CAPITULO 24
UN NO SIEMPRE SERA UN NO
El corazón de Hermione latió a mil por hora al escuchar la voz de William irrumpiendo así en la biblioteca. Se separó bruscamente de Ron "William, nosotros sólo estábamos..."
"…Revisando documentos legales, ya lo veo." Interrumpió William de manera cortante como si el haber encontrado a su novia en brazos de otro hombre, no fuera realmente lo que le molestaba. Firmemente miró el escritorio lleno de pergaminos y después de manera altanera se dirigió a Ron "¿De dónde sacó estos documentos, Wisler?"
"Weasley" Corrigió Ron, mostrando claramente no estar intimidado por el novio de Hermione "Y no es de tu incumbencia."
Ante este comentario Hermione dio un largo suspiro y prefirió no mirar a ninguno de los dos. William levantó las cejas un poco sorprendido por la respuesta tan directa del pelirrojo, por lo que mirando de nuevo los pergaminos, dio un paso hacia delante, para quedar más cerca de Ron. "Es fácil darse cuenta que es información clasificada del Ministerio. ¿Tiene usted los permisos necesarios para poder transportar esta información?"
Ron tomó su insignia del bolsillo de su pantalón y con su mano la llevó cerca de los ojos del mago frente a él. "¿Tu qué crees?" Dijo Ron sin poder esconder una provocativa sonrisa mientras alzaba las cejas al siempre elegante William Griney. "Creo que si a alguien no le compete todo esto es a un empleado del departamento de finanzas…"
Hermione pudo ver como en la frente de William aparecía una vena, sus mandíbulas estaban firmemente cerradas. Nunca lo había visto así de molesto, el joven era bien conocido por su distinguida tolerancia. Inquieta, dio un paso interponiéndose entre los dos magos que claramente se encontraban al borde de un reto a duelo. Hermione tomó una de las manos de William y lo miró con firmeza, éste la miró también y su gesto se relajó notablemente.
"Siento mucho haber interrumpido, vida mía" Dijo William, mirando a Ron mientras disfrutaba pronunciar aquellas palabras. Ron bajó la mirada y comenzó a ordenar los pergaminos de la mesa. William lo miró de reojo y agregó, colocando su mano en el hombro de Hermione y acariciando su cabello. "El Ministro Kavanagh quería visitar a la profesora McGonagall, nos enteramos sobre su enfermedad, es una lástima, sé cuánto la aprecias, por eso vine a buscarte, quería darte mis condolencias..."
"¿Condolencias?" Dijo Ron irritado "No está muerta, idiota."
"¡Ron!" Exclamó Hermione contrariada en aquella encrucijada. Negó con la cabeza y tomando a William por el brazo de forma dominante agregó "Hablamos después, Ronald."
Una vez afuera de la biblioteca, William tomó a Hermione de la mano y la detuvo "No era mi intención decir eso, ni que sonara así… "Miró hacia arriba desesperado se colocó las manos en la cintura, claramente buscando un poco de elocuencia. "Tan sólo quería que supieras que estoy aquí para ti, he intentado darte espacio los últimos días, pero necesito que sepas que todavía necesito estar contigo, Hermione Granger." Hermione tragó saliva y asintió, William la tomó nuevamente de la mano y caminó junto con ella. "Acompáñame a la enfermería, el Ministro me espera ahí…"
Al cabo de unos minutos abrieron la puerta de la enfermería para encontrarse con todo un caos. Dentro de la habitación se encontraban dos sanadores de San Mungo, colocando a McGonagall en una camilla que flotaba junto a su cama.
"¡Por supuesto que no se la van a llevar!" Gritaba la señora Pomfrey tratando de impedir que su vieja amiga fuera removida de ahí. Harry estaba tras ella intentando calmarla. El Ministro de magia soltó un suspiro desesperado y miró su reloj de bolsillo.
"¡Señor Kavanagh!" Dijo William alarmado cuando Hermione lo miró con expresión aprensiva "¿Qué es lo que sucede aquí?"
