando un paso adelante, Dippet aspiró una gran bocanada de aire y secó su frente, con sus ojos deslizándose en cualquier dirección excepto en los Granger.- Pero tenemos que hablar cuanto antes sobre el atentado a la vida de nuestra alumna.

— ¡Mi hija es su jodida responsabilidad, Dippet, encuentren al maldito culpable y enciérrenlo en Azkaban! –gritó Perseus ganándose una dura mirada por parte de la señora Granger quien le gruñó que mejor cerrara la boca.

—E-estamos b-buscando al p-p-p-principal sospechoso… Abraxas Malfoy... –balbuceó Dippet con un hilo de voz, Perseus se burló de él imitándolo logrando que esta vez Hermione le diera una dura y asqueada mirada, la señora Granger bufó de forma despectiva y ondeó su mano.

—Dejen a ese chico en paz, él no fue el culpable.

— ¡Eso mismo les dije! ¡Pero no me oyeron! –exclamó Hermione enviándole una furiosa mirada a Dippet quien se volvió aún más rojo que antes.

—Asumo, por la seguridad con la que afirma esto, que sabrá entonces quien es la persona que está tras el atentado a la vida de su nieta. –observó Dumbledore y alto en su tono hizo, una vez más, que sus pelos se erizaran. Hermione tragó en seco, desviando sus ojos con rapidez a su abuela quien estaba sonriendo como un tiburón al otro mago.

—Oh, claro que lo sé, mi queridísimo Dumbledore. –espetó ella con dureza, enderezando lentamente su espalda, todos se apresuraron a mirarla preparándose para oír su explicación.- Fue mi antiguo discípulo.

Dippet jadeó, dando un paso atrás, colocándose de un alarmante color rojo; Perseus bufó y se dejó caer en la silla mirando de forma calculadora a Hermione, ella percibió una pequeña muestra de preocupación pero la ignoró, concentrándose totalmente en Dumbledore que parecía haberse convertido en una estatua.

— ¿Está sugiriendo que Grindelwald vino a Hogwarts para envenenar a su nieta? –escupió Dumbledore sonando tan burlesco y frío que asombró a Hermione. La señora Granger soltó una risita que la hizo verse más joven y sonrió ampliamente.

—Ambos conocemos bien a Gellert, Dumbledore, y sabemos que cuando quiere algo no hay nadie que lo detenga. –indicó ella haciendo que el otro hombre apretara sus labios, fulminándola con la mirada.- Creo fervientemente que fue él, aunque no me asombraría si alguno de mis otro enemigos haya sido el culpable del ataque a mi nieta.

Un fuerte escalofrío se deslizó por la espalda de Hermione, alertándola de un peligro inminente, y luego su vientre se apretó y su mente redujo la alarmante velocidad con la que estaba girando, sus ojos se deslizaron a la puerta donde estaba Tom Riddle acompañado por un débil y pálido Draco. Oh por Merlín… Ella abrió su boca sorprendida por el atrevimiento de Tom y él le envió una pequeña, divertida sonrisita antes de entrar arrastrando al chico, con expresión profundamente preocupada.

Joder. Era tan buen mentiroso.

—Tom, muchacho…

—Lo encontré en uno de los armarios abandonados, estaba inconsciente así que le hice un rápido chequeo antes de reanimarlo, dice que no recuerda el incidente. –informó Tom con rapidez, dejando a "Abraxas" sobre la camilla y luego girándose a ver a los Granger, estirando la mano hacia Perseus quien arrugó su nariz y miró en otra dirección como un niño mal criado. Hermione sintió la furia bullendo justo bajo la superficie, pero Tom se las arregló para verse herido, luego besó los nudillos de la señora Granger quien sonrió ampliamente.

Dippet se retiró con recelo, anunciando que iría a buscar a la señorita Pomfrey, Dumbledore se mantuvo quieto, mirando a todos con calma, tomando los signos vitales de Draco y haciéndole un tranquilo cuestionamiento. Cuando le preguntó si podría ver sus recuerdos, el rubio se tensó y escupió duramente que no, que lo dejara en paz.

—Escucha la petición del chico, Dumbledore, el pobre está cansado y no sabemos si está herido. Ahora, muchacho, sabemos que están desesperados por inculparte pero aunque te acusen, no levantaremos cargo. –indicó con una burlesca suavidad la señora Granger y Hermione se sentía cada vez más descompuesta por la evidente manera en que su abuela trataba de empujar a Dumbledore a su límite, Tom veía maravillado el duro intercambio de miradas y luego sonrió ampliamente, sin molestarse en esconder su diversión.- ¡Oh, Perseus! Antes que te vayas y nos dejes extrañando tu agradable presencia, deberías oír la decisión de tu hija. ¿Ya estás lista, cariño?

Hermione miró con pavor a la mujer mayor, sintiéndose ferozmente traicionada por ella, inspiró profundamente y se puso de pie, tambaleándose, Tom sostuvo su brazo y la ayudó a enderezarse con paciencia. Sintiéndose nerviosa, mojó su labio inferior y los ojos de él se engancharon a su boca, creando que un placentero estremecimiento recorriera su espalda.

—Sí, abuela. Me casaré con Tom Riddle. –anunció Hermione sintiendo una extraña paz inundarla, ella le envió una pequeña sonrisa al chico que la miraba con un hambre voraz, la señora Granger aplaudió y los felicitó con excesivo entusiasmo, ahogando los furiosos resoplidos de Perseus.

La felicidad de la castaña se vio menguada cuando sus ojos chocaron con los furiosos y decepcionados de Draco Malfoy, respirando profundo, se dijo a si misma que había tomado la decisión correcta. Y que ya era hora de dejar de arrepentirse por los caminos que escogía, envió un largo ruego para que Harry la perdonara porque... Esta vez, no daría marcha atrás.

Iba a contraer matrimonio con Tom Riddle y nada, ni nadie la detendría.


Este capitulo fue muuuuy difícil de escribir, espero de todo corazón que les haya gustado.

Espero con ansiedad sus comentarios, recuerden que sus palabras son mi mayor motivación, así que por favor dejen su huellita.

Nos leemos... (espero que pronto)

PD: Estamos en la recta final. ¿Tienen alguna teoría de cuál será el final~?