CAPITULO 18
DANZON DE MEDIA NOCHE.
Hermione estaba exhausta. El día había sido más agotador que los lunes en los que tenía que soportar dar clase a cuarenta y cinco Slytherin de diferentes grados. Tomó una de las escaleras para llegar a la sala de los profesores y de repente la escalera hizo uno de sus usuales movimientos, haciéndola perder el equilibrio. Se sujetó con fuerza de uno de los pasamanos mientras escuchó un pequeño pero certero 'cruock' y sintió el desbalanceo de una de sus rodillas. Uno de sus finos y altos tacones se había roto. Abatida prefirió tomar asiento en los escalones, miró el zapato y de inmediato pensó en repararlo con su varita, pero entonces sonriendo con simpleza optó simplemente por quitarse el otro y masajeó suavemente sus pies, esperando con paciencia que la escalera volviera al punto inicial al que quería llegar.
Entró a la sala común y miró en el escritorio principal un pergamino resplandeciente, por lo que presurosa se acercó a él. 'Reunión de profesores 22:00. Gran Comedor" Miró el reloj de la antesala. Eran las once. Sin pensar dos veces se dirigió nuevamente fuera de la sala común, quizás continuarían ahí, se preguntaba si había sucedido algo, si quizás habría habido otro ataque y debieron reunirse de urgencia. Con cada paso se apresuraba un poco más.
Finalmente se encontraba de pie frente a las inmensas puertas de madera del Gran Comedor y aún con tacones en mano la empujó gravemente esperando encontrar aún señales del seguro alboroto. Tantos años y Hermione aún no podía quitarse la costumbre de pensar siempre lo peor.
Dentro de la enorme de la habitación ya no había nadie, únicamente Ron parado solo en un pie, justo en el centro de la enorme habitación, sin camisa. Las mesas se encontraban un poco recorridas para dar al pelirrojo algo de espacio.
Ron estaba en forma, se podía ver lo que todo el mundo sabía, que Kingsley Shacklebolt se había propuesto en mejorar la condición y habilidad de los Aurores para llevar ventaja sobre cualquier situación y no dejar todo en manos de la varita. Hermione se quedó estática sintiendo que sus neuronas habían dejado de funcionar apropiadamente. No entendía, en realidad, el momento que estaba sucediendo y se perdió brevemente mirando la espalda de Ron. Reconoció de inmediato algunas de sus cicatrices, como las que habían sido hechas en el Departamento de Misterios, o la de su hombro, de cuando sufrió una despartición en su escape del Ministerio de Magia, por la cual Hermione se sentía un poco culpable, ya que había sido ella quien efectuó la confusa aparición conjunta.
Ron sintió la mirada de la chica y en un suave giro, ahora con sus dos pies sobre la tierra, dirigió su postura hacia la puerta, y la vio ahí parada, con su vestido negro y su cabello recogido. Sonrió ampliamente pues se había sentido decepcionado cuando la bruja no había llegado ni siquiera para la reunión de profesores, en la que pasó todo el tiempo pensando dónde se encontraría o qué podía estar haciendo, al grado de sentirse un poco enloquecido cuando algunas imágenes de Hermione enredada en los brazos de William se cruzaban inevitablemente por su mente.
Ron se aclaró la garganta un poco y después dijo "¿Vienes a la reunión? Porque ya se ha terminado."
Hermione sacudió la cabeza "Si ya veo ¿Está todo bien? Me ha sorprendido que se convocara a una reunión así, tan improvisada."
"No ha sido algo académico, más bien cosas sobre las celebraciones de Navidad. Harry ni siquiera ha venido."
Hermione dio un suspiro de alivio, sin embargo notaba que su cuerpo aún seguía en tensión. "¿Y tú? ¿Qué es lo que hacías?"
Traicionada por su subconsciente un rubor feroz se apoderó de su rostro. Ron maravillado lo notó enseguida.
"¿Va contra las reglas? Porque me pareció que estabas disfrutando el espectáculo." Dijo Ron jugueteando.
Hermione sintió que la cara le ardía en llamas. Intentó fallidamente mantener una sonrisa en una falsa mueca de indignación. "Solo quería saber qué hacías, sin camisa, en el Gran Comedor a las once de la noche."
"Tai Chi" Dijo Ron simplemente "Te sorprenderías a qué grado llega la fascinación multicultural de Shacklebolt. Pero de todas sus tonterías ésta si me gusta, es muy relajante." El pelirrojo después miró descaradamente a Hermione de pies a cabeza, excusando la acción con el siguiente comentario "Y tú qué estás haciendo aquí, a las once de la noche, vestida tan magníficamente y sosteniendo lo que usualmente deberías llevar en los pies."
Hermione rió un poco avergonzada por el hecho de que Ron la viera así, sin embargo no le importó mucho ya que Ron la había visto en peores situaciones. "Bueno, pues resulta que salí con William y ahora naturalmente no puedo más con estos zapatos."
