Capítulo IX

Pico Nevado, 8 de agosto de 2012 23:00 p.m

Dark mantenía el cañón de su arma ejerciendo una suave presión bajo el hombro izquierdo de la princesa mientras que la sujetaba por el antebrazo contrario ayudándola a caminar pues esta mantenía en su regazo la cola del traje de novia y parte del velo para que no se enganchase entre las zarzas o los riscos del abrupto lugar. No obstante, en ningún momento sus gestos hacia ella fueron amenazantes ni degradantes, hasta la forma en que la sostenía era delicada, como si no quisiera dejar marca en la nívea piel que se intuía bajo el encaje del velo y de las mangas. Le bastaba con saber que ella le otorgaba el mando de la situación y que no se opondría en ningún momento, sabía que no era la primera vez que se enfrentaba a un trance así y su mente sin duda estaría rememorando aquellos horribles momentos de su pasado lo que obviamente reforzaba aquella sensación de miedo que la paralizaba. Al llegar a un recodo del camino Dark se separó dejándola unos pasos por detrás, se acercó a un pequeño panel con una pantalla en el que tecleó un código, al momento una compuerta en la pared de roca se abrió, descendiendo hacia una cueva en el interior de la montaña. Al volverse Zelda no había hecho siquiera amago de tratar de huir, lo cual respondía tanto al temor como a la sensatez, tan aparatosa vestimenta no le facilitaría dicha empresa y el terreno escarpado y en pendiente sólo complicaba las cosas. Aterida de frío, la heredera al trono de Hyrule bajó la mirada tratando de cubrirse los brazos con el vaporoso velo, Dark la observó atentamente y se quitó su chaqueta para cubrirla inmediatamente con ella exhalando un suspiro, si no conociera con escrupulosa exactitud el destino que sus planes le tenían reservado quizá hasta sentiría lástima.

-Lo lamento, Alteza. Os aseguro que nuestro periplo pronto llegará a su fin.-Volvió a encañonarla y a sujetarla con idéntico cuidado y entró en la cueva cuya compuerta se cerró casi al instante.

Zelda tiritaba no sólo de frío sino probablemente sacudida por toda aquella incertidumbre. Para ser pleno verano, dada la altitud y el paraje en que se encontraban hacía bastante frío pese a que el deshielo se había consumado ya en la parte más baja que era aquella en que se ocultaba dicha base de operaciones. Tras unos minutos de descenso llegaron a una enorme sala repleta de ordenadores y pantallas, en la esquina contraria había una mesa con algunas sillas y una pequeña cocina con una nevera, lo necesario para subsistir mientras hacían uso del escondrijo y una puerta que daba a un pequeño habitáculo que parecía hacer las veces de habitación. Dark soltó a la princesa, dejó su arma sobre la mesa y rebuscó en uno de los cajones de la alacena antes de volver con una silla que situó estratégicamente en el centro de la habitación. -Tomad asiento, Alteza.-Ordenó con la misma frialdad y tono monocorde con el que se había estado dirigiendo a ella durante toda la noche-Reitero mis disculpas, sé que este no es un lugar para alguien de vuestro linaje, pero las circunstancias apremian.

-¿Qué quiere de mí? ¿para quién trabaja? ¿por qué estoy aquí?-acertó a preguntar con un tono ahogado que diluyó todas sus expectativas de resultar convincente y segura.

-Demasiados interrogantes, Alteza. La impaciencia nunca ha sido buena consejera de los gobernantes. Os recomiendo que os serenéis.-Expuso colocándole los brazos tras el respaldo y apresando sus muñecas con unas esposas-Calmaos, por favor.-Suplicó siseando como quien trata de arrullar a un bebé y dejando un beso sobre su frente con falsa ternura.

