CAPITULO 22:
BUSCANDO EXPLICACIONES
"Piensa, Hermione... ¿Qué libros has leído en los últimos 12 años?" Dijo Ron con sarcasmo.
Hermione se mordió los labios ante un súbito recuerdo. "No… Creo que fue en una carta de Viktor. Me pidió ayuda hace tiempo con un ensayo escolar, ya sabes, la educación en Durmstrang incluye temas que nosotros no tenemos ni siquiera en la sección prohibida."
Ron giró los ojos "¿Entiendes lo estúpido y peligroso que es tener amigos provenientes de ese colegio?"
Hermione negó con la cabeza intentando no distraerse "Le escribí al profesor Flitwick y me respondió que jamás había escuchado de un hechizo o encantamiento que causara síntomas tan extraños y que además provocara un estado de coma."
Ron la miró extrañado "¿Coma?" Ya que el término era muggle y no lo conocía.
"Inconciencia. Su cuerpo está aquí, pero como si estuviera en un profundo sueño." Dijo Hermione y Ron asintió rápidamente en señal de comprensión. "Pociones nunca fue mi punto fuerte, quizás debería hablar con la profesora Drago para saber si conoce…"
"Hermione" Dijo Ron interrumpiéndola, con los ojos muy abiertos. La chica lo miro expectante a lo que éste agregó "Eres una bruja brillante y una excelente maestra de encantamientos. Pero honestamente, ¿Estás ciega?"
Hermione lo miró sorprendida y definitivamente ofendida "¿Disculpa!?"
"Ahora te explico" Dijo Ron recogiendo los papeles importantes del escritorio. "Tienes razón, Hermione. Bien podría ser una poción, y después dijiste: Regina Drago puede saber…" Ron tomó a Hermione de la mano indicándole que la siguiera "…También dijiste que Krum estaba estudiando algo sobre eso alguna vez. ¡Regina estudió también en Durmstrang!" Explicó Ron atando cabos "Y ¿Quién es la sospechosa número uno!? ¡Ella! Ahora no me cabe duda."
"¡Pero no hay pruebas Ron!" Dijo Hermione frenando en seco. "No podemos ir por los corredores culpando a los demás profesores así como así. ¡No es ético! Qué hay de su dichoso 'procedimiento' qué piensas que va a decir Shaklebolt."
"Descuida, buscaré que hacer." Dijo Ron reanudando el paso. "Ya sabes, cuando alguien necesita ayuda ¿A quién vas a llamar?"
"¿A los caza-fantasmas?" bromeó Hermione ante la autosuficiencia del pelirrojo.
Ron la miró con gesto extrañado sin reconocer aquella referencia muggle.
"Olvídalo, continúa. "
Cruzaron la sala común de los profesores y giraron por el pasillo que daba a sus respectivas alcobas.
"A los Aurores. ¡Vas a llamar a los Aurores!" Soltó Ron intentando infundirse la confianza perdida. "Encontraré pruebas, y cuando las encuentre nos encargaremos de Drago. A eso me dedico después de todo."
Hermione se detuvo cuando pasaban por afuera de su recámara... "Aquí llego yo, necesito descansar, no puedo estar despierta una hora más." Soltó una sonrisa casi imperceptible y con un suspiro se acomodó entre los brazos de Ron sin decir otra palabra."
Ron la abrazó un momento, procurando respirar la dosis adecuada de su esencia. Se soltaron y Hermione lo miró sintiéndose abrumadoramente frágil. Un pensamiento que no había querido compartir, la mortificaba. Ella había recibido una nota a diferencia de todos los demás, y quizás eso significaba que podía ser objetivo de un próximo ataque.
Ron frunció el ceño intentando adivinar qué pasaba por la mente de Hermione. En un impulso que se adelantó a sus pensamientos, pasó su mano sobre el rostro de la chica, Hermione cerró los ojos. "Buenas noches, Ron." Dijo antes de escurrirse dentro de su habitación.
Cada momento le era más difícil mantener la distancia con su, hasta entonces, amigo y William parecía haber adivinado el riesgo de ruptura pues no había buscado ningún acercamiento en los últimos días. Hermione se preguntó dónde estaría y qué estaba pasando y mirando el nuevo libro de 'Historia de Hogwarts' sobre su escritorio sintió un sorpresivo pinchazo en el estómago. Dio un suspiro y negó con la cabeza, dándose cuenta de que extrañaba al elegante mago. El corazón no puede ser más complicado.
