Capítulo VII

Complejo penitenciario de alta seguridad "Montaña de la Muerte" 8 de agosto de 2012 22:17h

La prisión de la Montaña de la Muerte no debía su macabro nombre a que los condenados a la pena capital fuesen encerrados en ella, sino al topónimo del propio lugar en que se enclavaba. De hecho, la pena de muerte había sido desplazada del ordenamiento jurídico de Hyrule, si bien no formalmente abolida había sido relegada en la Constitución a lo que pudiera disponerse en tiempos de guerra lo que la condenaba a la inaplicabilidad práctica.

Se trataba de una intrincada red de túneles y ascensores que se hallaban poblados de dependencias diversas para los presos, sólo los más peligrosos tenían el dudoso privilegio de acceder a aquel lugar y dada la magnitud del ataque y la gravedad de la situación los servicios de inteligencia habían optado por confinar a aquella mujer pelirroja en dicho complejo.

Link bullía de impaciencia, caminaba por los pasillos cabizbajo y con las manos a la espalda, el abogado de oficio había llegado hacía unos minutos tras el aviso urgente, así como el intérprete a fin de asistir a la recogida de muestras y al reconocimiento por parte de las autoridades forenses, no obstante, los análisis y primeras conclusiones tardarían en aparecer.

A las puertas de una de las salas de enfermería, Link tomó asiento en un frío banco de metal, bajo la mortecina luz de los fluorescentes su rostro, normalmente jovial estaba desfigurado por el dolor, la preocupación y la incertidumbre, taciturno. Se había desabrochado la corbata y esta reposaba sobre sus hombros, arrugada y desparramándose. A los pocos minutos, la figura de Midna apareció por el pasillo y en silencio tomó asiento a su lado, dejando caer su mejilla sobre el hombro de su compañero, a modo de gesto de apoyo. Link ni siquiera se inmutó, perdido en sus pensamientos, pero al notar su calor lo agradeció interiormente. La chica aún conservaba su porte elegante, no había dejado que la desesperación hiciese mella en en su aspecto. Lucía un vestido azul marino de pedrería y la pelirroja melena se hallaba pulcramente recogida en un moño del que nacía un discreto tocado de plumas del mismo tono, las cuales hicieron que Link esbozase un leve mohín ante su contacto.

-Tenemos un topo, es lo único que se me ocurre.-dejó escapar el aire por la nariz, removiéndose en su sitio, frustrado-Di órdenes claras a los pelícaros y a Gaébora para que patrullaran desde el aire, ¿pretenden hacerme creer que Zelda y su captor se han volatilizado?

-¡Cálmate, Link!-suplicó ella agarrándole por la cintura en un abrazo-No es culpa tuya. Además, Zelda es una rehén demasiado valiosa, pronto se pondrán en contacto con nosotros poniendo sus condiciones. Volverás a salvarla, estoy segura.

Link se aferró con desesperación al banco, meditando una respuesta. Se dispuso a formular una réplica cuando el curso de sus pensamientos se vio truncado con el ruido de la puerta de la enfermería abriéndose. Al oírlo se puso en pie de un salto, como un resrote y se aproximó con presteza al forense con una mirada interrogante. Este pareció entenderle y levantó la vista de los papeles en los que andaba apuntando los últimos datos, observándole por encima de los diminutos cristales.

-Sólo he procedido al examen físico.-expuso, guardándose la pluma en el bolsillo de la bata-Por ahora puedo concluir que su estado de salud es óptimo, no presenta signos de violencia ni de cualquier otra clase de injerencias. He tomado muestras de sangre, pelo y orina pero no puedo determinar nada sin el análisis. No obstante parece mayor de edad y no me cabe duda de que no es Hyliana.

Link resopló molesto tratando de acomodar su alborotado flequillo. Ni siquiera sabían su identidad ni de dónde y cómo había salido aquella mujer para acabar pilotando el coche nupcial de modo que cualquier suposición era una mera hipótesis.

-¿Qué hay de la evaluación mental?-preguntó Midna adelantándose unos pasos mientras se cruzaba de brazos.

-El psiquiatra llegará enseguida, también el fiscal ya que no sabemos con absoluta certeza su edad. Entiende el Hyliano, el intérprete no ha tenido problema con eso pero no ha pronunciado una sola palabra inteligible, se ha limitado a murmurar y a canturrear una especie de mantra ritual o algo por el estilo.-dejó caer los hombros, cansado mientras trasteaba con sus papeles, guardándolos en una carpeta-Así que será más complicado de lo que pensábamos, especialmente para el intérprete.

-Me voy al puente a supervisar el trabajo de campo y a interrogar a potenciales testigos.-con impaciencia Link se quitó la corbata que colgaba de sus hombros y la arrugó guardándola en el mismo bolsillo del que salía un pequeño lirio a juego con el ramo de la novia, destrozando sus pétalos-No creo que pueda hacer mucho si me quedo sentado esperando esos análisis.

Midna le siguió con la mirada mientras el chico giraba sobre sus talones.

-Debería dormir, joven. Si quiere puedo recetarle unos somníferos, le vendrán bien. Ha pasado por una situación traumática.-comentó el forense sacando un talonario de recetas del bolsillo del pantalón.

-Dormir no me va a devolver a Zelda. Puede que lo que voy a a hacer ahora tampoco, pero al menos sentiré que hago algo útil al respecto.-expuso con voz ronca y grave.

Sin más despedidas se marchó a paso rápido, dejando atrás a Midna que musitó una disculpa y agradeció la deferencia del doctor para proceder a seguirle apresuradamente, logrando que el repiqueteo de sus tacones de aguja inundase aquel frío corredor.