Ron aborreció escuchar el nombre de William saliendo de los labios de Hermione, sin embargo para enterarse un poco más del día de la chica, optó por un tono relajado y bromista que se parecía al de su madre cuando esperaba obtener algún favor de alguno de sus hijos o incluso de Harry.
"Ese salvaje y travieso William, creo que puedo imaginarlos bailando locamente como tornados en la pista."
"No, señora Weasley" Dijo Hermione sonriendo, "…en realidad rompí mi zapato camino a mi alcoba y preferí dejar de lidiar con la tortura. Ni siquiera bailamos, para tu información."
Ron la miró asombrado y dijo como si no diera crédito a lo que había escuchado. "¿Quieres decir, que ese tipo William, ni siquiera pudo llevar a bailar a la dama?"
Hermione sonreía al ver los gestos que Ron hacía. "William no baila."
"¿Disculpa?" Dijo Ron más incrédulo que antes "Seguramente no leyó las 'Doce formas infalibles de hechizar a una bruja'" Bromeó. El pelirrojo no era en nada tonto y no pensaba perder esta oportunidad. Despistadamente, como si fuera cosa de todos los días tomó la mano de Hermione y la dirigió hacia él.
"¡Qué estás haciendo!"
"Te saco a bailar, por supuesto" Dijo Ron fingiendo naturalidad, aunque la verdad era que estaba tan nervioso como años atrás. "Si mal no recuerdo la última vez que lo hacíamos no pudimos disfrutar mucho la pista de baile porque interrumpieron la fiesta." Ron le quitó los zapatos que sostenía aferradamente en la mano y los arrojó a corta distancia de ellos.
"Tan sólo intentabas alejarme de Viktor esa noche." Sonrió Hermione provocativa. Recordaba claramente la boda de Bill y Fleur y la expresión de Ron cuando descubrió que su antiguo jugador favorito de Quidditch era también un invitado a la celebración. "Ese día me sorprendiste, sabes, ni siquiera pensé que bailabas."
La tomó de la cintura y empezaron a mecerse sutilmente en el silencio total del Gran comedor. Hermione se sentía totalmente intimidada de encontrarse tan cerca del torso desnudo de Ron.
"Pasé días practicando para ese día, siempre que mamá me mandaba a limpiar mi habitación. Me sentía Neville." El pelirrojo rió y pasó saliva al revelar sus secretos.
Hermione lo miró sorprendida. Era increíble la forma en que Ron podía llenarla de ternura en un instante. "Me siento extraña sin la música."
Ron levanto la cabeza sonriendo "Bueno, es aquí en donde el Kumbala aparece."
"¿Kumbala? ¿Qué es eso? ¿Otra novedad de Kingsley?" Dijo Hermione confundida. Nunca en ningún libro había leído sobre algo llamado Kumbala.
"Es algo así como una leyenda…" explicó Ron sonriendo "…Se refiere a un momento específico que sucede entre dos personas que bailan." Tomó su varita y dijo: "Tripudium sonus Kumbala."
La introducción de una melodía, con ritmos de danzón se empezó a escuchar, era una pieza bastante sensual y envolvente. Hermione no estaba segura de sí la música sonaba fuera de su propia cabeza o si alguien que llegara también podría escucharla. Ron se acercó más a ella y Hermione respondió colocando su mano cerca de su cuello.
"¿Te preguntas si tan sólo nosotros lo escuchamos?" Dijo Ron. Hermione respondió con una risita. "Escuchas la música de tu mente, la que de forma especial sube por tu cuerpo y te hace sentir lo que estás buscando. Aunque dice la leyenda que al bailar todos quieren lo mismo."
"¿Y qué es eso que todos quieren?" Dijo Hermione cerrando los ojos, disfrutando del extravagante ritmo que se adueñaba de sus pies y sus músculos. Sin darse cuenta porqué lo hacía, había empezado a jugar con sus dedos en el borde del cabello de Ron, y el chico por su parte, envuelto en su propio son, acariciaba cautelosamente la espalda de Hermione.
Ron sonrió y cerró los ojos "Dicen que cuando bailas tan sólo quieres música y pasión."
