CAPITULO 31

ALIVIO

Ron se inclinó, tomó la mano de Hermione y la jaló hacia él. Hermione lo miró desde el suelo e intentó sonreír sin mucho éxito. Ginny fue hacia Harry y se metió entre sus brazos. Ron intentó una vez más y jaló la mano de Hermione, esta vez la chica cedió y se levantó. Ron la abrazó de inmediato. "Ya no llores…"

"Me siento tan estúpida…" Dijo Hermione con voz débil. "Si no hubiera estado lejos de ustedes quizás esto no…"

"Eso ya no importa, Hermione…" Dijo Ron separándose un poco para mirarla. "Vas a tener que aprender a olvidar. Hay cosas más importantes ahora." Dijo con una sonrisilla torcida. Hermione asintió poniendo una mejor sonrisa y se limpió las lágrimas.

"¿Podemos irnos?" Espetó Regina.

Mientras tanto a varios kilómetros de distancia en el Hospital San Mungo, la Profesora McGonagall abrió los ojos.

El camino al exterior de las mazmorras fue silencioso.

Ginny comenzaba a sentir el cosquilleo del remordimiento pensando la forma en que tan fácilmente había puesto fin a la vida de un hombre, más sin embargo se debatía con el pensamiento de que si las cosas volvieran a repetirse, seguramente tomaría la misma decisión. Pensó después en su hermano Fred y tragó saliva. Aquel pensamiento lograba quebrar su interior aún después de cinco años. Harry la miró de reojo y presionó su mano.

Harry se sentía inquieto ante la expectativa de que otros mortífagos se siguieran presentando en su vida poniendo en peligro todo. Si bien, Rowle había optado por un plan aletargado y de mucho parloteo, Harry pensó que podía haber otro montón de formas de estar en riesgo. Aun cuando hace tiempo pensó que su cupo de problemas era una cuenta saldada, era obvio que todo este asunto de la magia oscura, quedaría vinculado a él por algún tiempo más. Pensó que era imperativo el analizar meticulosamente el paradero de todos los mortífagos con los que él y sus amigos llegaron a tener interacción directa, al menos para ser un poco más previsor al respecto.

Ron por su parte, no podía dejar de pensar en cómo se estaría sintiendo Hermione, nunca la había visto tan deshecha. Sentía incertidumbre por los días siguientes, francamente no podía imaginar de qué manera podía volver a sacar el tema de los dos, al menos en los próximos días. Peor se sintió imaginando que seguramente Hermione, con todo esto, volviera a poner distancia de por medio. Sacudió la cabeza y tomó la mano de Hermione. Ron se sintió más tranquilo cuando la chica entrelazó sus dedos con los de él en una respuesta natural de su mano.

Sin embargo, Hermione iba en actitud casi automática. Nunca se había sentido tan fuera de sí. Si bien, su propia resiliencia la empujaba a sobreponerse y buscar rincones positivos en dentro de su mente, un sinnúmero de momentos vividos con aquel farsante, se colaban uno a uno en su memoria, provocándole un dolor parecido al de delgadas navajas introduciéndose en su pecho. Se sentía aturdida intentando estructurar un método que le ayudara a librarse de la dolorosa sensación que la envolvía. Ron tomó su mano y Hermione se sintió inquieta, pero al mismo tiempo una reconfortante sensación de compañía le devolvió cierto calor en el cuerpo. Entrelazó sus dedos con los de él, intentando ignorar el pequeño infantil temor de que Ron pudiera sentir ahora un rechazo por ella.

Cuando cruzaron una de las tantas puertas de las Mazmorras y lograron finalmente salir, Hermione repentinamente pidió un momento. Todos salieron como si comprendieran lo que sucedía. Tan sólo Ron caminó sin dejar de mirar la puerta tras la que aún permanecía Hermione.

La chica del otro lado respiraba agitadamente. Tocó los muros del castillo en los que había aprendido las lecciones más valiosas de su vida. Las más dulces y las más dolorosas. Entendió que el triunfo de la oscuridad aún podría ceñirse sobre ella si así lo permitía. No podía regalarle el triunfo a nadie que quisiera verlos derrotados. Su vida no podía seguir siendo un cementerio de recuerdos intentando levantarse para herirla. Sus recuerdos estaban ahí y eran ahora parte de ella, y no existirían para atormentarla más, existirían para forjar en ella un espíritu que sobreviniera cualquier adversidad. Esa noche, dejaría la sombra de Rowle al lado de sus restos perdidos en las mazmorras e intentaría vivir una vida que no estuviera profundamente marcada por el engaño y la maldad. Asintió con firmeza en la oscuridad, dio un respiro profundo y abrió la puerta. A continuación la cerró con solidez y la miró así por un momento. Aquello ya estaba ahí, lejano, tras una pesada puerta de hierro.

