Capítulo VI
Área Initia, sede central de la Agencia Hyliana de Inteligencia, 19 de septiembre de 2011 9:32h
Rauru repasaba el informe que Link le había presentado mientras tomaba un sorbo de humeante café de su taza. Había aceptado a recibirle casi a regañadientes tras la continua insistencia de Link, no podía negarse ante alguien tan pertinaz, de modo que casi por compromiso trató de sacar 5 minutos libres en su apretada agenda de director de la Agencia Hyliana de inteligencia para atender al joven agente. Había ascendido al puesto tras una impecable actuación en la guerra civil que azotó Hyrule décadas atrás. Su templanza y su estrategia llevaron a las fuerzas Hylianas del orden a lograr cohesión suficiente como para hacer frente a la amenaza, además de que sus arengas consiguieron infundir cordura a una población que había comenzado a dejarse llevar por la histeria colectiva acusando de traición y espionaje a cualquier sujeto de la forma más inverosímil posible, despertando así viejas rencillas. No obstante, Rauru, pese a ser el cerebro de la agencia apenas había participado en combates cuerpo a cuerpo, se había limitado a observar desde una posición privilegiada, lo cual hacía que mantuviese un porte sereno, su templanza había logrado salvar muchos escollos.
-Sinceramente, Link, creo que estás haciendo una montaña de un grano de arena...-dejó la taza sobre la mesa y cerró el dossier, apoyando ambas manos entrelazadas en el escritorio.
El informe era exhaustivo, detallado y meticuloso, un gran trabajo para haber sido hecho por un agente casi novato como aquel chico pero tenía que admitir que el escenario que planteaba era casi irreal, sacado de contexto, excesivamente paranoico.
-Link, eres un agente brillante, aún tienes tiempo de ascender puestos en la agencia, no tienes que precipitarte ni presionarte de este modo.-expuso con tono calmado, parecía estar aconsejándole en lugar de rechazando su esfuerzo.
Link se levantó, cogió el dossier intentando no arrugarlo demasiado a causa de la frustración y miró a su superior tratando de enmascarar su decepción, a la espera de lo que Rauru tuviera que decirle como despedida.
-No te encierres en el pasado, Link. La agencia necesita agentes como tú, pero deberías volcar tu esfuerzo en algo que no fuese tan infructuoso.-Rauru se levantó y le tendió la mano, la cual Link aceptó de manera ceremoniosa y forzadamente.
Salió del despacho y se dirigió al cubículo que hacía las veces de despacho para él lanzando el dossier de mala gana sobre el teclado del ordenador, se sentó y se aflojó con los dedos la corbata azul que se había puesto para dar una impresión "formal" ante el director de la agencia, maldiciéndose de mala gana por ello, no le había servido de nada. Se masajeó el puente de la nariz cerrando los ojos hasta que se aflojó la corbata por completo, abriéndose el cuello de la camisa. Estaba visto que no podía tratar de cuestionar indirectamente la actuación de Rauru en la guerra civil Hyliana pero sabía con certeza que los dos bando seguían latentes y que Gerudo era una de ambas facciones que sólo esperaba el momento adecuado para volver a aflorar. No cuestionaba a la monarquía, sólo ponía en duda su actuación, era obvio que el tema no se había zanjado por completo y era muy probable que trajese nuevos problemas en el futuro, máxime si la labor de adoctrinamiento del grupo Gerudo era tan temible, oscura e insistente como pensaba. Él era uno de los muchos interesados en encontrar respuestas, ansiaba hacerlo por la vía coherente pero sabía que el rencor y la sed de venganza ante un pasado destrozado podían hacer estragos en el comportamiento de una población propensa a dejarse llevar por supersticiones y rumores. Cerró los ojos con fuerza tratando de descansar la vista y relajarse. Sabía de sobra cuán convulsa había llegado a ser aquella época porque su padre acabó desapareciendo en el frente y su madre murió en el hospicio al que llegó pidiendo refugio, dejándole allí en su último estertor.
-Deberías tomarte un descanso.-Link notó una aterciopelada voz femenina y una mano posándose en su hombro, Midna dejó un pequeño vaso de plástico rebosante de café solo delante de él.
El chico bebió el café de un par de agónicos sorbos como si así pretendiese despejarse y sacudió la cabeza observándola con una mirada de puro agradecimiento.
-No puedo, Mid. Estoy harto de que no me tomen en serio.-frunció los labios al responder y se cruzó de brazos reclinándose en el asiento, recuperando en cierto modo la compostura, mostrando su molestia ante la desastrosa reunión.
Ambos se conocían bien, Link le había confesado a Midna sus propósitos y narrado sus orígenes a fuerza del vínculo de compañerismo que ambos habían trazado a lo largo de los años. Al fin y al cabo pese a la leve diferencia de edad entre ambos casi podía decirse que los dos habían estudiado juntos para entrar en la agencia y habían superado las pruebas casi simultáneamente.
-¿Por qué no te coges el día libre?-Midna se apoyó en el escritorio con ambas manos, arqueando el cuerpo hacia él en una mirada que transmitía una leve curiosidad aunque también cierto tono de reproche-¿No has visto las ojeras que tienes?
Su orgullo malherido y su cansancio tanto físico como anímico lo impelían a hacer caso a su compañera de modo que engurruñó la corbata sin mucho cuidado y la guardó en su abrigo de paño negro antes de colocárselo.
-Te debo una, Mid.-se interrumpió con un bostezo que no pudo reprimir y parpadeó intensamente antes de volver a mirarla.
-Anda, tómate una ducha relajante y descansa.-apiló sus papeles, ordenándolos y se los tendió con una leve risita.
-Eso haré, muchas gracias.-hizo un desganado gesto con la mano a modo de despedida tras tomar los papeles y echó a andar por el dédalo de cubículos separados por paneles de plástico hasta que alcanzó el exterior del edificio.
Link sabía perfectamente que los imperios y los grandes regímenes no caían si antes no estaban podridos por dentro de modo que temía que Gerudo aprovechase esa podredumbre mal disimulada para hacer tambalear los cimientos de la monarquía. A él, a diferencia de muchos otros no le movía la venganza, sólo anhelaba poder hallar explicaciones que lograsen serenarle, aclarar su pasado. Aunque temía la sinuosa y difusa frontera entre encontrar explicaciones y posibles culpables y querer tomar revancha, esperaba poder controlarse. Ciertamente le sorprendía la rapidez con que Hyrule parecía haber resurgido de sus cenizas tras el desolador panorama que impuso la guerra civil, quizá reconstruyendo su propio pasado podría colaborar a encontrar los puntos flacos sobre la historia de su propio país. Aun así, no iba a rendirse, esa fue una de las razones que lo impulsaron a tratar de entrar en la agencia de inteligencia y convertirse en un agente al servicio de la corona. Quería evitar que sucesos similares volviesen a producirse y si proteger a la población además le ayudaba a desentrañar su enmarañado pasado lo haría gustoso.
Llegó a su pequeño apartamento situado en una modesta área residencial de las afueras de ciudad Taura, dejó el abrigo recostado sobre el respaldar de una silla y casi sin desvestirse se dejó caer en el sofá hasta que su oleada de pensamientos inconexos fue vencida por un profundo sueño.
Irónicamente, se estaban esforzando tanto en tratar de no repetir el pasado que se estaban encaminando inexorablemente hacia él de nuevo, en un ineludible bucle.