Una vez que su presa estuvo retenida e inmovilizada comenzó a teclear con rapidez, concentrándose en su tarea, sonrió con una mueca maquiavélica, esa sería una de las fases del plan que más disfrutaría, no le bastaba amedrentar a aquella joven, necesitaba infundir miedo y terror a gran escala y sabía precisamente cómo hacerlo. Sin dejar de seguir la transferencia de datos que se leía en la pantalla tanteó el fondo de la cajonera del escritorio hasta sacar una maraña de cables, una navaja, un trípode y una pequeña videocámara.

Se tomó un tiempo en desenredar aquel ovillo de cables pero lo hizo con parsimonia, sin dignarse a comprobar si su rehén se encontraba bien o estaba forcejeando para librarse de sus ataduras, en cierto modo hacía gala de una confianza excesiva, pero no podía evitar cierto optimismo al comprobar que todo marchaba tal y como había sido planeado e incluso las expectativas que tenía al respecto habían sido ampliamente superadas. Empleó los cables para conectar la videocámara a la torre del ordenador y abrió el trípode.

-Alteza, espero que estéis preparada para dar un discurso ejemplar ante vuestros súbditos.-Colocó la cámara sobre el trípode y comprobó que estaba enfocando el plano correcto-Todo Gobernante ha de estar versado en el noble arte de la oratoria, ¿no es así?-Se volvió tomando la navaja y la abrió, haciéndola girar entre sus dedos por el mango, seguidamente se arrodilló junto a la silla colocando su barbilla en el hombro de la chica-Queda muy poco para que acabe este día y Hyrule comience una nueva etapa, sosegaos, Alteza, yo os haré de guía. Sólo quedan unos minutos…-rió entre dientes y enjugó las lágrimas de Zelda con el índice mientras posaba su mirada en la luz intermitente de la cámara frente a ellos.

Palacio del Norte, residencia de la familia real de Hyrule 8 de agosto de 2012 23:32 p.m

Link, Midna y Coocker montaron en Epona tras abandonar el embarcadero de Lanayru y pusieron rumbo al Palacio del Norte en el que se celebraría una reunión urgente. Las imágenes de las cámaras de seguridad del interior del túnel no habían arrojado resultados salvo que se produjo un choque múltiple lo cual acarreó una espesa humareda, un gran tumulto y muchísima confusión, con lo que era prácticamente imposible identificar nada de lo sucedido al menos con un rastreo superficial de las imágenes. Midna se hizo con una copia y prometió analizarlas con mayor detalle, pero el rey había requerido la presencia en Palacio de todo miembro de la agencia Hyliana de inteligencia que pudiera aportar algo a la caótica situación. Ruto, la Zora que ejercía como comandante de la marina Hyliana también les acompañaba tras haber interrogado a los encargados de la patrulla Paradusa que remontaron el río Zora.

Se trataba, pues, de gestionar lo que algunos tildaban de verdadera crisis nacional, de evitar que cundiese el pánico y que los rumores siguieran extendiéndose. Todos los medios de comunicación daban versiones contradictorias, algunas sumamente disparatadas, conspiratorias e incluso frívolas o sensacionalistas (como los que lo consideraban un montaje de la propia casa real con el que impedir el enlace entre la heredera al trono y un plebeyo). Si la situación no fuese tan grave Link se habría tomado aquello como la broma que parecía ser en lugar de enfurecerse todavía más. El rey se preparaba para un discurso de vital importancia en el que tendría que transmitir seguridad y calma a sus súbditos, infundarles esperanza ante el tremendo ataque que habían sufrido.

Una vez que dejaron a Epona junto al cúmulo de vehículos que se agolpaba en los jardines frente a la puerta principal, accedieron al interior siguiendo las indicaciones del personal de palacio quiénes les indicaron el lugar de la sala de reuniones, no obstante, Link se desvió buscando el despacho del rey sin importarle que aquello fuese una falta de respeto al protocolo, en aquel instante sólo podía dejarse llevar por la rabia y la incertidumbre y necesitaba explicarle todo lo que le atormentaba. Llamó un par de veces con los nudillos y sin esperar respuesta siquiera entró, cuadrándose en un saludo militar al verle sentado frente al escritorio.

