Capítulo VIII

Complejo residencial templo del espíritu, afueras de Kakariko 3 de octubre de 2011 4:56 a.m

Dark mantenía ambas palmas apoyadas sobre los azulejos azulados del interior de la ducha, la cabeza gacha mientras notaba el potente chorro de agua caliente cayendo sobre él, empapando desde sus plateados y sedosos cabellos hasta sus fibrosos músculos. Las gotas reptaban caprichosamente bajando por sus hombros hasta entrelazarse y alcanzar la línea de su columna. La palidez de su piel se acentuaba cuando las gotas de agua que le cubrían reflejaban la rutilante luz de los fluorescentes. Inspiró hondo tratando de relajarse pese a que aquella ducha matutina debería tener la función de arrancarle de las brumas del sueño que todavía le envolvían, al igual que el vapor que se condensaba a su alrededor.

Desde que tenía uso de razón había estado entre los Gerudo, se había criado como uno más de ellos pese a que sus rasgos albinos en absoluto coincidían con la broncínea piel y los rojizos cabellos de aquellos con quiénes convivía. Gerudo era una organización que se había convertido en lo más parecido a una familia para él. Bien es cierto que provenía de una época tan turbia como su propio origen, se había cuestionado muchas veces acerca de su identidad, de si siempre había pertenecido a la organización o si tenía un pasado distinto. A veces recelaba pues creía que había algo extraño, soterrado y oculto que no deseaban revelarle, no obstante, tampoco se sentía con fuerzas para preguntar o tratar de descubrirlo por sí mismo, al menos no todavía, había logrado la confianza ciega del líder y no estaba entre sus planes perderla con preguntas incómodas. Habían sido años de duro entrenamiento, de obediencia y férrea disciplina hasta haber asumido los ideales de Gerudo como propios, echarlos por tierra de tal modo sería una tremenda estupidez por su parte y terminarían por dejarlo expuesto e indefenso, todo se volvería contra él. Sin embargo, en secreto cuestionaba algo de lo que estos propugnaban, pero eran nimiedades comparadas con lo necesarios que se le antojaban y con el arraigado propósito de llevarlos a cabo para el que había sido estrictamente preparado desde niño.

No obstante, no pudo seguir atendiendo a sus propias cavilaciones, el agua que antes era cálida y agradable ahora se precipitaba sobre él de manera gélida y penetrante. Sacudió la cabeza, aquello le arrancó bruscamente de sus ensoñaciones y retuvo un bufido de indignación, contrayendo todo el cuerpo, desde los hombros, que echó involuntariamente hacia atrás hasta los fornidos muslos que no pudo evitar flexionar. No obstante, dejó que el agua le empapase lo bastante como para espabilarle y cerró el grifo buscando una toalla a toda prisa. No era posible que hubiese consumido el agua caliente de la caldera tan pronto de modo que dedujo que alguien la habría desconectado siguiendo órdenes para que dejase de remolonear y se despejase de una vez, objetivo que sin duda había sido logrado. Los días siempre empezaban muy temprano en una rutina que debía ser cumplida detalladamente respetando los entrenamientos, los sermones de Ganondorf, las horas de reflexión, los tiempos estipulados para comer...

Se echó una toalla negra sobre la cabeza y con ella se frotó a conciencia, cuando levantó el rostro observó la constelación de gotas desparramadas sobre el espejo empañado y mientras se anudaba la misma a la cintura pudo examinar como cada mañana aquel tatuaje en su espalda, justo entre los omóplatos: se trataba de una especie de hexágono con una franja sinuosa central que se replegaba en dos medias lunas, una hacia la derecha y otra hacia la izquierda y cuyo hueco abrigaba sendas esferas, el símbolo Gerudo como única mácula en su marmórea espalda. Suspiró peinándose el flequilo con los dedos antes de vestirse, desconocía el motivo por el que Ganondorf le había mandado llamar a una hora tan intempestiva pero sin duda debía de tratarse de algo importante, desde hacía un tiempo había percibido cómo el nivel de tensión y crispación entre los miembros de la organización había crecido exponencialmente, señal de que los planes que se estaban llevando a cabo estaban próximos a completarse.

