CAPITULO 20
DOS DESPREVENIDOS
"¿Sucede algo malo, profesora?" Dijo Harry un poco aprensivo.
McGonagall se puso de pie y miró a los cuatro jóvenes, después extendió la mano con la carta para que alguno de ellos la tomara si quería. "Es una carta de la señora Emily Brown, la madre de Paul, que me exige saber, porque su hijo no irá a pasar con ella las vacaciones de navidad. Y ya estoy esperando el enojado vociferador que mandará la Señora Romans, en cualquier momento."
Hermione la miró confusa "¿Qué hay de la poción que conseguiría la señora Pomfrey?"
"No ha podido ser" declaró McGonagall ligeramente temblorosa. "Aparentemente se necesita cierto bicho para esa poción, que desafortunadamente se encuentra en su periodo de incubación. Lo único que podemos hacer, es esperar por las Mandrágoras."
"Pero estarán listas hasta primavera." Dijo Ginny preocupada. En realidad ya sentía que extrañaba a Brown y a Romans, la escuela se sentía muy vacía, como cuando repentinamente sus hermanos Fred y George se fueron cuando ella estaba en 4º grado.
"Por suerte, la magia está en constante innovación, Profesora Weasley…" Dijo McGonagall, recuperando en un instante el brillo en los ojos. "Poppy no pudo conseguir la poción alterna de petrificación, pero pudo conseguir una nueva poción que acelera el crecimiento de las plantas mágicas, por lo que con la ayuda de la profesora Willock podremos tener las mandrágoras para mediados de enero."
"Entonces tendremos que hablar con el resto de los profesores." Dijo Hermione.
"Me temo que sí." Espetó McGonagall meditativa "Y también tendremos que decir la verdad a sus padres."
La profesora Willock que miraba desde lejos la improvisada reunión, se acercó cautelosa. "Disculpen... ¿Está todo bien?"
"Todo está bien, Profesora Willock" Dijo McGonagall haciendo una sutil señal de retirada. "Sin embargo, me permite hablar con usted unos momentos… Acerca de las mandrágoras..."
"¡Por supuesto que sí!" Dijo Willock entusiasmada mientras se alejaba al lado de la Directora.
Los cuatro miraban a McGonagall mientras se alejaba caminando. Toda esta situación parecía estarla desgastando mucho.
"En cuanto pruebe que Drago está detrás de todo esto, voy a hacer que se arrepienta, y le voy a…"
"¡Ron!" Lo interrumpió Hermione, antes de que terminara diciendo una barbaridad.
"Lo siento" refunfuñó Ron.
La cena de navidad se llevó a cabo en el Gran Comedor con un suculento banquete. Por petición de Hermione los elfos domésticos del castillo se encontraban también en una de las mesas disfrutando de la cena. Se sentían totalmente distinguidos y pasaron el rato dirigiendo exageradas reverencias a la chica, que ya empezaba a extrañar su empleo en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas, en el cuál dedicaba muchas de sus iniciativas a la dignificación de los elfos. Los amigos estaban muy contentos de estar juntos esa Navidad, puesto que unos meses atrás hubieran creído que no volvería a suceder.
Harry les contó algunas anécdotas de su ahijado Teddy, todas nuevas para Hermione y algunas otras que Ron y Ginny conocían ya bastante bien. Hermione reía fascinada.
"¿Quién lo diría, Harry? Te encantan los niños."
"Bueno, Teddy es un niño maravilloso." Dijo Harry mostrando una fotografía del niño de unos seis años en la que cambiaba su nariz a la de un cerdo. "Lo ves, es igual a Remus con el encanto de Tonks."
"Me'os mal no te tocó li'iar con un ahí'ado lobo" Dijo Ron con la boca llena.
"Menos mal que Bill tiene hijas y no eres su principal modelo a seguir, Ronald" Dijo Hermione con expresión de disgusto.
"¡Aquí vamos otra vez!" Exclamó Ron exasperado mientras Harry y Ginny aprovechaban para intercambiar sonrisas a través de la mesa.
La mañana de Navidad llegó unas horas después. Hermione estaba en su habitación profundamente dormida cuando un rayo de sol aterrizo en sus ojos cerrados haciéndola soltar un gruñido al darse cuenta de que ya era hora de levantarse. Abrió los ojos lentamente y se sentó en la cama para despabilarse cuando de repente vio la pelirroja cabellera de su amigo que se levantaba del sofá con un brinco y se aproximaba a su cama vistiendo un extraño gorro verde que al parecer le generaba un encantamiento en las orejas, haciendo que se vieran extrañamente alargadas y puntiagudas. En uno de los costados se podía ver la señal de los Sortilegios Weasley.