-Señor, sé que estoy actuando de manera precipitada pero quisiera comentar un par de asuntos con usted.-se acercó hasta posar con firmeza las manos sobre el escritorio.

-Ah, Link, hijo…-suspiró hondo con la mirada perdida en un portarretrato con una hermosa instantánea de Zelda y él en un cenador tras el que se intuían las aguas del lago Hylia, una estampa estival y feliz-Tenemos que encontrarla a toda costa.

-Lo sé, Majestad, pero tenemos un topo. Usted y yo revisamos el templo poco antes de salir, estoy seguro de que en ese intervalo de tiempo alguien colocó la bomba.-Resopló pasándose una mano por los rubios cabellos-De lo contrario, los perros adiestrados que rastreaban en busca de explosivos la habrían encontrado antes.

-¿Insinúas que no controlo a mis agentes, Link? ¡No voy a tolerar que cuestiones mi autoridad, todavía eres un agente a mis órdenes y a mi servicio, tú mismo lo dijiste!-El rey abandonó su serenidad habitual para soltar el portarretrato y golpear con ambos puños en la mesa.

-No insinúo, ¡lo afirmo! ¿es que se le ocurre otra explicación?-Link apretó los dientes y se separó, dando alguna que otra zancada por la habitación.

-Por el momento hay demasiadas cuestiones sin aclarar, sólo podemos especular. Si no hubieras descubierto el dispositivo habríamos salido volando por los aires de todas formas, ¿eso crees?-el rey se levantó, siguiéndole atentamente con la mirada.

-Lo dudo. El temporizador estaba preparado para estallar al final de la ceremonia, pero puede que ese no fuera realmente su propósito y sólo buscasen crear confusión, si alguien lo hubiese identificado en cualquier momento de la ceremonia tendrían que haber evacuado el templo y…-suspiró totalmente abrumado mientras que apoyó un brazo en la repisa de mármol que coronaba la chimenea del despacho, masajeándose las sienes con la mano contraria.

-Secuestrar a Zelda era verdaderamente su plan maestro, acabar con todos nosotros de una vez no les habría permitido crear tanta confusión ni tanto miedo.-apuntó el rey con un gruñido de frustración.

-¿Y por qué Zelda, Majestad? ¿Por qué no usted u otro alto cargo? ¿Por qué no Rauru?-interrogó Link levantando la cabeza con cierta resignación.

-Porque Zelda es el futuro de la monarquía y el futuro de este país…-murmuró con voz quebrada cerrando los ojos-Mi querida hija… -Esto es cosa de Gerudo, Majestad. Tuve el placer de encontrarme con Ganondorf cuando descubrí la bomba.-comentó con una sonrisa irónica y al ver que no obtenía reacción alguna de su futuro suegro, inspiró hondo, sopesando cómo continuar-¡Ese maldito cerdo se ha beneficiado de una amnistía tras otra! ¿acaso estamos protegiendo Hyrule de este modo? Sólo hemos conseguido que se crezcan, pensábamos que se habían disuelto cuando no es así. Y por cierto, mencionó el proyecto trifuerza.

-¿Otra vez?-El rey se volvió hacia él frunciendo el ceño-Eso pertenece al pasado. Sólo es una invención de los rebeldes para justificar la guerra civil, el proyecto trifuerza es totalmente falso, de hecho, nadie es capaz de poner en pie en qué consiste con exactitud, todos tienen una versión diferente.

-Dos referencias en el mismo día no creo que sean casuales, Majestad.-Link revolvió el bolsillo interior de su chaqueta hasta sacar el comunicador y se lo tendió mostrándole el enigmático mensaje-¿Qué opina? Creo que esto refuerza mi teoría de que tenemos un infiltrado en nuestras filas.