Salió del baño vestido con deportivas, vaqueros y una camisa grisácea y puso rumbo a la planta superior, algunas de las Gerudo que lo contemplaban al pasar inclinaban la cabeza en señal de respeto o a modo de saludo, muchas llevarían incluso en pie más tiempo que él, poniéndolo todo en orden para que la casa despertase, de hecho, el aroma a café que ya emanaba de la cocina había conseguido golpearle con sus amargos efluvios. Siempre había sido consciente del temor que despertaba entre todos los de la organización, sólo había alguien a quién temían más que a él mismo y era al propio Ganondorf, había tardado en percatarse de que era su mano derecha, su favorito y tal vez aquello sólo acentuaba el aura que desprendía, pero una vez que tomó conciencia de ello le resultó mucho más fácil ascender y labrarse un nombre.

Sin siquiera llamar, entró en el despacho, la última puerta del pasillo, la habitación más profunda.

-¿Me llamaba, señor?-se quedó quieto en el umbral, aferrando el picaporte mientras entrecerraba los ojos para escudriñar la estancia, iluminada sólo por el fuego de la chimenea.

-Y desde hace rato, han tenido que desconectar la caldera para que te dignases a salir del baño.-Murmuró Ganondorf reclinándose con cierto fastidio en su butaca de piel-Pasa y siéntate de una vez, Dark.

Sabía que aquel no era su verdadero nombre, pero así era como le conocían en Gerudo y aunque en cierto modo el mote se le antojaba extraño había acabado construyendo una identidad sobre él, con lo que lo había interiorizado de una forma u otra. La razón por la que le llamaron así era simple, los miembros de Gerudo estaban tremendamente apegados a la adivinación y demás supersticiones de modo que era frecuente que las mujeres más ancianas y venerables leyesen la buenaventura a los recién llegados, cuando Dark se presentó ante la anciana que debía aclararle su futuro esta se mostró dispuesta a leerle las líneas de la mano, en cuanto le mostró las palmas, tras unos segundos esta pareció entrar en un profundo trance, fijó sus ojos en él con la mirada totalmente ausente y susurró con voz cavernosa: "eres portador de desgracia porque provienes de un odio que jamás debió ver la luz del día, por eso tu corazón está vacío o quizá colmado de una profunda oscuridad que te envolverá pero no te salvará, pues terminará devorándote sin piedad". Un grito ahogado atravesó a todos los presentes en la escena, dando crédito a aquellas palabras que revoloteaban como una amenaza o una nefasta profecía, de ahí que su presunta oscuridad fuese clave en el nombre con el que sería conocido, lo que hubo antes no le resultaba relevante o por alguna extraña razón eran recuerdos que su mente había bloqueado.

-Lo lamento, señor.-Dark se dejó caer en la silla frente al escritorio con un resoplido-¿Ha ocurrido algo importante que justifique esta apresurada llamada?

-Ni siquiera habrás desayunado-refunfuñó Ganondorf destrozando un sobre con un abrecartas-así que sírvete.-Le señaló con la barbilla una bandeja frente a él con una jarra de café humeante y un plato de galletas y sin esperar a que obedeciese, continuó-Nuestro plan está casi concluido, al fin hemos encontrado los engranajes adecuados para poner la maquinaria en marcha. Quiero que tú estés en primera línea llevándolo a cabo, ya sabes que es peligroso que yo me inmiscuya demasiado por el momento.