-Link, ¿se puede saber qué haces?-Midna se aproximó dándole alcance y se aferró a su muñeca, deteniéndole-Necesitas calmarte, por favor. Todo irá bien. No te preocupes, yo estaré ahí para ayudarte, lo prometo.-su agarre era firme pero al mismo tiempo cálido y su voz se desplegaba en un murmullo, un suave ruego pese a que en ella había impregnada cierto tono de reproche.

-¿Vas a acompañarme o a sermonearme?-inquirió Link con voz ronca, bajando la cabeza para de un repentino tirón zafarse del agarre.

Abandonaron la prisión en un tenso silencio. Midna se esforzaba por tratar de entenderle pero sabía cuán exigente consigo mismo podía ser Link, tenía el defecto de atribuirse la culpa de cosas de las que obviamente no era responsable ni tan siquiera indirectamente y tratar de hacerle cambiar de opinión sólo lograba que se acabase frustrando más.

El silencio se mantuvo cuando, montados en Epona cruzaron todo el anillo de autopistas que rodeaban ciudad Taura hasta poder adentrarse en la ciudad y llegar hasta el embarcadero de Lanayru y el puente que cruzaba el río Zora. Atravesaron la maraña de cintas que acordonaban el perímetro en mitad de un caos de sonidos yuxtapuestos de claxon ya que el tráfico se había cerrado para recoger pruebas. Un joven de cabellos castaños se aproximó a Link y se fundió en un fraternal abrazo con él.

-Tranquilo, Link. Le cogeremos.-sonrió confiado y puso las manos sobre sus hombros dándole un cariñoso apretón.

-Gracias, Coocker.-Link suspiró con aire desganado mientras que Midna saludaba al chico con la mano.

-Debí haber estado volando en pelícaro, seguro que habría podido atisbar algo…-Coocker frunció los labios en un mohín de disgusto.

-No es culpa tuya. Ahora ya sólo podemos buscar por tierra.-Link trató de sonreír mirando a los ojos azules de su compañero, tan azules como el cielo que tanto adoraba.

Coocker había sido compañero de Link en la Academia. Su padre era piloto de combate y acabó muriendo en un accidente dejándole huérfano con apenas 10 años. Aquello en lugar de lograr que se apocase le impulsó a tratar de seguir la estela de su padre y pronto se convirtió en un habilidoso piloto, esperando continuar el legado de su padre y que este se sintiera orgulloso de él.

-O por agua.-inquirió Midna señalando al río con el mentón y un elocuente brillo iluminó sus ojos ambarinos.

-Hay que avisar a la patrulla paradusa, puede que remontasen el río en una lancha.-Coocker siguió el razonamiento de Midna al instante, mirando de reojo la dirección a la que apuntaba- Algún islote, alguna cueva o recodo… puede que hayan instalado su base ahí.

-No hay duda de que hicieron el cambio en el túnel y que Zelda y su captor abanandonaron el coche y tomaron otro transporte, ¿no han interrogado a nadie que haya podido ver algo? ¿un conductor rezagado?-Link se desabrochó los gemelos, agobiado ya por el traje de gala, su creciente frustración tampoco ayudaba.

-Aunque han cortado el tráfico lo antes posible una vez que se dieron los hechos, tratar de retener a los potenciales testigos ha sido totalmente imposible.-se excusó Coocker mirando el caos de vehículos descolocados que poblaban la autopista e incluso invadían los arcenes.

-Pero ahí dentro hay cámaras.-Midna señaló con el pulgar al túnel y repentinamente una sonrisa sibilina y pícara adornó sus labios como una niña anticipando una travesura-Y si grabaron algo, por insignificante que sea yo podré descubrirlo.

-Entonces yo voy a avisar a los de la patrulla paradusa para que envíen efectivos.-Coocker asintió recuperando su optimismo habitual y se alejó a paso rápido-Te veo luego, Link.

-¿Y tú qué vas a hacer?-Midna acarició la mejilla de Link con ternura, buscando su mirada tratando así de eliminar todo rastro de enfado hacia ella que pudiese quedar en él, sin dejar de transmitirle su acercamiento y su apoyo.

-Antes de peinar el río, he de hablar con los de la flota de pelícaros y con Gaébora, quiero saber qué falló y qué consiguieron ver, si es que hay algo…-suspiró hondamente cerrando los ojos y rehuyó el contacto de nuevo aunque no de forma tan brusca.

-De acuerdo.-Midna se adelantó con sus característicos y elegantes andares que recordaban a un felino, no obstante, tras varios pasos se detuvo y giró el cuello para lanzarle una mirada ensombrecida por una expresión de dolor-Ten cuidado, por favor.

Una vez hubo murmurado aquello se perdió entre la miríada de vehículos dirigiéndose hasta la caravana de monitorización por satélite y demás medios informáticos que la agencia de inteligencia había dispuesto para gestionar todas las operaciones en la zona. Mentalmente exhausto y abrumado Link se dio la vuelta para tratar de encontrar a algún agente que le llevase frente al supervisor de las operaciones aéreas cuando el sonido del tono de su comunicador hizo que todo su cuerpo se tensase. Rápidamente y con pulso algo tembloroso sacó el artilugio de su bolsillo dispuesto a leer el mensaje. Pensó que tal vez se tratase de un aviso acerca del resultado de los análisis efectuados a la sospechosa pero lo que leyó en lugar de aliviarle hizo que una mezcla de rabia, impotencia e incredulidad se apoderase de él como una oleada de magma a punto de erupcionar desde sus entrañas.

"Si tienes Valor, la recuperarás. Tres son uno. Uno son tres."