El rey rezongó devolviéndole el comunicador al instante mientras parpadeaba, escéptico e incómodo sin saber cómo hacer frente ante aquella nueva realidad informe que había alterado el pasado del reino pero que parecía empeñarse en renacer y sepultarlo todo en las tinieblas de nuevo. Antes de que pudiera dar una respuesta nuevamente evasiva, el sonido de la puerta abriéndose tras ellos les obligó a volver a la realidad.

-¡Majestad! ¡Link!-Midna se asomó desde el umbral respirando agitadamente, con urgencia-Tienen que ver esto, deprisa.-seguidamente se separó de la puerta soltando el picaporte cómo si se librase de una brasa incandescente.

La pelirroja les hizo un gesto para que la siguieran y una vez que ambos cruzaron una mirada de desconcierto se dispusieron a obedecerla al instante, siguiéndola por los pasillos del palacio.

-Es increíble, se nos han adelantado. Está en todas y cada una de las cadenas de televisión, no sé qué hacker tienen en sus filas para conseguir tal control de la señal por satélite, pero…

Midna no terminó de formular su alabanza, cuando llegaron a la sala de reuniones, la enorme y lustrosa mesa de caoba y de corte rectangular en torno a la que se iban a sentar a debatir los participantes estaba vacía. En su lugar, todos se agolpaban en torno a la zona de descanso, abarrotando los sofás y sillones que rodeaban una enorme pantalla de televisión. Link, Midna y el rey se quedaron de pie a unos pasos detrás del mayor de los butacones ocupados, incapaces de entender lo que estaba sucediendo, Link apretó los nudillos, tembloroso a causa de la rabia y la impotencia, haciéndolos palidecer, esforzándose por concentrar toda su atención en lo que se proyectaba en la pantalla, focalizando su mente analítica en las imágenes para tratar de eliminar todo rastro de emociones que pudieran nublar su discernimiento.

Pico Nevado 9 de agosto de 2012 0:01 a.m

Dark inspiró hondo tras carraspear, la luz intermitente de la videocámara había pasado a ser fija y la transferencia de datos se había completado, se había encargado de amordazar a su rehén con cinta de carrocero pues no deseaba que revelase su ubicación, abría y cerraba la navaja compulsivamente, sentía que lo tenía todo bajo control pero no podía evitar dudar de ciertos puntos del plan, aunque la idea de dirigirse a los Hylianos e inspirarles temor, erigirse como aquel que en ese preciso instante gozaba de una posición superior y poseía el mando era un incentivo, un estímulo irrefrenable que esperaba que no se volviese en su contra.

-Saludos, Hyrule.-Se apoyó con una mano sobre el respaldo de la silla incorporándose lentamente y pegó la hoja de la navaja al cuello de la princesa-Como podéis observar, tenemos cautiva a vuestra querida princesa y heredera al trono de vuestro reino.

Se tomó unos segundos para continuar, una pausa bien marcada en la que no dejó de mirar a cámara con gesto grave, confiado, pero igualmente amenazante. A su lado, Zelda era la viva imagen del pavor y al mirarla de reojo tuvo que controlarse ante lo mucho que disfrutaba de aquella reacción, lo mucho que le divertían aquellas lágrimas silenciosas que derramaba, aún más sabiendo que desconocía por completo lo que le esperaba y que eso la hacía aún más vulnerable.