Dark asintió mientras daba un sorbo al café que había acabado de servirse, el amargor le obligó a realizar una mueca de desagrado pero agradecía el efecto que la cafeína podría ejercer sobre su todavía exhausto ser. Él era apenas un bebé cuando los acontecimientos de la guerra civil estaban en su punto álgido pero al parecer Ganondorf había instigado la rebelión en el seno del ejército y había participado activamente con las guerrillas, el modo en que había conseguido escapar a ser juzgado por un tribunal militar se le escapaba por completo y era un tema tabú dentro de la organización. Era cierto que los miembros de Gerudo pertenecían mayoritariamente a la etnia del mismo nombre con lo que habían optado por darle dicho nombre a la organización en un intento por distanciarse de los Hylianos a los que profesaban una atroz animadversión en su mayoría, no obstante, las leyendas urbanas y las especulaciones sugerían que Gerudo era en realidad el acrónimo de Grupo Eterno de la Revolución Unida para el Dominio Oligárquico. Dark no podía evitar sonreír ante la ingenuidad que desprendían aquellas patrañas.

-Les demostraremos a esas sabandijas Hylianas que no pueden segregarnos y pisotearnos como alimañas.-Ganondorf dio un puñetazo sobre la mesa que hizo temblar los utensilios de la bandeja y seguidamente lanzó la carta que había extraído de su sobre a la chimenea-Sabiduría, poder y valor, tres cualidades que han de estar en equilibrio y que esos indeseables no respetan. En nuestras manos está el poder y comprobarán la desgracia que supone que se vuelva contra ellos.-A medida que hablaba su ira se acrecentaba provocando que su mandíbula estuviese apretada, los ambarinos ojos chispeantes iluminados por la trémula claridad de las llamas como dos lagos de oro fundido, a cualquier otro aquella visión le habría inspirado pavor y respeto pero Dark le observaba con total indiferencia.

-Me permito recordarle que yo soy Hyliano, señor.-replicó Dark tras caraspear brevemente y dejar el vaso sobre la mesa.

-No irás a decirme que te han ofendido mis palabras, ¿verdad, Dark?-farfulló llevándose un grueso puro a la boca que había sacado de un cajón de su mesa y que encendió inmediatamente con un mechero plateado-Si hubiera más Hylianos como tú la guerra nunca se habría producido, además, precisamente al estar a nuestro lado tu responsabilidad es mayor, has de infiltrarte, los imperios no caen si antes no están podridos por dentro.

-De sus palabras deduzco que ha encontrado a alguien dentro de las instituciones que apoya nuestra causa, ¿un topo, acaso?-Dark ladeó la cabeza con curiosidad ante aquello, le parecía todo demasiado precipitado y temía que un error en el último instante los condujese a una trampa.

-No es exactamente un topo puesto que no se mueve bajo tierra, ciertamente ha sido un hallazgo fascinante puesto que lo sobrevuela todo y no se le escapa nada.-Ganondorf soltó una risita entrecortada al haberse colocado el puro entre los labios y volvió a rebuscar en sus cajones, sacando al momento un bulto que Dark no logró identificar bien en la penumbra pues se hallaba envuelto en un hatillo.

-Confío en su buen juicio, pues.-Dark se arrellanó como pudo en su sitio, la conversación comensaba a hastiarle, había sido un iluso si creía que obtendría una respuesta directa, Ganondorf acostumbraba a hablar con metáforas y circunloquios y en el ejercicio de su elocuencia estaba totalmente pagado de sí mismo lo que conllevaba que sus discursos fueran ciertamente insoportables y eternos.

-Esos miserables pagarán el habernos impuesto su gobierno, su lengua, sus costumbres, su religión… los poderosos subyugan, los sabios aconsejan pero el valor es inútil ante el poder.-Mantuvo los puños cerrados sobre el escritorio antes de tomar el puro con una de sus manos-Fueron tan ilusos de confiar en el valor que ahora lo lamentarán, no dejaremos que el culto a sus estúpidas diosas les salve.

-Señor, ¿cuál es mi tarea en todo esto?-Harto de contemplaciones que no representaban nada que no hubiese oído anteriormente Dark se echó hacia delante apoyado en los reposabrazos buscando apremiar a su interlocutor.