Se acercó a sus amigos que la miraban con un poco de incertidumbre. Hermione les ofreció la mejor sonrisa que pudo y comandó. "Vámonos de aquí ahora…"

Ron se relamía uno de sus labios heridos mientras miraba a la chimenea pensando en todo lo que había sucedido allá adentro, y no exactamente los asuntos relacionados a Rowle. Hermione lo amaba, eso ya lo había dicho, pero justo ahora le parecía lo más inapropiado ir a recordarle aquel momento en las mazmorras. Dio un resoplido frustrado y mejor decidió examinar la varita que sostenía en sus manos, era una de las que había robado a los carroñeros meses antes de la Gran Batalla, y aún conservaba en su baúl para cualquier emergencia.

Hermione se sirvió un té y se sentó del otro lado del sofá. "Que noche…" Murmuró con tono ligero. Era notable que aquel pacto con ella misma, tras la puerta de las mazmorras, había surtido cierto efecto, al menos por el momento. Si bien, el hecho recién acontecido aportaba material para un profundo trauma, la evasión momentánea de las cosas puede ser útil en algunos casos.

Harry, que acariciaba el cabello de Ginny recostada sobre sus piernas, dio el último trago a su té "Vamos, Gin, tengo que enviar un par de lechuzas a Kingsley…"

"Ni siquiera te ha hecho efecto el té…" Dijo Ginny levantándose apesadumbrada.

"Claro que sí, mírame, estoy tranquilo." Harry soltó una pequeña risa y miró a Ron "Chicas, no entienden que tan sólo es nuestro trabajo…"

Ron sonrió nervioso ante la expectativa de quedarse a solas con Hermione. Sin decir nada más, Harry tomó de la mano a Ginny y los dos salieron de la sala común de profesores. Miro a Hermione y alzó las cejas, después, aterrizando en el primer tema que se le vino a la mente dijo "¿Dónde andará Regina?"

"Dijo que iría a la enfermería por algún remedio para el dolor del cuerpo." Hermione sonrió "Apenas hoy me decía que Pomfrey no era capaz de curar ni un dolor de cabeza…"

Ron río. Escuchó el sonido de la taza de té de Hermione posándose en la mesilla y se paró de inmediato a servirse su propia taza de té.

Hermione lo miró, se estremeció de pensar en el panorama de Rowle modificando su memoria. ¿Cómo sería una vida en donde Ron no paseara nunca más por sus pensamientos? Hermione sintió un golpeteo fuerte en el corazón cuando recordó las palabras del pelirrojo en las mazmorras. Una sutil muestra de rubor apareció en sus mejillas. El calor de aquella infusión de menta la hacía sentir mejor, en especial cuando la menta era un olor que siempre le recordaba a Ron.

Ron regresó al sofá cuidadoso de no derramar su taza rebosante de té. Tomó asiento y soltó un pequeño quejido cuando se inclinó para dejar su taza en la mesita.

"Quizás tú también deberías ir con Madame Pomfrey, Ron…" Dijo Hermione con mirada aprensiva y nuevamente avergonzada. Sacudió la cabeza un poco para deshacerse de aquel sentimiento.

"Nah…" Desechó Ron con desgana. "Estoy bien…"

Hermione perdió la mirada en la chimenea y entonces el pelirrojo estuvo seguro de que la chica preferiría pretender que nada había sucedido. Nuevamente. Tal y como hace algunos años cuando le dijo que tenía que alejarse un tiempo para encontrar a sus padres y simplemente no volvió a hablar con él.

"Siento como si mil hipogrifos hubieran pasado sobre mi…"

"Basta de necedades. Vamos a la enfermería." Dijo Hermione tomando su mano y poniéndose de pie.

Ron se levantó adolorido y tras un segundo se soltó de la mano de la chica y se cruzó de brazos. La miró fijamente. Pensó en todas las veces que por una razón u otra se había tragado sus palabras y concluyó que había sido suficiente. Hermione lo miró un poco desconcertada. Ron dijo "Si me dejaras elegir ahora, no me interesa en absoluto ir a la enfermería. Quizás soy imprudente o tengo el nivel emocional de una cuchara, pero esta vez preferiría que tú y yo hablemos."