CAPITULO 7

ENCUENTRO Y EVASIÓN

"Entonces es verdad... tú... también... tú también vienes." Dijo ella tratando de poner firmeza a la voz. Harry reaccionó en ese momento y fue hacia ella para darle un abrazo como lo había hecho con su otra amiga momentos antes, sin embargo esta vez el nerviosismo de ambos los llevó a la encrucijada de no saber hacia qué lado poner su cabeza. Cuando finalmente ambos encontraron su lugar, se dieron un abrazo que, de haberse tornado un poco más largo, hubiera podido encender una fogata ahí mismo en la biblioteca. Después hubo un silencio algo incómodo que Ginny intento romper diciendo "¿Y qué? ¿Estabas haciendo rondas para revisar como esta todo por aquí?"

"En realidad, pensaba colarme a las cocinas…" Dijo Harry, sintiéndose un poco avergonzado; le hubiera gustado decir que estaba haciendo algo grandioso que pudiera impresionarla "… pero escuché todo el ruido..."

"Esa era yo..." Dijo Ginny, sonriendo "Estaba buscando algo y de repente, todo se vino abajo y se hizo un gran desastre." Espetó, haciendo con las manos toda clase de ademanes. Al escuchar esto Harry hizo un gesto con el que daba a entender que se disponía a arreglar el lío, por lo que Ginny rápidamente agregó "No, no te preocupes... ya lo arreglo yo."

"Así que... ¿Preparando tu clase?" Preguntó Harry. Tenía meses sin verla; por su misión en Sudamérica no había podido pasar tiempo en la madriguera durante el verano.

"Si, con todo eso del banquete, no tuve tiempo de hacerlo antes. Entonces ibas a las cocinas…" Dijo Ginny mirándolo dulcemente.

"Sí. ¿Quieres venir? …Por supuesto que no. Acabas de decirme que tienes cosas que hacer." Dijo sonriendo algo atolondrado. "De hecho, ya ni siquiera tengo hambre. Bueno, Gin, Supongo que nos vemos mañana." Le sonrió una vez más, dio la vuelta y salió de la biblioteca.

Ginny quedó inmóvil unos segundos, mirando como se marchaba. Cuando desapareció de su vista, sacudió la cabeza como si tuviera que despertar de un trance, suspiro, y se dio un leve golpe en la frente… "¡Demonios!"

Harry, por su parte, iba bastante inconforme por su actuación ante ella, pero muy satisfecho por haberla visto "Después de todo, con esa intención salí de la habitación." pensó mientras sonreía hacia sus adentros.

A la mañana siguiente, Hermione caminaba por los pasillos con dirección al Gran Comedor. Se sentía extraña y no había dormido bien; toda la noche había estado dándole vueltas al hecho de que Harry y Ron estarían ahí todo el año, y después de un vaivén de pensamientos, que corrieron entre la alegría de volverlos a ver, la culpa y el arrepentimiento de evadirlos por tanto tiempo , inexplicablemente, los primeros rayos del sol la habían empujado nuevamente a la ansiedad de sentir que quería alejarse de ellos. Era fácil de entender; no quería llegar al posible momento en el que los dos chicos se pusieran a recordar las batallas que habían peleado juntos. No estaba lista aún para eso.

Al llegar a las puertas del Gran Comedor, escuchó varias voces, entre ellas las de sus dos amigos, por lo que frenó en seco y asomó la cabeza. Ahí estaban los dos, rodeados por unos quince estudiantes que los escuchaban maravillados.

"¡Si! Y entonces iba volando en mi escoba, y una maldita piedra salió disparada por los aires, y sin darme tiempo de nada... ¡ZAZ!" Dijo el pelirrojo haciendo varios ademanes, sobresaltando a todos los estudiantes que estaban ahí "La roca golpeó mi escoba, y me hizo resbalar de ella y después... diles tu Harry..."

"Después Ron, increíblemente, saltó nuevamente a su escoba, y como el buen guardián que era cuando estudiábamos en Hogwarts, hizo una movida genial; golpeó la piedra de nuevo e hizo que fuera nuevamente directo hacia el Troll que la había lanzado... Esa estuvo genial amigo..."

"¡Ustedes dos son increíbles! ¡No puedo creer que vayan a darnos clases!" Dijo un joven de Hufflepuff que miraba a Harry como no dando crédito a que, aquel personaje del que tantas veces había escuchado, estuviera sentado frente a él "¿Es cierto que una vez estuvieron en el bosque prohibido, entre cientos de arañas, cuando solamente tenían doce años?" Harry y Ron sonrieron y afirmaron con la cabeza.

"Esa vez fue terrorífico..." Dijo Ron con el gesto descompuesto.

Hermione, observándolos desde las puertas, puso los ojos en blanco y comenzó a caminar en sentido contrario al Gran Comedor "Ya empezaron. ¡Cuántas historias tan divertidas! ¿Cómo pueden verlo así? ¿No se dan cuenta de todo el peligro que pasamos?" Caminaba muy de prisa, pensando miles de cosas "Lo único que tengo que hacer, es escabullirme y no hablarles lo más que pueda. Mantener la distancia óptima. De cualquier forma conozco todos los pasadizos de Hogwarts, puedo desayunar, comer y cenar todos los días en las cocinas."