"¡Feliz navidad, Hermione!" Dijo Ron llegando hasta ella con una larga zancada para después encerrarla en un sorpresivo abrazo.
"¡Ron, qué estás haciendo aquí!" Sonrió ampliamente la chica. "¡Esta es mi habitación!"
"Ya lo sé, eres bienvenida en la mía cuando tú quieras…" Dijo Ron inocentemente. Caminó hacia el escritorio de Hermione, y tomo un regalo muy bien envuelto que había dejado ahí. "Toma, es para ti."
Ella lo tomó y después de mirarlo un segundo soltó una pequeña risa "Tú... tú... ¡no puedo creerlo!" Dijo cuando descubrió que a Ron no le importaba en lo más mínimo su reclamo, por lo que se levantó de la cama y comenzó a empujarlo de forma juguetona hacia la puerta. "¡Fuera!"
"¡Está bien, está bien! Si, feliz Navidad a ti también." Dijo Ron sarcásticamente entre risas.
"¡Feliz Navidad, gran elfo!" Hermione dio un suspiro sonriendo y cerró la puerta. Tomó el regalo y fue hasta el sofá intrigada por el contenido del paquete, el cual abrió con todo el cuidado del mundo. Era una caja de madera oscura, la cual le pareció de repente muy familiar, la abrió lentamente descubriendo así una delicada gargantilla de plata, con un ópalo azul en el centro. Hermione quedó boquiabierta y no precisamente porque fuera una joya muy cara, sino porque había recordado en ese momento, por qué la caja le parecía tan familiar.
Fue durante la navidad del quinto año en la que habían pasado limpiando todo tipo de alimañas en Grimmauld Place junto con el resto de la Orden del Fénix. Ron le había regalado a Hermione un perfume, sin embargo buscando más tarde un momento a solas se había acercado a ella para entregarle un segundo regalo. Era una caja de madera obscura, la cual contenía aquel mismo collar con el ópalo. Hermione estaba aturdida, seguramente le había costado todos sus ahorros.
Hermione miró a Ron y después miró su regalo nuevamente. "Ron, no puedo aceptar un regalo tan caro…" dijo sin atreverse a mirarlo nuevamente a los ojos. Suponía que Ron había usado casi todo su dinero para comprarlo pues esa navidad no le había obsequiado nada a su madre o a Ginny, o incluso a su padre que se recuperaba después de haber sido atacado en el Departamento de Misterios.
Ron la miró ofendido a la cara. "Hermione, claro que puedes... lo compré para ti..."
"Lo siento, no... regrésalo y guarda el dinero, inviértelo en otra cosa que quieras..." Hermione seguía sin mirarlo.
"No puedo creer que lo rechaces así como así…" dijo Ron con voz temblorosa tomando el regalo. Se sentía como el más miserable de todos los magos. Por lo menos al estar solos nadie se enteraría de su humillación.
Hermione recordaba todo esto sintiendo una especie de dolor en el pecho, esa vez a Ron le había costado cerca de un mes antes de volver a hablarle normalmente y mirarla otra vez a los ojos. Hermione miró nuevamente la caja en sus manos, observando la gargantilla, parecía ser exactamente la misma. Supuso entonces que Ron siempre conservó el rechazado regalo. Se consoló pensando en otras tantas veces en las que Ron tampoco había tenido el más mínimo tacto con ella. Cerró la caja y la colocó en su escritorio, tomo asiento de nuevo en el sofá para abrir los otros regalos que estaban ahí. Eran de Harry, Ginny, sus padres y para su sorpresa uno de William. Hermione lo tomó, era la edición especial de Historia de Hogwarts que habían visto la otra vez en el aparador. Se tranquilizó un poco al ver que la ausencia de William esos días seguramente tenía más que ver con las ajetreadas fechas en el Ministerio de Magia, que con el cambio de reglas de seguridad del colegio.
Harry y Ginny estaban bajo las cobijas totalmente adormilados. Sin duda era la mejor forma para despertar en navidad. Por la ventana se podía ver que estaba nevando, por lo que sin la más mínima intención de salir de la cama Harry tomó la cobija y la colocó por encima de sus cabezas.
"Y tú que querías decirle a Ron que ya estamos juntos."
Ginny rió por lo bajo sin abrir los ojos, pasando el brazo de Harry por encima de sus hombros.
"Eventualmente tendremos que salir, ya lo conoces, querrá ver que nos hemos regalado todos." Dijo Ginny antes de bostezar.