"El Doctor Bruskey cree que la Directora McGonagall estaría mucho mejor bajo el cuidado de los expertos de San Mungo." Dijo el Ministro de forma cuidadosa.
"¿Está usted cuestionando mis habilidades como sanadora?" Dijo la señora Pomfrey completamente fuera de control.
"Claro que no, mi querida mujer." Dijo el Ministro "Es simplemente que creemos..."
"Ministro Kavanagh..." Irrumpió Hermione de manera diplomática "No creo que remover a la profesora sea una buena idea…" Harry se acercó a su amiga y puso la mano sobre sus hombros como si intentara hacerla retroceder.
"Harry Potter?" Dijo William con la expresión casi alterada "¡Por las armas del Barón Sanguinario! Es un gran honor conocerte finalmente, un gran honor..." Dijo mientras se acercaba y le tendía la mano, Harry confundido lo estrechó. "Soy William Griney, encargado del Departamento de Finan…"
"William, si no te importa." Interrumpió el Ministro mirando a William de manera severa. El novio de Hermione retrocedió avergonzado por su actitud casi fanática. "¿Porque cree que es una mala idea Señorita Granger?" añadió el Ministro intrigado.
"Hogwarts es su hogar, y es probablemente uno de los lugares más seguros en todo Inglaterra…" Respondió la bruja titubeando un poco en las últimas palabras. Aquella declaración era algo que el mundo mágico repetía por costumbre, sin embargo, era bastante claro que desde la muerte de Albus Dumbledore, el castillo de Hogwarts se encontraba con sus defensas debilitadas.
"Debería ir..." Dijo Harry después de haber pensado bien las cosas. El Ministro miró a Harry y después a la señora Pomfrey. Hermione soltó un suspiro entendiendo la decisión de su amigo y se apuró en dirección de la Señora Pomfrey para darle un poco de consuelo.
"Muy bien, tenemos un traslador listo, así que por favor, necesitamos un poco de espacio Madame Pomfrey" Dijo el Kavanagh haciendo una señal a los sanadores para que dirigieran la camilla.
"Venga conmigo, le prepararé un té." Murmuró Hermione y la enfermera se abrazó a ella rompiendo después en llanto.
Minutos después de haber dejado a la señora Pomfrey en su habitación, Hermione miraba triste desde una de las ventanas de los corredores, como McGonagall salía del castillo en la camilla para ser dirigida hacia el traslador.
"¡Señorita Granger!"
Hermione escuchó una vocecilla a sus espaldas, era la inconfundible voz de Winky, la pequeña elfina doméstica, causante principal de que Hermione iniciara su Plataforma Elfica de Defensa de los Derechos Obreros (PEDDO).
"Winky, eres tu…" Murmuró Hermione. Casi al momento se puso en cuclillas para presentarse de una forma más accesible con la pequeña criatura. "Luces bastante bien."
"Winky ha podido dejar la cerveza de mantequilla. Winky se encuentra mejor ahora." Dijo la muy mejorada elfina. Era bien sabido que debido al despido que sufrió por parte de la familia Crouch, Winky había caído en una difícil adición que prácticamente la alejaba de toda posibilidad de cumplir sus deberes.
"Cómo va todo por aquí, sabes he trabajado mucho para que mejoren aún más sus condiciones. ¿Piensas que es suficiente el salario que reciben?" Dijo Hermione, feliz de poder atender, de alguna forma, los asuntos pertinentes a su puesto en el departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas.
"¡Winky ya te lo dijo antes! ¡Winky no quiere dinero! ¡Winky no es como otros elfos que desearían ser magos!"
"Tranquila, de acuerdo." Dijo Hermione recurriendo a toda su paciencia. "¿Qué haces fuera de las cocinas? ¿Necesitas ayuda?"
"Winky busca a Harry Potter, amigo de Dobby. ¡Harry Potter el Auror! Winky sabe que está en el Castillo." Dijo la elfina efusiva.
"Estás de suerte, ahí viene."
Harry venía caminando al lado de William, se frotaba las barbas, parecía agobiado.