-Tienes que acabar con los portadores del valor y de la sabiduría, sólo así obtendremos su clave y estaremos en condiciones de inicar el proyecto trifuerza.-Expuso con aire solemne, pese a lo críptico de sus palabras, dejó el puro humeante cuya densa humareda unida al chisporroteo del fuego se había diluido por toda la estancia, seguidamente le tendió el hatillo, deslizándolo con cuidado sobre la mesa con los dedos, como si fuera sumamente frágil.

Dark rebuscó en aquella bolsa de tosco tejido hasta que encontró un arma ya cargada, pequeña, manejable y semiautomática, muy probablemente una 9 milímetros. La examinó con desgana, pese a que había sido entrenado en el manejo de todo tipo de armas por algún extraño motivo prefería los combates cuerpo a cuerpo o incluso con armas blancas cortas o largas. La forma en que tenía que fundirse con el rival en la batalla, la manera en que tenía que paladear el riesgo y sortearlo le parecía mucho más elegante que disparar desde lejos, en ocasiones le resultaba hasta indigno y por otro lado, de aquella manera no podía disfrutar del mismo modo de la tortura y la intimidación frente a sus rivales, eliminándolos lentamente, las heridas de bala mataban mucho más rápido por muy cuidadoso que fuera buscando puntos no vitales.

-Sé que no es de tu gusto, pero tienes que mejorar tu manejo de las armas de fuego, Dark. Pistolas, revólveres, ametralladoras, fusiles de asalto y de francotirador, tienes que familiarizarte con ellos hasta el punto de que sean una prolongación más de tu cuerpo así que baja al sótano del templo y empieza a practicar tu puntería hasta que te duelan los hombros por culpa del retroceso.-Aunque lo había expuesto de manera calmada, reclinándose contra el respaldo mientras alternaba caladas a su puro, en aquel discurso había un mandato velado que debía asegurarse de cumplir si no quería sufrir las consecuencias y los correctivos que le habían dejado casi tantas cicatrices como sus intensos entrenamientos.

-De acuerdo, señor.-tomó el arma y se levantó sin más despedidas, al llegar a la puerta fue consciente de que una duda le asaltaba con lo que se volvió hacia él-¿Cuando me enfrente a los dos portadores lo haré solo, señor, o tal vez tendré la ayuda de ese topo volador que tanto logra entusiasmarle?

-Tendrás a un compañero de fatigas, Dark, pero ya llegará el momento en que le conozcas.-comentó fríamente, denotando que no quería que se retrasara-Ahora baja y agujerea unas cuantas dianas, yo iré a verte en cuanto pueda, contaré los cartuchos gastados, así que más te vale no holgazanear.

Dark asintió abandonando la estancia, para su sorpresa todavía no había amanecido con lo que tuvo que cruzar el jardín prácticamente a tientas hasta el refugio subterráneo conocido como templo pues en él practicaban sus rituales de adivinación y entrenaban. Disfrutó el leve recorrido sumido en la oscuridad y notando la frialdad de la escarcha nocturna, se sentía cómodo en aquellas circunstancias con lo que en su fuero interno quizá deseaba encontrar coherencia en los vaticinios de la anciana matriarca Gerudo. Todo ello, unido a la responsabilidad que Ganondorf había colocado sobre sus hombros lo sumía en la incertidumbre, no podía evitar pensar en que quizá no estuviese a la altura y fallase en su misión y que de hacerlo, Ganondorf se encargaría de eliminarlo limpiamente como castigo a su ineptitud y a haber traicionado su confianza.

Pero si fallaba, al menos no iba a dejarse vencer tan fácilmente, se opondría a él y le encararía para tratar de conocer su pasado y lo que este le ocultaba, quizá con ello destapase otras intrigas en el seno de la organización o tal vez supersticiones milenarias pero no iba a doblegarse tan fácilmente, llevaba demasiados años tragándose su orgullo.