"Eso me recuerda…" Dijo Harry saliendo de las cobijas para tomar su varita y levitar un pequeño regalo.
Ginny se sentó entusiasmada para abrirlo. "¡Una vuelapluma!" Dijo mirando el artefacto con admiración.
"Quería regalarte algo útil y pedí ayuda a tu madre. Me dijo que has estado escribiendo…" Dijo Harry mirándola con admiración. "Creo que puedes llegar a publicar cosas grandiosas si es ese tu siguiente deseo. Jugadora de Quidditch, profesora de Historia de la Magia, escritora. ¿Hay algo que no puedas hacer?"
"Harry Potter… eres todo un conquistador." Dijo la pelirroja lanzándose a los brazos de su novio una vez más.
Hermione arreglaba su cabello cuando tocaron a su puerta. Supuso que sería William y de inmediato se imaginó ante la perspectiva de una posible ruptura navideña, se sintió mortificada, abrió la puerta casi sin querer hacerlo.
Ron estaba del otro lado, sonriente y Hermione se sintió profundamente alegre.
"¿Puedo pasar?"
"Bueno, vas mejorando. Adelante." Dijo con un ademán de exagerada etiqueta.
"Y bien, supongo que ahora que soy un gran Auror e inversionista de Sortilegios Weasley no vas a devolver mi regalo" Dijo Ron como si hubiera esperado años para lanzar aquel reproche.
Hermione rió avergonzada y lo abrazó. "Creo que nunca vas a dejar de sorprenderme. Es precioso, Ron. Me gustó mucho desde la primera vez."
Ron se sintió atontado con el abrazo que no esperaba recibir. Qué manera tan natural tenía Hermione de volverlo loco.
"Recibí tu regalo también. Gracias, es un lindo par de guantes."
"Por supuesto que ahora luce ridículo comparado con el tuyo." Declaró Hermione ordenando un poco los objetos de su tocador como buscando una excusa para poner distancia con el chico.
Ron rió complacido. "¿Vamos a desayunar? No encuentro a Harry por ningún lado, supongo que fue a visitar a Teddy, ya lo ves, adora a ese niño."
Abrió la puerta de la habitación de Hermione como si quisiera apresurarla y salió para toparse con su amigo que justamente salía de la habitación de su hermana.
"Ron…" dijo Harry sobresaltado perdiendo toda capacidad de actuar casual.
"¡Qué demonios estás haciendo!" Exclamó Ron mientras sus orejas se tornaban color escarlata y señalaba las letras grabadas en la puerta. "Esta es la habitación de Ginny… Y estas ¡En pijama!"
Hermione salió rápidamente al escuchar el altercado. "Ron tranquilo, tú también estás saliendo de mi habitación, eso no significa nada…"
"¡Pero está en pijama!"
"Bueno, al menos estoy usando pijama…" Dijo Harry como si intentara aligerar la tensión, sin embargo antes de poder pensar otra cosa se vio arrinconado en el muro con las manos de Ron en el cuello del mencionado pijama.
"¡Te parece gracioso!" Exclamó Ron entre dientes "Te advertí desde hace años que dejaras de tontear con mi hermana…"
"Oye bruto, no estamos tonteando." Dijo Ginny tranquilamente cuando al abrir la puerta se encontró con la escena. "Ya es oficial, volvimos."
Ron miró a Harry y a Ginny alternadamente como si buscara encontrar una treta en sus rostros. Hermione salió de tras de los chicos y exhaló contenta.
"¡Ginny! ¿Desde cuándo?"
"Una semana…"
"No es verdad." dijo Ron liberando a Harry "No tiene sentido, ¿por qué no me lo dijeron? Y aún si volvieron, qué demonios haces saliendo de su habitación, tienen una semana…
"Por eso, por eso no te lo dijimos." repuso Ginny. "Eres peor que mamá, pero además de todo, tan sólo lo haces cuando te conviene."
"¡Eso es mentira! Yo solo digo lo que es un hecho, una semana es demasiado rápido para que ustedes…"
"Vamos, Ron" lo interrumpió, Hermione, "si estuvieras en sus zapatos buscarías quedarte en mi habitación desde la primera noche." Giró los ojos y tomando a Ginny del brazo se alejaron cuchicheando la historia entre risillas de emoción, dejando a los chicos con su circo de testosterona.
"¿Escuchaste lo que dijo?" Murmuró Ron con la mente desconectada del mundo. "Quedarme en su habitación desde la primera noche… y no parecía estar en desacuerdo…" Rió atontado caminando en la misma dirección que las chicas habían tomado. "Es fantástica, Harry ¿no es fantástica?"