"Muchas, muchas gracias Harry Potter, mi sobrina estará encantada con tu autógrafo, no puedo creer que no te reconociera la vez anterior." El novio de Hermione se detuvo junto a ella, al mismo tiempo que Winky se asomaba por entre las piernas de la chica y Ron doblaba por una de las esquinas encontrándose con ellos.
"Los estaba buscando…" Dijo Ron, mirando extrañado a William que de un brinco había dado un salto contra el muro y miraba a Winky aterrado.
"William, no empieces, es Winky, y es una vieja amiga de todos nosotros." Hermione giró los ojos y Ron observó la escena con gesto casi divertido. "Esa fobia que le tienes a los elfos domésticos es totalmente irracional…"
Harry apretó los labios intentando no reír y Hermione evitó intencionalmente su mirada. "Que gusto verte, Winky" dijo el joven mago.
"¡Señor Auror Harry Potter, amigo de Dobby! Winky espera verlo pronto en las cocinas, Dobby habló mucho a Winky de Harry Potter, ¡Winky tiene muchas cosas que decir a Harry Potter, el Auror!"
"Por supuesto, estoy un poco ocupado ahora, pero yo te buscaré después en las cocinas, lo prometo." Dijo Harry hablando a la elfina con toda propiedad, sabiendo que Hermione aún podía echarle en cara que era el secretario del PEDDO.
"¡Winky estará esperando por usted!" Exclamó la criatura antes de tronar los dedos y desaparecer.
William soltó un suspiro de alivio. "No importa qué digas. Esas criaturas no deberían tener tantas libertades."
Ron lanzó una mirada cómplice a Harry. Un solo comentario amable hacia los elfos, le había ganado, hace años a Ron, un efusivo beso de Hermione. Que William hubiera hecho aquel comentario en ese preciso momento, había sellado, a juicio del pelirrojo, su fatal rompimiento con la chica. O al menos eso deseó esperanzado.
"Mi amor…" Dijo William tras reajustarse el saco y la camisa en perfecto estado, después del alboroto. "Me gustaría tener un momento a solas contigo." El mago miró rápidamente a Harry. "Pido disculpas por mi terrible educación, pero mi mujer y yo tenemos algunas cosas por hablar…"
"Adelante" murmuró Harry haciendo un ademán con la mano y viendo a una muy colorada Hermione alejándose por el pasillo al lado de su novio. Casi sin querer hacerlo, miró a Ron, quien los fulminaba con la mirada y un ceño fruncido.
"Su mujer. Maldito engreído hijo de las mil…" Masculló Ron dejando la frase inconclusa. "Seguramente le pedirá matrimonio, Harry. Maldita sea, le pedirá matrimonio." Agregó tomando a su amigo del cuello de la camisa.
"¡Ron! ¿Quieres calmarte? Hermione tendría que estar loca para decir que si, de cualquier forma." Dijo Harry liberándose de la mano del pelirrojo, que continuaba mirando a la pareja mientras se alejaban.
"Ese es el problema, ya te lo dije, está loca." Dijo Ron. Miraron que Hermione y William entraron al salón de encantamientos, por lo que Ron apuró a Harry. "Vamos, necesito saber qué sucede ahí."
Dentro del salón Hermione miraba a William nerviosa. El joven caminaba de un punto a otro en un vaivén interminable, claramente pensando en lo que iba a decir. Por un momento la bruja incluso pensó que aquello era el preparativo para finalizar su relación, hasta que, finalmente, William dio un largo suspiro y la miró sonriendo.
"Ha sido un día extraño. No sé ni cómo empezar, pero dadas las cosas me parece absurdo posponerlo. La vida es muy efímera, ¿no es así?" Dijo William con dulzura.
Hermione sonrió amargamente con la mirada perdida.
"Mi amada Hermione…" Dijo William acercándose a la chica para entrelazar sus manos con ella. "De la forma más extraña y sorpresiva, me has cautivado. Y pese a que quizás esto no estaba siquiera en mis planes, he decidido que quiero conservarte por siempre…"
Hermione escuchó una voz en su cabeza. Su propia voz, diciéndole con firmeza que aquello había llegado demasiado lejos.