Horas más tarde, los dos Aurores habían terminado ya sus rondas nocturnas. Estaban paralizados de cansancio, con profundas ojeras rodeándoles los ojos, ambos tenían la mirada perdida en el constante movimiento del fuego en la chimenea, percibiendo ese bien conocido olor a leña.
"Ron, he estado pensando, creo que tenemos que bajar a las mazmorras para hacer una revisión minuciosa." Dijo Harry finalmente sin dejar de ver al fuego. "Si realmente crees que Drago envenenó con alguna poción a McGonagall quizás podemos encontrar algo que la delate.
"También el despacho de McGonagall." Dijo Ron. "¿Tu no crees que Drago tenga algo que ver? Hablas como si yo fuera el único que sospecho de ella."
"No lo sé, no quiero enjuiciar a nadie tan solo por estar a cargo de Slytherin, no después de todo el tiempo que desprecié a Snape sin saber toda la historia." Dijo Harry encogiéndose de hombros.
Al día siguiente Ron, Harry y Hermione llegaron al pie de la gárgola de piedra que resguardaba la entrada al despacho de los Directores de Hogwarts.
"Bien, y ¿cómo se supone que sabremos la contraseña?" Inquirió Hermione.
"Gragea de nuez" Murmuró Harry suponiendo que la contraseña no había sido cambiada desde la última vez que había estado ahí, antes de que iniciara el ciclo escolar. "Maldición…" Agregó cuando la gárgola ni siquiera tembló un poco. "Esa era la última vez… no tengo idea cuál puede ser ahora."
"Bueno, aparentemente conservó la costumbre de Dumbledore de usar contraseñas dulces." Dijo Ron en un intento por aportar conjeturas. "Babosas de gelatina…"
Hermione y Harry lo miraron confundidos.
"¿Qué? Debemos intentarlo ¿No?" Dijo el pelirrojo.
"¿Y qué piensas que vamos a hacer, nombrar todos los dulces del mundo mágico?" Preguntó Harry impaciente. Ron respondió apretando los labios y asintiendo débilmente.
Segundos después los magos soltaban todos nombres que pudieran recordar. "Varitas de chocolate, plumas de azúcar, tarros de cucarachas, droobles, ananá confitado" Desesperado Harry pateó el muro.
"Caramelo longilinguo…" Dijo Hermione.
Ron la miró enternecido y condescendientemente.. "¡Esas son sólo invenciones de Fred y George!" Pero para su sorpresa la Gárgola comenzó a moverse. Hermione miró a Ron satisfecha, alzando las cejas.
"En serio Ron, ya era para que supieras que yo siempre sé lo que hago..."
Subieron por las escaleras y segundos después se encontraban dentro de la fascinante oficina. "Y bien ¿por donde empezamos?" Dijo Ron al mirar la cantidad de cosas que había ahí. Los ojos de Harry fueron directamente a uno de los objetos. Ron dijo entonces.
"El viejo pensadero de Dumbledore. Albus dejó mucha información ahí y no dudaría que McGonagall continúe con la costumbre."
"Y estás en lo correcto, Harry…" Murmuró la voz de Dumbledore que llegaba a su retrato y los miraba con seriedad.
Harry lo miró y le dirigió una sonrisa nostálgica, después se apuró al estante donde Dumbledore solía guardar los pequeños frascos contenedores de recuerdos. En una de las repisas observó pequeñas ampolletas más delicadas a las que Harry había visto que usaba su viejo mentor. "Estas deben ser las de McGonagall." Harry tomó uno a uno los pequeños frascos, examinando las ordenadas etiquetas mágicamente talladas en el fino cristal.
"¿Que buscas exactamente?" Preguntó Ron curioso.
"McGonagall ha asistido a innumerables juicios después de la Gran Batalla. Ha sido testigo esencial para poder encarcelar a varios Mortífagos. Posiblemente tengamos suerte y…" Harry frenó su discurso cuando encontró lo que buscaba. Abrió el delgado tubo de cristal y vertió su contenido en el pensadero. "Veamos…"
"¿Qué es exactamente lo que veremos?" Dijo Ron
"¿No se lo imaginan?" Dijo Harry alzando las cejas. "El juicio de Lucas Drago."