-No nos amedrentaremos, tomaremos justa venganza frente a los desmanes que en el pasado habéis cometido.-Asintió con una sonrisa de suficiencia poniéndose en pie con la misma lentitud, sus movimientos, sus maneras tan elegantemente cuidados al igual que sus propias palabras y la modulación de la voz, su cadencia, señal de que había ensayado y preparado aquel parlamento a conciencia-Disponéis de 3 días de aquí en adelante, 3 días en los que obtendremos las claves necesarias para subyugaros, claves que vosotros mismos habéis dejado a la vista de todos en un alarde de vanidad, una vacua presunción que se volverá contra vosotros, ¿acaso pensáis que podréis controlar algo cuyo alcance desconocéis si tan a la ligera lo habéis tratado?-Negó con la cabeza chasqueando la lengua con condescendencia-El proyecto trifuerza es irreversible y en tres días será una realidad que os golpeará y acabará con vosotros y con vuestra querida heredera en primer lugar-Se acercó a la cámara, señalando hacia atrás con la mano que sujetaba la navaja-Cuando las tres diosas descendieron desde la bóveda celeste llevando consigo los tres triángulos áureos en que su poder omnímodo y sagrado se contenía advirtieron a los portadores del poder, la sabiduría y el valor que habrían de obrar con sus virtudes para que el equilibrio se perpetuase, si alguno de los tres concentraba más poder u obraba de forma contraria a sus dictámenes, todo se desmoronaría, aquel con un corazón puro haría de la trifuerza un instrumento de prosperidad, quien sólo ambicionase el poder convertiría la trifuerza en un arma destructiva que todo lo arrasaría.-Proclamó solemne y sin una sola palabra de despedida o con la que pretendiese aclarar su mensaje, dejando así aún más incertidumbre y desconcierto desconectó la cámara y se acercó al ordenador para revertir el proceso y evitar ser descubierto en caso de que lo rastreasen.

Palacio del Norte 9 de agosto de 2012 0:11 a.m

El estupor recorrió el salón de reuniones del palacio, nadie era capaz de romper el silencio o de tratar de dar una opinión acerca de lo que habían podido contemplar, en su lugar en la televisión aún parpadeaba la carta de ajuste y lo haría durante varios minutos más hasta que las cadenas de televisión pudiesen retomar el control sobre sus emisiones.

-Al menos Zelda está bien y parece que nos han dado algo de tiempo.-Murmuró el rey con cierto alivio sacando un pañuelo de tela de su chaqueta con el que se enjugó el sudor de la frente.

-Ni siquiera sabemos si eso era una grabación o una emisión en directo, Majestad.-Apuntó Link dejando caer los antebrazos sobre el respaldo del sofá con un bufido.

-Y tampoco sabemos si mantendrán su palabra, ni la autoría del ataque, no se han identificado.-Midna desvió la mirada, cruzándose de brazos.

-¿Y qué vamos a hacer? ¿Quedarnos de brazos cruzados hasta que contacten de nuevo? No tenemos tiempo.-Un joven pelirrojo y corpulento se puso en pie, apremiando a los presentes. Malton, uno de los compañeros de la Academia con los que Link había compartido enseñanzas, pero especialmente rivalidades.

-Avisaré a los integrantes de la patrulla Paradusa para que entreguen a los forenses los restos de la lancha destrozada que han encontrado en los rápidos del lago Hylia.-Ruto también se levantó lanzando una mirada interrogante a su alrededor-Puede ser una pista fiable, les avisaré cuando disponga de más datos, si me disculpan…-la joven peliazul se marchó a paso rápido sujetando la gorra del uniforme de la marina y se perdió hasta alcanzar la puerta de la sala.

-Y la joven que fue detenida en el puente… hay que interrogarla y esperar a los resultados de las muestras.-Agregó Link sin levantar la vista, cerrando los ojos a causa de la fatiga.

-A mí se me acumula el trabajo, tengo que analizar las imágenes del túnel y las que acabamos de ver, habrá que pedir una copia a cualquier cadena que sea de fiar.-Expuso Midna colocando una mano en el hombro de Link para transmitirle de nuevo cercanía y apoyo.

-Vamos, señores, todos a sus puestos.-El rey dio un par de palmadas elevando la voz-Hay que impedir que esos cabrones se salgan con la suya.

-Pues quizá debería desclasificar documentos o apremiar a los archivos de la agencia Hyliana de inteligencia para que rescaten todos los indicios inconexos sobre el misterioso proyecto trifuerza, ya ve que es más real de lo que parece.-Propuso Link mientras giraba la cabeza hacia su futuro suegro, frunciendo el ceño con gesto desafiante para volver a enderezarse.

