CAPITULO 4

DETENCIÓN Y SORPRESA

"¿Quién?" preguntó Ginny mirando el lugar al que Hermione señalaba "Ah ella, es Regina Drago. Es profesora de Pociones, italiana, no habla mucho conmigo, pero sé que estudio en Durmstrang y hace dos años da clases aquí… en realidad no habla mucho con nadie, casi siempre está limpiando calderos en su despacho. No la verás mucho; con excepción de los ratos en el Gran Comedor ni siquiera pasa tiempo en la Sala Común de los Profesores." Respondió con gesto desinteresado.

"Su nombre me parece familiar, siento que lo he escuchado de algún lugar." Dijo Hermione entrecerrando los ojos. La profesora McGonagall la llamó a lo lejos indicando que se acercara a ella, por lo que se apresuró a decir a Ginny y Willock que debía retirarse.

La Directora y Hermione caminaron rumbo al vestíbulo "Supongo que debes de estar ansiosa por empezar con tus deberes de profesora." Dijo McGonagall mientras su boca dibujaba una disimulada y cansada sonrisa.

"Por supuesto, profesora..." Dijo Hermione, mientras cruzaban por la puerta que llevaba afuera del Gran Comedor, en donde ya se podían ver a los estudiantes llegando; cada grupo recibido por los distintos prefectos de las cuatro casas de Hogwarts.

"Muy bien, necesito que te encargues de Brown y Romans." Dijo la Directora mientras tomaba a dos chicos de los hombros "…la selección empezará en unos minutos, así que por favor llévalos a tu oficina y decide qué hacer con ellos..." Después miro a los dos chicos con una expresión severa "Estos dos pensaron que sería muy gracioso que las carretas les dieran una vuelta por Hogsmeade, antes de traerlos aquí."

"¡Claro que no! ¡No nos atreveríamos!" Dijeron al unísono los dos chicos con miradas inocentes.

Hermione puso los ojos en blanco, intentando permanecer seria "Esta bien profesora McGonagall. Síganme chicos."

Unos segundos después se encontraron frente a la puerta del salón en el que Hermione daría su clase. Abrió la puerta y se dirigió al escritorio que estaba al fondo de la habitación "Pasen." Dijo. Se sentó en su escritorio observando a los dos jóvenes parados frente a ella y soltó un suspiro "Bueno, debo confesarles que acabo de llegar y ya había escuchado algo de ustedes…" Los dos chicos se miraron orgullosos y sonriendo. Hermione prosiguió "…y bueno, como oficialmente el año ni siquiera ha empezado, no voy a restar puntos de su casa."

"¡Genial! Ya comienza agradarme profesora." Dijo Paul Brown alegre mientras James Romans sonreía.

Brown era hijo de dos magos, pero su padre era hijo de muggles, tenía el cabello castaño claro, ni muy corto ni muy largo. Romans en cambio provenía de una de las familias de magos más antigua, sus padres eran inversionistas de Gringotts, por lo que el chico a estas alturas ya tenía una cámara con suficientes galeones para gastarlos en el Emporio Weasley, que pese a la pérdida de uno de sus fundadores, no había dejado de innovar en ideas y productos; Para honrar la chispa de Fred, hay que echar centellas por él, decía siempre George Weasley sonriendo. James Romans tenía el cabello castaño oscuro, y era solo un poco más alto que Paul Brown, ambos eran delgados, pero empezaban a tomar forma atlética ya que jugaban en el equipo de Quidditch de la casa Gryffindor, como golpeadores.

"No tan rápido. Lo siento pero tengo que darles una detención."

"Está bien, eso no es tan malo." Dijo Romans con tono resignado.

"Escuché que la profesora Drago necesita ayuda limpiando calderos, así que supongo que dos noches de detención serán suficientes para ustedes esta vez." Apenas Hermione termino de decir estas palabras, los chicos estallaron en quejas, hablando al mismo tiempo y exclamando diferentes argumentos "¡Uno a las vez! No puedo entenderlos."

Los chicos se callaron y Brown comentó "Profesora, ¿es una broma verdad?"

Romans completó diciendo "¡Ella nos odia! Ha intentado matarnos más de tres veces." E hizo una cara de trágica advertencia.

Hermione no pudo hacer otra cosa más que reír, después dijo "¡Pues debieron pensar en eso antes de dar una vuelta a Hogsmeade!" Nuevamente los dos chicos rompieron en quejas, pero esta vez con un tono derrotado en sus excusas. Hermione se puso de pie y los guió hacia la puerta "Lo siento chicos. Pueden irse, el sorteo va a empezar en cualquier minuto, apresúrense porque estoy segura de que no se lo querrán perder." Abrió la puerta y los chicos salieron caminando. Hermione asomo la cabeza y les dijo casi divertida "Por cierto, los dos necesitan trabajar un poco más en sus fechorías ¡Estas no me sorprenden!"

Observó por un momento su salón de clases, y ajustó de nuevo el acomodo de sus cosas sobre el escritorio, hasta que quedaron muy bien alineadas, después salió de ahí caminando por los pasillos en dirección al Gran Comedor.

Estaba a punto de bajar las escaleras que llevaban a la antesala, cuando escucho una voz muy familiar "Espero que no les hayas dado a esos dos, un año de detención..." Hermione sintió que la sangre se le congelo. Miles de cosas pasaron por su mente antes de girar la cabeza y decididamente mirar el lugar de donde provenía la voz. Inhaló aire rápidamente cuando sus ojos finalmente dieron con él; su gran amigo y no sólo eso. Su corazón palpitó muy fuerte, no podía creerlo, estaba ahí, de pie como en aquellos tiempos en los que lo miraba y sentía toda la ternura que un corazón puede sentir.

Parecía que el tiempo nunca hubiera transcurrido y con voz confundida y sorprendida a la ves dijo "¡Ron!"