En la torre de Astronomía, mientras tanto, Harry continuaba con su tormentosa lluvia de pensamientos, en la que llevaba ya por lo menos un par de horas. Repasaba obsesivamente una línea de tiempo en la que no entendía porque le era tan difícil definir su relación con Ginny. Hubo un tiempo, después de la Gran Batalla, en que pasaban demasiado tiempo juntos en la Madriguera, y con todos los ratos solitarios que robaban junto al río parecía que ya estaban juntos, hasta el nefasto día en que Ginny le dijo que fueran juntos a la fiesta de aniversario del día de la Victoria y Harry le respondió que no se sentía confiado aún con eso, que había demasiados Mortífagos que podrían manifestarse de formas inesperadas, al conocer perfectamente la debilidad que Ginny le presentaría. Ginny había respondido con simpleza y un poco de frialdad en los ojos, diciendo que entendía, más sin embargo poco a poco se fueron espaciando los ratos en que Harry y ella podían encontrarse solos. Harry no era tonto y entendía las razones de Ginny, por lo que siguiendo sus propias tareas y entrenamientos de Auror, había procurado no molestarla demasiado. Meses después, Ginny había logrado ingresar al equipo galés de Quidditch, las Arpías de Holyhead y comenzaron a coincidir casi tan sólo en Navidades y algunos cumpleaños en los que el trato llegaba a ser prácticamente familiar. Era inevitable la forma en que la vida simplemente pasa algunas veces y te arrastra lejos de hacer y vivir totalmente lo que quieres.
"Señor Potter." Dijo la inconfundible voz de Minerva McGonagall tras de él.
Harry la miró caminar hacia él. Miró el paisaje absolutamente hermoso qué se podía ver desde la torre.
"Me extrañó no verlo en la reunión de profesores."
"Lo siento." Dijo Harry con preocupado tono de excusa. "Es sólo que siento la cabeza demasiado espesa de ideas."
"Me ha parecido ver a la profesora Weasley mirando constantemente a la puerta."
Harry miró a la profesora y le sonrió amargamente sin decir una palabra.
"¿Recuerda, Señor Potter cuando Ginny era apenas una niña y fue arrastrada a la Cámara de los Secretos?" Preguntó la profesora. Harry asintió suprimiendo una sonrisa en los labios ante el recuerdo que parecía ahora tan inofensivo. "Nadie hubiera pensado en ese entonces que ella se convertiría en su… interés romántico… Y sin embargo, sin razones aparentes, el peligro siempre puede alcanzarnos."
Harry comprendía a donde se dirigía la profesora "Eso lo sé, señora Directora, pero sentir que puedo ser una causa para que ella se vea arrastrada al peligro, eso es otra cosa, o, incluso arrastrar el peligro hacia ella. Siento que he causado demasiados conflictos a los Weasley para agregar otros más. Los amo demasiado, sabe."
"Aun así…" añadió la profesora con simpleza, "… ¿Es tan inocente para pensar que el mundo mágico no conoce dónde está su corazón? Si me permites decirlo, Harry…" agregó mirándolo a los ojos mientras se dejaba de formalidades "…Algunas veces tu humildad te lleva a ser bastante ingenuo."
La profesora le dio un familiar golpecillo en el hombro y se giró sobre sus talones.
"Francamente, Harry, destruiste al mago más tenebroso de todos los tiempos, al mago que únicamente temía al gran Albus Dumbledore. Creo que el mismísimo Voldemort pensaría dos veces antes de regresar sabiendo que sigues aquí." Dijo orgullosamente la directora.
Harry sonrió sonrojado, sintiéndose repentinamente abrigado por una sensación de absoluta autoconfianza. Si bien, lo primero que debía aprender un Auror, era a no librarse totalmente de sospechas, el recuerdo de la expresión incrédula de Voldemort cuando lo vio despertar de brazos de Hagrid aún lo hacía sonreír. Miró a lo lejos la cabaña del semi-gigante y pensó que debía visitarlo en Francia muy pronto. Que sorpresa la que les había dado el viejo Hagrid cuando anunció que se mudaría con Olympe Maxime.
Harry respiraba agitadamente minutos más tarde, había bajado corriendo de la torre de astronomía impulsado por una total felicidad resuelta. Levantó la cara y miró las letras escritas en la puerta frente a la que se encontraba: Ginevra Weasley. Consideró un momento esperar hasta el día siguiente pero sabía que la ansiedad de igual forma no lo dejaría dormir. Tocó la puerta con firmeza.
Ginny estaba sentada en su escritorio mirando melancólicamente a la ventana cuando escuchó que llamaban a la puerta. Se levantó casi sin ganas, por una fracción de segundo pensó fingir que no había escuchado pero el sonido tajante y sólido en la madera la había intrigado.
Abrió y lo encontró ahí. Despeinado mirándola con ojos centellantes.
En ese momento Harry olvidó completamente todo lo que había pensado decirle, pero la presencia de Ginny ante él y su esencia eclipsaron las pocas dudas que le quedaban. Dio un paso al frente sin dejar que la chica tuviera tiempo de pensar o decir algo y la tomó de la cintura. La besó con la seguridad que le faltaba desde hacía años. El corazón de Ginny se agitaba fuertemente dentro de su pecho, mientras sus labios continuaban lo que Harry comenzó, sin romper el beso lo jaló hacia dentro la habitación y torpemente con su mano cerró la puerta.