-¿No os ha parecido extraño el mensaje? Diría que me resulta familiar en algunos puntos…-murmuró Coocker volviéndose hacia ellos mientras se apoyaba en el reposabrazos.

-La parte final eran versículos de una profecía del libro de Mudora.-sentenció de manera tajante una lejana voz femenina hacia la que todos se volvieron, buscando su origen.

-Hilda… ¿usted sabe algo sobre el tema?-cuestionó el rey mirándola con enorme sorpresa.

La joven de melena violácea y ojos carmesí era la jefa de prensa de la casa real, conocida por su inteligencia pero también por sus excentricidades, hasta tal punto que afirmaba la existencia de una dimensión alterna a Hyrule en el que todo era diametralmente opuesto la cual según ella se denominaba "Lorule", desatando por ello toda clase de habladurías e insultos hacia su persona. No sólo era periodista sino también una lingüista de renombre e incluso algunos afirmaban que había iniciado estudios sobre grafología de manera autodidacta, toda una rara avis pero sumamente eficaz a la hora de gestionar crisis y elaborar comunicados para situaciones críticas como aquella. Su presencia había pasado desapercibida para todos pero allí se encontraba, de piernas cruzadas en un sillón en la esquina más alejada de la sala con un cuaderno sobre uno de sus muslos en el que no había dejado de hacer anotaciones, ataviada con una larga falda de lino blanco y una blusa de algodón de un tono muy similar a su cabello y gafas de pasta de montura cuadrada, las cuales se subió con el índice cuando alzó la mirada.

-El libro de Mudora es uno de los libros sagrados del Hylianismo, concretamente uno de los más importantes. Contiene profecías, leyes e incluso partes de la historia de Hyrule noveladas y narradas en forma de mitos.-Se levantó cerrando su libreta-Puedo recabar información y hacer un análisis lingüístico de su contenido y del mensaje de ese sujeto.

-Vamos, vamos, toda ayuda es poca, ¡a sus puestos!-el rey de nuevo apremió a los presentes que abandonaron en cascada la sala.

Hilda se posicionó junto a Midna y tras las presentaciones formales, esta última regresó junto a Link y Coocker, el servicio de la casa real ya había puesto su maquinaria en funcionamiento buscando ropa limpia y cómoda para los agentes, preparando café y toda clase de tentempiés con los que conseguir que repusieran fuerzas, el palacio iba a ser el verdadero centro de operaciones.

-Deberías darte una ducha, dormir unas horas, despejarte…-suspiró Midna con aire preocupado arreglándole el cuello de la camisa-Ni siquiera sabes qué vas a hacer y tarde o temprano todos vamos a ir necesitando un respiro, tú ya has hecho bastante.

-Sí, comienzo a notar el bajón de adrenalina.-Link soltó una risita amarga-Creo que Coocker y yo nos acercaremos a área Initia, es probable que Rauru haya dado la orden de registrar los archivos así que iremos a inspeccionar, al menos hasta que nos avisen desde la prisión de la montaña de la muerte.

Midna asintió con una sonrisa de indecisión y se despidió con la mano antes de seguir a Hilda por los pasillos dispuesta a examinar conjuntamente con ella las imágenes del secuestrador de Zelda.

Por su parte Coocker y Link abadonaron el Palacio en busca de Epona. La luna regaba con su claridad argéntea los jardines, Link no pudo evitar pensar en lo mucho que habría disfrutado de aquella noche si todo no se hubiera truncado mientras que todos los datos y conjeturas se agolpaban en su mente, no obstante, todavía tenía tiempo, 3 días en los que debería aprender a optimizar cada minuto al máximo sin sentir que se le escurría entre los dedos, tal vez sólo el paso inexorable del tiempo pusiese las cosas en su lugar.