Llego a donde había un cuadro muy grande y echó una ojeada de izquierda a derecha, para cerciorarse de que nadie la viera. Con mucho cuidado abrió el cuadro como si se tratara de una puerta, se impulsó hacia dentro y fue a dar de golpe contra alguien que se encontraba del otro lado. Un montón de fruta salió volando hasta caer al suelo y, en un reflejo, Hermione se inclinó a recogerla "¡Lo siento! No me fijé... ¡William! ¿¡Qué estás haciendo aquí!?"

William la ayudó a levantarse, riendo. Tomó la fruta que Hermione había recogido y dijo, con un tono travieso "Me escape del trabajo para venir a verte, mi cielo."

"Pero, ¿cómo es que sabes...?" Dijo señalando el pasadizo secreto.

"Yo también fui un estudiante, preciosa ¡Y uno muy sagaz!"

Hermione le sonrío; después de todo no desayunaría sola. Tomó una de las manzanas de William, le dio un mordisco y dijo "Pues me alegra mucho que vinieras."

Una Hora después Hermione se dirigía a su salón de clases, nerviosa, pues estaba a punto de confrontarse con treinta jóvenes del sexto año. Echó un bostezo y suspiró frustrada. El cansancio la hizo sentir molesta. ¿Cómo era posible que a Hermione Granger le pasara eso? Ella siempre tenía todo bajo control, y de repente llegan esos dos rompiendo toda la estructura que había intentado construir en los últimos años.

Entró al salón y fue directamente a su escritorio. "Todos por favor, tomen asiento y cállense."

Todos atendieron entusiasmados, ante la perspectiva de que su primera clase del año sería con una de las leyendas del mundo mágico; La, tan mencionada en todos los pasillos, Profesora Granger. Seguramente ella tendría que contar las mismas geniales historias que sus dos amigos contaban, por lo que un joven emocionado de Revenclaw preguntó ansioso "¡Profesora! ¿Es cierto que usted peleó sola contra de una pareja de mortíferos?"

Hermione bajó la cabeza y cerró los ojos "Por favor, jamás me pregunten nada sobre lo que han escuchado. Vinieron aquí para aprender encantamientos; esto no es Historia de la Magia." Todos se callaron. La puerta del salón se abrió, rompiendo el tenso silencio que se vivía ahí dentro, y Brown y Romans entraron con frescura y desfachatez. Hermione los miro severamente y les dijo "Llegan tarde."

"Lo sabemos profesora." Dijo Paul Brown con gesto de despreocupación

"Solo diga cuándo, en dónde y la hora. Ahí estaremos." Dijo James Romans guiñándole un ojo.

"El viernes está bien para mí. ¿En dónde estaban?" Respondió Hermione sin sonreír. Brown la miró extrañado antes de responder.

"Estábamos en las cocinas."

Romans, que era un poco más distraído, no había notado que Hermione parecía enojada, y dijo con tono humorístico "Por cierto, nos encontramos con ese amigo suyo, ya sabe, el tipo elegante que habla mucho y la miraba como perro enamorado en el banquete.

Todos comenzaron a reír cuando Romans inició una perfecta imitación de William mirando a Hermione, por lo que la nueva profesora, perdiendo el control, exclamó "¡Basta Romans! Diez puntos menos para Gryffindor. Y ahora siéntense antes de que les quite más..." Los dos chicos la miraron desconcertados y se apresuraron hacia sus asientos. Hermione tomó su libro y musitó "Muy bien, ahora abran su libro en la página cuatrocientos veinticinco."

"¡Pero eso está al final del libro!"

"¿Y por qué creen que pueden cuestionar mis indicaciones?" Cuando el sonido de su propia voz llegó a sus oídos, Hermione finalmente cayó en la cuenta de cómo se estaba comportando. Probablemente si ella estuviera sentada en el lugar de los estudiantes, odiaría ya a esta nueva profesora. Intentó controlarse y cambiando su tono les dijo "Lo siento. Les pido disculpas, no pude dormir muy bien anoche, así que no estoy de muy buen humor. Por supuesto que no será así siempre. Haremos una revisión de su nivel de encantamientos por hoy, pero como les dije antes, en mi clase no habrá anécdotas."

Para el final del día, Hermione estaba exhausta. Había terminado ya todas sus clases de buena forma, pues conforme había pasado el día, había logrado recuperar el control de la situación, dejándoles ver a los estudiantes a la agradable y dulce Profesora Granger.

Empezaba a oscurecer cuando su estómago le exigía de manera audible algún tipo de alimento, ya que, durante la hora de la comida Hermione había evadido el Gran Comedor, prefiriendo quedarse en su habitación y preparar su siguiente clase; después de todo ¿qué había de extraño en eso?

Sin poder ignorar más sus necesidades básicas, se dirigió a la sala común de los profesores, en donde había té y unas deliciosas galletas que Willock cocinaba. Al entrar, revisó primero que no hubiera nadie más; suponía que Ron y Harry, a esas horas, estarían en el Gran Comedor cenando, por lo que confiadamente caminó hacia la mesita en donde se encontraba el té, tomó una taza, y cuando se disponía a servirse, aparecieron Ron y Harry frente a ella, sosteniendo en su mano la capa de invisibilidad, mientras la miraban arqueando una ceja.